[divider]
Puedes ver más del trabajo de Gelen Geleton aquí:
http://
http://
https://
http://lapizporbaqueta.
Presentación de artistas que exploran las políticas de representación del cuerpo y la identidad.
[divider]
Puedes ver más del trabajo de Gelen Geleton aquí:
http://
http://
https://
http://lapizporbaqueta.
[divider]
Rafael Guilhem, autodidacta interesado en el audiovisual, así como en sus procesos de creación, consumo y distribución. Creo en la falsificación de datos, en la alteración de discursos y en la piratería de los mismos. En un momento en que los datos circulan de igual manera por la red, los órganos y las ideologías, considero vital alterar los flujos de información que nos conforman para construir nuestros propios discursos.
imágenes y texto por Azucena Blanco
La vi [a Playboy Mommy] muy como una figura de Magdalena. La vi como alguien cuya reputación se ha vuelto bastante mala a causa de los medios que usa para sobrevivir. Hubo algo en mí que se alineó con esta mujer de mala fama con la cual la gente tiene problemas. A veces tienes que lograr cosas de maneras no tan bonitas. Vi fuerza en ella. Puede hacer cosas que esas mujeres que son aceptadas en los círculos literarios no pueden hacer, porque ella puede tragar… Esta mujer en Playboy Mommy, ella tragará. Se tragará un billón de semillas para proteger a su pequeña niña.
Tori Amos en referente a su canción playboy mommy
Contra la maternidad asexuada, dulce y delicada, por una maternidad subversiva, empoderada, mutable y gozosa, por ese estado sexual del cuerpo y de reconocimiento. Por ese cuerpo expandido hasta sus límites, por esos pechos llenos e hinchados, por esa espalda arqueada y elástica, por ese galope hormonal que me hizo sentir fuerte y cachonda, por ese vaivén de la niña que cohabitó éste útero pues éramos dos ella y yo, por ese cuerpo que recuerdo con cariño y a veces extraño rompo etiquetas, hoy escribo desde la rabia:
Mi maternidad no está sometida a un modelo absurdo e inexistente, no hay una forma de vivir la maternidad; la idealización, la abnegación y el sacrifico son una ficción del sistema. Mi lucha va de mi propia experiencia de dar testimonio de la violencia sistemática de la que una es objeto y el miedo patológico en el que se es introducida hago un ejercicio de memoria desde el momento en que estaba gestando momentos en que yo era muy joven y el feminismo era una incógnita por plantearme; fui bombardeada de normas a cumplir, me sentí a como un conejillo de indias un objeto de estudio por el aparato médico , familia y la sociedad todos podían aconsejarsobre el cómo ser una “buena madre” a base de juzgar. Vista desde su empañada lupa como un bulto en estado de convalecencia embrutecido por su condición física y hormonal se nos condena a un estadío de permanente de soledad, una maternidad cargada de culpas y miedos, bases de control de este sistema patriarcal
Hoy me apropio de esos modelos anatómicos las llamadas “Venus Grávidas” y la hago mías. Modelos utilizados con fines “didácticos” para la instrucción médica sobre el funcionamiento del cuerpo femenino. El prototipo de belleza durmiente alcanzado con las Venus médicas, en el que la piel pálida, el cabello suelto y el estado de reposo contribuían a sugerir un estado de pasividad frente a la acción del hombre que procedía a analizar su cuerpo hoy les inscribo PUTA Y TOMO ESE INSULTO QUE NO ME PUDIERON DECIR A LA CARA, los vuelvo stickers para invadir los espacios públicos.
Por Liz Misterio
Entrevistamos a la artista Alejandra Ugarte (Chile, 1980) también conocida con el seudónimo de Senoritaugarte para que nos contara un poco sobre su obra performática en la que problematiza la maternidad, la violencia y la sexualidad.
1.- En tu obra se observa una profunda preocupación por desarticular los modelos tradicionales de la feminidad, ¿qué nos puedes comentar al respecto?
Para contestar debo hacer una breve regresión… En mi vida las mujeres siempre han estado muy presentes (para bien y para mal, debo señalar). Desde muy chica viví ese tránsito dual: patriarcado y un pseudo matriarcado, crecí viviendo en dos mundos opuestos; el colegio de monjas-represiva y por otro la libertad que me daban en casa, donde siempre me permitieron “ser artista” y estar profundamente enamorada de Boy George desde los 5 años…
De mi hermana mayor heredé el ser rebelde, ella era Thrasher a mediados de los 80`s inmersa en un grupo de puros machotes, vivió más de cerca la dictadura en nuestro país, la represión, la injusticia y el profundo dolor que eso significó para toda esa generación, dolor que aún nos pesa y bueno, fue tan transgresora que terminó suicidándose…
El haber vivido bajo el alero de diversas mujeres; rebeldes, locas, oprimidas, “aperradas” (las que lucharon solas con sus hijxs a cuestas) y un sinfín de etc. Influyó en mi percepción de lo que es ser “mujer” en esta vida y en mi caso el aprender del error se transfiguró en un proceso alquímico: La intensidad de la vida encarnada en mi forma de entender y hacer “arte”.
Básicamente estas fueron unas de las tantas razones de interés que gatillaron un primer acercamiento al feminismo y que reflejan mi constante preocupación por dislocar estos códigos. Me asumo como bio-mujer, pero siempre me he sentido incomoda ante el modelo de belleza patriarcal y lamento que muchas mujeres aún estén muy arraigadas al patriarcado, en posturas muy cómodas donde no se reflexiona sobre la autonomía que pueden ejercer, siguen los mismos patrones y códigos de lo que es “políticamente correcto” bajo construcciones sociales binarias, un nazi-onalismo alarmante y un complaciente cuestionamiento del “me gusta” desde tu ordenador que no dice nada, cero aporte. Hace falta llevar estas reflexiones a lo concreto; en lo cotidiano, en las escuelas, en el arte y al activismo/artivismo en las calles.
Siento que mi trabajo ha evolucionado, ahora que vivo mi maternidad constantemente me reinvento. El feminismo, la maternidad y la performance han jugado un rol muy importante en mi vida y en esta lucha. Nunca me he sentido cómoda con el poder y la autoridad, me ha servido ser “aventada” como me manifestó mi querido Guillermo Gómez Peña cuando nos conocimos en México.
2.-¿ Por qué eliges abordar el tema de la maternidad en tu obra, qué nociones pretendes problematizar con ella?
Soy madre hace 4 años y es evidente que durante el embarazo mi cuerpo y mi mente comenzaron a enloquecer más de la cuenta. Luego de parir (y lo traumatizante que es la violencia obstetricia en esta sociedad), salté al abismo para reconocer lo que significa ser madre en este mundo. Por suerte no sufrí depresión posparto, pero es deprimente darte cuenta del entorno social que hay detrás de todo, me refiero a la “sobreprotección” paternal del Estado que no se condice con la realidad de muchas madres y familias que viven en situaciones muy vulnerables; son explotadas, mal pagadas. La mujer para poder sentirse autónoma debe dejar a sus hijxs al cuidado de otra mujer, es un círculo vicioso. Sumado a lo aberrante que significa el tener que demandar al padre de tus hijxs para que te dé un poco de dinero para mantenerlos. Citando a Frieda Frida Freddy “Un embarazo traspasa el hogar y colabora directamente con el sistema que nos jode en conjunto”.
Es por eso que no me he sentido cómoda, ni cumpliendo el rol de la madre sumisa, estoy lejos de aparentar un ideal de perfección, el asumir tradiciones de mierda como el “Baby shower”, celebrar el día de la madre (que me parece tan insólito como el día del padre debido a su exclusión en los colegios y su mercantilismo), la madre que alucina amamantar (qué bien por ella), la que habla todo el día de su hijx. Y no es porque se malinterprete el hecho de ser feminista, a mi hija la adoro y la amo. Pero hay algo que no encaja, algo que debo denunciar y la manera más inmediata y propia que tengo de hacerlo es mediante la performance.
Con la performance quiero problematizar la maternidad tanto a nivel íntimo como lo hace Ana Casas Broda y activista como María Llopis y su concepto de maternidades subversivas. Pero a la vez encontrar mi lugar, “nuestro” lugar. Me gustaría trabajar siempre con mi hija, creo que lo que estoy haciendo va para largo, es muy compleja la maternidad; el ser madre, el ser hija e incluso ser abuela, es una triada llena de inestabilidades. Como dijo Victoria Sau “La maternidad quedo arrumbada, secuestrada, en el espacio de lo biofisiológico, y es desde ese estadio que hay que desobstaculizar el proceso trascendente a otros planos superiores de orden simbólico y cultural”.
3. – En México tenemos dos arquetipos femeninos bajo los cuales se juzgan y se clasifican a todas las mujeres: la puta y la madre, y en el imaginario, estos no se mezclan jamás. En tu obra observo un coqueteo por jugar y descolocar estos arquetipos, mostrándonos a una madre autónoma y sexuada ¿Que me puedes comentar sobre esto?
Si, hay un dicho muy siniestro que he escuchado un par de veces “Primero se es madre y luego mujer” o sea una ¡sentencia a cadena perpetua!. En Chile vivimos en una sociedad muy conservadora y cínica en la cual la mujer-madre correctamente caZada es muy bien vista socialmente, cumple con el sueño del patriarcado, muy en la onda de lxs “jóvenes aspiracionales” o la telenovela de arcadas romanticoides, pero ¿qué queda para el resto de lxs mortales?
A la mujer que le gusta disfrutar de su sexualidad inmediatamente es tildada de puta, de guarra, sobre todo si es madre, pero el hombre puede hacer lo que se le dé la gana, desde mear en la calle hasta aparentar la familia feliz teniendo una amante por años y nadie lo juzga con la misma rudeza que a la mujer.
Hay muchos motivos e injusticias históricas que avalan la importancia de la emancipación de las madres en nuestra cultura, romper con la representación arcaica de la madre-virgen. Cuando estuve en México observé esta dicotomía de la “puta” y la “madre” y la fuerza que tiene la virgen de Guadalupe que está inmersa en todo el imaginario colectivo. Conocí a Amor Teresa quien investiga las (re)presentaciones y (re)apropiaciones de las vírgenes madres y la virgen de Guadalupe y es interesante su reflexión sobre la variada imaginería que hay en ellas; las irreverentes, contestatarias, revolucionarias y estigmatizadas que evidencian su disidencia del Arte hegemónico y su carácter trasgresor, del icono impuesto por la iglesia.
Antes de regresar a Chile trabajé con esta dualidad “puta-madre” cuando participé en el Festival Internacional de Performance Extra con la pieza “Fragmentos de poder” donde utilicé términos peyorativos (chilenos y mexicanos) en torno al ser madre/mujer/artista que mostraban mi identificación con la reproducción de la escultura de la Victoria de Samotracia instalada en la Academia de San Carlos, donde accioné. Estas palabras que fueron entregadas al público muestran mi identificación con la escultura, que es una mujer mutilada, abyecta.
Y lejos de la victimización, mi torso estaba desnudo como muestra de rebeldía ante estos juicios, como símbolo de libertad, exponiendo la sexualidad de mi cuerpo, la sexualidad de la madre que no se victimiza, que se empodera.
4.- En varias de tus performances colaboras con tu hija, ¿cómo negocias con ella su participación en tus acciones? ¿Cómo reacciona ella ante el trabajo de mamá?
Mi discurso va por las maternidades transgresoras y eso atañe mi relación con mi hija, tanto en el cotidiano, lo íntimo como micro político, así como lo público que es lo macro político que vendría a ser nuestra exposición mediante la performance.
No hay un “negociado” de por medio, a pesar de que es difícil romper del todo la jerarquía madre-hija sin que esté de por medio la meritocracia, que ambas no me agradan para nada. Creo que lo más sano ha sido verlo y vivirlo como un juego, siempre le explico someramente sobre el contenido de lo que haremos, por ejemplo en rizomas comunes cuando ella camina en mi espalda es algo que siempre ha hecho desde que sabe caminar, entonces no son actos muy ajenos a los juegos que inventamos con frecuencia. Verlo con un dejo de naturalidad que lógicamente a medida que vaya creciendo se va a ir complejizando.
Cuando fuimos a la marcha “Por un 8 de marzo feminista” organizada por la Coordinadora Feministas en Lucha, le expliqué que íbamos a una protesta a reivindicar los derechos de las mujeres que no querían ser madres o que no podían, le hablé del aborto terapéutico (omití los otros por su corta edad) e hicimos un cartel que decía: “Aborto libre, gratuito y seguro” y por el otro lado “Mujer no es sinónimo de madre”. Ella caminó junto a mí y a mis amigxs, de vez en cuando alzaba el cartel, lo pasamos muy bien, fue un momento muy emotivo para mí ya que siento que me apoya y entiende o atisba mi visión del mundo. Ahora que está más grande disfruto mucho hablar con ella, creo que estoy formando a una pequeña feminista y quiero que siempre exija sus derechos, que se sienta libre de amar a quien quiera y feliz… creo que es lo más valioso que un ser humano puede entregarle a otro.
5.- El cuestionar la maternidad tradicional es un tema tabú en muchas sociedades, ¿has tenido reacciones desfavorables o cuestionamientos fuertes ante tu trabajo?
Pasé una etapa de cuestionarme mucho esto del “deber ser”, tuve sentimientos encontrados cuando decidí ir a estudiar a México, que era un país que no conocía, tenía que dejar a mi hija por varios meses al cuidado de mis padres… Fue un proceso muy doloroso, de mucha presión y autocritica. Fue un aprendizaje crucial, entendí que el viajar y conocer otra cultura te cambia la perspectiva de las cosas, te ayuda a ver con más juicio todo y te ayuda a sacudirte los estigmas sociales.
Los comentarios que he recibido de mi obra (a pesar de que llevo poco tiempo trabajando maternidades) se hallan en la melancolía, con una cuidadosa carga estética, de mucha potencia y fragilidad. Creo que han sido benefactores.
Cuando asistí al taller “Archivo, arte y género” con Mónica Mayer, le gustó mucho la performance “127 cartas, 127 utopías”, que fue una acción en conmemoración a los 40 años del golpe en Chile, ella se refirió a la carga emocional e histórica definiéndola como una pieza muy conmovedora.
Mi tutora una vez se conmovió, no tanto por mi obra si no que por los temas que estoy trabajando, tuve que hacer una exposición de mis trabajos en su seminario y mostré el tráiler de “El edificio de los chilenos” de la cineasta Macarena Aguiló que es la historia de muchos niños en situación de abandono debido a la dictadura en Chile, desgraciadamente esta historia no se conoce como debería, son parte de mi historia como chilena, pero que nos afecta y pertenece a todxs; La madre como la esencia del ser.
6.- Y por último, ¿Crees que es necesario discutir la maternidad desde el arte feminista?
¡Por supuesto que sí!
Es ese escenario doméstico, privado y público que me ha hecho reflexionar sobre las posibilidades de cómo politizar la maternidad mediante la performance, hay mucho que protestar, manifestar. Hay muchas injusticias aún sobre las madres, madres que aún buscan a sus hijxs, niñxs viviendo en la miseria, la prohibición del aborto y la negación del Estado al derecho de decidir sobre nuestros cuerpos, las nuevas maternidades trans, lesbianas, homosexuales, apoyar la maternidad en su desborde… son temas que hay que visibilizar.
Quiero más adelante trabajar en comunidades, es algo que estoy pensando hace un tiempo, no quiero ser sólo discurso y performance, también soy profesora y debo ser un aporte desde la educación; ver a la mujer no sólo como un objeto sexual y reproductor, contribuir a una educación sexual lejana al patriarcado, temprana y diversa.
A mediados de junio participaré de una muestra llamada “New Maternalims” de la curadora canadiense Natalie Loveless, proyecto que se realizó en el 2012 donde invitó a Alejandra Herrera, artista chilena de performance radicada en Los Ángeles. Ambas junto a la curadora local que es Soledad Novoa, decidieron traer el proyecto a Chile extendiendo la invitación a artistas chilenas.
En esta muestra voy a exhibir el video “Rizomas Comunes” y también haré una performance que trata sobre el abuso sexual en lxs niñxs, que es un tema muy delicado que me tocó vivir de cerca y creo que es importante hablar de ello, denunciar. Lamentablemente el abuso infantil es una epidemia, una triste realidad que desencadena una serie de conflictos sociales. Muchas veces las madres se dan cuenta al interior de la familia del abuso y no lo detienen por miedo, por violencia o por temor a perder al esposo…
Siento que la plataforma que me entregan si bien es un reconocimiento a mi trabajo, también estimo que es importante generar conciencia para proteger a la generación de hijxs y niñxs en el mundo. Me ha servido mucho hablar con una artista mexicana Patricia Meza, que trabaja este tema, pero lo aborda desde los adultos que sufrieron abusos en su infancia. Me envió su tesis de maestría y me ha servido mucho para tener un acercamiento más reflexivo sobre el tema.
Es necesario asumir la deconstrucción de la familia, de la urgencia de preguntarse sobre estos temas, salir del ensimismamiento en el que estamos, evidenciar la invisibilidad ante el abuso sexual, pensar los recursos legales a los cuales nos des-amparamos, la “banalidad del mal” recordando a la filósofa Hannah Arendt.
Para ver más de su trabajo AQUI
Por Liz Misterio
Platicamos con Jorge Díaz, miembro de la CUDS (Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual) sobre la labor artivista del colectivo y en particular sobre el proyecto «Dona por un aborto ilegal»
Liz Misterio: ¿Qué es la CUDS y cómo surge?
Jorge Díaz: Somos un colectivo de disidencia sexual que está repensado las cuestiones de representación política de la sexualidad contemporánea en un contexto conservador como Chile. No somos un grupo de personas con identidades sexuales particulares, sino un colectivo que interrumpe el imaginario sexual y neoliberal a través de ficciones e intervenciones. La emergencia del trabajo con la sexualidad disidente es muy importante en un contexto donde la política (homo)sexual siempre estuvo limitada por la lógica de los pactos y las negociaciones, de la “democracia en la medida de lo posible”, ese paradigma de los 90´s, luego de la dictadura militar chilena. Por eso, cuando apareció la CUDS en 2002, nos resultaba extremadamente aburrido seguir haciendo lo mismo, continuar administrando el fracaso de la política homosexual chilena. Por eso nuestro activismo es situado, sin respeto, fuera de todo consenso.
Pasamos por el marxismo, el anarquismo, el discurso feminista, el queer, y la localización cuir, la resistencia a ese mismo discurso, los efectos colonialistas de la circulación de saberes Norte-Sur. Lo que sí ha habido siempre en la CUDS es un deseo de disidencia, un deseo de desobediencia sexual y representacional.
LM: Para contextualizar, nos podrían platicar ¿Cuál es la situación legal y social del aborto en Chile?
JD: La situación legal se puede reducir a que en el parlamento de Chile, el aborto es un tema tabú. En este parlamento se votó para señalar que no se legislará sobre este tema. Y por otra parte, las leyes persiguen a las mujeres que abortan, las tratan como delincuentes, como criminales. El aborto no es promovido, sino que aún es visto como un asesinato. Por otra parte, y como provenimos de una política no-heterosexual, nos sorprende cómo en el plano político y en la esfera pública el debate social sobre aborto sigue estando a la deriva y en cambio otras luchas de la política sexual como puede ser la demanda neo-derechista de matrimonio homosexual llega a tener mucho mayor relevancia que el debate sobre el aborto. Algo que se ha llamado como el pink washing y que en Chile tiene un efecto muy poderoso. Es por este estado de silenciamiento y porque la educación sexual no existe en nuestra educación que sigue con un legado dictatorial por lo cual se hace urgente posicionar algún debate sobre aborto. Con las mujeres, amigas y compañeras con las que conversamos sobre aborto solemos recordar un video que está en nuestra memoria, un video que se mostraba en la televisión durante democracia, y donde un feto decía “me van a matar, me van a matar”. Esa voz de feto está presente en la memoria social de los y las chilenas que fuimos educados bajo paradigmas políticos pro familia. Para nosotras es la familia lo que está sustentando un sistema donde a las mujeres se les obliga a ser madres, es la maternidad obligatoria la que margina cualquier posibilidad de matrimonio y la que convence a las adolescentes pobres de que tendrán una posibilidad de ser alguien en este sistema solo si son madres. Son estos relatos pro familia los que también se refuerzan en una política gay que busca ansiosamente hacer familias. Obviamente, para políticos de la derecha y centro-derecha liberal el aborto es un tema demasiado peligroso y complicado para ser discutido, como si fuera un tema demasiado difícil. ¿Por qué tiene que ver con la vida? ¿por qué aún pensamos que la vida de un feto es más importante que la de una mujer? Sin embargo, se dice que en el actual gobierno de Michelle Bachelet se podría permitir el aborto en el caso de que sea inviable o en caso de violación. Para nosotras esto es legislar para unas pocas, para una minoría, solo para casos especiales. El movimiento feminista no es para unas pocas, no se dedica solo a hacer política para prevenir que nazcan fetos inhumanos, sin cerebro o con cabezas gigantes, el feminismo pro aborto es un feminismo que exige el derecho de abortar para todas las mujeres no sólo para las víctimas, sino para las trabajadoras sexuales, las estudiantes universitarias, para las madres que no quieren otra vez ser madres, para nuestras amigas, para las que simplemente no teníamos el condón a mano. Si no hay aborto es porque el sistema heterosexual y político quiere castigar a las mujeres que no tienen sexo con fines reproductivos y familiares.
LM: ¿Cómo surge la campaña “dona por un aborto ilegal”? ¿En qué consiste?
JD: Lo que hemos venido haciendo de manera muy desprejuiciada es buscar metodologías de activismo que nos resulten productivas, que nos afecten, nos impliquen y que disfrutemos. Entendemos el activismo como una práctica de placer
En nuestra campaña salimos a la calle a juntar dinero para financiar un aborto. Se intentó proponer una ficción en el espacio público chileno con una estética desobediente que emulaba una campaña de solidaridad, de esas tan asistenciales.
A partir de la campaña del aborto dejamos de ser coordinadora para pasar a ser colectivo porque agrupamos diferentes cuerpos: lesbianas, maricas, heterodisidentes, prostitutos, etc. Pero sobre todo fue importante dejar de ser coordinadora para borrar la criminalización de la policía que buscaba un grupo organizado con cabecillas: visibilizarnos así fue más que nada una estrategia política para prevenir la represión policial.
También a partir de nuestra campaña del aborto empezamos a realizar alianzas con grupos feministas y con otros activistas de corte más queer en Santiago. También ciertos académicos escribieron apoyando a la CUDS por el proceso de judicialización en el que estamos implicados todos los grupos que nos organizamos y participamos en la marcha “yo aborto el 25”.
LM: ¿Cómo ha sido la respuesta del público ante estas acciones?
JD: Una crítica feminista tradicional por ejemplo a las estrategias que se utilizaron en la primera marcha por el aborto en Chile -que detonó en la irrupción anárquica a la Catedral de Santiago- es la utilización de un lenguaje no formalista.
Por ejemplo, “I <3 aborto” entre las feministas tradicionales es un problema, porque para ellas hay que seguir trabajando en lo serio del lenguaje, desde una perspectiva ciudadana, como un problema hiper serio, de mucho sufrimiento que hay que abordarlo con cuidado. Eso es super peligroso porque estás reificando la figura de la víctima que es lo que intentamos cuestionar. El feminismo más tradicional sigue insistiendo en una lógica mucho más anuladora, tranquilizadora: Bacheletista.
Sin embargo, la primera marcha por el aborto en Chile tuvo mucha convocatoria, justamente, a partir de los otros feminismos más lúdicos, con estéticas desbordadas, que amplían las categorías de género, edad, raza, etc.
LM: ¿Cómo es ser activista en favor del aborto en el contexto chileno?
JD: Una de las características es que este activismo pro aborto ha sido un punto de encuentro del feminismo en Chile en un momento de emergencia de los movimientos sociales, en un contexto donde si eres parte del movimiento social debes reconocer ciertas demandas feministas. El hacer activismo pro aborto te permite reconocer también la importancia de la ideología de la maternidad, de la reproducción y la familia que se encuentra en los discursos pro familia o pro fetos. Es interesante el trabajo que algunas activistas feministas estamos haciendo para quitar el manto de seriedad y criminalización con el que se estereotipa la lucha feminista pro aborto, para esto en Chile se están generando estrategias de activismos donde el aborto se representa de muchas formas, en el espacio virtual donde se permite discutir y denunciar a quienes generan discursos pro familia, el feminismo pro aborto es radical, está orinando en las fachadas de los ministerios de la mujer, está siendo investigado por la policía como si fueran terroristas, está entregando información a las mujeres sobre cómo abortar en su espacio privados, está dándole la voz a fetos punk que no quieren nacer, está denunciando que la familia es el ejecutor del sistema patriarchal. En nuestra última acción volvimos a reconocer el miedo de la sociedad chilena a hablar sobre aborto, el temor a hablar de estos temas que se tienen que tratar “con mucho respeto”. Nosotras cubrimos algunas paredes del centro de Santiago con un afiche que decía “ESTO NO ES UN SER HUMANO” y sobre esto una figura antropomórfica que parece un no-nacido. Esto generó el rechazo de muchos que creen que esta política es in humana y muchos quitaron el “NO” del afiche para insistir en que lo que se ve es vida. Una imagen que genera vida, una imagen que mata las vidas de muchas mujeres y familias que estuvieron obligadas a parir y que son muchas de nuestras familias donde hay madres y padres insatisfechos, que intentan olvidar lo mal que lo pasaron comprando en el mall. A pesar de esto, no somos activistas depresivas, sino que nuestro trabajo –creemos- es hacer visible el mal que nos produce la familia y el sistema que nos obligue a ser buenas mujeres y varoniles varones.
LM: ¿Que sigue en la agenda de trabajo del CUDS?
JD: Hemos establecido una relación entre práctica política, reflexión crítica y experimentalismo estético, confluyendo en el activismo artístico. Eso nos ha permitido salir de esa lógica programática de la política tradicional y abrirnos a una práctica más situada, no lineal ni partidista, aunque sí con un posicionamiento desde las izquierda(s) más críticas.
Eso ha sido muy enriquecedor para la CUDS: darse la posibilidad de no tener un programa e ir constantemente mutando de acuerdo a los contextos. Eso también es una necesidad para los colectivos críticos precisamente porque el poder es una cuestión que muta.
[divider]
Por Sebastián Márquez Adame
Me veo como una sombra, ni hombre
ni mujer.
Ni como una mujer dichosa de ser
un hombre, ni como un hombre
bastante brutal y lo suficientemente tranquilo
para no sentir
una insuficiencia. Siento una carencia.
-Sylvia Plath, Tres Mujeres
De 1977 a 1980, Cindy Sherman realizó una serie de fotografías que bautizó como Untitled Film Stills, en las que ella misma era la musa de la obra. Dentro del imaginario que la envuelve, podemos ver a Cindy como el ama de casa, la amante, la trabajadora, la prostituta o la madre, como si estuviera jugando a la lotería y quisiera llenar con frijoles al mayor número de arquetipos posibles. Lo interesante de estas fotografías sin títulos (sin nombre como las mujeres a las que juega ser y como la misma condición femenina que desaparece en el revelado) es que ningún rol choca con el resto: el ama de casa es tan gris como la impresión de la fotografía, la amante quema el fotograma desde su cama, la trabajadora suda en plata todo su labor, pero ninguna es más de un papel a la vez. “Todo a su debido tiempo” parece decir Cindy como respuesta a algún dictado que Sylvia Plath le hizo desde el más allá: “la mujer, antes que ser humano, es una actriz”, le dijo, quizás, entre dientes antes de meter su cabeza en el horno.
El trabajo de Cindy es estudiado bajo la lupa oxidada de las academia de arte y se analiza bajo los mismos principios psicológicos que Sigmund Freud propuso hace, casi ya, un siglo, como si el cromosoma extra siguiera siendo un tema problemático. El trabajo de Madison Young (famosa actriz porno, activista sexual y si, también artista) es estudiado en horas en las que la soledad masculina necesita que se le recuerde que tiene un pene, y firma, en kleenex, el grabado de perlas que la película exige para la posterioridad; tal y como el título “Mona Lisa” que yace ostentosamente en letras doradas en el museo de Louvre, exige, como tributo, el análisis mesurado y ridículo.

“La mujer, antes que ser humano, es una actriz” sentencio, porque en Madison Young encuentro el ejemplo perfecto: la actriz a la que le pagan por recrear orgasmos, un día se descubre como madre y es obligada a elegir uno de los dos roles, porque es imposible que pueda ejercer los dos. O al menos es lo que el debate que su serie fotográfica Becoming a MILF suscitó hace ya un par de años, pero que nunca se concluyó. En una de las fotografías más controversiales podemos ver a Madison en una recreación del famosisímo retrato de Richard Avedon a Marilyn Monroe: uno de esos escasos momentos en los que parece que la eterna rubia sexual piensa “¿qué estoy haciendo con mi vida?”. En la versión de Madison, el escote no es el epicentro de la pieza, sino el acto: con bebé en brazos y pechos descubiertos, amamantando, la mujer cuestiona su trabajo como madre y actriz. Es una provocadora, como bien se puede intuir al descubrir el titulo de la serie de fotografías (MILFing Marilyn).
Teniendo esto como antecedente, me es fácil imaginar a Madison como una versión de carne y hueso de Maude Lebowski, el icono personaje de la película de culto The Big Lebowski, teniendo una conversación así con aquellos que empezaron a debatir al respecto de la naturaleza de su obra:
Maude Lebowski: ¿Acaso la figura femenina le hace sentirse incómodo, Sr. Lebowski? The Dude: Uh, ¿es de eso esta fotografía?
Maude Lebowski: De alguna forma, si. Mi arte ha sido comentado como fuertemente vaginal, lo que preocupa a algunos hombres. La palabra misma hace que algunos hombres se sientan incómodos. Vagina.
he Dude: ¿Ah, si? Maude Lebowski: Si, no les gusta oírlo y lo encuentran difícil de pronunciar, aunque, sin pestañear, pueden hablar perfectamente de su pene, o su verga o su Johnson. The Dude: ¿Johnson?
Uno de los comentarios más desagradables proviene de Furry Girl, contemporánea de Madison y quien, en twitter, se describe como una “atea vegetariana parcialmente retirada de la pornografía y la prostitución, que ama a los gatos, viajar y la ciencia. Anti Feminista y anti estadista” (1). En su blog (feminisnt.com) menciona que es imposible decir que las fotografías no son sexuales cuando son exhibidas en lugares sexualizados o tienen como intención ser “eróticas”. Complementa esta noción escribiendo que ha “visto otras fotos de mujeres amamantando, y ninguna de ellas está preocupada por lucir un vestido sexy y tener maquillaje y peinado listo para modelar. La mayoría de las mujeres que posan amamantando lucen exhaustas y, apuesto, que lo hacen utilizando los pants de la noche anterior, sin intentar parecerse a un famoso símbolo sexual” (2).
Furry Girl dice todo esto como si la maternidad fuera un acto de castración femenina, en la que la pérdida es la marca de género. ¿Ser madre es, entonces, el rechazo de cualquier intento de sensualidad? ¿O es acaso el hecho de que Madison sea la mente detrás de todo el concepto la fuente principal del debate? Quizás si hubiera sido su esposo el que tomara las fotografías, MILFing Marilyn hubiera sido un hermoso retrato tomado por un padre como testimonio de la “belleza del vínculo madre-hija”, pero al ser ella, quien también resulta ser actriz porno, la que ideó todo el concepto y formuló las fotografías, entonces se concluye que su trabajo es un gimmick que sigue una agenda muy particular que engaña al espectador, vendiéndole “realidad” cuando no la hay. El problema de este debate presuntamente “humanista”, es que tiene como base de pensamiento una noción meramente patriarcal.
¿En qué momento las fotografías tuvieron como tema principal el placer masculino? “Mi exhibición Becoming MILF es un viaje visual y performático a través de mi embarazo y el inicio de la maternidad, mientras sigo trabajando en la industria sexual. Quería expresar los retos de balancear la vida de la puta y de la virgen al mismo tiempo” (3), dice Madison, mientras que Furry Girl cuenta imaginariamente al número de hombres que se masturbarán ante la exposición, como si eso fuera lo más importante de la imagen.
Aunque sea difícil de asimilar, dudo mucho que Madison quiera excitar a alguien (más que a sí misma, claro está) con esas fotografías. Dudo que haya pensado en hombres cuando se puso ese vestido á la Marilyn y cuando tomó a su bebé en brazos. Hay cosas que son muy difíciles de creer, pero en ocasiones, las actrices pueden interpretar más de dos papeles a la vez: hay mamás que también hacen porno.
Maude Lebowski: Le gusta el sexo, Sr. Lebowski? The Dude: ¿Perdón? Maude Lebowski: Sexo. El acto físico del amor. Coito. ¿Le gusta? The Dude: Estábamos hablando acerca de mi alfombra. Maude Lebowski: ¿No está interesado en el sexo? The Dude: ¿Te refieres al coito? Maude Lebowski: ¿Acaso la figura femenina le hace sentirse incómodo, Sr. Lebowski? The Dude: Uh, ¿es de eso esta fotografía? Maude Lebowski: De alguna forma, si. Mi arte ha sido comentado como fuertemente vaginal, lo que preocupa a algunos hombres. La palabra misma hace que algunos hombres se sientan incómodos. Vagina. he Dude: ¿Ah, si? Maude Lebowski: Si, no les gusta oírlo y lo encuentran difícil de pronunciar, aunque, sin pestañear, pueden hablar perfectamente de su pene, o su verga o su Johnson. The Dude: ¿Johnson?
[divider]
1. https://twitter.com/furrygirl Recuperado el 8 de abril del 2014.
2. http://www.feminisnt.com/2011/why-i-am-against-sexy-breast-feeding-and-using-a-baby-as-a-marketing-gimmick-to-sell-porn/ Recuperado el 8 de abril del 2014.
3. http://titsandsass.com/madison-young-on-milf-hood/ Recuperado el 8 de abril del 2014.
Por Mirna Roldán Gutiérrez
Ampliación del proyecto Comunidad Imaginaria/ Cuerpos en Fuga
El proyecto gira en torno a la construcción del cuerpo y de relaciones emocionales y afectivas como anclaje de las relaciones de género, partiendo de la idea de la ejecución de movimientos que se accionan con el cuerpo de las personas distanciadas por voluntad propia a lo largo de su vida de espacios, tales como: hospitales, tribunales, iglesias, escuelas, ejército, empresas, etc. Por lo que no obtienen instrucción disciplinaria, burocrática ni especializada en su vida cotidiana. Sus movimientos se dirigen principalmente a la producción del placer personal.
Tomo como ámbito de experimentación a mi familia materna constituida por alrededor de 150 personas que en su mayoría viven en el barrio de San Juan Pantitlán , Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México de donde soy originaria y vivo actualmente. Considero en específico a las personas que no se adaptan a la estructura familiar y cumplen con las características anteriormente mencionadas. Mediante la aproximación lúdica provoco actos estéticos con los integrantes de la familia que reúnen el perfil establecido obteniendo como resultado acciones producto de la interacción del propio cuerpo con espacios significativos de los participantes. Así mismo, todas las acciones en conjunto, video-performance, intalaciones, fotografías y registros, forman la comunidad imaginaria llamada “Cuerpos en Fuga” fuera del núcleo de interacción familiar.
Me interesa construir otro tipo de interacción con las personas que no se adaptan al modo represivo que se genera dentro de mi familia. Para eso construí mi propia comunidad con estas personas que al igual que yo no se adaptan a las estrategias de control que ejercen lxs demás integrantes de la “familia”sobre lxs otrxs. El principal motor de esta comunidad es la producción del placer, un placer lúdico.
Tradicionalmente, el artista tiene el poder del ojo, elle él o ella decide qué y cómo se ve. En esta comunidad todxs tenemos el poder, txdos decidimos que hacer y cómo mostrarnos.
Acción Lanretam Recalp
Mi madre y yo lanzamos un conjuro a través de los movimientos de nuestros cuerpos en contra de la represión familiar, utilizando la risa como manifestación del placer. Cada una escogió un sonido del hogar con el cual nos identificamos y un espacio significativo personal. Un manto verde estrellado nos acompaño en la experiencia.
[divider]
Mirna Roldán Gutiérrez
Artista Transfeminista, originaria del barrio de San Juan Pantitlán, Estado de México. Estudió la Licenciatura en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plasticas (UNAM). Cursa el posgrado en Artes Visuales, en la misma institución. Forma parte del Seminario de Medios Múltiples 5. Desde el año 2009 a la actualidad forma parte de la comunidad imaginaria «Cuerpos en Fuga».
Por Liz Misterio
Shilo McCabe es una fotógrafa de San Francisco que hace activismo retratando de forma erótica a personas de la comunidad pro-sexo de su localidad y que en su corporalidades y prácticas desafían las políticas de representación que dictan los mass media.
Para su serie I masturbate… Shilo realizó 31 retratos de gente de su comunidad durante sus rituales masturbatorios con el objetivo de visibilizar y profundizar en la discusión de este tema que aún se considera tabú en muchos círculos. Cada fotografía va acompañada de un testimonio de la persona retratada sobre cómo vive la masturbación, ofreciendo una amplia gama de enfoques y preferencias, que van de lo político a lo poético, lo hedonista y lo lúdico.
Liz Misterio.- ¿Que te motiva a hacer este tipo de trabajo?
Shilo McCabe .-Es importante para mi que la gente contribuya a la creación de sus propias representaciones, especialmente personas que históricamente han sido privados de la oportunidad de hacerlo. Mi obra ha sido siempre realizada en colaboración con las personas frente a la cámara. Quiero que todos los involucrados en la sesión de fotos se sientan completamente cómodos con cada parte del proceso, incluyendo las imágenes finales que creamos. Quiero que ellos conserven ese poder, yo no estoy aqui para objetificar a las personas, estoy aqui para documentar y muy a menudo me toca documentar lo erótico. Podría describir mi trabajo como docurótico, un término que acuñé para describir mi enfoque único. Este es más o menos el trabajo que siempre he hecho – documentar identidades/ géneros/ sexualidades. Al principio mis sujetos fueron amigos cercanos e íntimos, se ha diversificado desde ahí, pero el objetivo ha sido siempre el mismo: documentar auténticamente una experiencia genuina, un momento que está sucediendo.
LM.- ¿De dónde viene la idea de hacer esta serie?
SM.-Obtuve la idea para el proyecto “I masturbate…” a principios del 2011, yo había estado hablando en un panel pro-sexo en el Mills College y alguien en el público me preguntó por tips para volverse más pro-sexo, a lo que yo rápidamernte respondí: ¡Mastúrbate! Todos se rieron y asintieron con la cabeza, pero nada más se dijo al respecto.
Más tarde, me di cuenta de lo mucho más que quería decir al respecto y quise dejar que mi obra hablara por mi, me di cuenta de que el mes nacional de la masturbación estaba a la vuelta de la esquina en mayo y me pareció la oportunidad perfecta para esta discusión, asi que se me ocurrió la idea de hacer un proyecto de blog de una fotografía al día, en donde cada foto estaría compañada por un testimonio del modelo que empezara con las palabras “I masturbate…” (Yo me masturbo…). Apoyo totalmente la idea de que la masturbación es una manera natural, saludable y segura de explorar y expresar la sexualidad propia. Estoy consciente del estigma que rodea a la masturbación en muchas culturas. El tener a personas abriéndose y compartiendo sus historias personales sobre la masturbación ha hecho mucho por normalizar esta práctica y ha ayudado a crear espacios seguros en dónde discutir sobre ella.
LM.- ¿Por qué crees que es importante el hacer consciencia sobre experiencias de masturbación?
SM.- Nuestra cultura, que es negativa ante el sexo, tiende a albergar sentimientos de vergüenza alrededor del tema de la masturbación. Las religiones dominantes enseñan que es algo malo o pecado. Cunado investigas sobre masturbación en linea es imposible no encontrarte con páginas de internet que dan consejos sobre cómo dejar de masturbarse, cómo resolver tu problema de masturbación. No obstante, se espera completamente que los hombres heterosexuales se masturben, está normalizado para ellos. Hay mensajes contradictorios y confusos ahí afuera y he conocido muchas personas para quienes su relación con la masturbación es una fuente de mucho dolor y vergüenza, lo cual me hace pensar que no debería ser de esa manera.
No he venido a decir que te tienes que masturbar, o que deberías. Hacerlo o no, es una elección personal para la que no hay respuestas incorrectas, he venido a decir que la masturbación puede ser una fuerza positiva en tu vida, y que no tiene que estar unida a sentimientos de culpa.
LM.- ¿Quienes son tus modelos? Fue difícil encontrar personas dispuestas a participar en tu proyecto?
SM.- Varios de los modelos son amigos mios, pero la mayoría son amigos de amigos. También abrí una convocatoria para contactar participantes en el blog de Good Vibrations, lo cual me trajo muchas pistas. Dos amigxs míos organizan mini fiestas caseras de masturbación en donde pude hacer dos o tres sets de fotos en un día. Al final no fue tan difícil encontrar modelos como lo fue agendar las sesiones fotográficas. Una vez que tuve bien claro el proyecto, empecé a buscar modelos y sólo tuve 60 días para hacer 31 sesiones fotográficas si pretendía alcanzar mi meta de hacer una fotografía por día del mes de mayo. Fueron un par de meses muy locos.
LM.- ¿Consideras que tu trabajo es activista?
SM.- Absolutamente
LM.- Realmente aprecio observar diferentes tipos de cuerpos, razas y géneros en tus fotografías. ¿Cuáles son tus ideas sobre las políticas de representación de los cuerpos en tu obra?
SM.-Gracias. Me motiva la profunda creencia de que cuando no vemos imágenes de gente como nosotros representados en las fotografías, tendemos a internalizar el mensaje de que no somos dignos de ser representados. Es por eso que me he dedicado a la idea de la inclusión radical, considero que es una forma de activismo radical el fotografiar personas que están subrepresentadas en los medios y la erótica mainstream. Es un acto de activismo radical hacer imágenes sexuales de cuerpos gordos, el mostrar sexualidades sinceras y auténticas. Algo que hago, y considero muy importante, es que le doy a mis modelos la última palabara en cuanto a la aprobación de las fotos, de esta manera creo un ambiente seguro en donde las personas pueden abrirse y arriesgarse conmigo, es mi manera de honrar la inmensa confianza que ellos depositan en mi al acceder a ser fotografiados. Ellos saben que sólo las fotografías que ellos amen y aprueben serán parte de mi portafolio y serán compartidas.
LM.- ¿Consideras que tu trabajo es feminista, o como lo describirías?
SM.- Soy una fotógrafa feminista y mi trabajo está basado en un feminismo pro-sexo e interseccional. Las realidades de la raza, la clase social y el género están presentes en mi todo el tiempo.
LM.- Me parece que hay una comunidad pro-sexo muy activa alrededor de ti, ¿de qué maneras ese hecho te ha marcado a ti y a tu trabajo?
SM.- La comunidad pro-sexo del área de la Bahía de San Francisco realmente se ha convertido en el centro de mi trabajo. Me di cuenta, después de haber vivido y estudiado aquí, que tenía 10 años de trabajo con un común denominador: documentar a la comunidad pro sexo y kinky. Decidí abrazar ese hecho y de ahí surgió el The Sex Positive Photo Project. Es un blog de fotografías que administro junto con mi amiga y Directora Editorial Airial Clark. Ahí publicamos artículos y entrevistas con miembros de la comunidad y publicamos mis fotos. Este proyecto me dio la plataforma para mostrar la serie I masturbate…. Le debo mucho a la comunidad pro-sexo de San Francisco y trato de retribuirle cada vez que puedo. Mi lema personal es: ¡Arte! ¡Comunidad! ¡Colaboración!.
Puedes ver el resto de la serie y más del trabajo de Shilo McCabe aquí.
Por Liz Misterio
Entrevistamos a la artista española Manuela Torres García para conocer un poco más sobre su proceso creativo y las ideas detrás de sus obras que ejercen una siniestra seducción en el espectador, a la vez que levantan cuestionamientos sobre las sexualidades femeninas que escapan a la normalidad.
Liz Misterio.- Tu serie se llama Histéricas, ¿Por que decides emplear éste termino que refiere a la patologización del deseo femenino?
Manuela Torres.- Elegí el título Histéricas para dar nombre a una serie de pinturas y dibujos que he ido desarrollando más o menos entre 2008 y 2011. Todo empezó cuando cayó en mis manos un libro muy interesante, La invención de la histeria, de Georges Didi-Huberman, que me fascinó. Actualmente utilizamos de forma habitual el término “histeria” para referirnos a una situación inusual de gran agitación o miedo (como por ejemplo “histeria colectiva”), o el adjetivo “histérica” para describir a una mujer que reacciona o actúa de modo “excesivamente emocional”, que llora, grita, se expresa sin comedimiento, que está nerviosa, que se ríe desmesuradamente… resumiendo, que no respeta la norma social en lo que a expresión de emociones se refiere.
En principio, me interesaba comparar el uso actual del término y el uso que se le dio a partir de su nacimiento como enfermedad, allá por el siglo XIX. Aunque más bien se trataba de un síndrome, es decir, de un conjunto de síntomas, sin que en ningún momento el estamento médico-científico haya podido “aislar” el elemento responsable de la histeria (como ocurre ahora con el SIDA, por ejemplo). Y me interesaba también cómo la histeria se definió en aquel momento a partir de una patologización de la sexualidad de las mujeres, ya fuera por exceso, por defecto o por el simple hecho de ser mujeres.
Este libro me abrió los ojos a un mundo que me fascinó de inmediato: por un lado, la construcción histórica de la histeria desvela cómo los distintos aparatos de poder trabajan al unísono para construir y modificar nuestras condiciones de vida, y por otro lado, cómo las personas inventamos estrategias y encontramos recursos para hacer vivible la existencia. En el caso de la histeria, se unieron el aparato médico-psicológico y el visual. Charcot, el médico que intenta definir y clasificar las fases y características de la “enfermedad”, ideó un hospital (La Salpetrière, en París) que funcionó como un auténtico museo científico viviente. Disponía de salas de fotografía, para inmortalizar a las enfermas en mitad de sus ataques, y de un anfiteatro que funcionaba como aula donde los alumnos podían presenciar estos en directo; además, escultores profesionales obtenían moldes de los cuerpos de las mujeres in situ para obtener reproducciones de escayola, así como dibujantes.
Algunos de los absurdos tratamientos que se les aplicaban consistían en hacerles oler materias malolientes, comer porquerías o escuchar sonidos insoportables (con el fin de calmar al útero, fuente de histeria); otros consistían en los conocidos masajes vaginales y clitorianos, ya fuera con los dedos, con chorros de agua o con aparatos (naciendo así el vibrador en su forma arcaica), es decir, la aplicación de orgasmos controlados.
Todo este rodeo es necesario para poner en claro cómo nace la idea de las pinturas y dibujos que componen Histéricas. El primer cuadro de la serie, aún sin haber decidido pintarla, lo realicé en España, poco antes de irme a vivir a París, donde inesperadamente en una exposición me topé con unas fotografías antiguas de mujeres internadas en La Salpetrière. Me impactaron tanto que a partir de entonces me centré en este proyecto.
Me interesan mucho aquellas histéricas rebeldes, que a menudo aparecen burlonas o desafiantes frente a la cámara, que saltaban por la ventana, que seducían a médicos y estudiantes, que desplegaban sus ataques de histeria como coreografías bien aprendidas para que las dejaran en paz, conocedoras de la mentira que se les atribuía… Ancianas, putas, vagabundas, mujeres que rechazaban el matrimonio, otras que querían vivir solas, las que tenían una vida sexual demasiado intensa… todas convivían en el sanatorio, como un cajón de sastre que para muchas se convirtió en una prisión, de la que ya no salieron con vida. El proyecto Histéricas nació porque me sentía heredera de ese desdén y de esa burla, y al mismo tiempo del drama de sus vidas y de su rabia. Así que decidí dar salida a estas contradicciones por medio de la pintura, tomando como referentes algunas imágenes de la época y otras de personas de mi entorno, mezclándolas con elementos del presente, preguntándome a qué tipo de mujeres y cuáles de sus prácticas sexuales se tacharían hoy de histéricas. Y además he querido incorporar un componente irónico, como una especie de guiño u homenaje a las histéricas del pasado, porque ellas lo sabían, sabían lo absurdo que era todo aquel montaje… como los montajes que nos construyen la vida ahora.

LM.-Tus personajes a primera vista lucen inocentes, incluso infantiles, pero paradójicamente en sus actitudes rompen con éste estereotipo y se perciben deseantes y desafiantes ¿De donde vienen estos contrastes?
MT.-Estos contrastes, no sé muy bien de dónde vienen, la verdad. Esta es una constante en todo mi trabajo, y sigo sin querer desprenderme de este recurso, aunque cada vez mis niñas son menos niñas, y las cabezas van dejando paso a los cuerpos enteros… Pienso que la vida está impregnada de ambigüedades, de contradicciones; por suerte en todo hay aristas y matices, y no me interesan para nada ni la objetividad ni las verdades absolutas, no me las creo, y la absoluta coherencia tampoco.
Me interesa ese “a primera vista” que señalas, porque es un engaño, una apariencia, un juego, y sin embargo a la vez es real; conozco gente que prefiere quedarse con eso y me parece estupendo, solo quiere ver la candidez o una belleza inocua; sin embargo considero que mi trabajo expresa más allá de eso, que hay que mirarlo varias veces y detenerse en él, y aun así a veces ni yo misma sé del todo lo que busco plasmar. Pero sí, rotundamente uno de mis objetivos es provocar algún tipo de cortocircuito o incertidumbre interpretativa. Es estupendo poder pintar a una “niña” que al mismo tiempo atrae y provoca repulsión; que resulta frágil y adorable pero que tiene muy claros sus deseos y va a por ellos sin pensárselo dos veces, que te mira desafiante, o incluso te amenaza, mientras estás pensando que es hermosa; es una libertad que solo me da la pintura.
LM.-¿Qué papel juega el BDSM en tu imaginario?
MT.- El BDSM para mí simboliza una herramienta para manejar los roles de poder en general, no solo sexuales sino los que se dan en todos los ámbitos de la vida. No siempre es posible, pero sí se puede trabajar sobre ellos, aprender y ser consciente del rol que tú misma estás jugando, a veces sin darte ni cuenta, y sobre todo para ser consciente de qué tipo de roles quieres o no asumir, qué límites estás dejando cerrados o abiertos… me parece un aprendizaje muy arduo.
A nivel del imaginario, me interesa porque evoca una carga bastante ambivalente, porque no están nada claros los roles de los personajes de mis cuadros, no se pueden delimitar claramente. También a un nivel puramente visual, me interesa incorporar elementos de la cultura BDSM para situar cronológicamente las escenas en el presente, en un presente de mujeres que los incorporan en su sexualidad.
LM.- Tus imágenes evocan a la movida postporno ¿Cómo te relacionas desde la pintura con éste movimiento?
MT.- Tampoco sé muy bien cómo me relaciono con el postporno, ni si se puede establecer una relación directa entre este y mis pinturas… Lo cierto es que he creado Histéricas en una etapa de absoluto fervor hacia la postpornografía, que acababa de descubrir. En 2009 pude presenciar algunas performances en directo, durante las jornadas Interferencias Viscerales, organizadas por Arms Idea en la universidad politécnica de Valencia. Me parecía increíble llegar a la facultad de bellas artes, como de costumbre, y encontrarme por allí a Diana J. Torres paseándose medio desnuda, a María Llopis, a Post Op… parecía el mundo al revés. Durante los días que duraron, aquel entorno habitual bastante gris y previsible se llenó de colorido y se convirtió en algo inesperado donde cualquier cosa podía pasar. A partir de aquí mi interés fue creciendo, y al final la investigación teórica sobre arte contemporáneo (otro de mis intereses), que había ido a hacer a Francia, terminó por centrarse en el postporno “español”. Y he de decir que despertó bastante interés y que estoy muy satisfecha de todo lo que aprendí en aquella etapa de trabajo frenético: escribir y pintar, pintar y escribir.
Y pinté a mis histéricas mientras estaba totalmente sumergida en el postporno: fotos, vídeos, poemas, jornadas, textos, cine… todo eso está presente en las pinturas. De alguna manera también me movía el deseo de plasmar estos descubrimientos a través de los pinceles, de abrir mis propios imaginarios sexuales y ver qué pasaba…
LM.- A menudo las obras que retan los cánones de representación de la sexualidad confrontan a las espectadores con sus miedos y sus deseos ¿ha habido alguna actitud de los espectadores o de la crítica ante tu trabajo que te sorprenda?
MT.- Sí, hubo quien me tachó de pederasta hace un tiempo, una persona con buena intención que trabajaba con niñxs abusadxs, y que en su rabia se equivocó de enemigo al que linchar… porque llegó a utilizar un lenguaje bastante violento hacia mí. No hubo manera de hacerle entender nada, así que desistí, cada cual que piense y que interprete lo que pueda o quiera… Esto por un lado me enseña que no se puede razonar con quien no quiere razonar, y por otro pienso en la verdadera caza de brujas que estamos viviendo ahora con todo este tema de la pederastia. En un clima como este alguien así te puede hacer mucho daño, pero finalmente esta interpretación se quedó en algo anecdótico que cayó por su propio peso. He de recalcar mi rechazo a cualquier tipo de abuso o de violencia hacia quien sea, niño, adultx o animal no humanx. Pero creo que en el fondo no se están poniendo los medios para que estas violencias desaparezcan, y que toda esta paranoia es una cortina de humo; las instancias poderosas están ocupadas con otros asuntos.
A veces aún me sorprende que, en general, mi trabajo suele tener una buena acogida. Esto quizás sea porque no es totalmente desagradable ni inquietante, por esa imposibilidad de no ver la parte hermosa que hay en él, la belleza, que por otro lado cada vez me interesa más encontrar.
Lo mismo expongo en salas de museo que en peluquerías o en sex shops, y esto que en un principio llegó a decepcionarme bastante, ahora me parece estupendo porque puedo llegar a más público y más diverso. Me gusta exponer en galerías, pero entra mucha menos gente, y no sueles vender porque tienes que inflar mucho el precio, ya que tu margen se reduce a la mitad, con suerte. Pero también me gusta exponer en restaurantes, porque hay más público y es un perfil mucho más diverso, y puedes hacer más accesible tu trabajo en todos los sentidos, aunque a menudo no cuentas con las mejores condiciones técnicas (iluminación, etc).
Dibujos Rurru Mipanochia, y textos de V de Vayaina
En la serie Caquita Mills Rurru Mipanocha (ilustración) y V de Vayaina (texto) exploran la complicidad de la relación entre texto e imagen. Tanto una disciplina como la otra tiene su propio lenguaje, pero al mismo tiempo, una imagen puede entenderse como texto porque se creó a partir de un contexto determinado, es decir un discurso.
Como bien decía Francisco H. Vázquez, teórico y ensayista chicano: “discurso es la relación simbiótica de poder y lenguaje”[1]. Es decir, la manera en que articulamos nuestros pensamientos a través del lenguaje está determinada por ciertos códigos que dictan qué es digno de externarse y cómo, y qué no puede -¡siquiera!- figurar en el imaginario colectivo.
El lenguaje a partir del cual se crearon tanto el texto como la imagen, deja salir las voces de aquellxs cuya presencia ha sido y sigue siendo censurada. En la imagen, por ejemplo, encontramos los colores turquesa que nos remiten a los códices en algunas construcciones antiguas, así como también osamentas y figuras que recrean el imaginario de las civilizaciones del México prehispánico. Civilizaciones destruidas con la llegada de occidente y por su propia avaricia, antes de la conquista.
Resulta innegable el hecho de que vivimos en un mundo revuelto, un México extraño lleno de tortillas con chile, tomamos vino, bailamos cumbia y cantamos en inglés. Occidente se nos metió hasta la médula al grado de nos distinguirlo ya de nosotrxs, hablamos español por default, y en la mayoría de nosotrxs tenemos el inglés como segunda lengua, estudiamos textos en inglés e incorporamos palabras de esa lengua a nuestra habla como si fuera de lo más natural. Y quizá lo es, las palabras se nos cuelan entre los dientes y lo vemos en estos textos, en donde podemos encontrar que hay una fusión de vocablos, lenguas y campos semánticos. Es una manera de evocar la mezcla de culturas que ya es parte de nosotrxs.
Tanto texto como imagen se despliegan en un tono de alegría y juego. Esta serie es una complicidad con la infancia que se resiste a abandonar los cuerpos de aquellxs híbridos, los productos del mestizaje cultural y sexual. Vemos chicxs con penes enormes, calaveras con chichis, muchos colores y un lenguaje coloquial que le guiña el ojo al dialecto de nuestras queridas Drag Queens.
Sabemos que somos múltiples, que somos legión. Nuestra serie trata de contener todas las contradicciones de las que somos capaces. Pero estamos conscientes de que no lo abarca todo, es imposible. Nos (d)enunciamos desde el D.F.: una ciudad, la más grande del país, llena de basura industrial, de placeres superficiales para llenar el vacío que provoca el trauma de estar lejos de un ambiente natural y espiritual.
Hay más allá afuera, debe haber más.
V de Vayaina.
[1] Francisco H. Vázquez. “Chicanology: A Postmodern Analysis of Meshicano Discourse”. (1992).
Puedes ver más del trabajo de Rurru Mipanochia en: