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Editorial#7 Madres

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¿Por qué hablar sobre maternidades desde Hysteria, medio dedicado a la sexualidad y el arte? ¿Nos habremos vuelto locas, feministas esencialistas, o peor.. PRO-VIDA? Pero, ¿por qué no hacerlo?

    Abordamos la maternidad como tema porque siempre genera polémica y porque es necesario hacer la polémica desde aquí. Sabemos que es importante apropiarnos de los debates sobre maternidad en todas sus vertientes no sólo porque reiteramos que lo que sucede en nuestro cuerpo lo decidimos nosotras, sino porque estamos hartas del uso imperativo que la Iglesia, el Estado-Nación, la política partidista y las ilustrativas novelas mexicanas hacen de los modos de asumirla.

    Además, sabemos que la maternidad es (entre otras cosas) un estado sexual del cuerpo, aunque a veces se nos olvide. De manera frecuente se continúa difundiendo sólo un lado de la historia de la maternidad, el lado en donde esta es obligatoria, abnegada, modesta y sufridora, posición que inevitablemente invisibiliza la experiencia del goce construyéndola como asexuada y, además, siempre basada en una práctica heterosexual. Todo esto es una manera de ver la maternidad como mandato que consume a las mujeres, las domestica y perpetúa los sistemas de opresión.

    Sin embargo, creemos que al ser la maternidad un hecho decisivo y trascendental en la vida de muchas personas, en tanto que “lo personal es político”, no es un tema para tomarse a la ligera. Por esto, nos posicionamos en favor al derecho de lxs individuxs a decidir sobre sí mismxs el ser madres o no, interrumpir sus embarazos o no, y por el derecho a vivir cualquier decisión que se tome en comunidad, de manera placentera, informada y alejada de mandatos sociales opresivos, pues creemos que si reinventamos las maneras en que vivimos y concebimos la maternidad podemos fisurar el sistema patriarcal.

    En este número toman la voz lectorxs y colaboradorxs que, ante las coordenadas propuestas (maternidades + sexualidad + Hysteria) reaccionan generando escritos, imágenes y acciones que contribuyen a uno de nuestros objetivos: dejar de ver y narrar la maternidad como un estado natural y exclusivo del cuerpo llamado mujer, y problematizarla a partir de palabras e imágenes críticas, alejándolo de la noción tradicional de LA madre y LA maternidad.

¡Porque madre NO sólo hay una, porque madres habemos tantas como personas en el mundo, porque la revolución en la maternidad será feminista o no será!

* Hysteria agradece de todo corazón los valiosos comentarios de Amor Teresa, nuestra editora invitada en este número.*

 

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Dominatrix I

Fotografía: Ivelin Buenrostro/ Modelo: Samuel

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Cabaña

Por Liz Misterio

Modelos: Onésimo y Eduardo

 

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Entrevista a Senoritaugarte

Por Liz Misterio

Entrevistamos a la artista Alejandra Ugarte (Chile, 1980) también conocida con el seudónimo de Senoritaugarte para que nos contara un poco sobre su obra performática en la que problematiza la maternidad, la violencia y la sexualidad.

1.- En tu obra se observa una profunda preocupación por desarticular los modelos tradicionales de la feminidad, ¿qué nos puedes comentar al respecto?

Para contestar debo hacer una breve regresión… En mi vida las mujeres siempre han estado muy presentes (para bien y para mal, debo señalar). Desde muy chica viví ese tránsito dual: patriarcado y un pseudo matriarcado, crecí viviendo en dos mundos opuestos; el colegio de monjas-represiva y por otro la libertad que me daban en casa, donde siempre me permitieron “ser artista” y estar profundamente enamorada de Boy George desde los 5 años…

De mi hermana mayor heredé el ser rebelde, ella era Thrasher a mediados de los 80`s inmersa en un grupo de puros machotes, vivió más de cerca la dictadura en nuestro país, la represión, la injusticia y el profundo dolor que eso significó para toda esa generación, dolor que aún nos pesa y bueno, fue tan transgresora que terminó suicidándose…

El haber vivido bajo el alero de diversas mujeres; rebeldes, locas, oprimidas, “aperradas” (las que lucharon solas con sus hijxs a cuestas) y un sinfín de etc. Influyó en mi percepción de lo que es ser “mujer” en esta vida y en mi caso el aprender del error se transfiguró en un proceso alquímico: La intensidad de la vida encarnada en mi forma de entender y hacer “arte”.

Básicamente estas fueron unas de las tantas razones de interés que gatillaron un primer acercamiento al feminismo y que reflejan mi constante preocupación por dislocar estos códigos. Me asumo como bio-mujer, pero siempre me he sentido incomoda ante el modelo de belleza patriarcal y lamento que muchas mujeres aún estén muy arraigadas al patriarcado, en posturas muy cómodas donde no se reflexiona sobre la autonomía que pueden ejercer, siguen los mismos patrones y códigos de lo que es “políticamente correcto” bajo construcciones sociales binarias, un nazi-onalismo alarmante y un complaciente cuestionamiento del “me gusta” desde tu ordenador que no dice nada, cero aporte. Hace falta llevar estas reflexiones a lo concreto; en lo cotidiano, en las escuelas, en el arte y al activismo/artivismo en las calles.

Siento que mi trabajo ha evolucionado, ahora que vivo mi maternidad constantemente me reinvento. El feminismo, la maternidad y la performance han jugado un rol muy importante en mi vida y en esta lucha. Nunca me he sentido cómoda con el poder y la autoridad, me ha servido ser “aventada” como me manifestó mi querido Guillermo Gómez Peña cuando nos conocimos en México.

2.-¿ Por qué eliges abordar el tema de la maternidad en tu obra, qué nociones pretendes problematizar con ella?

Soy madre hace 4 años y es evidente que durante el  embarazo mi cuerpo y mi mente comenzaron a enloquecer más de la cuenta. Luego de parir (y lo traumatizante que es la violencia obstetricia en esta sociedad), salté al abismo para reconocer lo que significa ser madre en este mundo. Por suerte no sufrí depresión posparto, pero es deprimente darte cuenta del entorno social que hay detrás de todo, me refiero a la “sobreprotección” paternal del Estado que no se condice con la realidad de muchas madres y familias que viven en situaciones muy vulnerables; son explotadas, mal pagadas. La mujer para poder sentirse autónoma debe dejar a sus hijxs al cuidado de otra mujer, es un círculo vicioso. Sumado a lo aberrante que significa el tener que demandar al padre de tus hijxs  para que te dé un poco de dinero para mantenerlos.  Citando a Frieda Frida Freddy “Un embarazo traspasa el hogar y colabora directamente con el sistema que nos jode en conjunto”.

Es por eso que no me he sentido cómoda, ni cumpliendo el rol de la madre sumisa, estoy lejos de aparentar un ideal de perfección, el asumir tradiciones de mierda como el “Baby shower”, celebrar el día de la madre (que me parece tan insólito como el día del padre debido a su exclusión en los colegios y su mercantilismo),  la madre que alucina amamantar (qué bien por ella), la que habla todo el día de su hijx. Y no es porque se malinterprete el hecho de ser feminista, a mi hija la adoro y la amo. Pero hay algo que no encaja, algo que debo  denunciar y la manera más inmediata y propia que tengo de hacerlo es mediante la performance.

Con la performance quiero problematizar la maternidad tanto a nivel íntimo como lo hace Ana Casas Broda y activista como María Llopis y su concepto de maternidades subversivas. Pero a la vez  encontrar mi lugar, “nuestro” lugar. Me gustaría trabajar siempre con mi hija, creo que lo que estoy haciendo va para largo, es muy compleja la maternidad; el ser madre, el ser hija e incluso ser abuela, es una triada llena de inestabilidades. Como dijo Victoria Sau “La maternidad quedo arrumbada, secuestrada, en el espacio de lo biofisiológico, y es desde ese estadio que hay que desobstaculizar  el proceso trascendente a otros planos superiores de orden simbólico y cultural”.

3. – En México tenemos dos arquetipos femeninos bajo los cuales se juzgan y se clasifican a todas las mujeres: la puta y la madre, y  en el imaginario, estos no se mezclan jamás. En tu obra observo un coqueteo por jugar y descolocar estos arquetipos, mostrándonos a una madre autónoma y sexuada ¿Que me puedes comentar sobre esto?

Si, hay un dicho muy siniestro que he escuchado un par de veces “Primero se es madre y luego mujer” o sea una ¡sentencia a cadena perpetua!. En Chile vivimos en una sociedad muy conservadora y cínica en la cual la mujer-madre correctamente caZada es muy bien vista socialmente, cumple con el sueño del patriarcado, muy en la onda de lxs “jóvenes aspiracionales” o la telenovela de arcadas romanticoides, pero ¿qué queda para el resto de lxs mortales?

A la mujer que le gusta disfrutar de su sexualidad inmediatamente es tildada de puta, de guarra, sobre todo si es madre, pero el hombre puede hacer lo que se le dé la gana, desde mear en la calle hasta aparentar la familia feliz teniendo una amante por años y nadie lo juzga con la misma rudeza que a la mujer.

Hay muchos motivos e injusticias históricas que avalan la importancia de la emancipación de las madres en nuestra cultura, romper con la representación arcaica de la madre-virgen. Cuando estuve en México observé esta dicotomía de la “puta” y la “madre” y la fuerza que tiene la virgen de Guadalupe que está inmersa en todo el imaginario colectivo. Conocí a Amor Teresa quien investiga las (re)presentaciones y (re)apropiaciones de las vírgenes madres y la virgen de Guadalupe y es interesante su reflexión sobre la variada imaginería que hay en ellas; las irreverentes, contestatarias, revolucionarias y estigmatizadas que evidencian su disidencia del Arte hegemónico y su carácter trasgresor, del icono impuesto por la iglesia.

Antes de regresar a Chile trabajé con esta dualidad “puta-madre” cuando participé en el Festival Internacional de Performance Extra con la pieza “Fragmentos de poder” donde utilicé términos peyorativos (chilenos y mexicanos) en torno al ser madre/mujer/artista que mostraban mi identificación con la reproducción de la escultura de la Victoria de Samotracia instalada en la Academia de San Carlos, donde accioné. Estas palabras que fueron entregadas al público muestran mi identificación con la escultura, que es una mujer mutilada, abyecta.

Y lejos de la victimización, mi  torso estaba desnudo como muestra de rebeldía ante estos juicios, como símbolo de libertad, exponiendo la sexualidad de mi cuerpo, la sexualidad de la madre que no se victimiza, que se empodera.

4.- En varias de tus performances colaboras con tu hija, ¿cómo negocias con ella su participación en tus acciones? ¿Cómo reacciona ella ante el trabajo de mamá?

Mi discurso va por las maternidades transgresoras y eso atañe mi relación con mi hija, tanto en el cotidiano, lo íntimo como micro político, así como lo público que es lo macro político que vendría a ser nuestra exposición mediante la performance.

No hay un “negociado” de por medio, a pesar de que es difícil romper del todo la jerarquía madre-hija sin que esté de por medio la meritocracia, que ambas no me agradan para nada. Creo que lo más sano ha sido verlo y vivirlo como un juego, siempre le explico someramente sobre el contenido de lo que haremos, por ejemplo en rizomas comunes cuando ella camina en mi espalda es algo que siempre ha hecho desde que sabe caminar, entonces no son actos muy ajenos a los juegos que inventamos con frecuencia. Verlo con un dejo de naturalidad que lógicamente a medida que vaya creciendo se va a ir complejizando.

Cuando fuimos a la marcha “Por un 8 de marzo feminista” organizada por la Coordinadora Feministas en Lucha, le expliqué que íbamos a una protesta a reivindicar los derechos de las mujeres que no querían ser madres o que no podían, le hablé del aborto terapéutico (omití los otros por su corta edad) e hicimos un cartel que decía: “Aborto libre, gratuito y seguro” y por el otro lado “Mujer no es sinónimo de madre”. Ella caminó junto a mí y a mis amigxs, de vez en cuando alzaba el cartel, lo pasamos muy bien, fue un momento muy emotivo para mí ya que siento que me apoya y entiende o atisba mi visión del mundo. Ahora que está más grande disfruto mucho hablar con ella, creo que estoy formando a una pequeña feminista y quiero que siempre exija sus derechos, que se sienta libre de amar a quien quiera y feliz… creo que es lo más valioso que un ser humano puede entregarle a otro.

 5.- El cuestionar la maternidad tradicional es un tema tabú en muchas sociedades, ¿has tenido reacciones desfavorables o cuestionamientos fuertes ante tu trabajo?

Pasé una etapa de cuestionarme mucho esto del “deber ser”,  tuve sentimientos encontrados cuando decidí  ir a estudiar a  México, que era  un país que no conocía, tenía que dejar a mi hija por varios meses al cuidado de mis padres… Fue un proceso muy doloroso, de mucha presión y autocritica. Fue un aprendizaje crucial, entendí que el viajar  y conocer otra cultura te cambia la perspectiva de las cosas, te ayuda a ver con más juicio todo y te ayuda a sacudirte los estigmas sociales.

Los comentarios que he recibido de mi obra (a pesar de que llevo poco tiempo trabajando maternidades) se hallan en la melancolía, con una cuidadosa carga estética, de mucha potencia y fragilidad. Creo que han sido benefactores.

Cuando asistí al taller “Archivo, arte y género” con Mónica Mayer, le gustó mucho la performance “127 cartas, 127 utopías”, que fue una acción en conmemoración a los 40 años del golpe en Chile, ella se refirió  a la carga emocional e histórica definiéndola como una pieza muy conmovedora.

Mi tutora una vez se conmovió, no tanto por mi obra si no que por los temas que estoy trabajando, tuve que hacer una exposición de mis trabajos en su seminario y  mostré el tráiler de “El edificio de los chilenos” de la cineasta Macarena Aguiló que es la historia de muchos niños en situación de abandono debido a la dictadura en Chile,  desgraciadamente esta historia no se conoce como debería, son parte de mi historia como chilena, pero que nos afecta y pertenece a todxs; La madre como la esencia del ser.

6.- Y por último, ¿Crees que es necesario discutir la maternidad desde el arte feminista?

¡Por supuesto que sí!

Es ese escenario doméstico, privado y público que me ha hecho reflexionar sobre las posibilidades de cómo politizar la maternidad mediante la performance, hay mucho  que protestar,  manifestar. Hay muchas injusticias aún sobre las madres, madres que aún buscan a sus hijxs, niñxs viviendo en la miseria, la prohibición del aborto y la negación del Estado al derecho de decidir sobre nuestros cuerpos, las nuevas maternidades trans, lesbianas, homosexuales, apoyar la maternidad en su desborde… son temas que hay que visibilizar.

Quiero más adelante trabajar en comunidades, es algo que estoy pensando hace un tiempo, no quiero ser sólo discurso y performance, también soy profesora y debo ser un aporte desde la educación; ver a la mujer  no sólo como un objeto sexual y reproductor, contribuir a una educación sexual lejana al patriarcado, temprana y diversa.

A mediados de junio participaré de una muestra llamada “New Maternalims” de la curadora canadiense Natalie Loveless, proyecto que se realizó en el 2012 donde invitó a Alejandra Herrera, artista chilena de performance radicada en  Los Ángeles. Ambas junto a la curadora local que es Soledad Novoa, decidieron traer el proyecto a Chile extendiendo la invitación a artistas chilenas.

En esta muestra voy a exhibir el video “Rizomas Comunes” y también haré una performance que trata sobre el abuso sexual en lxs niñxs, que es un tema muy delicado que me tocó vivir de cerca y creo que es importante hablar de ello, denunciar. Lamentablemente el abuso infantil es una epidemia, una triste realidad que desencadena una serie de conflictos sociales. Muchas veces las madres se dan cuenta al interior de la familia del abuso y no lo detienen por miedo, por violencia o por temor a perder al esposo…

Siento que la plataforma que me entregan si bien es un reconocimiento a mi trabajo, también estimo que es importante generar conciencia para proteger a la generación de hijxs y niñxs en el mundo. Me ha servido mucho hablar con una artista mexicana Patricia Meza,  que trabaja este tema, pero lo aborda desde los adultos que sufrieron abusos en su infancia. Me envió su tesis de maestría y me ha servido mucho para tener un acercamiento más reflexivo sobre el tema.

Es necesario asumir la deconstrucción de la familia, de la urgencia de preguntarse sobre estos temas, salir del ensimismamiento en el que estamos, evidenciar la invisibilidad ante el abuso sexual, pensar los recursos legales a los cuales nos des-amparamos,  la “banalidad del mal” recordando a la filósofa Hannah Arendt.


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Para ver más de su trabajo AQUI

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El artivismo de la CUDS y su campaña «Dona por un aborto ilegal»

Por Liz Misterio

Platicamos con Jorge Díaz, miembro de la CUDS (Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual) sobre la labor artivista del colectivo y en particular sobre el proyecto «Dona por un aborto ilegal»

Liz Misterio:  ¿Qué es la CUDS y cómo surge?

Jorge Díaz: Somos un colectivo de disidencia sexual que está repensado las cuestiones de representación política de la sexualidad contemporánea en un contexto conservador como Chile. No somos un grupo de personas con identidades sexuales particulares, sino un colectivo que interrumpe el imaginario sexual y neoliberal a través de ficciones e intervenciones. La emergencia del trabajo con la sexualidad disidente es muy importante en un contexto donde la política (homo)sexual siempre estuvo limitada por la lógica de los pactos y las negociaciones, de la “democracia en la medida de lo posible”, ese paradigma de los 90´s, luego de la dictadura militar chilena. Por eso, cuando apareció la CUDS en 2002, nos resultaba extremadamente aburrido seguir haciendo lo mismo, continuar administrando el fracaso de la política homosexual chilena. Por eso nuestro activismo es situado, sin respeto, fuera de todo consenso.

Pasamos por el marxismo, el anarquismo, el discurso feminista, el queer, y la localización cuir, la resistencia a ese mismo discurso, los efectos colonialistas de la circulación de saberes Norte-Sur. Lo que sí ha habido siempre en la CUDS es un deseo de disidencia, un deseo de desobediencia sexual y representacional.

LM: Para contextualizar, nos podrían platicar ¿Cuál es la situación legal y social del aborto en Chile?

JD: La situación legal se puede reducir a que en el parlamento de Chile, el aborto es un tema tabú. En este parlamento se votó para señalar que no se legislará sobre este tema. Y por otra parte, las leyes persiguen a las mujeres que abortan, las tratan como delincuentes, como criminales. El aborto no es promovido, sino que aún es visto como un asesinato. Por otra parte, y como provenimos de una política no-heterosexual, nos sorprende cómo en el plano político y en la esfera pública el debate social sobre aborto sigue estando a la deriva y en cambio otras luchas de la política sexual como puede ser la demanda neo-derechista de matrimonio homosexual llega a tener mucho mayor relevancia que el debate sobre el aborto. Algo que se ha llamado como el pink washing y que en Chile tiene un efecto muy poderoso. Es por este estado de silenciamiento y porque la educación sexual no existe en nuestra educación que sigue con un legado dictatorial por lo cual se hace urgente posicionar algún debate sobre aborto. Con las mujeres, amigas y compañeras con las que conversamos sobre aborto solemos recordar un video que está en nuestra memoria, un video que se mostraba en la televisión durante democracia, y donde un feto decía “me van a matar, me van a matar”. Esa voz de feto está presente en la memoria social de los y las chilenas que fuimos educados bajo paradigmas políticos pro familia. Para nosotras es la familia lo que está sustentando un sistema donde a las mujeres se les obliga a ser madres, es la maternidad obligatoria la que margina cualquier posibilidad de matrimonio y la que convence a las adolescentes pobres de que tendrán una posibilidad de ser alguien en este sistema solo si son madres. Son estos relatos pro familia los que también se refuerzan en una política gay que busca ansiosamente hacer familias. Obviamente, para políticos de la derecha y centro-derecha liberal el aborto es un tema demasiado peligroso y complicado para ser discutido, como si fuera un tema demasiado difícil. ¿Por qué tiene que ver con la vida? ¿por qué aún pensamos que la vida de un feto es más importante que la de una mujer? Sin embargo, se dice que en el actual gobierno de Michelle Bachelet se podría permitir el aborto en el caso de que sea inviable o en caso de violación. Para nosotras esto es legislar para unas pocas, para una minoría, solo para casos especiales. El movimiento feminista no es para unas pocas, no se dedica solo a hacer política para prevenir que nazcan fetos inhumanos, sin cerebro o con cabezas gigantes, el feminismo pro aborto es un feminismo que exige el derecho de abortar para todas las mujeres no sólo para las víctimas, sino para las trabajadoras sexuales, las estudiantes universitarias, para las madres que no quieren otra vez ser madres, para nuestras amigas, para las que simplemente no teníamos el condón a mano. Si no hay aborto es porque el sistema heterosexual y político quiere castigar a las mujeres que no tienen sexo con fines reproductivos y familiares.

LM: ¿Cómo surge la campaña “dona por un aborto ilegal”? ¿En qué consiste?

JD: Lo que hemos venido haciendo de manera muy desprejuiciada es buscar metodologías de activismo que nos resulten productivas, que nos afecten, nos impliquen y que disfrutemos. Entendemos el activismo como una práctica de placer

En nuestra campaña salimos a la calle a juntar dinero para financiar un aborto. Se intentó proponer una ficción en el espacio público chileno con una estética desobediente que emulaba una campaña de solidaridad, de esas tan asistenciales.

A partir de la campaña del aborto dejamos de ser coordinadora para pasar a ser colectivo porque agrupamos diferentes cuerpos: lesbianas, maricas, heterodisidentes, prostitutos, etc. Pero sobre todo fue importante dejar de ser coordinadora para borrar la criminalización de la policía que buscaba un grupo organizado con cabecillas: visibilizarnos así fue más que nada una estrategia política para prevenir la represión policial.

También a partir de nuestra campaña del aborto empezamos a realizar alianzas con grupos feministas y con otros activistas de corte más queer en Santiago. También ciertos académicos escribieron apoyando a la CUDS por el proceso de judicialización en el que estamos implicados todos los grupos que nos organizamos y participamos en la marcha “yo aborto el 25”.

LM: ¿Cómo ha sido la respuesta del público ante estas acciones?

JD: Una crítica feminista tradicional por ejemplo a las estrategias que se utilizaron en la primera marcha por el aborto en Chile -que detonó en la irrupción anárquica a la Catedral de Santiago- es la utilización de un lenguaje no formalista.

Por ejemplo, “I <3 aborto” entre las feministas tradicionales es un problema, porque para ellas hay que seguir trabajando en lo serio del lenguaje, desde una perspectiva ciudadana, como un problema hiper serio, de mucho sufrimiento que hay que abordarlo con cuidado. Eso es super peligroso porque estás reificando la figura de la víctima que es lo que intentamos cuestionar. El feminismo más tradicional sigue insistiendo en una lógica mucho más anuladora, tranquilizadora: Bacheletista.

Sin embargo, la primera marcha por el aborto en Chile tuvo mucha convocatoria, justamente, a partir de los otros feminismos más lúdicos, con estéticas desbordadas, que amplían las categorías de género, edad, raza, etc.

LM: ¿Cómo es ser activista en favor del aborto en el contexto chileno?

JD: Una de las características es que este activismo pro aborto ha sido un punto de encuentro del feminismo en Chile en un momento de emergencia de los movimientos sociales, en un contexto donde si eres parte del movimiento social debes reconocer ciertas demandas feministas. El hacer activismo pro aborto te permite reconocer también la importancia de la ideología de la maternidad, de la reproducción y la familia que se encuentra en los discursos pro familia o pro fetos. Es interesante el trabajo que algunas activistas feministas estamos haciendo para quitar el manto de seriedad y criminalización con el que se estereotipa la lucha feminista pro aborto, para esto en Chile se están generando estrategias de activismos donde el aborto se representa de muchas formas, en el espacio virtual donde se permite discutir y denunciar a quienes generan discursos pro familia, el feminismo pro aborto es radical, está orinando en las fachadas de los ministerios de la mujer, está siendo investigado por la policía como si fueran terroristas, está entregando información a las mujeres sobre cómo abortar en su espacio privados, está dándole la voz a fetos punk que no quieren nacer, está denunciando que la familia es el ejecutor del sistema patriarchal. En nuestra última acción volvimos a reconocer el miedo de la sociedad chilena a hablar sobre aborto, el temor a hablar de estos temas que se tienen que tratar “con mucho respeto”. Nosotras cubrimos algunas paredes del centro de Santiago con un afiche que decía “ESTO NO ES UN SER HUMANO” y sobre esto una figura antropomórfica que parece un no-nacido. Esto generó el rechazo de muchos que creen que esta política es in humana y muchos quitaron el “NO” del afiche para insistir en que lo que se ve es vida. Una imagen que genera vida, una imagen que mata las vidas de muchas mujeres y familias que estuvieron obligadas a parir y que son muchas de nuestras familias donde hay madres y padres insatisfechos, que intentan olvidar lo mal que lo pasaron comprando en el mall. A pesar de esto, no somos activistas depresivas, sino que nuestro trabajo –creemos- es hacer visible el mal que nos produce la familia y el sistema que nos obligue a ser buenas mujeres y varoniles varones.

LM: ¿Que sigue en la agenda de trabajo del CUDS?

JD: Hemos establecido una relación entre práctica política, reflexión crítica y experimentalismo estético, confluyendo en el activismo artístico. Eso nos ha permitido salir de esa lógica programática de la política tradicional y abrirnos a una práctica más situada, no lineal ni partidista, aunque sí con un posicionamiento desde las izquierda(s) más críticas.

Eso ha sido muy enriquecedor para la CUDS: darse la posibilidad de no tener un programa e ir constantemente mutando de acuerdo a los contextos. Eso también es una necesidad para los colectivos críticos precisamente porque el poder es una cuestión que muta. 

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Para ver más sobre la campaña «Dona por un aborto ilegal»

Para conocer más del trabajo de la CUDS

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Representaciones de (desde) la maternidad en la Fotografía Contemporánea

 Revisiones al trabajo de Ana Álvarez-Errecalde y Ana Casa Broda

Por Marisol Maza

La madre con el niño en brazos

Durante siglos se ha representado la maternidad a partir de la idea inmaculada y virginal de la religión, idealización que conforma el imaginario de madre en la cultura occidental.

    En las últimas décadas se han generado varios proyectos de mujeres a partir de su propia experiencia, como una forma de desafiar las maternidades asépticas que se muestran en la publicidad y la televisión.

    La artista argentina Ana Álvarez-Errecalde realizó un autorretrato documental donde ella, dentro del trabajo de parto decide el momento y la manera de mostrarse. El nacimiento de mi hija es un díptico. La primera imagen, de pie con la placenta aún dentro, unida a su bebé por el cordón umbilical. En la segunda está sentada con la placenta afuera; la sangre en ambas fotografías contrasta con el fondo blanco del escenario. En ambas sonríe, es partícipe de lo que ocurre; se muestra en una maternidad activa y consciente.

Ana Álvarez-Errecalde

    Entre otros proyectos en relación al cuerpo, Ana realizó un trabajo en colaboración con la Asociación El parto es nuestro. La serie consta de unas treinta fotografías de mujeres después de una cesárea, acompañadas de cortos y comentarios de las protagonistas. Las imágenes muestran la cicatriz física y emocional, para llegar a la reconciliación y al compromiso con una atención respetuosa del parto.    Estas fotografías han sido publicadas en el libro CESÁREA, más allá de la Herida.

En su trabajo Kinderwunsch, Ana Casas Broda aborda la maternidad a partir de la experiencia personal, donde expone su vivencia como madre a partir de momentos de tránsito físico y emocional.

El proyecto es un diario visual con imágenes y textos íntimos; recuerdos de la infancia, deseos y miedos en acercamiento, en primer plano.

Al inicio el deseo no cumplido de ser madre, la transformación del cuerpo antes y después del parto. El nacimiento de sus dos hijos entre el dolor, la alegría, la confusión, el cansancio.

Y posteriormente los vínculos… los cuerpos juntos, el tacto, la manera en que los cuerpos de la madre, de los hijos cambian; como se vinculan, se modifican, ocupan espacios, se estiran, se pliegan, crece la piel, el pelo, las uñas, los dientes, se rompen, se cortan, se fragmentan…

   Estas imágenes que surgen de lo íntimo, de lo propio, funcionan como un quiebre en la maquinaria de representación y disparan a cuestionar los patrones en que se muestra el cuerpo femenino; los límites de lo representable y la manera en que estos conforman el imaginario colectivo.

    En una sociedad sobresaturada de fotografías de nota roja ¿Porqué es más perturbadora la sangre derramada en el origen de la vida que en el de la muerte? ¿Porqué es inaceptable la representación del cuerpo femenino activo, vulnerado por la vida y no por la violencia ejercida sobre ella?

    El trabajo de estas artistas es también una reivindicación del papel de la mujer-madre como un ser en constante tránsito con momentos de ruptura, de quiebre, que sangra, llora y está plena; y que también se representa a sí misma, construye su imagen y su narrativa desde un hecho que le es propio. Estos trabajos reclaman el derecho y la urgencia de generar en todos lo ámbitos, imágenes desde lo propio, de narrar desde dentro y con ello crear incidencia en los modelos de representación.

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Mi mami es actriz porno, ¿y la tuya?

Por Sebastián Márquez Adame

Me veo como una sombra, ni hombre

ni mujer.

Ni como una mujer dichosa de ser

un hombre, ni como un hombre

bastante brutal y lo suficientemente tranquilo

para no sentir

una insuficiencia. Siento una carencia. 

-Sylvia Plath, Tres Mujeres

 De 1977 a 1980, Cindy Sherman realizó una serie de fotografías que bautizó como Untitled Film Stills, en las que ella misma era la musa de la obra. Dentro del imaginario que la envuelve, podemos ver a Cindy como el ama de casa, la amante, la trabajadora, la prostituta o la madre, como si estuviera jugando a la lotería y quisiera llenar con frijoles al mayor número de arquetipos posibles. Lo interesante de estas fotografías sin títulos (sin nombre como las mujeres a las que juega ser y como la misma condición femenina que desaparece en el revelado) es que ningún rol choca con el resto: el ama de casa es tan gris como la impresión de la fotografía, la amante quema el fotograma desde su cama, la trabajadora suda en plata todo su labor, pero ninguna es más de un papel a la vez. “Todo a su debido tiempo” parece decir Cindy como respuesta a algún dictado que Sylvia Plath le hizo desde el más allá:la mujer, antes que ser humano, es una actriz”, le dijo, quizás, entre dientes antes de meter su cabeza en el horno.

El trabajo de Cindy es estudiado bajo la lupa oxidada de las academia de arte y se analiza bajo los mismos principios psicológicos que Sigmund Freud propuso hace, casi ya, un siglo, como si el cromosoma extra siguiera siendo un tema problemático. El trabajo de Madison Young (famosa actriz porno, activista sexual y si, también artista) es estudiado en horas en las que la soledad masculina necesita que se le recuerde que tiene un pene, y firma, en kleenex, el grabado de perlas que la película exige para la posterioridad; tal y como el título “Mona Lisa” que yace ostentosamente en letras doradas en el museo de Louvre, exige, como tributo, el análisis mesurado y ridículo.

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MILFing Marilyn

    “La mujer, antes que ser humano, es una actriz” sentencio, porque en Madison Young encuentro el ejemplo perfecto: la actriz a la que le pagan por recrear orgasmos, un día se descubre como madre y es obligada a elegir uno de los dos roles, porque es imposible que pueda ejercer los dos. O al menos es lo que el debate que su serie fotográfica Becoming a MILF  suscitó hace ya un par de años, pero que nunca se concluyó. En una de las fotografías más controversiales podemos ver a Madison en una recreación del famosisímo retrato de Richard Avedon a Marilyn Monroe: uno de esos escasos momentos en los que parece que la eterna rubia sexual piensa “¿qué estoy haciendo con mi vida?”. En la versión de Madison, el escote no es el epicentro de la pieza, sino el acto: con bebé en brazos y pechos descubiertos, amamantando, la mujer cuestiona su trabajo como madre y actriz. Es una provocadora, como bien se puede intuir al descubrir el titulo de la serie de fotografías (MILFing Marilyn).

    Teniendo esto como antecedente, me es fácil imaginar a Madison como una versión de carne y hueso de Maude Lebowski, el icono personaje de la película de culto The Big Lebowski, teniendo una conversación así con aquellos que empezaron a debatir al respecto de la naturaleza de su obra:

Maude Lebowski: ¿Acaso la figura femenina le hace sentirse incómodo,  Sr. Lebowski? The Dude: Uh, ¿es de eso esta fotografía?

Maude Lebowski: De alguna forma, si.  Mi arte ha sido comentado como fuertemente vaginal, lo que preocupa a algunos hombres. La palabra misma hace que algunos hombres se sientan incómodos. Vagina.

he Dude: ¿Ah, si? Maude Lebowski: Si, no les gusta oírlo y lo encuentran difícil de pronunciar, aunque, sin pestañear,  pueden hablar perfectamente de su pene, o su verga o su Johnson. The Dude: ¿Johnson?

     Uno de los comentarios más desagradables proviene de Furry Girl, contemporánea de Madison y quien, en twitter, se describe como una “atea vegetariana parcialmente retirada de la pornografía y la prostitución, que ama a los gatos, viajar y la ciencia. Anti Feminista y anti estadista” (1). En su blog (feminisnt.com) menciona que es imposible decir que las fotografías no son sexuales cuando son exhibidas en lugares sexualizados o tienen como intención ser “eróticas”. Complementa esta noción escribiendo que ha “visto otras fotos de  mujeres amamantando, y ninguna de ellas está preocupada por lucir un vestido sexy y tener maquillaje y peinado listo para modelar. La mayoría de las mujeres que posan amamantando lucen exhaustas y, apuesto, que lo hacen utilizando los pants de la noche anterior, sin intentar parecerse a un famoso símbolo sexual” (2).

    Furry Girl dice todo esto como si la maternidad fuera un acto de castración femenina, en la que la pérdida es la marca de género. ¿Ser madre es, entonces, el rechazo de cualquier intento de sensualidad? ¿O es acaso el hecho de que Madison sea la mente detrás de todo el concepto la fuente principal del debate? Quizás si hubiera sido su esposo el que tomara las fotografías, MILFing Marilyn hubiera sido un hermoso retrato tomado por un padre como testimonio de la “belleza del vínculo madre-hija”, pero al ser ella, quien también resulta ser actriz porno, la que ideó todo el concepto y formuló las fotografías, entonces se concluye que su trabajo es un gimmick que sigue una agenda muy particular que engaña al espectador, vendiéndole “realidad” cuando no la hay. El problema de este debate presuntamente “humanista”, es que tiene como base de pensamiento una noción meramente patriarcal.

¿En qué momento las fotografías tuvieron como tema principal el placer masculino? “Mi exhibición Becoming MILF es un viaje visual y performático a través de mi embarazo y el inicio de la maternidad, mientras sigo trabajando en la industria sexual. Quería expresar los retos de balancear la vida de la puta y de la virgen al mismo tiempo” (3), dice Madison, mientras que Furry Girl cuenta imaginariamente al número de hombres que se masturbarán ante la exposición, como si eso fuera lo más importante de la imagen.

Aunque sea difícil de asimilar, dudo mucho que Madison quiera excitar a alguien (más que a sí misma, claro está) con esas fotografías. Dudo que haya pensado en hombres cuando se puso ese vestido á la Marilyn y cuando tomó a su bebé en brazos. Hay cosas que son muy difíciles de creer, pero en ocasiones, las actrices pueden interpretar más de dos papeles a la vez: hay mamás que también hacen porno.

Maude Lebowski: Le gusta el sexo, Sr. Lebowski? The Dude: ¿Perdón? Maude Lebowski: Sexo. El acto físico del amor. Coito. ¿Le gusta? The Dude: Estábamos hablando acerca de mi alfombra. Maude Lebowski: ¿No está interesado en el sexo? The Dude: ¿Te refieres al coito? Maude Lebowski: ¿Acaso la figura femenina le hace sentirse incómodo,  Sr. Lebowski? The Dude: Uh, ¿es de eso esta fotografía? Maude Lebowski: De alguna forma, si.  Mi arte ha sido comentado como fuertemente vaginal, lo que preocupa a algunos hombres. La palabra misma hace que algunos hombres se sientan incómodos. Vagina. he Dude: ¿Ah, si? Maude Lebowski: Si, no les gusta oírlo y lo encuentran difícil de pronunciar, aunque, sin pestañear,  pueden hablar perfectamente de su pene, o su verga o su Johnson. The Dude: ¿Johnson?

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1. https://twitter.com/furrygirl Recuperado el 8 de abril del 2014.

2. http://www.feminisnt.com/2011/why-i-am-against-sexy-breast-feeding-and-using-a-baby-as-a-marketing-gimmick-to-sell-porn/ Recuperado el 8 de abril del 2014.

3. http://titsandsass.com/madison-young-on-milf-hood/ Recuperado el 8 de abril del 2014.

 

 

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«Lanteram Recalp»de la serie «Cuerpos de Diosas» de Mirna Roldán

Por Mirna Roldán Gutiérrez

Ampliación del proyecto Comunidad Imaginaria/ Cuerpos en Fuga

El proyecto gira en torno a la construcción del cuerpo y de relaciones emocionales y afectivas como anclaje de las relaciones de género, partiendo de la idea de la ejecución de movimientos que se accionan con el cuerpo de las personas distanciadas por voluntad propia a lo largo de su vida de espacios, tales como: hospitales, tribunales, iglesias, escuelas, ejército, empresas, etc. Por lo que no obtienen instrucción disciplinaria, burocrática ni especializada en su vida cotidiana. Sus movimientos se dirigen principalmente a la producción del placer personal.

Tomo como ámbito de experimentación a mi familia materna constituida por alrededor de 150 personas que en su mayoría viven en el barrio de San Juan Pantitlán , Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México de donde soy originaria y vivo actualmente. Considero en específico a las personas que no se adaptan a la estructura familiar y cumplen con las características anteriormente mencionadas. Mediante la aproximación lúdica provoco actos estéticos con los integrantes de la familia que reúnen el perfil establecido obteniendo como resultado acciones producto de la interacción del propio cuerpo con espacios significativos de los participantes.  Así mismo, todas las acciones en conjunto, video-performance, intalaciones, fotografías y registros, forman la comunidad imaginaria llamada “Cuerpos en Fuga” fuera del núcleo de interacción familiar.

Me interesa construir otro tipo de interacción con las personas que no se adaptan al modo represivo que se genera dentro de mi familia. Para eso construí mi propia comunidad con estas personas que al igual que yo no se adaptan a las estrategias de control que ejercen lxs demás integrantes de la “familia”sobre lxs otrxs. El principal motor de esta comunidad es la producción del placer, un placer lúdico.

Tradicionalmente, el artista tiene el poder del ojo, elle él o ella decide qué y cómo se ve. En esta comunidad todxs tenemos el poder, txdos decidimos que hacer y cómo mostrarnos.

Acción Lanretam Recalp

Mi madre y yo lanzamos un conjuro a través de los movimientos de nuestros cuerpos en contra de la represión familiar, utilizando la risa como manifestación del placer. Cada una escogió un sonido del hogar con el cual nos identificamos y un espacio significativo personal. Un manto verde estrellado nos acompaño en la experiencia.

 

 

 

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Mirna Roldán Gutiérrez

Artista Transfeminista, originaria del barrio de San Juan Pantitlán, Estado de México. Estudió la Licenciatura en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plasticas (UNAM). Cursa el posgrado en Artes Visuales,  en la misma institución. Forma parte del Seminario de Medios Múltiples 5. Desde el año 2009 a la actualidad forma parte de la comunidad imaginaria «Cuerpos en Fuga».

La pescadora

Por V de Vayaina

Huele a salitre, los pulmones se llenan y en la garganta nada el sabor a sal.  Es de noche y siento el sopor de la brisa, una lamida caliente.

Me gusta lo que veo. Camiones forrados con luces neón, música a todo volumen. En el muelle la gente ríe, habla y toma raspados. Lxs niñxs juegan y soplan burbujas. Miro hacia el mar, y como si fuera posible, mis pupilas tratan de contenerlo, pero las luces de un barco que se reflejan en el agua me distraen. Es uno de esos yates en donde la gente paga por entrar a bailar unas horas, y a beber todo lo que su estómago y equilibrio es capaz de tolerar.

En medio de todo ese escándalo, siento como si un hilo anclado a mis párpados arrastrara mi consciencia unos metros más debajo de la luna, cerca de mis pies y lejos del estruendo. Ahí estaba ella, sentada y pescando en la orilla del muelle. Parecía un espejismo: maternal, joven y etérea. El brillo del  mar enmarcaba su silueta como a una diosa morena que da la espalda, tenía a un niño dormido en sus piernas. Ya no escucho nada. Las cumbias del camión, el yate y sus luces se hunden en el agua.

¿Cuántas noches como ésta pasaría esperando atrapar a un ingenuo pececillo? ¿Será siempre así de serena? Yo nunca había visto a una madre pescar, se veía tan fuerte, tan amorosa que aún con su inmensidad, el mar no podía absorberla. ¿Qué pensaría de esta gente ruidosa que paga por entrar a un barco a bailar, cuando podrían bailar en el muelle, en la arena, saltar al agua y sentir en el cuerpo a la luna?

Con una mano sujeta la caña de pescar y con la otra, acaricia al niño que duerme en sus piernas. El viento sopla y ella está en silencio, lejos de toda bulla, única entre lxs mortales. Es una imagen hipnótica y muda, parece un emblema. En su regazo un niño duerme mientras el viento sopla, con una mano lo acaricia y con los pies seduce al mar. El viento sopla, y ningún pez se ha de volver alimento de aquel que entre sueños escucha el arrullo del mar.

Paciente, más no pasiva; en silencio, más no invisible, la madre pescadora  flota por encima de todo estruendo y turistas cegados por luces neón.  La fila del yate avanzó y me sentí ruin. Me dediqué a tomar toda la cerveza que pude, a saltar cuando el barco se movía y a bailar como si no hubiera mañana.

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Flores para mamá

Por Alejandra Buenrostro

Hoy es su cumpleaños, voy camino a casa y, durante el trayecto, los recuerdos abruman mi mente. Ella es esbelta, garbosa, de rostro pequeño, pero enérgico. Frente amplia que su cabello blanco y rizado interrumpe, tiene ojos chiquitos como capulines que contrastan con su piel blanca; nariz recta, larga, y una boca amplia de labios vaporosos que emanan un raudal de palabras, es algo que la caracteriza.

    Recuerdo a mi madre limpiando la casa todo el tiempo; acostumbraba lavar la estufa de petróleo a jicarazos y pulir los pisos de madera a rodilla. Cuando, mis hermanos y yo, despertábamos todo lucía impecable y hasta la comida preparada. Por las tardes, después de darnos de comer, salía al patio con las vecinas para ponerse al día con los chismes de la vecindad.

    En los cumpleaños de mamá el festejo era el mismo: flores en la mesa con regalos que le hacíamos. Siempre ponía la misma cara de sorpresa y agradecía el detalle. Las flores le fascinaban, consideraba que eran la mejor forma de expresión de amor por su infinita belleza. Los domingos compraba muchos dulces: de anís, mantequilla y cereza como premio a quien ganara en la matatena o lotería; aunque invariablemente terminaba comiéndolos porque siempre hacía trampa.

    Era extremadamente limpia por lo que cualquier cosa fuera de su lugar, o algo muy sucio, le ponía de muy mal humor. Yo me metía en serios problemas con ella cuando me hacía pipí en la cama. Esas mañanas eran de insultos, golpes y me obligaba a lavar mis cobijas. Pero hubo un día que, cansada de que me orinara, se limitó subir las sábanas y cobijas a la azotea las colgó en el tendedero con un letrero: Delfino se orinó, con letras grandes para que a nadie se le dificultara la lectura. Aún así dejé de orinarme hasta los 15 años.

    Cuando las circunstancias la hicieron trabajar fuera de casa, siempre volvía histérica y se desahogaba con nosotros a golpes y gritos. Estaba sola y lo resentía, supongo, estaba asustaba y cansada. Lo creí porque al poco tiempo se fue. Se enamoró de un hombre y un día se marchó sin decir más.

    Mi madre, a pesar de la distancia, se acercó y trató de apoyarnos en lo que podía. Nos platicaba que trabajaba en unos laboratorios. Poco tiempo después me enteré que salió de ahí y comenzó a trabajar en un cabaret. Le iba bien y el apoyo económico que nos brindaba era importante, pero necesitábamos algo más que dinero. Su ausencia fue definitiva, pasaron 10 años para que volviera, pero ya no existía la posibilidad de reconciliar las vidas perdidas de todos nosotros. Los años que pudimos haber compartido con ella a pesar de sus regaños.

    Ahora llego a casa y ahí está, es mamá. Le traigo las flores que en antaño le regalábamos. La diferencia es que ahora las considera un regalo infructuoso, dice que es algo que pronto desaparecerá, que de hecho ya está muerto. Yo creo que es justo lo que quiero decirle, que es el amor claro y colorido que un día le tuve, pero que el tiempo y la distancia se encargó de matar.

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