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"Pornoterrorismo" por Chiara Schiavon

Diana Torres: una artista única

por Carlos Noyola

Diana Torres es una de esas personas que son casi indefinibles. De esas que están dispuestas a jugárselo todo por lo que creen, por eso lo que hace impacta tanto. Difícilmente alguien la olvidará después de ver una de las tantas cosas que hace. Diana es poeta, escritora, videoasta y hace performance, es, ante todo, activista. Un claro ejemplo de lo que significa liderar el cambio. Acuñó el término pornoterrorismo y en torno a eso gira su primer libro, que lleva el mismo nombre. A propósito de su publicación en México este año, a cargo de SurPlus Ediciones, sostuve una plática con Diana, de la que comparto un fragmento.

Sé que las definiciones que algunos te han dado de terrorismo, (en especial la del chavillo del País Vasco) te han influido, pero para ti, ¿qué es el terrorismo?

Para mí es lo que dicen esas definiciones: una forma de respuesta ante la imposibilidad de diálogo o negociación. Hacer nuestras las ideas de los demás es aprender.

Ya has hablado en diversas ocasiones sobre el origen del término pornoterrorismo a partir de los eventos del once de septiembre de 2001, pero, ¿por qué lo pornográfico te interesa tanto? ¿Qué es para ti lo ‘porno’? Y, ¿de qué manera afecta o complementa lo pornográfico a lo terrorista? Es decir, ¿qué impacto tiene un acto terrorista que además es pornográfico?

Lo pornográfico me interesa porque veo en el cuerpo y en la sexualidad armas muy poderosas para destruir este sistema de mierda en que vivimos, y lo pornográfico es la forma de representar ese cuerpo y esa sexualidad. Hoy en día cualquier representación pornográfica que no respete las reglas prácticas y estéticas, es terrorista. Terrorista porque incomoda al sistema en que, por ejemplo, las gordas, las peludas, los hombres con micropenes, las personas transexuales, las personas con diversidad funcional y todo el largo etcétera no tienen una representación en la pornografía comercial. Son cuerpos y prácticas que han sido silenciadas, invisibilizadas y condenadas por las sociedades que habitamos, y ahí está su poder. El sistema no prohíbe o censura nada que no sea peligroso para su estabilidad.

Para mí el terrorismo no tiene siempre por qué implicar sangre, armas de fuego y muerte. Como dije antes, se trata de una respuesta.

Has dicho también que no calificas lo que haces como arte, en especial tus performances, porque se despolitizan y entonces pierden fuerza, pero ¿no crees que toda obra tiene detrás una ideología y es, por tanto, política? ¿Qué ves en la clasificación de arte (o en tu obra) que te lleva a pensar en tus perfomances como algo más cercano a la ceremonia ritual que a lo artístico?

Sinceramente, no creo que toda obra sea política. Yo considero que el arte es político cuando la persona que lo genera antepone sus intenciones políticas a las económicas o meramente estéticas y, desafortunadamente, eso es algo que muy pocos artistas hacen. Las ideologías no tienen por qué ser política; cuando hablo de política me refiero a activismo. De hecho el concepto de ideología está muy lejos de lo que yo entiendo por política.

Por otro lado, para mí el arte no es un fin, es decir, yo no hago arte para ‘ser’ artista. Para mí es una herramienta o un arma que uso para tratar de decir lo que quiero decir, es un lenguaje que siempre me ha resultado cómodo y eficaz.

Creo que la performance es la forma más antigua de expresión de subjetividades y de usos mágicos del cuerpo y las energías de la humanidad. Lo que sucede es que por culpa de las religiones absolutistas y monoteístas que ostentan el monopolio de la ritualística, actualmente la gran mayoría de las personas que no profesan ninguna religión, no ejercen jamás su poder metafísico. Es muy triste, pero así es. Cuando digo que mis performances son rituales o actos de brujería lo que estoy proponiendo es rescatar de las hogueras todos aquellos conocimientos que nos fueron robados, todos esos poderes que tenemos. También diría que el origen del arte fue ese: el ritual, la necesidad tan primaria que tenemos los humanos de trascender la realidad, de reconectarnos con nuestra intuición.

 La regina di aghi, Roma, MarziaX
La regina di aghi, Roma, MarziaX

Existen obras polémicas, pero pocas como las tuyas. Podríamos decir que tu obra convulsiona a todo aquél que la observa, resulta prácticamente imposible enfrentarse al mundo de la misma forma en que se hacía antes de ver alguno de tus performances. ¿Qué buscas con estas obras? ¿Con qué te gustaría que saliera el espectador? Cuando llevas a las personas al límite, a un estado de crisis en el que se cuestionan toda su existencia, ¿deseas dejarlos ahí o mostrarles al final una salida, un resquicio de luz sobre el futuro?

Con la performance lo que persigo es una implicación por parte de la gente que viene, que se activen o se pongan en marcha ciertas partes de su pensamiento que creo que les pueden resultar útiles para vivir una vida mejor. Enfrentar a una persona al cuerpo y a la sexualidad es casi siempre ponerla en un límite que no se quiere cruzar porque para eso es para lo que nos ha condicionado el sistema: para no sentir más que lo que se nos dice que es correcto. Pero esa corrección es muy limitante, casi todo lo bueno, empoderante o liberador está prohibido, legal o moralmente. Con mi cuerpo quiero mostrar que cruzar ese límite puede ser una experiencia más poderosa que el miedo a no hacer las cosas como se esperaba de nosotros.

No me considero ninguna guía o gurú ni nada por el estilo, no creo tener las capacidades para ello y tampoco deseo ese tipo de rol en mi vida. Me limito a compartir mis herramientas, y luego que cada cual decida si las quiere usar en su vida y se apañe con ellas.

En tu obra es muy importante el cuerpo, es el eje rector. ¿Qué significa para ti el cuerpo? ¿Es algo sagrado, somos su instrumento, es nuestro instrumento o somos cuerpo?

El cuerpo es el lugar en el que vivo, mi único hogar sin el cual no podría existir y es un lugar con mucho poder. Viviendo en un entorno como esta sociedad, mi cuerpo deviene arma, barricada o refugio muy habitualmente. Así es como lo vivo yo, y creo que sería positivo que empezáramos a entenderlo así también, aunque por supuesto, cada cuerpo es un mundo y yo sólo puedo hablar desde el mío.

Has sido acosada por dependencias de seguridad gubernamentales y saboteada por varias organizaciones y grupos civiles que condenan totalmente todo lo que haces, ¿cómo afecta esto tu obra?

Positivamente, desde luego. No hay mejor pista para saber que voy por el buen camino en mis propósitos que tener pruebas fehacientes de que lo que hago molesta a mi enemigo. Cada censura, una medalla (risas).

No crees en la democracia como sistema de organización social, la crítica al sistema y al capitalismo está presente casi en cada uno de tus pasos. ¿Crees que de alguna forma tu obra se ha vuelto dependiente de ese sistema? Es decir, si la mayor parte de tu obra está orientada hacia la crítica o el cambio con respecto al sistema, ¿qué sería de tu obra si ese sistema desapareciera, y aquello por lo que luchas estuviera garantizado? ¿Tu obra ya no tendría futuro? ¿Cuál sería la función de obras como la tuya en esas circunstancias?

Ojalá algún día, sinceramente, mi trabajo no sea necesario y pueda dedicarme a la carpintería, que me gusta mucho también. Desgraciadamente muchas cosas tendrían que cambiar para que yo me sintiera cómoda y feliz viviendo en un mundo como el nuestro. De esa incomodidad, del instinto de supervivencia y de la rabia, es de donde nace todo lo que hago. Por otro lado, no me preocupa el futuro de mis propuestas, sólo su presente, si algún día se quedan obsoletas, seguro encontraré otras cosas que hacer.

Ahora, ¿qué sigue para Diana? ¿Qué proyectos tienes en mente? ¿Cómo te ves en diez o veinte años?

En mente y en proceso tengo dos libros más, un manual de eyaculación para coños, otro sobre cómo hacer mejor y desde una forma más ética las cosas dentro de las colectividades feministas-queer-anarquistas. Varias performances en mente también, el festival de postporno que llevo a cabo desde hace siete años y que ahora quiero extender a México (http://muestramarrana.org), talleres de eyaculación y hacker-feminismo, entre otras cosas que aún están en estados más larvarios.

En diez o veinte años me veo en una casa linda, en un lugar lindo, con la gente a la que amo cerca de mí, es decir, exactamente igual que ahora (risas). Y haciendo muebles con tarimas. Me encanta el olor de la madera cuando la sierras.

 

Para conocer más sobre Diana y su obra:

http://pornoterrorismo.com/

Nota: Algunos contenidos del link referido son explícitos, se recomienda discreción.

*Todas las imágenes fueron tomadas de la web de la artista

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Demancia

por Carmelina Jardón Rodrigo
por Carmelina Jardón Rodrigo

Anaid Fornelli

La primera vez que se hizo evidente para mí yo tenía 13 años, aunque ahora que estoy en una edad más… madura, me doy cuenta de que siempre hubo señales de lo que ocurría. “Tu mamá está loca”, me dijeron ése día; y no es que fuera la primera vez que me lo dijeran, o que se tratara de la primera vez que una persona fuera llamada loca, vamos, ni siquiera era la primera vez que la mamá de alguien era llamada loca, sino que hubo algo en ésas cuatro palabras en ese preciso momento que me hicieron ruido y que siguen resonando hasta el presente momento de mi vida.

    El inicio de ese día lo recuerdo muy borrosamente, no había nada que anunciara que fuera a ser extraordinario; hubiera preferido mi rutina de aquel entonces: levantarme sin ganas de hacerlo, cepillarme los dientes, acomodarme el cabello de manera que se viera decente, ponerme el uniforme, irme con la “panza al hilo”, caminar las 7 cuadras que eran de mi casa a la secundaria (sé que eran siete porque las conté; de esas manías que se va haciendo uno, de esas manías que dadas las circunstancias te preguntas si eran manías o eran señales de un carácter heredado), llegaba a la escuela, aguantaba al imbécil de Memo que siempre pensó que me interesaba escuchar todo sobre las caricaturas japonesas que veía, me pasaba todas las clases asomada por la ventana transportándome a la vida que me había creado en la cabeza, la vida que era para mí tan real que era lo que creía que realmente estaba viviendo y no la que en ése entonces tenía, y así llegaba hasta el timbre que indicaba la hora de salida y podía regresar a mi casa a la misma nada de siempre pero que era mía y por lo tanto, era confiable. Saludar a los vecinos (¿por qué todos teníamos el mismo patio? Siempre me pregunté), tocar en la casa con la clave que mi abuelita nos había enseñado, preguntar qué había de comer, hacer algún quehacer a regañadientes, salirme a caminar y a seguir imaginando… Pero no, ése día no pasó así. Toda la mañana transcurrió más o menos como lo contado, sin embargo, al llegar a mi casa sucedió el giro. Al entrar, la puerta estaba abierta completamente y eso nunca, NUNCA pasaba porque mi abuelita decía “que no hiciéramos confianza y pusiéramos siempre el broche”… el broche era el seguro, pero ella siempre le llamó así. Esa fue la primera mala señal. Entré a la casa y como era tan pequeña no fue difícil saber inmediatamente que no había nadie. Hasta ese momento yo me había imaginado mil veces lo buenísimo que sería vivir sola, que nadie me pidiera nada, que mis hermanos se podían ir, que mi abuela podía faltarme, que mi mamá no podría estar más ida y que a mí todo me daba igual porque yo tenía la vida y el mundo que me había creado en mi cabeza y que eso era TODO lo que necesitaba, pero algo hubo en ese preciso instante de sentir una verdadera ausencia que me cambió el panorama, ese todo que yo suponía que me era suficiente.

    Esa sensación empezó en mi piel a modo de escalofrío y tomó más fuerza al llegar a mi garganta pues sentí como si se me hubiera metido una fuerte corriente de aire -y no era un aire cualquiera era uno que, de haberlo coloreado, hubiera elegido el color gris azulado, y si tuviera una emoción hubiera sido miedo. Eso era: era un miedo metiéndose por mi garganta y ocupando cada espacio libre en mi cuerpo. Como por impulso y sin pensarlo, salí y empecé a tocar frenéticamente en la puerta de la vecina. La vecina nunca era amable, mantenía un ceño fruncido, apenas me decía “buenas tardes” y alguna vez la escuché decir que yo “me estaba echando a perder”. Ése día, cuando me abrió la puerta, me dijo que entrara y su habitual gesto de enojo se había cambiado por una expresión como de lástima.

  • Pásale, m’hija… Tu abuela se ha tenido que llevar a tu mamá al doctor, tus hermanos andan con ella.
  • ¿Qué pasó?- pregunté muy alterada. Lo que antes estaba sintiendo, en ese momento empezó a crecer, las piernas se me empezaron a hacer como hilachas y la temperatura de mi cuerpo empezó a bajar mucho.
  • “Pues es que… tu mamá está loca.”

    Ahí ocurrió. Esas cuatro palabras hicieron eco por todo mi interior, se bajaron hasta mi estómago, rebotaron por mi pecho y ahí se quedaron haciendo que mi respiración se acelerara mucho. ¿Cómo entendí yo inmediatamente lo que la vecina que apenas nos dirigía la palabra me estaba diciendo? Como un flashazo me vinieron a la memoria los momentos en que mi mamá se había portado… rara. Algo dentro mío supo que eso era cierto, pero era una verdad dolorosa que además no quería lidiar con alguien que no era nadie para mí.

-¿Y a dónde se la llevó? ¿Cómo se la llevó? Quiero ir.

Curioso… en ese momento ya no tenía ganas de decirle a mi mamá que no la aguantaba, que se portara como una madre, y empecé a pensar que quizás era algo bueno que mi abuela y hermanos siempre estuvieran ahí.

-Pues al hospital de acá arriba, si quieres te acompaño…

-Pues vámonos, pero me va a seguir el paso. La señora volvió a fruncir el ceño. Me di cuenta por qué decía que yo me estaba echando a perder.

    Al llegar al hospital yo no sabía ni a dónde ir, así que hice lo que me había parecido más lógico. Si había ocurrido algo de la nada, entonces estaban en urgencias. Me fui para allá y nada más sentía que atrás de mí venía muy apurada la vecina, que se llamaba Esperanza. Nada más entrar a la sala de urgencias vi a mi abuela sentada batallando con mi hermano menor, con una cara de angustia que nunca le había visto y con mi hermana al lado. Nada más me acerqué me empezó a contar todo, que mi mamá se había lastimado y había intentado lastimar a mi hermano diciendo que todo lo que tocaba se convertía en magia, y que quería un hijo mágico. Pasamos cuatro horas en la sala nada más esperando. No hablamos, no comimos, prácticamente no nos vimos y Esperanza, la vecina, se fue al cabo de un rato. Los cuatro que esperábamos a mamá estábamos inmersos en nuestra propia mente, nunca supe qué pensaban los demás, pero yo nada más estaba recordando todas ésas veces que mamá se había portado rara. Tengo que decir que algunas veces gritaba y sí podía soltar manazos, pero eso no me hacía pensar que estuviera loca, sólo pensaba que estaba enojada porque papá no estaba con nosotros. El hecho de que mi abuela la cuidara como niña tampoco me parecía extraño, hasta cierto punto me parecía tierno, e incluso tengo que admitir que muchas cosas de las que me hablaba tenían sentido para mí. También es cierto que muchas veces me desesperaba; me enojaba que nunca me hubiera llevado a la escuela, o que no me peinara o que no me pusiera lonche, también otras cosas que decía me hartaban, mentalmente la callaba y muchas veces me imaginé contestándole lo que me decía, pero vamos, nada se había salido de proporción para mí.

    Al cabo de un rato se asomó por el pasillo un médico y preguntó por la familia de la señora Ernestina; esos éramos nosotros y nos pidió que pasáramos a su consultorio. Yo estaba demasiado inmersa en mí misma, pero me concentré mucho en escuchar lo que decía. Lo primero fue “enfermedad de Huntington”. ¿Eh?, pensé, pero continué escuchando sin preguntar. “Una especie de demencia”, dijo. “Cambios de humor”, “paranoia”, “movimientos anormales”. Yo siempre me creí muy atraída por el mundo raro e incomprensible, sin embargo, en ese momento en que esas palabras eran atribuidas a mi mamá, me hicieron sentir triste, para nada atraída. Otra vez el flashback perfecto de los momentos extraños de mamá, todo se acomodaba en perfecto orden cronológico, desde la primera vez que yo tenía 3 años y la vi moviéndose ansiosamente del baño a la cocina; moviéndose mucho el cabello hasta hacía dos semanas que estaba sentada moviendo la cabeza sin mover los ojos y hablando de cosas que no entendía. Yo sabía lo que demencia significaba, pero no lo que implicaba. Teníamos que dejarla internada en lo que sanaba el daño que se había hecho ese día, pero no había forma de tratar lo que en su interior estaba ocurriendo. Quizás se podría controlar, pero incluso darle medicinas iba a resultar difícil. Como esta advertencia, hubo varias más.

    Todo se tornó muy raro. Por la forma de explicarnos del doctor empecé a sentir mucha compasión por mi madre. Entendí que había cosas que a mí me desesperaban pero que ella ni siquiera lograba entender y sin embargo, de alguna forma, tenían sentido para ella. Desde ese día, todo cambió, la unión de mi extraña familia se vio confeccionada por un mezclado sentimiento en común de compasión y desesperación. Las crisis fueron creciendo, se hicieron más frecuentes. Los momentos en que me imaginaba en otra vida ocurrieron cada vez menos, pero muchas veces mis ganas de en realidad estar en otra vida se hicieron más intensas. Hubo pocos días buenos, muchos malos y muchos más terribles. No sé cómo, pero mi apreciación por mi madre creció. No entendía nada, pero me metí de cabeza a su mundo y luego me volvía a asomar al mío sólo para hacer las cosas que tenía que hacer. Me hice experta en seguirle el juego, en ir un paso más adelante; hice de la demencia la de mancia. Era literalmente una locura, pero ¿qué iba a hacer, si era mi madre?

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Anaid Fornelli, 25 años, de Ciudad Juárezanafosa

www.twitter.com/anafosa

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(Dis)Capacidades Disidentes

por Cristal Alba

“Danza me permite explorar la amplia gama de lo que es estar en un cuerpo- de experienciar lo que es ser atlética, vulnerable, empoderada, sensual, repugnante, monstruosa, humana, y animal- y en el fondo encontrar un poco de consuelo en esto”

-Lisa Bufano

Lisa Louise Bufano fue una artista norteamericana, que igual a los héroes en los cómics, encontró un bello regalo en las secuelas de un trágico accidente que lx dejó sin dedos y piernas. Como un hermosx monstrux, equipó su nuevo cuerpo con armas de destrucción que usó para deconstruir el estándar de belleza heteropatriarcal que marca el cuerpo de una mujer discapacitada como no deseable. Usando prótesis como tecnologías de movimiento, ella reconstruyó su cuerpo convirtiéndose en objeto, en animal – en obra de arte. Resbalándose por el piso o extendiendo al aire las patas de mesa que ocupan el lugar que alguna vez tuvieron sus piernas y brazos, nos lleva a entender diferentes formas de ver los cuerpos discapacitados. En vez de ver su discapacidad como una limitación para su performance, la tomo como una oportunidad para subvertir la imagen de la discapacidad.

Caminando mórbidamente sobre sus cuatro patas de mesa estilo  Queen Anne, su cuerpo gira en una danza hipnótica. Se convierte en araña, esperando a que el espectador caiga como víctima dentro de su seducción. Su cuerpo se alarga y se sostiene sobre las cuatro patas, baja la cabeza y se la acaricia con una de ellas. Se convierte en animal con rostro de mujer. Ella desdibuja las líneas entre el sujeto y el objeto, entre lo humano y lo animal, siempre manipulando el movimiento para experimentar lo que es posible al habitar un cuerpo anormal.

Lisa tomó su propia vida en 2012, sin dejar un adiós ni un porqué. Desde un cuerpo llamado discapacitado y no sexual, decidió gritar al mundo que su cuerpo era más que capaz, que podía trascender las limitaciones que nos atan como humanos. Mandó a la verga a todxs lxs que le dijeron que su cuerpo no era capaz de continuar en la danza y el performance, al contrario, se valió de éstas disciplinas para demostrar que su cuerpo era deseable, sexual, y polimorfo al mismo tiempo que podía ser monstruoso. Por estas razones, Lisa continuará desafiando los estándares de una sociedad que margina a lxs que son diferentes, a través de su legado la recordaremos como una mujer que fue capaz de trascender los límites del cuerpo humano.

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¿Cuántas hijas de perra son necesarias para hacer estallar el mundo? Escrituras transgénicas en homenaje a Hija de Perra

Por Lucha Venegas, Cristeva Cabello y Jorge Díaz[1]

 

¿Cuántas bombas son necesarias para hacer estallar el mundo? ¿Cuántas hijas de perra somos necesarias para hacerlo estallar? Invitamos a que se tomen la palabra, que se auto-bio-grafíen. Hija de Perra insistió en una escritura biográfica donde revisó momentos de infancia en los que narraba cómo había besado a sus compañeros de curso. Fue a partir de esta escritura de investigación sexual que generaba performances donde se develaban las perversiones de la familia normal. Habitamos las escrituras perras –esas de perra malagradecida. Nos reverbera Hija de Perra como un reflujo desde nuestras entrañas, como si nos la hubiésemos comido, como si nosotras también fuésemos Hija de Perra. Y es que lo somos. Somos hijas de perra. Mal abortadas, hijas no deseadas, sin origen ni genes claros, quiltras[2] de dudosa procedencia. Somos las problemáticas, las conflictivas, las perras malas y calientes, siempre demasiado incendiarias, siempre demasiado calientes. Un desborde de escasa mesura y aniquilado respeto. Donde todo era inmundicia, donde devolvías la pobreza y el margen a este país que se ve a sí mismo blanco. Tal vez como muchas de ustedes, como la finada Perra, nos nutrimos políticamente las auto-bio-grafías con las que nos escribimos una cuerpa que sea una bomba que explote el mundo.

Hija de Perra fue una tremenda e inspiradora compañera en la militancia sexual. Una terrorista sexual que no dejaba género en pie y que al mismo tiempo agrupaba una manada de disidentes culturales. Su partida física deja un gran espacio de orfandad que seguro muchas otras cuerpas continuarán ya sea en el arte, la escritura o la política –o todo eso cruzado y más. De mujer de pantis rotas a académica de traje de dos piezas, así mutaba Hija de Perra quien nunca tuvo una identidad verdadera. ¿Qué tan difícil era cargar con ese cuerpo hermonstro, bellestio[3] y perversamente sexy? En el escenario de una fiesta under donde quizás no había luz o en un auditorio con un público desbordado de universitarixs tímidxs que por primera vez escuchaban la palabra heteronorma, así eran los espacios recorridos por Hija Perra. Como predicadora de una sexualidad indómita y nómade, Hija de Perra nos enseñó que la sexualidad podía incomodar, que podíamos enfrentar al patriarcado y burlarnos del fascismo que está en el saber, la cultura y la política.

Hija de Perra, nos cuesta narrarte en pasado y es que sigues en nuestro presente. No en nuestro futuro, porque al igual que tú, nosotras no tenemos futuro. Una activista con cientos de facetas, que aunque personificara a una dominatrix o una cualquiera, seguía siendo ese perturbador par de cejas, un subrayado a esa mirada amenazante que hacía que su rostro estuviera en un gesto indignante. Una constante mirada crítica. Un rostro crítico y monstruoso que busca “alertar las conciencias sobre lo semi-visible”[4]. Esas cejas rectas de un rostro que no mostraba cansancio frente a una cultura hetero-patriarcal, un rostro que respondía con asco a aquellos que se autonombran como normales. Nos demostraste que los enfermos no somos aquellos que la historia nos nombra como anormales, sino aquellos que viven en la opresión de los lazos sanguíneos nacional-capitalistas.

Hija de Perra fue un grito desesperado por romper los límites entre lo que se llama performance y activismo, entre lo que se entiende por pedagogía y por transgresión estética. Su inesperada partida física nos deja un importante patrimonio sexual de la postdictura y la creación de un anarcobarroco[5]-sexual: discos de música transgénica donde los orgasmos y los anos se convertían en personajes, video clips como el clásico Reggeaton venéreo donde lo popular-sexual es protagonista, diseños de vestuarios que van desde lo teatral hasta el fetichismo porno, clases de educación sexual donde se mostraban en alta calidad las enfermedades. Performances que trastocaban los límites morales de la izquierda, el feminismo y los partidos GLBT, y además un conjunto de textos que esta pensadora auto-didacta y cultivada en el activismo comenzó a escribir al ser invitada a diversas universidades del país por sus alumnos; estudiantes que desde el año 2011 exigen una nueva educación donde las palabras feminismo, pornografía o condiloma no estén prohibidas. Títulos interminables que parodiaban la seriedad de la escritura masculina del saber heterosexual, así era su escritura perra. Textos que “experimentan una política de la lengua como gesto de di/inter/ferir algunos lenguajes más ortodoxos”[6]. Uno de sus últimos escritos se publica a modo de homenaje en la Revista Punto Género del Depto. de Sociología de la U. de Chile: “Interpretaciones inmundas de cómo la Teoría Queer coloniza nuestro contexto sudaca, pobre, aspiracional y tercermundista, perturbando con nuevas construcciones genéricas a los humanos encantados con la heteronorma”.

Hija de Perra siempre se mostró incómoda frente a la categorización queer, ese concepto extranjero que parecía injusto con su cuerpa marginal y con el cual rápidamente la adscribían quienes comenzaron a realizar sus investigaciones sobre género y sexualidad en torno a su figura. Había una desconfianza, una extrañeza, una lejanía frente a este concepto foráneo ¿Acaso se parecían a ella las travestis que se imaginaba Butler al hablar y generar su teoría de la performatividad en un bar de Estados Unidos? En este escrito político de Hija de Perra se hace evidente una crítica a las prácticas colonialistas que impiden ver las particularidades de nuestro Sur y que esta artista del margen disloca con preguntas como: “¿Seré una travesti sodomita lésbica ardiente metropolitanizada? ¿Seré una bisexual afeminada en pecado con rasgos contrasexuales y delirio de trasgresión a la transexualidad? ¿Seré una tecno mujer anormal con caprichos ninfómanos multisexuales carnales?”. Exhibía la enfermedad incurable, esa que se llama transexualidad mental[7]. Aún recuerdo esa historia de amor imposible que nos dejó perplejos en la película Empaná de Pino (2008), donde una Hija de Perra al final del film se enamora de su amiga y sirviente Perdida, un amor trans-lésbico que rechaza el futurismo reproductivo[8] y que hace evidentes los límites identitarios y del deseo. ¿Dónde queda espacio para el deseo de las viejas calientes, las mujeres con hijos que se emancipan del hogar, los maricas afeminados, las mujeres que se enamoran de travestis? Hija de Perra nos hizo reconocer los límites de una política gay que insiste en ser higiénica, en esconder el sexo, en destinarlo a la reproducción y pedir matrimonio incluso para quienes no tenemos ni siquiera derecho -ni herencias- para poseer una propiedad privada. Así describía la bajada de una noticia el estreno de la película de Wincy Oyarce el año 2008:

«En un local de pollos asados de la calle Santa Rosa se llevó a cabo una de las más inmundas y cachondas fiestas de la marginalidad santiaguina maraca. Por primera vez se exhibió la película que tiene por protagonista a una de las traves mujer más promiscua: Hija de Perra. Quien antes de cortarse un pezón en el escenario y hacer unas tijeretas con la Perdida, fue presentada por la distinguida española de pelo rubio La Prohibida. Conozca sobre sexo, caca y transformismo acá»[9].

Como CUDS –y como otros colectivos artísticos y políticos con los que colaboraste- mantuvimos un fuerte lazo desde su momento de diva trash, bizarra y underground, recorriendo los espacios más sórdidos y punk del Santiago de la pos-dictadura con performances donde los excrementos, la sangre y la fiesta nos permitió establecer una suerte de espacio donde existir. Un lugar habitable dentro la ciudad. Una apropiación de lugares marginales donde era posible conocerla. Nos enseñó y nos acercó el arte de la performance que en ningún museo, liceo o universidad nuestros ojos podrían conocer. Sorprendía la capacidad de preocuparse de cada detalle en sus presentaciones, la calidad de sus acciones en lugares donde no existían los medios básicos para un espectáculo de ese tenor. Las fiestas trans de Hija de Perra fueron ese lugar donde muchos y muchas cobijamos nuestras cuerpas para habitar un rincón de Santiago que no fuera pura violencia, donde el sexo pudiera ser un espacio de risa, donde tuviéramos la posibilidad de gozar con una performance donde esta perra lamía, tragaba y manoseaba con Irina La Loca -la Bigotes- un rosario de madera tamaño XL, el mismo que tenía en su dormitorio nuestra tía, pero ahora vuelto fetiche-sexual.

Era el deseo de shock, de anarquía escénica, esa interrupción que asusta, una de las estrategias escénicas de esta artista. Una interrupción a la heteronorma que para algunas podía ser pura violencia, algo inimaginable, aberrante. Pero cuando nos enfrentamos a una política donde un presidente afirma que una niña de 11 años debe y puede ser madre, no se sabe qué pensar, qué es más aberrante, si eso o una trans vestida de novia lamiendo un dildo. Recordamos que alguna vez nos contó que en una fiesta le devolvieron una cabeza de chancho que usaba en sus performances. Ahí estaba el riesgo constante de ser Hija de Perra. En fin, para muchos las fiestas de la Perra fueron una escuela, un lugar donde reconocíamos que la sexualidad no era sólo algo romántico, sino donde el devenir perra se convertía en un llamado a la revolución de los cuerpos. En estas fiestas creo que muchos sobrevivimos, nos educamos, aprendimos lo que era una performance, algo que no es más que una investigación permanente. La recordamos vestida de escolar, de obispo, con cachos diabólicos en su cabeza, vestida de mujer de derecha con el cabello rubio. ¿Qué es lo que aprendimos con esta estética travesti? Constanzx Álvarez lo explica muy bien: “Aprendí a dejar de tenerle miedo al ridículo y tratar de ser lo que siempre soñé (…), la performance, la estrella del show, el show pobre que es nuestra vida misma. Exhibición como ejercicio político”[10].

Fuiste nuestra heroína trans. Recordamos cómo una vez un decano de Ciencias de la Universidad intentó sabotear tu espectáculo porque en el afiche aparecía una vagina peluda hecha con los materiales de un peluche. Enfrentamos a feministas anti-pornografía por ti. Tú hacías glamour desde la precariedad, entregabas un discurso fuerte e irreverente desde espacios de fiesta y sexo donde constantemente la censura como una dictadura se hacía presente. Una dictadura sexual que tenemos que continuar haciendo visible las feministas disidentes que te mantenemos en nuestra memoria.

Jamás temiste a la teoría feminista ni de disidencia sexual y fue ahí donde seguimos estableciendo una profunda amistad política y afectiva plasmada en escritos y performances que causaron mucha polémica, como cuando abortaste una cabeza de chancho en el Museo Salvador Allende frente a un cuadro Matta. Con Hija de Perra interrumpimos disidentemente marchas y academias, entramos a museos y desordenamos seminarios. Nuestro mismo recorrido como CUDS está marcado por la presencia de Hija de Perra, no podríamos entender nuestro activismo sin ella y consideramos que esto fue recíproco. La localización de lo queer y nuestra insistencia en una política post-identitaria donde el aborto ocupa un lugar central, enigmático y urgente fue lo que nos mantuvo cercanos y en alianza política.

Hija de Perra, no temiste a hablar de sexo en un país sofocado por el tradicionalismo, la homofobia, el sexismo, el racismo y el miedo a todo lo diferente. Tu discurso no quería pasar desapercibido y ser hablado en voz baja. Utilizaste la estrategia de la exageración como reflejo a un país donde todo es mesura en relación al sexo. Aplicaste una pedagogía radical en cuanto a la práctica del sexo con tus clases sobre enfermedades venéreas. Tu presencia incomodaba tanto a los conservadurismos de las derechas como de las izquierdas y al mismo tiempo nos motivaste a muchos a aprender que la sexualidad es una creación artística[11]. Con tu estética bizarra sorprendiste los ojos heteronormados de cuantos vieron tu trabajo. Quizás la palabra censura fue una de las que te recorrió como cuerpo desobediente. Tus discursos fueron grabados muchas veces para programas de televisión y jamás se emitieron al aire.

Todas las personas «tienen alma y poto[12]» decía Hija de Perra. Esta era la filosofía trans, esta era la contradicción que comunicaba y ponía en jaque esta artista, educadora, poeta, performer, diseñadora, trabajadora sexual y a veces académica. Todas estas identidades desde una dimensión estratégica, un ejercicio de parodia que realizaba Hija de Perra. La sociedad chilena no era sólo ese lugar de lo religioso y espiritual, sino que también era ese lugar del sexo. Su mirada desviada reconocía cómo la sexualidad podía aparecer en todo momento en la televisión, en la familia, en la política. Ya enunciar su nombre obligaba a traer consigo lo peor: Ese nombre maldito y ofensivo que significa ser heredera de una mujer que no alcanzó a ser humana, por suerte diríamos que Hija de Perra no era humana, sino una mutante, un indecencia transgénica.

Hija de Perra fue nuestro primer amor trans-feminista, ese de afectos galácticos que hacen de la práctica del sexo un acto radical, esa que pone en el cuerpo la lucha donde todas nuestras ficciones son posibles.

Hija de Perra fue esa bomba insolente a la institución que norma. Una bomba como Hija de Perra aceleró nuestros corazones disidentes hasta hacerlos explotar. Hija de Perra es el epitafio para nuestros corazones disidentes. Hagamos bombas para la ridícula idea de no volver a verte, Perra.

 [1] Activistas del Colectivo Utópico de Disidencia Sexual (CUDS)

[2] Sin raza, mestizo. (Nota de Redacción)

[3] La Cerda Punk. Ensayos desde un feminismo gordo, lésbiko, antikapitalista y antiespecista, Constanzx Álvarez. Trío Editorial, 2014, Valparaíso.

[4] Richard, Nelly. Crítica y Política. Editorial Palinodia, Santiago, 2013, pp. 53.

[5] Richard, Nelly “Campos de Batalla: una alegoría anarco-barroca” en Revista Papel Máquina. Año 2, Nº5, 2010.

[6] flores, valeria. Desmontar la lengua del mandato, criar la lengua del desacato. Editorial Mantis, Santiago, 2014, pp.13 (en imprenta).

[7] Presentación Dossier Revista Vozal, Nº3. Link: http://revistavozal.com

[8] Edelman, Lee. No al futuro. La teoría queer y la pulsión de muerte. Editorial Egales, Barcelona, 2014, pp.48.

[9] Revista www.cuds.cl, Enero 2008, escrito por Equipo Disidencia Sexual.

[10] Ibíd. pp.95

[11] Documental de Lucía Egaña (2011)

[12] Trasero, nalgas en mapuche. (Nota de la redacción)

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Voz de alambre

por Carmelina Jardón Rodrigo
por Carmelina Jardón Rodrigo

por Russell Manzo

(Insensible al qué dirán, me encuentro etérea viendo al horizonte inexistente. Admirándome al espejo. Soy bella. Soy neutra. Soy ELLA…)

 

Miércoles 22 de octubre de 2014, suena el impúdico despertador una vez más. Mi voz áspera, desdichada de la vida que le tocó vivir, emana un bostezo cristalino para dejar salir malas vibras. Me despojo de ropas innecesarias, y decido tomar un baño caliente que penetre hasta el poro más sellado de mi infiel cuerpo. Paso mis brutos dedos por entre las axilas, para recorrerlas hasta debajo de la cintura. Lavo mis hendiduras inferiores pervirtiendo aquel incierto bosque y dejo que el agua simplemente fluya.

Termino de lavarme, y me dirijo a aquella lámina reflejante que me trata como un ser divino. Me miro. Me mira el ser del otro lado. Somos idénticos. Tomo un poco de esa pasta blanquecina y la dirijo hacia mis colmillos. Muevo de arriba abajo, adelante atrás, mientras no pierdo la vista de aquel ser que me tiene sonámbulo como cada día – hoy es un día especial, lo presiento. Directo y osado, tomo del viejo armario un traje sastre que he confeccionado yo mismo para este momento íntimo.

Hoy me mostraré dramático, pero no imposible de palpar y observar. Me encuentro extenuado de intentar ser algo que no soy. Cansado desde crío. Llevo tiempo pensándolo y reflexionándolo, es seria la cosa. La gracia no viene sola, la gracia la crea mi esencia, mi vida, mi efímera sonrisa. Hoy me pondré ese vestido verde turquesa que tanto he soñado encajando en cada rincón de mi afanoso cuerpo; entallándome hasta las arrugas, delimitando mi edad, comprimiendo la vergüenza, y despidiendo al otro ser.

Siguen las mallas que decorarán estas anegadas piernas, seguido de la lencería para este par de jamones trastornados. Minúsculos vellos se asoman – brotan como retoños – entre las rejillas de la ahora penetrable indumentaria. Entre lluvias y rocíos de amapolas que envuelven mi osado cuerpo, doy los últimos toques a mi quimérica cabellera. Toda hebra está en su lugar, estoy más que guapa; sólo falta un detalle – un fragmento para ultimar el rompecabezas – el colorete. Encumbro mis carnosos y áridos labios, directo al espejo, y los relleno de carmín….¡Estoy listo!

Dispuesto, llevo mis pasos a la puerta donde se encuentra una joven de manos finas, piel fresca y mirada desorientada: Ximena, mi prometida. Con pupilas irresolutas queda perpleja ante el inédito cuerpo presente. Me acerco dudoso hacia ella y me despido con un delicado roce entre sus labios, dejando como rastro el labial aún visible en su diente superior:

¿Quién eres tú? ¿Dónde está mi novio? Salte inmediatamente de mi casa o llamo a la policía – señala Ximena con voz frenética.

Cariño, soy Abel, ¿no me reconoces? – le digo con innocua sonrisa.

De repente, aquel monstruo vociferante se hace presente otra vez, carraspeando mi garganta como diminutos clavos. Todo encajaba perfectamente, excepto aquella pavorosa y disonante voz. Recatada ante la sociedad, medrosa ante la muchedumbre, titubeante ante los ojos de desconocidos…ese miedo anegaba mi frágil ser de nuevo. Odiaba tanto que la resonancia de ese tono retumbara dentro de mis oídos, cual convulsión o desgracia para cualquier ser calamitoso.

[…]

Así sin más, despierto a mitad de la madrugada, inerte como una sólida roca echado en la cama. Volteo y miro el despertador; aún faltan 2 horas para ir a trabajar. Hago un ligero movimiento hacia mi regazo y se encuentra Ximena fallecida en sus más íntimos sueños –Algo me incomoda y me hace sudar –. Distingo lentejuelas al final de la cama…¡son unas zapatillas! ¿De dónde aparecieron? Corro hacia el espejo. No me reconozco. Un horrible vestido abraza todo mi cuerpo sin dejar que ninguna capa de piel se haga presente. El ser que casi siempre veía, y que pensé que se había ido, se burlaba una vez más enfrente de mí.

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Russell Manzo (Tapachula, Chiapas; 1989). Reside en Xalapa, Veracruz, donde se graduó como licenciado en Lengua Inglesa en el área de literatura. Su estudio se basa en las múltiples formas de expresión literarias/homoeoróticas del siglo XX, principalmente la figura del chacal. Ha participado en algunos coloquios literarios organizados por la UNAM en los cuales destaca su participación con cuentos como “El tzipe” y “Melomanía de un travestido alma”. Su tesis que lleva por título: A Mundane Beastlike Creature: A Vision of Homoeroticism and the Notion of Chacal in Harold Brodkey’s Profane Friendship, forma parte del Archivo CAMeNA: Gregorio y Marta Selser de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (2013). Actualmente trabaja como corrector de estilo en las revistas Stonefoxx Magazine (http://www.stonefoxxmag.com) y Hojas Necias (http://hojasnecias.com/index.php#&panel1-1).

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El hombre femenino

por Juan Paulo Péreztejada

*ilustración: Franca Ramos

Fui travesti. Me ponía tacones y me pintaba los labios. Con las sábanas, intentaba hacerme el mejor vestido posible cuando no se sabe corte y confección. Tenía cuatro años y no veía nada malo en eso. Era un juego. Si jugaba a ser doctor, a ser director de orquesta o a ser detective privado ¿por qué no podía jugar a ser una diva?

    Mi madre no lo vio tan normal. Creyó que mi comportamiento se debía a la ausencia de una figura paterna a quién imitar —yo que sé si tenía razón o se equivocaba. No me prohibió el juego, pero a la hora del baño, ella jugaba a que tenía una gran barba de jabón y se rasuraba. Me gustaba cómo se veía mi mamá con esa gran barba blanca. Me gustaba cómo me veía yo con esa gran barba blanca, así que empecé a jugar con el jabón en cada baño, como mi mamá me había mostrado, un juego que mantuve hasta la pubertad, cuando me empezó a brotar el vello facial.

    No creo que haya sido por esa sutil intervención materna que dejé de ser travesti. Simplemente, el juego me aburrió, como me aburrió jugar al doctor o al director de orquesta o al detective privado. Pero cada que me preguntan por qué no soy normal, recuerdo que fui travesti, y que nunca me pareció eso extraño.

    Nunca he podido entender en qué consiste su normalidad y en qué consiste mi rareza, ni me he podido percatar de qué es lo que hago para suscitar su extrañeza.

    No me comporto como hombre —aunque ya no sea travestí—. No sé cómo debe comportarse un hombre, pero sé que, en ocasiones, no me comporto como esperan que se comporte un hombre. En más de una ocasión alguien me ha dicho, sorprendido, que juraba que yo era gay. Si les pregunto por qué, suelen mencionar mis movimientos, mi forma de hablar y otros elementos que yo no puedo observar en mí. No soy extraño para ellos por tener gustos sexuales distintos a la mayoría, sino por no tenerlos y no actuar acorde a ello, acorde a como se supone que debe actuar un hombre.

    No me molesta, me divierte. Me entretiene confundir a la gente, ver su reacción al ver sus prejuicios confrontados. Aunque no siempre es tan divertido. Muchas personas —afortunadamente, he conocido pocas— suelen reaccionar violentamente ante el comportamiento que se sale de sus concepciones. Pueden expresarlo en el molesto sermón, señalándote cómo debería comportarse alguien de tu edad y género, pero también pueden expresarlo con menos sutileza.

    El hombre femino puede encontrarse en formas más peculiares. Un amigo me comentaba sobre una chica gamer que conoció en los foros de Macintosh y le llamó la atención porque daba las mejores respuestas a las preguntas de los usuarios. Para su desilusión, era lesbiana.

—Bueno, no estoy seguro de que sea lesbiana —me comenta.

—¿Bisexual? —le pregunto.

—No, le gustan exclusivamente las mujeres, pero no estoy seguro de llamarla “lesbiana».

Su amiga se había sometido a tratamientos hormonales desde hacía varias años atrás. Biológicamente, es un hombre heterosexual. Culturalmente, provoca paradojas lógicas definir… ¿lo, la?

[divider]PauloOut

Juan Paulo Péreztejada, Veracruz, Ver. 1988. Formó parte del Programa de Jóvenes hacia la Investigación en Ciencias Sociales de la UNAM. Estudió lingüística en la Escuela Nacional de Antropología e Historia. Se dedica a leer en voz alta y a redactar en silencio. Colabora y edita en De-veritas.com.

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Das Glashaus

Por Helena Torres

*ilustración: Franca Ramos

SOLA

en la Casa de Cristal

cric-crac si doy un paso

se clavan flamentos en las plantas de los pies

(pero la sangre está helada)

los sonidos se congelan en el aire

apenas respiro

por temor a que un cristal

se me meta en la nariz

anestesiándome,

abandonándome a la mentira

de que vale la pena no ver

no oler

no saber

la Casa de Cristal

es un espejo roto

donde esa otra que nunca fui

ya no podrá decirme quién soy

en la Casa de Cristal

no se puede soñar

sólo dormir

al cerrar los ojos

los schhhh y los grrrr

se te meten bajo las pestañas

y al despertar

no sabes porqué

cómo ni cuándo

Un sauce agita lágrimas verdes

A la verita del río,

Un cisne enreda su cuello enguantado

Sobre las aguas plateadas.

la Casa de Cristal

es donde el Uno es Él,

Ella, Eso

y yo, ninguna,

acaso una sombra

un reflejo

un contorno.

 

[divider]

Helen Torres Activista transfeminista, antes cuir; euraka; lectora, traductora y recicladora de la metáfora del ciborg; ex-académica que supo transitar los pasillos de las ciencias sociales y los cambió por plazas sudorosas; amante de los paseos sonoros, las palabras impresas, los perros, las perras y los humanos que guerrean por dejar de serlo. Una vez fue socióloga, educadora, escritora, madre y pareja, y lo deshizo utilizando el lenguaje como tecnología de código abierto que crea realidad.

http://helenatorres.wordpress.com/

http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/

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Entre las piernas

por Alex Xavier Aceves Bernal
por Alex Xavier Aceves Bernal

Para mi vecina de 14 años 

que ya va para su segundo hijo.

Tengo en la entrepierna
4 mil millones de años girando,
el pecado orivirginal de la lujuria y
un alacrán hembra-becido,
grito y ambulancia
un llanto TNT,
grito de vida madriada y loca
los cholos de mi barrio.
Agua entre las piernas,
un pulque curado y aguamiel,
la bestia,
el escarabajo verde metálico,
un sillón roto.

Tengo en la entrepierna una boca muda
la discapacidad extenuante,
el baile, cadera y lengua,
el ritmo de una catacumbia
en muros de mantequilla o manteca.

Tengo a una chola sin tregua,
una chora, un chamaco que llora
la calle de noche,
(porque es diferente la calle de noche)
y aun estrellada en la esquina
banqueta rota,
entre piedras mojadas,
entre sueño y ensueño en la vida,
la perra coja,
la perra tuerta,
el envase con importe.

Veneno entre las piernas,
un valle
una luz roja,
el llanto y abandono.
Pobre vida,
mi vidita,
cariñito mío,
dale vuelo a la hilacha,
date cuerpo, hilacha
no vida.
Date.

[divider]

Paola Llamas Dinero (1992, Guadalajara, Jalisco) Estudiante de la Licenciatura en Letras hispánicaPaola Llamas Dinero by Armando Huertass de la Universidad de Guadalajara. Ha colaborado en revistas independientes como Los nadie y actualmente colabora en la revista LIBER desde 2013 y Homúnculo. Amante de la poesía y el perreo, el cine y la comida vegana.

Contacto:
Tumblr: paolallamasdinero.tumblr.com
IG: @paolaquetzal

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Metáforas de la discriminación. Por Harold Duarte

Todos Nacemos con algo de anormalidad, convertirnos en jueces de otros no implica más que exhibir el lado oscuro del ser humano y su poco razonamiento con respecto a lo que es diferente.

 

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haroldHarold Jesús Duarte Quiróz . (Costa Rica) Bachiller en Arte y Comunicación Visual con especialidad en grabado por la Universidad Nacional de Costa Rica.

Web: http://h28.blogspot.es

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Gráfica para sexualidades anormales: Kinky

por Uve Rivera 

Tinta y acuarela sobre papel.

 

 

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Uve Rivera, artistx e ilustradorx nacidx en Barcelona y actualmente con base en Londres. El cuerpo de mi trabajo es sobre el grabado y kinkismo, casi un 90% desarrollado en una paleta en blanco y negro.

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