Abrir publicación

ROJO SANGRE.ENTRAÑA.SEXO.DOLOR.DESEO.PODER.Y.MISTERIO

Por Liliana Ang

Roja es la sangre y la víscera: lo interno, lo informe, lo vivo. Tal vez porque representa la vida (el corazón que late) es también uno de los colores del sexo. Rojo es el erotismo y la excitación. Los labios del deseo son rojos. En Historia de O., a O. le maquillan los pezones y la vulva de color rojo intenso como preparación para el sexo. Rojo es también el color de la menstruación, el acto biológico que para la mayoría de la sociedad sigue siendo tabú en el siglo XXI. Por esto, es un color que esconde. Algo secreto reside en el rojo, y tiene que ver con el poder. No estoy hablando del ‘poder femenino de engendrar vida’, sino de otro, más oscuro y retorcido.

Carrie, la novela de 1974 de Stephen King, inicia con una escena de mucha tensión en torno a la menstruación de la protagonista. A partir de ese punto, Carrie descubre y aprende a controlar su poder: la telequinesia. La sangre es una metáfora del poder oscuro que permite a la protagonista destruir un pueblo entero. El libro inicia y termina con baños de sangre, menstruación el primero y sangre de cerdo el segundo. La telequinesia y el rojo de la sangre son símbolos de un poder secreto, con un potencial destructivo único.

Las cuatro pinturas que aquí presento contienen elementos de color rojo, como la sangre o el maquillaje. Pero en todas sucede algo más. Hay un secreto latente que se esconde tras el maquillaje de ‘la dolorosa’, en el encuadre cortado de las sangrantes y tras las cortinas que descubren apenas un fragmento de una escena incierta. Ese misterio es un eco del poder secreto del rojo, y es ahí donde reside el poder de las escenas representadas.

En mi manera de entender el mundo como en mi pintura, mis referentes son diversos aspectos de lo femenino. El rojo es uno de los colores más simbólicos y expresivos, al tener vínculos con la excitación y el sexo, las vísceras, la sangre y el dolor y con el poder de lo secreto y del misterio. Tiene mucho más cuerpo que su tono apastelado, el rosa, el color considerado como femenino por antonomasia en nuestra sociedad y adorado por casi todas las niñas. Tal vez si tuviera que elegir un color para representar la feminidad sería el rojo. Acaso el rojo en realidad no es otra cosa que un rosa que ha crecido y que ha madurado; y que contiene simbólicamente dolor, deseo, entrañas, secreto y poder.

Abrir publicación

Stillnature

Por Przemysław Branas

 

 

Abrir publicación

Quimera Rosa: estimulación, colectividad y transmisión de conocimiento

Sexoeskeleton es su próximo proyecto, que realizan con Oskoff Lovich y Víctor Mazón. Basado en el hackeo, el cacharreo y el DIY (Do It Yourself), es un exoesqueleto para establecer relaciones sexuales a distancia cercana… que además estará disponible para poder armarlo en casa. De eso trata Quimera rosa: estimulación, colectividad y transmisión de conocimiento.

Por Ivelin Buenrostro

Un par de ojos castaños y una enorme sonrisa enmarcada por cabellos rojos da la bienvenida. Es Ceci. Al fondo, el olor de los pimientos del padrón asados invita a pasar y refiere la presencia de Yan, que en la cocina, termina los últimos detalles para subir a la terraza y dar inicio a nuestra entrevista con una ligera cena de tapas.

     Ceci pide un tiempo para comer antes de contestar cualquier cosa. El cuestionario lo he resumido en cuatro preguntas básicas: ¿Cómo empieza Quimera Rosa?, ¿Por qué Akelarre Cyborg? ¿Por qué sadomasoquismo (SM)? ¿Por qué el sonido?

Yan, comienza a contar:

     Quimera Rosa empieza hace cinco años por una relación entre dos personas que no se encuentran satisfechas con los binomios sexo-género en cuales están socialmente catalogadas, y deciden comunicarlo de forma pública y artística.

     Ceci añade, también de encontrarnos en un entorno artístico, diferente, trabajando con gente que se está cuestionando en torno al sexo, al género, a la postpornografía: un espacio fértil para realizar cosas.

     Barcelona ha sido un terreno fecundo en la escena postporno. Las dos hacen referencia y agradecen, por ejemplo, el maratón del MACBA que en la década del dos mil contribuyó a la articulación de una importante red de personas que trabajan ese tema, cada una desde enfoques y preguntas específicas, pero en comunicación y, cuando es posible, encontrándose. El término de quimera lo retoman por Donna Haraway, quien enfatiza la desnaturalización del género y los consecuentes fundamentalismos que acarrea: “Quimera, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo…”

Akelarre Cyborg

La transformación cotidiana es una cosa, la performance akelarresca, otra. Quimera Rosa trabaja a través del juego que se crea en el escenario, sólo poniendo pautas para el intercambio y la generación de acciones, pero en donde el público hace y deshace a su antojo, juega, bebe, se dispersa, vuelve… Tanto, que a veces no saben cuándo hacer que pare. Como en el último akelarre en Barcelona, que duró dos horas y media. Akelarre Cyborg es una performance que han realizado en diversas ocasiones, pero varía y está en transformación continua.

     Yan escribía sobre brujas, por lo que empezaron a preguntarse: ¿Qué características debería tener una performance desde la dinámica de un aquelarre? Mientras platica, Ceci complementa las ideas. No importa quién lo diga, contesta Quimera Rosa como unidad:

     Yan: La idea del ciborg lo trabajábamos desde antes, la prótesis como extensión corporal, el ciborg como una manera de construcción de las relaciones y los cuerpos. Partimos del anclaje feminista post-identitario, retomamos el aquelarre porque históricamente se ha entendido que el feminismo aparece después de la modernidad, en un sitio dado, en un momento específico y asentado en una cultura determinada. Un subproducto de la modernidad, de la ilustración. ¿Qué ha pasado antes? ¿Qué se ha perdido como historia? ¿Qué ha habido en otros sitios? A través de la brujería, ejercicio de ficción —porque sabemos que la historia ya está escrita y sabemos por quién— queremos acoger estas imágenes y generar metáforas. También tiene que ver con una crítica de todo el  movimiento de la modernidad, que es el momento mismo de la colonización y de la caza de brujas: de la normalización cultural.

    Ceci: También tomamos la idea del aquelarre como arte total, donde hay una cosa compartida, colectiva, festiva, donde se transmiten conocimientos. Vamos probando, trabajando con rituales colectivos, trabajando con la gente ahora, antes no trabajábamos directamente con las personas en el espacio escénico. Nosotros damos las pautas, pero el ritual lo hacen ellas. La idea es que coja una forma orgánica, autónoma y que la gente pueda moverse por el espacio y hacer lo que le apetezca. Es un  proceso de experimentación constante.

    Yan: Mezclamos la imagen entre naturaleza y tecnología, de borrar esta frontera entre lo que es natural de lo que no lo es, también asociada a la bruja como imagen prototipo. La mujer que está cerca de la naturaleza y se opone al ser tecnológico se rompe, queda atrás. Trabajamos con elementos muy sencillos a nivel simbólico —el agua, la sal— pero usando sus propiedades técnicas (como la electricidad). Es hacer alta tecnología con los elementos más básicos, como una bruja: cuando fabricas una droga con la planta, estás haciendo alta tecnología, cuando curas gente con una planta estás haciendo alta tecnología, no estás ahí con un don natural. Hay una producción y transmisión de conocimiento genuina.

          Queremos romper con la imagen esencialista acerca de la brujería que, no es un conocimiento científico. Claro que no lo es porque le quitaron ese estatus. Estás en la Edad media, una época totalmente inculta al nivel del poder, y de repente el Renacimiento, donde aparecen todos los conocimientos. Desaparecen las brujas y te dices a ver, ¿qué ha pasado aquí? Es una transmisión de conocimiento que no se ha dado, sino que se ha robado. Lo mismo pasa con la colonización. De un montón de sustancias que se manejaban, —por ejemplo, la quinina, un ejemplo típico de sustancia que se usaba por las comunidades que vivían ahí y curaba la fiebre, era abortivo, etc.— llegan los colonizadores con la malaria, empiezan a morirse, la ciencia de entonces no es capaz de hacer nada, y se dan cuenta que hay una medicación que les cura. Lo que hacen es robar este conocimiento, desaparece de ahí porque lo tachan de brujería y lo catalogan como descubrimiento científico europeo. Deforestan los bosques y empiezan a producir quinina a saco. Siempre ha pasado este proceso de robar el conocimiento y ponerle el sello científico. Entonces esta cosa de pre-científica y científica es una invensión. Se empieza a crear la universidad, las disciplinas, medicina. Ahora mismo, el  feminismo está ocupando mejor esos espacios de poder y hay ganas de ocuparlo, de subvertirlo desde dentro.

Mientras los vasos de vino se vacían y llenan, hablan de la importancia de descontextualizar el akelarre también, una experiencia en  Cochabamba:

     Ceci: En Cochabamba, Bolivia el akelarre funcionó muy bien porque es una comunidad que maneja mucho los rituales en el aspecto cotidiano, hay otra relación con lo colectivo, con la comunicación no verbal, con cosas que estamos intentando probar y ahí fue mucho más sencillo.

     Yan: Cuando las brujas se encontraban se daban citas en sitios que no eran especialmente suyos, sino que eran favorables para encontrarse porque las condiciones permitían hacerlo, pero venían de varios puntos, de varios países lo cual no era una  complicación en sí, pues se juntaban para producir conocimientos, experimentar cosas, de tener  prácticas pactadas.

      Si trabajas desde unas pautas comunes, simbologías comunes —o diferentes, pero hablando del mismo elemento— no hay mucha complicación. Y, en Bolivia, si bien había una base de entendimiento, también había una de extrañeza frente a nuestras prácticas, y esto generaba un diálogo muy bueno, porque nosotros también estábamos en la misma situación de extrañeza y apertura a la vez, digamos éramos marcianas las unas para las otras, entonces era fácil.

     Ceci: Trabajar en Bolivia fue trabajar un poco fuera de la comodidad. Estábamos repitiéndonos, estancándonos y  aunque no era  un sitio que entendiera a lo mejor la base de lo que estábamos haciendo, nos dejaron trabajar de manera totalmente libre, sin ningún tipo de censura… hicimos cosas que pudieron parecer fuertes y no hubo ningún rechazo ni problema, al revés. De hecho nos han censurado más aquí.

    Es curioso porque estando paradas desde un discurso de desidentidades, desidentificación, muchas veces  acabamos juntándonos con un cierto ghetto, con unas ciertas personas o con unas ciertas prácticas, que en un momento pueden ser rompedoras de algunas cosas pero si uno se acomoda en eso también puedes ser un poco conservador en cierto orden: “hago estas cosas, hago estas prácticas, hago estas performance, me dedico a tal cosa”.

Akelarre Cyborg son Yan y Ceci, pero también Paula y María de TransNoise, cuatro personas que trabajan en conjunto cuando la situación lo permite, es un proyecto nómada, circunstancial, contextual y modular. Como el aquelarre, viene quien puede, pero siempre fluye.

BDSM

     Yan: Para mi es una herramienta de revelación y de liberación sexual porque permite modificar la configuración corporal habitual de las relaciones sexuales basada en los genitales exclusivamente, entonces es tanto una herramienta para trabajar a nivel sexual como de género porque no importan las supuestas preferencias que puedan tener las personas si están en juego otros parámetros más allá de su género o sexo. También trabajas a nivel de las relaciones de poder, porque en las relaciones heterosexuales clásicas el poder está dado de por sí en la relación hombre-mujer. En el sadomasoquismo se pacta todo, los roles se pueden intercambiar y siempre hay consciencia de estar performándolos, entonces es una herramienta de deconstrucción muy potente.

     Ceci: Se performa la masculinidad, la feminidad. Lo que pasa al tener que pactar con alguien, comunicarse con  alguien para decir “bueno, hacemos esto, a mí me gusta esto, a mí no me gusta esto”, es precisamente deconstruir la naturalidad que pueden tener las relaciones sexuales, que parece que fueran una cosa dada de una manera entre un hombre y una mujer, o entre dos hombres, o  entre dos mujeres. Te genera un espacio de deconstrucción de las relaciones sexuales, de lo que pudimos haber aprendido que deben ser pero también tiene que ver también con el trabajo en las fronteras: público-privado, placer-dolor, qué es lo corporal. También es una forma de deconstruir lo que son los placeres y lo que es diferente, que no es la manera establecida socialmente. Además quita prejuicios. Hay miles de grados en el SM, desde un juego de rol, hasta electricidad, y siempre se ve algo rudo y fuerte, pero tiene que ver más con esa deconstrucción sexual donde las cosas son pactadas. Por ejemplo, la primera vez que vi a alguien que se daba electricidad me dije: “joder, yo vengo de Argentina, 30 mil muertos y desaparecidos, la picana eléctrica, los militares”. Pero no lo vi como “eso es malo” si no que yo tengo una limitación: La única manera como puedo ver esto es como un modo que genera dolor, represión, pero esta forma de verlo ha cambiado. Con este ejemplo, puedes ver la artificialidad que hay en las relaciones de poder, ya que te das cuenta que las prácticas no tienen una naturaleza establecida para que sean sexuales o no sean sexuales, placenteras o dolorosas, hay más elementos en juego, como el contexto y un montón de cosas.

     De hecho generalmente las relaciones sexuales básicas se ven como naturales pero no es así. Mi primera relación sexual la asumo como una violación, pues fue una cosa de poder de un tío sobre una tía. El SM no es una práctica de un guetto, de un grupo, sino una práctica de cualquier persona que se relaciona con otra, de dos personas conversando, una recibe placer y cuando dice basta  pues basta y se acabó. Porque en la base debe haber un pacto para relacionarte sexualmente con alguien, no hay nada natural dado, las relaciones se juegan, tú pones las reglas y dices hasta dónde puedes llegar.

    Estamos acostumbrados a que las cosas no se negocian, tú no puedes decir “hasta aquí no quiero jugar más” o “esto no me gusta”… hay ciertas cosas que tienes que sí o sí, seguir, porque parecieran de la naturaleza humana y no es así.

    Yan: Naturalización de la violencia, también. El SM lo que hace es desplazar un poco la noción de violencia. Me  interesa dejar bien claro que el SM nunca es violencia, la violencia no está en la práctica, sino en el no consenso. Hay gente a la que le gustan unas cosas, a otras no, se van cambiando de gustos, se juegan con relaciones intensas sensoriales.

    En el SM, yo no siento dolor. Lo que pasa es que la gente proyecta su imaginario y piensan que eso duele. No me duele, de lo contrario no lo haría. Cuando paso la frontera en que el placer ya es dolor, paro, este tipo de relaciones te permiten decir cuándo es suficiente.

    Ceci:  No es que dejes a mitad el polvo, es eso el polvo, relaciones que no tienen un principio ni un fin establecido, un protocolo, sino un contexto y particularidad de las dos o tres personas que se estén relacionando. No hay una meta ni  un recorrido establecido sobre lo que debe ser la relación sexual, ni se entiende que deba ser puramente genital. El cuerpo entero es un órgano sexual, además ampliable. En las perfos, trabajamos el BDSM con sonido: por ejemplo con agujas, cuando la persona toca las agujas, genera sonido: transformas el cuerpo, es como un instrumento, juegas con él, modificas la relación sexual, lo que podrías hacer. Yan, agrega, el SM es una práctica creativa.

El sonido

     Ceci: El cuerpo implica todos los sentidos, no es sólo el coño o la polla. Vas tocando algo y generas sonido, es una  relación nueva.

    Yan: Hay ganas de deshacerse de lo visual, de la visibilización, pues te hace repetir estereotipos y normas. El sonido está mucho menos codificado, se trabaja la sinestesia, mezclar los sentidos, escuchar sonidos y colores. Si el tacto genera sonidos, genera sentidos nuevos, por lo tanto cuesta más dar unicidad y normalizar, es algo completamente marciano.

    Ceci: Sobre todo porque abre también las posibilidades de no ver cuerpos tan definidos, se amplía el paisaje de percepción al ser más confuso, genera mucha sensación, abre otros canales de percepción. Es interesante tanto si lo haces como si lo ves. Y al igual que el aquelarre, funcionan otros patrones mentales que los habituales, y la visión está muy ligada a la normalización de los cuerpos. El sonido está un poco menos racionalizado.

    Vemos el sonido como un espacio más anárquico y posible de abrir percepciones que la imagen. Vivimos en un mundo visual, nos manejamos por la imagen, nuestra cabeza funciona de manera estándar en ese sentido. Al sonido, sobre todo trabajando con noise, no con melodía ni estándares musicales que lo guíen, te posibilita relacionar otras cosas.

Las contingencias les permiten trabajar y aprender de gente de diversas áreas, contagiarse, articularse. Como con Post-Op, con quien hacen performance, o en los Genera Tech, que organizaba Klau Kinki y los Summerlab organizados por Pedro Soler. Como en un akelarre, con gente que deja los conocimientos abiertos, a los que todo mundo tenga acceso, con tecnologías baratas, que cualquiera puede construir. Como en un akelarre, ampliando los canales de percepción. Habrá que esperar a que el desarrollo del Sexoeskeleton pronto esté terminado, para poder experimentar con él.  Acá el video de la performance Akelarre Cyborg y las ligas de Quimera Rosa, para que vean mejor de qué va:

Akelarre Cyborg [Performance] from Quimera Rosa on Vimeo.

http://quimerarosa.tumblr.com/

http://vimeo.com/quimerarosa

Abrir publicación

Ryan McGinley: sobre la representación del tiempo catártico.

Por Marisol Maza

La temporalidad humana esta construida a partir de entender la vida como un transcurrir que se encuentra en la polaridad o tensión entre el tiempo cotidiano y el tiempo extraordinario. El tiempo extraordinario, ya sea en el momento de la catástrofe o del placer, es aquel en que la identidad o la existencia misma de una comunidad entra absolutamente en cuestión, donde los valores en los que se rige se vuelven flexibles; el tiempo del acontecimiento lo es también de la reconfiguración.

El tiempo propio de la festividad es aquel en que se rompe con lo cotidiano, pero es también el tiempo compartido, múltiple. El tiempo de la irrupción, en el plano de lo imaginario; del estallido de lo cotidiano,  de la realización o de la aniquilación  de la comunidad, el momento de la luminosidad absoluta o  de la tiniebla absoluta.

La temporalidad de la fiesta puede concebirse como un tiempo similar al tiempo del placer sexual, que tiene una temporalidad propia a partir de la perdida de control, y a su vez, de la pérdida de noción de tiempo, del tiempo medido como tal.

El tiempo representado es siempre un tiempo fragmentado. Toda imagen fotográfica tiene una temporalidad propia y tiene intrínsecamente una narrativa, una historia contenida en la que el tiempo es reducido a una imagen estática.

El momento fugaz del instante, el momento de la subjetividad absoluta es convertido en una imagen objetiva que es posible analizar, revisar, interpretar.

En este sentido podríamos cuestionar de qué manera es posible la representación de esta temporalidad festiva, sin que se vuelva una ilustración de ésta. Tal vez al  ser participe de esa temporalidad alterada, de estar inmerso en el instante de la chispa, del estallido de la risa, del orgasmo. El tiempo de la catarsis. Imágenes que no permiten entenderlas del todo, descifrarlas, aquellas que no permiten acceder sino a partir quizás de la reminiscencia de la propia experiencia.

Para ver más de Ryan McGinley: http://ryanmcginley.com/#

Abrir publicación
PANdemonium

BRUJERÍA DIY: Un Decálogo a Propósito de Magia y Arte de performance

Por Lechedevirgen Trimegisto

Dedicado a Pé De J. Pauner , escritor y artificiero pánico.

Lo he sabido desde siempre. Hace años recuerdo haber leído en La danza de la realidad de Alejandro Jodorowsky la idea “La raíz del arte en México es la brujería (…)” esta simple frase retumbó en mi cabeza un largo rato. Con el paso del tiempo y dentro de mis prácticas corporales y artísticas me he percatado de que efectivamente es así, no sé si sólo es el caso de México, me atrevería a decir que no, que lo es en todo el mundo.

     Ocurrió al desarrollar mi taller Alquimia del Cuerpo, como un esfuerzo propio por reunir y atar todos esos cabos sueltos entre magia y arte, donde pude comprobar la estrecha unión de ambas dimensiones del acto creativo. En varias entrevistas a lo largo de mi historia como supuesto artista y performancero me han interrogado acerca del motivo por mi preferencia por el performance con relación a los demás medios de expresión, mi respuesta ha sido siempre la misma: toda expresión artística conlleva un ejercicio creativo, dicho ejercicio se compone del acto primigenio, el acto creativo por excelencia, el mismo que lleva a un niño a rayar las paredes o el mismo que incitó a Picasso a pintar el Guernica, o cualquier obra de arte o proceso artístico que les venga a la mente. Antes de un pincel, de una cámara fotográfica, de una técnica o un instrumento, antes de todo eso está el acto creativo. El acto creativo nos surge desnudos, nos surge desde el cuerpo. El cuerpo se convierte entonces en el espacio para la realización del acto primigenio por excelencia. En el principio era el cuerpo. Mis comienzos en la pintura me llevaron a explorar la plástica en el video, la instalación, el dibujo, el arte-objeto, la escultura y hasta el arte conceptual, mi búsqueda me llevó paradójicamente al principio de todo, a mi propio cuerpo, por eso escogí el performance como medio de expresión y aún como algo mucho más profundo.

IMG_3467
Registro de la performance «PANdemonium»
Fotografía: Herani Enríquez «HacHe»

¿Por qué asimilar el arte de performance como brujería contemporánea o como un espiritismo posmoderno? Mi obra se ha ido nutrido de diferentes fuentes : la teoría queer, el decolonialismo, la postpornografía, la disidencia sexual, la magia del caos, el chamanismo, el tarot, la alquimia y hasta la psicomagia. Ha pasado sin premeditarlo. En las comidas familiares mi madre suele recordar como anécdota que yo deseaba ser mago cuando fuera grande. Mi desilusión fue inmensa al saber que eso que yo entendía como magia, no existía y pertenecía a un mundo de ficción. No sé si ahora, con el paso del tiempo, la magia para mí se ha hecho real, o yo por mi cuenta, me he vuelto parte de ese mundo ficcional. Quizás vivo en un mundo híbrido entre la crudeza violenta del día a día y la poética de un espacio habitado por el milagro continuo. Otros pensarán simplemente que estoy loco, eso no es nuevo, no importa que se sume otro más a la lista.

Antes de seguir, debo confesar y aclarar que yo no me considero santero, chamán, curandero o místico, pero los imito. Muchos pensarán que soy un charlatán que se aprovecha de temas transgresores y polémicos, he aprendido que es necesario el engaño, engañar a la mente o al cuerpo para lograr cosas extraordinarias. Se puede mentir para decir la verdad, o se puede decir la verdad para desenmascarar una mentira colectiva. Sin embargo aquí está, claro como el agua, yo no soy ni pretendo usurpar el lugar de un gurú, un mesías o un dios. En todo caso yo sólo soy un canal. Mi astróloga de cabecera dice que tengo la habilidad de ser médium, por algo será. Mi campo es el arte, yo tengo poderes mágicos, no puedo curar a nadie, sin embargo puedo funcionar como un guía, para que quienes decidan emprender el camino aprendan a curarse a sí mismos, como yo estoy en proceso. Para mí el arte es eso, un fenómeno que ocurre, que sana, que transforma y lo dinamita todo. Un incendio. Lo he sabido desde siempre.

Este texto se disfraza, se traviste como un decálogo para magos/brujos/artistas en potencia, sin embargo es en realidad una recopilación de los puntos más importantes, en mi experiencia, que se deben tener en cuenta al realizar performance, o al menos lo que para mí significa performance. A esta práctica posdisciplinaria entre magia, arte de performance, física cuántica, teatro posdramatico y paganismo posmo es lo que llamo Bujería DIY (Do It Yourself o Brujería Hazlo Tu Mismx) :

1.- ¿Existe? ¿No existe? ¡No importa! ¡Existe!
Nunca dudes, poco importa si es científicamente probable que un curandero pueda curarte, lo que importa es que funciona. El escepticismo y la razón serán tu peor enemigo. Una performance será efectiva para aquellos que crean en ella. Puede servir pensar que haces performance en nombre de un “otro”, puede ser una figura abstracta o histórica, otro artista o algún personaje de singulares características que guardan una relación contigo. En ocasiones yo realizo performance en nombre Mago Melchor Zortybrandt de Java o Niño Fidencio.

2.-Enfrenta el miedo
El miedo paraliza. Para vencerlo es necesario tener el valor de enfrentar eso que tememos de manera directa, sin protecciones y sin limitaciones. A menudo realizarás acciones que involucren un desgaste físico, resistencia corporal o mental, que pongan a prueba tus propios límites, arrójate a ello. Eso que temes tanto, realízalo de una vez en una performance.

3.-Sé prudente
Existen cosas que no estamos preparados para realizar aunque así lo deseemos. Superar nuestros límites conlleva un riesgo. Para correr dichos riesgos necesitas estar preparado. La prudencia es la pieza clave entre una acción exitosa y un desastre de proporciones clínicas.

4.-Rompe los límites
No te definas, todo lo que se define se limita, se estanca, se tumoriza y muere. Identifica las limitaciones que te constriñen, a nivel particular: emocional, material, espiritual o sexual, y a nivel universal: el malestar social, la múltiples formas de violencia, racismo, sexismo, etc. Pregúntate qué líneas te atraviesan el cuerpo, qué es lo que te han mutilado desde que naciste, encuéntralo y libérate de ello, utiliza el performance como el espacio ritual ideal para destruir estas barreras tanto en tu cuerpo y mente como en el público. Expande tus sentidos, todo tu cuerpo es una máquina experimental, experimenta todas las sensaciones, ¡úsalo!

5.-Principio de sustitución
Una de las reglas de la magia es que todas sus reglas son modificables, cada mago tiene su propio método, de la misma forma que cada artista de performance tiene su propia forma de concebir y realizar arte de performance. Si no tienes los elementos ideales para llevar acabo tu ritual-performance sustitúyelos por otros, transforma los objetos: un abanico en un sol, un bastón de madera en un arma de fuego, etc. Transforma los espacios: una calle en una pasarela de modas, un bar en un templo, un museo en un mercado.

6.-Objeto Sagrado
En el performance como en la magia trabajamos con metáforas poderosas. El curandero utiliza un huevo para atrapar las malas vibras, al romperlo la metáfora cobra vida mostrando líquido negro en lugar de la yema y clara. De la misma forma el artista de performance escoge sus objetos en relación a las metáforas y símbolos, piensa en lo que te rodea, cual es tu contexto, que objetos pertenecen a él, toma el que te sea más próximo e íntimo, al que le tengas una devoción infinita (no material sino espiritualmente) ese será tu objeto sagrado. Mi caso es un juguete tradicional con forma de caballo de cartón que utilizo como bastón de mando. Un curandero puede curar con lo que más ama, sean plantas medicinales o un balón de futbol. El artista de performance también.

7.-Sigue tu intuición
Hay cosas que no sabemos que sabemos. Desarrolla tu intuición, es lo único que no se equivoca jamás, elimina los prejuicios y las ideas nocivas o tóxicas, confía en ti mismo, piensa con el corazón, crea con el estomago, ocurre con la glándula pineal. Convierte en devenir puro y te fusionarás con la naturaleza, podrás saber lo que va a ocurrir antes de que ocurra. Cuando haces performance te vuelves premonición pura, la visión surge, déjate llevar, las cosas se acomodaran a como deben suceder.

8.-Trance: aprende a escucharte
Si no crees en esto, imítalo de manera respetuosa y a conciencia. Los magos meditan y entran en trance, se convierten en canal. Elimina la supremacía del ego, cesa de pensar que eres tu el elegido, el que crea, colócate en la posición de un puente, deja que el fenómeno te atraviese y ocurra a partir de tu cuerpo. Escúchate profundamente, revalora tus ocurrencias, aquellas ideas que saltan a tu mente sin una razón lógica, ahí se esconde el secreto, eres un colador de lo arquetípico que construye imágenes mutantes entre un ayer histórico y un futuro cósmico, en un presente total. Deja que hable tu inconsciente, sumérgete en él. La performance como la magia no importa si se entiende o se puede explicar de manera racional, lo que importa es la experiencia y la sensación.

9.-Crea un egregor
Un egregor es el pensamiento colectivo. Tanto la magia como el performance funcionan a través de colectividades. Crear un egregor significa crear una mente colectiva, es tu trabajo colocar los elementos correctos para sintonizar al público en la frecuencia correcta, latir juntos y volverse uno sólo. Si el egregor creado es suficientemente poderoso, toda la energía vertida por el público será canalizada por el artista y surtirá efecto el performance.

10.-Sánate de manera consciente Cuando ayudas a sanar, te sanas a ti mismo. Piensa en grande, que tu meta sea sanar este mundo, un mundo que nos han dejado herido y perdido. Toda sanación implica una transformación radical, explosiva pero contundente. La performance, como la magia, brindan la oportunidad de sanar aquellos aspectos que parecen irreconciliables o perdidos. Sé tu propio sanador, usa tu imaginación y construye tu propia estrategia. Entonces y sólo entonces, quizás sea posible sanar al mundo de tantas atrocidades.

Fotos siguientes: Registro de la Performance «Akelarre»

Colaboración de Diana J. Torres (España) ,Idoia Millán (País Vasco) y Lechedevirgen Trimegisto (Qro.Mex)

Abrir publicación

Por la santa raja y chile de papá Dios Satán: Rompiendo las latas del género.

Manifiesto e imágenes de la colectiva Ni Chiles ni Rajas

Abrir publicación

Did You Hear the Cock Crow?

Por Hannah Gardiner


Filmado por Rafael Coelho, con la asistencia de: Alejandro Chellet
(Florianopolis, Brasil, 2013)
[box type=»shadow» ]Hannah Gardiner (Inglaterra, 1988)
Comenzó a hacer performance en 2010, después de mudarse a Londres. En 2013 fue galardonada con el Fondo para el Desarrollo Internacional de Artistas, y creó ‘Punto Social Temporal «- un experimento social en la forma de una intervención en la calle en Sao Paulo (Brasil). Actualmente está trabajando en México con la colectiva multidisiplinaria «HUMUS» y la colectiva de urbana colectiva «Cualti Mexico»
www.hannahgardiner.co.uk
[/box]

Abrir publicación

Diarios de una novia en acción: más allá del beso se dislocan los sentidos

Por Lia García (La Novia sirena)

La novia inicia la ceremonia. Se entrega en abrazos, camina un kilómetro de besos carmín, un kilómetro de ternura-tsunami, dinamita corazas, conquista lágrimas amnióticas. La novia paso a paso pronuncia las palabras: desandar, útero, amantísima. Se entrega a sí misma, se sabe su propia mujer. La novia lleva en el cuerpo una fiesta. Llega al altar vestida con el traje de la piel…

Alejandra Rodríguez (La Bala)

Una de las preguntas más polémicas y recurrentes que recuerdo a lo largo del tiempo cuando comparto mi trabajo artístico y pedagógico, específicamente aquel proyecto en el cual me he vestido de blanco y que seguramente muchas de ustedes recuerdan ha sido ¿por qué te gusta vestirte de novia? Así inicia este relato que hoy les comparto y que me devuelve afectiva y políticamente al proyecto de Encuentros afectivos (performances) 2012-2017 Puede besar a la novia. Hace poco tiempo, una tarde lluviosa, de esas tardes en que una ha resuelto la mayoría de los pendientes y repentinamente se percata que no tiene nada que hacer, decidí abrir las puertas del clóset café que se encuentra en mi habitación.

Es un clóset pequeño, de estilo rústico que ocupa una tercera parte del espacio. Cuando lo abrí era como estar entre las nubes, pues una ráfaga de polvo y diferentes olores me permitieron sentir un clima húmedo y a la vez ventoso. Esas materias y partículas las desprendía el lienzo blanco, amontonado, que forman mis casi 10 vestidos de novia y que descansan ahí, cada uno con su propia historia; algunos más deteriorados que otros y unos cuantos que aún conservan mis medidas. Éste clóset ahora abierto y un poco amontonado, es donde se encuentra mi archivo personal de arte feminista, y cada vez que lo abro es como viajar en el tiempo a través de mis afectos.

Vestirme de novia significa para mí un acto político que tiene que ver con la activación de la festividad, la comunicación amorosa entre personas y sobre todo con hacer de mi experiencia trans* una posibilidad de transformación colectiva. Para entender mi gusto por portar estos vestidos y transitar a lo que se convirtió en mi primer proyecto de intervención trans*feminista, quiero compartirles desde el corazón los antecedentes que encuentro en mi vida.

Me recuerdo siendo niña y explorando la caja de vestigios nupciales que por más de 10 años guardó mi madre en otro clóset  que teníamos en casa. Ahí se encontraba el vestido que había mandado a hacer con una modista para el día de su boda. También estaban las copas del brindis, el velo con todo y el tocado de flores marchitas y unos zapatos pequeños que llamaban mucho la atención por la delicadeza de su diseño.

Uno de mis secretos mas preciados de la infancia era sacar esa caja cuando mi madre salía a trabajar y tocar los objetos, olerlos y pensar en lo que en ese momento era imposible para mí; ser la novia y casarme con un hombre. Sí compañeras, algunas feministas también pasamos por esos momentos de credibilidad patriarcal, pero es importante vivirlo para después trascenderlo y resignificarlo, hay que decirlo sin vergüenza. Esta rutina que tenía de mirar el vestido y fantasear era una utopía un tanto lejana, pues en aquel entonces, a mis seis años me estaban formando bajo un mandato masculino ya que al nacer me diagnosticaron erróneamente como varón y claro, sin mi consentimiento. Aunque mi madre es una mujer bastante sensible y siempre me permitió acercarme a la feminidad, a su tiempo,  la vergüenza persistía en mi interior y eso no me dejaba hacerlo público, pensando que era un error sentir eso.

El tiempo pasó y yo guardé mi preciado secreto bajo la almohada, mismo que terminó el día en que mi madre decidió tirar aquella caja una mañana cualquiera haciéndole justicia a su propio deseo, pues ella no portn se desprenden de esteque tambimomento o piempre me permitimatividadconvirtimo viajar en el tiempo de los afectos.e maneras disó ese vestido por decisión propia y tampoco se enamoró auténticamente de mi padre, todo su ritual fue producto de una manipulación familiar y un afán inconsciente por quedar bien ante la sociedad como mujer ¡esto ya no sirve, a la basura! Dijo ella. Ahora entiendo lo que simbolizó en su historia tirar esos objetos y despojarse de sus recuerdos; también lo que significó para mí esa pérdida, pues aún recuerdo el momento exacto y lo dibujo en mi mente, ¡deseaba tanto tenerlo!. El único vestigio que se salvó del mercado de antigüedades y que aún conservo conmigo fue el álbum fotográfico y el patrón del vestido original.

 

Mi historia con la figura de la novia continuó y no fue hasta el año de 2012 que pude tener mi primer vestido; hacer realidad mi fantasía. Fue un regalo de mi amiga Arelhí Galicia con quien trabajaba en ese momento. Para mí este suceso marcó el inicio de un proyecto relacionado con la posibilidad de fantasear y buscar todas las posibilidades para materializar esos sueños y deseos que habitan nuestro corazón.

Recuerdo que Arelhí me habló de lo que significó el matrimonio en su vida y lo difícil que había sido para ella desprenderse de este ritiual y resignificarlo con el paso del tiempo. Cuándo le compartí el gusto especial que yo tenía por los ajuares nupciales y mi deseo por verme a mí misma como la novia, ella me miró a los ojos y me dijo ¡te voy a dar el mío! Y fue entonces que pude tener mi primer vestido oficial de bodas gracias a una amiga que confió en que mi historia podía resignificar el discurso tan fuerte que impregnaba y  también como un acto de amor que me deja sentir que la escucha de nuestras historias entre mujeres es fundamental y valiosa, pues a cada una nos atraviesan estos discursos y figuras arquetípicas de maneras distintas y solo así, desde el intercambio podemos de-construir(nos) y re-construir(nos).

Hay que precisar que el matrimonio no significa lo mismo para todas las mujeres, y que habría que situar geopolíticamente el ritual para entenderlo en multiplicidad, pero es cierto que en la mayoría de los casos se adscribe de manera general a un mandato social que tiene que ver con la entrega de las mujeres a la vida privada y a una transición que termina por colocarnos en un espacio de propiedad masculina y sumisión. Específicamente la figura de la novia, esa mujer inocente que es entregada por su padre al nuevo hombre que la desposará y que porta en su cuerpo un lienzo de color blanco a la vez que una máscara en forma de velo en su cara es una construcción cultural vinculada en su mayoría al catolicismo y a los mandatos de “la buena mujer”.

Cada una de las historias previas a la resignificación de mis vestidos encierran este patrón de violencia histórica ya que contienen  historias de desilusión, obligación, crueldad, pero también de liberación; pues todas las mujeres que decidieron desprenderse de sus vestidos por elección propia y me los obsequiaron para resignificarlos por medio de la acción afectiva, nos están compartiendo un fragmento de su proceso de liberación y con su propia voz comparten que nunca es tarde para comenzar por una misma con todo y nuestras cicatrices, la cicatriz es ese espacio tan paradójico donde hubo dolor pero también sanación.

Nuestro vestido, el que ahora comparto con Arelhí, es con el que aparezco en las fotografías que aquí comparto con ustedes. Se trata de la performance Hablar de lo que importa, que inaugura el proyecto puede besar a la novia, en el año de 2012 y que nos acerca a entender con más claridad los significados que tiene para mí dicho arquetipo que se traslada de lo privado a lo público y que deja la sumisión para pasar a la acción.

  1. En ese año me encontraba concluyendo los estudios en Pedagogía en la Universidad Nacional Autónoma de México y mis intereses por formarme como artista visual cada vez se hacían más claros, pues las propuestas de intervención-acción pedagógica tenían que tener, para mí, una salida artística vinculada al cuerpo y a los espacios públicos que lo contienen.

Poco a poco, con ayuda de mis colegas y maestras feministas como Mirnx Roldán, Liz Misterio, Mónica Mayer, Ale Puga, Lorena Méndez, Fru Trejo, Lorena Wolffer, Cerrucha y Adriana Raggi, me fui adentrando en los estudios de performance feminista y descubrí que a parte de tener dimensiones estéticas y políticas también tiene una dimensión pedagógica bien nutrida que permite convocar al cuerpo a la acción y por supuesto a la construcción de nuevas posibilidades de habitar y entender el mundo. Su lenguaje formativo y desbordado nos permite expresar de modos distintos una temática que nos atraviesa o una urgencia que al puntualizarse permite crear con y desde el cuerpo otras formas de sentir, mirar y aprender.

Hablar de lo que importa es una performance pedagógica que puntualiza las relaciones de poder que se dan en el ámbito universitario y que cuestiona como las desigualdades más obvias continúan surtiendo efecto en los cuerpos de quienes habitamos la feminidad aún en la universidad autónoma. También funcionó como una invitación afectiva al tacto como una acción política desde donde cuestionar y construir nuevas formas de comunicación corporal entre personas, particularmente construir la relación afectiva con la masculinidad desde la experiencia trans*femenina que socialmente tiende a ser castigada.

 

A continuación deseo acercarles de manera íntima a la performance:

Iniciaba el primer movimiento: aproximarme a la facultad de ingeniería, que en su mayoría, está poblada por varones. Mi andar era sutil, a una velocidad reducida, el viento pegaba en mi rostro que estaba velado y mis manos sostenían una pecera llena de arroz en la cual se encontraban escondidas las invitaciones a la boda (pregunta-acción). Mi amiga Liz Misterio caminaba junto a mí capturando los momentos.

En la primera parte no había sonido, mas que mis pasos, solamente ocurrían miradas de bienvenida entre los chicos y yo, y sonrisas que intentaban expresar lo contenta y nerviosa que me sentía por estar ahí. Necesitaba sentir la arquitectura del espacio con mi cuerpo.

Primera reacción: El sonido. Entre chiflidos y piropos la performance comenzaba a tener su propio tono y a delinear el primer espacio que la contiene: la seducción.

¿con quién te vas a casar?

¡dinos quién es el novio para poderle decir que ya nos robamos a la novia!

Fiu Fiu (chiflido)

¿Me das tu teléfono?

¡qué hermosa novia, yo si me casaba!

Conforme avanzaba y escuchaba cada una de las frases me daba cuenta de cómo la figura de la novia despertaba toda seducción y entonces como es que el arquetipo también se delinea a partir de la mirada de los hombres, al mismo tiempo que justifica esa masculinidad hegemónica al hacerse visible.

Segundo movimiento: Mi propia voz. La performance transita hacia mi voz cuando me acerco a los hombres que se encuentran en los pasillos y les pregunto a voz viva y tenaz ¿te gustaría participar?, ellos, antes de devolverme su voz, transitan con su cuerpo y su mirada hacia lo que contiene la acción en  su segundo momento: el rechazo.

La novia deja de ser el objeto de toda seducción y transita a ser el objeto-frontera pues ellos no sabían donde ubicarme cuando escuchaban el tono grave de mi voz, pero por supuesto lo asociaban a lo masculino. Esto producía que sus deseos se ubicaran en el rotundo ¡No! y que la participación fuera escasa.

Creo que este fue el primer momento fuerte para hacer un análisis de lo que sucedía pues estaba era un reflejo de cómo actúa la masculinidad frente a los trans* en la sociedad; de cómo nuestros cuerpos siempre son colocados en una frontera desde lo masculino; es lo que se contempla pero es intocable y prohibido, a menos de que se trate de un espacio privado ¿cómo es que un hombre no puede expresar sus afectos de manera pública? ¿a qué invita el cuerpo de una mujer trans cuando decide mirar? ¿cuál erotismo y cuáles afectos? Son tantas las preguntas que me surgían cuando las miradas cambiaron.

Tercer movimiento: Tocarnos. Recuerdo que mis deseos eran hacer que sucediera lo imposible y que pudiéramos transitar al tacto. Para que esto sucediera mi acercamiento fue diferente, pues transite de la pregunta a la intuición. Volví a caminar lento, comencé a mirarles fijamente y cuando mi mirada conectaba con la de uno de ellos me acercaba para devolverles mi voz desde otro lugar: “desde lejos conecté contigo y tu energía, me pregunto si te gustaría participar”, argumenté. Hablar de la energía y reconocerla va a ser muy importante para mí y para ellos, pues supuso otra manera de comunicarnos y de reconocer que eso es lo que nos podía guiar a transitar por la performance, el afecto, ellos tomaban una postura de confusión pues deseaban confirmar que su energía podía desatar un amor diferente entre nosotros pero aún el miedo continuaba, pues hacerlo público frente a todos los demás hombres que contemplaban no era una tarea fácil.

Esto nos dio la posibilidad de entablar un diálogo cercano y afectivo para plantear nuestras dudas. Recuerdo que pudimos hablar de cómo en esta sociedad el cuerpo de una mujer trans* se encuentra en una frontera entre la violencia y el deseo y las múltiples maneras en que confronta la masculinidad ya que supone una nueva manera de mirar la feminidad, pero también la masculinidad y los vínculos afectivos. Los chicos me hablaron del temor que sentían por ser vistos públicamente como personas cercanas a la diversidad y lo poco que conocían del tema más allá de la broma imperante donde sí aparecemos como objeto de burla y humillación.

Yo les compartí mi sentir y como para mí esta performance desmontaba todos esos prejuicios y estereotipos referidos a la feminidad trans* ya que invitaba a situarse en otro lugar para sentir lo trans*; es decir, acercarse de manera afectiva y corporal a mi propia experiencia para fugarnos de esos entramados sociales que dan como resultado la acción violenta hacia las mujeres. Al mismo tiempo hablé de cómo los afectos tenían que ubicarse en otros lados más allá de lo sexual desbordante, ¿En qué otro lugar están los afectos? Los afectos son una posibilidad pedagógica de transformación, una manera erótica de des-aprender y aprender ya que nos permiten construir nuevas realidades y maneras de comunicarnos con y desde nuestros cuerpos que han estado borrados de toda construcción de conocimiento (pienso, luego existo), entonces, era el momento preciso para comunicarnos afectivamente y fugarnos a otra realidad que no estuviera mediada por lo sexual o la humillación sino por el reconocimiento de nuestras historias y múltiples posibilidades de transformación colectiva.

Última reacción: Transitar juntxs. Cuando sucedía la acción táctil, los chicos buscaban una tarjeta de invitación en la pecera, cada tarjeta tenía una pregunta y una invitación afectiva, puntualmente a tocar mi cuerpo. Esta nueva forma de comunicarnos permitió que los chicos cedieran al afecto como acción de-constructora y transformadora aunque sus cuerpos aún se encontraban tensos por hacer pública una relación de diálogo afectivo con una mujer trans*. Desde el primer chico que decidió ser partícipe, uno tras otro sentía curiosidad por saber que decían aquellas tarjetas escondidas que tenían mis manos y entonces iniciaba el proceso entre respuestas, caricias, abrazos y una novia en acción en aquella enorme facultad .

Ejemplos de invitaciones:

¿Qué significa para ti ser hombre? Díselo a la novia en secreto.

¿Por qué decidiste estudiar ingeniería? Levántale el velo a la novia y dale un beso en la mejilla

¿Qué piensas de las mujeres trans? Contesta mientras acaricias la espalda de la novia.

¿Qué piensas de la desigualdad que existe entre hombres y mujeres? Acaricia el pecho de la novia mientras respondes.

¿Qué significa para ti vivir como hombre? Termina con un abrazo para la novia.

¿Qué sientes en este momento? Acaricia la parte de tu cuerpo que menos te gusta pero en el cuerpo de la novia

Esta performance inaugura una etapa en mi vida como artista visual y performancera feminista; pues fue el inicio de mi paso por la Academia de San Carlos en la UNAM y sobre todo, lo que detonó mi intima conexión con la feminidad y el espacio público como sitio de transformación colectiva. Al mismo tiempo me permitió comenzar mi trabajo pedagógico desde los afectos y las emociones como esa posibilidad de aprendizajes colectivos que están encaminados a construirnos como seres libertarios en constante crítica y acción.

Por otro lado, cuando hablo de la feminidad, me refiero a una feminidad incómoda o difícil de entender a simple vista como una propuesta nueva y de crítica social feminista, pues resulta complejo pensar que devolvernos a esas figuras construidas por el patriarcado sea portarlas tal y como son en su composición visual, o que tengamos una fascinación personal por aquellas construcciones de la feminidad vinculadas a la repetición de un patrón que desde el feminismo se ha intentado cuestionar y dinamitar, pero recuerden colegas ¡Caras vemos, historias de vida no sabemos!.

Hay que precisar que en el arte feminista latinoamericano, como nos invita a pensar Julia Antivilo, han sido muchas las artistas que hemos utilizado el recurso del vestido de novia para hacer una crítica fuerte al ritual del matrimonio y el papel que juegan las mujeres dentro de este rito de paso, cada una desde su propia historia y de múltiples formas artísticas. Algunos ejemplos han sido Lorena Méndez (La Novia, 2009), Sandra Martí (Descasamiento, 2009), Fru Trejo (Nupcias, 2012) María Romero (La Novia de Culiacán, 2015) y María Eugenia Chellet, entre las más destacadas.

Por supuesto que el vestido de bodas es un recurso muy utilizado en el arte del performance, como me dijo un profesor en la escuela de artes ¡Eso ya esta muy visto!, y sí, pero me agrada pensar que cada una lo aborda desde su historia personal y que cada acción tiene objetivos muy distintos, eso sucede cuando una hace el ejercicio de escucha y se da cuenta de que sigue existiendo una necesidad por salir del ritual como nos lo han transmitido a lo largo de la historia, por eso este recurso sigue siendo importante y necesario portarlo.

Por otro lado, la artista feminista Liz Misterio en su investigación sobre el ritual de paso de la quinceañera en México, nos ha enseñado de una forma muy certera y generosa que es necesario construir otros rituales, con todo y nuestra historia, pero también, propone que si es necesario pasar por el ritual, tal y como es, en un primer momento, para después de-construirlo, lo podemos hacer, y colectivizar. Esto, creo que es lo rico del ritual, que colectiviza, convoca y construye memoria, por lo tanto archivo.

En mi caso, al legitimar mi vida y mis prácticas artísticas desde el feminismo siempre fue incómodo que apareciera en mis acciones vestida de novia, pues al ser una mujer trans* se esperaba otra cosa lejana al hecho de querer portar estas figuras de la feminidad patriarcal con ese gusto tan particular (la novia, la quinceañera y la sirena); al inicio para mis colegas feministas parecía como una reproducción de esa feminidad impuesta por los siglos de los siglos, o como una manera de transitar a la opresión de lo femenino. Hay que decirlo como es; la figura de la novia sigue siendo incómoda e implica un mandato fuerte que debemos romper, pero ¿hasta donde se extiende la propia voz para ser escuchada? ¿Cómo trascendemos lo visual y nos colocamos en la historia de la otra de manera sensible? ¿cómo respetar los procesos y tiempos de cada una respecto a la de-construcción?

Cada una comparte su historia en la performance feminista; sus deseos, inquietudes, temores y utopías, como dice Josefina Alcázar, la performance es la biografía de las artistas puesta sobre el espacio; una especie de entrega que se extiende a las otras y trasciende. Para mí vestirme de novia significa hablar de mi compromiso íntimo de transitar y apropiarme de mi feminidad. También tiene que ver con compartir un deseo prohibido que finalmente pudo ser posible en mi biografía. Creo que las prácticas artísticas feministas tienen ese potencial de ubicar la transgresión y la crítica en otros puntos que van más allá de la imagen.

Una posibilidad es transgredir la imagen, pero otra muy potente es transgredir las prácticas, no importa si nos vestimos de novia y nos maquillamos la cuerpa, tal vez lo deseamos profundamente, como si fuera el día más esperado de una mujer, el hecho de hacerlo cuando nosotras queremos y no cuando nos dicen es ya por sí misma una transgresión y una crítica al ritual y a los arquetipos, imagínense las bellas y políticas implicaciones que tiene vestirnos de novia porque queremos y cuando queremos y no porque estamos comprometidas con un hombre o porque nuestra familia lo desea. Decidimos nosotras donde, como y cuándo.

Desplazar esta figura nupcial y nuestra historia personal con ella a la cárcel como en el caso de Lorena Méndez que plantea nuevas pedagogías en el espacio penitenciario, a las escalonitas de las catedrales mexicanas en la acción de María Romero como una forma de salir del encierro católico, a la iglesia misma para después salir casada consigo misma como Fru Trejo, o cortar con sutil y amorosa energía el vestido de Sandra en manos de sus amigas y compañerxs para re-semantizar el ritual, es desplazar el imaginario social del ritual del matrimonio a una crítica feminista que descentraliza el verdadero quehacer de la novia y la ubica como puente de comunicación con otras realidades transformativas y sobre todo con otras historias del arquetipo femenino.

Son aquí nuestras prácticas estéticas y pedagógicas las que permiten pensar a la novia de otro modo, aunque continúe vestida de blanco; somos novias en acción, y no en sumisión. Nos entregamos a nosotras mismas y nos casamos con nuestra historia para después compartirla y fugarnos juntas a un mundo otro: raro, sensible, femenino y donde nuestros deseos crecen desde la raíz al punto más alto.

Levantamos nuestro velo para darle la cara a esta sociedad machista, inundada de violencia hacia las mujeres libres y libertarias que enseñamos vida y color, somos esas mujeres que con nuestra libertad detonamos incomodidad pero también justicia, propia y colectiva, somos nosotras las que nos damos el SI radical, porque somos amables, amables porque sabemos a(r)marnos, tenernos y celebrarnos por los siglos de los siglos.

PARA TODAS, UN GRANDÍSIMO SÍ, CON TODO MI AMOR.

 

Fotógrafxs de las acciones:

Lia García: Liz Misterio.

Fru Trejo: Archivo del proyecto Nupcias.

Lorena Méndez: Archivos La Lleca.

Sandra Martí: Alejandro López Saldaña y Sandra Martí.

Maria Romero: Nelly Sánchez.

Patrón: Archivos Lia García.

[divider]

Lia García. Nació en el año de 1989. Es originaria del sur de la Ciudad de México donde actualmente reside. Es defensora de los derechos humanos de las personas trans* y aprendiza feminista.

Estudió Pedagogía y Artes Visuales en la Universidad Nacional Autónoma de México realizando la investigación Puede besar a la novia: la experiencia del cuerpo trans* como una pedagogía afectiva en la cual trabajó los cruces entre la pedagogía radical, el feminismo de los afectos y los cuidados así como los estudios de performance.

Abrir publicación

Besar para conocer – dos video acciones de Jessie Jack

En la obra de Jessie Jack el besar es sinónimo de explorar y de adquirir un conocimiento de los otros y de si misma a través de las redes intersubjetivas que tejen los actos afectivos.

Fill me in

Acción para video

2012

Pero yo te quiero

Registro de performance

2012

[box type=»shadow» ]Jessie Jack (Noruega)

Puedes ver más de su obra aqui: http://jessiejack.tumblr.com/[/box]

Abrir publicación

Entrevista a Katnira Bello en relación a su serie fotográfica Juillet 1976

Por César González-Aguirre

El cuerpo, la mirada y el deseo son perfectamente
naturales e inherentes a nuestra vida diaria.
Están ahí ¿Por qué no usarlos como tema?

Katnira Bello

El mirar se identifica tradicionalmente con conocer. En algunos casos, tanto el beso como la mirada, son ambos actos de reconocimiento, de ecuación y de comunicación absoluta.

César González – Aguirre: ¿Qué proyectos previos te llevaron a realizar tu serie Juillet 1976?

Katnira Bello: Hago arte acción y fotografía desde hace 17 años. Creo que inevitablemente iba a llegar a un proyecto donde el cuerpo fuese el tema central de una serie fotográfica. Juillet 1976 fue el encuentro de varios intereses personales de creación y estudio. Aunque me di cuenta de eso hasta que la había terminado. No llegué a partir de un proyecto anterior, fue el azar de encontrar una revista de fotografía que coincidiera con mi fecha de nacimiento y entonces tuviera el deseo irrefrenable de tener que producir algo a partir de ella. La premisa era utilizarla como detonante creativo dentro de un proceso, se me fueron ocurriendo varias opciones, Juillet 1976 es la final.

De la serie Juillet 1976 (2009), Katnira Bello.
De la serie Juillet 1976 (2009), Katnira Bello.
Dans un train surchauffé (1976), Jeanloup Sieff. Publicada en la revista PHOTO no. 106 Julio 1976.
Dans un train surchauffé (1976), Jeanloup Sieff. Publicada en la revista PHOTO no. 106 Julio 1976.

CGA: ¿Qué tipos de imágenes y formas de representar están presentes en la revista de los años 70, de la que partes, y cuáles están presentes en tu serie fotográfica que fue realizada recientemente?

KB: La revista PHOTO era emblemática para el trabajo fotográfico en esa época, era referente y guía. Existían pocas revistas fotográficas entonces. Este número, el de julio del 76, es casualmente un número dedicado en específico a los Maestros del Erotismo; en general la revista no sacaba números temáticos sino más bien heterogéneos. En este número especial, todas las fotografías representan un erotismo partiendo desde distintos puntos de vista, desde la ensoñación hasta lo lúdico surrealista. Un erotismo que para nosotros es casi de manual pero que proviene precisamente de esa época, se consolidó en ese entonces y luego se ha reiterado.

En la revista se representa la belleza del cuerpo femenino en el canon y esquema cultural de la época, desde una visión masculina setentera. En mi serie se presentan cuerpos masculinos que no corresponden a ningún ideal de belleza específico, son hombres comunes, personas que considero 100% reales y no un ideal inexistente.  Se encuentran en espacios mucho más sencillos y cotidianos (es decir, los cánones de mi época); representan una búsqueda hacia el imaginario erótico femenino difícil de precisar partiendo de mi visión personal. Algo importante es que forcé bastante menos la postura de los modelos, evité los escorzos -exceptuando un caso- para hacerlos un tanto más naturales, aunque por supuesto estando en situaciones que no corresponden a la vida cotidiana sus posturas tampoco lo son.

Hay una foto de Jeanloup Sieff, tomada en un pasillo vacío de un tren en París, ahí se encuentra inclinada una mujer de espaldas, usando únicamente unos calzones que baja mientras mira hacia la cámara. Pensé en hacer mi versión en un espacio semejante y elegí las escaleras de un teatro, donde un hombre sube mientras baja su ropa interior y mira a la cámara, pero su postura es erguida.

En contraste con esta operación, está una foto de Christian Vogt que muestra solamente de la cintura a media pierna, a una mujer acostada sobre un mosaico, masturbándose con un tubo de metal. La foto que yo hice conserva el concepto: alguien dándose placer con un objeto que simbólicamente representa los genitales del/la ausente. Abrí el encuadre desde el cuello hasta el tobillo para mostrar una erección provocada por un par de rosas blancas sobre sábanas blancas. La idea es la misma, pero el resultado visual es muy diferente.

De la serie Juillet 1976 (2009), Katnira Bello.
De la serie Juillet 1976 (2009), Katnira Bello.
Fotografía de David Hamilton. Publicada en la revista PHOTO no. 106 Julio 1976.
Fotografía de David Hamilton. Publicada en la revista PHOTO no. 106 Julio 1976.

CGA: ¿Cómo fue el proceso para elegir qué hombres participarían en el proceso creativo de tu serie?

 KB: Sencillísimo. Nunca había fotografiado hombres para un proyecto, solo mujeres (ya fuera vestidas o desnudas) y objetos, cientos de objetos. Así que recurrí a lo que recurrimos todos cuando necesitamos solidaridad y apoyo: a los amigos. Era un experimento para mí y quería realizarlo con personas con las que me sintiera cómoda, en parte porque no sociabilizo con facilidad y porque a los amigos les puedes proponer jugar contigo y lo harán, o te dirán honestamente que no quieren hacerlo. Con un modelo contratado para posar, el proyecto hubiera sido imposible, así es que busqué entre los amigos más cercanos, no todos dijeron que sí pero la mayoría accedió a participar.

CGA: ¿Cuál es tu interés en que algunas de las fotografías de la revista PHOTO, sean seleccionadas y actuadas posteriormente bajo tus interpretaciones, por personas cercanas a ti?

KB: La revista de la que parto está llena de mujeres fotografiadas por hombres. Yo pensé en realizar la operación inversa, ser una fotógrafa retratando a hombres como espacio central de una contemplación femenina.

Ahora bien, no quería que fueran simples modelos repitiendo posturas, sino que fueran parte del proceso de la obra. Quería subvertir por entero el tema del erotismo, que el deseante fuera el deseado. Tenía que convertir a mis modelos de observadores a observados. Para ello necesitaba saber qué fotografías les resultaban eróticas a ellos y partir de la elección de sus deseos eróticos, en una charla previa les mostraba la revista de manera casual para luego preguntarles qué foto les parecía la más erótica. Luego analizaba e interpretaba desde qué conceptos estaba trabajando el fotógrafo y pensaba en mi equivalente. ¿Cómo resolvería yo la misma pregunta, con qué elementos, en qué entorno, o bien cómo la hago pasar al otro lado del espejo?

De la serie Juillet 1976 (2009), Katnira Bello.
De la serie Juillet 1976 (2009), Katnira Bello.
Fotografía de John Thornton. Publicada en la revista PHOTO no. 106 Julio 1976.
Fotografía de John Thornton. Publicada en la revista PHOTO no. 106 Julio 1976.

CGA: ¿A qué público va dirigida tu serie?

KB: A todos. Prefiero que  sean mayores de 12 años o bien, que si son más jóvenes «estén acompañados por un adulto coherente» que pueda resolver sus dudas. El día de la inauguración descubrí a una niñita de ocho años entre las fotos, la hija que no conocía de unos amigos, su mamá le explicaba qué estaban haciendo los modelos: encontrándose con otro yo, jugando con una muñeca, caminando. Veían detalles de la composición. El cuerpo humano es lo más natural que tenemos. Nacemos con él y nos vamos cuando deja de funcionar, nada más simple que ello. Esta serie fotográfica es para cualquiera dispuesto a mirar. En especial me interesan las mujeres como público pero me encanta la idea de que la vea todo mundo, los abuelitos sobre todo, que creen que una mujer joven desnuda es hermosa y un hombre desnudo una barbaridad.

CGA: Siendo la serie una captura de atmósferas íntimas, ¿qué papel adquieren al ser exhibidas de una forma pública?

KB: Siempre fueron pensadas para exhibirse. Creo posible que el espectador se involucre con la atmósfera de las imágenes, que sienta espiar un momento íntimo, pero eso varía de persona en persona. Pocas fotografías sobre hombres se refieren a la intimidad, también era un tema que me interesaba. Algunas son divertidas o juegan con el absurdo, espero que a alguien le arranquen una ligera sonrisita. Al ser exhibidas públicamente creo que también adquieren el estatuto de algo sobre lo que se puede dialogar abiertamente.

CGA: ¿Qué lugar ocupa la contemplación en tu serie y en tu vida?

KB: Cuando era niña mi familia pensaba que tenía flojo algún tornillo porque podía pasar horas contemplando cualquier tontería: la tela de la cortina, los mosaicos del piso, el interior de un vaso vacío, una pila oxidada, la punta de un lápiz. Me es muy natural perderme en la contemplación. A menudo me preguntan “¿Qué piensas?” y respondo “Nada, solo estaba mirando”, y es verdad. El arte justo es para mirar y que algo suceda con quien mira, una reacción por más pequeña que sea, trastoca por un momento lo cotidiano. En el caso de la serie, el proyecto es circular, inicia y concluye con imágenes para contemplar por puro placer estético. No en busca de la excitación sexual sino de la placidez visual. Los hombres también deben ser algo digno de ser mirado.

De la serie Juillet 1976 (2009), Katnira Bello.
De la serie Juillet 1976 (2009), Katnira Bello.
08-SIEFF-(1)
Dans une chambre presque vide (1974), Jeanloup Sieff. Publicada en la revista PHOTO no. 106 Julio 1976.

CGA: ¿Es importante crear representaciones del cuerpo masculino actualmente?

 KB: Seguro que sí. Aún no somos cyborgs, así es que el cuerpo humano sigue siendo tema de nuestra existencia corpórea, sensual y sexual. Eros y Tánatos residen campechanamente en nuestro cuerpo, a la par. Tendemos a pensar el cuerpo como tema intrascendental porque creemos que es algo ajeno a nosotros que somos mente y espíritu, que somos construcción cultural y no animalidad, que somos civilización y no pulsión. Pero lo cierto es que somos todo lo anterior interactuando simultáneamente.

En cuanto al cuerpo masculino en particular, sí, me parece importante. El imaginario erótico se ha elaborado principalmente desde la mirada masculina, para el consumo masculino (independientemente de las preferencias sexuales).

Es curioso, pero es un campo poco explorado, especialmente desde la mirada heterosexual femenina. Un tema poco tratado… sí, ellas también gustan de mirar pero no necesariamente buscan perfección. Creo que hace falta hablar del placer femenino, y ahí estarán incluidos cuerpos humanos con seguridad. Por otro lado, en una época de homogenización mediática creo necesario también hablar de cómo son los cuerpos masculinos que no son rubios y «perfectos».

El cuerpo masculino como espacio de contemplación estética no tendría por que ser un tema extraño ni viejo; a todas las personas, independientemente de nuestro género y preferencia sexual, nos gusta deleitarnos observando. Existen muchas barreras que deben continuar derribándose. Es necesario hablar del tema, de los tabúes e ideologías que niegan el interés de la mujer sobre la imagen de los hombres.

CGA: ¿Dónde se ha exhibido esta serie?

 KB: La primera vez en Guadalajara, como parte de la exposición colectiva Jóvenes Creadores en 2009. Como exposición individual la serie se presentó en julio del 2012 en la galería Casa del Tiempo, de la Universidad Autónoma Metropolitana. También fue publicada una selección de las fotografías en Literal, gaceta de literatura y gráfica en 2011. Ese mismo año mostré la serie a través de un video para la exposición colectiva “Bataclán”. Quise también exponerla en provincia pero les pareció algo grosero el tema.

CGA: ¿Cómo decidiste el formato de exhibición y distribución de tu serie? ¿Influyó en algo el formato editorial, donde se encontraban tus referentes?

KB: En un principio pensé en hacer una especie de revistita. La primera vez que expuse las imágenes estaban en un formato de plancha de impresión, como si fuesen los pliegos que saca la imprenta antes de cortarlos. Pero resultaba poco comprensible para mucha gente que desconoce cómo se hacen libros y revistas. Finalmente me decidí por impresión en papel fotográfico para exhibición. Aunque la idea de hacer una pequeña publicación sigue gustándome.

CGA: Partiendo de algunas formas de mirar a los cuerpos de sus modelos, que se manifiestan en las imágenes de los fotógrafos incluidos en la revista referente:

David Hamilton: mira al cuerpo como inocente – indefenso

Christian Vogt: mira al cuerpo como objeto – mero asunto formal

Jeanloup Sieff: mira al cuerpo como fetiche

Duane Michals: mira al cuerpo como narración

John Thornton: mira al cuerpo como consumo / formato editorial

Lewis Carroll: mira al cuerpo como proposición

… me gustaría preguntarte ¿qué formas en las que miras a los cuerpos ajenos, detectaste al llevar a cabo esta serie? 

KB: Lo primero es que estaría en desacuerdo contigo. Mostrar exactamente lo que miro desde mi perspectiva sería trabajo documental. Un fotógrafo no mira un cuerpo como _______, sino que lo convierte en ________ a través de su lente para que entonces tú lo mires así. Pensando en mi trabajo anterior, no miro los juguetes como personajes, tampoco veo los objetos cotidianos como algo que desborda el espacio, no veo el paisaje con relatos que le flotan encima; pero quiero que tú sí lo mires así, esa es mi intención.

De cualquier forma el espectador siempre va a interpretar de acuerdo a sí mismo, vi el trabajo de cada autor en la revista y a partir de ello retomé o contrapuse los conceptos, estilos. Cada uno mira el cuerpo como belleza a ser mostrada, pero cada uno utiliza una operación muy diferente para lograrlo. En la selección fotográfica que aparece en la revista, David Hamilton hace una oda a la juventud y al halo de ensoñación que la envuelve, te convierte en espía de atmósferas sencillas pero muy íntimas. Christian Vogt muestra fragmentos, detalles, de mujeres auto erotizadas entre agua y vapor; una declaración sin tapujos sobre la sensualidad. Jeanloup Sieff tiene la capacidad de convertir un lugar común o cotidiano en un espacio irreal colocando en perfecta armonía a la modelo en él. Duane Michals usa el cuerpo como excusa para el desconcierto, quizá incluso como crítica a la vanidad. John Thornton juega con una narrativa a medio camino entre la publicidad y lo ilustrativo. Helmut Newton es intenso, es muy fuerte la presencia del cuerpo. Por último Lewis Carroll creo que no estaba trabajando con cuerpos como tales sino con personajes, sus fotos son retratos cargados de vitalidad.

La forma en la que miré los cuerpos durante la realización de la serie fue ante todo como una presencia a dialogar con el espacio, incluso como un problema a resolver pues tenía que decidir qué haría con ellos dentro de las composiciones, ¿cómo subvertir a través de su presencia la mirada culturalmente amaestrada del espectador?

¿Cómo quería que los vieran y en qué quería convertirlos? En personajes de una historia que resulta inaccesible pero de la que tenemos un atisbo, quería convertirlos en una pregunta sobre la mirada, la belleza y el deseo.

CGA: ¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?

KB: Estoy preparando el trabajo que llevaré a cabo próximamente en una residencia de dos meses en el Banff Centre en Canadá, será un cuerpo de obra que incluye arte acción, video, fotografía, instalación, objeto y un par de piezas sonoras. El tema central es el bosque y mi relación con éste a partir de la  buenísima chilanga que soy. Ese proyecto me tiene absorbida, incluso aunque está en fase de apuntes-bocetos-rayones-cambios de opinión.

[box type=»shadow» ]Katnira Bello (México, 1976). Licenciada por la Escuela Nacional de Artes Plásticas, UNAM. La mayor parte de su obra se centra en procesos que culminan formalmente en arte acción, fotografía o video. A la par de su trabajo como artista ha colaborado en la gestión y desarrollo de diversos proyectos culturales; combinando labores curatoriales, organizativas, museográficas, administrativas y editoriales, entre otras. Ha presentado su obra en México, Canadá, Suecia, Venezuela, Argentina, Brasil, Colombia y Japón. Ha sido Becaria de los programas Residencias Artísticas, Jóvenes Creadores, Educación por el Arte, Fomento a Proyectos y Coinversiones Culturales del FONCA; del Programa Artes por Todas Partes de la Secretaría de Cultura del GDF y de la Residencia Artística PAIN 2011 en Norbotten Suecia.[/box]

Navegación de entradas

1 2 3 33 34 35 36 37 38
Volver arriba