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De la TRANSgresión a los nuevos escenarios sexuales

por Pablo Caraballo

   I.

Si consideramos que Conchita Wurst es la primera mujer con barba que gana un Eurovisión, no habría de sorprenderse por el hecho de que su triunfo haya generado tal revuelo en redes sociales y medios de comunicación. Mucha gente se apresuró a explicar que “realmente” no se trataba de una mujer sino de un hombre (Thomas Neuwirth) y que Conchita era solo un “personaje” de este último. Se insistía así en encontrar y aclarar la etiqueta con la que se habría de marcar al sujeto. Se repasaban hipótesis y respuestas (un tanto asqueadas algunas) para evitar que quedase espacio para la duda. En suma, los discursos parecían decirnos lo mismo: vivimos en un mundo binario y dicotomizado donde los géneros son dos y son excluyentes, todo lo demás es cháchara, payaseria y ficción.

Las etiquetas que enmarcan nuestras subjetividades son artificios que se hacen a través de la ritualizada puesta en escena de lo que debemos ser y de lo que, en última instancia, se nos impone como ser genuino. Siendo así, la construcción de la identidad (Butler dixit) engendra un cuerpo acorde con los límites sociales y físicos de su condición y el cuerpo a su vez, inscribe en su materialidad la identidad proyectada. No importa si es un “personaje” creado por Thomas Neuwirth para el arte, de cualquier manera Conchita descubre una vez más la artificiosidad del sistema sexo-genérico y los mecanismos de contención del orden sobre el que se sostiene.

II.

Ya en 1987, Jean Baudrillard afirmaba la actualidad de la transexualidad como “destino artificial” del ser humano. Con ello el autor no se refería solamente a la transformación anatómica del sujeto sexuado, sino al desordenamiento simbólico que pasa por la indiferencia sexual y desemboca en la prótesis como destino del cuerpo (Baudrillard, 2000). En ese sentido, la transexualidad implica el juego de indiferenciación (la mujer barbada) pero trasciende la abyección propiamente simbólica para enlazarse con un marco de entendimiento en el que es posible una sexualidad protésica. Por esa vía, pasamos de la intervención simiúrgica y quirúrgica a la reconstrucción del acto sexual y a la transformación de los tradicionales esquemas de sentidos en torno a la sexualidad.

El énfasis que hace el autor en el carácter simbólico de la inversión, parece aterrizar así en la física del placer implicado en el empleo de juguetes, aparatos tecnológicos y prótesis en tanto artefactos sexuales. Poco importa la genitalidad del sujeto (por biología o intervención) o la selección de indumentarias y maquillajes a partir de los cuales las fronteras construidas son deshechas, la sexualidad pasa a convertirse en objeto de construcción en el acto de hacer intervenir los medios artificiales en los que se centra el placer mismo. El empleo indistinto de estos artefactos tiene el potencial de desordenar la sana perpetuación de una relación dual que, con variaciones poco significativas, se ha basado clásicamente en la “unión” entre un cuerpo pasivo y otro activo.

III.

Pero, según nos dice Baudrillard (2000), el transexual no le basta saberse (por “dentro”) el género que asume ser. Requiere, para completar el proceso, del cambio visible a través de la renuncia de signos y símbolos que lo identifican con la identidad que repudia para sí. La conversión “interior” solo puede estar completa con la inversión de los símbolos que le fueron impuestos: más allá de la identificación con uno de los opuestos disponibles, tiende a romper de ese modo con el marco simbólicamente binario que los genera. Por lo tanto, el triunfo en la sociedad occidental de la transexualidad no supone exclusivamente la asunción del desordenamiento simbólico de los cánones femeninos y masculinos, sino que traduce una prolongada insistencia en la forma por encima del contenido.

Así, si se impone la performance como base del entrecruzamiento de género, la transexualidad aparece como la búsqueda de una identidad constituida a partir de la forma que (re)presenta. En consecuencia, si la actuación (como hombre o como mujer) determina la reproducción del ser (hombre o mujer) en tanto esencias naturalizadas, la inversión (o la disolución) simbólica debería desencadenar el proceso contrario; a saber, la desnaturalización de identidades dadas de antemano. Es este el sentido que, podemos interpretar, subyace en la pospornografía. El discurso pospornográfico no supone exclusivamente una renovación del sujeto de enunciación (hacer pornografía de lesbianas, gais, trans, etc.), sino una transposición de una performatividad otra y abyecta que dé cabida a otra realidad así construida. Lo que importa es el proceso de producción, en tanto producto mismo de la acción (De Lauretis, 1991).

Del mismo modo que la pornografía tradicional ni la crea ni la refleja, sino que re-produce la (hetero)sexualidad hegemónica, la pospornografía comporta una pretensión instituyente de la realidad a través de otras formas de accionar la sexualidad: “Partiendo de la base que toda construcción se visibiliza a modo de representación y que actúa a la vez sobre la vida material de las personas, es posible destruir los modelos que ha implantado dicha representación” (Egaña, 2009). La ficción del sexo pospornográfico pone en cuestión el carácter real cotidiano de la sexualidad presentada en la pornografía hegemónica (Díaz Fuentes, 2012), tal como la mujer barbada al poner en evidencia la “falsedad” del género que supuestamente es, desnaturaliza el régimen sexual normativo (y pone a chillar a sus guardianes).

IV.

Podríamos decir, siguiendo a Rodríguez Serrano (2013), que el éxito de la pornografía en general se explica por la necesidad del fingimiento. En tanto la verdad de los cuerpos resulta insuficiente sin la “pantalla de la fantasía” que impide que se caiga en la repetición mecánica de lo real, “la pornografía funciona como la Máquina Generadora de Fantasías por antonomasia en las sociedades del malestar” (p.45). Así, el discurso pornográfico nos liberaría de la “carga de emocionalidad obligatoria” que implica el sexo (Ídem, p.47) y, con ello, nos permite trascender los límites de lo real. La apología a la pornografía de Rodríguez Serrano (2013) lo lleva a colocarla finalmente, en el centro de la (post)moderna construcción de la conciencia individualista y de “sujetos autónomos en torno al goce” (p.50). La sexualidad encapsulada reafirma así su carácter subjetivo e individualizante.

   En este contexto, Internet aparece no solo como un instrumento de “cacería” útil para materializar la ubicua oportunidad de acceder al encuentro con los cuerpos del otro (léase Gaydar.co.uk, Manhunt.net, etc.), sino como artefacto que genera formas nuevas de relacionarse con lo sexual, en la intersección de experiencias inéditas y posibilidades nuevas de (auto)representación. Antes de Internet, la pornografía difícilmente habría siquiera pretendido suplantar la presencia in situ del cuerpo ajeno. Como se ve en el corto de Adam Baran, “Jackpot” (2012), hasta hace poco el arcaísmo de las revistas porno apelaban mucho más a la imaginación masturbatoria que a una experiencia sexual distinta. Hoy, sin embargo, se abren escenarios donde cada vez parecen menos risibles situaciones como las que se presentan en la película “Her” (Jonze, 2013), donde la virtualidad no es simplemente una extensión (separada) de lo real, sino una intermediación hacia otras experiencias en un mismo plano de realidad.

   El otrora onanista era un enfermo más por la condición compulsiva de su práctica que por una forma distinta de relacionarse con su cuerpo y con la sexualidad genital. En cambio, la “adicción al porno” –cuya existencia va proporcionalmente ligada a la velocidad de nuestros dispositivos de conexión a Internet– yo no está definido por una suerte de compulsión física sino por una nueva forma de relacionamiento potencialmente transgresora de la sagrada cópula humana. Es esa escandalosa transgresión la que lleva a Jon Martello en “Don Jon” (Gordon-Levitt, 2013) a ocultar (y reprimir) el inigualable placer que le produce sumergirse en imágenes que, en última instancia, lo convocan a alejarse del contacto con los cuerpos del otro.

   La improductividad del sexo inorgánico (y en particular, del sexo pornográfico) es la afrenta a la (hetero)sexualidad canónica pues –dice Egaña (2009)– “no es funcional a la procreación, se trata de un sexo que como objetivo tiene el placer y el gasto puro”. En esos términos, Internet aparece como el artefacto (trans)sexual por excelencia, en el sentido que se desprende de los planteamientos de Baudrillard (2000). No se trata ya de la indeterminación simbólica de los necesariamente opuestos “necesarios” para la consumación del placer sexual, sino la subversión de esta necesariamente humana materialidad complementaria. Internet así, reafirmando el predominio de la forma por encima del contenido, nos convoca a hacernos en medio de relaciones ajenas a lo estrictamente humano. La performance de otra sexualidad (ajena ahora a intencionalidades políticas) empuja la construcción de nuevas subjetividades.

V.

Internet ha generado en nosotros una honda sensación de libertad y autonomía, propiciando nuevas formas de encontrarnos con nosotros y con los otros a través de escenarios absolutamente otros que “reflejan y contradicen los lugares físicos donde estamos emplazados” (Sanabria, 2011, p.24). Sin pretender dimensionar las consecuencias reales del fenómeno, creemos que las formas en las que nos relacionamos con lo real-sexual ha sido (o están siendo) modificadas y con ellas, a través del placer mismo, nuestra (idea de la) sexualidad y las posibilidades que entraña. Como dijimos, estos procesos no son exclusivamente la expresión de un compromiso político con el cuestionamiento del dispositivo sexual hegemónico, sino el resultado de la irrupción de otras realidades y otros artefactos que provocan la activa reconstrucción de las subjetividades por parte del propio usuario-consumidor. De modo que sus consecuencias no son (ni serán) univocas y es difícil saber los rumbos a los que nos llevarán estas transformaciones y qué tan profundas lleguen a ser, más aun si consideramos el carácter esencialmente formal de las bases en las que se funda.

Referencias:

Baudrillard, Jean. (2000). Pantalla total. Barcelona: Anagrama.

De Lauretis, Teresa. (1991). Tecnologías del género. Ramos Escandón, Carmen (comp.). El género en perspectiva. De la dominación universal a la representación múltiple. Xochimilco: UAM.

Díaz Fuentes, Jorge. (2012). La ficción del posporno. A partir del documental “mi sexualidad es una creación artística” de Lucía Egaña Rojas [documento en línea] Disponible: http://www.bibliotecafragmentada.org/wp-content/uploads/2012/12/DIAZ_Jorge_La-ficcion-del-posporno.pdf

Egaña, Lucia. (2009). La pornografía como tecnología de género. Del porno convencional al post-porno. Apuntes freestyle. La Fuga [en línea] Disponible en: http://www.lafuga.cl/la-pornografia-como-tecnologia-de-genero/273

Rodríguez Serrano, Aarón. (2013). Apología de la pornografía en la sociedad del malestar. Revista de humanidades y ciencias sociales, núm. 12, pp. 37-54. Disponible en: http://elgeniomaligno.eu/pdf/materia_3_malestar_apologiadelapornografia_arodriguezs.pdf

Sanabria, Fabián. (2011). Querer – creer – vislumbrar lo virtual hoy. Autor. Vínculos virtuales. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.

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Pablo A. Caraballo Correa (Venezuela). Licenciado en Sociología (2010). Profesor universitario e investigador independiente en temas vinculados a los estudios culturales, de género y de disidencia sexual. Creador y coordinador del proyecto editorial Gente rara: http://raragenterara.blogspot.com/

 

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De realidades creadas y ficciones normalizadas: el comic Suicide Girls.

 

por Alejandra Collado 

A la figura del ciborg la tenemos identificada con la aleación permanente o semi-permanente de metales, cables y fármacos alojados en los cuerpos biológicos que somos y que portamos, cuestión que no carece de coherencia en una época en las que las tecnologías se han convertido ya en extensiones nuestras. Tod@s somos ciborgs. Pero no somos ciborgs únicamente porque nuestras prácticas subjetivas están impregnadas de tecnologías genéricas o porque nos comunicamos con cada vez más frecuencia sólo a través de interfaces. Somos ciborgs porque nuestra percepción, nuestra emoción, nuestra sexualidad, subjetividad, identidad, naturaleza y construcción ya no es puramente humana, genérica, real o ficcional, sino una mezcla continua de todas estas. ¿Y qué son las Suicide Girls (SG) sino una combinación de todo esto? ¿Y qué son todas sus creaciones1 sino unas crías bastardas procreadas por la cultura dominante y por la cultura de oposición en una noche de borrachera?

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El sitio suicidegirls.com hace su aparición en la web en 2001, con sede física en Portland Oregon, (después L.A., lugar en el que permanecen hasta hoy) bajo la batuta y dirección de Missy Suicide. Su idea, aparentemente, era la de abrir un espacio de expresión en la red a mujeres diferentes, “alternativas”, con nacionalidades, prácticas y corporalidades diversas; las transgresoras, las que no tenían lugar en la contracultura, ni en el mainstream… Unas ciborgs en permanente construcción: mutaciones de la época, excéntricas, performativas o suicidas sociales2 (aunque en estos tiempos, el suicidio social bien puede ser una estrategia para la supervivencia), las SG proyectan sus cuerpos como territorios políticos que las definen, y sin embargo, no dejan de confundirse en la trama del consumo, los estereotipos y la estructura casi imperial del sitio SG. Así, como en todo imperio, los productos de la industria cultural, jamás una industria ligera, diría Mattelart, se convierten no sólo en el medio, sino también en la finalidad última, la estrategia maestra para el sentimiento de comunidad y pertenencia.

El cómic Suicide Girls se desarrolla en un futuro imaginado en el que el mundo está dominado por una organización que lleva por nombre Way Of Life (WOL). Dicha organización controla los pensamientos, actos y modos de vida de las personas bajo argumentos religiosos basados en las dicotomías bueno-malo, correcto-incorrecto, cielo-infierno, superior-inferior. Dentro de esta sociedad distópica, cualquier persona que excede los límites de los márgenes impuestos de pensamiento, comportamiento e incluso imagen, es “neutralizado” o desaparecido por esta organización.

La neutralización consiste en intervenir sus mentes mediante un software que controla todas sus acciones, opiniones, borra sus recuerdos, y que incluso sirve como localizador de otras personas “rebeldes” que deben ser “puestas en su lugar”, mismas que, si no se redimen después de ser encarceladas en la prisión de WOL, serán intervenidas por el ya mencionado proceso de intervención mental en el buscan borrar la identidad y generar una nueva, más correcta. El líder de la organización, además, es un misógino que repite constantemente que las mujeres debemos comprender nuestra función y nuestro lugar en la sociedad, razón por la que odia especialmente a las SG.

Las protagonistas de este cómic, las SG por supuesto, son un grupo de chicas duras, sensuales, y tatuadas, que por alguna razón pasan la mayor parte del tiempo desnudas, y que cuentan cada una con habilidades diferentes que buscan ayudar a la liberación de las mentes del WOL. Frank es una excelente peleadora y busca salvar a su novia que, según sus sospechas, fue secuestrada por la misma organización; Porter es una hacker experta en sistemas de información y aficionada a los juegos de video, al igual que Cassius, quien es también es una hábil tiradora; Kim, especialista y aficionada a los explosivos; Wheeler, amante de los autos y la velocidad, y conductora oficial en las misiones SG; y Sana, la seductora líder que también busca salvar a su hermana secuestrada por WOL.

¿Contra quienes luchan las SG del cómic? Contra un clérigo, un empresario poderoso y hombres máquinas que buscan destruirlas, borrarles la mente y convertirlas en mujeres correctas y “bien portadas”. Su lucha también consiste en liberar a aquellas cuyas mentes ya fueron borradas y reprogramadas por el ingeniero en sistemas de WOL, entre ellas, la novia de Frank y hermana de Sana.

Además de esta trama dividida en cuatro tomos, cada número del comic SG (del 1 al 3) contiene un mini-comic que presenta a las SG luchan contra la opresión en diferentes historias: Una SG salvando a una mujer condenada a la hoguera en Salem; una súperSG setentera redimiendo a una secretaria alemana de su monotonía diaria y, por último, una pirata SG liberando a un grupo de esclavas y adueñándose, junto con ellas del barco que las tenía esclavizadas.

El comic plantea a la comunidad SG como la liberación a la opresión sexista, religiosa y normativa, regida por la heteronormatividad y la dominación del patriarcado. Todas sus personalidades reflejan poder al controlar ámbitos considerados históricamente como masculinos: la batalla, los autos, la guerra, la estrategia, los sistemas y hasta los videojuegos. Claro, ninguna de ellas pierde el toque femenino, ni la silueta de su cintura, y un enorme par de senos que las definen como mujeres.

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Entre las protagonistas podemos observar relaciones únicamente de amistad, hermandad, familiaridad, y un amor lesbiano. Las relaciones con los hombres son de enemistad, o de dominación de ellas hacia ellos. Ellas tienen el control. Luchan contra la institución, la norma, y contra la máquina que intenta, en manos de un hombre, penetrar en su cerebro y hacerles olvidar todo lo que son borrar su identidad y crearles una nueva, aquella que hará el mundo funcionar como debe. Así que el hombre máquina representa aquí la dominación y el peligro de internalización de las identidades que tratan de imponer.

Ellas son las triunfadoras. Juntas logran vencer a la organización, de la que descubren que el dirigente era un ciborg que despreciaba a la humanidad, y por otro lado, encuentran que una de ellas era una soldado ciborg enviada por el WOL para rastrearlas. Sin embargo, ésta logra trascender los fines para los que fue creada y rebelándose a los mismos, se une a la causa SG.

La historia de este comic puede parecer muy actual y libertadora viniendo de un sitio SG, eso, si nos olvidáramos de que no es más que material publicitario para el sitio que busca vender una forma de ser, vestir y actuar, sin embargo, debemos reconocerle las representaciones femeninas que nos muestra (al menos es posible encontrarnos en algunas de ellas), aunque no logran desechar el estereotipo del cuerpo-objeto de deseo para la mirada masculina. Alcanzo a vislumbrar al menos cuatro tipos de ciborgs en esta narrativa:

SG-04-pg-022-11) Ciborg de la ciencia ficción. El que todos conocimos en Terminator, RoboCop, y muchas otras más. Aleación de human@-máquina, que en este sentido apunta al objetivo de dominar a la humanidad (o salvarla) a través de sus habilidades superiores devenidas de su unión con la máquina.

2) Ciborg tecnológico. El que casi tod@s somos: obsesión tecnológica; extensión del cuerpo, casi alma es lo que son ahora las redes sociales, el teléfono celular y un sinfín de aparatos sin los que ya no podemos imaginarnos. Un ejemplo de este tipo de ciborg en el comic, es Porter, obsesionada con la tecnología y lo videojuegos, que no puede dejar de publicar a cada momento en su blog cómo se está sintiendo anímicamente.

3) Ciborg absorbido. Otra clasificación en la que la mayoría de nosotr@s estamos inmers@s: medicamentos, vitaminas, sustancias, vacunas. La industria farmacéutica habita nuestros cuerpos. En la narrativa del comic referido, las SG que no pueden ser controladas son sometidas a través de medicamentos que adormecen su sistema nervioso, para después ser suspendidas en cápsulas llenas de una sustancia que las debilita y las imposibilita a defenderse y huir.

4) Ciborg mutante. En el plano meramente filosófico y metafórico, mestiz@s cibernéticos, sujetos múltiples con más de una visión. Seres inacabados, contradictori@s y en construcción, monstruos de subjetividades mutables y mutantes, organismo y máquina fusionados, con todo y cables, y terminaciones nerviosas. El otro ciborg que tenemos encarnado.

Tod@s somos ciborgs mutantes, aunque nos parezca que eso desaparece a la humanidad y Haraway haya desintegrado en él al género. No me siento menos humana, y no me siento menos mujer por ser una ciborg. Mis marcas de género no se borran por mi aleación con la máquina-industria-tecnología-ficción. El ciborg es real y ficticio al mismo tiempo, capaz también de incidir en otros cuerpos, con los márgenes borrados y a la vez encarnados. ¿Qué tanto y cuáles de estos ciborgs traemos encarnados, por el momento, en la piel?3

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1 Con creaciones me refiero a sus productos culturales: la película Suicide Girls must to die, unos cuantos videos promocionales, un blog en línea, un show de burlesque en vivo, programa de radio, y su comic homónimo del 2011, protagonista de este breve texto.

2 El suicidio social refiere a “asesinar” la parte mainstream que vive dentro de nosotros, según en palabras de la propia Missy SG, renunciar a las convenciones sociales impuestas por la sociedad y aceptar desaparecer para ésta. Es el precio que se tiene que pagar por ser un@ mism@.

3 Se me vienen a la mente otras posibles categorías de ciborg como el biónico y el estilizado. Estudiándolo más a profundidad saldrían nuevas categorías y subcategorías.

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Referencias bibliográficas:

-Haraway, Donna J.(1991), Ciencia, ciborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza, Madrid, Universidad de Valencia, 431 pp.

-hooks b., Brah A.; Sandoval, C.; Anzaldúa, G. (2004) Otras inapropiables, Feminismos desde las fronteras, Madrid, Traficantes de sueños, 184 pp.

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Ale-1Alejandra Collado Comunico-loca, poeta, narradora, libre y loca. Abyecta por naturaleza, agnóstica (excepto cuando se habla de diosas) y riot por convicción; con serias debilidades por las cosas enfermas, proscritas y rotas. Promotora cultural underground, maestrante en Estudios de la Mujer, ciborg y varias anormalidades más…

 

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Tetsuo, the iron Man

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Por Amado Cabrales

El dilema humano de la total sujeción del ser a las prótesis tecnológicas que suponían la extensión de su facultades sensibles y potencias físicas, no podía ser narrado de mejor manera que por un japonés. Shinya Tsukamoto, ciudadano de un país y, sobre todo, de una ciudad -Tokio-, en total sincretismo entre tradición y tecnología, es el artífice de esta pesadilla tecnológica.

Tetsuo, the iroman (1988) es un filme de horror y de venganza que, a partir de la fragmentación de la narrativa a lo largo de la película y con movimientos rápidos de cámara, nos sumerge en un filme que bien pudo ser un VHS encontrado entre escombros de cables y silicio.

El ritmo de Tetsuo es sumamente acelerado; en sus 67 minutos los cortes de cámara son innumerables, las secuencias de stop motion y los efectos especiales llenos de sangre y cables son magníficos, mas caen en lo artesanal bajo los estándares actuales. No obstante, su vigencia temática y su valor como obra experimental son innegables.

Su estética es la de un video casero con estática. Lo que pareciera la superposición de otras escenas, son las pesadillas del Salary man que se va transformando en un ser mitad metal mitad carne, tras ser infectado en el metro por una mujer con un brazo deforme lleno de cables y pus. Lo que en apariencia es en primera instancia incidental, en realidad es la venganza de The Metal Fetishist, tras ser atropellado por el Salary man, quien trató con descuido su lacerado cuerpo.

El miedo que crea al Frankenstein de metal de Tetsuo es el fundado a partir de la imposibilidad de controlar aquello que nos fascina y seduce, aquello que en lugar de causar bienestar nos domina y transforma irreversiblemente: la maquinización de la cultura y la dominación de lo tecnológico en todos los aspectos de la vida humana. Este monstruo tecnológico surge en una etapa muy temprana de la era tecnológica, pero como toda ficción visionaria, adelanta lo que puede llegar a ser el terror del dominio tecnológico.

Un sueño. Sumisión fálica, tecnológica demoniaca y seductora a manos de la pareja del salary man, la cual lo sodomiza con un tubo flexible, cuestión que se invierte al despertar, pues entre las nuevas partes tecnologías del salary se encuentra una especie de taladro de punta afilada, justo en su pelvis: un pene de metal asesino. Pasaje por demás ambiguo en la historia si no fuese porque al final (así es, spoiler incluido) salary vence a Fetishist con su pene-taladro, justo antes de ser absorbido por el metal, lo que deriva en una fusión de los contrarios y una escena un tanto homoerótica en donde hacen las paces.

Esto aventura a pensar que el verdadero miedo radica no en el domino de la vida física de los seres humanos, sino en la transformación y sujeción de las relaciones afectivas por medio del metal. “Convirtamos con nuestro amor, todo el mundo en metal” pregona el ente de dos cabezas. Esto, entra en la visión ciberpunk del futuro, en la que la tecnología, en lugar de mejorar a la humanidad la degrada (pensemos en Videodrome (1983), Existenz (1999) de Cronenberg, incluso en Crash (1996), del mismo director y en Nirvana, de Gabriele Salvatores. Todas películas deliciosas que problematizan este conflicto.

Para entender tal panorama, debemos volver en el tiempo y pensar en la creación del primer elemento mecánico y tecnológico semejante a nuestros sentidos y con el cual la comunicación como es ahora sería incomprensible: el ojo máquina que es la cámara y por consecuencia y evolución de la misma, el cine, espacio de nuestra imaginación. Ahora pensemos en todas las formas de extensión virtual de nuestras relaciones y sensibilidades y nos encontramos en la posibilidad de entender tal miedo y dominio. Bienvenidos a los albores del ciborg, cabe en cada uno tener control o ser parte de la pesadilla.

 

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El chip del conejo de haluro de plata. Cineciborg

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Por Magalli Salazar

En esta sección cinéfila será bueno aclarar una pequeña pero notable diferencia: el concepto de ciborg es muy diferente al de androide. Los primeros son aquellos humanos que han sido “intervenidos o reconstruidos” con partes bio-tecnológicas, tecnológicas o prótesis mecánicas, ya sea para prolongar su vida o mejorar alguna condición física deficiente, o dotarlos de “poderes” y habilidades/funciones que a no ser por esos artefactos, no tendrían. De modo que la ciborg construcción podemos verla, por ejemplo en el caballero Jedi, Anakin Skywalker quien fuera seducido por el lado oscuro de la fuerza, blablá… y se convirtiera en el malvado Darth Vader, (La guerra de la Galaxias, dir.George Lucas, 1977); el oficial de policía rehabilitado Alex J. Murphy en Robocop, (dir. Paul Verhoeven,1987); el científico Otto Octavius, transformado en el Doctor Octopus en Spider-Man2 (dir. Sam Raimi, 2004); o, el empresario en armamento militar, luego redimido, Tony Stark de Iron Man, (dir. Jon Favreau, 2008)

    Del otro lado del espectro se encuentran los robots que son fabricados para imitar las cualidades humanas, como el tener voz, memoria o voluntad, hasta aquellos que literalmente son casi humanos: el robot computadora HAL9000 de 2001. Odisea del espacio (dir. Stanley Kubrik, 1968); los robots humanoides: el caballero negro y el pistolero del parque de diversiones del futuro de Westworld, (dir.Michael Crichton,1973); el robot antropomorfo C3PO, en la saga de La guerra de la Galaxias, (dir. George Lucas, 1977); el robot T-800 modelo Cyberdyne101 deTerminator, (dir. Chris Cameron, 1984); o el niño robot David en la película Inteligencia artificial (dir. Steven Spielberg, 2001), etc.

CiborgsvsAndroides en la vida contemporánea.

    Dentro de la estética post-humana el mundo tecnológico es indisociable de lo humano porque se ha estrechado esa delgada la línea que separa el desarrollo del pensamiento, la comprensión de las emociones y la corporalidad, etc., así como de la percepción del yo y del otro, -lo virtualizado en la pantalla ha sido reconfigurado en el #, el @, o el avatar, etc.

    Nuestras sociedades sobreviven, hasta cierto punto, lo biológico, ya que prescindimos de los artefactos tecnológicos y electrónico-mecánicos para casi todo. ¿Qué sería de la raza humana sin computadoras o microprocesadores, sin equipo de telecomunicaciones, sin sonares, endoscopios, impresoras, marcapasos o equipos para recuperar la audición?

    La filosofía transhumanista también plantea el reencuentro de esa otra parte posible a través de la tecnología electrónica, mecánica, digital. Un replantearse el uso político, alterno y hasta experimental de lo electrobiológico, lo sintético y lo geek en función de suplir o mejorar las funciones “naturales” para transformar incansablemente nuestra relación con el mundo y con nosotros mismos. De la música electrónica a una conversación con Stephen Hawkins conectadas por un satélite orbitando para la transmisión de nuestro nutrido universo binario.

    De manera breve revisemos una interesante pieza cyborg del artista australiano Stelarc, Stelios Arcadiou (1946). Este artista del performance ha intervenido su cuerpo con partes biónicas e implantes como apología del cuerpo robotizado. Más que como una forma de reemplazo orgánico, como una extensión del propio cuerpo. En una entrevista realizada por Jens Hausser (sk-Interfaces. Liverpool University Press, 2008), este artista transhumano describe el largo proceso de implantación de una oreja funcional en la pieza titulada “oreja en el brazo”. Él relata las complicaciones médicas de “esculpir el cuerpo quirúrgicamente”, ya que se tuvo que remover la oreja de material sintético a la parte interna del antebrazo para después colocarle un micrófono y, que éste comenzara el procedimiento de “registrar sonidos”. La ingeniería genética, la nano tecnología y las prótesis biocompatibles se reúnen en esta pieza de bioarte por el “deseo de deconstruir nuestra arquitectura evolutiva e integrar la electrónica microminiaturizada al interior del cuerpo” (Stelarc).

    Un caso aparte es de Neil Harbisson, quien naciera con acromatopsia, es decir, la incapacidad de ver el color. Por ello en el año 2003 construyó el eyeborg, que es una diadema integrada a su cráneo que le permite “escuchar” los colores.

    No menos interesante y dentro de la corriente del pensamiento cyberfeminista podemos situar a Donna Haraway quien es autora del Manifiesto Cyborg (1984). En su texto reflexiona sobre el género y la máquina y la disolución de los territorios que han sido atribuidos a ambos. Así mismo, radicaliza los conceptos de organismo cibernético, híbrido y criatura, y pone en cuestión la relación entre lo real y la ficción. Su sitio web: http://people.ucsc.edu/~haraway/.

    Finalmente, demos un vistazo a los androides que poblarán en un futuro muy cercano parte de nuestro mundo cuyo creador es el Dr. Ishiguro Hiroshi de la Universidad de Osaka, Japón. Él desarrolla un intenso y revolucionario trabajo de ingeniería, mecánica y robótica con varios modelos: el primero del que hablaremos es el telenoidR1. Un robot humanoide minimalista de 80 cms. de alto que pesa 5 kg. Utiliza nueve sistemas para mover los ojos, boca, cabeza y extremidades rudimentarias. El prototipo está recubierto de silicón para dar la apariencia de piel. Este robot teleoperado está siendo empleado por el momento para dar clases de idiomas. Quizá los siguientes desarrollos de androides son los más extremos: los robots antropomorfos Geminoid F y Geminoid HI-1, que hacia el año 2001 se les anexara a la serie el Geminoid DK como parte de la colaboración en el proyecto del Profesor Henrik Scharfe de la Universidad de Aalborg en Dinamarca. Estos androides son casi idénticos a sus creadores. En una reunión de exhibición organizada en el año 2011, se argumentó que un objetivo alcanzado en la construcción de estos modelos, fue la gesticulación suave y su apariencia muy cercana a los humanos, entre otras cosas.

    De hecho la androide femenina de la serie, Geminoid F, debutó como actriz en el teatro de Tokyo, en la obra Farewell en 2010.

    Un motivo de peso para que en el país asiático se trabaje arduamente en el desarrollo de robots es debido a que la sociedad japonesa en las próximas décadas verá reducida drásticamente su población de habitantes jóvenes, y, aquellos que en el futuro sean ancianos, discapacitados o que vivan solos, podrán tener compañía y asistencia. Esto es real, y frente a la creciente integración masiva e irreversible de los elementos tecnológicos a nuestras actividades, cabe preguntar si tiene algún sentido la argumentación distópica de la denominada cultura cyberpunk, cuya novela representativa es Un mundo feliz, de Aldous Huxley (1932).

    Por lo pronto, recomendamos algunas cintas relacionadas con este género: Metrópolis (dir. Fritz Lang, 1927), de la novela homónima de Thea von Harbou (1926); Blade Runner (Ridley Scott, 1982); Akira (dir.Katsuhiro Ohtomo, 1988); El Quinto Elemento(dir. Luc Besson, 1997); Brazil y Doce monos(dir. Terry Gillian, 1985 y 1995); Videodromme y eXistenZ (dir. David Cronenberg, 1983 y 1999);Matrix (dir. Hnos. Lana y Andy Wachowski, 1999)…

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SALCON | Magalli Salazar_ Junio 2014

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Maga150pxMagalli Salazar/SALCON. Artista mexicana. He realizado arte público en la Ciudad de México. Actualmente trabajo en un proyecto de arte y educación. También he colaborado en varias publicaciones.
www.artepublicomx.com

http://elparpadodeceluloide.wordpress.com/about/

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Yolanda Benalba, desaprendiendo las enseñanzas maternas

Obra por Yolanda Benalba

 

Costuras al (des)cubierto, 2014

Costuras al (des)cubierto parte como reflexión autobiográfica generada a partir de la sentencia “llorarás lágrimas de sangre” con la que mi madre me advertía en la niñez de las consecuencias de no desempeñar a la perfección un acto. Con este legado transmitido entre mujeres entiendo la aceptación del sufrimiento como uno de los conocimientos que se transmite en la educación de la madre a la hija, y así esta aprende a ser mujer. Y es que la construcción del sujeto femenino se ha establecido en base a una tradición judeocristiana que muestra a la mujer que el sufrimiento es una cualidad implícita de su identidad.

Así pues, las fotografías muestran mi cuerpo mirado desde el prisma maternal, pues fue mi madre la que tomó las fotos cuando yo era niña, y ahora coso todo el dolor aprendido y sufrido sobre mi cara diluyéndome así en las mil lágrimas lloradas.

 

 

* Fregándonos. Acción de limpieza privada, 2014

La performance comienza al pedir a mi madre que me acerque una maleta, de esta saco los pañuelos con que cubro mi rostro y a su vez muestro nuestros llantos. Trazo una línea del tiempo bajo mis pies sobre la que viajan los pañuelos y los tiro a un barreño familiar que lleno de agua con lejía. Después hago burbujas de jabón con un pompero de juguete, recordando la infancia y mostrando esos cuerpos tan frágiles que son las pompas al morir en el aire. Finalmente vuelvo al barreño, y friego los pañuelos hasta hacer desaparecer por completo nuestros rostros de dolor, limpiando así por completo las lágrimas llegando a la herida en los nudillos de tanto fregar.

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 Yolanda Benalba  

Vive y estudia en Valencia, España. Finaliza sus estudios de Bellas Artes en la Facultad de San Carlos por la Universitat Politècnica de València, especializándose en Arte de acción y discursos de género. Actualmente su obra gira en torno a convergencia y disidencia ente performance, dolor y violencia cotidiana, centrándose en los conflictos constantes de vulneración de los sujetos femeninos registrando así la realidad del actual sistema patriarcal con una visión introspectiva y de género desde el ámbito familiar y doméstico. 

nacidasparallorar.tumblr.com

http://vimeo.com/yolandabenalba

 

 

 

 

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Las Mujeres Pancarta de Gelen Geleton

En su serie titulada «Mujeres Pancarta» Gelen Geleton recupera fotografías de manifestaciones feministas y las recodifica por medio del dibujo, con lo que logra desdibujar las particularidades del contexto en que se hizo cada imagen, resultando en un retrato del espíritu del movimiento en su conjunto.

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Puedes ver más del trabajo de Gelen Geleton aquí:

http://archivodiymusicaydibujo.tumblr.com/

http://archivodiymusicaydibujo.blogspot.com.es/

https://archivodiymusicaydibujo.wordpress.com/

http://lapizporbaqueta.wordpress.com/

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«Maternidades» un videoarte de Rafael Guillhem

Por Rafael Guilhem

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Rafael Guilhem,  autodidacta interesado en el audiovisual, así como en sus procesos de  creación, consumo y distribución. Creo en la falsificación de datos, en la alteración de discursos y en la piratería de los mismos. En un momento en que los datos circulan de igual manera por la red, los órganos y las ideologías, considero vital alterar los flujos de información que nos conforman para construir nuestros propios discursos.

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¿Y ustedes pa’ cuándo?

Ilustración Iurhi Peña
Ilustración Iurhi Peña

Por Karla Patricia Gómez Sotelo 

Mi pareja y yo tenemos una relación desde hace casi 6 años y como seres humanos, hemos tenido conflictos, situaciones de alegría, retos, silencios y momentos incómodos como cuando algunas personas, ya sea familiares, amigos y conocidos nos comenzaron a preguntar: ¿no tienen hijos?,  ¿cuándo piensan tener hijos?, ¿quieren tenerlos?

La cosa aquí es que antes de ello nunca nos lo preguntamos, ni si quiera era algo que nos afectara o beneficiara, pues nuestra relación tiene como frutos el conocernos, disfrutar y amarnos.

 Una vez mi suegra extendió con más énfasis al respecto de los vástagos, frases como: “Que no le dé miedo a Karlita”, “un hijo es ninguno” salieron de su boca y entraron a mi oído como la muestra de que para muchas personas la experiencia de procrear no es algo de qué preocuparse; sin embargo, ¿cuál fue mi postura? creo resolví en dos, una individual y la otra en relación con mi pareja. La primera resultó, después de muchas meditaciones, conflictos emocionales y chaquetas mentales, que sí, quiero ser mamá algún día; tengo ganas de experimentar la sensación de alegría al sentirlo crecer dentro de mí, reconocer que el amor que le he prodigado a este ser masculino ha resultado en un punto de común acuerdo con las leyes de reproducción que dictan este universo, donde somos animales. Me fascina la idea de hablarle, de enseñarle todo lo que me parece maravilloso y genuino en este mundo, acompañarlo en su dolor y contribuir a su crecimiento, creo que me derretiría al momento de conocerlo, de sentir su peso fuera de mi cuerpo. Concluí que de manera subjetiva me encanta la idea, aún y cuando  existan toda serie de cambios no tan positivos, como despertar en la madrugada con horarios fijos para darle de comer, un aumento considerable de stress por la preocupación del sistema económico y las relaciones sociales violentas. Como bien dicen por ahí toda alegría conlleva dolor y ¡esta sería una inmensa alegría!

 Por otra parte, considerando que elegí a mi pareja al cien por ciento y ahora tenemos una comunicación más estable, pensé que juntos seriamos buenos padres, etiqueta que llevan las nociones de amar incondicionalmente y aprender en el camino a ser, pero cuando platiqué con él acerca de la concepción me desanimó su respuesta: él no quería tener hijos. Yo no soporté el hecho de que no quisiera un producto bellísimo de nuestro amor, así que intenté convencerlo de que la idea era más que linda, divina, pero él insistió  «si a duras penas puedo conmigo, además la sociedad esta muy difícil en estos tiempos», mientras yo contesté «entonces no estás agradecido por tu vida, ni tampoco crees que el mundo está colmado de cosas que valen la pena». No obstante, no me sentía bien con esa posición de defensora de la gravidez, donde me sentía casi como una víctima, así que asumí mi responsabilidad emocional y comprendí que independientemente de mi opinión, él también tiene derecho a crear la suya y no sólo en este caso sino siempre, me liberé y sentí que no importa si no estamos de acuerdo en ser papás, ya lo haremos cuando ambos sintamos la misma necesidad, o incluso si mi deseo fuera tan grande, entonces llevaría a la práctica el amor propio y seguiría mi camino hasta encontrar lo que llene a mi persona y sin rencores. Esta decisión me devolvió la paz.

Con el tiempo, también hemos tenido la oportunidad de explorar más información a través de las diferentes situaciones de vida, por ejemplo, nos hemos interesado por convivir de cerca con los niños para saber más sobre la infancia, algo de lo que no me arrepiento ni un instante y les aseguro que Jorge (así se llama mi pareja) tampoco. Otro ejemplo es el día en que creí estar embarazada, sentí tanto miedo e inseguridad que pensé en el aborto, entonces la frase popular de “del dicho al hecho hay un buen trecho” tuvo mucho significado para mí, por lo que yo ya no soy tan tajante al expresar la decisión de querer ser madre. Así que en resumen no tengo una postura ideológica o una elección al cien por ciento definida, tan sólo tengo una imaginación que me gusta y un hombre con quién reproducirme, ya solamente queda, como casi todo en la vida, la parte por descubrir del azar y de la naturaleza.

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"Refugio" por Susana del Rosario

Mi cicatriz en el vientre

Por Sat Trejo

Mi cicatriz en el vientre. Diez centímetros de piel cortada y remendada, muerta. Tenía 17 años, dijeron que se vería como una cesárea, pero lo que me quitaron fue un quiste y parte del ovario izquierdo. Diez años después empezaba la maestría y regresé al quirófano para que sacaran otro quiste. Aun anestesiada y algo aturdida, escuchaba que había sido peor de lo que se imaginaban, si quería tener hijos necesitaba apurarme, sería difícil…tendrían que inducir con inyecciones la menopausia, y condenarme a tomar una pastilla cada día para mantenerla.

A un año y medio de ese momento, lejos del día en que pueda plantearme si quiero o no ser madre, me revelo. Yo. Sin pastillas, sin hijos. Me rehúso a obligar a mi cuerpo a vivir una menopausia adelantada. La primera vez que decidieron parar mi menstruación tenía 14 años, fue una imposición. Mi cuerpo no paraba de sangrar…un año entero me mantuvieron con hormonas para obligarlo. Nadie se molestó en compartir, en ese momento, que me habría podido cambiar la voz. Mi cuerpo no era mi cuerpo, las decisiones las tomaban otros. La justificación, evitar un posible problema, parar algo que no saben como arreglar, minimizando las consecuencias desfavorables que se pueden producir.

A la mejor no podré tener hijos, a lo mejor volverán los quistes, pero me prometí no tomar decisiones basadas en miedo. El miedo con el que arropan cuerpos adoloridos o que no funcionan como los demás. Ser mujer joven significó someter mi cuerpo a las decisiones de expertos y familiares. Luchar contra las expectativas sociales, re-pensar mi identidad de mujer que sangra y que no sangra, hacer las paces con un cuerpo fragmentado, pedirle perdón por abandonarlo a las decisiones de quienes lo alejaron de mi.

Cuando le comenté a mi mamá que quería empezar el doctorado dijo “entonces, ¿cuándo vas a tener hijos?’ A lo largo del camino me han hecho ese tipo de preguntas y comentarios. Me refiero a preguntas que asumen mi cuerpo es fértil o que yo quiero ser madre algún día. Eso no lo sé. Lo que sé, es que este proceso me ha confrontado con la necesidad de re-pensar, crear y aceptar mi propio significado de lo que es ser mujer. Lograr ser honesta conmigo para elegir vivir como yo quiero. Sobre todo reconciliarme con este cuerpo que poco a poco se ha ido sacudiendo expectativas ajenas. Reconstruyendo esquemas donde sólo quedaban cicatrices.

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