Abrir publicación
Manifestación en Madrid. Imagen tomada de http://www.corrienteroja.net/

Aborto libre SÍ, aborto selectivo NO

Manifestación en Madrid. Imagen tomada de Corriente Roja, http://www.corrienteroja.net/.
 
Hace algunos meses el ministro de Justicia de España, Alberto Ruiz-Gallardón, apoyado por el Partido Popular, promovió una iniciativa para modificar la Ley de Aborto.
Dicha Ley propone que el aborto sea regido no por plazos de posibilidad de aborto como estipula la Ley de Salud Sexual y Reproductiva de 2010, que permite el aborto libre durante las primeras 14 semanas de gestación y hasta 22 si hay malformaciones o la salud de la madre corre riesgos, y que además permite a las jóvenes de 16 y 17 años realizar la interrupción sin permiso paterno-, sino por supuestos, algunos de los cuales-supestamente- abogan por el derecho del no nacido.
A continuación, un artículo publicado en septiembre 2013 por Antonio Centeno en la página del Rights International Spain, y que nos recuerda que  el ministro Gallardón espera que el próximo julio inicie el  trámite de esta ley en el Congreso Español.

Por Antonio Centeno

Enésimo anuncio del ministro Gallardón de que cambiará sustancialmente la legislación sobre el aborto, para “proteger a las personas con discapacidad”, dice. No somos pocas las personas (incuso algunas con tetraplejia, como un servidor) las que pensamos que el ministro actúa de manera hipócrita. No le interesa “proteger a las personas con discapacidad”, sino reformar la Ley al dictado de sus convicciones religiosas y/o de sus intereses electorales. Baste recordar el también reciente anuncio de mantener la legalidad de la esterilización forzosa de personas con diversidad funcional que establece el artículo 156.2 del Código Penal (aunque días más tarde se mostraba dispuesto a rectificar), el insufrible borrador de anteproyecto de Ley General de Discapacidad, el brutal recorte de derechos y prestaciones llevado a cabo por su Gobierno en la Ley de “Dependencia”, o la disminución de fondos para inserción laboral y un interminable etcétera. Una muestra más del inclemente retrato que esbozó Millás en El País allá por 2007.

    Sin embargo, haríamos bien en no confundir la defensa del aborto libre con la defensa del aborto selectivo según las características corporales del feto. La postura más extendida en “ámbitos progresistas” viene a ser algo así como “no, si yo estoy de acuerdo con el aborto libre, pero mientras no lo conseguimos me parece bien que haya un plazo diferente para malformaciones del feto”. Este posicionamiento es, a parte de peligrosamente poco ético, ilegal. Veamos por qué.

    Determinar plazos diferentes según alguna característica humana (sexo, etnia, diversidad funcional…) con el argumento de evitar sufrimiento a la futura persona o cargas al entorno familiar atenta contra la dignidad de las personas que ya viven esas realidades (como un servidor aquí o una mujer en la India). Nótese que el objeto de discriminación no es el feto, que no es un ser humano, si no las personas que tienen las características que pretenden justificar el aborto. En el mismo sentido, obsérvese que el sujeto discriminador no es la mujer que aborta, si no el texto legal que establece una minusvaloración de las vidas de las personas que poseen las características en cuestión.

    En particular, no puede haber un plazo diferente por “malformación del feto”. La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad forma parte del cuerpo jurídico español, y el Comité de la ONU que vela por su cumplimiento ya avisó a España en octubre de 2011 que debía corregir esa diferencia de plazos que se da en la actual ley. Nada dijo el Comité sobre si la corrección debía efectuarse eliminando todos los plazos, o elevando el plazo general a 22 semanas o eliminando el supuesto por “malformación del feto”. Algo hay que hacer, pero no necesariamente lo que anuncia el ministro. Seguir leyendo

Abrir publicación

El mito de la fertilidad. Maternidad y aborto en el bajío mexicano

"Semillas" por Susana del Rosario
«Semillas» por Susana del Rosario

Por Amor Teresa

Hace unos días viajé por enésima vez a Celaya, Guanajuato, la ciudad donde nací y crecí hasta “pasadita” la mayoría de edad. Desde que me mudé fuera de allí, la distancia que he tomado con aquel lugar, junto con el montón de experiencias vitales que he tenido, entre ellas ser feminista, me ha permitido faltarle al respeto a mi lugar de nacimiento. Y mejor que sea así, porque no me gustan los regionalismos (menos los nacionalismos) y sobre todo, porque Guanajuato es un estado anclado en una región sexista, misógina y profundamente machista.

Ante la necesidad de escribir un algo para la revista Hysteria (necesidad mía que afortunadamente es acogida por Liz Misterio y compañía), me puse a pensar y pensar y sentir y sentir… y fue montada en un autobús de camino hacia Querétaro donde surgió el texto que a continuación les comparto.

Guanajuato es un estado de la república sumamente conservador cuya “moral social” está vinculada fuertemente con la moral católica. No sólo lo digo yo y mis hermanas que me dan la queja de tal o cual iniciativa de ley que ya propusieron los políticos, cada vez que voy de visita, o las amigas feministas que bien enteradas están de las barbaries que en términos de derechos sexuales y reproductivos vivimos las mujeres en Guanajuato. Lo dice también Verónica Cruz de Las libres, por ejemplo, a quien me encanta traer a colación cuando arranca mi perversa letanía en contra del Estado porque ella ha cuestionado a abogadas panistas para que “de abogada a abogada” le justifiquen jurídicamente las iniciativas de ley que su bancada ha propuesto para criminalizar a las mujeres que abortan. En respuesta ha escuchado que “se trata de llevar al pleno la ideología del partido” (¡ni más ni menos!), ideología religiosa que sabemos que fundamenta al PAN como partido de ultra derecha.

El anterior, un pequeño ejemplo de las joyitas parlamentarias que nos representan en aquel estado.

Por otra parte, Guanajuato es un territorio en el que por sus características geográficas las principales actividades económicas son la agricultura, la ganadería y el comercio, las cuales, a su vez se han visto vejadas por la llegada del TLC a México.

Se dice de Guanajuato que pertenece a la región del Bajío. Esta región se caracteriza por ser tierra llana y fértil, y según Wikipedia “es la región geográfica, histórica, económica y cultural del centronorte de México que comprende los territorios no montañosos de los estados de Querétaro, Guanajuato, Aguascalientes y los Altos de Jalisco”. En otras palabras, es una región vista por sus habitantes como un gran campo de cultivo.

Queridas lectoras, no es que me haya equivocado de convocatoria y envié el texto incorrecto, prometo que iré al meollo del asunto, vamos, al grano. Nomás era importante comentar estos dos aspectos de la región que acoge a este lindo estado de la república.

En Guanajuato existen las peores leyes en términos de derechos sexuales y reproductivos. Las mujeres de Guanajuato no pueden abortar libremente so pena de ser castigadas, según claro, su estatus socioeconómico porque las más ricas sí que lo hacen o por lo menos tienen acceso a esta acción y las más pobres, si lo hacen es a costa de su salud, su vida o su libertad. Las mujeres son fuertemente vigiladas y castigadas en estos aspectos.

De Celaya, se dice que es “la puerta de oro del bajío” y la imagen que acompaña a esta publicidad es un cuerno de la abundancia. Por eso cuando Belén Romero, una amiga feminista, nos habló en un taller sobre la crítica ecofeminista que analiza la vinculación entre la desvalorización de la naturaleza y la desvalorización de las mujeres y que opera desde un paradigma epistemológico que separa naturaleza y cultura, algo hizo click en mi cabeza.

A la luz de reflexiones ecofeministas que nos permiten analizar que tradicionalmente el cuerpo de las mujeres ha sido visto como materia prima al servicio de todxs menos de ellas mismas, yo me pregunto: ¿existe alguna relación entre la asunción de vivir en una tierra fértil y la concepción de fertilidad de las mujeres en Guanajuato? ¿El mandato social de ser madre en Guanajuato está vinculado con la “fertilidad” de aquellas tierras? ¿Los cuerpos de las mujeres son valorados como mercancía, como materia prima al igual que lo es la tierra “fértil”? y de ser así, ¿quiénes tienen el poder de trabajar esa tierra? ¿Es la fertilidad de la tierra de aquella región una analogía esencialista comparativa con el cuerpo de las mujeres y por lo tanto aún más perversa?

La célebre frase revolucionara zapatista versa: “la tierra es de quien la trabaja”, ¿será entonces que los campesinos, empresarios, esposos católicos y novios furtivos de las guanajuatenses se creen que el cuerpo de sus esposas, sometidas, enamoradas, feligresas, etc. les pertenece y es a ellos a quienes les corresponde “trabajar” esa tierra?

Vale la pena pensar y repensar el asunto, porque me pregunto, si un cuerno de la abundancia es la “señal” de que se está entrando en territorio fértil, y si por otra parte, está bien documentado que los propietarios de las tierras son los señores, los empresarios-terratenientes, las trasnacionales desde hace más de 20 años ancladas en esta región y ya de manera más humilde, los campesinos que apenas tienen una o media hectárea, cabe preguntarnos, si efectivamente en su imaginario opera la fantasía de que el cuerpo de las mujeres tiene-que-proveer-hijos a la región, en un ejercicio imitativo de la tierra que les provee de todo.

Siguiendo con la especulación de esta hipótesis, los señores pensarían: si se vive en tierra dadora de vida, sería inconcebible que las mujeres fueran “estériles” y peor aún, sería un pecado el hecho de que las mujeres decidieran no tener hijos o recurrir al aborto.

Como feministas sabemos muy bien las terribles implicaciones que tiene ver la maternidad como algo natural e instintivo. Hemos criticado largamente y desecho la idea del instinto maternal y hemos pugnado de una y mil maneras por decidir lo que queremos hacer con nuestro cuerpo y nuestra sexualidad. Pero parece que todo esto no es importante, vamos, ni siquiera es pensable que las mujeres en Guanajuato puedan no desear ser madres.

Para quienes sí es importante es para muchas mujeres jóvenes guanajuatenses. Me llena de alegría escuchar que muchas chavas reniegan del modelo de maternidad impuesta por sus familias conservadoras, por los curas en las misas y por los políticos de ultra derecha. Me emociona y da mucha esperanza conocer las iniciativas de artistas que trabajan en Guanajuato denunciando la discriminación y la violencia y el asesinato de mujeres jóvenes, ya no sólo en este estado, sino en toda la región bajío.

Por eso sospecho de los políticos, de los señores que tienen el poder de legislar sobre el aborto, de los neocaciques, incluso de algunos campesinos humildes ¿porqué? Pues porque tal vez y sólo tal vez, sí opere en su imaginario la idea del cuerpo femenino como materia prima que necesita ser explotada.

Ya desde diferentes posiciones feministas rechazamos la valoración de las mujeres como objeto y en este sentido, lo que propongo aquí es considerar la posibilidad de que probablemente las mujeres en Guanajuato seamos vistas como materia prima con la agravante de que nacimos y vivimos en una región que se jacta de presentarse ante los ojos ajenos como fértil y abundante. Estas son algunas ideas que comparto porque pienso que vale la pena que las pensemos entre todas.

Pero no quiero dejar margen para que estas ideas sean mal interpretadas. Todo lo anterior no es una argumentación en contra de que las mujeres se embaracen, tengan hijos o sean fértiles, en lo absoluto. Mi crítica es otra vez a la discursividad que rodea a la maternidad normativizada en nuestra sociedad que en primer lugar se postula como obligatoria para todas las mujeres y que además es absolutamente estereotipada.

La abnegación, el sufrimiento, el sacrificio son virtudes que se atribuyen a la madre y se espera que todas las que aspiren a parir sean así. Más aún, pareciera que si no cumplen con esos estándares no son dignas de ser valoradas, sus enseñanzas vitales no tienen trascendencia puesto que su jurisprudencia abarca solamente el espacio íntimo del hogar y la familia nuclear tradicional.

Tan poco vale para una sociedad, para un Estado Nación que funciona sobre la base de un sistema económico capitalista, que las mujeres en Guanajuato y en todo el país, quienes con su trabajo sostienen este sistema económico llegadas a los sesenta años y una vez que trabajaron por y para su familia e hijos, posean un mínimo incentivo económico que pudiera equivaler a una pensión económica y mucho menos aspiran a jubilarse, porque incluso muchas de ellas consideran que una vez que son madres no dejarán de serlo hasta que mueran.

Ante este panorama se me ocurre rápidamente considerar que si las mujeres asumen que su cuerpo es su territorio “suyo, de su propiedad” (como diría una amiga de Celaya), pensar en labrarlo, trabajarlo, es decir, hacer con él lo que se les venga en gana incluyendo embarazarse y parir, ¿sería algo parecido a reapropiarse de su tierra?

Si la tierra es de quien la trabaja, habrá que trabajar nuestro cuerpo, apropiarnos de él, hacer con él lo que mejor nos plazca, con aquel placer que tanto temen que experimentemos, porque estoy de acuerdo con Verónica Cruz quien considera que el tema del aborto no surge tanto por la preocupación moral religiosa-católica-panista-conservadora del alma del feto, cuanto por el control de la sexualidad de las mujeres.Por esto, como dice la activista brasileña Sonia Correa, el aborto y la maternidad son temas para pensar desde el punto de vista del ejercicio de la sexualidad y de los derechos sexuales más que reproductivos.

Reapropiarnos de nuestro cuerpo significaría expropiar nuestras prácticas maternas, significaría despojar a los curas, machos y capitalistas de aquella función que nos asignan y convertir nuestro deseo de parir en un acto basado en el placer; la decisión propia y la reivindicación de nuestro derecho de reservarnos el derecho de “procrear”.

Incluso si nos embarcáramos en la decisión de procrear y en el supuesto de que ni el embarazo ni el parto llegara a proporcionarnos placer, podríamos ser capaces de gritarlo y contárselo a todas, sin temer a ser vigiladas, juzgadas y maltratadas por ser humanas y sentir dolor, asco, miedo y hasta recelo tanto por el proceso del embarazo, por el parto mismo y hasta por el hijo o hija que está por venir. E igualmente, no estaríamos avergonzadas de sentir una gratificación infinita.

Concluyo con una nota vigentísima respecto al aborto en Guanajuato, pues en la penúltima semana de abril “el congreso local discute una iniciativa para establecer el acceso a la interrupción legal del embarazo bajo el supuesto de violación”, la intención es obstaculizar el acceso a la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) aun cuando en este estado de la república sólo cuenta con la causal de aborto imprudencial y aborto por violación.

Así las cosas, sólo me resta decir que las feministas estamos atentas a estos cambios, que aunque aquí, en España o en otros lugares se trate de hacer retroceder los avances legales que hemos conseguido en estos temas, seguiremos resistiendo culturalmente porque esta es nuestra trinchera y desde ésta lucharemos ¡porque la revolución será feminista o no será!

Abrir publicación

Las maternidades lésbicas como cuestionamiento a la heteronormatividad

Ilustración Iurhi Peña
Ilustración Iurhi Peña

Texto por Edith Lima Báez 1

La maternidad es una construcción simbólica, pero también una práctica social. Alrededor de esta se configuran sentidos que tienden a establecerse en términos homogéneos, a naturalizarse y a esencializarse. Ejemplo de ello son los significados que se generan respecto a la imagen de la maternidad: se trata de una cualidad propia de las mujeres vinculada a la “capacidad” de parir. Si le damos visibilidad al imaginario de la maternidad, lo que se dibuja muestra a la mujer abnegada casi siempre rodeada de niños o cargando a alguno, con la mirada hacia abajo pero al mismo tiempo con un halo de aceptación de su condición. Se hace referencia a la virgen, a una mujer inmaculada pero con hijos, asexuada y que sólo encuentra el sentido de su vida en el cuidado y educación de los menores a quienes quiere ver crecer y convertirse en adultos. Los significados que se le atribuyen a la maternidad se relacionan con instinto, amor, feminidad, fertilidad, sacrificio, incondicionalidad, así como anteponer el cuidado de los demás por encima del cuidado propio. Se piensa entonces que la maternidad es destino y no un acto de decisión.

  Este ideal materno no es ni cuestionado ni contextualizado, lo que da pie a que la figura de la madre que se ha presentado como “la única y verdadera” en realidad sirva como un mecanismo que oculta desde el discurso dominante la existencia de otras maternidades: “las malas madres, o las no mujeres, las solteras sin o con hijos o las casadas con pocos hijos.” (Mojzuk, 2012) Así la maternidad se presenta en algunos espacios como elemento de legitimación axiomática, es decir, como un significado de relevancia compartido en diferentes colectividades (Jenkis, 1996: 129), y de algún modo naturalizado.

De ahí que sea trascendente recurrir a la visibilización de distintas maternidades, es decir, formas diversas de construir la maternidad. Esto permite concebir que no todas las mujeres asumen de la misma manera el ejercicio materno; si bien las funciones maternas se constituyen a partir de parámetros sociales instituidos y de imaginarios sociales respecto al ser madre y mujer, también existen otros elementos que van moldeando la maternidad, tales como el contexto socio histórico en que se vive, las condiciones económicas, las expectativas personales, las concepciones y situaciones subjetivas. Ello posibilita la modificación de patrones establecidos a través de las prácticas de las personas, dando cabida a nuevos referentes y ejercicios maternos. De tal modo que existen maternidades y no sólo una forma de ejercerla.

  Las maternidades como prácticas sociales tienen su base entre la madre y lxs hijxs. Dicha relación no siempre se basa en una condición biológica, es decir, se puede prescindir del embarazo y el parto y aún así, generar vínculos afectivos. Y aunque generalmente lo maternal se relaciona con el cuidado, debido a que los pensamientos y actitudes que se instauran entre la madre y lxs hijxs parten de la condición de vulnerabilidad, aunque esta no sea percibida conscientemente,2 no siempre el cuidado responde a una cuestión de protección en sí misma, sino a la puesta en práctica de límites, reglas y búsqueda de autonomía en lxs hijxs.

La maternidad como categoría analítica puede ser un referente para la crítica del sistema patriarcal y heteronormativo3 mostrando sus contradicciones y perversidades dando lugar a las más llamativas disidencias como las maternidades lésbicas. Éstas refieren a las diferentes y muy variadas prácticas educativas permanentes de crianza, cuidado, afectiva y cotidiana cuya legitimidad no se funda en un acto jurídico o genético, es decir, el ejercicio materno puede ser asumido por quien gesta, por quien adopta o por quien ejerce maternaje sin que necesariamente haya vínculos de consanguinidad o legalidad formal. De tal modo que me parece pertinente clarificar por qué las maternidades lésbicas cuestionan constantemente a la heteronormatividad y la hacen tambalear junto con las verdades y realidades que ha construido. Sin embargo, en cuanto a los procesos educativos que las lesbianas llevan a cabo con sus hijxs no necesariamente rompen con las prácticas educativas heteronormadas, pero ese es debate para otro espacio.

  Las maternidades lésbicas rompen con el binomio esencialista hombre–mujer, es decir, desarticulan los discursos que se relacionan con la heterosexualidad como única forma de vínculo íntimo y de establecer relaciones erótico afectivas de pareja y de cuidado de lxs hijxs, pero también dentro de las maternidades lésbicas caben las prácticas de mujeres sin pareja con hijxs que asumen abiertamente su orientación sexual lésbica y su ejercicio materno.

  Las maternidades lésbicas desestabilizan dos de los ejes principales de la familia heteronormativa: la reproducción y el parentesco. Desde los referentes más conservadores, la familia debe cumplir con la función de la procreación que sólo es posible entre un hombre y una mujer para dar continuidad a la especie. Algunas lesbianas para ser madres hacen uso de la reproducción heterosexual, pero reconocen que no es el único medio para ejercer la maternidad. Otras lesbianas en pareja o solas “juegan” con la biología y la genética a partir de que hacen uso de distintos métodos de reproducción asistida para tener hijxs.

Esta situación cuestiona a la institución del parentesco, que generalmente se relaciona con los vínculos sanguíneos y con la continuidad de linajes generalmente patrilineales, así como con “la asignación de una mujer y un hombre a un hijo en calidad de padre y de madre” y con la consecuente filiación indivisible dentro de la alianza del matrimonio. Así, al conformar familias y maternidades lésbicas desquebrajan el modo “legítimo” de constitución familiar donde la sexualidad, la procreación y el engendramiento coincidían con el matrimonio de dos individuos para otorgar la filiación. (Cadoret, 2003: 31)

  En este sentido, las maternidades lésbicas establecen nuevas relaciones de parentesco: se constituyen como parejas de hecho con hijxs, es decir, filiación sin alianza matrimonial, o bien, en el caso de las familias de acogida o adoptivas puede o no, existir vínculo de filiación entre madres lesbianas y lxs niñxs debido a que éstos pueden mantener lazos con su familia de origen. En todo caso, las configuraciones lesbofamiliares ponen sobre la mesa la importancia de la parentalidad es decir, el cuidado, la educación y el amor hacia lxs hijxs y sobre todo la filiación como el vínculo con lxs niñxs por encima del parentesco:

Cuando las parejas homosexuales reivindican el reconocimiento de una posición parental para cada uno de los dos miembros de la pareja, no exigen únicamente el reconocimiento de una función de parentalidad (“somos padres tan buenos como los demás”) sino también la proclamación de su posición de parentesco y de su acuerdo de pareja, que ya no pasa por la complementariedad sexual, reflejo de la complementariedad del engendramiento. No niegan la diferencia sexual, no niegan la existencia diferenciada de lo masculino y lo femenino, pero rechazan considerarla como el único fundamento del deseo, de la sexualidad, de la familia… del matrimonio y de la filiación. De este modo nos inducen a retomar la definición de filiación para precisar el papel de ésta en el establecimiento del vínculo social (Cadoret, 2003: 167)

  Aunque el matrimonio es una forma de constituir familias lesboparentales y constituirse como madres, esta alianza se utiliza las más de las veces como una estrategia civil. Con el matrimonio, las parejas tienen mayores posibilidades de acceso a la protección y seguridad social por parte de su compañera, a heredar y ser sujetos de herencia. De ahí que la idea ficticia impuesta por la heteronormatividad del “amor romántico” como base del matrimonio se diluye en el caso de las familias lesboparentales, no porque no exista este sentimiento, sino porque no navegan en el absurdo de la ilusión amorosa sino en la del derecho y la legitimación de sus relaciones en el contexto social a partir del matrimonio.

En un intento de síntesis las experiencias de lesbianas que son madres cuestionan al sistema heteronormativo y patriarcal en cinco aspectos que a su vez se convierten en evidencia de sus límites:

  1. Rompen con el binomio heterosexual de hombre- mujer, desarticulan los discursos que se relacionan con la heterosexualidad como única forma de vínculo íntimo y de establecer relaciones erótico afectivas de pareja.
  2. resquebrajan la idea de procreación como único medio para tener hijxs,
  3. establecen mecanismos diversos para ser madres, juegan con la biología y la genética,
  4. rompen con la alianza pero no con la filiación y cuestionan el parentesco sin negarlo y se centran sobre todo, en los procesos de parentalidad,
  5. utilizan estratégicamente el matrimonio para consolidar una familia sin que ello sea inalienable.

  Aunque las maternidades lésbicas desestabilizan al sistema heteronormativo por el simple hecho de existir, es importante reconocer que no se configuran desde la espontaneidad y desde referentes completamente nuevos; con ello me refiero a que las lesbianas que ejercen maternidad utilizan estratégicamente elementos propios de la heteronormatividad para constituirse como madres singulares. Pero al mismo tiempo transforman a partir de sus actos, lo que se considera parte de esa construcción social. Las normas al ser anteriores a los sujetos obligan a estos a su repetición, pero existe la posibilidad de negociarlas en tanto las normas no siempre son eficaces “la resignificación de las normas es pues, una función de su propia ineficacia y, por ello, la cuestión de la subversión, aprovechar la debilidad de la norma, se convierte en una ocasión para apropiarse de las prácticas de su rearticulación” (Butler, 2002: 72)

  De tal modo que las maternidades lésbicas son performativas4 en tanto los sujetos se apropian de aquellos elementos discursivos que les permiten constituirse como tales a través de la reiteración o citabilidad de los patrones propios y socialmente establecidos de esta institución. Pero las maternidades lésbicas también se constituyen a partir de actos que desestabilizan las categorías normativas tradicionales de familia, maternidad, prácticas educativas familiares, corporalidad y así, materializan formas distintas a las existentes, de ejercicio materno. Así, algunas lesbianas utilizan los intersticios, los huecos, las hendiduras del sistema heteronormativo para producir una materialización distinta de lo que se concibe como maternidad, así instauran lo impensable, lo incalculable, lo inédito.

Y las lesbianas no asumen la maternidad como es lo que “me toca como mujer” por lo que la decisión de ser madres se convierte en un asunto de elección o como diría Marta Lamas «La maternidad voluntaria es una decisión ética de un sujeto responsable de sí mismo. Para defender la autonomía de las mujeres hay que dejar de considerar la maternidad como destino y comenzar a verla como un trabajo de amor que, para ejercerse a plenitud, implica algo previo: EL DESEO».

Fuentes de consulta

Butler, Judith (2002) “Críticamente subversiva” En: Mérida Jiménez, R. M, (ed) (2002) Sexualidades transgresoras. Una antología de estudios queer. Barcelona: Icaria.

Butler, Judith (2011) “Cuerpos que importan. Sobre los límites materiales y discursivos del “sexo” En: Taylor & Fuentes (eds.) (2012) Estudios avanzados de performance. México: Fondo de Cultura Económica.

Cadoret, Anne (2003) Padres como los demás. Homosexualidad y parentesco. Barcelona: Gedisa.

Gimeno, Beatriz (2007) Historia y análisis político del lesbianismo. La liberación de una generación. Barcelona: Gedisa.

Jenkins, Richard (1996) Social Identity New York: Routledge.

Mojzuk, Marta (2012) Entre el maternalismo y la construcción socio-política de la maternidad en: http://www.emede.net/textos/martamojzuk/maternalismo-maternidad_dea.pdf Consultado el 16 de abril de 2014.

Warner, Michael y Laura Berlant (2002) “Sexo en Público” en: Mérida Jiménez, R. M, (ed) (2002) Sexualidades transgresoras. Una antología de estudios queer. Barcelona: Icaria.

 

1 Doctorante en Pedagogía F.F. y L, UNAM. Actualmente trabaja en la tesis de doctorado titulada “los procesos educativos en familias de la diversidad sexual” enfatizando las prácticas educativas de familias homoparentales. correo electrónico: limabaezedith@hotmail.com

2 Retomo de María de Jesús Izquierdo la idea de que la ética del cuidado está vinculada a la conciencia de la vulnerabilidad. (Véase Izquierdo, 2004) Aunque Izquierdo no trabaja propiamente la maternidad, me parece que nutre el debate al respecto. Considero que muchas de las prácticas de maternidad que se llevan a cabo no parten de la conciencia de vulnerabilidad en los procesos de cuidado.

3El mundo que habitamos está permeado por un pensamiento heteronormativo que regula a través de instituciones, discursos y diferentes dispositivos las mentes, los cuerpos y los afectos de los sujetos sociales. La heteronormatividad establece una realidad que se asume sin cuestionar y que de algún modo se convierte en “naturaleza humana” o “hechos de la vida”. Michel Warner y Lauren Berlant (2002), establecen que la heteronormatividad refiere a: “…aquellas instituciones, estructuras de comprensión y orientaciones prácticas que hacen no sólo que la heterosexualidad parezca coherente –es decir, organizada como sexualidad– sino también que sea privilegiada. Su coherencia es siempre provisional y su privilegio puede adoptar varias formas (que a veces son contradictorias): pasa desapercibida como lenguaje básico sobre aspectos sociales y personales; se la percibe como un estado natural; también se proyecta como un logro ideal o moral. No consiste tanto en normas que podrían resumirse en un corpus doctrinal como en una sensación de corrección –tácita e invisible– que se crea con manifestaciones contradictorias –a menudo inconscientes–, pero inmanentes en las prácticas y en las instituciones”. Así, la heteronormatividad deviene en una política opresiva que no percatamos; establece concepciones y prácticas que se asumen como universales y como “normales”. En el caso de las familias la heteronormatividad establece como política de verdad a la familia nuclear biparental, basada en el matrimonio heterosexual y con fines de procreación.

4 La performatividad es un concepto que Judith Butler retoma de la filosofía del lenguaje de Austin y de las críticas que J. Derridá le hace. De tal modo que para Butler la performatividad la concibe como “la práctica reiterativa y referencial mediante la cual el discurso produce los efectos que nombra” o dicho de otro modo “la reiteración de una norma o un conjunto de normas y, en la medida en que adquiera la condición de acto en el presente, oculta o disimula las convenciones de lo que es una repetición” (2011: 72)

Abrir publicación

La madre de todas las palabras en ultimadamadremente tres películas poca madre

por SALCON | Magalli Salazar

Para esta minimadre de ensayo cabe hablar del trabajo de tres directores y de algunas películas que refieren muy creativamente a esta bella y colorida palabra en la jerga de lxs mexicanxs. Claro está que películas hay un putamadral, pero estas son la muestra de tres acercamientos al fenómeno de lo madresco. Además de rendir honores póstumos a la revista Alarma! con esta imagen, por su último año de circulación impresa…¡Qué poca madre!

* * *

Comencemos hablando de una parafilia no incluida en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría – en inglés American Psychiatric Association, o APA– , que ha sido recreada en el relato de ficción, Crash: extraños placeres (David Cronenberg, 1996) de la novela del mismo nombre del escritor J. G. Ballard (1973). En ella los personajes se desenvuelven en el mundo de a quienes les excita romperse la madre, sangrar y desmadrar sus autos para después explorar las partes metálicas y abolladas y proporcionarse placer sexual, entre otros desmadres. Es claro el culto por la tecnología. En esta cinta se reconstruye un ambiente cargado de tensión narrativa ambientado en el zoom de la piel desgarrada, amoratada, inflamada a causa del contacto y colisión con el metal.

    Pero, ¿qué madres significa parafilia? Del griego παρά, pará: ‘al margen de’, y φιλία, filía:amor’, es un patrón de comportamiento sexual. Las consideraciones acerca del comportamiento considerado parafílico dependen de las convenciones sociales. Ciertas prácticas sexuales, como el sexo oral, la masturbación o la gerontofilia, eran consideradas parafilias hasta mediados del siglo pasado. Estas se dividen en dos principalmente: las típicas, como el fetichismo, el exhibicionismo, el travestismo, el voyeurismo, la zoofilia, el masoquismo sexual, (que incluye la autoasfixia, la cual se conoce como asfixiofilia), la paidofilia y el sadismo sexual; y las atípicas: coprofilia (placer con los excrementos), necrofilia (placer por los cadáveres en distintos grados de putrefacción), escatología telefónica (incitar a otros a hablar de su actividad sexual o hablarles de cosas indecorosas), clismafilia(la introducción de líquidos en el ano), eproctofilia (gozar con las flatulencias), urofilia (beber o bañarse con la orina), la acrotomofilia (interés sexual por las partes amputadas del cuerpo).

    Crash: extraños placeres es un relato de carne cruda y molida, fierros doblados y actos sexuales con automóviles y vehículos que evidencia la transformación psicológica del ser corpóreo que se ha visto alejado y diluido por la tecnología. La construcción de la ciudad y las máquinas como habitantes del extravagante deseo humano.

*

Otra cinta que ni madres se pueden perder es El bebé de Rosemarie del escritor Ira Levin.  Dirigida por Roman Polanski en 1968, explora la tesis del amor incondicional de una madre. En ella se muestra a una joven pareja de recién casados que llega a vivir a un edificio ¡que no tiene madre!, pero que lo preceden historias escalofriantes. La pareja Woodhouse espera tener a su primogénito.

Esta película es maravillosa, entre otras cosas, porque matiza una historia escalofriante dentro de un ambiente familiar y cotidiano, y muestra en primera persona la vida cándida de la amable protagonista, quién será víctima de la confabulación de un grupo de personas siniestras (¡hijas de su pelona madre!) que realizan un pacto terrorífico –y, la incluye, sin ella siquiera imaginarlo-. La transformación del personaje es extraordinario y lleva una sobrecogedora carga psicológica. Al final, y a pesar de tratar de librarse de ese destino orquestado para ella, todo vale madres. Rose Marie estará dispuesta a proteger y a amar a su bebé, cuyo verdadero padre engendró en ella el Mal.

     Esta es una de esas historias de maternidad extrema en el cineque escapa a la tipología de ser madre. Como, por ejemplo: la solapadora (demasiado permisiva): mamá de Renton (Mrs. Renton), en Trainspotting, de Danny Boyle, 1996; la rígida (autoritaria, dura y fría): Mamá de Tita, (Mamá Elena), en Como agua para chocolate, de Alfonso Arau, 1992 ; la manipuladora (culpa hacia el hijo porque debe estar agradecido eternamente por lo que ella hace por él): la madre de Edward Gein, (Augusta Gein), en Ed Gein, dir. Chuck Parello, 2000; la abnegada (ha sufrido durante toda su vida): la mamá de los Grape (Momma), en ¿Quién ama a Gilbert Grape?”, dir. Lasse Hallström, 2001; la inversionista (sus hijos son un negocio a largo plazo), La madre de Margot (Catalina de Médicis), en La reina Margot, de Patrice Chéreau, 1994; la vanidosa (sólo le importa su apariencia): mamá de Sam Lowry (Ida), en Brazil, dir. Terry Gilliam, 1985; la enfermiza (ni cómo ayudarle): la mamá de Lionel (Vera Cosgrove), en Tu madre se ha comido a mi perro, Peter Jackson, 1992; (la desconsiderada y preocupona): La llorona, en La maldición de la llorona, dir. Rafael Baledón, 1963; y por último, la explotadora (sus hijos la alimentan de por vida): La matrix, en Matrix, dirs. Lana y Andy Wachowski. 1999.

*

Por último, ya que de puras madres estamos hablando, veánse la revoltosa y extraña película Entre Tinieblas (Pedro Almodóvar, 1992), que relata la vida de una chica que vive en el valemadrismo y que de pronto tendrá que refugiarse en el convento de las Redentoras Humilladas: Sor rata de callejón, Sor perdida, Sor víbora, Sor estiércol…

   Una historia bastante tierna y caprichosa, que en algunos momentos es coherente y divertida, y en otros, sufre deslices narrativos. En ella se resalta el papel femenino del sacrificio que toman como opción este grupo de monjas y, como sus nombres lo indican, ellas están dispuestas a la humillación como acto redentor. Una gran pieza de melodrama que juega con el sentido del compromiso y la culpa, del amor fraterno y la entrega. Las redentoras humilladas, esas madrecitas que develan la ambición y el sufrimiento en aquella que escribe best sellers, en la que se droga como prueba de amor, o la que alberga y cuida de las almas descarriadas.

Abrir publicación

Editorial#6 Primer Aniversario

Especial Primer Aniversari

Revista Hysteria se complace en celebrar un año de existencia, un año de experimentaciones que nos han nutrido para replantear constantemente nuestro papel como medio de comunicación, de difusión e intercambio de ideas, obras, imágenes, textos en donde el cuerpo es el espacio político desde el cual nos enunciamos y ejercemos el debate de los condicionamientos que reprimen, coartan, restringen la libertad de expresión no sólo sexual, sino social, pero además desde el cual la mayoría de lxs participantes ha logrado subvertir esos mismos condicionamientos.

Agradecemos enormemente la apuesta de la gente que nos ve, lee y envía sus obras para seguir compartiendo y creciendo, y que ha posibilitado un discurso plural dentro del cual queremos seguir invitándoles a enviar sus sugerencias, obras, experiencias y reflexiones para seguir articulando las diferentes manifestaciones en torno al derecho al cuerpo, al género y cómo trascenderlo, las disidencias sexuales y sociales y el placer como forma de resistencia y lucha continua.

Comenzamos este nuevo año con una experimentación más, un ejercicio visual en donde varixs fotógrafxs y modelos nos reunimos para generar las imágenes de este número. El proyecto fue realizado en Casa Galería, que amablemente proporcionó el espacio en donde las sesiones fueron creadas. La experiencia no sólo fue divertida, sino emocionante, amorosa y tremendamente potente. Con este mismo ejercicio además introducimos la posibilidad de que en las Galerías X haya una mayor diversidad de cuerpos, antes sólo destinadas a mostrar masculinidades, para ser cada vez más incluyentes con otras corporalidades e identidades sexo- genéricas.

Esperamos francamente cualquier sugerencia, reclamo, opinión, debate y ¿porqué no?, felicitación. Es nuestro más ferviente deseo seguir mejorando, continuar experimentando, siempre en tono lúdico y placentero, pero respetuoso y consciente de la diversidad que nos une y reclama el apoyo mutuo.

En este año que se nos fue rapidísimo logramos generar alianzas y complicidades con muchas personas quienes se han ido sumando a este proyecto y con quienes ahora formamos comunidad, les agradecemos profundamente por su confianza y su trabajo, esperamos seguir contando con ustedes para futuras aventuras, y besos especiales para la tropa Cuir, que nos ha brindado su apoyo y su amor desde el primer momento, ustedes saben quiénes son…

 Gracias por este año maravilloso

nalgas-hystericas

casagal

Abrir publicación

Yo no duermo de noche

fotografía: Pola RG. / modelo: Liza

Abrir publicación

V de Vayaina

fotografía: Ana María Cinelibertaria  /  modelo: V de Vayaina

Abrir publicación

Rurru

Fotografía: Ana María Agredo González   /   Modelo: Rurru Mipanochia

Abrir publicación

Pornosotras

fotografía: Ana María Agredo González   /  performancera: Lola Perla Soto

Abrir publicación

¿Somos Hombres o Payasos?

Fotoperformance: Joyce Jandette   /   Fotografía: Ana María  Agredo González

Navegación de entradas

1 2 3 29 30 31 32 33 34 35 46 47 48
Volver arriba