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Entre Metales y Nahuales

Por Erika Bülle

Erika Bulle sentada en una especie de escenario realiza un performance, al fondo una proyección de una cabeza humana iluminada con el texto: «La ciencia ha evolucionado ayudando a los pacientes a rehabilitarse con logros sorprendentes».

Fotografía de Josué Barrera.
Performance: Corpore Vulnere
Festival Extra!
XTeresa, CDMX, 2019

Los mitos prehispánicos aztecas hablan sobre la existencia del nahual, el gemelo del alma que todos tenemos y que llega en el momento de nuestro nacimiento, este nahual toma la forma del primer animal que pasa por la puerta del lugar donde se está llevando a cabo el alumbramiento.

Nací en la calle de Dante, en Polanco en una pequeña clínica con el nombre del mismo escritor “Clínica Dante”, la posibilidad de que pasara un animal por la puerta era casi nula, sin embargo varios años después regresé a buscar la clínica para ver su ubicación exacta.

La sala de parto se encontraba en el tercer piso de la clínica, aún puedo sentir el frío de los metales oprimiendo mi cabeza, aquella que no podía salir; aún puedo escuchar el ruido de mis huesos al romperse, primero mi cadera, después mi fémur y al final uno de mis pies, recuerdo el vórtice de los fórceps entregándome al abismo de la vida, y el casi beso de la muerte que me extendió su mano y me dejó como obsequio un derrame cerebral en mi cerebro izquierdo.

Con los años recuperé la órbita y la visión de mi ojo derecho, el equilibrio tardó un poco más, por lo que frecuentemente visitaba el suelo, aún suelo chocar con la gente al tambalearme cuando camino. La lluvia es ese extraño momento que viene anticipada a los dolores de mi cintura y pierna, aquella que vive reconstruida y es tres centímetros más corta que su par. Las sopas son de mis platillos favoritos, quizás por el reto que implica comerlas sin derramarlas antes de llegar a mi boca, un acto cotidiano se convierte en una gran tarea para algunas personas, generalmente termino de comer salpicada, me parece normal que la gente mire que mi ropa está sucia después de ganarle la batalla al tenedor o a la cuchara, las reglas de etiqueta nunca han sido lo mío.

Mis pulmones también fueron lentos, por lo que a los 19 años se tumorizaron, gran operación aquella. Nuevamente partida en dos, con una huella de 30 centímetros y dos costillas menos, hasta la fecha respiro con dificultad.

Aprender las matemáticas, con trabajos puedo sumar y ocupo mis dedos para mayor agilidad, la lectura se me facilita y también el entendimiento del arte, sin embargo puedo presumir de haber sido una de las niñas más dispersas de mi salón en la primaria y la secundaria, por lo que los maestros siempre se quejaban de que era muy “burra”, expresión amable para no decirme tonta, pero de tonta no tengo un pelo aunque me cueste contar el dinero en la tienda.

Llegué a la preparatoria y luego a la Universidad, alguna vez escuche por la noche a mi madre decir que sería difícil que saliera de la secundaria, eso me mantenía en terror, hasta ahora no sé que me hacía sentir peor, el notar que aprendía de una forma diferente o mi gran corporalidad que siempre estuvo presente.

En los afectos tampoco soy muy buena, me confundo con facilidad, quizás es el miedo de sentir el mismo dolor desde el cuerpo al corazón, quizás no me quiero fracturar más, pero soy reincidente y siempre acabo partida, esperando a ver que parte de mí habrá que reconstruir.

Entre aparatos y metales desinfectados al máximo y en un cuarto cerrado herméticamente de aquel hospital donde nací, se asomaba un pequeño rayo de luz, una pequeña ventana que dejaba ver los árboles altos de la zona de Chapultepec, mi nahual podría haber sido un pájaro que con su canto conmoviera a la muerte y que por ello me dejara vivir, sin embargo la posibilidad de que fuese una hormiga o una araña también es cercana.

Si tuviera que pensar en mi dualidad de acuerdo a mis características humanas, pensaría que un camino de hormigas cruzaba por la ventanita, lo que le ha dado el sentido del trabajo, de la recolección y de protección a mi vida.

yo sí creo en la dualidad del ser, nací bajo el signo de géminis, lo que a veces implica batirse a duelo entre el trabajo de las hormigas y el revoloteo libertario de los pájaros, ambos tienen algo en común y es la tendencia a crear nidos para permanecer cálidos y confortables en los momentos de frío.

Nací por la mañana por lo que estoy segura que las moscas aún no rondaban por el hospital, pero las arañas a esa hora ya comienzan a reconstruir su tejido que la mayoría de las veces se daña por el rocío de las noches.

A pesar de todas estas posibilidades, mi fecha de nacimiento es el 9 de junio de 1969, acompañada y regida por los números 6 y 9, el tonalli, el oráculo azteca me asigna como mi tonal acompañante al perro y al pedernal como mi nahual, quizás el espíritu del sacrificio en mi nacimiento era en realidad una ofrenda a la vida brindada por la mujer cuchillo.

Erika Bulle sentada en una especie de escenario realiza un performance, al fondo una proyección. Una joven a su izquierda parece ayudarla a hacer algo con unos frascos pequeños.

Erika Bulle. (México) Performer y artivista gorda. Estudia Doctorado en artes y diseño en la FAD – UNAM, trayectoria como performer por 25 años, participando con colectivos como SEMEFO. Participación en los festivales internacionales, Buzzcut en Glasgow Escocia, Perfoartnet en Bogotá Colombia, Rapid Pulse en Chicago, Hommocult en Ciudad de México, Circuitoposporno Bogotá Colombia, etc. Forma y Sustancia en la Ciudad de Guatemala entre otros.

En el campo teórico cuenta con diversas ponencias y conferencias magistrales tanto en México como el extranjero.

Sus temáticas principales han sido la violencia y el uso del cuerpo disidente en la performance.

Contacto: bulleartedelcuerpo@gmail.com

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