Estamos muy contentas de anunciar a las ganadoras del «Primer Concurso de Cartel y Ensayo Por el Derecho a Decidir»que convocó Hysteria! Revista en colaboración con Ddser Jóvenes Querétaro. Llegaron muchxs colaboraciones muy interesantes que estaremos publicando en la primera y segunda parte de este número, sin embargo el jurado compuesto por La Bala Rodríguez, Ivelin Buenrostro y Liz Misterio deliberó para otorgar los dos premios y una mención honorífica a:
Ganadora en la categoría de cartel:
Azucena Blanco a.k.a. Delirium Candidum con su obra «Manifiesto de las 343»
Una apuesta feminista por la decisión sobre nuestros cuerpos
Cada 4 minutos una mujer decide abortar en el Ecuador. La mayoría no lo hace de forma segura, por lo que su vida corre peligro bajo el contexto de ilegalidad. La Colectiva Salud Mujeres comparte información sobre cómo realizarse abortos seguros con medicamentos desde el 2008, apostando por la toma de decisiones informadas. Las mujeres se contactan con nosotras a través de una línea de información. Sin embargo, hemos visto la necesidad de plasmar de forma práctica y gráfica la información que compartimos día a día, por lo que decidimos embarcarnos en la creación de nuestro primer Manual de Aborto con Medicamentos, Información Segura para Decidir.
El manual es una herramienta que permite tomar decisiones informadas sobre nuestros cuerpos y proyectos de vida. Les invitamos a usar, compartir, reeditar, imprimir, viralizar el manual para que llegue a todos los úteros que lo necesitan.
Hace exactamente diez años sucedió un acontecimiento que dio un giro radical en mi vida. Mi primera vez abortando. Recuerdo que llevaba un año de vida sexual apenas. Me encantaba jugar con hacer prácticas mis clases de Educación para la Salud de la preparatoria. Cómo usar condón, comenzar a tomar la píldora anticonceptiva, los parches, inyecciones y demás drogas para evitar quedar embarazada.
En ese momento me empoderaba muchísimo la idea de sentir el orgasmo que tanto me prohibía experimentar. El padre biológico diciéndome «Está prohibido tener novio, cuando traigas a alguien a la casa es para casarte». Como siempre me ha gustado romper con la norma de ciertas figuras de autoridad, me dediqué a la tarea de buscarme un novio e invitarlo a un hotel de paso.
Cuando el acompañante en cuestión y yo entramos por la puerta del hotel ubicado en la colonia Doctores, comencé a sentir muchas emociones encontradas. Primero muchos nervios porque no sabía cómo eran esos lugares. Me pareció un negocio destinado a lxs amantes secretos, impregnado de un olor a perfume de flores penetrante (desodorante para pisos fuertísimo). El cajero detrás de una cabina de cristal nos cobró la habitación y me pasó por la ventanilla con superficie de metal un condón. Si hubiera sabido que ese contenedor de latex se rompería no lo hubiera usado.
Prefiero no entrar en detalles sobre la práctica sexual que tuve en ese momento. La posición del misionero durante 30 minutos y la sorpresa de un condón roto me colapsaron. En ese momento, no era legal la pastilla de emergencia ni mucho menos abortar en una clínica, solamente en sitios clandestinos. Al principio tomé la decisión de habitar la incertidumbre a que llegara mi próximo periodo menstrual, el cual no llegó. Así que saliendo de una clase de matemáticas en la escuela salí a comprar una prueba de embarazo. El resultado fue positivo.
Mi primera reacción con la noticia fue correr y por los pasillos de la preparatoria 7 mientras atravesaban por mi mente todos los sueños e ilusiones de terminar una carrera universitaria, tener muchos amantes y viajar por el mundo. Sabía que si anunciaba la noticia a mi madre y al padre biológico, me obligarían a tenerlo porque “un hijx siempre es una bendición”. Y sabía que si tenía un hijx inmediatamente se me restringiría el acceso a la educación y como era menor de edad me obligarían a dedicarme al cuidado del cigoto que estaba implantado en mi útero. Otro detalle que me parece importante mencionar fue mi obsesión en ese entonces por bailar danza contemporánea. También me habitaba el miedo a perder las proporciones corporales que tanto me había costado obtener con base en disciplina alimenticia y ejercicio diario.
Sin pensarlo mucho, ese día no entré a mis clases; una situación excepcional porque era de las nerds del grupo, pero sabía que tenía que resolver sola esta experiencia. Mi intución me llevó a a preguntarle al encargado de una farmacia en el barrio de la Merced sobre un remedio para que me “bajara la mentruación” y el tendero me dio unas pastillas llamadas Citotec (misoprotol). Me indicó el procedimiento a seguir. Una pastilla vía vaginal y dos tomadas cada 12 horas durante tres días. Me advirtió que sangraría muchísimo que estuviera preparada. Al cabo de tres días de seguir sus consejos comencé a sangrar, quince días ininterrumpidos. Me sentía muy débil acompañado de una sensación de goce que me permitió sentir que el problema estaba resuelto.
Allí no acabó todo, a los dos meses de haber realizado este procedimiento, noté que mi piel tenía un color verduzco. Yo lo adjudicaba a las ocho horas diarias de práctica en la danza, así que no lo tomé como un signo de peligro a mi salud. Hasta que una noche mientras me bañaba solo recuerdo ver luces de colores y un mareo intenso. Desperté en el hospital de ginecología de Médica Sur. Mi abuela paterna, mi madre y mi hermana mayor se encontraban en la habitación mirandome muy sorprendidas por lo que había realizado. El médico tratante con acento norteño me empezó a decir, «despierta guapura, no te nos vayas. Estamos aquí contigo». Abrí los ojos y noté que tenía pinchados los brazos con suero. Antibióticos. Me diagnosticaron shock tóxico. El médico me dijo: «tenías la matriz como un flan, por poco se te perforan los intestinos y mueres». Tuvimos que reconstruir tu aparato reproductor. Quedaste como nuevecita!. Además me dijeron que mi clítoris internamente es mucho mas grande que el estándar y el estudio hormonal indicaba un mayor nivel de testosterona, posiblemente una de las causas del embarazo ectópico que tuve. Mi madre me apoyó en la recuperación de este proceso tan traumático, aunque durante varios años tuvimos peleas recurrentes y cuestionamientos sobre mi decisión. El padre biológico no quiso entrar a la habitación del hospital, estaba avergonzado de mi.
Cuando llegué a casa con la noticia de la intersexualidad, de un aborto casero y un amante clandestino, mi padre me dijo «¿porqué me haces esto?», le contesté: «¡por qué mi cuerpo es mío!», No sabía que esta es una de las consignas más importantes del pensamiento feminista. Pero para mi en ese entonces era una forma de poder y defensa frente a ese control Patriarcal. Lo único que le pedí fue que me dejara estudiar lo que quisiera y no volviera a hablar del tema. Así fue, y se mantuvo lo sucedido como un secreto a voces, lo noté, cuando ninguna de mis primas se acercaba a hablarme en las reuniones familiares y decidí hacer amistad con varios primos, entre ellos Wachi y Chatower. Ellos sabían seguro el chisme pero decían «Mirna, tú no eres mujer ni hombre, por eso nos caes chido, por cabrona y rara».
Artista Transfeminista, originaria del barrio de San Juan Pantitlán, Estado de México. Estudió la Licenciatura en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plasticas (UNAM). Cursa el posgrado en Artes Visuales, en la misma institución. Desde el año 2009 a la actualidad forma parte de la comunidad imaginaria “Cuerpos en Fuga”.
Un trabajo de Guadalupe Gómez Verdi, Lisa Franz y Léa Meurice
Por Marisol Maza
Libertad / Freiheit / Liberté
Legalidad / Legalität / Légalité
Seguridad / Sicherheit / Sécurité
Gratuidad / Gebührenfreiheit / Gratuité
Libertad, Legalidad, Seguridad y Gratuidad corresponden a la lucha de la Campaña Nacional por el Aborto en Argentina. 400.000 abortos anuales. 2 abortos por día. 2 en la vida de cada mujer. 60.000 ingresos por complicaciones. 80 mujeres muertas por año.
Que existan mujeres que mueren o se enfermen gravemente por temor a acudir a servicios de salud tras haberse sometido a un aborto en condiciones inseguras y clandestinas obliga a repensar de manera urgente las políticas de salud pública en este país. Las mujeres jamás deben ser sometidas a procesos penales ni obligadas a poner en riesgo su vida o su salud cuando necesiten interrumpir su embarazo. Este es el motivo por el que Guadalupe, Lisa y Lea comenzaron este proyecto fotográfico. Su objetivo es, por medio de estas historias, visibilizar una problemática de la que falta mucho hablar y dar a conocer.
El título del proyecto corresponde a la angustia de ver correr el tiempo pensando en las posibilidades de poner fin a un embarazo no deseado, sin ninguna opción segura y confiable. Sus imágenes incluyen lugares como clínicas clandestinas y cuartos de baño; así como instrumentos caseros comúnmente utilizados para abortar. Mayoritariamente sus fotografías son retratos de mujeres pero también algunos hombres que acompañaron a sus parejas. Cada uno de estos retratos es una historia, por lo que van acompañados de los testimonios de estas mujeres, que en diversas condiciones y etapas de su vida tuvieron que practicarse abortos; siempre en la clandestinidad, la mayoría de veces en condiciones de temor, falta de higiene y sin la atención médica adecuada.
El trabajo fotográfico que presentan incluye también datos y declaraciones de distintas organizaciones que ayudan y acompañan a las mujeres en este proceso: la Colectiva Feminista La Revuelta, Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, Dr. Germán Cardoso, del Movimiento de Médicos por el Derecho a Decidir; el Colectivo de Varones Antipatriarcales, la activista feminista queer Mabel Bellucci, entre otros.
Este trabajo se ha presentado como parte de la campaña de Aministia Internacional El derecho a decidir. Su fuerza e importanciaradica en romper el silencio de un tema que sigue siendo tabú en Argentina, y en casi toda Latinoamérica* para alzar la voz y exigir juntas el derecho sobre nuestro cuerpo y leyes que nos protejan, el derecho a una educación sexual temprana, a recibir información libre y gratuita en cuestiones de salud sexual y reproductiva, así como a decidir cuándo y cuántos hijos tener.
*Actualmente solamente en 4 países de Latinoamérica (Cuba, Puerto Rico, Guyana y Uruguay) el aborto es legal en todos los casos, así como en la Ciudad de México.
En 7 paises (Chile, Surinam, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Haití y República Dominicana) de los 34 paises latinoamericanos, el aborto está totalmente penado en todos los casos.
En el resto del continente se considera el aborto únicamente en casos de violación o cuando está en riesgo la vida de la mujer.
Somos tres jóvenes fotógrafas que elegimos vivir en Argentina, de tres nacionalidades distintas (argentina, alemana y francesa), con edades diferentes, cada una educada y socializada según el lugar en donde creció.
Iniciamos este trabajo con la búsqueda de comprender las razones de por qué en Argentina el aborto, en el siglo XXI, sigue siendo un tema tabú e ilegal, y en donde el derecho a decidir sobre el cuerpo de una misma está aún cuestionado.
En el encuentro entre dos continentes, la realidad argentina nos confronta con nuestra propia visión de la mujer. Nos es difícil entender que en países como Argentina la mujer no haya conquistado libertades que la coloque en un terreno de igualdad y autonomía, cuando en Francia y Alemania la emancipación de la mujer se inició hace cuatro décadas y el aborto es legal.
Con este proyecto fotográfico queremos sacar historias y realidades a la luz, exponer y mostrar luchas y testimonios de mujeres y hombres que han experimentado al menos un aborto en su vida. Más allá de cualquier posición política, religiosa y cultural, queremos abrazar el derecho al aborto legal creyendo profundamente en la libertad de cada individuo.
Marisol Maza (México, D.F) Artista Visual. Trabaja con fotografía e intervenciones al espacio público. Su trabajo se ha presentado en varias ocasiones en México y el extranjero. Actualmente trabaja en el proyecto Cartografías Temporales que consiste en intervenciones a partir del mapeo de las ocupaciones temporales en espacios urbanos.
Desde Chile, les presentamos a Cola Condenada una banda que hace música divertida y pegajosa, así como acciones callejeras para exigir el derecho al aborto, así como para denunciar la homofóbia y la doble moral sexual entre otras cosas.
1.- Encontramos las canciones y los trabajos audiovisuales de Cola Condenada via redes sociales haciendo la investigación para este número sobre arte y activismo en favor del derecho al aborto, nos pueden contar ¿Quiénes son Cola Condenada y cómo surge el proyecto?
Somos tres colas (que en Chile significa culo y homosexual) . Una judía, un ex canuto y una laica. Empezamos a trabajar juntos en Mayo del 2015. Usamos distintos lenguajes para explorar nuestros intereses tanto personales como grupales. Todo lo que hacemos lo hacemos nosotros, desde este texto hasta el montaje de los videos, la construcción de nuestra página web, pasando por la música, el diseño gráfico, hasta conectar los micrófonos en las performances.
Como trío nos interesa evidenciar que las construcciones sociales en Chile (y en el mundo) han fosilizado a muchos de sus habitantes. Pensamos que las personas deben estar conscientes de que se les ha extirpado la jurisdicción sobre sus cuerpos a través estrategias milenarias, como por ejemplo la religión, la familia nuclear, la heteronormatividad, para mantenernos bajo control. Esto lo desarrollamos a través de distintos temas como por ejemplo la difuminación de género, hacer de lo privado público, el post porno, el cuerpo humano, la religión etc. Las preguntas, ¿Qué es violento? ¿Qué es censurable? Estos temas se han convertido (por ahora) en el eje central de nuestro trabajo.
Practicantes del piluchismo (estar desnudos) / Un combo es violento. Una pichula (pene) no / Quisiéramos despertar al ser humano de la idea de que el cuerpo y el sexo son cosas de las cuales hay que avergonzarse, esconder y temer.
Dominga Bofill 25 años, Actriz /Vicente Gabriel Gutiérrez Berner 21 años, Periodista / Nicole Senerman 37 años, Directora Audiovisual
2.- ¿Cuál es la situación chilena ante la cual reaccionan para la creación de estos videos en los que cantan sobre el aborto, la policía, la diversidad sexual entre muchas otras cosas?
La situación es una que nos produce la necesidad de hacer lo que estamos haciendo: las injusticias, la censura, la discriminación, el sexo como algo ofensivo , la desigualdad, los abusos, etcétera, están presentes en todos lados. Podríamos hacer un listado larguísimo de todas, pero estamos seguros de que si uno se sienta y piensa por un momento se da cuenta que son las misma en todos lados. Quizás se manifiestan de distintas formas debido a las circunstancias, la geografía e idiosincracia pero las problemáticas que nos interesan son mundiales. A nosotros nos parece que debemos mostrarlas desde nuestro país, donde vivimos, pues es acá donde nos interesa evidenciarlas, y donde nos interesa trabajar por ahora.
3.- En cuanto a la estética de sus videos y sus canciones, ¿cómo la definirían?
Es un collage de miles y miles de referentes. Claramente tenemos el Pop como eje central y con esto nos hemos dado cuenta que el Pop (que viene de Popular) para algunas no es “en serio”. Hay concepciones muy herméticas con respecto al arte. ¿Qué es hacer arte “serio” o “en serio”? ¿Y porqué éste supone ser mejor? ¿Acaso la idea es solo apelar a los pares “serios”?
4.- ¿Qué es lo que esperan generar en el público con sus canciones y acciones callejeras?
Lo que nosotros buscamos no es aprobación (que no significa que no nos guste) ni desaprobación, buscamos generar cuestionamiento y ojalá nunca indiferencia.
5.- Tienen muchas vistas de sus videos en Youtube pero ¿cómo ha sido recibido su trabajo tanto dentro de los movimientos sociales pro aborto como entre el público en general?
En Chile hay mucha gente como nosotros (aunque muchos intenten convencer al país de que no) pero muy pocas de estas personas visibilizan sus vidas “privadas” y sus discursos por miedo a las represalias o el juicio de otros. En Chile ( y en el mundo) hemos naturalizado la mentira y la omisión como forma de vida, esto a nosotros nos parece aterrador e imposible de llevar a cabo. Al no identificarnos con estos comportamientos, que al fin y al cabo son auto impuestos, hemos producido mucha aprobación en otros. Creemos que es debido a la honestidad con la que trabajamos nuestros intereses dándonos la libertad de visibilizar nuestro punto de vista y nuestras vidas sin miedo. Esto por supuesto que ha tenido muchísima aprobación (mucho más de lo que imaginamos) de las personas que se identifican y por el otro lado el rechazo de muchos que no nos sorprende en lo absoluto. Con respecto al rechazo y lo que esto nos produce hemos llegado al siguiente reflexión: ¿Porqué lo que hacemos con tanta honestidad a algunos les parece ofensivo?
Creemos que las cosas que nos violentan de un «otro» son aquellas que nos revelan cosas de nosotros mismos que no sabemos cómo enfrentar o ni siquiera nos atrevemos a mirar.
6.- ¿Qué les parece abortable y por qué?
Vicente: Las personas que confunden seriedad con inteligencia.
Dominga : El control sobre el cuerpo ajeno. Cada uno tiene derecho a hacer lo que quiera con su cuerpo.
Nicole: Las definiciones para ordenarnos sexualmente, creo de desde ahí parten todos los problemas y diferencias entre los seres humanos. Tener un género y una preferencia sexual es una estupidez.
7.- Hay actualmente una gran proliferación de propuestas artísticas y creativas en torno a la exigencia del derecho al aborto en Chile ¿tienen vínculos o colaboraciones con otros grupos de artistas o colectivos que estén haciendo arte y activismo en favor del derecho al aborto?
En este momento, honestamente no, pero estamos muy interesados en trabajar próximamente con Torta Golosa. (Recomendamos leer su manifiesto)
La historia no es nueva. Muchas de nosotras –chicas blancas, heterosexuales, brasileñas, con ciertos privilegios económicos y acceso a una educación formal– seguramente conozcamos casos parecidos. Es cierto que tantos otros casos son distintos, más dramáticos y en situaciones de mayor exclusión, abandono y riesgos. Sin embargo, hay una problemática común: la falta de garantías a derechos sexuales y reproductivos y la criminalización del aborto. Y es porque he entendido que lo personal es político. Porque he reconocido –junto a tantxs amigxs, compañerxs de lucha y de reflexión– que mi cuerpo es un campo de batalla altamente politizado y que los relatos son, también, potentes instrumentos de lucha. Por eso, comparto aquí mi historia.
Estaba en el primer año de la universidad y aún no había cumplido los 18 años. Hormonas a flor de piel y una relación sexo-afectiva heterosexual de poco más de un año. El sexo sin protección ya se había convertido en una constante: la base, más que la confianza mutua, era aquél deseo arrebatador típico de la juventud. Hasta que un día, no me vino la regla.
Sin estar segura aún de nada, fuimos al centro de la ciudad. Compramos unas bebidas de hierbas medicinales abortivas. Días después, empecé a sangrar, como una menstruación de poca intensidad, y pensé que estaba todo resuelto. Pero el sangrado duró más que lo habitual y empezaron las náuseas. Fue cuando nos dimos cuenta de que, realmente, estaba y seguía embarazada. Más o menos en el primer mes de gestación.
Recuerdo bien el día que les hablé a mis amigas de la situación: después de un largo trayecto de mi casa a la universidad, de haber bajado del autobús corriendo y, por no haber logrado llegar al baño a tiempo, vomité en la acera frente al edificio donde estudiaba. Aquel mismo día teníamos clase con una profesora que era un referente de mente crítica para nosotras. Por su profesión –no su trabajo como profesora– y activismo, ella ya había visto y acompañado varios casos de embarazos y abortos. Recuerdo que la clase estaba sentada en círculo para un debate y que vi cuando una de mis amigas le pasó a la profesora un papelillo doblado. Recuerdo lo nerviosa que estaba y del tanto que me sudaban las manos. Después de la clase, tranquilamente, ella se me acercó y me preguntó cómo estaba. Mi respuesta fue en lágrimas. Ella, entonces, me tranquilizó. Me preguntó de cuánto tiempo estaba y me dijo que lo arreglaríamos todo. Recuerdo sus últimas palabras en aquella conversación: que yo tendría mucho tiempo aún para decidir si quería vivir un embarazo. Ella se encargó de comprar las pastillas, de administrarlas y de orientarme. Le estoy muy agradecida y siento mucho cariño y admiración por aquella mujer. Pero el caso no había terminado.
Pasados unos cuantos días, tuve una hemorragia. No en cualquier lugar. Fue dentro de un teatro, con parte de mi familia –que no sabía de nada de lo que me había pasado– presente. Me levanté de la silla y vi que la sangre escurría por mis piernas. Me quedé sin acción, sin saber qué hacer, llamando a mi madre. Los de seguridad estaban desalojando el teatro: había otra función a continuación. Uno de ellos me pidió que saliera rápido. Con la voz temblorosa, le contesté que estaba sangrando. A lo que él, como quien no me había escuchado, me contestó: por favor, salga de inmediato.
En los días que se siguieron, volví a hacer una prueba de embarazo y fui a una consulta médica, acompañada de mi abuela. La consulta era en un hospital de maternidad para casos ginecológicos y obstétricos. Tuve que entrar sola, pues no permitían acompañantes. Me hicieron algunas preguntas, entre ellas, si yo había tomado algún medicamento para abortar. Yo sentía miedo y, de cierta forma, vergüenza por todo. Negué. Insistieron. Me preguntaron si yo estaba segura. Continué negando. Ya no recuerdo si era médico o médica, pero recuerdo perfectamente el tono acusatorio de sus palabras y la mirada inquisitiva. Me llevaron a otra sala, para que me hicieran una ecografía intra-vaginal e, inmediatamente después, me dijeron que me tenían que hacer un legrado. Les dije que tenía una pariente fuera y que necesitaba, al menos, avisarle. No me dejaron salir y, desde un pasillo abarrotado de personas y con los médicos apresurándome, le grité a mi abuela que me iban a hacer un legrado en aquél exacto momento. La pobre señora, que ya llevaba un largo rato esperando, se quedó sola, con cara de preocupación y de quien no estaba entendiendo nada.
A partir de entonces, y ya pasados unos días, mi ginecóloga me recetó pastillas anticonceptivas como si fueran caramelos. Durante los meses siguientes, mi libido se redujo significativamente. Entonces, para mí, todo era una consecuencia de lo que yo había vivido, una especie de auto-punición por haber abortado. Y no descarto que tuviera algo de esa relación. Pero el caso es que sólo volví a sentir mis deseos sexuales en toda su plenitud 7 años después, cuando decidí abandonar las pastillas.
Sí, fue difícil para mí superar aquel episodio. Pero no en el sentido de trauma, que es como se construyen muchos argumentos que he escuchado en torno al aborto. Fue difícil porque yo –como tantas otras–, pese a tener una madre y un padre con posturas considerablemente progresistas, no recibí una educación sexo-afectiva plural y menos desde una perspectiva de la autonomía. No fui informada de que no había nada de malo en decidir realizar un aborto. Recibí una educación de fuerte base judía-cristiana, que me ha inculcado un sentimiento de culpa pernicioso. Y, principalmente, crecí –como tantas otras– siendo constantemente recordada de que mi cuerpo y mi condición de mujer biológica me otorgaba vulnerabilidad y de que la maternidad es sagrada. Sin embargo, aún así, a los ojos de mucha gente, cualquier trauma que pudiera haber surgido estaría, invariablemente, ligado al mero acto de realizar una interrupción voluntaria del embarazo.
Es cierto que mi experiencia no se compara con las de tantas otras mujeres que terminan no teniendo las mismas condiciones, materiales y sociales, y que ponen sus vidas en riesgo por falta de una atención médica adecuada, legal y gratuita. Eso, por no hablar de las condiciones que llevan a esos embarazos. Mi experiencia, a pesar del peso y de lo violenta que pudo haber sido para mí, fue, también, liberadora y principal detonadora de un sentir feminista que hacía mucho ya estaba latente. Una experiencia que, dado el tiempo que he tenido para reflexionar sobre ella, tal vez, hubiera podido ser contada en una narrativa más creativa, o, tal vez, mejor estructurada. Sin embargo, lo que os cuento es visceral. He tardado 12 años en escribir sobre ello sin cualquier resquicio de dudas en hacerlo. Para poder decir, sencillamente, con determinación: he abortado y me siento bien con mi decisión.
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Júlia Araújo: Feminista. Activista sonora con Enredadas Mujeres, en Radio Malva, por las ondas y por el mundo. Sospechosa de participar en conjuros y brujerías varias con Colectiva Transtorna. Aprendiz indisciplinada de poeta. Infiltrada en la academia, donde intenta transitar y traficar prácticas activistas entre muros y calles con el amparo del Colectivo de Estudios de Género Transformacción. Parte de su disfraz consiste en (des)aprender como doctoranda de Estudios de Género en la Universidad de Valencia, con previo entrenamiento en un cúmulo de maestrías por la misma universidad, una de Género y Políticas de Igualdad y otra en Cooperación al Desarrollo, y una licenciatura en Comunicación Social con especialidad en Relaciones Públicas en la Universidad Federal de Alagoas (Brasil).
Muchas mujeres chilenas vivimos en países donde se garantizan los derechos sexuales y reproductivos. Mientras nosotras estamos aquí -en Barcelona, España-, formamos parte del 61% de la población mundial que tiene acceso al aborto a petición de la mujer, durante ciertos plazos y por diversas razones sociales, de salud o económicas. Dado que el derecho a decidir está garantizado legalmente, hemos podido conocer a mujeres que por distintos motivos han decido interrumpir sus embarazos.
A diferencia de lo que ocurre en Chile, ellas lo hicieron con la tranquilidad de que su decisión no constituía un delito, no sería sancionada moralmente ni tendría repercusiones para su salud. Las mujeres chilenas que vivimos aquí también hemos experimentado la tranquilidad de abortar legalmente. Aquí, abortar es una opción personal, es un derecho garantizado por el Estado y, por tanto, respetado socialmente.
Somos chilenas, pero tenemos más derechos que nuestras compatriotas porque vivimos en lugares donde las mujeres podemos decidir interrumpir un embarazo legalmente y con garantías sanitarias, sin temor a ser perseguidas, juzgadas ni -mucho menos- ir a la cárcel por ello. En Francia, España y Alemania se puede decidir libremente interrumpir la gestación hasta la semana 14 y en Portugal hasta la semana 10.
En casos de enfermedades graves de la mujer, malformaciones fetales severas, incurables o incompatibles con la vida, no se establecen límites para abortar. Pero esto no es exclusivo de los países europeos. En varios países de Latinoamérica las mujeres pueden interrumpir legalmente un embarazo no deseado: en Uruguay, por ejemplo, hasta la semana 12 o hasta la 14 en casos de violación o sin plazo, en aquellas situaciones de riesgo para la salud de la mujer o inviabilidad fetal. El plazo de 12 semanas es también reconocido en el Distrito Federal de México, mientras que en Cuba es de 10 semanas.
Por eso nos indigna cada de vez que nos enteramos a través de la prensa de casos de niñas chilenas embarazadas (y de hecho, violadas, a menudo por hombres cercanos a su entorno) que son obligadas a continuar con sus embarazos. Cuando en alguna conversación explicamos que Chile es uno de los pocos países del mundo que penaliza el aborto sin ninguna excepción, muchas personas se sorprenden y extrañan.
Para la opinión internacional somos un país que ha logrado importantes avances en materia de igualdad de género. Basta mencionar que somos uno de los pocos países en el mundo que ha tenido una presidenta, reelecta, y además la primera en ejercer como Directora de ONU Mujer. Por eso no pueden creer que Chile, el país que se levantó tras la dictadura, que luchó por los derechos humanos y que prometió no volver a repetir esa historia, sea incapaz de reconocer los derechos humanos de las mujeres, aceptando el legado de la dictadura por más de 20 años. Porque la penalización total del aborto es un legado de la dictadura.
Desde 1931 el aborto terapéutico era legal en Chile. Fue en 1989, en los últimos meses del Gobierno de Pinochet, y siguiendo los dictados de la jerarquía católica, cuando la junta militar modificó la ley y criminalizó sin excepción la interrupción del embarazo. Y terminó la dictadura, dejando los derechos reproductivos de las mujeres chilenas hipotecados, como una de las monedas de cambio.
Todas sabemos que el aborto clandestino es una realidad en Chile. Pero esa clandestinidad no nos afecta a todas por igual. Las que viven en condiciones de pobreza quedan expuestas al riesgo de un procedimiento médico inadecuado y además, en caso de complicaciones, deben acudir a centros de salud públicos que a menudo las denuncian, y son así el primer paso de la persecución penal (Universidad Diego Portales, Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile, 2013). En cambio, las mujeres que vivimos en otros países, o las que cuentan con recursos económicos suficientes, pueden acceder a abortos más seguros en clínicas privadas o viajar al extranjero para interrumpir sus embarazos legalmente. En Chile, la prohibición total del aborto sólo acentúa las desigualdades de clase.
Sin embargo, el temor a la sanción penal y social hace que todas, ricas y pobres, deban permanecer en silencio, o contar sus experiencias sólo en sus círculos cercanos. El temor y el estigma marca sus experiencias, a diferencia de aquellas que podemos interrumpir un embarazo en condiciones de legitimidad política, social y sanitaria. Las mujeres que abortan legalmente muestran una relación de bienestar con ellas mismas y con sus decisiones, son mujeres comprometidas con sus maternidades, son mujeres más tranquilas.
Aspiramos a que las maternidades sean deseadas y disfrutadas. Aspiramos a que ese estigma desaparezca de las mujeres y que, por el contrario, sea el Estado de Chile el que sienta vergüenza de mantener una legislación heredada de la dictadura y que viola los derechos fundamentales de las mujeres. Nosotras, y muchas otras mujeres, estamos comprometidas en conseguirlo, porque aspiramos a que todas las mujeres en Chile tengan los mismos derechos con los que contamos nosotras, en estos momentos.
Por el derecho a decidir, también en Chile. Somos chilenas viviendo en países que reconocen los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y queremos que se garanticen también en Chile.
Vivimos en sociedades de consumo que nos encarcelan en nuestros cuerpos, nos imponen qué decir, qué vestir, cómo coger, parir; nos imponen la vergüenza de nuestro sangrado, nos obligan a menstruar de manera oculta, en silencio y callarnos porque «calladitas están las señoritas». Y pensamos, ¿verdaderamente este cuerpo es mío? ¿nos pertenece o estamos encerradas cada una en la disconformidad absoluta?
Nuestra cárcel no solo está impuesta por la maldita moral patriarcal, occidental, católica, monogámica y de la hetenorma, EL CAPITALISMO que todo lo vende, nos etiqueta una por una, nos empaqueta en nylon y finalmente con su código de barra nos envía al mercado.
Entonces para sobrevivir recurrimos a nuestra propia historia para zafar, para respirar, tratamos de recordar compañeras que dejaron sus historias marcadas con fuego, historias que quisieron arrebatarnos de las manos y se olvidaron de que las tenemos en la sangre. Definitivamente hablar de «nuestros cuerpos» es hablar de luchas de poder-sometimiento.
En la actualidad, existen concepciones críticas de Derechos humanos. Según Wlasic, los Derechos Humanos son aquellos que protegen la dignidad de la persona humana y sus valores derivados de libertad e igualdad a través de la efectiva y plena satisfacción de sus necesidades, tanto físicas, psíquicas, como morales y que derivan en características, principios propios de carácter general y normas jurídicas básicas de protección. La calidad de vida es un eje central en dicho análisis. No podemos dejar de resaltar que esta concepción de los derechos también está en disputa como el derecho todo, pues su nacimiento, como se conoce en la actualidad, es occidental y en sus orígenes a las mujeres nos guillotinaban por reclamar aquella Liberté, égalité, fraternité.
ESTAR EN CONTRA DEL ABORTO NO ES ESTAR A FAVOR DE LA VIDA. ES ESTAR A FAVOR DE QUE EXISTA (COMO EXISTE, DE HECHO) TODA UNA MAQUINARIA CLANDESTINA EN LA QUE SIGUIENDO, LOS PARÁMETROS DEL MISMO SISTEMA, LAS RICAS SOBREVIVEN, LAS POBRE NO. Por eso las campañas pro aborto exigen una educación que nos permita decidir cuándo y cómo ser madres, la posibilidad de conseguir anticonceptivos que verdaderamente nos protejan de enfermedades de transmisión sexual (ETS) y de embarazos no deseados, se trata de poder abortar de manera segura, LEGAL sin tener que perseguirnos, sin que la sociedad y el estado nos juzgue y, finalmente, garantizar la igualdad material o real siendo gratuito para el acceso de todas las mujeres.
Tenemos que lograr dejar de pensar en el derecho como un acto coactivo obligatorio para empezarlo a ver como argumentación racional donde su primer punto es ser transformable, ser producto de un acto colectivo racional en el que se respete al máximo la diversidad, ser moldeable como toda acción humana, que mejore nuestra calidad de vida. No que nos mate.
Nosotres estamos en la disputa, y en el recorrido de los derechos de igualdad descubrimos que no somos iguales, pero que tampoco necesitamos estados paternalistas que nos digan qué hacer. Ni que se metan en nuestras camas y decidan con quiénes, cómo y por qué podemos coger, pues no podemos decir que tenemos derechos humanos, si nosotras no somos las que decidimos sobre nosotras mismas, si no tenemos garantizada una vida digna.
Como dice Almudena Grandes : “El conocimiento es poder, un arma tan importante como las consignas y las pancartas, porque ningún factor ha hecho tanto daño a las mujeres que afrontan un embarazo no deseado como la ignorancia, el oscurantismo y la manipulación ideológica”. Lo que termina provocando una fractura en la lucha, contraponiéndonos las mismas mujeres a estas reivindicaciones; como debía ser, el patriarcado se asegura su hegemonía poniéndonos unas contra otras. Nuestra lucha es por ser sujetas, ser genéricamente humanas para decidir, ser libres para amar o no, tomar decisiones sobre nuestro propio cuerpo sin ser juzgadas, solo SER humanas, no varones y esa diferencia es esencial, ellos han querido acaparar nuestras características de personas y por eso se confunden.
EN MÉXICO
Desde el 24 de abril de 2007 se abrió un nuevo camino en México. Se aprobaron las modificaciones necesarias en la Ley de Salud local de Distrito Federal para lograr la despenalización del aborto hasta las doce semanas de gestación. Además segarantiza el derecho a abortar de las mujeres por violación, malformaciones detectadas, inseminación artificial no consentida, amenazas a la salud de la mujer o el llamado aborto imprudencial o culposo (cuando una mujer aborta por una causa ajena, como un accidente). A este derecho tienen acceso mujeres mayores y menores de edad. Deben tener menos de 12 semanas de gestación; firmar una carta de consentimiento (de los padres, en caso de tener menos de 18 años); presentar una identificación y un comprobante de domicilio. Dependiendo las semanas de gestación, hay tres métodos para interrumpirlo: con medicación, antes de las nueve semanas; y con Aspiración Manual Endouterina o Legrado Uterino Instrumentado en los casos de nueve a 12 semanas de gestación.
Entre los argumentos fundamentales que colaboraron a dicha modificación, encontramos el documento que publicó el colegio de Bioética, que introdujo elementos precisos en cuanto al principio básico de la racionalidad, entre otras cuestiones, que a las 12 semanas el embrión no ha desarrollado la corteza cerebral ni las conexiones nerviosas indispensables para sentir.
Como era de esperarse, luego de los cambios en la ley del DF, la Procuraduría General de la República y de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, (apoyadas por la Iglesia Católica), impugnaron las modificaciones. El máximo tribunal validó las leyes capitalinas en 2008 bajo el argumento de que cada legislatura local tiene la facultad de promulgar leyes sobre el tema. La resolución, sin embargo, no penaliza ni despenaliza el aborto en todo México.
Tras la despenalización en DF, se desencadena en los 31 estados restantes del país diversas modificaciones en sus leyes y, hasta la actualidad, 16 estados establecen protección al derecho a la vida desde su concepción. Excepto en Distrito Federal el resto penaliza el aborto, salvo en casos de violación y, en los casos de Guanajuato, Guerrero y Querétaro, también lo permiten cuando la vida de la madre corra peligro.
El estado de Yucatán, desde el año 92 incluye factores económicos cuando la mujer ya ha dado a luz a 3 o más niños y en el estado de Guanajuato el hecho de practicar un aborto se castigará con penas de prisión de hasta 30 años. En Baja California se reforma la constitución local en su artículo 7 que «tutela el derecho a la vida, al sustentar que desde el momento en que un individuo es concebido, entra bajo la protección de la ley y se le reputa como nacido para todos los efectos legales correspondientes (…)».
Guerrero, es el Estado donde ocurre el mayor número de casos de muertes de mujeres por abortos clandestinos en el país, según el gobierno.“Las mujeres en situación de pobreza que viven en el medio rural tienden a depender de los métodos menos seguros y de prestadores de servicio sin capacitación. Éstas son, por lo tanto, las que tienen mayor probabilidad de sufrir efectos secundarios graves del aborto inseguro”, dijo el gobernador del estado con 67.7% se encuentra en situación de pobreza.
No podemos dejar de mencionar la lucha de Adriana Manzanares Calletano, quien fue acusada y sentenciada a sus 22 años por homicidio en razón de parentesco debido a que tuvo un aborto espontáneo al cuarto mes de gestación. Este es un caso donde se observa la discriminación estructural: no sólo la discriminan por ser mujer, también por ser Indígenas (nahua). La Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que el proceso en su contra tuvo violaciones a sus derechos humanos, por lo que fue determinada su libertad.
El aborto está justificado en 25 estados por amenaza de muerte para la mujer, por malformaciones (14), daños a la salud de la mujer (13), inseminación forzada (11), entre otros. Pero sólo en el Distrito Federal, una mujer puede abortar por decisión propia dentro de las 12 semanas de gestación. Los estados de Baja California Sur, Jalisco, San Luis Potosí, Sonora y Tlaxcala son las cinco de 32 entidades del país en las que el aborto es un delito grave, es decir, que las mujeres son encarceladas mientras son sometidas a juicio; en el resto del país pueden pagar fianza.
Avances en números
Según las estadísticas del Gobierno del Distrito Federal, desde la legalización el 24 de abril de 2007 a julio de 2015 se han realizado 145313 ILE`s de los cuales el 72,9% se han realizado con medicación.
De las mujeres que se practican un aborto, 5 de cada 10 son solteras; casi la mitad de quienes se lo han practicado tiene entre 18 y 24 años; y la mayoría tienen educación de preparatoria o universitaria.
Lo paradójico es que el 61,9% de las mujeres que han abortado se definen católicas . En los datos actualizados a junio de 2015 del GiRE, se han realizado 8928 ILEs a menores de 18 años de 2007 a julio de 2015
En el Distrito Federal, existen 13 hospitales públicos donde se ofrece de forma gratuita el procedimiento de interrupción legal del embarazo, o ILE, además de las clínicas privadas que estén autorizadas para efectuar el procedimiento con un costo.
Basado en cifras de la Secretaría de Salud federal, GIRE informó que alrededor de 11% de las muertes maternas se produce por abortos mal practicados en todo el país.
Entre 2007 y 2012, en 19 entidades del país hubo 127 sentencias por el delito de aborto, y la Suprema Corte dijo en un informe que entre 1992 y 1997 se abrieron alrededor de 1,000 averiguaciones en el Ministerio Público, un promedio de 62.5 casos al año en todo el país.
Hoy alzamos nuestras voces para reclamar un derecho esencial que es ser dueñas de nuestro propio cuerpo, porque creemos que lo personal también es político en su construcción, queremos ser libres realmente para decidir. No nos quedemos calladas porque:
Las mujeres DECIDIMOS, la sociedad RESPETA, el Estado GARANTIZA y la Iglesia NO SE METE
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De Gouges,Olympe DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER Y DE LA CIUDADANA
http://clio.rediris.es/n31/derechosmujer.pdf
Grupo de información en reproducción elegida. GIRE en cifras