En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, cientos de mujeres y hombres se manifestaron del Monumento a la Madre al Hemiciclo a Juárez de la capital del país, para señalar que nada o muy poco a cambiado en el respeto a las mujeres, pues muchas de ellas siguen siendo violadas, asesinadas, golpeadas, despedidas de su trabajo y humilladas cotidianamente.
La marcha fue encabezada por Norma Andrade, fundadora de la organización Nuestras hijas de regreso a casa, quien desde hace trece años busca justicia por el asesinato de su hija Lilia Alejandra y por miles de mujeres desaparecidas en Ciudad Juárez. Además se encontraba Yakiri Rubio, la joven que apenas el 5 de marzo salió de prisión acusada de exceso de legítima defensa en agravio de Miguel Angel Ramírez quien la violó, junto con su hermano, en un hotel de la colonia Doctores.
La marcha salió a las cinco de la tarde a paso lento. El grueso del contigente estuvo integrado por diversas organizaciones de mujeres y líderes feministas de distintas épocas: mujeres activistas sobrevivientes del 2 de octubre de 1968, madres de las y los jóvenes desaparecidos en un antro de la Zona Rosa el 26 de Mayo del 2013 – hecho conocido como el caso Heaven-, el Comité Ciudadano para la Libertad de Yakiri, la organización Pan y Rosas, el movimiento Rosas Rojas, estudianes de escuelas rurales y decenas de jóvenes, muchas de las cuales salían a la calle a marchar por sus derechos por primera vez.
De morado y rosa, pancartas y mantas mostraban mayoritariamente solidaridad con Yakiri, cuyo caso fue muy sonado en meses recientes en las redes sociales y algunos medios de comunicación. Había también las que exigían la libertad de todas y todos lo presos políticos, en especial la de Nestora Salgado, comandanta de las policía comunitaria de Guerrero, acusada de secuestro y de obstrucción a las vías de comunicación.
La marcha llegó al Hemiciclo, que estaba cercado con tiras de plástico amarillo para limitar o impedir el paso, pero integrantes de varias organizaciones las quitaron sin problemas y se dio inicio a la participación de las oradoras.
La Mamá de Yakiri señaló: “No tenemos nada que celebrar hasta que no haya ninguna mujer asesinada o violentada, – y recordó- Yaki no está complentamente libre, pues se encuentra en libertad condicional”. Cerró agradeciendo a todos los colectivos y personas que se organizaron para conseguir que su hija esté fuera de prisión.
Una de las madres de hijos desaparecidos del casoHeaven, denunció la falta de resultados creíbles en las pesquisas de las autoridades capitalinas para dar con el paradero de sus hijos e hijas y señaló que seguirán luchando hasta encontrales.
La activista Norma Andrade, en su intervención durante la concentración, manifestó que “ya son 13 años de buscar justicia para mi hija y nada (ha sucedido) ya que el asesino sigue libre, porque tenemos un gobierno de porquería. En vez de hacer justicia me han amenazado, me piden que me esconda como si fuera un delincuente, pero no tengo porqué hacerlo, pues lo único que pido es que se acabe la violencia contra las mujeres, y esto lo vamos a lograr hasta que los hombres cambien y aprendan a respetar”.
José Luis Rubio, padre de Yakiri, señaló que fue una proeza la liberación de su hija, pues “el juzgado 68 tenía un cochinero en el proceso y gracias a nuestra abogada se logró que se rectificaran los criterios de aplicar la justicia. Pero eso gracias, además, a todas y todos los que nos movimos en las redes sociales y al apoyo que recibimos tanto nacional como internacionalmente. Eso en la familia lo agradecemos mucho”.
Y reflexionó: “Tenemos que cambiar como hombres. Nos enseñaron a tratar mal a las mujeres. Tenemos que reaprender pues a veces se nos olvida que venimos de una mujer”.
Por último, Yakiri Rubio cerró: “Gracias a los que me apoyaron aún sin conocerme. Quiero que sigamos pues allá adentro (en la cárcel), siguen muchas mujeres presas injustamente igual que como estaba yo”.
El término Onanismo tiene su origen bíblico en la relación que tuvo Onán con la viuda de su hermano, Er: al tener que casarse con ella como disponía la ley, Onán debía, además, concebir un hijo que tuviera el mismo nombre que el hermano muerto.
Onán, renuente a esto, decide ir contra el designio divino, y riega su semen sobre la tierra, por el cual, Jahveh le hace morir.
De esta manera, el término onanismo se refiere tanto al coito interrumpido, como a la masturbación: ambas designan una resolución del sexo, ajeno a la reproducción.
Por ello, este número va dedicado a las múltiples maneras de reconocimiento de las capacidades para darnos placer por propia mano: el autoplacer como acto de definición de un cuerpo que nos pertenece, y sobre el cual debemos ejercer una sexualidad libre, ajena a las necesidades de su reglamentación como acto de producción necesario: de reproducción, pues.
Entrevistamos a la artista española Manuela Torres García para conocer un poco más sobre su proceso creativo y las ideas detrás de sus obras que ejercen una siniestra seducción en el espectador, a la vez que levantan cuestionamientos sobre las sexualidades femeninas que escapan a la normalidad.
Liz Misterio.- Tu serie se llama Histéricas, ¿Por que decides emplear éste termino que refiere a la patologización del deseo femenino?
Manuela Torres.- Elegí el título Histéricas para dar nombre a una serie de pinturas y dibujos que he ido desarrollando más o menos entre 2008 y 2011. Todo empezó cuando cayó en mis manos un libro muy interesante, La invención de la histeria, de Georges Didi-Huberman, que me fascinó. Actualmente utilizamos de forma habitual el término “histeria” para referirnos a una situación inusual de gran agitación o miedo (como por ejemplo “histeria colectiva”), o el adjetivo “histérica” para describir a una mujer que reacciona o actúa de modo “excesivamente emocional”, que llora, grita, se expresa sin comedimiento, que está nerviosa, que se ríe desmesuradamente… resumiendo, que no respeta la norma social en lo que a expresión de emociones se refiere.
En principio, me interesaba comparar el uso actual del término y el uso que se le dio a partir de su nacimiento como enfermedad, allá por el siglo XIX. Aunque más bien se trataba de un síndrome, es decir, de un conjunto de síntomas, sin que en ningún momento el estamento médico-científico haya podido “aislar” el elemento responsable de la histeria (como ocurre ahora con el SIDA, por ejemplo). Y me interesaba también cómo la histeria se definió en aquel momento a partir de una patologización de la sexualidad de las mujeres, ya fuera por exceso, por defecto o por el simple hecho de ser mujeres.
Este libro me abrió los ojos a un mundo que me fascinó de inmediato: por un lado, la construcción histórica de la histeria desvela cómo los distintos aparatos de poder trabajan al unísono para construir y modificar nuestras condiciones de vida, y por otro lado, cómo las personas inventamos estrategias y encontramos recursos para hacer vivible la existencia. En el caso de la histeria, se unieron el aparato médico-psicológico y el visual. Charcot, el médico que intenta definir y clasificar las fases y características de la “enfermedad”, ideó un hospital (La Salpetrière, en París) que funcionó como un auténtico museo científico viviente. Disponía de salas de fotografía, para inmortalizar a las enfermas en mitad de sus ataques, y de un anfiteatro que funcionaba como aula donde los alumnos podían presenciar estos en directo; además, escultores profesionales obtenían moldes de los cuerpos de las mujeres in situ para obtener reproducciones de escayola, así como dibujantes.
Algunos de los absurdos tratamientos que se les aplicaban consistían en hacerles oler materias malolientes, comer porquerías o escuchar sonidos insoportables (con el fin de calmar al útero, fuente de histeria); otros consistían en los conocidos masajes vaginales y clitorianos, ya fuera con los dedos, con chorros de agua o con aparatos (naciendo así el vibrador en su forma arcaica), es decir, la aplicación de orgasmos controlados.
Todo este rodeo es necesario para poner en claro cómo nace la idea de las pinturas y dibujos que componen Histéricas. El primer cuadro de la serie, aún sin haber decidido pintarla, lo realicé en España, poco antes de irme a vivir a París, donde inesperadamente en una exposición me topé con unas fotografías antiguas de mujeres internadas en La Salpetrière. Me impactaron tanto que a partir de entonces me centré en este proyecto.
Me interesan mucho aquellas histéricas rebeldes, que a menudo aparecen burlonas o desafiantes frente a la cámara, que saltaban por la ventana, que seducían a médicos y estudiantes, que desplegaban sus ataques de histeria como coreografías bien aprendidas para que las dejaran en paz, conocedoras de la mentira que se les atribuía… Ancianas, putas, vagabundas, mujeres que rechazaban el matrimonio, otras que querían vivir solas, las que tenían una vida sexual demasiado intensa… todas convivían en el sanatorio, como un cajón de sastre que para muchas se convirtió en una prisión, de la que ya no salieron con vida. El proyecto Histéricas nació porque me sentía heredera de ese desdén y de esa burla, y al mismo tiempo del drama de sus vidas y de su rabia. Así que decidí dar salida a estas contradicciones por medio de la pintura, tomando como referentes algunas imágenes de la época y otras de personas de mi entorno, mezclándolas con elementos del presente, preguntándome a qué tipo de mujeres y cuáles de sus prácticas sexuales se tacharían hoy de histéricas. Y además he querido incorporar un componente irónico, como una especie de guiño u homenaje a las histéricas del pasado, porque ellas lo sabían, sabían lo absurdo que era todo aquel montaje… como los montajes que nos construyen la vida ahora.
Hysterical 6
LM.-Tus personajes a primera vista lucen inocentes, incluso infantiles, pero paradójicamente en sus actitudes rompen con éste estereotipo y se perciben deseantes y desafiantes ¿De donde vienen estos contrastes?
MT.-Estos contrastes, no sé muy bien de dónde vienen, la verdad. Esta es una constante en todo mi trabajo, y sigo sin querer desprenderme de este recurso, aunque cada vez mis niñas son menos niñas, y las cabezas van dejando paso a los cuerpos enteros… Pienso que la vida está impregnada de ambigüedades, de contradicciones; por suerte en todo hay aristas y matices, y no me interesan para nada ni la objetividad ni las verdades absolutas, no me las creo, y la absoluta coherencia tampoco.
Me interesa ese “a primera vista” que señalas, porque es un engaño, una apariencia, un juego, y sin embargo a la vez es real; conozco gente que prefiere quedarse con eso y me parece estupendo, solo quiere ver la candidez o una belleza inocua; sin embargo considero que mi trabajo expresa más allá de eso, que hay que mirarlo varias veces y detenerse en él, y aun así a veces ni yo misma sé del todo lo que busco plasmar. Pero sí, rotundamente uno de mis objetivos es provocar algún tipo de cortocircuito o incertidumbre interpretativa. Es estupendo poder pintar a una “niña” que al mismo tiempo atrae y provoca repulsión; que resulta frágil y adorable pero que tiene muy claros sus deseos y va a por ellos sin pensárselo dos veces, que te mira desafiante, o incluso te amenaza, mientras estás pensando que es hermosa; es una libertad que solo me da la pintura.
LM.-¿Qué papel juega el BDSM en tu imaginario?
MT.- El BDSM para mí simboliza una herramienta para manejar los roles de poder en general, no solo sexuales sino los que se dan en todos los ámbitos de la vida. No siempre es posible, pero sí se puede trabajar sobre ellos, aprender y ser consciente del rol que tú misma estás jugando, a veces sin darte ni cuenta, y sobre todo para ser consciente de qué tipo de roles quieres o no asumir, qué límites estás dejando cerrados o abiertos… me parece un aprendizaje muy arduo.
A nivel del imaginario, me interesa porque evoca una carga bastante ambivalente, porque no están nada claros los roles de los personajes de mis cuadros, no se pueden delimitar claramente. También a un nivel puramente visual, me interesa incorporar elementos de la cultura BDSM para situar cronológicamente las escenas en el presente, en un presente de mujeres que los incorporan en su sexualidad.
LM.- Tus imágenes evocan a la movida postporno ¿Cómo te relacionas desde la pintura con éste movimiento?
MT.- Tampoco sé muy bien cómo me relaciono con el postporno, ni si se puede establecer una relación directa entre este y mis pinturas… Lo cierto es que he creado Histéricas en una etapa de absoluto fervor hacia la postpornografía, que acababa de descubrir. En 2009 pude presenciar algunas performances en directo, durante las jornadas Interferencias Viscerales, organizadas por Arms Idea en la universidad politécnica de Valencia. Me parecía increíble llegar a la facultad de bellas artes, como de costumbre, y encontrarme por allí a Diana J. Torres paseándose medio desnuda, a María Llopis, a Post Op… parecía el mundo al revés. Durante los días que duraron, aquel entorno habitual bastante gris y previsible se llenó de colorido y se convirtió en algo inesperado donde cualquier cosa podía pasar. A partir de aquí mi interés fue creciendo, y al final la investigación teórica sobre arte contemporáneo (otro de mis intereses), que había ido a hacer a Francia, terminó por centrarse en el postporno “español”. Y he de decir que despertó bastante interés y que estoy muy satisfecha de todo lo que aprendí en aquella etapa de trabajo frenético: escribir y pintar, pintar y escribir.
Y pinté a mis histéricas mientras estaba totalmente sumergida en el postporno: fotos, vídeos, poemas, jornadas, textos, cine… todo eso está presente en las pinturas. De alguna manera también me movía el deseo de plasmar estos descubrimientos a través de los pinceles, de abrir mis propios imaginarios sexuales y ver qué pasaba…
LM.- A menudo las obras que retan los cánones de representación de la sexualidad confrontan a las espectadores con sus miedos y sus deseos ¿ha habido alguna actitud de los espectadores o de la crítica ante tu trabajo que te sorprenda?
MT.- Sí, hubo quien me tachó de pederasta hace un tiempo, una persona con buena intención que trabajaba con niñxs abusadxs, y que en su rabia se equivocó de enemigo al que linchar… porque llegó a utilizar un lenguaje bastante violento hacia mí. No hubo manera de hacerle entender nada, así que desistí, cada cual que piense y que interprete lo que pueda o quiera… Esto por un lado me enseña que no se puede razonar con quien no quiere razonar, y por otro pienso en la verdadera caza de brujas que estamos viviendo ahora con todo este tema de la pederastia. En un clima como este alguien así te puede hacer mucho daño, pero finalmente esta interpretación se quedó en algo anecdótico que cayó por su propio peso. He de recalcar mi rechazo a cualquier tipo de abuso o de violencia hacia quien sea, niño, adultx o animal no humanx. Pero creo que en el fondo no se están poniendo los medios para que estas violencias desaparezcan, y que toda esta paranoia es una cortina de humo; las instancias poderosas están ocupadas con otros asuntos.
A veces aún me sorprende que, en general, mi trabajo suele tener una buena acogida. Esto quizás sea porque no es totalmente desagradable ni inquietante, por esa imposibilidad de no ver la parte hermosa que hay en él, la belleza, que por otro lado cada vez me interesa más encontrar.
Lo mismo expongo en salas de museo que en peluquerías o en sex shops, y esto que en un principio llegó a decepcionarme bastante, ahora me parece estupendo porque puedo llegar a más público y más diverso. Me gusta exponer en galerías, pero entra mucha menos gente, y no sueles vender porque tienes que inflar mucho el precio, ya que tu margen se reduce a la mitad, con suerte. Pero también me gusta exponer en restaurantes, porque hay más público y es un perfil mucho más diverso, y puedes hacer más accesible tu trabajo en todos los sentidos, aunque a menudo no cuentas con las mejores condiciones técnicas (iluminación, etc).
Dibujos Rurru Mipanochia, y textos de V de Vayaina
En la serie Caquita Mills Rurru Mipanocha (ilustración) y V de Vayaina (texto) exploran la complicidad de la relación entre texto e imagen. Tanto una disciplina como la otra tiene su propio lenguaje, pero al mismo tiempo, una imagen puede entenderse como texto porque se creó a partir de un contexto determinado, es decir un discurso.
Como bien decía Francisco H. Vázquez, teórico y ensayista chicano: “discurso es la relación simbiótica de poder y lenguaje”[1]. Es decir, la manera en que articulamos nuestros pensamientos a través del lenguaje está determinada por ciertos códigos que dictan qué es digno de externarse y cómo, y qué no puede -¡siquiera!- figurar en el imaginario colectivo.
El lenguaje a partir del cual se crearon tanto el texto como la imagen, deja salir las voces de aquellxs cuya presencia ha sido y sigue siendo censurada. En la imagen, por ejemplo, encontramos los colores turquesa que nos remiten a los códices en algunas construcciones antiguas, así como también osamentas y figuras que recrean el imaginario de las civilizaciones del México prehispánico. Civilizaciones destruidas con la llegada de occidente y por su propia avaricia, antes de la conquista.
Resulta innegable el hecho de que vivimos en un mundo revuelto, un México extraño lleno de tortillas con chile, tomamos vino, bailamos cumbia y cantamos en inglés. Occidente se nos metió hasta la médula al grado de nos distinguirlo ya de nosotrxs, hablamos español por default, y en la mayoría de nosotrxs tenemos el inglés como segunda lengua, estudiamos textos en inglés e incorporamos palabras de esa lengua a nuestra habla como si fuera de lo más natural. Y quizá lo es, las palabras se nos cuelan entre los dientes y lo vemos en estos textos, en donde podemos encontrar que hay una fusión de vocablos, lenguas y campos semánticos. Es una manera de evocar la mezcla de culturas que ya es parte de nosotrxs.
Tanto texto como imagen se despliegan en un tono de alegría y juego. Esta serie es una complicidad con la infancia que se resiste a abandonar los cuerpos de aquellxs híbridos, los productos del mestizaje cultural y sexual. Vemos chicxs con penes enormes, calaveras con chichis, muchos colores y un lenguaje coloquial que le guiña el ojo al dialecto de nuestras queridas Drag Queens.
Sabemos que somos múltiples, que somos legión. Nuestra serie trata de contener todas las contradicciones de las que somos capaces. Pero estamos conscientes de que no lo abarca todo, es imposible. Nos (d)enunciamos desde el D.F.: una ciudad, la más grande del país, llena de basura industrial, de placeres superficiales para llenar el vacío que provoca el trauma de estar lejos de un ambiente natural y espiritual.
Hay más allá afuera, debe haber más.
V de Vayaina.
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[1] Francisco H. Vázquez. “Chicanology: A Postmodern Analysis of Meshicano Discourse”. (1992).
Puedes ver más del trabajo de Rurru Mipanochia en:
Chris Bierrenbach es una artista brasileña, fotógrafa, videoasta y performancera. Implicada en el estudio de su propio cuerpo como herramienta básica de creación, cuestiona la forma en que este -y en éste- se determina la identidad, el género, sus restricciones y subversiones: las posibilidades -o no- de salirse del control social permanente. En sus propias palabras:
«(…) como una tentativa de entender las posibilidades expresivas de ese mecanismo que la gente carga. O nos carga.”1
Pero también explora la manera en que es vulnerado y vulnerable, ya sea por medio de objetos punzocortantes, quirúrgicos o de cocina insertos en su vagina, o a partir de metáforas que le representan, como sus fotografías de prendas y condones encontradas en la calle.
La instalación Crisbibank. Preservando futuras generaciones, más que de vulnerabilidad, habla de un futuro en potencia: sólidos bloques de hielo conteniendo condones con semen nos muestran un cuerpo que, aunque ausente -tanto del donante como de ese semi-ser latente-, es la única certeza aparente. Un guiño ya no a la inmaculada concepción religiosa, sino a la inmaculada procreación científica, en donde el acto de reproducción se encuentra en un estado de incómoda suspensión: no es Onán derramando su semen en la tierra, sino el líquido seminal esperando indefinidamente para llegar al punto en que tiene sentido su existencia.
1Diogo Rodriguez, Auto-arte sensual. A Trip convidou 5 artistas para produzir autorretratos e pensar: o que é sensualidade? En http://revistatrip.uol.com.br., 26/11/2009.
Cris Bierrenbach/ Vista de la instalación en Galería Vermelho, 2004
Cris Bierrenbach/ Vista de la instalación en Galería Vermelho, 2004
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Cris Bierrenbach/ Ampliación fotográfica en duratrans
Omar Fernández (Méxco 1982) Su obra se centra en el erotismo, el surrealismo, el realismo mágico y paisajes oníricos, encuentra en la tinta y el grafito el principal medio para expresarse de manera lúdica y gestual.