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Sagrario

Por Sagrario Silva y Nacho Guerrero

Sagrario Silva Vélez. (1966) Gestora, y promotora cultural, maestra, coreógrafa, bailarina, guionista y actriz chihuahuense. Congreso del Estado de Chihuahua, otorga el Reconocimiento en la categoría artística Aurora Reyes como Chihuahuense Destacada en marzo y Medalla Víctor Hugo Rascón Banda por Trayectoria Artística septiembre en 2017.

Nacho Guerrero. (1964) «Fotógrafo, intuye la luz, el escenario, capta la mirada, el sentimiento, visualiza las escenas con una simple ojeada, convierte a todos en modelos de su inspiración. Él recrea en corto tiempo lo que se hace eterno.» -Hector Jaramillo

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Atadura de años

 

Estas entrevistas pertenecen al corpus de Transvase Territorial, proyecto que aborda desde la emigración y el exilio a la vejez. Mi obra comienza siempre desde mi propia posición en la vida, para desde ahÌ explorar colectivamente con otras mujeres y visibilizar nuestra situación en el mundo.

El que mujeres como Ana Victoria Jiménez y Eli Bartra me hablaran de su experiencia vital con respecto a la vejez, a su vejez, inició un proceso de diálogos entre nosotras sobre la realidad soslayada que se vive y que con esta revista continúo.

Escúchenlas.

Elizabeth Ross

 

 

http://transvaseterritorial.wordpress.com

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Aging Pride

Por Inari Virmakoski

Ocean-Woman.  Inari Virmakoski. Foto: Anita Hillestadt
Ocean-Woman. Inari Virmakoski. Foto: Anita Hillestadt

OCEAN WOMAN

Soy parte de la naturaleza y el agua es el elemento que me interesa. El océano conecta todos los continentes del mundo. En esta foto estoy conectada con mi elemento favorite, el agua, en el Océano Ártico. La foto es de Anita Hillestadt.

 

 

Fotografía: Elizabeth Ross
Fotografía: Elizabeth Ross

 

Inari Virmakoski. Finlandia. He trabajado como artista del performance alrededor del mundo, en África, Asia, Europa, USA, South America, Rusia y Mexico durante los últimos 23 años.

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Preludios y fugas a la elasticidad del género

Por Alfonso J. Venegas

La realidad es una construcción que pertenece al mundo físico y se aleja de la fantasía. Hace unos años, por ejemplo, se consideraba una realidad que sólo existieran dos géneros: Hombre y mujer. Los cuales se mostraban en su juventud y plenitud, censurando los demás tipos de cuerpos existentes. Más allá de ellos, todo lo que no pertenecía a esta categorización binaria, blanca y hegemónica se consideraba anormal, era como una enfermedad que debía censurarse porque se salía de toda regla moral, alejándose de la función reproductiva que se nos asignó como especie. Poco a poco desde la academia, el arte, el activismo, las ciencias exactas y las sociales, de la mano de planes de política pública en varias ciudades del mundo, se ha permitido por medio de acciones pedagógicas que se compruebe una elasticidad en este binarismo. Al igual que un elástico cuando se extiende, la sexualidad y el género no solo poseen dos extremos: estos convergen en tantos como personas hay en el mundo y el afán de categorizar la diversidad sexual y de género, consiste esencialmente en demostrar ciertas verdades que en el pasado se podían deducir, pero nadie las nombraba. Ahora que ya hay algunas siglas (LGBTIQ+), se evidencia la existencia de una diversidad sexual. El artista Alfonso J. Venegas, con su obra: “Fugas a la elasticidad del género” realiza una serie de ejercicios estéticos para manifestar esta categorización de lo gris en el sexo y el género porque considera que cada extremo es un lado del caucho que se estira y, tanto en la sexualidad como en el género no hay héroes ni villanos. Solo hay una búsqueda de la identidad.

Venegas se aleja de la artificialidad de la pose haciendo que cada modelo que participó interviniera su propio cuerpo y el espacio íntimo establecido por el artista, con el fin de mostrar lo que para ellos es dignificable de sí mismos y que a su vez, se aleja de la normatividad expresada en los medios de comunicación mainstream. Para ello, los modelos utilizaron maquillaje, reorganizaron la habitación en donde se realizaron las fotografías y escogieron cada uno, una hora distinta del día y un esquema de iluminación específicos para realizar sus imágenes y registrar una pequeña entrevista. Así quedaron las fotografías de Gabriela y Germán. Gabriela, pansexual queer, es mujer de casi 50 años, no le gustan los patrones patriarcales de la belleza femenina y protesta contra eso. Ella manifiesta características masculinas tanto físicas como comportamentales sin necesidad de inscribirse dentro de una identidad:

“Ser Queer es ser yo. No ser pública, social y políticamente hombre o mujer, sino ser yo. […] Cuando se reivindica lo privado es una actitud contestataria, es una rebeldía total para que no haya más intrusión en la vida íntima. El género me importa un culo, este existe o no existe, si a uno se le da la gana de que sea binario pues bien pueda, si a otro le parece otra cosa que piense lo que quiera. ¿A mí qué me importa? Eso es privado, es personal”. Gabriela García de La Torre.

Germán, es un hombre gay, abogado LGBT, pionero en derechos humanos en Bogotá, ronda los 60 años, activista reconocido y también opina que la igualdad es compromiso de todos. Apoya causas locales como el matrimonio igualitario, fue el primer abogado en apoyar la trieja como modelo de familia ante la corte y es modelo a seguir en el medio del activismo colombiano.

«Son más de 1.400 tutelas en forma directa, de ellas el 98 por ciento ganadas», afirma. Otras tantas (más de 20.000, dice), asesoradas. Cuando comenzó, su oficina llevaba casos de manera gratuita, ahora, se cobra una tarifa económica, hay descuentos para enfermos que vienen de una organización de pacientes, pero si es un caso de VIH, se le pide que haga un trabajo, así sea organizando el archivo en la oficina. German Humberto Rincón Perfetti, El hombre de las tutelas. Diario El Tiempo, 20 de noviembre de 2009
Venegas en esta serie establece que las clasificaciones de género son exógenas: Se basan en lo que “los demás creen” de una persona. (Parece lesbiana, Parece gay, Es una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre, etc.). Y tienden además a hacerse binarias, debido al reduccionismo, la ignorancia y al prejuicio interpuesto por dogmas religiosos, políticos y morales. Por lo tanto, se piensa también que las personas que tienen este tipo de identidades están enfermas y se debe censurar su existencia. La búsqueda de la individualidad se convierte en una cacería de brujas. En el caso de Gabriela y German, este binarismo se diluye debido a que no tienen prejuicios y su mente está abierta al deseo y búsqueda de identidad. Ellos han sido víctimas directa o indirectamente de discriminación por prejuicios hacia su identidad sexual o de género ya que quedan en grises y, por ser tan ambiguos, se salen de la imitación. De esta manera, las personas que no los entienden, los convierten en indeseables y, después de ser perseguidos y aniquilados, se transforman en chivos expiatorios, acorde con la teoría mimética de René Girard.

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foto-autorAlfonso J. Venegas (Bogotá, Colombia- 1988). Explora a través del sonido, la fotografía y el performance la transgresión del soma al reconstruir la concepción de igualdad para evidenciar el conflicto humano frente a ella y su posición frente a la sociedad. Gusta de romper las máscaras utilizadas para ocultar lo que para su entorno se considera “anormal” utilizando como temática la sexualidad, el crimen de odio y la doble moral, explorando la mnemofobia característica de su país de origen y su temporalidad.

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Ambivalencia, por Laura Escobar

La cicatriz puede ser visible o no, puede ser física o emocional, pero habita en el cuerpo. A veces duele, a veces evoca la alegría de estar viva. Está ahí como parte de mí, me configura, me hace llorar, me hace sonreír. Me forja, me da identidad. Me recuerda erosiones, caminos recorridos y decisiones. La cicatriz siempre estará antecedida por la herida. Por eso, la cicatriz será poéticamente ambivalente. Reconocerla como propia, me da la posibilidad de re-encontrarme con mi pasado, curarme, reapropiarme de mi cuerpo y confiar en mí misma. “Aquí dolió, aquí sanó” dice Louis Madeira, pasado y presente se conjugan y laten en la misma piel.

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Laura Escobar Colmenares (Oaxaca, México) Feminista y Educadora comunitaria. Forma parte de las colectivas de mujeres Por Nosotras Mismas y la Red Trenzando Saberes. Le gusta leer, escribir, dibujar, tallerear, amar, viajar y comer (también beber). FB Lau Escol.

 

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Ur , un video performance por Daya Ortiz Durán

por Daya Ortiz Durán

Creo que la manera más sincera que tengo de escribir

Es desde la incomodidad, o desde la tristeza.

Esto partió desde una incomodidad personal.

Realizando una acción, que en concreto no me incomodaba.

Lo que me perturbaba, era la elección de los espacios para realizar esta acción, ya que nuestras morfologías no son las mismas, nuestra anatomía no es la misma, por lo tanto, nuestras maneras de ejecutar una acción, y sentirla no son las mismas.

Comprendí que los lugares propicios para mí, no lo eran, en absoluto, para los hombres, o para quienes orinaron en dichos lugares.

Orinar sobre estas huellas puede que ni siquiera sea una manera de reivindicar el espacio,
pero es una manera de desdibujar las huellas inundándolas con las mías.

Al buscar huellas ya existentes en las que orinar, estoy buscando lugares donde estos hombres han decidido detenerse a hacerlo –orinar- y fue muy curioso, porque me sentí desafiada a hacerlo en lugares donde no me atrevería y donde decidí no hacerlo; justamente porque la acción se ejecuta de maneras muy distintas, en relación al tiempo, a las maneras de hacerlo, a la manera de exponerse o sentirse expuesto o expuesta –para mí-

Sin embargo, a medida que esto se convertía en una rutina de trabajo, vez tras vez las consideraciones del espacio, de los riesgos circunstanciales (policías, ladrones, moradorxs, gente que transita) cambiaron.

Porque ya no se trataba de una supuesta reivindicación falente de espacios, sino un estudio de los espacios, y como orinar funciona distinto en uno u otro espacio concretamente; incluso, porque los riesgos, como tales, significan de manera particular según el espacio.

A medida que trabajamos a diario, estudiando los lugares y la triangulación de:

Objeto                 -charco-               cámara

Luz                         reflejo

Me di cuenta que ve más allá de los riesgos

Estuvimos, estamos, enteramente expuest=s a lo circunstancial.

Una peatonal, una principal, un parterre, un callejón se diferencian uno del otro, no únicamente por la manera en la que estos están construidos, también, porque de ello deviene la manera en la que la gente transita y se relaciona en estos lugares. Esto también se trata de como yo puedo significar un riesgo, o peligro para estas personas en estos espacios, porque ell=s significan un riesgo para mí, en tanto yo lo sea para ellxs.

Creo que lo que me aterra es que nos violenten.

La única manera de visualizar los espacios, es a través de esta acción.

Mi orina funciona como una suerte de ventana, o espejo.

El chorro, la caída, es el entre, de la acción y la reflexión.

Siento que este trabajo está enteramente expuesto a lo circunstancial.

-por otra parte pienso, “¿que no lo está?”-

-lo que tiene un control absoluto, o al menos, un grado de control-

Mi control se aloja en mi vejiga, en mis piernas y mi estómago.

Yo no alojo los espacios, alojo la posibilidad de verlos, y que estos existan a través de la reflectividad (reflexión) contenida en mi cuerpo.

UR from Daya Ortiz Duran on Vimeo.

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Daya Ortiz Durán (Guayaquil, 1993) Nacida el 21 de Enero de 1993 en la Ciudad de Guayaquil – Ecuador. Actualmente estudia Artes visuales en el Instituto superior Tecnológico de Artes del Ecuador ITAE. Mención en Escultura y Video digital.

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Cuerpo Contingente

por Viajero Sudaka

Conjuros de (auto)invocación

«Para aquellos momentos en los que las identidades me abruman, cuando me obligan a definirme y a responder a las preguntas ¿en qué eres experto, para que sirves, quién eres? Prefiero desdibujarme, huir, invocar la potencia del devenir»

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 Viajero Sudaka nace a finales del 2015 durante una experiencia que comienza por Colombia y que, al día de hoy, continua hasta Mexiviajeroco. Interesado en la fotografía callejera, en retratos y autorretratos de desnudos. Participa, además, en exposiciones y acciones colectivas en Nicaragua para la X Bienal de Arte Centroamericana. En ese mismo país abre un bar disidente en Estelí junto a amigos maricas. Durante los últimos meses del 2016 comienza a escribir poemas-canciones con las que aún no sabe que hará.
www.viajerosudaka.tk
o
http://viajerosudaka.hotglue.me

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(Ser) Molecular

Poesía & código creativo
Interfaz digital
2014

(Ser) Molecular es una experiencia poética en primera persona sobre mi subjetividad, identidad y corporalidad; a través de la imagen, la palabra, la programación y la confluencia de estos códigos en una pantalla. Donde soy y no soy.  


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Estoy acostado en la cama mirando el techo, escucho mi respirar, levanto la cabeza levemente,
observo mis pies, los muevo, recorro mi cuerpo, levanto las manos, miro mi brazo, me acerco tanto que veo los poros de la piel, su textura, los pelitos que salen fuera como si intentaran salir de mi para quedar en el aire. Pienso… ¿quién soy? Intento profundizar, pensar en mis músculos, en la capa de grasa que los cubre, en las venas, en los huesos. Me pregunto… ¿dónde está? ¿dónde dejo de ser y comienzo a ser?

Me pienso por dentro, me pienso por fuera, me pienso conceptualmente, me pienso
performativamente; ¿cómo me hago? ¿qué están haciendo ahora mis moléculas? ¿me hacen ser?
Hablo con ellas, hablo con las hormonas que habitan mi materia física tangible, mi cuerpo.
En este proceso todo lo que me rodea entra en mi sistema. Me toca, me afecta, me produce.
La historia, la farmacopea, la definición de molécula, el primer experimento de síntesis hormonal…
Las cadenas de signos y las metáforas políticas me atraviesan allí donde se encuentra mi
subjetividad, pasando por un vórtice espacio-temporal: Es todo al mismo tiempo y no es nada.

– La molécula es la partícula más pequeña que presenta todas las propiedades físicas y
químicas de una sustancia, y se encuentra formada por dos o más átomos.
– La definición de género masculino o femenino aparece en 1947 con la invención del
estrógeno y la progesterona sintéticas utilizadas para producir la píldora . Son las moléculas más rentables de toda la historia del capitalismo farmacéutico.
– Durante el siglo XX la molécula de la testosterona se convierte en una sustancia
comerciable junto con la oxitocina, la serotonina, la codeína, la cortisona, el estrógeno, etc que
corresponden al conjunto de moléculas disponibles hoy para fabricar las subjetividades y los afectos.
– La testosterona es un andrógeno, esteroide derivado del ciclopentanoperhidrofenantreno, que tiene 19 átomos de carbono, un doble enlace entre C4 y C5, un átomo de oxígeno en C3 y un radical hidroxilo (OH) en C12. Su fórmula es C19H28O2.

Sistema de comunicación / circulación / contaminación en la definición performativa de mi mismo.
Transmutar como un chamán.


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Así comenzó lo que devino una Experiencia Poética (aún no estoy seguro si ha terminado).


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Acceso a la obra en el siguiente enlace: http://nontenxeito.net/ser-molecular/
usuarix: intermolecular
contraseña: hysteria2017

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Sobre lx autorx: Xeito Fole a.k.a. non ten xeito
Artista visual y activista trans feminista y antiespecista. Sus prácticas artísticas se centran en laXeito
deconstrucción de las identidades sexo-género, la crítica y reflexión sobre los límites físicos y
políticos de los cuerpos y las fronteras. Flirtea con la tecnología y el error e investiga sobre archivos
geoposicionados y empoderamiento DIY para la autogestión de la información con software libre.
http://nontenxeito.net/

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Tatuar empoderando y empoderarse tatuando

Cuerpos que resisten desde la periferia

Por Veka García

Elsa Madera, es madre, diseñadora, tatuadora feminista, mejor conocida como “Bruja Negra” o la “China”. Es una mujer que habita la periferia y resiste desde las tintas. La entrevistamos para conocer su postura como feminista tatuadora y comprender el empoderamiento de las cuerpas.

    El cuerpo de la mujer ha sido históricamente un botín de guerra, es el punto blanco del patriarcado y el capitalismo. Las prácticas violentas contra nosotras se han ido acondicionando acorde a cada época y espacio geográfico. Para la antropóloga Rita Segato en la actualidad existen nuevas formas de violencia contra los cuerpos de las mujeres. Ella explica que “a pesar de todas las victorias en el campo del Estado y de la multiplicación de leyes y políticas públicas de protección para las mujeres, su vulnerabilidad frente a la violencia ha aumentado, especialmente la ocupación depredadora de los cuerpos femeninos o feminizados en el contexto de las nuevas guerras.”[1] Siendo las mujeres -y las disidencias sexuales- de la periferia, las corporalidades más asequibles; sin embargo, afortunadamente preexisten prácticas sociales con el potencial de transformar ese sentimiento de vulnerabilidad en nuevas prácticas de resistencia: el cuerpo, como un espacio simbólico de enunciación y de disidencia. El tatuaje, una alegoría de la intransigencia y la demarcación de la autonomía corporal.

    El estudio donde tatúa “Bruja Negra” se encuentra en el municipio mexiquense de Ecatepec, uno de los municipios del Estado de México (de acuerdo con el Observatorio Nacional) con mayor índice nacional de feminicidios. Para Elsa su estudio en Ecatepec es “una guarida para brujas, negras, insurrectas, locas, transgresoras, unicornias, mutantes y disidentas. Para contar historias que quedaran en sus pieles.” –como ella misma lo define en su página personal.

     Elsa Madera, lleva tres años tatuando y lo hace exclusivamente en cuerpos de mujeres y disidencias sexuales: lesbianas, transgénero, transexuales, homosexuales, queer bisexuales. Su formación fue autodidacta, tatuando naranjas y en su propia piel.

VG: ¿Cuándo, cómo y porqué decidiste comenzar a tatuar?

 EM: Vi aprender a mi compañero desde hace 5 años, así fue como empecé a aprender la cuestión mecánica y teórica y cuando al fin me decidí fue él el que me enseñó. Llevo tatuando ya casi tres años.

Nunca tuve la necesidad de ser aprendiz en un estudio ni pagar un curso para aprender. Lo hice como en los buenos y viejos tiempos, tatuando naranjas y mi propia piel.

 Siempre me ha gustado el diseño y la ilustración, me he dedicado por muchos años a la serigrafía textil, el último trabajo que hice antes de tatuar fue el de hacer playeras con diseños de cuerpxs y personalidades femeninas diversas (negras, gordas, tatuadas, cholas) todas personalidades fuertes, poderosas y dominantes. Eso me hizo darme cuenta que era lo que nos hace falta como mujeres, externar nuestra personalidad no solo como personaje secundario o de adorno en los movimientos contraculturales y barriales, hacer notar nuestra presencia e importancia para estos cambios revolucionarios de la cultura, posicionarnos desde nuestra imagen, que la ropa hablara por nosotras. Eso mismo fue lo que quise hacer con los tatuajes, fue lo que me impulsó a hacer este hermoso oficio. Ahora quería que nuestra piel fuera nuestra primera trinchera y nuestra eterna consigna.

VG: ¿Cómo te decidiste a tatuar exclusivamente cuerpos de mujeres?

 EM: Tatúo cuerpxs disidentes o por lo menos eso pretendo. Mujeres, lesbianas, transgénero, transexuales, homosexuales, bisexuales… digamos que solo no tatúo hombres heterosexuales.

Fue una decisión muy hermosa y creo que no pudo ser de mejor forma, porque yo me construí y posicioné como Tatuadora Feminista gracias a las chicas que empecé a tatuar, hicieron de mi un espacio separatista, fueron ellas las que me hicieron ver la necesidad de hacer de mi oficio algo más que entintar pieles. Eran mujeres con historias que contar, con heridas recientes o ya sanadas, con ciclos por abrir y círculos que cerrar, con pérdidas que honrar o premios que reconocer, con recordatorios para ellas mismas o para el mundo entero… mujeres que necesitaban esa tinta para algo mas que verse bien, eran medallas y recordatorios de fuertes luchas. Y me elegían a mi para ser la que dejara en sus lienzos ese registro de su camino andado o por andar, y yo quise entregarme a esa labor por completo, me sentí honrada de ganarme su entera confianza y que me hicieran parte de ese proceso tan importante, un tatuaje de sanación y empoderamiento.

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Elsa Madera nos cuenta que no hay algún motivo que predomine en los tatuajes que plasma, ella explica que la sociedad suele suponer, que por tatuar solo mujeres hace más “florecitas o corazoncitos” -tal cual así me han dicho, expone. “Lo que sí puedo decir que se nota en la mayor parte de mi trabajo es que son tatuajes con mucha fuerza, personalidad y poder de enunciación. Digamos que son imágenes que trasmiten, son claras, miradas directas y que ponen en claro: esto no es para tu aprobación, este es mi cuerpo y lo respetas. Eso es lo que siento y veo en cada uno.”

    En los tatuajes que elabora maneja diversas técnicas, desde mi perspectiva la que maniobra mejor es el “puntillismo”, aunque también los que suelen ser a color le quedan perfectos. En charlas con más de una persona que han sido tatuadas por la “Bruja Negra”, comentan que al final de la sesión quedan completamente felices y complacidas, no solo por su profesionalismo, sino porque durante las horas de trabajo Elsa se esfuerza por conectar y establecer un agradable ambiente de trabajo; genera que la sesión se vuelva una causa de plena satisfacción en donde los prejuicios y la desconfianza quedan fuera.

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VG: ¿Crees que desde el tatuaje se posibilita una especie de empoderamiento en las mujeres?

EM: Sin duda. Creo que el tatuaje en la sociedad actual es en esencia transgresor, no se hizo para tener contento a nadie más que al portador. Ha sido motivo de discriminación, distinción y segregación, y en el mejor de los casos es visto como algún tipo de espectáculo de circo. Aunque en la actualidad se pueda decir que es más aceptado por la sociedad en general, una vez que elegimos tatuarnos vamos a seguir siendo motivo de controversia y objeto de crítica para más de una persona. Y siendo mujeres todo esto se duplica obviamente, porque el mundo nos ha dejado claro que se empeñará en hacer de nuestro cuerpo un objeto solo a servicio del sistema, que no es algo sobre lo que podamos decidir de manera individual, hay que pedir permiso al padre, al esposo, al jefe, al estado, a la iglesia, etc. Así que cuando decidimos hacernos algo tan notorio, permanente, costoso y doloroso como un tatuaje , estamos en ese momento diciéndole al mundo entero: métete tus prejuicios por el culo, este cuerpo es mío y yo decido sobre él. Es por eso que para mi, hasta el tatuaje más pequeño, escondido y sencillo es por sí solo, muy significativo y empoderador, es uno de tantos grilletes quebrado por nuestra decisión sobre nosotras mismas.

VG: ¿Consideras que te empoderas tatuando? ¿Por qué?

EM: Por su puesto que sí, ser tatuadora ha cambiado mi vida entera. Me siento totalmente afortunada y agradecida con todas y cada una de las mujeres que he tatuado, porque han sido muy significativos y especiales tanto para ellas como para mí, pues el sentirme partícipe de una decisión tan especial me hace sentir igualmente especial.

Saber que mujeres tan poderosas y mágicas me eligen para este importante proceso de dejar en su piel un tatuaje que va a durar toda la vida me ha hecho ser más comprometida con mi trabajo, mis decisiones y la gente que me rodea. Y en verdad estoy muy agradecida y me siento afortunada por tener la oportunidad de conocer un pequeño fragmento de su vida, me cuentan sus historias, comparten risas, lágrimas, momentos, platican de su vida y su camino, las cosas que les gustan y a su vez me escuchan y me conocen en el mismo sentido. Es realmente mágico y empoderador para mi esta bella labor de entintar sus historias, para toda la vida.

El cuerpo se convierte en un territorio, los tatuajes en nuevos mapas y cartografías de las vivencias y experiencias de cada ser. “Pero lo que la nueva territorialidad introduce es una vuelta de tuerca en esa afinidad, ya que el cuerpo se independiza de esa contigüidad y pertenencia a un país conquistado, y pasa a constituir, en sí mismo, terreno-territorio de la propia acción bélica.” [2] A pesar de que Elsa pudo trabajar en otro espacio, quizá algún lugar más céntrico, gentrificado o “turístico” trabajar en Ecatepec es un reto y una forma de resistir y trasgredir las demarcaciones territoriales, las fronteras entre el centro y la periferia.

“Considero estar resistiendo y transgrediendo este flujo que siempre va de afuera hacia el centro, por eso decidí quedarme a trabajar en Ecatepec, aun sabiendo que me limita y afecta económicamente, pero para mí es poner un granito de arena en el mar con algo muy sencillo: hacer de mi espacio no solo un lugar de trabajo para mí, sino una guarida para todas las que vienen, donde se pueden sentir a gusto, seguras y en confianza aunque vayan en contra de la corriente».

VG: ¿Cómo es tu experiencia al tatuar cuerpas en la periferia y desde la periferia?

EM: Siempre he estado muy orgullosa de ser de la periferia de la ciudad, sobre todo porque no es cualquier periferia, es Ecatepec, tan cerca de Feministlán pero tan sobreviviendo el feminicidio. Me ha dado otra perspectiva de vida, me da nociones y motivos de lucha diferentes, me deja ver desde muy cerca los contrastes del movimiento. Me ha dejado ver lo mejor y lo peor de los dos mundos, que tan similares y diferentes podemos ser a causa de una frontera imaginaria pero muy importante, a causa de la centralización de las fuentes económicas y de información, a causa del activismo selectivo y acomodado de la ciudad

     Trabajar como Tatuadora Feminista en este contexto sí guarda ciertas particularidades, prácticamente todas las mujeres con las que trabajo vienen de la ciudad, muchas de ellas hasta desde el otro extremo sur, por lo que estuve buscando espacios de trabajo en el centro de la ciudad lo cual me resultó muy difícil y frustrante por varias razones, así que después de luchar por entrar en estos espacios con pocos resultados fue cuando decidí quedarme de este lado.

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Uno retos a los que se enfrenta como mujer tatuada es la discriminación de una sociedad conservadora, y aunque aún no sabemos si hay retos como mujer tatuadora de la periferia, ella reconoce que hay ciertas diferencias de clase, y raza que nos posicionan en otro modus desigual al de una mujer blanca, y con una buena posición económica. “Porque no es lo mismo ser tatuada blanca y con dinero que ser tatuada morena y de barrio.” Como expone Angela Davis: “»Ser mujer ya es una desventaja en esta sociedad siempre machista; imaginen ser mujer y ser negra. Ahora hagan un esfuerzo mayor, cierren los ojos y piensen, ser mujer, ser negra y ser comunista. ¡Vaya aberración!»

VG: ¿Te has sentido discriminada por ser una mujer que tatúa y tiene tatuajes?

EM: Yo nací y crecí como tatuadora inmersa en el feminismo, el movimieto me abrió de forma sencilla, puertas, corazones y amistades y me considero afortunada por eso, ya que aprendí muy rápido gracias a que me apoyaron muchas mujeres desde mi comienzo, aun sin conocerme y subí muy rápido el nivel de mi trabajo, sin necesidad de enfrentarme al mundo de los “estudios de tatuajes” y sus reconocidos machistas al frente. No fue hasta que viví en Playa del Carmen que tuve una probadita del mundo real. Ahí el movimiento feminista no es muy notorio ni ocupa muchos espacios. Así que me enfrenté a mujeres que no me consideraban lo suficientemente profesional, por el simple hecho de ser mujer. Cuando ofrecía mi servicio, siempre preferían tatuarse con mi compañero, tuve muy poco trabajo y era un ambiente muy hostil y con escaso trabajo para mí, estuve a punto de dejar de tatuar por la falta de espacios, trabajo y amistades. Fue por eso que decidí regresar a la ciudad por 15 días en los cuales tatué a aproximadamente 40 chicas en ese lapso y fue entonces que ya no me quise ir nunca más. Y aquí llevo de nuevo un año con mucho trabajo y proyectos.

Por tatuar no he sido discriminada, por que como te contaba, nunca he tenido la necesidad de trabajar para nadie en ningún estudio, de hecho lo evito a toda costa, porque sé y me consta que es (como en la mayor parte las profesiones y oficios) un mundo invadido por el machismo y el protagonismo, del cual no me interesa formar parte. Por estar tatuada sí, claro que he sido discriminada, pero quiero hacer hincapié en que no he sido discriminada desde que me empecé a tatuar, lo fui desde muy chica por mi forma de vestir, por mi color, por mi clase, por mi forma de hablar, por el barrio del que provengo… porque no es lo mismo ser tatuada blanca y con dinero que ser tatuada morena y de barrio. Creo que es algo importante de decir.

Elsa es una mujer fuerte y sensible cuya labor traslapa al ámbito del empoderamiento y hasta de sanación; es la tatuadora de un gran número de militantes feministas nacionales e internacionales. Su trinchera de lucha es desde las tintas; sus manos plasman y crean diseños que empodera a las mujeres; expresan motivos de reconciliación, transgresión, sororidad y resistencia. Elsa combate desde la periferia, defiende el cuerpo como territorio libre y autónomo. Ella posiciona la irreverencia en el territorio de peligro que simboliza Ecatepec.

Quien quiera profundizar más en su trabajo lo pueden consultar en su página de Facebook: Bruja Negra Tatoos @negrrasuertetattoo o bien, contactarla en Whatssap: 55 3439 0115.

*Todas las fotografías fueron tomadas de su página en Facebook.

[1] Segato Rita, “Las nuevas formas de la guerra y el cuerpo de las mujeres”, Revista digital Scielo Soc. estado. vol.29 no.2 Brasília May/Aug. 2014. (Consultado el 13 septiembre) [http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0102-69922014000200003 ]

[2] IDEM

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El demonio de la obesidad- por Erika Bulle

Texto y fotoperformance: Erika Bulle

Fotografías: Mario Patiño

De mis demonios personales. El demonio de la gordura,  la posesión que no ha tenido cura.

Por las mañanas me miro al espejo, un espejo de cuerpo completo, no hay nadie junto a mí, nadie que pueda hacer algún comentario sobre el cuerpo que se está reflejando.

Es mi cuerpo con sus defectos y sus virtudes, con las marcas y cicatrices del paso de los años, con sus demonios imaginarios, aquellos que en cada performance trato de exorcizar, pero ¿cómo poder expulsarlos tras 40 años de control?

El miedo de mi familia a ser gordo, el control de la alimentación, la despensa que se compraba, lo que no se me permitía comer, porque decía el pediatra “La niña tiene predisposición a engordar”, siempre tomé agua de frutas sin azúcar, mi boca siempre paladeó los sabores más insípidos, por herencia a las enfermedades de mi abuelo no había que consumir sal,  quizás solo un poco para que la comida tuviera algún sazón, nunca tomábamos refresco, no había comida chatarra, el pollo siempre estaba hervido, y la carne asada. Nunca comíamos espagueti, eso engorda y las papas fritas también engordan.

En mi adolescencia comía a escondidas, no en exceso, pero sí lo que me prohibían, me llevaban a un médico para bajar de peso, me recetaba algún tipo de anfetaminas que solo destruyeron mi pulso, mis nervios, pero no me quitaban el hambre, la preocupación de que quizás nadie me quisiera era evidente en mi familia, la preocupación de que por lo menos terminara la preparatoria estaba ahí, lo escuche por la noche en una plática de mi madre, ¿porqué me creía incapaz? Era por la misma discriminación que ahora sufría en la secundaria, ya antes había pasado seis años de la primaria con las compañeras molestándome porque tenían un cuerpo esbelto, también eran mucho más bajas de estatura que yo; lo que ahora elegantemente se llama bullying para disfrazar con una palabra como muchas otras el acto del acoso, el acto del odio, nadie piensa que un niño pueda sentir esas palabras, pero así se llama lo que hacen en realidad; veneno infundado por la misma sociedad adulta completamente capitalizada, con sus comentarios, con sus acciones; velar estas conductas con terminología anglosajona es fácil, al fin nadie entiende bien de lo que se habla.

Muchas de estas compañeras ahora se dicen feministas, la vida da muchas vueltas, sin embargo siguen cuidando su figura, dando consejos de cómo llevar una dieta sana e insistiendo en controlar el cuerpo de los demás, de sus hijos, de sus parejas. Adecuándose a la moda para no verse viejas, o quizás para mostrar un estatus económico diferente al que tienen.

En la edad adulta dejé de esconderme para comer, para besar, para fumar, para ser yo, pero esto no me alejó del control que todos creen que pueden o deben tener sobre mi cuerpo, sobre mis gustos, sobre mi peso, sobre mis disidencias escogidas, sin embargo en segundos me sorprendo traicionándome pensando en que tal vez comí demasiado, me sorprendo contabilizando el azúcar que consumí en el día, me sorprendo enojada en el momento de comprar ropa, ésta parece ser cada día más pequeña, a veces cuando cierro los ojos escucho las frases de mi madre “sume la panza”, “no te pongas ropa tan pegada”, “deja de usar falda que se nota mucho que tu pierna está enferma”, “entre más gorda estás más cojeas”. Sin embargo este demonio personal se convirtió en un asunto político, en un asunto transcultural, en un asunto transfeminista, un asunto que dejaron pendientes las líderes del fat activism y que había que replantear, en un asunto que va cruzando las fronteras del cuerpo, las fronteras del peso, en donde cada vez que me enuncio como gorda, le pongo nombre al demonio que me atraviesa dándole más posibilidades de salir para siempre y llevarse lo que aún hoy en día me perturba.

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Erika Bülle (México) Performer y artivista gorda. Estudia Doctorado en artes y diseño en la FAD – UNAM, trayectoria como performer por 25 años, participando con colectivos como SEMEFO. Participación en los festivales internacionales, Buzzcut en Glasgow Escocia, Perfoartnet en Bogotá Colombia, Rapid Pulse en Chicago, Hommocult en Ciudad de México, Circuitoposporno Bogotá Colombia, etc. Forma y Sustancia en la Ciudad de Guatemala entre otros.

En el campo teórico cuenta con diversas ponencias y conferencias magistrales tanto en México como el extranjero.

Sus temáticas principales han sido la violencia y el uso del cuerpo disidente en la performance.

 

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