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Fotoperformance Decolonial X.1: (Trans)gresiones Transfeministas desde Abya Yala, con Amor

performance por Brittany Chávez

fotografía por Cecilia Monroy

Hay veces cuando la linea entre la performance y la vida real se borra. Esto es uno de estos momentos. En este caso, la performance se convierte en método de investigación sobre mi transción a trans*.

Trans* para mi incluye: un espacio de doble espíritu (no doble de dicotomía pero doble de multiplicidad), un uso temporal del testogel, trabajo performativo en cámara lenta que archiva y celebra cambios corporales sútiles, y una reconfiguración de mi identidad de génerno hacia mi máxima potencialidad de romper con la binaria, incluso espiritualmente. Es un espacio por lo cual aún no tenemos pronombres ni palabras. Con papa Afro, Indígena y Latino y mama Europea, este espacio cita y es parte del matriz complejo de mi locus de enunciación. Trabajo hacia la descolonización de mi cuerpo al rehusar ser completamente mujer ni hombre, ni un deseado y perfecto espacio liminal. Estoy en un proceso corporal siempre por realizarse y en desarollo, sin una meta final. Hablo de una corporalidad en fluxus. Desde aquí hablo, siento, y veo el mundo.

Rechazo mis opciones en la binaria hombre y mujer. Trans* es un posicionamiento corpo-política-espiritual que tiene realidades sociales con efectos materiales en Abya Yala. Desde aquí, enraízadx en las políticas que se presentan, voy a vivir, amar, y sentir.

 

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Brittany Chávez: Artista-Intelectual Militante-Activista-Pedagoga. Estudiante de doctorado y integrante principal del colectivo La Pocha Nostra. Para más: brittanychavez.org.

Cecilia Monroy Cuevas: Estudió Artes Audiovisuales en el Centro Universitario de Medios Audiovisuales en Guadalajara. Cursó el Seminario de Fotografía Contemporánea 2010 del Centro de la Imagen. Cuenta con seis muestras individuales, entre las que destacan: Indagaciones, La humedad del inconsciente y Canto en Flora. De manera colectiva ha expuesto en México, Estados Unidos y Austria. Ha realizado más de diez producciones en video. Obtuvo la beca Jóvenes Creadores del PECDA Chiapas (2010) y un reconocimiento en la Bienal Internacional Women the Image Creators 2005. Dos años más tarde realizó una residencia en Austria con el proyecto Jardines de artistas, que exhibió de manera individual en el Instituto Cultural Mexicano de la Embajada de México en Viena. Fue miembro del comité organizador del Colectivo Fotógrafos Independientes (2002-2011). Realizó la dirección de fotografía para el documental La pequeña semilla en el asfalto (2010), que se hizo acreedor al Premio del Festival Voces contra el Silencio 2012. Actualmente trabaja en proyectos relacionados con la promoción y la formación del cine documental.

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Oncogrrrls, cáncer de mama en cuerpos disidentes

Marisa Paituví, Barcelona, 31/10/14

Oncogrrrls, es un proyecto de acción performativa e investigación crítica en torno a las representaciones del cáncer de mama y la cultura del Lazo Rosa mediante la performance, la danza y la videodanza y, a su vez, una plataforma de autoaprendizaje y construcción colectiva de saberes (Novella, 2014). Entendido como proceso de investigación/creación, usamos diferentes técnicas de la danza y la performance para hacer del movimiento una política con la que investigar, crear y compartir conocimiento incorporado entendiendo “el cuerpo no como una entidad autónoma y cerrada sino como un sistema abierto y dinámico de intercambio que produce constantemente modos de sometimiento y control, así como de resistencia y devenires” (Lepecki, 2009). Así, a nivel teórico y práctico, usamos la noción de embodiment con el deseo de superar la idea de que lo social se inscribe en los cuerpos para hablar de lo corporal como un auténtico campo de cultura, un proceso material de interacción social, subrayando su dimensión potencial, intencional, intersubjetiva, activa y relacional (Esteban, 2004). El cuerpo así es considerado agente y espacio de intersección tanto de orden individual como social. Con ello, compartimos la idea de Beatriz Preciado de que “el cuerpo no es sólo el cuerpo físico; eso es una ficción de la medicina… El cuerpo es subjetividad política, no hay separación. Va más allá de la carne” (Preciado, 2014).

    El proyecto se gestó en 2012 cuando Novella y yo misma nos propusimos trabajar acerca del tránsito por la enfermedad durante su propio tratamiento. Después de más de un año de elaboración, nos aliamos a 6 mujeres con las que, tras un mes y medio de proceso intensivo de creación, produjimos (Paréntesis), una pieza de videodanza acerca de la metáfora de la espera durante el tratamiento por cáncer. Este proyecto nace pues de la necesidad de entender cómo el diagnóstico y el tratamiento por cáncer de mama se incorporan en los cuerpos y de la voluntad de resignificarlo más allá de la infantilización, la feminización y la mercantilización de los espacios simbólicos de las mujeres diagnosticadas y su entorno. En este breve ensayo quisiera presentar algunas de las paradojas a las cuales hicimos frente.

    Àngel Martínez Hernáez, citando a Byron J. Good, dice que la enfermedad no es solo un conjunto de signos y disfunciones biológicas predefinidas, sino que es un síndrome de experiencias típicas, un conjunto de palabras, experiencias y sentimientos que se entienden como un conglomerado para los miembros de una sociedad. Este síndrome es un conjunto de experiencias asociadas entre si a partir de una red de significaciones e interacciones sociales. Por tanto, una enfermedad es también un conjunto de significados para los miembros de una sociedad dada (Martínez Hernáez, 2008). De ello dio cuenta Susan Sontag quien, durante su experiencia personal ante el tratamiento por cáncer, se posicionó ante el discurso en torno a esta enfermedad y se enfrentó a sus metáforas, ya que las consideraba negativas tanto por la forma en que el paciente llega a entender el proceso como por la manera en que se le integra en su entorno. En “La enfermedad y sus metáforas” explica que durante el s. XIX la idea de enfermedad se modificó y pasó de ser un castigo para el pecador a una expresión del carácter, un resultado de la voluntad. Desde entonces la enfermedad se entenderá como la revelación de deseos que el paciente ignora, pasiones ocultas que se han de descifrar. La enfermedad será un hecho básicamente psicológico y a los sujetos se les hace creer que se ponen enfermos porque (subconscientemente) es lo que quieren, y, por tanto, que pueden curarse movilizando su fuerza de voluntad. Estas teorías psicológicas atribuyen al sujeto la doble responsabilidad de haberse puesto enfermo y de curarse (Sontag, 2008). Durante las sesiones con Oncogrrrls muchas de las participantes referían esta responsabilidad, junto a la culpa y la vergüenza, a la que respondían con una sonrisa para no molestar (ni a la pareja, ni a la familia, ni a los amigos, ni a los médicos, ni a la sociedad) y encarar con buen humor, ánimo y valentía el proceso porque, según la cultura mayoritaria del Lazo Rosa, “la actitud es lo que cuenta” (cito a O.). Esta responsabilidad de la paciente hacia su curación se relaciona de forma paradójica a la sugerencia de los médicos hacia éstas de “dejarse llevar”, de tomar “un paréntesis” en sus vidas (O.). Al atravesar el umbral del diagnóstico el sujeto pasa a convertirse en objeto de tratamiento, se le despoja de voluntad, de capacidad de decisión, se le coloca en un paréntesis temporal durante el que ha de tener confianza ciega en los expertos para obtener los resultados más deseables. Joe Spence se rebeló a ello. Cuando la artista británica fue diagnosticada y tratada por cáncer de mama, necesitó integrar su proceso. Convirtió la fotografía en un dispositivo terapéutico con el que elaborar la rabia y el dolor. En Narratives of a Dis-ease (1990), trabajo realizado con Tim Sheard, se muestra como un objeto infantilizado bajo la mirada médica, como un espécimen vivo, el monstruo con su pecho canceroso… A través de este método de trabajo buscó el lenguaje del sujeto para dejar de ser una víctima y convertirse en participante activa de su sanación (Jo Spence, 2005). Como Oncogrrrls, apunta Novella, también propusimos hacer visible el disenso, el desacuerdo ante la paradoja de ser responsable de la enfermedad y a la vez mostrarse pasiva ante el tratamiento. Buscamos alternativas a la «Tiranía de la sonrisa» (cito a N.) a través de ejercicios en que manipulamos nuestros cuerpos para deconstruir y reformular la propia agencia ante el sistema médico. En este planteamiento, los cuerpos desviados (enfermos) resisten al poder biomédico para devenir disidentes.

Parèntesi from Carlota Grau on Vimeo.

    La forma en que el paradigma biomédico satura las concepciones que tenemos del cuerpo enlaza con las ideas de poder de Foucault (Foucault, 2009). Podríamos decir que el poder [biomédico] es difuso y deslocalizado, atraviesa la sociedad y todos los cuerpos; no se posee, sino que se ejecuta. Desde la institución biomédica se generan narrativas, se producen paradigmas de interpretación de lo real que se reproducen e imponen en cuerpos y subjetividades. Desde el saber biomédico se articulan los mensajes sobre cuándo es lícito suspender la vida (como en los casos de eutanasia o aborto), qué hábitos (de alimentación, higiene, sexualidad, actividad o reposo…) son los adecuados para tener un cuerpo saludable y cuál es su estética, qué conductas son patológicas y susceptibles de medicación… todo ello a través de la gestión del riesgo y el miedo al contagio. Así el campo biomédico funciona como una institución normalizadora que a través de sus mensajes reproduce y perpetua ciertas creencias sobre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, a la vez que actúa sobre los sujetos biologizándolos, esencializándolos, enmarcándolos en una visión dimórfica de género. Desde este campo se ejerce una violencia simbólica que mantiene el orden heteronormativo reproduciendo unos estereotipos sociales a través de protocolos médicos y comités de ética. Los cuerpos enfermos, desviados, a su paso por la maquinaria médica, son desposeídos de agencia, se los objetualiza, para readecuarlos a la forma que socialmente se espera. La propia institucionalización de los procesos impide la apropiación de los mecanismos de salud tanto por parte de las profesionales como de las usuarias. Las primeras quedan atrapadas en la burocratización de tiempo y espacio, en la imposibilidad de actuar, en la frustración. Tal como expresa C., médica de cabecera en un CAP, quien dudó de la posibilidad de este supuesto poder biomédico alegando que en su práctica médica no siente que tenga ningún tipo de poder de decisión y que ella, como médica no cree que pueda ejercerlo. Asimismo piensa que no se ha de liberar a la sociedad de la responsabilidad que tiene en la perpetuación de ciertas prácticas y tratamientos médicos que se efectúan según cuestiones de roles de género. Las segundas, quedan desposeídas e infantilizadas perdiendo la opción de subjetivación y de construcción de la propia identidad biopsicosocial. La subjetivación aquí es entendida como un proceso dinámico que hace referencia a modalidades de acción, de un poder performativo, que posibilita que la vida sea constantemente inventada y reinventada sin menospreciar, como reflexiona André Lepecki (Lepecki, 2009), el efecto destructivo de las fuerzas hegemónicas que constantemente prueban de dominar e impedir la creación de subjetividades al obligar a entrar en mecanisos reproductores de sumisión, abyección y dominación. Este ejercicio de poder se puede observar en la petición de C., quien solicitó mastectomía total en vez de reconstrucción protésica, y la negativa del sistema de salud debido a razones protocolarias en las que se establecía que la solución de mastectomía era una mutilación e iba en contra del código ético fijado. Este caso se relaciona con la idea de que el tratamiento de la enfermedad responde a una visión estereotipada de la mujer y de su papel en la sociedad muy arraigado en la forma en que simbolizamos el pecho y sus funciones. A lo largo de la historia de la cultura occidental, el pecho ha estado construido como evidencia corporal que separa naturalmente hombres de mujeres. Es uno de aquellos aspectos que ratifica simbólicamente la división dualista que impregna la cultura occidental. Siguiendo a Bourdieu (Bourdieu, 2010), el programa social de percepción incorporado se aplica a todas las cosas del mundo siendo esta diferenciación biológica la que aparece como justificación natural de la diferencia socialmente establecida entre sexos. Dentro de la perspectiva histórica que hace M. Yalom, aparece la figura de la amazona. En la literatura griega clásica, a las amazonas se las presenta como todo eso opuesto a lo que las mujeres deberían de ser: se niegan a casarse y van a la guerra, no solo son independientes a los hombres sino que les muestran una enérgica hostilidad. Estas mujeres, que se cortaban el pecho para facilitarse el uso del arco, representaban las fuerzas destructoras que se liberan cuando las mujeres abandonan su papel de criadoras. Dice la autora, que desde una lectura psicológica de la perspectiva de los hombres, se puede ver como una expresión del miedo a la venganza que se oculta en la psique de aquellos que ostentan la posición de dominio. Los hombres temen no sólo que se les retire el pecho que les alimenta, sino también una agresión (ginofóbia). Esta imagen de la amazona (etimológicamente “sin mama”) y sus connotaciones simbólicas de mujer contra-natura, parece atravesar el tratamiento de la enfermedad. Me pregunto si la trasgresión de esta imagen de mujer y de sus funciones reproductivas en el caso de las mujeres intervenidas, deja entrever esta ginefobia, este miedo a que la mujer deje el lugar que le ha sido asignado y se rebele en contra de un sistema que la limita a madre cuidadora y objeto de placer estético y sexual. Ello podría explicar porqué el primer tratamiento que recibió O. después de ser diagnosticada, fue el de preservación de la fecundidad por crionización de sus óvulos a la vez que se le negaba el acceso a otras vías de conservación del embrión porque no tenía pareja estable. La urgencia de esta preservación de la maternidad en el cuerpo enfermo de mujer joven, con el complemento de idea de familia heteronormativa y filiación biológica, desvelan una vez más el imaginario hegemónico que activa la maquinaria biomédica y sus protocolos.

    Pensando en ello vuelve a mí la fotografía de la artista británica Joe Spence en la que se ve su pecho intervenido y escrito sobre su busto la palabra monster. En este autorretrato Spence desvela lo siniestro, rompiendo directamente las reglas estéticas que configuran lo bello. Frente a esta imagen uno no puede evadir el espanto sobre lo que se revela. Por una parte, el cuerpo monstruoso de mujer, deformado por la intervención quirúrgica, atacando frontalmente las representaciones de feminidad. Por otra, el cuerpo transformado por la cicatriz rompe con la construcción naturalista de lo corporal. Construcción que lleva a esencializar a los individuos y sus conductas y que sirve de base a la diferenciación arbitraria de género.

    La trampa cultural se desvela sobre el cuerpo de Spence, un cuerpo que ha dejado de ser femenino para entrar en una identidad liminal, ambigua, un monstruo hablando en términos de representación. ¿Cómo evitar esta pérdida de representación? ¿Cómo perpetuar el orden dimórfico de género? Es como mínimo curiosa la preponderancia que tiene el cáncer de mama sobre otros (como el colorrectal, los hematológicos…), todas las campañas de visibilización y sensibilización, de feminización de los tratamientos y enmascaramiento de sus efectos con pelucas, pañuelos y prótesis. En relación a esto, en mayo del 2013 apareció la noticia de la doble mastectomía total de carácter profiláctico al que la actriz Angelina Jolie se sometió voluntariamente. En My medical choice (Jolie, 2013) declaró que tomó la decisión para evitar sufrimiento a sus hijos y que su marido siempre estuvo a su lado. También explicó que, gracias a la reconstrucción no siente que haya perdido su feminidad. Su lucha, su heroicidad (decisión descrita así por su marido) refuerzan de nuevo los roles de género, la centralidad de la familia y la idea de feminidad (madre y bella) asociada al pecho. Pero también la proyección del Pecho como portador del mal, destructor de vida (Thanatos) que ha de ser extirpado sin miramientos. Según Marilyn Yalom (Yalom, 1997), históricamente el pecho ha estado codificado mediante connotaciones de pecho bueno (capaz de alimentar a un recién nacido o alegóricamente la comunidad religiosa o política) y de pecho malo (donde el pecho se convierte en agente de seducción e incluso de agresión, o portador de enfermedades). A lo largo de los tiempos, la mayoría de descripciones del pecho femenino han expresado el punto de vista de los hombres en un intento por parte de éstos y las instituciones de apropiárselo. Por ello las mujeres se han visto obligadas a desafiar los poderosos significados que los pechos comportan como dispensadores de vida y, a su vez, destructores de vida. Dice que para muchas mujeres sus pechos personifican la tensión entre Eros y Thanatos, vida y muerte. Dualidad evidente en las mujeres diagnosticadas de cáncer de mama. Así cuando G. tras uno de los ejercicios exclamó que había vuelto a sentir sus pechos como suyos, no ya de su hija a la que amamantó durante más de un año o de los médicos que lo examinaban como si fuera una cosa externa a ella, una pieza a arreglar… no sólo estaba evidenciando la carga simbólica dual, sino la disociación entre cuerpo y sujeto, la cosificación a la que el cuerpo es sometido durante el tratamiento médico. A través de los ejercicios de danza y la creación de la pieza (Paréntesis), de acuerdo con Novella, quisimos interrumpir las narrativas hegemónicas para explorar sus paradojas y reapropiarnos de los cuerpos viviendo la calidad política de la propia presencia con las otras, resignificando el dolor y la rabia, reconociendo el disenso, poniendo en cuestión la autoridad de la medicina y, como gusta decir a O. parafraseando a B. Kruger, incorporando la idea de que “el cuerpo es un campo de batalla”.

 

 

 

Trabajos citados

Bourdieu, Pierre. 2010. La dominación masculina. Barcelona : Editorial Anagrama, S.A., 2010. 9788433905895.

Esteban, Mari Luz. 2004. Antropología del cuerpo. Género, itinerarios corporales, identidad y cambio. Barcelona : Ediciones Bellaterra, S.L., 2004. 8472902706.

Foucault, Michael. 2009. Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión. Madrid : Siglo XXI de España Editores, S.A., 2009. 9788432303326.

Jo Spence, Terry Dennett, Jessica Evans, Rosy Martin, Jorge Ribalta, David Roberts, Tim Sheard, Siona Wilson, Jan Zita Grover. 2005. Catálogo de Exposición: Jo Spence, más allá de la imágen perfecta. Fotografía, subjetivvidad, Antagonismo. Barcelona : MACBA, 2005. 978-84-89771-18-5.

Jolie, Angelina. 2013. My medical choice. The New York Times. The opinion pages. [En línea] 19 de mayo de 2013. http://www.nytimes.com/2013/05/14/opinion/my-medical-choice.html.

Lepecki, André. 2009. Agotar la danza. Performance y política del movimiento. Alcalá de Henares : Universidad de Alcalá , 2009. 9788481388206.

Martínez Hernaez, Ángel. 2008. Antropología médica: teorías sobre la cultura, el poder y la enfermedad. Barcelona : Anthropos, 2008.

Novella, Carolina. 2014. Performativity as engaged waiting in the Oncogrrls project. Manuscript in preparation. University of California, Davis.

Preciados, Beatriz y Forcades, Teresa. 2014. Encarnar disidencias. Entrevista a Beatriz Preciado y Teresa Forcades. Teresa Forcades. [En línea] Junio de 2014. https://teresaforcades.files.wordpress.com/2014/08/encarnar-disidencias.pdf.

Sontag, Susan. 2008. La enfermedad y sus metáforas: el sida y sus metáforas. Barcelona : Debolsillo, 2008.

Yalom, Marilyn. 1997. Historia del pecho. Barcelona : Tusquets Editores, S.A., 1997.

 

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Marisa Paituví.

paituenaccio.wordpress.com/about/

 

 

 

 Oncogrrrls son O. N. C. G

Oncogrrrls son O. N. C. G. paituenaccio.wordpress.com/about/

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Malviaje en el Planeta de los Normales

Por ChavoAstro/César Granados

La locura vino al principio juguetona, al principio artista… luego una noche desbordó quebrando reglas que desquiciaron de a poco primero la vida de mi gente cercana, luego la vida mía. Después a correr con los batas blancas porque ellos saben, saben diagnosticar y dar tratamiento, que de todo se ocupaba menos de ayudarme a reencontrar mi lugar en el mundo.

Y como vino la locura, empezó a hacerme guiños a despertar artista adolorida encabronada, vino a recordarme que el camino iniciado seguía siendo pista. Vino diciendo “Haz tus magias, constrúyete en tus rituales”, así comenzó de nuevo solo, siguió adelante mi proceso. Transformar símbolos, crearlos y manipularlos para reactivar realidades fácticas, al menos inmediatas. Es decir, ser consciente de mis carencias, de las carencias en mi tratamiento clínico y desde ahí ir buscando cómo procurarme lo que nadie más había sabido darme: Amor con poesía. Y, siendo justos, formularlo para luego decirlo no es ni tantito fácil, mejor había que hacerlo. Así empecé a responsabilizarme de mis malestares transmutándolos en bienestares, en ritos-performance para asentar que el cambio viene en etapas; en historietas trazadas sobre textos de psiquiatría en los cuáles darme forma superheróica para afirmar que si se dibuja ya no es imposible y claro en la escucha de mis maestrxs hablando desde sus páginas impresas, desde sus charlas y compañías.

 

Ahora Astrochavo anda, quizá ya no se espera a que lo vista para Ser-Haciendo, pero es mejor porque mis magias son más efectivas cuando las reafirmo diario, cuando me acuerdo qué hace falta sin necesidad de encuerarme y pintarme.

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César Granados (México) Egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la U.N.A.M. así como del Seminario de Medios Múltiples 4 con quienes publica un libro homónimo en 2014.

 

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Issay Rojas. Carne santa

 

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Issay Rojas Velasco nace en el Estado de México un 29 de enero de 1986, Fue miembro unnamedactivo del Club Fotográfico de Mexico (2008-09). Cursó el diplomado de Fotografía Digital en Laboratorio Mexicano de Imagen (2009) , un taller de Maquillaje y caracterización FX en Gimnasio de Arte (2012). Es egresado de la ENAP -(2009-13), inclinándose hacia el lenguaje de la fotografía y videoarte. Ha participado en más de 15 exposiciones colectivas de varias disciplinas, videoarte, instalación, fotografía y escultura.  Actualmente participa en el proyecto “Esquizofrenia, arte y locura” del Hospital Psiquiátrico Samuel Ramirez Moreno.

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Rompiendo la línea. El cuerpo en las fotografías de Laurent Benaim

Marisol Maza

Cuerpos contenidos y desbordados, plenos, rebasados de sus formas, fragmentados, deseantes y deseados, incompletos, complacientes y complacidos, dolientes, bellos.

Cuerpos en tanto carne, vulnerables, espacios para la expresión del deseo y el placer. Cuerpos en tanto territorios de placeres compartidos.

Lo que confronta del cuerpo alterado, el que rompe las líneas, es la alteración que hay en los estereotipos e imaginarios que se tienen sobre éste. Cuando el cuerpo cambia de forma o no se adapta a las formas establecidas, se da forma a un nuevo espacio en donde se redefinen los cánones de belleza y erotismo.

Esta es la belleza en las fotografías de Laurent Benaim. La belleza de la línea curva, flexible, que rompe los moldes, para generar otras formas de erotismo basadas en la aceptación y el goce del cuerpo como tal. El cuerpo completo con su falta, pleno en su saturación, armónico en su falta de equilibrio.

Laurent Benaim (Francia, 1965) trabajó primeramente como fotógrafo profesional de moda y arquitectura. Desde hace 15 años se dedica exclusivamente a su producción artística, expuesta en numerosas ocasiones en distintos países europeos y por la cual es conocido como uno de los más famosos autores de fotografía erótica.

Ya no busca a sus modelos. No les contrata porque la intención de sus imágenes es el disfrute verdadero de los cuerpos. Ellxs han visto su trabajo y llegan a él queriendo ser fotografiadxs.

Sus imágenes son hechas en goma bicromatada, técnica fotográfica del siglo XIX, que consiste en aplicar a papel de algodón una emulsión fotosensible que permite la impresión, dando como resultado imágenes monocromáticas que remiten a los inicios de la fotografía.

Se han publicado dos libros sobre su obra: Corpus Delicti (2002) y Lunacy Things (2008).

Más información sobre Laurent Benaim:

laurentbenaim.tumblr.com

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Marisol Maza (México, D.F) Artista Visual. Trabaja con fotografía e intervenciones al espacio público. Su trabajo se ha presentado en varias ocasiones en México y el extranjero. Actualmente trabaja en el proyecto Cartografías Temporales que consiste en intervenciones a partir del mapeo de las ocupaciones temporales en espacios urbanos. 

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Carne viva

Breve serie donde la fotografía como elemento de captura de imágenes reales facilita el cuerpo gordo como motivo para la sintaxis visual, proponiendo un juego gráfico donde, mediante el bordado y el color, se celebran las formas gordas generando nuevas a partir de ellas; ovacionando al bordado al despojarlo de su carácter de técnica, haciéndolo parte activa del discurso donde se celebra la feminidad y la construcción de sus imágenes actuales, no occidentales.

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Julieta Granados. Artista visual y creadora multidisciplinaria originaria de San Juan del Río, Querétaro, México (1984). Habiendo realizado estudios artísticos en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro, desarrolla desde 2009 una línea de investigación y producción dentro del terreno del arte textil, teniendo como principales influencias los bordados autóctonos de comunidades originarias en diversas regiones, el femmage y el arte popular.

www.facebook.com/JulietaGranadosArtStuff

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LA FRAGILIDAD DE LO ENORME: Breve análisis de sábado por la tarde sobre la obra artística de Santo Miguelito

Por Lechedevirgen Trimegisto

Santo Miguelito o Miguel Peréz, es un artista de San Pedro Cholula, Puebla, quien ha dedicado su obra a la reflexión social desde su propio cuerpo. Se trata de exploraciones en torno a la carga monumental, nunca mejor dicho, de tener un cuerpo distinto y defenderlo de la normalización, las dietas y la aceptación de un corpus social obsesionado con las básculas y las cintas métricas. Miguel ha convivido con la palabra –gordo- en un día a día que cansa y enloquece. En sus series fotográficas como Sufrí lo que sufren muchas, Corpóreo o I’m Wating For You encarna el fenotipo de lo enorme en toda su vulnerabilidad expuesta: aparece cubierto por chocolate líquido sobre un fondo blanco, mostrando su cuerpo en tonos cobre que recuerdan las esculturas de barro fresco o los elefantes blancos bañados en su propia sangre tras el saqueo del mármol. Imágenes violentas y comestibles al mismo tiempo que incitan al espectador a un acto de canibalismo visual, en contra-respuesta a los numerosos anuncios en el mass media de cuerpos esbeltos o bien tonificados.

     Aparece también en una serie de retratos donde su rostro permanece estoico mientras su cabello convulsiona en estilismos de peluquería avantgard, desde las clásicas coletas de colegiala, hasta el corte punk de la chica banda de la que te enamoras por sus pelos parados como un penacho. Logra encarar a quien le mira desde la indefinición genérica de lo ambiguo, el mismo cuerpo gordo posando en distintos paisajes de señalamiento. En resumen, la obra de Santo Miguelito cuestiona a través de los medios visuales y corporales los estándares preconcebidos de la belleza y los ideales canónicos del cuerpo, mostrando aquella fragilidad que se encuentra hasta en las construcciones más anchas y gruesas de nuestros tiempos.

Puedes ver más de su obra aquí: http://miguelperezart.blogspot.mx/

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Sobre el autor:

LECHEDEVIRGEN TRIMEGISTO (Querétaro, México 1991) Pornoalquimista & Criptozoologo de Género.leche

performans cuir extremo / escatología y abyección / posporno y pornoterror/ artivismo disidente / magia y política

https://www.facebook.com/lechedevirgen
 http://lechedevirgen.com/

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Manfloras en Flor

acciones por La Bala Rodríguez y Raúl Morales

fotografía por Pablo Hernández

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Fitting Room – un performance por Lorena Lo Peña

Performance Duracional

Sábado 07 Diciembre 2013 // 2-4pm

Deptford High Street, Londres, Reino Unido.

«Fitting Room» o “Probador”, acción para espacio publico, nace de la experiencia personal de la artista, quien desde muy joven a tenido problemas para encontrar ropa de su talla en las tiendas, sobretodo en las de moda.

Esta acción fue parte del Festival “If On a Winter’s Day” organizado por el colectivo curatorial “Something Human” en Deptford Market, Londres. Durante este festival se realizaron diversas acciones en espacio abierto. La acción de Lorena se realizo en la calle principal del mercado un sábado por la tarde, justo en el rango de horas donde había muchas familias haciendo sus compras navideñas.

En esta performance, ella utiliza la vitrina de una boutique como un ‘probador’, y es ahí donde se enfrenta con una realidad que muchas personas comparten en los probadores: su cuerpo no cabe en el vestido. Ella intenta encajar, entrar. Jala el vestido. Intenta subir la cremallera. Lo estira nuevamente. Toma aire. Lo contiene. Sume la barriga. Fuerza  el vestido una y otra vez. Fuerza su cuerpo una y otra vez. En un arranque de frustración rompe el vestido. Durante toda esta lucha, ella  ha ‘moldeado’ su cuerpo lo más que ha podido. Se ha puesto cinta adhesiva en la barriga, los brazos, las piernas, el pecho y el culo. Todo para intentar entrar en los vestidos. Casi no puede moverse ni respirar. Es en ese momento que surge en ella el reconocimiento de su cuerpo violentado, reprimido y manipulado. Ella se observa.  reconoce su propio cuerpo.

El público, mientras tanto, es testigo de toda esta experiencia. Por lo tanto, es cómplice al momento de su reconciliación. El público se convierte en actor, el cual es invitado a liberar a la accionista de su asfixiante cinta adhesiva. Ella les ofrece unas tijeras. Ellos cortan la cinta. Ella despega la cinta. Ellos también ayudan a arrancársela de la piel. Otros simplemente observan.

Lorena Peña, a través de esta acción, reflexiona críticamente sobre los estándares de belleza en nuestra sociedad actual, cuestionando el «ideal» del cuerpo femenino. Al mismo tiempo, pone en cuestionamiento nuestra cotidiana (re)acción (in)conciente colectiva ante las fuerzas del mercado consumista, que junto con los medios masivos de comunicación y la industria de la moda, intentan modelarnos el cuerpo, moldearnos la mente y controlarnos la vida.

Concepto y Acción: Lorena Lo Peña

Texto: Lorena Lo Peña y Liliana Albornoz

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Lorena Peña. Artista peruana radicada en el Reino Unido. En su obra performática explora temas de idantidad, género y políticas corporales desde un acercamiento autobiográfico.

Web: http://www.lorenalopena.com/

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El cuerpo lesbiano gordo

 Constanza Álvarez

“Cuando soy consciente de mi gordura no puede usarse en mi contra”. Nomy Lamm.

“El cuerpo lesbiano La ciprina La baba La saliva El moco El sudor. Las lágrimas El cerumen La orina Las nalgas Los excrementos La sangre La linfa La gelatina El agua El quilo El quimo Los humores Las secreciones La pus Las sanies Las supuraciones La bilis Los jugos Los ácidos Los fluidos Los zumos Las emanaciones La espuma El azufre La urea La leche La albúmina El oxígeno Las flatulencias Las bolsas Las paredes Las membranas El peritoneo el epiplón, La pleura La vagina Las venas Las arterias Los vasos Los nervios Los plexos Las glándulas Los ganglios Los lóbulos Las mucosas Los tejidos Las callosidades Los huesos El cartílago La oseína Las caries (…) ” Monique Wittig.

“el cuerpo lesbiano no tiene sus límites en la envoltura carnal delimitada por la piel”. valeria flores

¿Desde dónde se evoca la necesidad de construir un cuerpo lesbiano gordo? ¿Cómo hacer un cuerpo lesbiano? ¿Cómo hacer un cuerpo gordo? ¿Cómo hemos sido configuradas? ¿Cuál es la ficción heterosexual en nuestros cuerpos? ¿Cómo la desaprendemos?

   El ejercicio de nombrarse como lesbiana, tortillera, fleta, se vuelve ya un acto de visibilización política vital y, en nuestro caso, como gordas, se vuelve también una praxis de reconocimiento y politización naciente, ardiente, escandalosa, visible, sobretodo en América Latina. Me interesa, en primera instancia, tratar una unión de lo lésbico y lo gordo desde el acto de visibilización, enunciación, de aparecer y estar como sujetas políticas conscientes y no víctimas de un sistema misógino, lesbofóbico, racista, clasista, especista y gordofóbico. En segundo lugar, voy a recalcar cómo la formación de un cuerpo heterosexual hegemónico imperante se ha hecho carne en nuestras cuerpas y de qué forma somos capaces de desaprender, de devenir en algo distinto: en un cuerpo lesbiano gordo.

   valeria flores, describe la vista como un aparato de producción corporal, plantea que existen ciertos modos de mirar que fabrican cuerpos. Cuerpos heterosexuales, cuerpos agradables, cuerpos delgados. Veo un cuerpo lesbiano que debe hacerse visible mediante una acción que lo evidencie, cuerpos que existen pero que permanecen ocultos por la heterosexualidad. Por ejemplo, percibo la estrategia de la masculinización de algunas camionas/chongas/butch como un ejercicio a este propósito, “para las chongas que queremos que se nos note, lo torta, lo marimacha (…)”. No quiero decir que todas las camionas son así porque quieren parecer lesbianas, hay muchas que simplemente es la estética que les acomoda, sin otra razón. Hay otras medias trans*, otras que ni siquiera son tortas pero se calzan el buzo deportivo como uso cotidiano.

¿Cómo hacer un cuerpo que es de por sí, visible? La gordura es imposible de ocultar. Si soy torta y quiero pasar desapercibida puedo heterosexualizarme y vivir de cierta forma en el mundo que no sea molesta, puedo ahora incluso casarme y ser una chica de bien siendo lesbiana, siempre y cuando atienda a la heteronorma. Pero, ¿si soy gorda y quiero ocultarme? No es posible, somos un cuerpo expuesto siempre a la vista del otrx, se me nota la grasa por muchas fajas que me ponga, no hay posibilidad de desaparecer, así como lo es también para las negras, para las que andan en silla de ruedas o para las que no tienen plata para prótesis, las travestis y trans* pobres, nuestro cuerpo herido nos deja en evidencia y también en vulnerabilidad. Parafraseando a laura, del gorda zine, existe una paradoja: nuestro exceso de visibilidad nos invisibiliza a la vez. Ejemplifico: me veo en todas partes, pero cuando quiero hablar sobre ciertas decisiones sobre mi cuerpo, no se escucha lo que digo, se ve mi gordura antes que mi opinión, porque se asume que no estoy sana, que tengo problemas. Así mismo, vuelve el ejercicio donde nos unimos con las tortas, ahora tenemos que visibilizar la gordura de otra forma que no sea la de víctima o de patologización y ese es un modo de acción política, de hacernos presentes y de hablar por nosotras mismas.

histeria3

   Entramos en este doble (y también múltiple, porque existen las diferencias de clase, raza, etc.) entramado, en donde las tres enunciaciones cuerpo lesbiano gordo toman vida propia, tanto por separado como en comunión. Cuerpo, hablando desde el feminismo como ética de vida, lo personal es político, escribiéndonos y viviéndonos desde la carne, nuestra sangre, nuestra historia, las cicatrices que abundan en la piel, la experiencia personal y colectiva retratada, los deslindes, los encuentros con otros cuerpos, los desbordes, los amores, el cotidiano. Como un sentir corpóreo, turbulento, visceral, que no puede no estar ligado al sentir, la pasión, el goce. Lesbiano, al construirnos desde el placer y no desde la lesbofobia, como me decía una amante. Comprendí las distintas formas de construir un cuerpo lésbico, la heterosexualidad lo construye solamente desde la falta, la carencia, como si algo necesitara completarse y las que políticamente nos apoyan (me refiero a las que se nombran como lesbianas políticas) no conocen el deseo al cuerpo lesbiano como construcción de un nuevo placer contra-normativo, definirse lesbiana desde la lesbofobia, desde el odio, desde solamente la violencia recibida por un cuerpo es restarle importancia a nuestra alegría y motor de energía lésbico. El placer de ser torta y disfrutar con otras tortas, su cuerpo, sus fluidos, sus letras, sus palabras, sus gestos, sus formas, sus intereses. El placer de ser con otras lesbianas, de dejar el cuerpo. Lesbianas al dejar de mirarnos entre nosotras con ojos patriarcales, como un varón, por tratar de crear desde una ética feminista relaciones no heterosexuales, posesivas, egoístas, propietarias. Lesbiana como no mujer heterosexual, “las lesbianas no somos mujeres”, nuestras experiencias corpóreas, subjetivas, son diferentes, escapan a la norma, fugan, se incrustan entre la basura hetero. Lesbianas desobedeciendo a lo que se esperaba de nosotras: mujeres, heterosexuales, madres, blancas, profesionales, delgadas, jóvenes. Lesbianas explotando de placer con otras, convertirnos en amantes, no habitar el desierto ni estar perdidas. Habitar el cuerpo y el deseo como lesbianas. Gordo, excediendo a la norma del trazado corpóreo heterosexual medio, deseable, asequible, privilegiado. Desdibujando las líneas de la heterosexualidad y su belleza manifestada en 90-60-90 centímetros de deseo varonil. Desprogramación del deseo ajeno y personal, sabotaje sexual, hackeo del cuerpo, prácticas no-reproductivas, deseos saboteados, un cuerpo poético, sin sentido. Gorda, como un cuerpo rebelándose frente a un montón de imposibilidades impuestas (no poder ser bellas, no poder ser saludable, no poder ser atlética, etc.) molestando, irrumpiendo, alterando. Cuerpo lesbiano gordo, desdibujando los límites del régimen heterosexual, calando un hueco en el imaginario, fugando y creando nuevas formas de poder habitarnos, compartirnos. Transmutar los cuerpos, mezclarlos, cuerpos agredidos, con cicatrices, alegres, “mi cuerpo es mio y a veces también es tuyo”, de otras, desdibujarnos con otras pieles lésbicas, otros cuerpos lesbianos haciendo fusiones temporales, un virus, contagio. Ni delgadas ni gordas, ni mujeres ni trans*, cuerpos lesbianos en el deleite de (no) ser, de los fluidos corporales, brebajes lesbo-afrodisíacos que emanan de nuestras pieles, de la energía, la vitalidad. Dejar de ser yo, perderse en el cuerpo, desorganizar el cuerpo sin fraccionarlo a lugares de privilegio.

  El cuerpo gordo es un cuerpo segmentado, fragmentado, partido. Como plantea beatriz preciado en el manifiesto contrasexual, el cuerpo humano es heterosexualizado –heteropartición-, creando ciertas partes como las sexuales/reproductivas y las que no lo son (si estas se vuelven sexuales, el discurso científico psiquiátrico y su industria, la clasifica como una parafilia, en enfermedad o fenómeno anormal). Hombre, pene, mujer, tetas, vagina y culo; siempre uno en jerarquía por sobre el otrx. El pene como máximo órgano dentro del acto sexual, la penetración como fin único, como trazador de un real acto sexual frente a uno falso, como la heterosexualidad llama a cualquier tipo de experiencia sexual con el cuerpo no penetrativa. Así también, podemos realizar un paralelo con el cuerpo gordo, que se segmenta en partes separadas: papada, abdomen abultado, entrepiernas, muslos, celulitis, grasa y el cuerpo como un todo holístico es omitido, ocultado. Ciertas partes estratégicas para la heterosexualidad se exacerban para mantener el control sobre nosotras, avergonzarnos, temerle a la cultura de la violación, quedarse en casa, usar fajas, taparse, tener miedo.

   Me pregunto, ¿cómo hacer de un cuerpo lésbico un aparato contrasexual? ¿Cómo hace un cuerpo gordo lesbiano al romper con la heterosexualidad obligatoria? En primer lugar, este cuerpo quiebra la heterosexualidad al romper los límites occidentales de belleza y la talla 38, las medidas perfectas, la cintura delgada y el abdomen plano; más que romperlos, los desborda… Volviendo a llamar al deseo a aquellas partes ocultas, omitidas, ridiculizadas: un bulto, un rollo, un peso, un cuerpo con vida, ardor, deseo. Llamar a la piel como el centro erógeno universal y a su vez sobrepasarla, porque el cuerpo lesbiano no sólo se limita por la carne, sino que es una red altercada de afectos, redes, subjetividades, que sobrepasan lo corporal sin dejarlo, okupando el cuerpo de las otras, rompiendo la individualidad del yo, de mi propia pertenencia, perderse en las sensaciones, desjerarquizar el cuerpo, lo genital, lo deseable, lo bonito. Cuerpo gordo lesbiano, en donde el pene no tiene importancia, no existe, nadie lo quiere ni necesita, la reproducción es nula. No reproducimos heterosexualidad, ni tampoco hijxs para el kapital. También se puede leer al cuerpo gordo como un cuerpo contrasexual, al escapar de la belleza normativa heterosexual, al ser un aparente fetiche, oculto, ridiculizado y avergonzado por romper con las limitaciones corporales impuestas del “tú no puedes por ser gorda”, tú no puedes ser ágil, tu no puedes ser una chica que le guste el sexo hard porque no te da el cuerpo, tampoco puedes ser vainilla porque tu cuerpo es tan tosco, grande y bruto, que la sutileza no te acompaña. Atravesar los límites, romper estándares. Sensualizar las partes de mi cuerpo que más me atemorizaban. Volver a traernos al deseo, a aquel espacio que nos fue robado, expropiado, al mantener nuestros cuerpos en las escalas bajas de la jerarquía del deseo heterosexual. Una historia de violencia y vergüenza, porque un cuerpo gordo es visto como asqueroso, odiado socialmente en la cultura occidental, feo, enfermo, trágico. Nos calamos entre los percolados de la basura heterosexual, nadando entre el fango, revolcándonos, para salir airosas, no quiero más tu heterosexualidad, no quiero que me vuelvan a mirar desde ese lugar, no quiero más. Gorda lesbiana cuerpo, porque la única realidad existente posible en este mundo es la heterosexual y ya no queremos más habitarla.

contornear un cuerpo lesbiano

crear/chupar/tocar/deleitar/diagramar

cuerpos/sentidos/afectos/movimientos

                            vaivenes sonoros

                     retumban en mi cerebro

                               como electricidad

                                        del no saber querer saberlo

cuerpos lesbianos

     (de) construyéndose desde el placer

quiebras costumbres, estallas jerarquías

     el goce de charlar/caminar/reír/jugar/conocer

           mirar/tocar/penetrar/mojar/sentir

                abrazar/pensar/escuchar

dibujar el cuerpo lesbiano

                   cartografiando el deseo, la metamorfosis

construyéndome

           tocando/armando/amasando

afinando contornos

          creando/boicoteando/desdibujando límites

cuerpos lesbianos en el deleite del (no) ser

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Missogina a.k.a. constanza a. castillo (Quilpué-Valparaíso, Chile 1991) Activista lesbiana anarko-feminista. Performera missogina por rodrigo aguilay tallerista en curso, proletaria de la feminidad, activando desde lo monstruoso, las disidencias corporales desarrollando temas como la politización de la gordura y la cuerpa, la heterosexualidad como régimen político, lucha antipatriarcal y  antiespecista, post-porno, alianzas con transytravestis, hiperfeminidad, bondage y nuevas exploraciones con el dolor, entre otros.Publicado el fanzine “Contrasexualidad y Dildotecnia” y Video-corto.fanzine “Manifiesto Gordx” junto a samuel hidalgo.

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