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Pink Panther

EnriqueLandgrave6
ilustración por Enrique Landgrave

Iván Landázuri

El guante se coló seco sobre su nariz ya inflamada tres centímetros desde el comienzo del cuarto round. Aletargado. intentó cubrirse el rostro y soltar con fuerza la zurda que no encontró los cincuenta y cinco kilos que pesaba la humanidad de la Perra Solís, quien se ensañaba con sus costillas. La campana sonó, la Perra volvió a su esquina. Se veía entero, en forma y, sobre todo, seguro de partirle la madre al Pantera que se agachaba con esfuerzo en el banquillo de su esquina.

El Charly le gritaba eufórico como de costumbre: “¡Levanta las manos hijo. Cúbrete la cara, ya se está cansando! ¡Este es tu round, el decisivo!” El decisivo, pensó y se dibujó una sonrisa entre toda esa masa amorfa en la que se había convertido su cara. El Pantera se sintió exhausto. Pensó en su casa, en la renta, en su madre, en sus hermanas y en Julián. Muchas cosas atravesaron su apaleada cabeza hasta que la campana sonó de nuevo exigiendo su presencia en el cuadrilátero. Observó la figura de su contrincante abalanzándose sobre él y lo supo: le romperían su puta madre de nuevo. Ya no sentía los guantes como una extensión de su propio cuerpo. En ese instante tan solo se sentía como un simple saco de entrenamiento a punto de vomitar la arena de su interior.

Lo sabía, se estaba desinflando. No ahora, no en esta pelea. Ésta era la temible debacle, la dolorosa caída. A sus treinta y cinco años pasaría de ser un boxeador marica a solo ser un pinche puto. La Perra lo llevó a la esquina y lo tundió como lo hacía su padre en la infancia. “¡Salte de ahí!” le gritaba Charly desde la seguridad de su asiento. Intentó abrazar el cuerpo de Solís pero este se lo impedía alejándolo con una combinación de Jabs. Finalmente logró aferrarse a él. Por un momento, sentir el tronco desnudo, sudoroso y agitado de Solís llevó de nuevo su mente hasta Julián. Deseó con todas sus fuerzas las manos de Julián acariciándole las marcas de su cara. El público empezó a chiflar mientras la Perra luchaba por liberarse. Cuando estuvo a punto de conseguirlo, el Pantera giró la cabeza y la impactó contra su sien. El réferi los separó. La eliminación era más honrosa que la putiza que estaba sufriendo.

El réferi inspeccionó el golpe y decretó que aquellos dos brutos podían seguir golpeándose hasta que uno de los dos cayese. La campana, caprichosa sonó. “Ya te cargó la verga, maricón”, le dijo la Perra antes de volver a su esquina.

En un principio se liaba a golpes cada que sorprendía a alguien llamándolo La pantera rosa. Hasta que comprendió que el respeto se lo ganaría arriba del ring; rompiéndole la madre a todo el que le pusieran enfrente. Eso no sucedió. Se acostumbró a que lo llamasen así de cariño en los vestidores. Era mejor que encontrar pintas en su casillero o que lo violaran en la ducha. Inclusive los muchachos acudían a la estética de Julián y le gastaban bromas. “Se equivocaron. Tú sí tienes manos de boxeador y el Pantera de peluquera”. El Pantera llegó a ocho peleas ganadas, cuatro empates y doce perdidas. Nadie quiere que un puñal le patee el culo.

El sexto Round arrancó con el Pantera retrocediendo. Esquivando uno de cada cinco golpes que se estrellaban en su cuerpo. Dos noches antes había discutido con Julián. Lo recordaba llorando en la mesa de la cocina. No entendía la insistencia del Pantera por no colgar los guantes.

Si con lo de la estética alcanza.

– ¡Me caga que me mantengas!

– Puedes buscar otra cosa.

– ¡Ya estoy viejo para otra cosa!

La disputa concluyó con un portazo seco, un cristal roto y el Pantera pasando la noche en el Gym. La Perra se sentía Rocky, amasando a golpes un trozo de carne.

Eusebio, la Pantera Torres, odió con profundo esmero a Julián Martínez, un sábado de febrero a las nueve de la noche en la arena Tlalnepantla, durante la mitad del sexto round de la que sabía sería su última pelea. Lo odió por reducirlo a eso, un homosexual de 33 años incapaz de defenderse. Lo maldijo por domesticarlo, por acostumbrarlo a la docilidad de un hogar, de sus manos, de su cama, de su verga.

La Perra soltó una combinación tras otra, empujado por la euforia del público alcoholizado que demandaba la cabeza del más débil. El Pantera intentó cubrirse de la lluvia que caía sobre de él. Fue en ese momento donde, como si se tratase de un reflejo activado, soltó la derecha en un recto que hizo que La Perra Solís se tambaleara. Porque hasta los pésimos boxeadores tienen alguna vez un chispazo de suerte. “¡Ya lo tienes, cabrón. Es tuyo, ya lo tienes!” gritó el Charly quien se desgarraba la garganta al observar lo que hasta ese momento parecía imposible: El triunfo del Pantera.

Los gritos de los espectadores se unificaron en júbilo y éxtasis. El cine mainstream les había enseñado a amar a los héroes reivindicados que surgían en el último momento. Los papeles se habían invertido. Ahora, la Perra luchaba por abrazarse a su contrincante. Por un segundo, la Pantera pareció bailar entre nubes. Ágil, rejuvenecido y con ímpetu en los guantes que proyectaba hacia su oponente. La campana sonó tres golpes antes de que la Pantera noqueara a Solís.

El público permaneció de pie como no lo hacían desde sus primeras peleas cuando los periódicos lo consideraban una promesa del boxeo azteca. En aquellos años, la Pantera soñó con batirse en las Vegas con algún negro, comprarle una casa a su madre y ponerles un negocio a sus hermanas. Se sentó en el banquillo. El aire regresaba a sus pulmones. Se imaginó la cara de Julián al verlo cruzar el umbral de su puerta. El retorno del campeón, se dijo.

La campana sonó. Este es el round… El decisivo. pensó. Vio a la Perra acercarse, hacer una finta y lanzar un recto que lo mandó a la lona. El conteo fue apenas audible por los aullidos en la tribuna. La campana anunció el final. ¡Estaba jodido! En el vestidor, Charly le ayudó a quitarse los guantes. “Ya no llore, no sea puto, si no es pa´ tanto. Ándele váyase al gimnasio a descansar” Al día siguiente los muchachos hablarían de la putiza que le acomodaron a La pantera rosa, pero esa noche le restaba un último Round…El decisivo.

Tocó sin fuerza a la puerta. El hueco del cristal había sido cubierto por un pedazo de cartón. La puerta se abrió. Antes de decir una palabra, las manos de Julián le acariciaron sus pómulos hinchados. Ese suave roce le dolió más que cualquier golpe de la Perra. En un sitio ajeno a toda corporeidad. Quizá tenían razón, quizá ambos se habían equivocado de ocupación.

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SEMBLANZA

Iván Landázuri Oaxaca Oax. 1990

Psicólogo y aspirante a escritor. (Cuentista) Ha colaborado para las revistas Registromx, Scifi-Terror, Penumbria, Yerba Fanzine, Monolito, Errr Fanzine, Sincope entre otras.

https://www.facebook.com/ivan.landazury

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Have fun

ilustración por Enrique Landgrave
ilustración por Enrique Landgrave

Por Tomás Piñones

 

El cubículo estaba precariamente iluminado por la luz que lanzaba la pantalla en la pared. No había forma de apagarla, sólo había un botón que permitía cambiar el vídeo que se transmitía probablemente desde un ordenador central que controlaba el tipo calvo, cómodo en la caja del sex shop que funcionaba como fachada del recinto. También el volumen estaba prefijado, manteniendo un bajo nivel que daba al lugar un suave cántico de suspiros y quejidos masculinos. Presionaba el botón y se sucedían militares follando en el barro, twinks lamiéndose sus frágiles cuerpos, una orgía de aire ochentero con hombres velludos y de poblados bigotes, marineros de brazos tatuados sometiendo a un grumete, imponentes hombres negros resoplando al ritmo de la penetración exorbitante, un daddy chupando los pies de un joven dominatrix. Eché de menos a los latinos, y en general, una mayor calidad de los vídeos. Resultaba gracioso pensar que en pleno siglo XXI las pantallas de los cuartos oscuros aún transmitiesen vídeos con esa aura irremediablemente vintage. Y es que en realidad, todo en ese lugar, la dinámica del aire viciado, los gemidos entrecortados en la penumbra de los cubículos, las miradas que buscaban sus pares ansiosos,  tenían un aspecto de repasado, de resabida actividad.

    Había un glory hole en la pared. Haciendo gala de curiosidad provinciana, me agaché a su altura y primero presté atención al ruido en el cubículo contiguo. Un cinturón se abría con prisa, y el sonido de un jeans bajando me llegó claro. Una mano se apoyó pesada sobre la pared. Jadeos que se deslizaban morbosos por el agujero. No había forma de saber quién estaba del otro lado, y la idea de encontrar a un pobre padre de familia abandonado a la oscura suerte de estos cubículos me generó rechazo.

    Me levanté y apoyándome en la pared, me quedé viendo unos segundos la pantalla. No prestaba atención ya a las nalgadas furiosas que daban los marineros al grumete, sino que me abstraje en todo lo que era ese cubículo en aquel momento. Sus paredes grasosas de tantas manos sudadas, la capa de indeterminadas manchas que cubría el piso. Había algo atrapante allí, algo que ni toda la música pop, y el baile del apareamiento, con sus tragos sofisticados y sus cervecitas light en la barra, podían ofrecer. Había un sabor que ni todo el flirteo en las luces encandilantes de la calle podía igualar. Todo el desenfreno de los personajes que afuera festinaban su noche de anonimato, contrastaba con esta parsimonia culpable que adornaba los gestos de estos hombres sombríos que, a la sombra de los cubículos, se entregaban a la escucha de sus ruegos carnales.

    No sé cuánto tiempo permanecí allí, capturado por esa melodía pecaminosa que se elevaba por los cuartos oscuros y se comunicaba a través de los glory hole, cuando de pronto ya no estaba solo en aquel cubículo. Un motoquero robusto, típico cabrón en sus tardíos cuarenta, con el águila americana en su chaqueta, cerraba la puerta del cuartito a sus espaldas. Sus pupilas temblaban sobre sus ojeras, relamiéndose sin asco sobre la expectativa de mi cuerpo acorralado intencionalmente en ese rincón de paredes grasosas.

– Fresh meat…-dijo ansioso, como pensando en voz alta. Hice un ademán de moverme hacia la puerta, de huir de sus manos que acariciaban torpemente mis brazos.

– Don’t be scared, I won’t be so rough, you’ll see. –prometía mientras bloqueaba mi paso y suavemente bajaba la chaqueta de mis hombros.

    Me vi bajo el lógico desenlace de una cadena de decisiones atrapantes, con ese hombre que leía toda mi angustia facial, y se excitaba ante la creciente resignación de un encuentro donde él podía interpretar un papel protagónico, la deliciosa captura de un borrego nervioso del cual suponía el pleno consentimiento para ese juego huraño apenas iluminado por la pantalla en la pared.

– We’re gonna play a little bit, don’t be scared… -seguía susurrando sobre mi cara, con su aliento de bourbon y cigarros rojos.

– I’m not scared. I’m never scared –le dije con mi acento tosco, volviendo a colocarme la chaqueta sobre los hombros.- I just don’t fuck old people.

    Lo miré fijamente con una expresión hostil, de forma que no quedara duda sobre mis palabras dichas con un exagerado tono de autosuficiencia, y lo dejé solo en ese cubículo.

    En los pasillos ensombrecidos del complejo, los hombres rondaban lentamente a la caza de quien les invitase a observar las pantallas de porno vintage. El humo se atrapaba en el techo y las colillas iluminaban por segundos los rostros ansiosos, impacientes.

    Caminé por los pasillos, buscando al amigo con quien había ingresado. Seguramente ya estaría en un cubículo, o se habría cansado de tanto diálogo estereotipado en las puertas de las cabinas. Estaba solo allí adentro. Quería salir, respirar aire fresco y fumar un cigarro en la cuneta de esa calle rebosante de brillo, tacones y luces multicolores. Camino a la puerta principal, había un cubículo entreabierto. En la puerta del cubículo, con un pie adentro y el otro afuera, un chiquillo de piel oscura miraba hacia afuera, hacia el pasillo. Su cabeza estaba apoyada en el respaldo de la puerta, y su espalda se arqueaba en posición de relajo, de espera. Sus ojos negros iluminados por el cigarro que se llevaba a la boca, me detuvieron. Unos dientes blanquísimos sonrieron ante mi huida abortada. Alguien ponía música en el jukebox que el dueño había dejado cerca de la entrada, por si la melodía constante del jadeo desesperaba a quienes rondaban los pasillos. El chiquillo se siguió sonriendo e ingresó al cubículo, y el humo de su cigarro se elevaba por fuera de la puerta. Mis piernas titubearon, y en ese momento, la puerta eléctrica que servía de camuflada entrada desde el sex shop hasta el complejo de cuartos oscuros, se abrió, y dos hombres negros entraron parloteando alegremente. Se oyeron las risas que llegaban desde la calle, y la brisa nocturna mezclada con el aroma de los hot dogs que vendían en la esquina fuera del sex shop, se deslizaba dentro, haciendo promesas de un exterior más alegre, más afable.

    Sonó una voz grave acompañada de un bum bum bum electrónico en el jukebox, y los parlantes ocultos dispuestos por los pasillos dieron un nuevo ritmo a los aires cansados de los hombres en éstos. Vi la puerta eléctrica cerrarse despacio, y el humo del cigarro desvanecerse en la puerta del cubículo. Nuevos ojos se encontraban con los míos en esos segundos, y pasaban a mi lado, haciendo invitaciones de buscar otros cubículos vacíos. La puerta del cubículo que tenía enfrente seguía entreabierta. Las bocinas de los autos se oían desde la calle, y las carcajadas explotaban en el aire de la noche borracha, sedienta de más noche.

 [divider]Tomaspeq

Mi nombre es Tomas Piñones, soy profundamente coquimbano y ligeramente chileno. Estudio, trabajo, milito y escribo. Abajo el patriarcado, arriba la cumbia.

https://www.facebook.com/gaspar.zunagua

 

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Mario

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ilustración por Sok

 

por  Citlally Villarejo Gómez

Mario era un chico sencillo, de gustos simples, le gustaba el futbol y aquella canción que hablaba de desamor. No era que se hubiera enamorado alguna vez, pero le encantaba escuchar la voz de esos varoniles artistas desgarrada por la pequeña cintura de su Adelita.

   Mario soñaba con enamorarse, algún día, de una hermosa Adelita, tenía la vaga idea de que su preferencia sería por las mujeres jaliscienses. Cuando tenía ocho años fue de vacaciones a Guadalajara, no recuerda mucho, sólo un partido de futbol y a una bella mesera de grandes ojos… y grandes senos. Cada vez que todo se quedaba en silencio, podía revivir las palabras de su padre: “No hay mejor mujer que una hermosa oriunda de Guadalajara”. (Claro, eso fue antes de que su padre se fuera con una mujer de allá y lo dejará solo al sur del país).

     Mario vivía con su tía, su mamá hacía tiempo que lo había dejado de amar; y no era su sentir de él, sino que ella misma se lo había dicho.

    La noche era fría, la lluvia lo atormentaba, el silencio y la falta de luz dejaba sólo un pequeño temblor en sus piernas… pero, también en su corazón. “Lárgate puto, tú no eres mi hijo, esa princesita que estoy viendo no salió de mi vientre ¡vete a la chingada pinche puto!”. ¿Qué tenía de malo llorar? ¿Qué de malo tenía soñar con ser él la Adelita? Se levantó envuelto en una cobija, prendió una vela y vio su reflejo en la ventana. Él tenía unos ojos hermosos, muchos hombres se lo habían dicho, y un cuerpo que le costaba horas esculpir en un gimnasio -eso sin hablar de las horas de entrenamiento en la cancha de fútbol y su delicada dieta, la cual no rompía ni en días festivos-. ¿Qué de malo tenía enamorarse de hombres rudos que se rompían por amor? “Lárgate, puto”.  Se giró a su cama, hace tiempo que él se había ido.

    Sólo tenía catorce años, pero estaba más que seguro de lo que iba a hacer con su vida: entrar en una preparatoria en la capital, irse con él, con Omar, fugarse a ese famoso lugar donde nadie los iba a rechazar, seguir haciendo ejercicio y pertenecer al equipo de futbol de su futura escuela, ser los mejores, para así algún día ser vistos, tal vez en la universidad, ambos estudiando medicina… o leyes, o cada uno siguiendo su vocación, siendo hombres de bien, saludables, llenos de energía y excelentes jugadores, para entonces no seguir su carrera universitaria como trabajo, sino dedicarse a su pasión, el futbol.

    Amarse y, tal vez algún día, se pudieran casar frente a todos, adoptar una hija y llamarla Adela. Sus neuronas no lo dejaban pensar, se desconectaban al sentir la lengua de Omar dentro de su boca, al morder los carnosos labios de su mejor amigo, su hermano, su novio, su complemento, su eternidad. Dejaba de respirar cada vez que él tocaba con la punta de sus dedos su espalda o su abdomen, y su corazón parecía dejar de latir cuando posaba su boca en cualquier parte de su cuerpo.

   Esa noche también era lluviosa, el partido hacía tres horas que había terminado, mamá no estaba en casa, no había vecinos cerca, la ventaja de las vacaciones es que nadie está en donde debería estar, sólo ellos dos, entregándose el uno al otro en su viejo sillón. “Te amo”, irrumpió en el silencio la masculina voz de Omar, haciéndolo cerrar los ojos y repetir sus palabras en susurro. También él lo amaba con toda su vida, qué dichosos eran, haber encontrado a su compañero para siempre siendo aún adolescentes, “te amo”, la voz de Omar se proyectaba por toda la casa, por todo su cuerpo, por todos lados.

   La puerta se rompió. ¿Qué jodidos están haciendo, par de maricas?”. La madre, enojada, tomó la pistola. Sin esperarlo, la luz fulminó todo y ahí cayó Omar, repitiendo «te amo». Ya no podía escuchar nada más, las lágrimas en automático cayeron, ¿qué importaba ya? ella tampoco sería su madre jamás, le había quitado todo, le había quitado al amor de su vida, su verdad, su sueño, su eternidad.

Fijo, viendo la ventana, selló el final: “Vete a la chingada, mamá”.

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Citlally Villarejo Gómez, autor de Nogiedra, es Licenciadx en 141230-200950---copiaComunicación, vlogger y freelance.
Página personal: nogiedrablog.blogspot.mx
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Soy tuya o ¡Ya me dieron ganas de comer jamoncillo!

Dibujo de Itziar Markiegi «M Amante»

Texto: Eglón E. Mendoza

 

Hincada en el vórtice
de tus sombras,
me declaro adicta
a tus sudores.

Origen del desengaño,
principio de las contracciones.
Amplitud de mis primeras dudas
y final de mis más sinceras culpas.

¡Me declaro culpable!
Que me condenen a morir
arrodillada frente a éstas,
tus bondades.

Y me confieso:
Racista no soy,
mucho menos existencialista.
Pero contigo lo negro,
me sabe todo distinto.

 

Respiro, me sumerjo

y te acaricio.

Soy diestra, voraz,
no me detengo, me ahogo y digo – ¡Quiero más!

Que rico lamerte
en lo oscurito,
sin cuestionarme ya
ni un poquito.

¡Sabroso tienes el rabito!
Rosadito, radiante
y bien bonito.

Hincada me descubren
las miradas,
y una que otra
guarrada.

Rosando con la puntilla
me vuelvo loca,
una trompetilla.

Que no es negro
dicen las diosas.
Ni un beso
a cuentagotas.

 

Es dulce como
un sorbete.
Y rosa como
el jamoncillo.

 

No soy tonta
ni romancerista.
Pero a ti, te quiero
igual que el niño a su membrillo.

Me detengo y respiro
mientras te digo:
¡En que lío me has metido!
¡Ay muchachito pinto!

 

De un rosa más que explosivo
se quedan las preocupaciones.
¡No hay culpa, Marica!
¡Soy tuya! Así, también rosadita.
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Eglón E. MendozaL.C.I. con ganas de cambiar la “i” por “d”. Teatrero, escritor y observador en constante renovación. 219,000 horas bien jugadas. Enamorado del marica, la puta, las ilusiones, la danza y las borracheras. Encabronado con el Estado de mierda, opresor y misógino. En deuda con muchxs. Ignorando aún muchos temas. ¡Vamos a bailar y a tumbarnos cuando quieras!

Link: http://eeglon.tumblr.com/

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El putito del taller. La obvia prole y el devenir de la pluma en la vida laboral

Por Ángel Martínez

Malaquías 3:5 Y me acercaré a vosotros para el juicio, y seré un testigo veloz contra los hechiceros (¡aguas manas! dejen de llamar a la línea psíquica…), contra los adúlteros (bueno… aquí ya me las arrinconaron), contra los que juran en falso y contra los que oprimen al jornalero en su salario (¿ya se habrá dado una vuelta por los Call centers en donde trabaja gran cantidad de lxs morrxs en nuestro pais?), bla-bla-bla-bla-bla y los que no me temen–dice el Señor a los ejércitos. 

    Máquinas que resuenan con música de banda al fondo; todos trabajan atentos en el taller, unos cantan, otros fingen trabajar, unos platican y el resto parece mirar un sinfín de papel con la esperanza de salir temprano de la jornada laboral.

    Entonces aparece él, un chico de jeans y camiseta, aparentemente común hasta que decide romper con el silencio y el dominio de la relación máquina-hombre.

    Unos lo llaman chiquita, otros le dicen mi amor, cualquiera diría que la homofobia invade el taller hasta que este chico abre la boca para decir: ¿Ya le dijiste a tu esposa de lo nuestro? El taller lleno de ruidos de metal hueco se llena de carcajadas.

    Pasa el rato y entre bromas el marica va a su máquina, se coloca los audífonos y se pone a cantar sus canciones favoritas a todo pulmón, se escuchan algunas risas mientras baila sus canciones, todos bromean con él mientras les dedica a los presentes canciones de amor y desamor incluso frente a sus esposas que ríen e incluso le llaman socia.

    Durante todo el día escuché múltiples bromas y palabras entre él y los trabajadores que hasta entonces sólo había escuchado entre comadres y entre clientes del cabaretito. Debo aceptar que me fue difícil creer la forma en que este sujeto, el putito del taller, había logrado apropiarse del estigma de lo que parecieran insultos para crear formas de convivencia que lo empoderaban, que le permitían ser como quería y con esto llevar a los más machos a jotears, a hacer propias algunas expresiones de la joteria. -¡Manden al (aquí el nombre de su jotita favorito) a la tienda para que se cruce con su chacal!- Decía una de las trabajadoras, a esto le siguieron los clásicos aullidos burlescos que invitan, que incitan al sujeto a estar con esa persona que no puede escuchar el alarido de complicidad…

Este día, me permitió reflexionar acerca del aporte de este singular personaje de la vida del proletario mexicano, a la lucha por una sociedad sin géneros.

    Si bien, la relación entre el putito del taller y el resto de los trabajadores se desenvuelve en un principio a través de una posición de desigualdad ante el modelo heteronormativo de sexualidad, progresivamente la convivencia de estos hombres y mujeres con este marica empoderado los ha llevado a conformar un espacio en donde se permiten y se celebran las múltiples maneras de ser, un espacio en donde se juega con el género que se separa de lo biológico y pierde importancia a través del elemento lúdico de la jotería.

    El grueso de la sociedad mexicana aprende la homo-lesbo-trans-fobia en la praxis y en su vida cotidiana; difícilmente habrá seminarios, cursos o talleres para enseñarle a la gente a discriminar u odiar (esto sin contar la misa del domingo, las reuniones de las juventudes neo-nazis panistas, el curso de la ex-comadre Richard Cohen, etc. etc. etc.). Entonces, si el homofóbico no aprendió a odiar en un taller especializado ¿son los cursos educativos, las canciones de Macklemore, los folletos y el resto de indumentaria cliché de la lucha contra la discriminación una solución real en contra del problema?

    La propaganda lgbt/cuir es vista como una amenaza, como una imposición de grupos que se perciben como alejados y ensimismados en sus trincheras. No existe un contacto real entre los homo-lesbo-trans-cuir-fóbicos y el grueso de las disidencias sexo-genéricas, ambos se miran como si fueran un problema. ¿De qué sirve la cantidad de dinero, tiempo y esfuerzo que estos grupos gastan si la información difícilmente es asimilada por los grupos a los que se dirige?

    Los grupos organizados de la disidencia sexual, el activismo y la burocracia lgbt tienen mucho que aprender del joto anónimo; del joto que lleva la pluma al taller, baila e interviene las dinámicas del modelo heteronormativo en la vida laboral. Del joto que invita a los cabrones e incita a la auto-exploración del cuerpo sin fronteras de género.

Nota final: Comadre, nadie te cree que eres macha varonila… ¡ya deja de fingirssss! (dedicada a todas las machas varonilas, godinaz, call centeras, oficinistas, operadoras, recepcionistas, capturistas, televisas, actoras, panistas, trabajadoras de CDHDF, etc. etc. etc.)

¡Jotas emplumadas del mundo, Uníos!

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angelUna jotilla muy *desas*, Wannabe, Socióloga, Obvia, Godínez, dando sus primeros pininos en la observación y registro de la flora y fauna jota de la ciudarks.

Redes: [@dexnovelty] y [/dexnovelty]

 

 

 

 

 

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La ética ilocalizable del sida: pensando en la “peste gay”

por Sergio Castellanos a.k.a Sok
por Sergio Castellanos a.k.a Sok

Putonesimo Alfaro

Ya había tardado en hacerme la rutinaria prueba de detección de VIH. Entonces pensé que si hubiera salido reactivo, de la misma forma lo hubiera notificado como un suceso importante en mi vida de manera pública con amigos, familiares, parejas. amigos sexuales e incluso en mis redes sociales notificándoles algo que para muchos parecería funesto; o información no solicitada e irrelevante para otros. Haciendo frente a mi situación y expuesto al escarnio público, sé que podrían juzgarme, sentir conmiseración o animarme con palabras de aliento las cuales, por supuesto, rechazaría.

En cambio yo aceptaría mi seropositividad, que circunstancialmente me acompañaría toda la vida y no quisiera vivirla encapsulado en un closet, porque todo empieza por el rechazo, el ocultamiento o la autoflagelación de culpa. Por una discriminación que surge desde el interior y no precisamente desde afuera, diría:

–Sí, tengo sida. -Con lujo de exclamación, de ser necesario.

Pues el VIH ya está atado a nuestra materia hasta el día en que no haya una cura. ¿Porqué no aceptarse así, como quien tiene una diabetes o un cáncer aunque sean etiologías distingas? Sólo que valdría la pena recordar que algunos somos homosexuales, maricas o trans y que podríamos afirmarnos haciéndonos visibles como primer paso, asimilando la enfermedad como una identidad agregada de la misma forma que decimos soy gay, soy lesbiana, soy trans, soy tv, soy T girl, soy cuir, soy marica, soy lencha, soy puñal. Soy Sidral ¡y qué! Sidral.

Tal vez muchos evitan estos pensamientos cuando quieren conocer su estado serológico o lo piensan hasta que tienen una plática de consejería pre-prueba y se ven obligados a pensarse así mismo frente al sida, y en su mayoría, las preguntas circundantes al monstruo ¿qué haré?, ¿lo diré a los demás?, ¿me señalarán?¿moriré?, ¿mejor me lo guardo en secreto?

Algunos otros, por comodidad y pasmados por algo que consideran una peste gay prefieren limitar su actividad sexual bajo la salvaguarda de discursos bañados de un neopuritanismo sexual en contra de la promiscuidad. Estos discursos que se abstienen de caminar sobre la cuerda de la paranoica y contagiosa enfermedad del cáncer rosa, por el que muchos homosexuales solemos sentimos vulnerables. Él, a quien hemos detectado como nuestro asesino furtivo, ilocalizable, pero a la vez tan presente. Todo el tiempo se nos manifiesta a través del miedo y la intimidación al grado de que en algunos casos puede regular nuestras prácticas sexuales y nuestras interacciones eróticas y sociales.

No me permitiré, entonces, perderme en esa cortina de humo. Seguiré cogiendo y cogiendo con placer, gozo y sin arrepentimiento. Evaluando cuándo y con quién usar el látex del Fondo Mundial. Al final del cuento el destino, las decisiones y la inteligencia misma siempre tienden comportarse muy azarosas.

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PUTONESIMO ALFARO (México D.F.) Estudié la carrera de Pedagogía con preespecialidad Onesimo_yolandaen Pedagogía Social por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, donde formé parte del grupo de jóvenes CDiverisA enfocado al reconocimiento de las personas LGBT. A su vez incursioné en mi formación de los estudios de género y teorías cuirs por los Diplomados del Programa Universitario de Estudios de Género UNAM y del Programa de Estudios en Disidencia Sexual de la UACM además de distintos cursos y seminarios sobre la materia. Participé en coloquios, conferencias y encuentros académicos locales, nacionales e internacionales para poner sobre la mesa temas tan fundamentales y de debate como la desigualdad y los nuevos paradigmas cuir en la educación. Actualmente me desempeño en la investigación sobre la discriminación de lxs jóvenes LGBT en el espacio universitario, además de reflexionar sobre mi cuerpo y mi sexualidad como un espacio político y deconstrucción continua.

Contacto:

onesimo.alfaro@gmail.com

https://www.facebook.com/onesimo.alfaro

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Rosa prostiputx, revolución social

millaray y diego

Por Diego corrales

Criada en el mundo de la heterosexualidad obligatoria, situado y adoctrinada al binomio del color, se perdieron regalos placenteros en el rosado, lo rechacé con todas mis fuerzas, aunque siempre que jugábamos a los “power rangers” quería ser la kimberli, la rosada, y peleaba con mis primas por el glamoroso personaje. El rosado siempre de sábanas femeninas, telas de mujercita, mariquita, el rosado al igual que las muñecas en mi infancia se me tenía prohibido.

Con el tiempo, fiel a las lecciones de heteronorma de mis pares, el rosado no sólo era de mujeres sino también de maricones, de personas raras; mi adolescencia darks se vanagloriaba de la nulidad rosita, de esa masculinidad que se supone aparece cuando desaparece el rosado. Hoy escribo vestida completa de negro pero con mis maravillosos calcetines rosado, rosado fuerte y me propongo a comentar, relatar lo que por mi cuerpx calienta y excita, esa política bandida.

Desde las oportunidades que nos brinda el escape del machismo, nos esforzamos por sabotear las mentalidades heterosexuales, nos proponemos hacer estallar esa lógica binaria, queremos hacer fuerza TRANSformadora, despreciamos/desajustamos tu esencialismo biologicista. Que vengo a portarme mal, a decirle a esos curas pedófilos que el aborto es mi emergencia, soy libertaria porque mi cuerpo es pueblo y autonomía, región chilena amiga de la miseria, la disidencia sexual responde a la cultura patriarcal con destrozos de heteronormas, de asignaciones obligatorias al cuerpx y construcciones de roles genéricos (político-sexuales-económicos) estáticos y jerarquizados por el patán, EL, el soberano, el único, la soberbia ego de DIOS, la emperador, la ridícula del rey, y así otros.

Me apestan las huachas que puro quieren ser líderes, dirigentes, que sueñan con que su muerte será como un funeral revolucionario lleno de flores y multitudes llorando la pérdida del guía del espíritu de la patria, que se esfuerzan por dejar un legado que se insisten en aparecer después del busto de engels, puro ego, puro hocico vacilante, harta de las que quieren puro mandar y se creen con la verdad absoluta, como si no bastara con su avasalladora práctica, como si la gente y nosotras y todxs en realidad fuéramos siempre instrumentos de control, o por socialismo o por capitalismo, ese liberalismo cursi y para qué vamos a hablar del payaso de chile, esa social democracia centro izquierda centro derecha, ¡basta!

Queremos que el proyecto feminista, transfeminista, feminista monstruoso, disidente sexual y pornopolítico, sea un proyecto alejado de la masculinidad y autoridad estatal, no sólo de la institución sino también de las ideas y nociones que provienen de la fe en el estado, en los varones y el mando. La torta argentina valeria flores me seduce cuando dice:

No obstante, la política feminista ha quedado cautiva, en los últimos tiempos, de un circuito fagocitante que rechaza la radicalidad de experimentaciones relacionales, sensuales, extáticas, delirantes, al escribir y re-escribir el sujeto político de la acción, «las mujeres», bajo la ficción del binarismo de la diferencia sexual. De esta manera, se reduce la escritura a los significados predeterminados del repertorio feminista tradicional, A LOS TEMAS Y DIRECTRICES DE UN FEMINISMO MUJERIL, PRAGMÁTICO, Y REFORMISTA, QUE SE CONVIRTIÓ EN PRESA DE LA MAQUINARIA ESTATAL Y SU LENGUAJE TÉCNICO-ADMINISTRATIVO.

Las escrituras latinoamericas, el eurocentrismo, el lenguaje técnico-administrativo de las butifarra del estado, se nos está haciendo ajeno, con las amigxs del colectivo arroz quemado, nos hablamos entre localidades entre experiencias y posibilidades micropoliticas de acción directa. Este es el potencial del cual la disidencia sexual, lxs otrxs cuerpxs ya no sólo sean sujetos políticos sino también cuerpxs revolucionarixs, combatiendo la urgencia, la emergencia ante el capital-patriarcal-hetero-basura, sin embargo aún hay colas (homosexuales) cómplices de la violencia, colas que en sus familias, trabajos, y lugares de estudios callan su potencial (visibilizar) por conservar puestos, estatus, reconocimientos heterosexuales. Debemos ser colas, colas fuertonas como el cloro, patudas, hipermegasuper afeminadas gritonas, lokas revolucionarias y destruir la clandestinidad homosexual que nos arroja esa moralidad facha, de derechas, de izquierdas.

Desde la disidencia sexual y feminista libertaria mi activismo está entre los ojos de milla cuando nos conversamos la denuncia, el análisis, diagnóstico de esta región pinochetizada. Este modelo neoliberal fue implantado en dictadura a través de la violación de mujeres, de la tortura con animales, de vejaciones sexuales y psicológicas, de la persecución y desaparición de cuerpxs, de adoctrinamiento modo shock y la institución de la violencia como algo domestico y cotidiano. Ser de derecha(izquierdon) y legitimar la heterosexualidad obligatoria capitalista, heterocapitalismo, legitimar y aceptar lógicas mercantiles de las economías de mercado, las dominaciones y asignaciones sexuales adoctrinarias, estamos legitimando la tortura, las violaciones sexuales de miles de cuerpxs que sufrieron durante la dictadura militar de pinochet.

Esa igualdad e inclusión al sistema patriarcal es la excusa para dejar de lado, atrás, la lucha política del feminismo libertario, de las políticas transfeministas, lobas fugaces, travestis lesbianas anarcas, como inspiración emancipadora de ruptura y detonadora de mentes hetero, sin binomios, nuestrxs cuerpxs son un territorio de lucha y resistencia a la cultura patriarcal mercantil, que las divisiones y enemistades que nos impone el capital para con nuestros pueblos hermanxs, latinoamericanos sea humo, humo de barricadas y lucha, ante las masacres latinoamericas de estudiantes, de mujeres con la lluvia ácida de la violación en potosí, y nuestrxs propixs cuerpxs latinos masacrados por el capital yanqui. Quienes quieran encontrar a través de la política masculina una vía al socialismo desafiando la epistemología feminista sólo buscan en sus luchas la liberación del hombre, no la completa emancipación social e individual de lxs cuerpxs.

Entre mis compañerxs amigxs de lucha y vÍsera, nos empolvamos de rosado cada vez que pegamos un cartel en la calle, en los Lienzos en las palabras rosadas que murmuramos y gritamos, de ese rosado pink hueco que esconde a la travesti terrorista saboteadora del capital heterosexual, del mercado de lxs cuerpxs. Nuestro rosado se embandera con el negro y en diagonal , así marchamos morinegro y rosado chillón desbordando el feminismo hetero, el Rosado nos posibilita en la Lucha un tercer o quinto cuerpx, en la pompa colorada del rosado reivindicamos la homosexualidad subversiva, desobediente, feminista radical. El rosado libertario es nuestra pintura y letra que colectiviza las ideas e intenciones de transformar la realidad violenta llena de sufrimiento que el patriarcado impone.

 

¡Por un rosa  revolucionarix, por la emancipación  social e individual, feministxs libertarixs en acción, con el ano!

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diegocchicaDiego corrales: activista colectivx arroz quemado Valparaíso , feminista libertaria, amigo de las carcajadas y desordenada.

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Enferma del alma

POESÍA TRAVESTI

 

Se cree que lo diferente es grotesco y monstruoso. He sido tan odiada que tengo razones para escribir. Nunca fui una esperanza para nadie. Junto las letras y escribo mediocremente sobre este vacío. Escribo porque no he sido la única. Con mis amigas travestis hemos sido rechazadas porque el cuerpo es sagrado y con él no se juega. Por eso escribo, por todas las travestis que no alcanzaron a saber que estaban vivas, por la culpa y la vergüenza de no ser cuerpos para ser amados y murieron jóvenes antes de ser felices. Murieron sin haber escrito ni una carta de amor.

Las travestis somos iguales que las mapuches, igual que las mujeres antiguas que aprenden de las abuelas cómo se amasa el pan. Nosotras aprendemos hablando con las viejas a pensar lo que tiene que ver con el cuerpo, sobre el deseo, que es lo mismo que aprender a ver. Ver por ejemplo que en el campo, las lechugas también tienen deseo, deseo del sol y lo persiguen hasta que logran que las bese. Las travestis somos igual que las mapuches que no necesitábamos ni leer, ni saber escribir para entender el mundo. Nos bastó con nuestra imaginación hasta que comenzaron las matanzas.

Otra vez en las noticias dijeron que un temblor fulminante y triste desarmó las casas y armó otros paisajes. Lo recuerdo, fue ese tironeo lo que me despojó de los brazos de mi madre y de una vez tuve que soportar mi propio peso. Sobre unos ensordecedores desajustes subterráneos tuve que aprender a mantenerme paraa. ¡Mamá el mundo se retuerce bajo nosotras! Nunca pensé que el mar estuviera aquí, bajo nosotras. ¡Mamá nacimos en un mundo que no nos quiere!

Dicen que no sé contar historias porque desde la niñez poseo una salud que esquiva la costumbre, que me hace desaparecer de las ideas tradicionales. Mi problema de salud es la agobiante persecución de las palabras y los ojos, y es que no me alcanzan las letras unidas para decir que la ciudad se mueve, que nunca nada fue igual en las mismas calles. Se presume que mi trastorno es negarme a ser niño y querer ser hija de mi madre. La psiquiatra dice que si no hubiera sido hija, sería un niño alegre y fuerte y las palabras hubieran sido otras, y la forma de mirar, resistente. Se dice que la pequeñez íntima que conservo me debe excluir del mundo y determinar infeliz por cobarde y débil, por llorona. Soy la hija travesti de una madre analfabeta.

Desde un principio, una cree tener la razón de que lo sólido nunca podría ser relativo y nos hacemos de una seguridad imposible, falsa, porque lo incierto sabe mostrarse a sí mismo, fulminantemente, para caer sobre todas nosotras, en venganza. Es algo que presiento desde niña. Una cree tener la razón de una fijeza, porque siempre es posible negar aunque ésta se demuestre súbita. Desde un fatal principio, la ciudad miente y se toma toda voluntad y nos hace creer en la seguridad de la rutina, en la solidez del ahora, de lo irrelevante de los movimientos del mar presente debajo de todas y que podría venir a abrazarnos, fulminantemente, en venganza. Dicen que no sé contar historias, pero no hay nada que contar porque dicen que estoy enferma y desde que me diagnosticaron me dejaron sin nada que decir. Enmudecieron la ciudad que llevo dentro.

¿Quién dijo que las mujeres no se tiran peos? Una vez cuando desperté a su lado ella se peó con la fuerza del resoplido de una ballena de las más grande, ppppppffffuuuuuuuuuuaaaaaaaa y aperfumó toda la casa con olor a pastel de choclo, un olorcito que empezaba con aceitunas y que al finaaaaaaaaaal era más dulce que las humitas. Cuando la vi dormir así me dio pena porque se movía insistentemente para tocarme y decirme sin despertar, en murmullos: te quiero mi niñe, porque algo sabía. La pobre, ni cuando dormía me olvidaba. Me da pena, porque hasta dormida sigue trabajando. La pobre me alimenta hasta cuando ya no tengo hambre. Vive todo el tiempo preocupada de poner el sol, de sacar el sol, de tantas cosas que llegan a ser sobrenaturales, del viento y de las estrellas. Cuando la vi dormir se movía igual que cuando lava, rascando toda suciedad posible, revolviendo el sofrito pa que no se queme y dando wuelta el pan pa’ que quede tierno y nutra la cuerpo. Parece que sólo cuando duerme se queja un poco, porque de día no se queja de ná’ y eso es lo que me da pena. Ella no es consciente de que tiene razones de sobra pa’ decir que algo le duele, por las entrañas, por el interior de sus tripas. Yo no me guardo los peos. Ella sólo cuando duerme protesta, suspira y llora como dicen que cantan las ballenas. Me gustaría decirle que deje de sufrir y que cuando estemos solas, juntitas, nos tiremos todos los peos del mundo.

Ahora me maquillo y me depilo porque me gusta que me digan m’ijita. Cuando me pongo triste bailo sola y me drogo porque las cosas son como son. Bailo borracha y sola. Los hombres me ofrecen coca y me ensucian con sus besos porque me odian. Llego a mi casa cuando amanece y me quedo feliz dormida y sucia, lamida por desconocidos, penetrada por hombres que no querrán volver a verme, que durante días trabajaran en olvidarme y le mentirán de su deseo por mí a sus mujeres.

Claudia Rodríguez

Inicia su activismo en 1991 una vez terminado el régimen militar que afectó a Chile en la primera organización homosexual donde se forma como activista. En el 2007 toma el Diplomado de Género en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile para posteriormente iniciar la carrera de Trabajo Social en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano en el 2008, misma fecha en la que ingresa a la Colectiva Lésbica Travesti Feminista Paila Marina, colectiva con la cual desarrolla foros públicos y performance en marchas nacionales por la despenalización de la píldora del día después, del orgullo lésbico travesti y por la transformación de la Educación Pública en Chile. Además en el 2007 toma talleres de escritura con el Poeta Diego Ramírez, publica su primer fanzine de poesía “Dramas Pobres” y postula a los Fondos Nacionales del Libro (FONDART) beca para escritores emergentes el año 2010. Hoy su principal interés es problematizar la lectoescritura y la producción de arte como estrategia política del movimiento travesti.

 

https://www.facebook.com/Claudiaanaisrodriguezsilva

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Entrevista a Antonio Marquet

por Benjamín Martínez Castañeda

Antonio Marquet (Ciudad de México, 1955), es Doctor en Literatura Latinoamericana, desde 1983 es profesor-investigador en la UAM Azcapotzalco. Es pionero de los estudios LGBTTTI en México, ha escrito tres libros relacionados a la cultura gay del México contemporáneo; éstos son: ¡Que se quede el infinito sin estrellas!: la cultura gay a fin de milenio (UAM, 2001), El crepúsculo de heterolandia: Mester de jotería (UAM, 2006) y El coloquio de las perras (UAM, 2010).

México D.F. Abril 2015, para mí es un honor poder entrevistar a Antonio Marquet, la primera vez que supe de él, fue mientras realizaba unas compras en la tienda destinada a la comunidad gay «Rainbowlanda»; estaba husmeando en su librería, y se me atravesó su lirbo ¡Que se quede el infinito sin estrellas! Al hojearlo encontré varios artículos de mí interés, he de aclarar que yo me encontraba escribiendo mi tesis y se relacionaba con la jotería, concepto que desarrolla a la perfección Marquet. Sin pensarlo más lo compré y así comenzó mi relación de aprendiz con Antonio.

Cuando Hysteria! Revista me invitó a coeditar este número titulado «Rosa marica», me veía obligado, temáticamente hablando, a realizar algo sobre Antonio Marquet, pensé en un ensayo sobre él, pero sería mejor una entrevista; y así poderle preguntar las cosas que me intrigan sobre su teoría. A continuación la entrevista.

¿Se quedó el infinito sin estrellas?

No se ha quedado sin ellas: no hay caso de que se quede desestelarizado. ¡Que se quede el infinito sin estrellas! es el título de mi primer libro, ahora agotado, sobre cultura LGBTTTI que data del año 2000. El título tiene un sentido programático: al final de la introducción señalo que la voz de la comunidad elegebetera se ha de oír, cueste lo que cueste, así se tenga que quedar el mismo infinito sin estrellas. Otra manera de expresar mi punto de vista sobre la fuerza de la cultura elegebetera es que (ya) no hay forma de mantener a la comunidad amordazada. Paralelamente este potencial cultural debe encontrar nuevas salidas, nuevos géneros, nuevos estilos. El segundo libro que escribí lleva como subtítulo Mester de Jotería (fue idea de Severino Salazar) y tiene también un sentido de renovación: la comunidad LGBTTTI ha de encontrar su propio lenguaje y ello va a provocar una revolución comparable con lo que se produjo con los dos mesteres medievales, el de juglaría y el de clerecía, que afianzaron a la lengua castellana y marcaron el nacimiento de la literatura española. La expresión cultural de la comunidad dará origen a otros vocabularios; a nuevas formas de narrar: recordemos la revolución formal del Vampiro de la colonia Roma, o el carácter fragmentario con el que se presenta una de las novelas gays mexicanas más importantes: Púberes canéforas, o el significado del Moridero en Salón de Belleza como respuesta a la insuficiencia institucional. Recordemos al cabaret a la manera de las reinas Chulas o de César Enríquez en sus Disertaciones de la chingada o con sus Eunucos, Castrados y cobardis; o la música de Tareke Ortiz: el festín de juegos de palabras que representa “En la Condesa…”

¿Qué es la jotería?

Es un movimiento espontáneo al mismo tiempo liberador y provocativo; descarado e íntimo, quebrado y empoderado. La jotería es una reacción compleja y poderosa que sale del alma misma de quien ejerce el dispositivo joteril. Se equivocan quienes la consideran como cosa sin valor: la jotería es liberadora, empoderadora, modeladora. La jotería no conoce medias tintas. Siempre es plena y robusta: es inconfundible. La jotería va desde una entonación, un inesperado movimiento de manos, de ojos o cadera, una manera de ponerse de pie, de mirar, reír. La jotería desquicia el orden gramatical, la concordancia, inventa palabras, muletillas… La jotería altera los sistemas de representación de género, el dispositivo de oposiciones binarias. La jotería es lúdica y espontánea. Al mismo tiempo es arma de guerra. No es inane ni queda sin consecuencia en el almidonado mundo de las apariencias, del decoro, del sottovoce. La jotería es la cosa más vista por tirios y troyanos. La sociedad supremachista en la que vivimos, carece de una solución de negociación frente a ella: solo tiene la censura, la reprobación, el aspaviento severo y la tentación de la represión violenta. La jotería está consagrada a los espacios públicos. Es la fantasía y la transgresión colocada en lo público de manera juguetona, creadora, humorística, franca y directa. Uno se puede preguntar si el golpe de pecho es sincero. De la jotería uno ni lo pregunta: ¡es sinceríxima! Acabo de ver Xenia, película griega de Panos Koutras de 2014, donde Daniel, el protagonista provoca con su vigorosa jotería tanto a los ultraderechistas griegos como a los nacionalistas albanos que sienten como una humillación insoportable las flameantes joterías de este joven mitad albano de solo quince años. Entre cinco machos se proponen darle una paliza para asfixiar la jotería… ¿es preciso decir que no lo logran? Porque la jotería es indomable, implacable, inagotable. Políticamente la jotería es altamente peligrosa: la jota arriesga la vida con temeridad y se enfrenta a grupos dispuestos a aporrearlo. Recordemos el enfrentamiento de Lemebel con el autoritarismo pinochetista; recordemos a las jotas del Bar Stonewall y la estela que un acto de rebeldía entaconado ha dejado en la historia universal.

¿Qué es el Coloquio de las perras?

El coloquio de dos perras es cosa imposible. Sin embargo, se ha venido realizando. Para Cervantes, que escribió la novela corta “El coloquio de los perros” y la incluyó en las Novelas ejemplares, el mejor punto de observación de la sociedad es desde los ojos de Scipión y Berganza, dos perros tan agudos que hablan a la puerta de un hostal. Desde el punto de vista de esas dos perras mayores que son la Superperra Oswaldo Calderón y Ego, la Supermana, El coloquio de las perras (título de mi tercer libro sobre cultura elegebetera, dedicado a las Hermanas Vampiro y a la política del perreo) se tiñe de tensión y violencia. Con los colores más oscuros de la misoginia, clasismo, racismo y de las palabras atroces de Oswaldo Calderón. Estoy contra la violencia: todos sabemos que la violencia solo atrae mayor violencia. Pero es importante no quedarse callado y responder en clave de perreo a la agresión supremachista, venga de donde venga. Con humor y veneno, con rapidez y tino, con seguridad y en voz alta. Hay que responder creativamente a las nuevas formas de violencia supremachista que se produce en México: el silencio equivale a la muerte, todo gay lo sabe.

¿Es posible hablar de una Nación marica/jota?

Sí lo es. Se trata de una nación desterritorizada o desterritorializada. Una comarca de acogida emocional para la comunidad elegebetera de todos lados que se identifica con las producciones de otros que han vivido en cualquier coordenada, el supremachismo de diversas maneras (golpes, injurias, exclusión, marginación, aislamiento, soledad, burlas, angustia, encarcelamiento, pena de muerte, lapidación y un largo etcétera). Desde las fortalezas de esos espacios simbólicos que son las producciones culturales elegebeteras, es posible sobrevivir al supremachismo, elaborarlo, superarlo. Esa nación marica es imprescindible: los mexicanos al grito de guerra no incluyen a la comunidad LGBTTTI.

¿Cómo ve el movimiento LGBTTTI en el México de hoy en día?

Hay nuevos retos, nuevas dinámicas, nuevos horizontes. El mayor reto de la comunidad LGBTTTI es lograr que la Ley Razú sea válida en todo el territorio nacional. La modificación a la Ley de Matrimonio en la Ciudad de México de diciembre de 2009 es un acontecimiento mayor cuya trascendencia no se ha entendido cabalmente. Muchos países no conocen este tipo de avance, importante para los derechos humanos y el empoderamiento de un nuevo sujeto, verdaderamente sujeto de derecho, de todos los derechos. Es preciso identificar a quienes se oponen a que sectores de la población gocen de todos los derechos. A quienes se oponen a una sociedad plural, democrática y laica. La iglesia quiere a un sujeto arrodillado y manipulado a través de la culpa. La comunidad LGBTTTI quiere estar y vivir de pie, con dignidad y gozando de los derechos de los que se le privó por milenios. No es cualquier cosa. Se trata de dos visiones de sociedad: una jerárquica y otra de iguales.

¿Cree en el movimiento de políticas cuir?

¿A qué te refieres?

Me refiero a un fenómeno que está pasando entre las generaciones más jóvenes, hemos encontrado en la política queer un espacio que nos puede dar voz y que nos diferencia un tanto de la comunidad gay. Las políticas cuir (nosotros la hemos apropiado así por cuestiones de lengua y localidades) nos han servido para entender los cuerpos desde su estado más natural, nos posicionamos desde lo cuir como respuesta al patriarcado, la normatividad (hetero y homo), la blanquitud. Es un movimiento un tanto disidente de la comunidad lésbico-gay. Me gustaría saber, qué sabes tú al respecto y si crees en estas políticas decoloniales queer/cuir.

Son muy importantes. Sobre todo porque descolonizar es urgente. No se puede encender la TV en un canal nacional sin que el racismo nos golpee excluyéndonos. Se necesita ser blanco, de ojos claros o enrubiecerse para aparecer en las pantallas. Ningún moreno debe aparecer y si lo hacen es como servidumbre o en las noticias como manifestantes revoltosos. La clase en el poder es blanca. Hace algún tiempo cuando se desplomaron helicópteros bajo el reinado de Calderón, el pequeño, en un diario extranjero señalaban el absurdo de subirse a un helicóptero para desplazarse 20 ó 50 kms. Señalaban que el propósito es apantallar a los indios cuando el político desciende de los cielos volando. A este nivel es el desprecio que merecemos en tanto que ciudadanos para el político.

En nombre de Hysteria! Revista, agradecemos el tiempo y las palabras de Antonio Marquet.

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The Adventures of Priscila/ reseña

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Por Ali López

The Adventures of Priscila, Queen of the Desert (Stephan Elliott, Australia, Uk-1994) es una cinta que cuenta la historia de dos travestis y un transexual, que cruzan el desierto australiano para presentar su número de cabaret a un lejano hotel. Es una road movie que cuenta el viaje místico de tres amigxs, que ataviados de los más estrafalarios vestuarios, buscan encontrar el camino que los lleve a descubrirse a ellxs mismxs. La cinta va de la comedia al drama, y de ahí, al musical, con excelentes números a ritmo de música disco, un diseño de vestuario que ganó el Oscar, y coreografías que te harán mover el cuerpo. Priscila tiene una idea clara de lo que pretende: que cada persona se acepte como lo que es, sin caer en el dramatismo lacrimógeno innecesario, de hecho, el guion está, por sobre todo, tirado a la comedia, a la farsa, a la sátira; con situaciones irreales, estrafalarias, de extremo ridículo. Los tres personajes principales tampoco caen en la jotería risible, a pesar de no ser atractivos sino incluso, desagradables visualmente. Jugarreta del director, que nos enseña a ver más allá de lo evidente, que nos acerca a los personajes para conocerlos tal y como son, a la vez que ellos mismos lo hacen.aventuras-priscilla-3

Pero el camino, y la vida, no son fáciles. Pronto se encontrarán con que uno de ellos esconde un secreto, que los hace dudar de su condición, y el momento actual de su vida. Recorrer el desierto del país austral es una metáfora para lo difícil y peligroso que es el camino de ellxs, y de todxs; pues esa tierra no es más que el reflejo del orbe entero. Un microcosmos que sirve de espejo, en donde vemos lo mismo un pueblo olvidado, permeado y cubierto por su violencia, apatía y discriminación, así como un grupo étnico que recibe a las vestidas con los brazos abiertos, compartiéndoles su cerveza, su fuego y su música.

Hugo Weaving, Guy Pearce y Terence Stamp nos regalan unas de sus mejores actuaciones, en una época en las que sus nombres aún no figuraban en las marquesinas hollywoodenses, participan en una cinta valiente, imperdible, única, y sin duda, una de las mejores de la década de los 90.

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yolittleAli López (DF, 1990) Ha publicado sus cuentos y relatos en antologías y revistas independientes en géneros como el Terror, el Realismo Sucio, la Fantasía y la Ciencia Ficción. Ha tomado e impartido diversos cursos de cine, cuento y fotografía. Actualmente cursa la licenciatura de Comunicación Social en la UAM Xochimilco.

Puedes seguirlo en Facebook: Ali López, Twitter: @al_lee1 y http://alilopezp.wordpress.com/

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