Hacking de alto nivel: Meterte el cosmos en el cuerpo

imagen por Janina Morais

aniara rodado

A nadie sorprende que la humanidad haya descubierto desde el nido que seguir el movimiento y la permanencia de los astros hace posible desplazarse y navegar sin perderse. Leer el cielo para trazar rutas y mapas de territorios se ha constituido en proeza de expansión patriarcal, de marinos y conquistadores. Esta tecnología que incorpora el cosmos al territorio ha sido valorada desde siempre, tal vez porque sin ella colonizar nuevas tierras y expoliar “recursos” habría sido mucho más difícil.

Después del sol, desde el punto vista de la tierra, la luna es el cuerpo celeste más brillante. El ciclo menstrual de las hembras Homo Sapiens y otros homínidos, así como el ciclo completo de la órbita lunar alrededor de la tierra, duran más o menos 28 días. La luna nos fascina y en lo que conocemos de la historia humana, inventariamos innumerables cultos y rituales dedicados a la luna y ligados tanto a la prosperidad de los cultivos como a la “energía femenina” por ella representada (aunque existen lenguas y culturas para las cuales la luna es masculina).

Sin misticismo especular y basados en la observación de los ciclos reproductivos de otras mamíferas, muchxs racionales pensadorxs consideran que la sincronización entre la revolución lunar en torno a la tierra y la ronda periódica de nuestra hormonas, es puro azar, alegre coincidencia. Por otro lado, en las redes sociales encontramos en cada face de luna llena/nueva, invitaciones para celebrar los llamados “círculos de mujeres”. Durante estos encuentros, las asistentes vestidas con faldas amplias, accionan una serie de rituales para honrar su genealogía uterina, continuar y rehacer su contacto íntimo con la tierra madre, declaran ser sus hijas-lobas, mamíferas elegidas por el satélite terrestre y llaman a sus menstruaciones “la luna”.

El primer argumento me resulta de una pobreza creativa que raya en la banalidad, mientras que las hijas de la luna, con sus prácticas, parecen aceptar e incorporar sin distancia critica el excepcionalismo humano autoproclamado que nos ha transformado en “lxs tiranxs de la creación”, alimentando con ello  la idea venenosa de que somos la especie elegida, las verdaderas hijas de los astros. Defienden su conexión con la tierra porque tienen útero, y no porque sufren, como ella, los mismos abusos y expropiaciones, olvidan la alianza transversal que muchas ecofeministas sí han entendido y que no es esencialista en la simple ecuación Mujer=Utero=Semilla=Tierra, las dos potencialmente fértiles y nutridoras, sino que incorporan la realidad dominante, en la cual la tierra ha sido “feminizada” por los modelos de explotación y las mujeres han sido “naturalizadas” como la tierra, atribuyéndoles a ambas un rol “sagrado” pero servil, aptas para ser saqueadas por su condición de madres generosas, siempre disponibles y listas a dar frutos. Los dos argumentos reflejan la manipuladora dicotomía entre naturaleza y cultura, entre cuerpo y espíritu… ¡Con qué facilidad caemos en las trampas del binarismo!

Pareciera que unxs son victimas de una especie de amnesia pachamamistica, que hace olvidar la importancia de las personas de genero fluido o disruptivo en muchos pueblos originarios de Abya Yala. Mientras que lxs otrxs olvidan su rigor racional ignorando datos empíricos, por ejemplo la pista abierta por Louise Lacey, quien en 1975 publicó el libro Lunaception, especie de manual de anticoncepción basado en la auto-observación y el control de la luz/oscuridad de nuestro cuarto mientras dormimos. Según ella (y quienes lo han experimentado en su propio cuerpo) en menos de un año estás ovulando en luna llena y menstruando en luna nueva…

Pero en esta historia de falsos antagonismos, las dos miradas simplifican la potencia que tienen los cuerpos, haciéndonos pasivas una vez más, bendecidas por el más allá o confundidas por un alegre azar. No entienden que somos capaces de hackear nuestros cuerpos y de navegar en ellos como tenaces exploradoras, nombrando islas y ajustando nuestro campo de batalla, capaces de incorporar el cosmos. Reducen nuestro ciclo menstrual a una simple maquinita biológica controlada por los ovarios, fragmentan el cuerpo e ignoran el día y la noche, la influencia de la luz y de los ritmos de sueño y vigilia en el sistema endocrino. Aún no hacemos fotosíntesis, pero la luz y la melanina nos dan ritmo y flow. Siguen sin poder explicar cómo es posible que se sincronice el período menstrual entre amigas que viven o viajan juntas[1], que se te adelante la regla cuando haces un viaje a otras latitudes, que no te llegue la regla hasta que tu sobrina adolescente pueda abortar o que se te vaya por seis meses porque vives rodeada de chicos, toda una serie de eventos que hemos vivido y que demuestran la plasticidad de nuestros ciclos menstruales .

Parir ha sido desde siempre una cita con la muerte, esa es la potencia de la vida y los peligros de una hemorragia o cualquier otra complicación. Evitar reproducirse muy seguido es un asunto vital.  Imagino a las homínidas prehistóricas, preocupadas por morir o por la escasez de recursos para nutrir a otra cría, o con miedo a afrontar un largo viaje, en pleno invierno y preñadas. Imagino a una homínida muy parecida a mí, observando su cuerpo y gozando mientras entiende cómo funciona, la imagino recibiendo información de las más viejas, inventando estrategias para no reproducirse sin control. Me imagino en un mundo sin luz artificial, con ese foco inmenso alumbrando en el cielo algunas veces cada 28 días. Me veo como una hembra bonobo masturbándose debajo de un árbol, me veo determinada, me veo buscando en la luna las mejores noches para esconderse en luna nueva o estar de fiesta bajo la luz brillante de la luna llena, viendo destellar la piel de los tigres desde lejos. Me veo buscando el tigre en mi interior, trazando un mapa para saber cuando puedo o no quedar embarazada. Metiendo el cosmos dentro de mi, ajustando mi ciclo.

No se trata de parar de bailar, cantar y ofrendar durante la luna llena, ¡al contrario, eso es lo más parecido a un akelarre y nos encanta! De lo que se trata es de evitar la pasividad antropocéntrica a la que conduce sentirse hija privilegiada de la luna, de cuestionar que tu vínculo con la tierra sea el que ambas son fértiles y reproductivas, de llevar falda por obligación. Se trata de no excluir mujeres trans y otrxs raritxs porque no menstrúan, de darte cuenta de que no se puede limitar la acción política a cantos y maracas y que si riegas tus plantas con sangre menstrual no puedes olvidarte de eyacular sobre el suelo y las sábanas sin sentir vergüenza, sin priorizar órganos, sin ir bendiciendo úteros o castrando próstatas.

Dan ganas de invitar a las hijas de la luna a una orgía ecosexual orquestada por Annie y Beth, para que se revuelquen en la tierra y súper calientes recuerden que el giro epistémico está dado, la tierra como amante, y que es hora de un largo post-orgasmo en el que el tiempo productivo/reproductivo se quede suspendido, mientras endorfinas y malas yerbas colonizan cada poro…

[1] Se acusan de dudosos y fantasiosos todos los estudios científicos publicados hasta ahora en este sentido, incluyendo el primer estudio Menstrual Synchrony and Suppression, de Martha K. McClintock, publicado en  Nature, VOL. 229, 22 de enero de 1971 http://www.mum.org/mensyn.PDF

Aniara Rodado Coreografa, artista e investigadora.

Desde un punto de vista transfeminista, Aniara explora la brujería y las relaciones interespecificas tomando como punto de partida el mundo vegetal.  Su trabajo coreografico pretende ir más allá de la danza y más allá del cuerpo humano, con el fin de cuestionar el actual contexto de crisis ecológica y de fetichismo tecno-científico, cuya tendencia es la estandardización de los cuerpos, sus alianzas y saberes, es decir  la vida a todas sus escalas.

Sus performances, instalaciones, textos, videos, piezas de  danza o dibujos, son creados a código abierto y con una preferencia por las viejas tecnologías y el bricolaje domestico.

Es candidata a recibir un Doctorado en Ciencia y Arte por parte de la École Polytechnique de Francia.

www.aniara-rodado.net

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