Enferma del alma

Enferma del alma

POESÍA TRAVESTI

 

Se cree que lo diferente es grotesco y monstruoso. He sido tan odiada que tengo razones para escribir. Nunca fui una esperanza para nadie. Junto las letras y escribo mediocremente sobre este vacío. Escribo porque no he sido la única. Con mis amigas travestis hemos sido rechazadas porque el cuerpo es sagrado y con él no se juega. Por eso escribo, por todas las travestis que no alcanzaron a saber que estaban vivas, por la culpa y la vergüenza de no ser cuerpos para ser amados y murieron jóvenes antes de ser felices. Murieron sin haber escrito ni una carta de amor.

Las travestis somos iguales que las mapuches, igual que las mujeres antiguas que aprenden de las abuelas cómo se amasa el pan. Nosotras aprendemos hablando con las viejas a pensar lo que tiene que ver con el cuerpo, sobre el deseo, que es lo mismo que aprender a ver. Ver por ejemplo que en el campo, las lechugas también tienen deseo, deseo del sol y lo persiguen hasta que logran que las bese. Las travestis somos igual que las mapuches que no necesitábamos ni leer, ni saber escribir para entender el mundo. Nos bastó con nuestra imaginación hasta que comenzaron las matanzas.

Otra vez en las noticias dijeron que un temblor fulminante y triste desarmó las casas y armó otros paisajes. Lo recuerdo, fue ese tironeo lo que me despojó de los brazos de mi madre y de una vez tuve que soportar mi propio peso. Sobre unos ensordecedores desajustes subterráneos tuve que aprender a mantenerme paraa. ¡Mamá el mundo se retuerce bajo nosotras! Nunca pensé que el mar estuviera aquí, bajo nosotras. ¡Mamá nacimos en un mundo que no nos quiere!

Dicen que no sé contar historias porque desde la niñez poseo una salud que esquiva la costumbre, que me hace desaparecer de las ideas tradicionales. Mi problema de salud es la agobiante persecución de las palabras y los ojos, y es que no me alcanzan las letras unidas para decir que la ciudad se mueve, que nunca nada fue igual en las mismas calles. Se presume que mi trastorno es negarme a ser niño y querer ser hija de mi madre. La psiquiatra dice que si no hubiera sido hija, sería un niño alegre y fuerte y las palabras hubieran sido otras, y la forma de mirar, resistente. Se dice que la pequeñez íntima que conservo me debe excluir del mundo y determinar infeliz por cobarde y débil, por llorona. Soy la hija travesti de una madre analfabeta.

Desde un principio, una cree tener la razón de que lo sólido nunca podría ser relativo y nos hacemos de una seguridad imposible, falsa, porque lo incierto sabe mostrarse a sí mismo, fulminantemente, para caer sobre todas nosotras, en venganza. Es algo que presiento desde niña. Una cree tener la razón de una fijeza, porque siempre es posible negar aunque ésta se demuestre súbita. Desde un fatal principio, la ciudad miente y se toma toda voluntad y nos hace creer en la seguridad de la rutina, en la solidez del ahora, de lo irrelevante de los movimientos del mar presente debajo de todas y que podría venir a abrazarnos, fulminantemente, en venganza. Dicen que no sé contar historias, pero no hay nada que contar porque dicen que estoy enferma y desde que me diagnosticaron me dejaron sin nada que decir. Enmudecieron la ciudad que llevo dentro.

¿Quién dijo que las mujeres no se tiran peos? Una vez cuando desperté a su lado ella se peó con la fuerza del resoplido de una ballena de las más grande, ppppppffffuuuuuuuuuuaaaaaaaa y aperfumó toda la casa con olor a pastel de choclo, un olorcito que empezaba con aceitunas y que al finaaaaaaaaaal era más dulce que las humitas. Cuando la vi dormir así me dio pena porque se movía insistentemente para tocarme y decirme sin despertar, en murmullos: te quiero mi niñe, porque algo sabía. La pobre, ni cuando dormía me olvidaba. Me da pena, porque hasta dormida sigue trabajando. La pobre me alimenta hasta cuando ya no tengo hambre. Vive todo el tiempo preocupada de poner el sol, de sacar el sol, de tantas cosas que llegan a ser sobrenaturales, del viento y de las estrellas. Cuando la vi dormir se movía igual que cuando lava, rascando toda suciedad posible, revolviendo el sofrito pa que no se queme y dando wuelta el pan pa’ que quede tierno y nutra la cuerpo. Parece que sólo cuando duerme se queja un poco, porque de día no se queja de ná’ y eso es lo que me da pena. Ella no es consciente de que tiene razones de sobra pa’ decir que algo le duele, por las entrañas, por el interior de sus tripas. Yo no me guardo los peos. Ella sólo cuando duerme protesta, suspira y llora como dicen que cantan las ballenas. Me gustaría decirle que deje de sufrir y que cuando estemos solas, juntitas, nos tiremos todos los peos del mundo.

Ahora me maquillo y me depilo porque me gusta que me digan m’ijita. Cuando me pongo triste bailo sola y me drogo porque las cosas son como son. Bailo borracha y sola. Los hombres me ofrecen coca y me ensucian con sus besos porque me odian. Llego a mi casa cuando amanece y me quedo feliz dormida y sucia, lamida por desconocidos, penetrada por hombres que no querrán volver a verme, que durante días trabajaran en olvidarme y le mentirán de su deseo por mí a sus mujeres.

Claudia Rodríguez

Inicia su activismo en 1991 una vez terminado el régimen militar que afectó a Chile en la primera organización homosexual donde se forma como activista. En el 2007 toma el Diplomado de Género en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile para posteriormente iniciar la carrera de Trabajo Social en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano en el 2008, misma fecha en la que ingresa a la Colectiva Lésbica Travesti Feminista Paila Marina, colectiva con la cual desarrolla foros públicos y performance en marchas nacionales por la despenalización de la píldora del día después, del orgullo lésbico travesti y por la transformación de la Educación Pública en Chile. Además en el 2007 toma talleres de escritura con el Poeta Diego Ramírez, publica su primer fanzine de poesía “Dramas Pobres” y postula a los Fondos Nacionales del Libro (FONDART) beca para escritores emergentes el año 2010. Hoy su principal interés es problematizar la lectoescritura y la producción de arte como estrategia política del movimiento travesti.

 

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