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La primera vez…

por Sandra March 

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Sandra March  (La Seu d’Urgell, 1974) entiende la práctica artística como un medio para visitar y repensar temáticas clásicas. Su obra gira principalmente alrededor de cuatro ámbitos de especulación: el concepto de corporeidad, los valores y estereotipos asociados al género, la manera en que la cotidianidad o la autobiografía reflejan el imaginario colectivo, y el libro como contenedor o síntesis de sus proyectos.

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Gordita mamá

por Rubén Maldonado a.k.a. Escalera 

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Pliegues que desbordan, gruñidos que retumban

Por † Les Marranas †

Somos el reflejo ensanchado en el espejo.

   Carnes profusas que vibran y se bambolean, que se crispan y se regodean en la ostentación de su blandura, en la exuberancia de sus formas. En nosotrxs habitan todas las criaturas, nuestra sangre fluye con la violencia de un río que desborda su cauce, hemos aprendido a rebosar las orillas, a deshacerlas, descubrimos que somos amalgama de formas, texturas frondosas que van deshojándose para mudar de pelo, cambiar de piel, hacerse costra, pliegues rugosos y garras al aire repentinamente.

   Antaño habitamos los bosques, el rugido del viento nos sirvió de arrullo y las madrigueras de lxs conejxs nos brindaron cobijo. Pero llegaron aquellos entes borrosos con su maquinaria, que nos fue cercando, nos vimos arrojadxs a pretender que vestíamos sus moldes y calzábamos sus frágiles y encogidos zapatos, disimulando nuestro caminar fuerte y la arrobadora potencia de nuestra presencia, que pugna por expandirse.

   Somos juntxs el exceso del bacanal, el jugueteo desbordante de la orgía y la magia turbadora del aquelarre, asimismo croamos, ladramos, aullamos, mugimos y estamos en capacidad de absorberlo todo, de contenerlo todo, pues estas carnes mullidas son generosas en espacio y no tienen reparo en acoger o agitarse ferozmente.

   Somos el cuerpo expandido, ensanchado, que ha decidido no comer cadáveres de otrxs animales, somos el exceso de carnes, la ausencia de recato, lxs que se carcajean estridentemente, las enfermas sanas, la antítesis de la gorda bonachona.

   Con el tiempo hemos aprendido a encontrar grietas en las que introducirnos, resquicios en los que aún puede escucharse la caída estrepitosa del agua, el gruñido de un zorro, el rugido del viento, recordándonos que somos cuerpos indómitos que ni siquiera la ropa puede contener, que las tallas son unidades de medida insuficientes para determinarnos o definirnos. ¿Qué son la armonía y el equilibrio sino excusas para implantar un orden?

   Damos la bienvenida al desequilibrio, el bullicio y los pliegues, alejadxs estamos de la lividez y la pulcritud, sinónimos de pureza y moderación. Somos exceso palpitante, fluídos reptantes, carnes flácidas por la desidia que nos produce su actuar, su pensar, su medir.

   Somos las carnes desobedientes que rompen los moldes de lo correcto corporal, sin buscar parecernos a nada(ie) sino deleitándonos en el tacto y la visión de las formas prominentes.

   Ahora no habitamos los bosques, poblamos ciudades plagadas de cemento y asfalto, el viento ya no parece soplar con tanta fuerza, a las ciudades llega como un susurro, enredándose penosamente en las puntas de los rascacielos o en las cornisas de los edificios. Sin embargo el latido y la exuberancia arrolladora del bosque laten en nuestros cuerpos, que con sus formas múltiples y sus carnes desbordantes nos recuerdan el río impetuoso, el gruñido de lxs animales, el rugido violento del viento y la suavidad y blandura del musgo.

Les Marranas †

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Anfetaminas y domesticidad speed: Del régimen contra la obesidad al régimen para la feminidad

por Claudia Calquín Donoso

1989, volvía a casa del liceo y encuentro a mi madre, una joven dueña de casa, tirada en el baño, inconsciente, luego de haber ingerido una dosis de cápsulas para adelgazar, suficientes como para colocar a un caballo. Las “católicas” las llamábamos en el mercado negro, en honor al equipo universitario de fútbol chileno que usaba los mismos colores –azul y blanco- en su camiseta. Afortunadamente yo no tenía la necesidad de hacer los trámites yonquísticos de la compra clandestina, pues las católicas las tenía en casa. Solo era cosa de escudriñar en el velador de mi madre, abrir las cápsulas con delicadeza para no dejar huellas, juntar pequeñas dosis del polvo cristalino, conseguir nicotina y… todo lo demás.

Después de un lavado de estómago y de la ronda de consejos morales de los médicos, de mi padre y los míos, y de su promesa de abandonar el milagroso tratamiento que la había hecho adelgazar 15 kilos en un par de meses, mi madre volvía a ser la mujer regordeta de toda la vida, que volvía a cocinar pasteles, pan amasado y todo lo que tuviera perfil comestible. Para el poder psiquiátrico, su deseo de matarse se llamaba depresión sin tratar, síndrome de nido vacío, ansiedad, crisis de feminidad, etc., una serie de existencias con las cuales se intentaba reenviar -y explicar- el deseo de mi madre en los estrechos márgenes del conformismo doméstico. Con ello mi madre, avergonzada y resignada, asumía su destino de tranquilidad y felicidad doméstica que la hacían subir kilos y que según ella, desviaban hacia el exterior del hogar, la mirada de mi padre.

Pero de todo lo que se hablaba, nada se decía de que detrás de sus intentos de suicidio y de su inquietud motora y mental había algo más sencillo y complejo a la vez: el hecho de que una dueña de casa con tres chutes de anfetamina al día, aunque sea en elegantes cápsulas celeste y blanca, no era una cuestión fácil de llevar ni para ella ni para nosotras; que la mezcla dueña de casa y anfetaminas es una mezcla fatal.

Régimen speed

El uso de las anfetaminas para adelgazar fue uno de los tantos inventos fármaco-tecnológicos del nuevo régimen que asume el capitalismo una vez finalizada la 2° guerra mundial (el posfordismo o farmacopornografismo según Beatriz Preciado). Al igual que la bomba atómica, la categoría de género, las pin ups, el contrachapado, la teoría del apego y las cirugías estéticas , la anfetamina es un objeto semiótico-material que se constituye en medio de la cartografía social, económica política y sexual del inicio de la guerra fría y del capitalismo pos fordista, en los que se articularon, entre otras cuestiones, el naciente poder de las farmacéuticas (la revolución farmacológica), el imperialismo de EE.UU (Plan Marshall), la lucha contra el comunismo (la doctrina Truman), la guerra contra los homosexuales (doctrina Macarthy) y las políticas re-familiaristas dirigidas a revertir la catástrofe demográfica ocasionada por la segunda guerra mundial.

La anfetamina fue uno de los psicoestimulantes más importantes y más usados de lo que se llamó la revolución psicofarmacológica de los años 40-50. Como la clorpromizina y la reserpina, la anfetamina, derivado sintéticos de la efedrina, constituyó un objeto de consumo que acompañó a todos aquellos objetos y tecnologías que hicieron posible la vida doméstica de la guerra fría bajo la égida del american way of life (blanca, de clase media, heterosexual y sub urbana), no sólo porque su consumo se produjo en su mayoría en mujeres dueñas de casa de clase media, sino porque mantenía a las mujeres en una régimen de activación, aceleración y felicidad doméstica. La anfetamina, a la vez que hacía perder kilos, sus efectos euforizantes les daba un sentido de vida a mujeres enclaustradas y aburridas en la nueva arquitectura doméstica suburbana de las década de los 50´s, arquitecturas repletas de nuevas tecnologías domésticas que emergían como reciclados de guerra y como respuesta a los deseos heterosexuales y blancos de escapar de las ciudades repletas de negros e inmigrantes. Ocupándose personalmente del tema, uno de los principales psicólogos de la época, H. J. Eysenk, postuló que estas aminas disminuían la inhibición nerviosa; por eso las consumían amas de casa, un grupo -en sus palabras-, proverbialmente acosado por el aburrimiento y la falta de motivación (Escohotado, 2008). Por otro lado, la anfetamina era un signo -paradójico- de la abundancia del american way of life, una abundanciaque se desplazaba del cuerpo regordete del imaginario victoriano y puritano sobre las amas de casa –el ángel del hogar- que dominó el siglo XIX, para materializarse en cuerpos estilizados, acorde al imaginario de la sociedad de masas que emergía junto a los estudios de Hollywood. También la anfetamina ayudaba a mantener activo el deseo sexual de estas mujeres. La domesticidad del american way of life –domesticidad Simpson-, a diferencia de la domesticidad victoriana del siglo XIX y principios del siglo XX, suponía mujeres liberadas de los tabúes de la sexualidad, una domesticidad liberal en el que no era extraño ver a una pin up con un sexie y acinturado delantal cocinero y posando con un apetitoso pastel de manzanas.

Las anfetaminas aparecieron en las farmacias norteamericanas hacia 1930, cuando todavía estaba en vigor la ley Seca, como recurso para mantener despiertos a sujetos sobredosificados por los sedantes. (Escohotado,2000). Fue un complemento de lo que en aquella época se llamaban los ataráxicos. Poco después se lanzan en forma de inhaladores para catarro y todo tipo de congestiones nasales, y algo más tarde como píldoras contra el mareo y la obesidad, para finalmente emplearse como antidepresivos. En 1937 la American Medical Association aprobó la utilización de las anfetaminas para el tratamiento de la narcolepsia, el parkinson y la depresión, y durante la guerra “los Estados Mayores de los principales contendientes en la Segunda Guerra Mundial regalan a sus tropas algo que enmascara la fatiga, prolonga la vigilia y despeja talantes depresivos. “ (Escohotado, 2008, p.778).

Según datos oficiales del Ministry of Supply (Escohotado, 2008) , el ejército inglés había repartido ya unos ochenta millones de comprimidos en 1942, “el criterio era no superar los 10 mg. cada doce horas, cantidad que equivale a un cuarto o quinto de gramo de cocaína… En la primavera de 1941 los periódicos ingleses lo comentaban abiertamente, y uno llegó a componer su primera página con el titular: «La Methedrina Gana la Batalla de Londres»” (p.779). También se sabe que los pilotos japoneses, especialmente los kamikazes, volaban literalmente embalsamados en metanfetamina. Al firmar la paz, los excedentes almacenados desaparecen y, en la década de los 50´s el mundo de posguerra asistía a una cifra millonaria de adictos/as delirantes y suicidas.

El periodo de máximo esplendor en el uso de las anfetaminas en la población civil fue en la década de los 60, en la que se distribuyó en el mercado de Europa y Estados Unidos una enorme cantidad de preparados farmacéuticos con esta substancia. A título de ejemplo López-Muñoz et col (2007) señalan que en Inglaterra para la década de los 50 alrededor del 2.5 % de las prescripciones del Servicio Nacional de Salud eran preparados que contenían anfetaminas. (p. 1116). En Chile, la Sibutramina, otra de las versiones de la anfetamina de segunda generación, fue aprobada para su comercialización en 1999 bajo receta médica retenida. Hasta el 2014 –año de su prohibición- se vendían 38 medicamentos que la contenían y era distribuida por 22 laboratorios.

Cuerpos speed y tecnologías del género

Para Butler (2001), el género, lejos de ser la construcción cultural de una diferencia natural anatómica trascendental, es un efecto performativo, es decir una “repetición y un ritual que logra su efecto mediante su naturalización” (p.15). Pensar la performatividad del género implica subvertir las relaciones entre cuerpo/género/sexualidad como relaciones entre original y copia. Por el contrario, el cuerpo se constituye performativamente, “así, la aparente copia no se explica en referencia a un origen, sino que el origen se considera tan performativamente como la copia” (p16). La performatividad destaca el carácter inestable de la materialidad del cuerpo y que erosiona la idea de un cuerpo/sujeto natural. Con esto cabe la pregunta ¿de qué modos el régimen speed de la anfetamina contribuye a la perfomatividad del género?

Es claro que la anfetamina es algo más que un fármaco para adelgazar. La anfetamina es una pieza semiótico-material clave en la producción del género, el cuerpo-psiké, la hetero-sexualidad y la raza. Con la anfetamina hablamos de una producción sexo-fármaco-tecnológica de lo que Preciado (2008) llama ficciones somáticas de la feminidad y la masculinidad. Gracias a la administración de anfetaminas, la feminidad puede ser producida y re-producida aceleradamente. La anfetamina modifica la actividad cerebral y por tanto, los modos de relación del cuerpo con su afuera – el espacio- y con su adentro –sentido de sí misma-. Si seguimos el análisis sobre la píldora anticonceptiva de Preciado, la anfetamina al igual que la píldora es “un dispositivo ligero, portable, individualizado y afable” (Preciado, 135) y “un laboratorio miniaturizado instalado en el cuerpo de cada consumidora” (p.135), pero a diferencia de esta, sus efectos euforizantes y adelgazantes la hacen objeto de catexia y por lo tanto, de un consumo repetitivo-performativo en tanto es controlado por dispositivos biológicos y sociales de producción de placer. La anfetamina produce por un lado un sentimiento de agrado, omnipotencia y velocidad a la vez que produce efectos imaginarios/raciales narcizantes en un plazo extremadamente corto, modificando el comportamiento y los deseos de los cuerpos de las amas de casa en un régimen de activación y aceleración que sirve para regular el ocio doméstico, la percepción del tiempo, la actividad sexual, y como anoréxico, el deseo corporal y redirigirlo hacia un cuerpo blanco y delgado acorde a los imaginarios cinematográficos y coloniales. En ese sentido si bien es un elemento que se identifica a un régimen contra la obesidad en ese mismo movimiento se nos muestra como un régimen de intersecciones raciales y sexuales de producción de subjetividad, organizado por un poder, en palabras de Foucault, altamente productivo: de postularse contra la obesidad, la anfetamina se desliza a un régimen para la feminidad.

Por otro lado, la anfetamina funciona como una prótesis corporal interna que taponea y regula los posibles desvíos provocados por el aburrimiento y el sinsentido de la vida doméstica, funcionando como un impulsor de domesticidad, un propulsor a chorro, una fuente de energía, un acelerador de los relojes que marcan, lentos, el paso del tiempo del hogar feliz sub urbano. Un objeto que permite lo que Virno (2003) llama la aceleración como resultado de la maximización del tiempo y la pérdida de la densidad del tiempo, acordes a las lógicas de producción aceleradas de subjetividad y consumo del capitalismo pos-fordista. La anfetamina es al aburrimiento doméstico de la perfect house de la sociedad posindustrial lo que la histerectomía o el psicoanálisis es para el aburrimiento doméstico del ángel del hogar de la sociedad industrial. Con la anfetamina a la vez que el tiempo se acelera y el tiempo se mata, la levedad del ser doméstico se hace soportable.

Si seguimos con Haraway (1995) y su concepción del cyborg, la anfetamina participa literalmente de la producción de los cuerpos en tanto acelera la producción de neurotrasmisores, y con ello sus sensaciones y percepciones, lo que re-afirma la idea de que el cuerpo es un conglomerado de conexiones e interfaces humano-no humanos por medio de las cuales se disuelve la instalada dicotomía naturaleza-cultura y cuya inteligibilidad no puede ser pensada son la participación de los químicos sintetizados. Esto implica el develamiento de las nuevas alianzas sociotécnicas en la producción del género de la posguerra hasta ahora, como es la alianza entre las farmacéuticas, las asociaciones psiquiátricas, nutricionistas y las mujeres. La anfetamina nos enseña que el cuerpo lejos de ser construcciones naturales o simbólicas, son artefactos industriales farmacológicos modernos. La anfetamina como dispositivo performativo se mueve en medio de un régimen de exclusión contra los cuerpos obesos y un programa de producción y regulación política de la feminidad, cuya única consistencia es su capacidad para producir, restaurar y excluir subjetividades, es decir, posiciones sujetos de placer en los diagramas corpo-psico-farmacológicos- del poder.

Referencias

Butler, Judith (2001 ). El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad. Madrid:

Escohotado, Antonio (2000) Historia elemental de las drogas. Barcelona: Anagrama

Escohotado, Antonio (2008) Historia general de las drogas. Madrid: Espasa

Haraway, Donna (1995 )Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Valencia: Cátedra

Laurentis, Teresa (1989) Tecnologías del Genero. Technologies of Gender. Essays on Theory, Film and Fiction, Londres: Macmillan Press, págs. 1-30.

López- Muñoz, Francisco & Álamo, Cecilio (2007) Historia de la psicofarmacología. Tomo 2. Madrid: Panamericana

Preciado, Beatriz (2008) Testoyonqui. Madrid: Espasa

Virno, Paolo (2003) Gramáticas de la multitud. Para un análisis de las formas de vida contemporáneas. Madrid: Traficante de sueños

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Claudia Calquín Donoso. Chilena, psicóloga, máster en Estudios de Mujeres, Género y Ciudadanía. Universidad de Barcelona y doctorante en programa de doctorado Ciudadanía y Derechos Humanos, Universidad de Barcelona. Profesora Escuela de Psicología Universidad de Santiago de Chile . https://usach.academia.edu/claudiacalquindonoso

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El cuerpo como espacio de disidencia

Ilustración: "Sexo" por Monchi Delaseta
Ilustración: «Sexo» por Monchi Delaseta

por Lucrecia Masson

¿Es posible pensar el cuerpo como espacio de disidencia? Un cuerpo plagado de órganos, no siempre sanos, no siempre vigorosos, no siempre jóvenes… Nos encontramos ante la necesidad de una revuelta orgánica, en su sentido literal: revolver órganos. Es actualmente una apuesta urgente la de plantearnos una rebelión de los cuerpos. Rebelión que, necesariamente, rechaza la frontera entre el cuerpo normal y el deforme, el cuerpo saludable y enfermo, el cuerpo válido e inválido. Rebelión que debe ser planteada a partir del encuentro, la afinidad y la alianza entre estos cuerpos inapropiados e impropios. De ahí que los sistemas que nos organizan a partir de género, raza, sexualidad, normalidad corporal, salud mental o física, se vuelven edificios que es necesario derribar, y esta acción de derribo nos deberá encontrar juntas, sabiéndonos atravesadas y en constante y compleja intersección.

    ¿Podemos entonces entender el propio cuerpo como espacio de activación política? Partir de nuestras trayectorias corporales, narrar en primera persona, tanto singular como plural, la historia de nuestra realidad corporal es un desafío al que diferentes activismos empiezan a llamarnos. ¿Podemos pensar en una historia colectiva de nuestros cuerpos? ¿Cuáles son los dispositivos que producen corporalidades inapropiadas? ¿Podemos plantearnos mecanismos para crear nuevos modos de producir cuerpos, de producir deseos, de producir bellezas? ¿Y qué herramientas nos damos para hacer de nuestras vidas un espacio más habitable y feliz?

     Me parece importante volver a nombrarme ahora como gorda, nombrarme gorda como estrategia de autoenunciación. Nunca liviana. Y sirva este último adjetivo para que la paradoja dé lugar a la sonrisa. Nombrarse para volvernos visibles. Ocupar el espacio para volvernos visibles. Visibles, desobedientes, disidentes de la norma que nos impone una sociedad que estandariza y controla cuerpos y deseos, que define lo bello y lo sano.

¿Y por qué la necesidad de volvernos visibles? Porque la vista es un aparato de producción corporal. Hay modos de mirar que fabrican cuerpos, dice valeria flores1. Y agrego, hay modos de mirar que fabrican deseos y modos de mirar que fabrican bellezas. La apuesta será construir nuevos cuerpos, nuevos deseos, nuevas bellezas.

    Ante la pregunta: ¿por qué ser gorda, o vieja, o diversa funcional, o enferma (y la lista podría ser muy larga) me hace estar fuera del estándar de belleza o de normalidad corporal? ¿Qué me hace disidente de la norma? Propongo cambiar esta pregunta por otra, y he aquí el desafío político: ¿bajo qué mecanismos se construye el cuerpo normal? ¿Cuánta disciplina de normalización han soportado y soportan nuestros cuerpos? ¿Qué técnicas de domesticación y regimentación nos hacen desear ser normales y atractivas a costa de padecimientos?

Construir un cuerpo extenso

Partimos de dejarnos interpelar por el propio cuerpo. La interpelación por la que apuesto es tanto individual como colectiva. Necesito preguntarme cosas sobre mi cuerpo, sobre el cuerpo de las otras, y construir un cuerpo extenso, un espacio para la acción y reflexión. Me parece fundamental hablar desde nuestras propias carnes. Esas carnes defectuosas, inseguras, miedosas, angustiadas. Nuestras carnes, las que sobran, las que faltan, las que duelen, las que están viejas, las que están enfermas, las que no son funcionales, las que mueren incluso…

     De ahí la interdependencia como paradigma que empezar a transitar. Nadie, sea cual sea la corporalidad que encarne, es realmente autosuficiente. Por esto pienso en luchas cómplices y afines. Busco potencias vinculadas y vinculantes. Creo que es necesario y vital encontrarse. Será el encuentro, el lugar de la potencia, el lugar desde donde partir, el lugar de la posibilidad.

     Es necesario atentar contra la matriz que nos organiza corporalmente. Desnudar el artefacto que nos construye en tanto cuerpos, en tanto territorios donde se inscriben lecturas. Es necesario desafiar esas lecturas y crear, imaginar, fantasear, inventar nuevos relatos. Hay un gran aparato ficcional que hace que nuestros cuerpos se lean como generizados o racializados o viejos, o discapacitados, o gordos, o enfermos.

     Pero sí que, si bien no podemos perder de vista el carácter de artificio, hay una realidad que nos atraviesa, que hace de mi vivencia algo bien distinto a la vivencia de otras. Necesitamos narrar en primera persona, tanto la primera persona del singular como la primera persona del plural, la historia de nuestras realidades corporales. El argumento de ficción no inhabilita las ideas de trayectoria, de realidad, de experiencia corporal. Esta realidad necesita ser contada, colectivizada. Es necesario recuperar esta experiencia, asumirnos vulnerables y entender que ésta es condición misma del ser, y que no se puede ser sin exponerse, porque no somos sino en interrelación.

     Es importante reivindicar estrategias que partan de la vulnerabilidad, de poner en ésta la potencia transformadora. Destrozar el discurso que nos exige ser siempre fuertes y valientes, poderosas, aceptarnos, querernos a nosotras mismas, estar a tono siempre con un mundo que nos reclama indefectiblemente listas y sanas para asumir las tareas de producción y reproducción. Ese mundo de ahí afuera que nos reclama funcionales. Y no pienso en metas, ni en aceptación, ni en gustar, ni en convencer a nadie. Porque no creo en redenciones ni en evoluciones, ni en la barbarie convertida en civilización. Creo en búsquedas, en pasiones y en fricciones agonistas de mis propias carnes que, dadas al encuentro con otras, tienen el enorme potencial de hacer de nuestras existencias un lugar más habitable y feliz, dando lugar a indómitas formas de habitar nuestros cuerpos.

*Originalmente publicado en Periódico Diagonal: https://www.diagonalperiodico.net/cuerpo/22353-cuerpo-como-espacio-disidencia.html

11 flores, valeria: “Interruqciones”. Ensayos de poética activista, Neuquén, 2013 p. 257

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LucreLucrecia Masson. Activista feminista. Sudaka y gorda en descolonización. Pasó su infancia entre vacas y cardos rusos, un día dijo que quería ser bailarina y sus padres, que sabían sobre el mundo, le dijeron que el cuerpo no le daba. Más tarde cruzó el charco y ya en las europas se enteró que hasta las personas podían ser ilegales. Actualmente, desde Barcelona y ya con papeles en regla, dialoga y acciona en torno a corporalidades disidentes y afectos, apostando por generar alianzas desviadas y por asumir la tarea colectiva de darnos existencias más posibles y felices.

Facebook: https://www.facebook.com/lucrecia.vonmahlsdorf?fref=ts  /mail: lucreciamasson@gmail.com

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Sobre la muerte de la gran y grande Alina Barrera

Ilustración por Alex Xavier Aceves Bernal
Ilustración por Alex Xavier Aceves Bernal

por César Cortés Vega

1.- El encanto de Alina radicaba en un desparpajo de carnes desbordadas y frases inteligentes. Y podría haber llegado a ser muchas cosas, si su visceralidad no la hubiera traicionado una y mil veces. Se trataba de una mujer robusta, que asumía su condición mediante una abundancia contrariada. Así, mostraba sus tetas de la misma manera en las fotos de su perfil público, que en la vida tangible; bailaba borracha pintando violines hacia los cuatro puntos cardinales; pedía a gritos más whisky o más cocaína mientras se reía de alguna cosa que sólo ella entendía. Y en medio de ese desahogo y su comunicabilidad en el vacío pernicioso de nuestras conexiones neuronales, Alina y yo compartíamos ciertas miradas, una manera de entender la melancolía y de pitorrearnos de ella, sin eliminarla del todo. Nunca conocí a nadie que fuera capaz de guardar la tristeza y catalizarla hacia una extraña alegría destructiva, como ella lo hacía. En las celebraciones del caos que toda lírica citadina guarda, y de las que no todos salen bien librados, nos intoxicamos varias veces, atravesando la noche Mexicana hacia los bares más jodidos de la ciudad de la tranza. A veces la veía henchirse mientras hablaba, o al bailar moviendo su gordura como un astro de anillos iridiscentes, intentando ligarse a alguien, hasta que lo conseguía. Luego platicaba sus experiencias sexuales con lujo de detalle, intentando cachondear tu mente con las peores guarradas, lo cual siempre me hacía reír. Poco después, en un tono afable, lloraba sus desventuras, pidiendo consejo. Una energía de intensidad no modulada la invadía; sus obsesiones cíclicas enfilando hacia la locura, mientras su mente ágil encontraba alguna saeta con la cual proponer una queja en contra de algo, en el centro del desencanto, al lado de los rastros contagiosos de la política frustrante a la que estamos acostumbrados en estos lares.

Pero quiero decir antes de continuar que no me encantan los homenajes. Por el hecho de que la mayoría considere a tal o cual personaje trascendental, ya me producen sospecha. Y es que, por más que sea cierto que haya personas que afectan el pensamiento y la acción de una determinada mayoría, algo así desestima el potencial de lo aparentemente inacabado, que no recibe la atención de quienes están ocupados en la iteración de las mismas figuras, las mismas hazañas, o incluso de las mismas necedades. Una cultura evolucionada debería tener algo así como instancias que buscaran lo cierto en lo incierto, preocupadas incluso en revelar lo oscuro de los héroes o también en encontrar las virtudes de la abyección. Ya los inteligentes patafísicos se concentraban en los epifenómenos, que son aquellos que aparecen al lado de los fenómenos reconocidos, sin afectarlos. Y con ello, al clavar los ojos en lo particular rechazando lo general, se mofaban bastante bien de la metafísica que le ha dado cobijo a sus larvas, en el territorio de nuestros fracasos culturales más sonados.

Entonces, bajo la sospecha de que eso que todavía algunos llaman destino es una construcción hecha de casualidades de la más ridícula procedencia, es que a veces concentrarse en aquello que se olvidará, o que pasará desapercibido, puede darnos mejores pistas del lugar ocupado por los vivos –que por cierto está arriba de los espacios que luego servirán para enterrarlos. Porque son esas casualidades a las que, en todo caso, deberíamos rendirles homenaje. Esta es la razón por la que escribo esto, luego de haberme enterado hace poco a través del epitafio complejo que me parece ahora Facebook, de que Alina ha muerto. Por eso este brindis escrito de adiós para/con mi amiga.

2.- Poco antes de que Alina apareciera, yo prácticamente escapaba de todo contacto humano. Se acababa no sé qué año; uno de esos primeros luego de la gran pedota finisecular del 2000, que fueron una especie de cruda de mierda, con fracasos como resultado de endeudamientos emocionales causados por la esperanza de que el nuevo milenio nos había hecho escapar del tono apocalíptico, y que entonces algo muy bueno nos esperaría con los brazos abiertos. A mediados de la década siguiente, todos se habían dado cuenta de semejante idiotez. Así que por esas fechas, decidí huir de las fiestas decembrinas que también prometen, a pequeña escala, algo similar; una natividad de litopedia nonata, también de mierda. Por eso unos días antes de las primeras posadas, tomé una mochila para disponerme a ir a la terminal de Taxqueña y subirme al primer autobús hacia cualquier lado para escapar también de las uvas, el calzón rojo y, sobre todo, de las crudas infernales. Y ya salía hacia allá, cuando vi que junto a la puerta del edificio donde vivía, había pegado un papel amarillo convocando a escritores para acudir a un extraño grupo que emprendería un proyecto colectivo. ¿A quién carajo se le había ocurrido pegarlo ahí, espacio en el que nadie ponía nada nunca? No era un cartel, ni mucho menos. Era un impreso en tinta negra a texto corrido, sin la retórica rimbombante que suelen utilizar las escuelas para escritores con el fin de engatusar a incautos amateurs que se imaginan genios incomprendidos. Parecía algo más ingenuo, y justo por eso, más confiable. Sí era un laboratorio, sí había que pagar, pero parecía algo distinto. Y yo llevaba varios años sin escribir, luego de que me hartara de las grillas y la precariedad de los formatos tradicionales. Pero deseaba regresar a hacerlo, así que decidí apuntar el teléfono y hablar en ese mismo momento, antes de largarme a pasar el año nuevo a San Juan de la Chingada.

Al año siguiente, ya era yo parte del grupo donde conocí a Alina. Y ahí fue donde leí fragmentos de una novela que estaba escribiendo; un conflicto de calle, drogas y vértigo emocional bastante bueno. Lo que me cayó bien de ella, fue que cuando leía en voz alta para el grupo, lo hacía en plan ñero, sin fingir, articulando palabras tipo, panocha y vergota así, sin titubear ni un momento, como si formaran parte de un vocabulario funcional para referirse a cualquier cosa. Vulgar, sería una palabra casi justa para describir una primera sensación al escucharla. Sin embargo, ella no había llegado a ese punto de valemadrismo que espera con sus actos la tribulación en el otro. En todo caso, su vulgaridad era natural e iluminada, lo que dejaba claro que había vivido la calle, y que conocía bien al tipo de gente que describía en sus textos. Había en ella algo pantagruélico, su ser rollizo apuntaba hacia todos lados, una especie de ofrenda surgida quizá del dolor, pero entregándose hacia las infinitas posibilidades del espacio y sus deseos subsecuentes.

Sin embargo, mi hosquedad natural se había incrementado en aquella travesía por ningún lugar del año anterior, así que me seguía sacando ronchas el roce humano, por lo que luego de las sesiones sabatinas, siempre salía de inmediato del lugar de reunión, para irme a caminar por horas con rumbo, de nuevo, hacia donde fuera. Y un día Alina salió tras de mí, y me preguntó que qué pedo conmigo. Güey –me dijo– estás bien raro. ¿Qué haces, a dónde vas, por qué ni te despides de nadie? Le expliqué que estaba medio frito, y que justo por eso me largaba a caminar hasta lograr una especie de embriaguez medio en onda caminata de poder, medio en onda Santiago de Compostela. Sí, estás muy pinche raro –me contestó. Asentí, y no sé por qué la invité luego a venir conmigo. Quizá lo hice con la esperanza de que la conversación se terminara después de que me dijera que no. Pero para mi sorpresa, aceptó. Me encogí de hombros y comencé a caminar entonces. Y así estuvimos horas deambulando y hablando pendejadas, hasta que me contó que ella era la que pegaba los papeles amarillos por toda la ciudad para que la becaran, porque no tenía dinero suficiente para pagar el total del curso.

Uno busca ese tipo de coincidencias para adelantar los resultados de la esperanza, que suele reprobar a la mayoría. Una dádiva que se cuela en nuestra percepción en el momento justo, resulta ser lo que nos salva. Porque gracias a ese papel pegado junto a mi puerta, yo regresé a hacer algo que se ha convertido ahora en una de mis vocaciones. Por eso, ese día decidí que Alina sería mi amiga; la primera que habría conseguido en mucho tiempo.

3.- Decir undeground es no decir nada. Eso es lo mejor, quizá, de algunas palabras de uso ambiguo: que se mantienen alejadas de la referencia inmediata haciendo que las imágenes evocadas por quien las usa, sean muy diversas, e incluso contradictorias. Yo, cuando escucho la palabra, imagino algo así como “el reino de lo inacabado”. Pero también recuerdo aquella frase de aquel colectivo Luther Blissett: en el fresco, soy una de las figuras del fondo. Quizá los momentos libres que la precariedad ciudadana nos brinda quiero decir, los momentos de verdad, en los que la vida se pone en juego, más allá del control ocurren en lo oscuro. Si hay algo convencional ahí, son los residuos sentimentales de la superficie. Lo demás se reinventa. Y digo ahora que esos son los gordos momentos, báquicos por excelencia, en los que el derroche no se controla, en los que todo se excede gracias a que aquellas morales de la superficie deben ahí renegociarse.

Si Alina sufría, era gracias a lo duro que resulta la renuncia a un modelo. Ella lo sabía, y juntos nos reíamos de ello. Porque lo que hacía en lo oscuro, es decir, lo que no cuadraba con el modelo, era su modelo. Y yo sé que eso sí lo disfrutaba, como ninguna de las otras personas que conocí gracias a ella en el territorio underground que habitaba. Porque Alina guardaba historias muy duras que no platicaré acá. Entonces aquella fuerza expansiva, de atasque emocional y de sustancias, habría sido una congregación erótica de muerte imparable. O no. Yo no lo sé. Lo que sé es que aunque la gente la quería, muchos fueron alejándose de ella. Yo mismo, no pude seguir el ritmo que llevaba. Mi doble moral no era igual a la suya. Ahí no coincidíamos, porque yo quería operar desde la ambigüedad en el mundo como estrategia, y ella sabía que no podía. O que no quería.

Uno de los consejos que le di, y que menos atendió, fue que tenía que seguir escribiendo, porque poseía la mirada necesaria y la justa furia para ello. Yo imaginaba toda esa fuerza y esa gula, preparando buenas bacanales ficticias en los territorios de la literatura. Pero quizá eso era justo lo que no podía hacer; sentarse a sopesar mediante un régimen clasificatorio los debidos argumentos. Eso, al fin y al cabo, también tiene su buena dosis de moral auto-regulatoria. Ella, en todo caso, estaba para ser lo que fue; excedente remolineo; gasto de energía en el vértigo de estos tiempos de penumbra; la gran y grande Alina del vehemente amor, que nadie pudo recibir del todo.

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Carnitas

ilustración por Alex Xavier Aceves Bernal
ilustración por Alex Xavier Aceves Bernal

por Juan Machin

Cuando conocí a Pili, yo era extremadamente delgado: medía uno ochenta pero pesaba menos de setenta kilos. Dejamos de vernos muchos años, y subí varios kilos cada año, de tal manera que cuando nos re-encontramos en la Alondra, casi lo primero que Pili me dijo: “has engordado bastante, me gustas más así”. Animado por esa frase, me sometí a una rigurosa dieta para aumentar aún más mi masa corporal. Después de un tiempo de salir juntos y lograr unos kilos extras, finalmente logré acostarme con ella, una noche que la invité a cenar una buena ración de tacos. Como buen macho inseguro, le pregunté cómo había estado y ella, sin pensarlo dos veces, me soltó un “estuvo bien, pero la verdad me gusta con más carnitas”. Me esforcé en un plan para seguir cebando mi ya rotundo cuerpo, hasta que un día, hablando por teléfono con Pili, me dijo: “creo que no me has entendido… mmm… ya sé cómo te explico. Te espero mañana a las ocho de la noche en mi departamento”.

Llegué puntual y, un poco nervioso, toqué el timbre, esperando que Pili notara los doce kilos que había subido, desde la última vez que nos vimos. Abrió la puerta un tipo bastante entrado en carnes y desnudo, diciendo: “Hola, tú debes de ser Juan, pasa. Pili te está esperando”, mientras me conducía a la alcoba. Reconozco que me sorprendió muchísimo ese recibimiento, pero no tanto como encontrar a Pili, recostada semidesnuda y rodeada de cuatro sujetos sin ropa. Sin salir de mi sorpresa, finalmente entendí a qué se refería Pili, cuando me dijo que le gustaba con más carnitas…

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Juan Machin R. – He publicado diversos trabajos de investigación, cuentos y poemas en libros y revistas de México y de Alemania, Argentina, Canadá, Colombia, Costa Rica, España y Uurguay, así como fotografías, dibujos y pinturas. He ganado algunos reconocimientos como el 3º lugar Concurso de Cuento Nacional de Humor Negro (1997); mención honorífica 2º lugar en el Premio Nacional de cuento Efraín Huerta (1998) y el Premio Estatal de Literatura Morelos 2002 en el género de cuento.
Link a página personal https://www.facebook.com/JuanMachinR

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Carnita, tripitas y moronga

Cine sangriento de cuerpos desparramados en todas sus dimensiones

1897 París, Francia. Es este el primer escenario de una tendencia teatral dedicada a la crueldad, el escándalo y el asombro terrorífico. En la calle de Chantal número 20 se exhibieron las representaciones del Grand Guignol. L&s espectador&s que ahí acudían solían gritar por las barbaries que estaban observando, no salían despavorid&s por saber cuál sería el destino trágico de l&s personaj&s, y debido a ello, se desmayaban a causa del impacto de los horrores perpetuados en contra de hombres y mujeres víctimas de atroces y escalofriantes actos. Esto para el teatro y sus administradores era una forma de medir su éxito. Cada acto era organizado metódicamente, entre más realista mejor.

    Una de sus estrellas principales, la actriz francesa Paula Maxa (1898 -1970) sufrió a lo largo de su carrera histriónica cientos de violaciones, mutilaciones y muertes. Los datos encontrados no coinciden en las cantidades sobre las muertes inhumanas que sus personajes sufrieron, pues en algunos textos se habla desde 358 hasta 30.000 veces, en lo que sí concuerdan, es en que ella fue nombrada como “la mujer más asesinada del mundo”, en algunas ocasiones de manera espantosa y, cabe decir, con bastante ingenio. Por ejemplo, apuñalada con un arma invisible, devorada por un puma o al ser besada por un leproso.

    En este Gran Teatro de Marionetas los seres humanos eran representados desde una perspectiva brutal y cómica a la vez. De modo que la crítica social sobre la existencia era un punto relevante en la dramaturgia de este género. Recordemos que entre una obra de terror dramático se intercalaba alguna comedia. En el teatro se programaban varias obras breves al día, cuya finalidad era involucrar al público en las historias sobre muerte, erotismo y locura, procurando hacer de lo predecible algo insoportable y de la trama algo absolutamente inesperado.

    Su último director, Charles Nonon, desarrolló técnicas para simular varios tipos de sangre, los cuales se usaban para maquillar heridas recientes, heridas más viejas e, incluso, sangre coagulada, así también, creó sangre comestible para aplicar en la boca y sangre que no irritara los ojos.

    De manera irónica el final del Grand Guignol (1962), entre otras cosas, fue la aparición y éxito del cine que cada vez fue acaparando a más público.

* * *

   Ironía si, por que al Grand Guignol se lo considera el ancestro de los subgéneros del cine terror sangriento, cuya filmografía es extremadamente abundante, este subgénero representa uno de los resurgimientos fílmicos del siglo pasado y aún continúa gestando nuevos tipos de público y de narrativas estéticas para alimentar lo torcido, lo asqueroso, lo inmoral…

   Algunos historiadores consideran a la película Blood Feast (1963), del director estadounidense H. G. Lewis, como la primera del género gore. Pero revisando el linaje del subgénero, se menciona que el director nacido en Kentucky, E.U.A, D.W. Griffith, -con una filmografía de más de 250 títulos desde 1908-, es el primero en filmar la mutilación realista del cuerpo humano (Intolerance, 1916).

   Gore que refiere a lo híper sangriento y a la destrucción del cuerpo físico, incluso, no importando tanto el motivo sino el suceso, además con amplias dimensiones:

gore asiático, giallo, splatter, body count, slasher, slapstick, gorno y cine mondo.

* *

Si le has perdido el asco a comer palomitas con mucha salsa valentina mientras ves alguna de estas cintas, en este texto incluiremos una breve selección para disfrutar.

    El gore como subgénero, suele antecederlo en las fichas técnicas los géneros del western, thriller, o crimen. Algunas joyas son: El topo (Dir. Alejandro Jodorowsky, 1970); La masacre de Texas (Dir. Tobe Hooper, 1974); Ratas de la ciudad (Dir. Valentín Trujillo, 1986); la saga de Final Destinatio, especialmente la 3ª (Dir. James Wong, 2006); Martyrs (Dir. Pascal Laugier, 2008); Reservoir Dogs, (1992), Kill Bill vol. 1 y vol. 2 (Dir. Quentin Tarantino, 2003 y 2004). En el caso del gore asiático mezcla también de terror psicológico, cine samurai y clara influencia del manga –término acuñado por el artista japonés del periodo Edo, Katsushika Hokusai (17601849). Dentro de este tesoro fílmico tenemos las cintas: Ricky oh (Dir. Ngai Choi Lam -Simon Nam-,1991); Battle Royale (Dir. Kinji Fukasaku, 2000); Ichi the Killer (Dir. Takashi Miike, 2001); Old Boy (Dir. Chan- Wook Park, 2003); y su vertiente europea, el cine giallo, bajo la firma del romano Lucio Fulci con sus filmes: La verdadera historia de Beatrice Cenci, Las 7 puertas del infierno (1969, 1981); Rojo Profundo, Suspiria y Phenomena (Dir. Dario Argento, 1975, 1977 y 1985).

    En cambio, el término de splatter, se refiere al sonido de las vísceras al salirse del cuerpo, como en La noche de los muertos vivientes (Dir. George A. Romero, 1968) y Bad Taste (Dir. Peter Jackson, 1987). Pero, si hablamos del body count, agregamos: Pesadilla en las calles del infierno (Dir. Wes Craven, 1984); Viernes 13 (Dir. Sean Cunningham, 1980). El slasher tiene su obra cumbre en Halloween (Dir. John Carpenter, 1978), y el «splatstick» (un acrónimo de «splatter» y «slapstick»), es decir, el gore de comedia podemos citar a las cintas Evil Dead (Dir. Sam Raimi, 1981); Blood for Dracula (Dir. Paul Morrisey, 1974); Braindead (Dir. Peter Jackson, 1992) y, Pet Cemetary (Dira. Mary Lambert, 1989) película basada en la novela homónima del escritor estadounidense Stephen King. A la lista le sumamos el gorno, otro acrónimo de «gore» y «porno», caracterizado por imágenes de violencia explícita, pornografía y tortura. Sus inicios pueden verse en algunos de los filmes de la británica Hammer Productions, por ejemplo, en Drácula (Dir. Terrence Fisher, 1958). En la actualidad las películas de este subgénero más conocidas son Hostel (Dir. Eli Roth, 2005) y, Saw (Dir. James Wan, 2004). Por último queda el denominado cine mondo. Los italianos Gualtiero Jacopetti y Franco Prosperi estrenaron su cinta Mondo cane (Mundo perro) en 1962, que mostraba a manera de un documental lo bizarro y extravagante del mundo humano. Por dar un ejemplo: se realizan recopilaciones de eventos alrededor de varias culturas y se las une a través de una narración. Quizá una de las escenas filmadas más impactantes está en el “opening”, y aquella de los rituales de una tribu en la que sus celebraciones duran 3 días y 3 noches, en donde, como relata el narrador, la mayoría de sus miembros ya han probado carne humana. De aquí se derivan también las llamadas cintas snuff, que aunque no hay ninguna evidencia de que existan, sí las hay con escenas explícitas reales de muertes en accidentes, fusilamientos, violencia extrema, etc., pero que no son propiamente de ese género pues ningún actor o actriz se le ha indemnizado por morir en escena. Un caso aparte es la espeluznante cinta del subgénero guinea pig, actualmente prohibido en Japón, ya que en algún tiempo se creyó que se trataba de hechos auténticos de tortura y asesinato Flower of Flesh and Blood (Dir. Hideshi Hino,1985). Y para no relatar la historia sólo se dirá que el personaje del samurai termina engullendo una parte del cuerpo de su víctima.

*

   Todas las personas disfrutamos poder presenciar cosas peligrosas y salir ilesos, eso lo saben perfectamente los que realizan los filmes, por esa causa se han derrochado miles de técnicas, recursos y efectos para lograr destrozar nuestra tranquilidad en las salas de cine, mostrándonos experimentos psicológicos fallidos, muerte, incesto, violaciones, accidentes atroces, contagio de enfermedades mortales, secuestros, locura, tortura física y mental, encierro, asesinatos, canibalismo.

*    El último ingrediente de nuestro menú cinéfilo son los filmes de crimen-drama y horror sangriento sobre asesinos caníbales. Una de las prácticas ancestrales que tienen origen en diversas culturas de Mesoamérica, Sudamérica y África, ya que formaba parte de sus rituales religiosos. A diferencia de la antropofagia, el canibalismo se realiza con la finalidad de “absorber”, mediante la ingesta de alguna parte del cuerpo del “otro”, su esencia energética, es decir, poder poseer sus dones: fuerza, inteligencia, carácter, etc. Cintas como Las colinas tienen ojos (Dir. Wes Craven, 1977); El cocinero, el ladrón, su esposa y su amante(Dir. Peter Greenaway,1989); Tomates verdes fritos (Dir. Jon Avnet,1991); Ciudadano X (Dir. Chris Gerolmo, 1995); Dahmer (Dir. David Jacobson, 2002); Sweeney Todd(Dir. David Moore, 2006); y, Rohtenburg (Dir. Martin Weisz, 2006). Sin duda una selección para aquell&s de estómago curtido que les dejará un buen sabor de boca.

¡Buen provecho!

Por SALCON | Magalli Salazar_31 Agosto 2014

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Intervención de Hysteria! en la fiesta Fuck For Gomorra

Casa Gomorra, que desde hace un año se ha dedicado a apoyar diversos proyectos con temas de sexualidad y género ofreciéndoles un espacio para presentarse; convocó el pasado 19 de julio a solidarizarse con ellxs para el Fuck for Gomorra: una celebración de encuentros no heteronormados.

Mientras se proyectaban webcams xxx en vivo en las paredes de la casa justo a la media noche empezó el show travesti “Transchangada”. DJ Kuult Grave y DJ Asagi Saundo y su sonido zombie se encargaron de mantener a la gente bailando y a partir de la una de la mañana se abrieron las puertas del cuarto oscuro queer.

Hysteria! Revista estuvo presente con su equipo de fotógrafas registrando la fiesta e instaló un set fotográfico para captar las poses sexys y divertidas de quien se apuntara. Aunque al principio la gente se mostró tímida, poco a poco el ambiente fue calentándose y el set se convirtió en pasarela del gozo y la celebración.

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Primer Festival Extra! Burlesque

Cartel del festival

Por Liz Misterio

Con motivo del 3er aniversario del Programa de radio por internet De la A a la J, conducido por el performancero Pancho López y por Tígrida Revuelta, se celebró el 20 de agosto de 2014 la primera edición del festival Extra! Burlesque en el Foro Roma, un espacio ubicado al interior de la Universidad de la Comunicación en el Distrito Federal.

Luces, tacones y encaje

    Era una tarde gris y muy lluviosa en la Ciudad de México, en la que poco a poco fueron llegando serias y recatadas figuras al Foro Roma, cargadas de voluminosas maletas y cubiertas de pies a cabeza con gabardinas, botas para la lluvia, gorros y paraguas, nadie hubiera pensado la maravillosa transformación que esos seres estaban a punto de experimentar.

   Poco a poco los camerinos se fueron llenando de calidez humana, con cuerpos de todos tipos transformándose en lúbricas creaturas, listas para seducir y hacer reflexionar a la audiencia a través del deseo y la risa.

    El cartel atrajo a una numerosa audiencia que abarrotó el lugar para presenciar el arte de desvestirse con estilo de las connotadas artistas del burlesque, del encuere y del humor picoso Maru Chellet, Adriana Olivera “La pájara”, Islandia, Chichis Glam,  Ana Cetti, Tigrida Revuelta, Señorita México 78, Lucy Von Mambo, Gigi de Angora, Sissy Lou, Manuel Sol Mateo, Pinina Flandes, Minerva Valenzuela “ladelcabaret” y como invitada especial La Chica Boom, todo esto presentado por el performancero mexicano Pancho López, quien además de ser el organizador del evento fungió como MC.

    Las propuestas escénicas fueron de lo más variopintas,  pero en general todas se destacaron por encarnar una sexualidad lúdica y abierta en donde cupieron cuerpos de todos los tamaños, géneros y edades, lo cual me resultó muy refrescante teniendo en cuenta el rígido canon de belleza con el que constantemente nos bombardean los mass media en relación a qué cuerpos tienen permiso de desear y de ser deseados y cuáles no. El espectáculo se desarrolló de manera ágil y logró mantener al público atento hasta altas horas de la noche a pesar de que era miércoles y al día siguiente había que madrugar.

    Me gustó mucho conocer el trabajo que hace la sensual Gigi de Angora junto con su hijo, el jovencísimo Manuel Sol Mateo, que conmovió a la audiencia con su hermosa voz de canto, su andrógina figura y los ingeniosos trajes que él mismo diseña.  Minerva Valenzuela “ladelcabaret” se hizo acompañar de un guitarrista para interpretar su acto llamado La mosca en el que cantó e interactuó con el público con el humor feminista que la caracteriza, mientras que Pinina Flandes encarnó a “Carne en Parranda”, la versión porno – queer- crítica de Carmen Miranda.

Quien cerró la velada con broche de oro fue la artista chicana conocida como La Chica Boom con su sketch llamado “La tortillera”  que despertó las carcajadas y las bajas pasiones del público con una propuesta tanto entretenida como crítica ante los estereotipos “de lo mexicano” que existen en los Estados Unidos

Esa noche me llevé a casa muchas risas y el gusto de haber visto a artistas cuyo trabajo ya había tenido el gusto de disfrutar en otras ocasiones, así como de haber descubierto nuevos artistas a quienes seguirles la pista.

¡Que se repita!

 

 

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