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Odio Negro: La imagen como simulacro escénico.

por Benjamín Martínez Castañeda
«(…) la idea de <<devenir>> está ligada a la posibilidad o no de un proceso de singularización. Singularidades femeninas, poéticas, homosexuales o negras pueden entrar en ruptura con las estratificaciones dominantes. Ésta es la cuestión fundamental de la multiplicidad y de la pluralidad y no una cuestión de identidad cultural, de retorno a lo idéntico, de retorno a lo arcaico.» 
(Félix Guattari)

En una sociedad urbana y colonizada por la imagen, tiene significados plásticos y sintácticos que se crean a partir de la naturaleza icónica de la naturaleza misma de las cosas, en este sentido, el objetivo de la teoría de la imagen es el estudio de la selección de la realidad, de los elementos fácticos y de la sintaxis. Siguiendo esta línea, Justo Villafañe clasifica las imágenes en tres: naturales, mentales y creadas. La imagen como representación es conceptualización y va más allá de la comunicación visual, implica también al pensamiento, la memoria y la conducta; sabemos que estamos frente a una imagen, si tenemos la presencia de una selección de la realidad sin alterar su naturaleza, donde la percepción se encarga de las técnicas para la selección de la realidad, y la representación será la explicitación particular de la realidad; entiéndase que toda imagen viene de un referente de la realidad, es decir que está constituida por modelos de realidad.

En el proceso de modelización icónica de la realidad todo inicia en la percepción, donde se extrae un esquema icónico en relación a la estructura de la realidad objetiva; en esta relación con lo real el observador conceptualiza la imagen. Yo me pregunto: ¿todos aspiramos a la contemplación? Independientemente de las formas y modos que tengamos de apreciar las cosas, ya sea desde lo real o desde la imagen,  al ser nosotros quienes trabajamos y damos forma a la naturaleza. De esta forma, el productor/creador de imágenes fungirá como esa Alma/razón de acción y contemplación que modelará gráfica, plástica o visualmente su realidad en relación a referentes directos de la naturaleza, para materializar una imagen “natural”, es decir, es aquella imagen que se abstrae del entorno, es la percepción ordinaria; o bien, se puede construir una imagen mental como un modelo de realidad altamente abstracto al intentar aprehender un objeto ausente o inexistente.

San Agustín encuentra la necesidad y el deseo de amar a Dios, pero este amor lo confundía con el goce de un cuerpo a partir de un placer-dolor producido por un “espectáculo”[1] (imagen) de la miseria; deja entender por espectáculo, a todo eso que te conmueve al no ser libre de sus efectos de misericordia. Así pues, la imagen, dentro de una cultura de masas es considerada un agente territorializador del hombre con su entrono. El problema central de este punto será la mímesis, entendiéndose como la imitación de la naturaleza equivalente a su original; es vista como un objeto que atestigua la existencia de lo que da a ver, es considerada como la imitación más perfecta de la realidad, se presenta como una huella de lo real que nos obliga a creer la existencia del objeto representado.

Se habla de una estética planetaria hegemónica producto de la realidad virtual y de las sociedades posindustriales desde un aspecto de colonización, pues se vive dominado por la voluntad de perfeccionamiento y de una mimesis que culmina en hiperrealismo, y así se nos presenta una imagen como simulacro/escena. ¿Pero hasta dónde la pulsión icónica nos es impuesta? En caso de ser así, las proyecciones imaginarias del hombre carecen de percepción personal, dejando a la percepción visual  como procesador sociopolítico. ¿Qué papel juega entonces el percepto? ¿El de una vivencia subjetiva o el de una vivencia manipulada, donde se activa el significado al investir el sujeto un estímulo visual o al ser investido el sujeto por un estímulo visual?

En este sentido, la imagen que propongo es una <<imagen interior>>, de mi interior, es la forma en que yo concibo la negritud, un tópico tabú en la historia mexicana, no hay negros en territorio mexicano es lo que nos enseñan los libros de textos de primaria; entonces yo me pregunto: ¿qué pasa con las comunidades de Guerrero, Veracruz y Oaxaca?, solo por mencionar las más cercanas a mi ubicación. Con ellas no pasa nada, se nos muestran como <<uno más de nosotros>>, lo único que nos separa, es que nosotros, a diferencia de ellos, si tenemos nombre, apellido y acta de nacimiento; ellos deben conformarse con un número tatuado en el brazo. Cuando me identifico con lxs negrxs me odio a mi mismo, al cruzar esa frontera de la repulsión e invisibilización hacia los otros cuerpos no similares al mío; saber de la existencia de lxs negrxs es un acto de abyección, acción que perturba mis límites para localizar y reconocer lo Otro a partir de su propia negación. Hoy como acto de abyección, devengo negrx, devenir no es imitar, ni hacer como, ni adaptarse a un modelo; lo único que hay son palabras irregulares para herir algo exactamente. No parto de nada ni quiero llegar a nada.

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BIBLIOGRAFÍA

DE HIPONA, San Agustín, Las Confesiones, Ed. Akal, España, 2003, pp. 69-86.

GUBERN, Román, “Frente a la escena”, en Del bisonte a la realidad virtual. La escena y el laberinto, Ed. Anagrama, España, 1996, pp.7-49.

PLOTINO, “Enéada III.8”, en Enéadas III-IV, Ed. Gredos, España, pp. -231-260.

VILLAFAÑE, Justo, “La conceptualización de la imagen”, en Introducción a la teoría de la imagen, 3ª reimpresión, Ed. Pirámide, España, 2006, pp. 27- 51.

[1] Porque no se provoca al espectador a socorrer a uno, sino que sólo se le invita a condolerse, y en cambio al actor de tales imágenes le favorece tanto más cuando más dolor siente (…) si aquellas desgracias humanas, antiguas o falsas, se representan de modo que el espectador no se duele con ellas, se marcha de allí aburrido y criticando; pero si, al contrario, siente dolor con ellas, está atento y llora de gozo.” En DE HIPONA, San Agustín, Las Confesiones, p. 70.

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Benjamín Martínez Castañeda es productor visual mexicano, su investigación está encausada a la teoría queer y filosofía política.

 http://benjamin-walpurgis.tumblr.com/
http://bjmmcteoriafotografia.blogspot.mx/
http://benjaminmartinezmvaf.blogspot.mx/

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Isil Sol: Vil ERRÒTIC

Por Isil Sol Vil

El cuerpo catalogado socialmente como hombre, ¿no es erótico? ¿O es que la trata erótica es una trata sobre la carne? La forma bella, dictaminada: esto sí, esto no.

Somos carne, trozos, partes y miembros colgantes. Estamos envueltos, empaquetados y etiquetados así, todo en orden y bien numerado. Nada ni nadie se escapa, todo es de aquí o de allí. Todo ES.

El error como parte de adiestramiento «esto sí, esto no; esto bien, esto mal.

ERRÒTIC vídeo performance, 2:50 minutos.

Isil Sol Vil ERRÒTIC from Arts Insurgents on Vimeo.

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¡La chica de Ipanema estaba abierta! Solange to aberta como un espacio de transe y mounstrosidad placentera

por Lia La Novia

 

Nunca voy a olvidar esta noche: estoy sentada en mi cama, en la fría ciudad de Berlín, Alemania, muy cerquita de Pedro Costa (Nova Iguaçu, Brasil); nuestra charla comienza por la enorme curiosidad que tengo de conocer más de lo que experimenté cuando recién llegue a esta ciudad. Acá el panorama:

Era el día 7 de Agosto de 2014, en la galería NGBK de Berlín, que aquella noche dejó de ser una galería para convertirse en un espacio festivo, pero aun más, político. En punto de las 8 de la noche apareció en medio de una sala de la galería una mujer con un traje rosa y una peluca negra, bien peinada, por cierto. Pedro me cuenta de la aparición de aquella mujer “era una maestra de antropología”. Aún recuerdo sus lentes y sus suaves movimientos, mientras buscaba la lista de reproducción en su ordenador.

Entonces comenzó a sonar La chica de ipanema distorsionándose poco a poco, para dejarnos escuchar los sonidos de  Funk Carioca, un estilo de música electrónica, que nace en las favelas de Río de Janeiro y que se denomina Proibidão. Estos ritmos que dislocan la música occidental son los que nos hicieron terminar en un aquelarre de cuerpos monstruosos, dialogando sólo a partir del sudor y el buen baile.

Solange to aberta (Solange, estoy abierta) es un proyecto que nace en 2006 en Salvador, Bahía, Brasil y que mezcla 3 culturas propias de su contexto: la cultura drag queen, el hazlo-tú-mismx y la música, combinada con el arte de la rebeldía. Solange es un nombre que llevan mucha mujeres transgénero en Brasil y es un homenaje que se les quiso hacer, nombrando así al grupo. No es fácil estar abierta, sin embargo, este proyecto lo está; es una energía que tiene el objetivo de despertar las subjetividades en los espacios que produce,  cuenta Pedro.

Para mí, la experiencia de haber estado en un concierto de Solange fue algo catártico, de pronto el museo se convirtió en una especie de isla sudaka llena de cuerpos que gozábamos, y nos dejábamos llevar por el placer de un ritmo no sólo musical sino de comunicación horizontal debido a que nos encontrábamos en un espacio institucional. Compartiendo algunos videos con Pedro, me pude dar cuenta de que Solange, estoy abierta, precisamente trabaja con la des-estabilización de la institución, generalmente participa en exposiciones de arte donde las obras siguen generando un discurso normativo del arte contemporáneo.

Solange to aberta transgrede esto, ya que invita a todos los asistentes, incluyendo curadores, críticos de arte y público en general a disfrutar de sus cuerpos y dejarse llevar a través de la música distorsionada y construida desde una idea colectiva. Los muros del espacio se derrumban y todos nos movemos por el espacio, dejándonos llevar por la poderosa voz de Pedro Costa que termina por construir una estampida que escapa de las paredes del museo.

“Solange es una plataforma abierta, es una comunidad donde hay invitados, el micrófono no me pertenece solo a mí, le pertenece a todos durante los conciertos, funciona como una crítica a la cultura mainstream, tranfóbica, homófoca, misógina y muchas más; es una estética peligrosa que trabaja con la liberación de la subjetividad”.

No me queda más, que compartirles el trabajo de Solange, así que ¡dénle play y pónganse a bailar!

 

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Nadie Aquí es Ilegal – INVASORIX

«Nadie aquí es ilegal

nadie aquí es normal

cada cuerpo es singular…»

INVASORIX es un grupo de trabajo interesado en canciones y videoclips como una forma de protesta cuir-feminista. Se compone de 8 mujeres artistas entre los 25 y 36 años de edad, que viven y trabajan en la Ciudad de México: Daria Chernysheva, Mirna Roldán, Nina Hoechtl, Maj Britt Jensen, Natalia Magdaleno López, Liz Misterio, Naomi Rincón-Gallardo y Waysatta Fernández. Desde la primavera del 2013 se han reunido periódicamente, para escribir entre todas canciones y realizar videos, que se basan en sus experiencias con la precariedad (laboral, por ejemplo) y las dinámicas de poder en sus entornos, entre otros.

A través del diálogo constante entre ellas y con sus amigas imaginarias – Gloria Anzaldúa, Pina Bausch, bell hooks, Pedro Lemebel, Silvia Rivera Cusicanqui, María Sabina, Patti Smith, Annie Sprinkle, etc. – han escrito tres canciones (El ano nos une, Nadie aquí es ilegal y Macho intelectual) que cuestionan los roles de género, los cometidos de los artistas, piensan en torno a la precariedad y sueñan formas alternas y/o utópicas de estar y ser.

Para ver más de su trabajo http://invasorix.tumblr.com/

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Anormalopatía

Andrea Barragán

 

Para esta edición de Hysteria!, quise recopilar 4 trabajos en video que tengo sobre el tema “Los anormales” . Son ejercicios visuales que intentan reflexionar, hacer catarsis, redefinir, resistir, esquivar, dibujar, desdibujar mi experiencia en el paso por los psiquiátricos y la continua clasificación en la etiqueta anormal como lugar común, que no es tan reciente como mi diagnóstico, y me remite a esa inextricable sensación de sentir que: “No soy de aquí ni soy de allá”.

Este ejercicio de escritura, como el de la ejecución de las piezas audiovisuales, son un deseo de recuperar y empoderar la voz frente a estos sucesos que por su violencia me han reducido el aliento y la fuerza. Son además una deuda que tengo con mi locura y la de mis otros locos con los que he compartido en estos lugares, en donde miles de veces me he dicho a mi misma que un activismo de la locura es urgente.

 

Esa niña es rara, la categoría de lo inefable:

¿Qué es ser rarx? Es una categoría de alerta frente a una persona que excede la norma y deja sin palabras a quien intenta dar sentido a lo que ve, pero sobre todo busca disciplinar al/la raretx.

Para mí, no ha sido una gran proeza terminar siendo una rareza, no porque me sienta muy excéntrica, sino porque siento que la rigidez de las normas sociales es tan ridícula que lo más fácil es ser anormal y ser la excepción a la norma es de lo más convencional; de ahí el dicho popular que dice: “Normal es el ciclo de la lavadora”.

 En sí lo que resulta insoportable de devenir raretx es la regulación, segregación y formas de disciplinamiento, por lo tanto, planear la fuga y resistir el adoctrinamiento resulta necesario, para quitarle el valor negativo del señalamiento, del estigma, para convertirlo en un lugar de gozo y así celebrar la insurrección frente a la normalidad reclamando la locura tan necesaria para inventar otros mundos posibles.

 

“Sáquennos de aquí, van a hacer jabón con nosotros:”

 

La primera vez que yo llegué a un psiquiátrico o manicomio, como se les dice vulgarmente, coincidió con haber empezado a leer a Foucault juiciosamente para la tesis. No quiero decir con ello que por leer a Foucault enloquecí (risas), sino que tornó más difícil y confusa mi estancia allí.

 La visión de los psiquiátricos desde fuera son las imágenes del terror, como en “Asylum” la temporada que más me ha gustado de American horror story, en donde me gustaría preguntar ¿qué puede ser tan espeluznante de prescindir de la razón o perderla? Una paranoia estrepitosa y aterrorizante de una cultura en donde la razón como logos es uno de los pilares de este mundo occidentalizado del que hago parte.

 Pero en los psiquiátricos no hay camisas de fuerza ni aislamientos en cuartos con paredes acolchadas, más bien, como dice Marissa Wagner: “cada sociedad tiene el hospicio que se merece”, de esta manera estos lugares son un punto ciego, un no lugar de la razón, la esquina del ojo en donde lo que se ve no se entiende y como es un estado inteligible debe estudiarse con lupa y vigilarlo con estos panópticos extremos de paredes blancas y cámaras ocultas.

 

No hay camisas de fuerza, pero hay encierro y extrema vigilancia: un estudio 24 horas por una módica suma de 500 dólares al día que pagan los seguros médicos por una residencia mínima de 15 días en un hotel sin ventanas en donde se hace un sorteo de diagnósticos para dividir a los grupos de personas que allí están por actividades, y minimizar la claustrofobia y el adormecimiento de los sedantes.

 

En realidad, no he visto locos como los de las películas y series; he visto personas enredadas con sus vidas que en realidad no deberían estar encerradas, sino aguzando la vida para rehacer los pasos y seguir; los psiquiátricos son un recinto para esconder las impurezas de occidente, no porque considere que los locos somos un residuo humano que deba esconderse, eso es lo que piensan los psiquiatras, sino más bien considero que los diagnosticados locos somos uno de los nudos ciegos de los que esta sociedad no ha querido encargarse, la excepción a la regla de la razón como característica de los seres humanos.

Algo está mal planteado desde el inicio. La razón, no es la medida de los mal llamados humanos, y la medicina psiquiátrica es un fiasco como “ciencia que se encarga del estudio del alma”. Si es que existe el alma, yo prescindiría de ella si es lo que significa en términos médicos, mi alma enferma se rebosa. Según mi diagnóstico, hay una forma correcta de sentir, que a mí me excede y devengo loca en sus términos que por supuesto no son los mismos míos, porque como a cualquier paciente se le cura de manera velada, excusando la soberbia médica que impide explicar los diagnósticos a los pacientes y menos explicárselo a una loca.

 

“Sáquennos de aquí, van a hacer jabón con nosotros” gritaba don Álvaro en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) el lugar a donde llegas cuando te encierran cuando llegas allí. El señor no estaba muy equivocado con respecto a sus percepciones; era claro que no estábamos en un horno del régimen nazi, pero sí en lo más parecido a un campo de concentración, el aislamiento necesario en nombre de la normalidad.

 

Creo que una sociedad en donde existan profesionales que cobren por escuchar y estandarizar el sentir debe estar muy mal, señores con bata blanca que creen que pueden reconocer la línea invisible entre lo normal y lo que no lo es, posicionándose como intermediarios en la relación con una misma, en vez de facilitar la distancia entre el espejo y una.

No necesito a alguien que me indique o aconseje cómo vivir, que señale cómo se debe vivir de manera estándar, cuando esas no son las normas para una vida fuera de las reglas; no siento que la vida se me salga de las manos por llegar allí, considero que la vida se me sale de las manos cuando alguien decide por mí lo que considera que está bien para mi, como cuando deciden que debo estar encerrada por x tiempo, porque en teoría no soy alguien apta para estar fuera de allí, y al estar enferma mentalmente pierdo cualquier potestad sobre mi misma que me impide decidir por mi y para mi.

 

“Ya sé que estoy piantao”:

 

Ahora que estoy diagnosticada, no me siento más cuerda, siento que tengo más problemas que cuando entré y no porque yo sea un mayor desastre, sino porque siento que se me ha expropiado de mí misma, como habitáculo de disciplinamiento funciona muy bien, me recuerda a los castigos de infancia que buscan crear tanto terror como promesa de no volverlo a hacer.

Las enfermedades psiquiátricas son incurables según la medicina, lo cual garantiza una dependencia a las medicinas o drogas lícitas y un pronto regreso a los psiquiátricos; 6 años de diagnóstico y sigo sin entender mi enfermedad, porque creo que la enfermedad no existe, pues no creo que exista una forma de sentir cercada a 2 únicos polos, binarismo inevitable para occidente. Por otro lado, las pastillas complejizan la existencia y su garantía de consumo consiste en su adicción en donde su ausencia en el cuerpo implica una desestabilización total que agita la mente y clínicamente induce al paciente a la crisis.

 

De resto mis espejos se opacaron ante la incongruencia de ser algo con lo que no me identifico y me sigo resistiendo al sonambulismo dócil de la psiquiatría, en donde se me enseñó a desconfiar de mí y creer u obedecerle a la ciencia, desvirtuarme a mí misma frente a mi entorno cercano, un sujeto peligroso que necesita del aislamiento para convivir. Y sí, estoy loca, pero todxs cabemos en el DSM (el manual de los diagnósticos psiquiátricos), finalmente alguien tiene que pagar la cuota de las farmacéuticas y los sujetos dóciles siempre son más fáciles de manejar.

 

¿Por qué no eres femenina? ¿O es que quieres ser hombre?

Reconstruyendo los pasos y reflexionando sobre mi devenir anormal, lo que siempre ha sido más visible frente al deber ser ha sido mi rechazo a lo femenino, que aprovechando esta edición decidí trabajar sobre esto y explorar cómo se nos enseña a ser mujeres y cuáles son sus implicaciones socioculturales.

En resultado expongo una feminidad monstruosa que pretende su huida y animar la desobediencia, pues si enuncio las etiquetas que me excluyen de la norma, la feminidad es sólo el inicio, por lo tanto propongo la anormalidad como una resistencia activa, que en el devenir otro fuera de la norma se convierta una estrategia subversiva para imaginar y construir otras posibilidades que inviertan los límites de lo mal llamado normal.

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Andrea Barragán (Colombia) andreaBarragan

Artista visual y co-editora de la Revista Vozal. gusanandrea@gmail.com

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(Dis)Capacidades Disidentes

por Cristal Alba

“Danza me permite explorar la amplia gama de lo que es estar en un cuerpo- de experienciar lo que es ser atlética, vulnerable, empoderada, sensual, repugnante, monstruosa, humana, y animal- y en el fondo encontrar un poco de consuelo en esto”

-Lisa Bufano

Lisa Louise Bufano fue una artista norteamericana, que igual a los héroes en los cómics, encontró un bello regalo en las secuelas de un trágico accidente que lx dejó sin dedos y piernas. Como un hermosx monstrux, equipó su nuevo cuerpo con armas de destrucción que usó para deconstruir el estándar de belleza heteropatriarcal que marca el cuerpo de una mujer discapacitada como no deseable. Usando prótesis como tecnologías de movimiento, ella reconstruyó su cuerpo convirtiéndose en objeto, en animal – en obra de arte. Resbalándose por el piso o extendiendo al aire las patas de mesa que ocupan el lugar que alguna vez tuvieron sus piernas y brazos, nos lleva a entender diferentes formas de ver los cuerpos discapacitados. En vez de ver su discapacidad como una limitación para su performance, la tomo como una oportunidad para subvertir la imagen de la discapacidad.

Caminando mórbidamente sobre sus cuatro patas de mesa estilo  Queen Anne, su cuerpo gira en una danza hipnótica. Se convierte en araña, esperando a que el espectador caiga como víctima dentro de su seducción. Su cuerpo se alarga y se sostiene sobre las cuatro patas, baja la cabeza y se la acaricia con una de ellas. Se convierte en animal con rostro de mujer. Ella desdibuja las líneas entre el sujeto y el objeto, entre lo humano y lo animal, siempre manipulando el movimiento para experimentar lo que es posible al habitar un cuerpo anormal.

Lisa tomó su propia vida en 2012, sin dejar un adiós ni un porqué. Desde un cuerpo llamado discapacitado y no sexual, decidió gritar al mundo que su cuerpo era más que capaz, que podía trascender las limitaciones que nos atan como humanos. Mandó a la verga a todxs lxs que le dijeron que su cuerpo no era capaz de continuar en la danza y el performance, al contrario, se valió de éstas disciplinas para demostrar que su cuerpo era deseable, sexual, y polimorfo al mismo tiempo que podía ser monstruoso. Por estas razones, Lisa continuará desafiando los estándares de una sociedad que margina a lxs que son diferentes, a través de su legado la recordaremos como una mujer que fue capaz de trascender los límites del cuerpo humano.

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Oncogrrrls, cáncer de mama en cuerpos disidentes

Marisa Paituví, Barcelona, 31/10/14

Oncogrrrls, es un proyecto de acción performativa e investigación crítica en torno a las representaciones del cáncer de mama y la cultura del Lazo Rosa mediante la performance, la danza y la videodanza y, a su vez, una plataforma de autoaprendizaje y construcción colectiva de saberes (Novella, 2014). Entendido como proceso de investigación/creación, usamos diferentes técnicas de la danza y la performance para hacer del movimiento una política con la que investigar, crear y compartir conocimiento incorporado entendiendo “el cuerpo no como una entidad autónoma y cerrada sino como un sistema abierto y dinámico de intercambio que produce constantemente modos de sometimiento y control, así como de resistencia y devenires” (Lepecki, 2009). Así, a nivel teórico y práctico, usamos la noción de embodiment con el deseo de superar la idea de que lo social se inscribe en los cuerpos para hablar de lo corporal como un auténtico campo de cultura, un proceso material de interacción social, subrayando su dimensión potencial, intencional, intersubjetiva, activa y relacional (Esteban, 2004). El cuerpo así es considerado agente y espacio de intersección tanto de orden individual como social. Con ello, compartimos la idea de Beatriz Preciado de que “el cuerpo no es sólo el cuerpo físico; eso es una ficción de la medicina… El cuerpo es subjetividad política, no hay separación. Va más allá de la carne” (Preciado, 2014).

    El proyecto se gestó en 2012 cuando Novella y yo misma nos propusimos trabajar acerca del tránsito por la enfermedad durante su propio tratamiento. Después de más de un año de elaboración, nos aliamos a 6 mujeres con las que, tras un mes y medio de proceso intensivo de creación, produjimos (Paréntesis), una pieza de videodanza acerca de la metáfora de la espera durante el tratamiento por cáncer. Este proyecto nace pues de la necesidad de entender cómo el diagnóstico y el tratamiento por cáncer de mama se incorporan en los cuerpos y de la voluntad de resignificarlo más allá de la infantilización, la feminización y la mercantilización de los espacios simbólicos de las mujeres diagnosticadas y su entorno. En este breve ensayo quisiera presentar algunas de las paradojas a las cuales hicimos frente.

    Àngel Martínez Hernáez, citando a Byron J. Good, dice que la enfermedad no es solo un conjunto de signos y disfunciones biológicas predefinidas, sino que es un síndrome de experiencias típicas, un conjunto de palabras, experiencias y sentimientos que se entienden como un conglomerado para los miembros de una sociedad. Este síndrome es un conjunto de experiencias asociadas entre si a partir de una red de significaciones e interacciones sociales. Por tanto, una enfermedad es también un conjunto de significados para los miembros de una sociedad dada (Martínez Hernáez, 2008). De ello dio cuenta Susan Sontag quien, durante su experiencia personal ante el tratamiento por cáncer, se posicionó ante el discurso en torno a esta enfermedad y se enfrentó a sus metáforas, ya que las consideraba negativas tanto por la forma en que el paciente llega a entender el proceso como por la manera en que se le integra en su entorno. En “La enfermedad y sus metáforas” explica que durante el s. XIX la idea de enfermedad se modificó y pasó de ser un castigo para el pecador a una expresión del carácter, un resultado de la voluntad. Desde entonces la enfermedad se entenderá como la revelación de deseos que el paciente ignora, pasiones ocultas que se han de descifrar. La enfermedad será un hecho básicamente psicológico y a los sujetos se les hace creer que se ponen enfermos porque (subconscientemente) es lo que quieren, y, por tanto, que pueden curarse movilizando su fuerza de voluntad. Estas teorías psicológicas atribuyen al sujeto la doble responsabilidad de haberse puesto enfermo y de curarse (Sontag, 2008). Durante las sesiones con Oncogrrrls muchas de las participantes referían esta responsabilidad, junto a la culpa y la vergüenza, a la que respondían con una sonrisa para no molestar (ni a la pareja, ni a la familia, ni a los amigos, ni a los médicos, ni a la sociedad) y encarar con buen humor, ánimo y valentía el proceso porque, según la cultura mayoritaria del Lazo Rosa, “la actitud es lo que cuenta” (cito a O.). Esta responsabilidad de la paciente hacia su curación se relaciona de forma paradójica a la sugerencia de los médicos hacia éstas de “dejarse llevar”, de tomar “un paréntesis” en sus vidas (O.). Al atravesar el umbral del diagnóstico el sujeto pasa a convertirse en objeto de tratamiento, se le despoja de voluntad, de capacidad de decisión, se le coloca en un paréntesis temporal durante el que ha de tener confianza ciega en los expertos para obtener los resultados más deseables. Joe Spence se rebeló a ello. Cuando la artista británica fue diagnosticada y tratada por cáncer de mama, necesitó integrar su proceso. Convirtió la fotografía en un dispositivo terapéutico con el que elaborar la rabia y el dolor. En Narratives of a Dis-ease (1990), trabajo realizado con Tim Sheard, se muestra como un objeto infantilizado bajo la mirada médica, como un espécimen vivo, el monstruo con su pecho canceroso… A través de este método de trabajo buscó el lenguaje del sujeto para dejar de ser una víctima y convertirse en participante activa de su sanación (Jo Spence, 2005). Como Oncogrrrls, apunta Novella, también propusimos hacer visible el disenso, el desacuerdo ante la paradoja de ser responsable de la enfermedad y a la vez mostrarse pasiva ante el tratamiento. Buscamos alternativas a la «Tiranía de la sonrisa» (cito a N.) a través de ejercicios en que manipulamos nuestros cuerpos para deconstruir y reformular la propia agencia ante el sistema médico. En este planteamiento, los cuerpos desviados (enfermos) resisten al poder biomédico para devenir disidentes.

Parèntesi from Carlota Grau on Vimeo.

    La forma en que el paradigma biomédico satura las concepciones que tenemos del cuerpo enlaza con las ideas de poder de Foucault (Foucault, 2009). Podríamos decir que el poder [biomédico] es difuso y deslocalizado, atraviesa la sociedad y todos los cuerpos; no se posee, sino que se ejecuta. Desde la institución biomédica se generan narrativas, se producen paradigmas de interpretación de lo real que se reproducen e imponen en cuerpos y subjetividades. Desde el saber biomédico se articulan los mensajes sobre cuándo es lícito suspender la vida (como en los casos de eutanasia o aborto), qué hábitos (de alimentación, higiene, sexualidad, actividad o reposo…) son los adecuados para tener un cuerpo saludable y cuál es su estética, qué conductas son patológicas y susceptibles de medicación… todo ello a través de la gestión del riesgo y el miedo al contagio. Así el campo biomédico funciona como una institución normalizadora que a través de sus mensajes reproduce y perpetua ciertas creencias sobre la salud y la enfermedad, la vida y la muerte, a la vez que actúa sobre los sujetos biologizándolos, esencializándolos, enmarcándolos en una visión dimórfica de género. Desde este campo se ejerce una violencia simbólica que mantiene el orden heteronormativo reproduciendo unos estereotipos sociales a través de protocolos médicos y comités de ética. Los cuerpos enfermos, desviados, a su paso por la maquinaria médica, son desposeídos de agencia, se los objetualiza, para readecuarlos a la forma que socialmente se espera. La propia institucionalización de los procesos impide la apropiación de los mecanismos de salud tanto por parte de las profesionales como de las usuarias. Las primeras quedan atrapadas en la burocratización de tiempo y espacio, en la imposibilidad de actuar, en la frustración. Tal como expresa C., médica de cabecera en un CAP, quien dudó de la posibilidad de este supuesto poder biomédico alegando que en su práctica médica no siente que tenga ningún tipo de poder de decisión y que ella, como médica no cree que pueda ejercerlo. Asimismo piensa que no se ha de liberar a la sociedad de la responsabilidad que tiene en la perpetuación de ciertas prácticas y tratamientos médicos que se efectúan según cuestiones de roles de género. Las segundas, quedan desposeídas e infantilizadas perdiendo la opción de subjetivación y de construcción de la propia identidad biopsicosocial. La subjetivación aquí es entendida como un proceso dinámico que hace referencia a modalidades de acción, de un poder performativo, que posibilita que la vida sea constantemente inventada y reinventada sin menospreciar, como reflexiona André Lepecki (Lepecki, 2009), el efecto destructivo de las fuerzas hegemónicas que constantemente prueban de dominar e impedir la creación de subjetividades al obligar a entrar en mecanisos reproductores de sumisión, abyección y dominación. Este ejercicio de poder se puede observar en la petición de C., quien solicitó mastectomía total en vez de reconstrucción protésica, y la negativa del sistema de salud debido a razones protocolarias en las que se establecía que la solución de mastectomía era una mutilación e iba en contra del código ético fijado. Este caso se relaciona con la idea de que el tratamiento de la enfermedad responde a una visión estereotipada de la mujer y de su papel en la sociedad muy arraigado en la forma en que simbolizamos el pecho y sus funciones. A lo largo de la historia de la cultura occidental, el pecho ha estado construido como evidencia corporal que separa naturalmente hombres de mujeres. Es uno de aquellos aspectos que ratifica simbólicamente la división dualista que impregna la cultura occidental. Siguiendo a Bourdieu (Bourdieu, 2010), el programa social de percepción incorporado se aplica a todas las cosas del mundo siendo esta diferenciación biológica la que aparece como justificación natural de la diferencia socialmente establecida entre sexos. Dentro de la perspectiva histórica que hace M. Yalom, aparece la figura de la amazona. En la literatura griega clásica, a las amazonas se las presenta como todo eso opuesto a lo que las mujeres deberían de ser: se niegan a casarse y van a la guerra, no solo son independientes a los hombres sino que les muestran una enérgica hostilidad. Estas mujeres, que se cortaban el pecho para facilitarse el uso del arco, representaban las fuerzas destructoras que se liberan cuando las mujeres abandonan su papel de criadoras. Dice la autora, que desde una lectura psicológica de la perspectiva de los hombres, se puede ver como una expresión del miedo a la venganza que se oculta en la psique de aquellos que ostentan la posición de dominio. Los hombres temen no sólo que se les retire el pecho que les alimenta, sino también una agresión (ginofóbia). Esta imagen de la amazona (etimológicamente “sin mama”) y sus connotaciones simbólicas de mujer contra-natura, parece atravesar el tratamiento de la enfermedad. Me pregunto si la trasgresión de esta imagen de mujer y de sus funciones reproductivas en el caso de las mujeres intervenidas, deja entrever esta ginefobia, este miedo a que la mujer deje el lugar que le ha sido asignado y se rebele en contra de un sistema que la limita a madre cuidadora y objeto de placer estético y sexual. Ello podría explicar porqué el primer tratamiento que recibió O. después de ser diagnosticada, fue el de preservación de la fecundidad por crionización de sus óvulos a la vez que se le negaba el acceso a otras vías de conservación del embrión porque no tenía pareja estable. La urgencia de esta preservación de la maternidad en el cuerpo enfermo de mujer joven, con el complemento de idea de familia heteronormativa y filiación biológica, desvelan una vez más el imaginario hegemónico que activa la maquinaria biomédica y sus protocolos.

    Pensando en ello vuelve a mí la fotografía de la artista británica Joe Spence en la que se ve su pecho intervenido y escrito sobre su busto la palabra monster. En este autorretrato Spence desvela lo siniestro, rompiendo directamente las reglas estéticas que configuran lo bello. Frente a esta imagen uno no puede evadir el espanto sobre lo que se revela. Por una parte, el cuerpo monstruoso de mujer, deformado por la intervención quirúrgica, atacando frontalmente las representaciones de feminidad. Por otra, el cuerpo transformado por la cicatriz rompe con la construcción naturalista de lo corporal. Construcción que lleva a esencializar a los individuos y sus conductas y que sirve de base a la diferenciación arbitraria de género.

    La trampa cultural se desvela sobre el cuerpo de Spence, un cuerpo que ha dejado de ser femenino para entrar en una identidad liminal, ambigua, un monstruo hablando en términos de representación. ¿Cómo evitar esta pérdida de representación? ¿Cómo perpetuar el orden dimórfico de género? Es como mínimo curiosa la preponderancia que tiene el cáncer de mama sobre otros (como el colorrectal, los hematológicos…), todas las campañas de visibilización y sensibilización, de feminización de los tratamientos y enmascaramiento de sus efectos con pelucas, pañuelos y prótesis. En relación a esto, en mayo del 2013 apareció la noticia de la doble mastectomía total de carácter profiláctico al que la actriz Angelina Jolie se sometió voluntariamente. En My medical choice (Jolie, 2013) declaró que tomó la decisión para evitar sufrimiento a sus hijos y que su marido siempre estuvo a su lado. También explicó que, gracias a la reconstrucción no siente que haya perdido su feminidad. Su lucha, su heroicidad (decisión descrita así por su marido) refuerzan de nuevo los roles de género, la centralidad de la familia y la idea de feminidad (madre y bella) asociada al pecho. Pero también la proyección del Pecho como portador del mal, destructor de vida (Thanatos) que ha de ser extirpado sin miramientos. Según Marilyn Yalom (Yalom, 1997), históricamente el pecho ha estado codificado mediante connotaciones de pecho bueno (capaz de alimentar a un recién nacido o alegóricamente la comunidad religiosa o política) y de pecho malo (donde el pecho se convierte en agente de seducción e incluso de agresión, o portador de enfermedades). A lo largo de los tiempos, la mayoría de descripciones del pecho femenino han expresado el punto de vista de los hombres en un intento por parte de éstos y las instituciones de apropiárselo. Por ello las mujeres se han visto obligadas a desafiar los poderosos significados que los pechos comportan como dispensadores de vida y, a su vez, destructores de vida. Dice que para muchas mujeres sus pechos personifican la tensión entre Eros y Thanatos, vida y muerte. Dualidad evidente en las mujeres diagnosticadas de cáncer de mama. Así cuando G. tras uno de los ejercicios exclamó que había vuelto a sentir sus pechos como suyos, no ya de su hija a la que amamantó durante más de un año o de los médicos que lo examinaban como si fuera una cosa externa a ella, una pieza a arreglar… no sólo estaba evidenciando la carga simbólica dual, sino la disociación entre cuerpo y sujeto, la cosificación a la que el cuerpo es sometido durante el tratamiento médico. A través de los ejercicios de danza y la creación de la pieza (Paréntesis), de acuerdo con Novella, quisimos interrumpir las narrativas hegemónicas para explorar sus paradojas y reapropiarnos de los cuerpos viviendo la calidad política de la propia presencia con las otras, resignificando el dolor y la rabia, reconociendo el disenso, poniendo en cuestión la autoridad de la medicina y, como gusta decir a O. parafraseando a B. Kruger, incorporando la idea de que “el cuerpo es un campo de batalla”.

 

 

 

Trabajos citados

Bourdieu, Pierre. 2010. La dominación masculina. Barcelona : Editorial Anagrama, S.A., 2010. 9788433905895.

Esteban, Mari Luz. 2004. Antropología del cuerpo. Género, itinerarios corporales, identidad y cambio. Barcelona : Ediciones Bellaterra, S.L., 2004. 8472902706.

Foucault, Michael. 2009. Vigilar y Castigar. Nacimiento de la prisión. Madrid : Siglo XXI de España Editores, S.A., 2009. 9788432303326.

Jo Spence, Terry Dennett, Jessica Evans, Rosy Martin, Jorge Ribalta, David Roberts, Tim Sheard, Siona Wilson, Jan Zita Grover. 2005. Catálogo de Exposición: Jo Spence, más allá de la imágen perfecta. Fotografía, subjetivvidad, Antagonismo. Barcelona : MACBA, 2005. 978-84-89771-18-5.

Jolie, Angelina. 2013. My medical choice. The New York Times. The opinion pages. [En línea] 19 de mayo de 2013. http://www.nytimes.com/2013/05/14/opinion/my-medical-choice.html.

Lepecki, André. 2009. Agotar la danza. Performance y política del movimiento. Alcalá de Henares : Universidad de Alcalá , 2009. 9788481388206.

Martínez Hernaez, Ángel. 2008. Antropología médica: teorías sobre la cultura, el poder y la enfermedad. Barcelona : Anthropos, 2008.

Novella, Carolina. 2014. Performativity as engaged waiting in the Oncogrrls project. Manuscript in preparation. University of California, Davis.

Preciados, Beatriz y Forcades, Teresa. 2014. Encarnar disidencias. Entrevista a Beatriz Preciado y Teresa Forcades. Teresa Forcades. [En línea] Junio de 2014. https://teresaforcades.files.wordpress.com/2014/08/encarnar-disidencias.pdf.

Sontag, Susan. 2008. La enfermedad y sus metáforas: el sida y sus metáforas. Barcelona : Debolsillo, 2008.

Yalom, Marilyn. 1997. Historia del pecho. Barcelona : Tusquets Editores, S.A., 1997.

 

  [divider]

Marisa Paituví.

paituenaccio.wordpress.com/about/

 

 

 

 Oncogrrrls son O. N. C. G

Oncogrrrls son O. N. C. G. paituenaccio.wordpress.com/about/

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