Abrir publicación
Ilustración. A la izquierda una persona deprimida sentada en el suelo con las piernas flexionadas y abrazándolas. A la derecha un cofre del cual salen corazones hacia la persona en deprimida.

Caja de herramientas para acompañar a personas en crisis depresiva o colapso emocional I

Consejos desde la experiencia personal de estar en crisis

Por Ivelin Buenrostro

Con especial agradecimiento y amor al Partido Neurodivertido:
la Dom, KiKa, Selene, TriXia; a Mariana y Zaria por todas las
aportaciones hechas., y a Liz y Hegel por decir si era claro.

Esta caja de herramientas es una especie de “manual” desde mi propia experiencia como persona con un primer diagnóstico de depresión desde la adolescencia, y que ahora he ampliado al reconocerme dentro del espectro autista[1] y todo lo que ello conlleva. Así pues, no pretende ser una guía total, pues hay una serie de padecimientos o condiciones que no me afectan, por lo cual es necesario no tomarlo como única manera de apoyo hacia alguna persona que se encuentre en un cuadro depresivo o en crisis de ansiedad o alguna similar.

Lo he hecho porque me he encontrado con que hay cada vez más personas no sólo reconociendo sus condiciones mentales, o reconociéndose dentro de algún diagnóstico en torno a la salud mental, sino con que hay más personas dispuestas a acompañarnos o que externan su incapacidad de entender cómo apoyar. No obstante, el camino en ese acompañamiento es exhaustivo y difícil, tanto, que esas personas que nos acompañan suelen estar expuestas a su vez emocional y mentalmente debido a que no saben cómo apoyar o lidiar con nuestras crisis todo el tiempo. Necesitamos herramientas para que esas personas que nos cuidan o acompañan, se cuiden a su vez.

 

1. Sálvate tú I

Acompañar a una persona con algún “problema” psicológico o mental permanente o temporal, o alguna condición no neurotípica como el autismo, es siempre un “riesgo”. Sin embargo, siempre es “un riesgo” convivir con personas en general. Así que, seamos honestxs con nosotrxs mismos y seamos conscientes de qué tanto y hasta dónde podemos acompañar a alguien, sobre todo en un episodio o temporada de crisis. No obstante, si somos consideradxs con nuestro autocuidado, es mucho más fácil no arriesgarnos y saber cómo “no exponernos”. Digo “Sálvate tú”, no sólo porque es necesario tener consciencia del autocuidado, sino porque debemos ser conscientes que el acompañamiento no puede ser nunca una manera de pretender “salvar” a alguien. O “salvarnos” a través de alguien. Apoyar a alguien no tiene que ver con salvarle, sino con, justamente, acompañarle, hacerle saber que no está solx.

Para ello, he encontrado una herramienta muy sencilla, pero bastante honesta de lo que puede ser y se puede hacer en el acompañamiento: Saldremos de esta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis. Se trata de un muy breve manual para reconocer diversas situaciones que pueden requerir acompañamiento, cómo hacerlo, cómo platicarlo con las demás personas del entorno cercano e, incluso, cómo cuidarnos si somos acompañantes. Esto es muy importante, porque al tener interiorizada la cultura del cuidado como una forma de sacrificio, quienes acompañan olvidan recurrentemente cuidarse. Esta guía es importante porque da pautas para ello, a la vez que da herramientas para detectar hasta dónde podemos dar cuidados, la honestidad y reconocimiento de hasta dónde podemos apoyar, entre otras cosas muy bellas. (Para descargar el libro, da clic en la imagen o en el título azul de arriba).

Imagen: Portada del libro "Saldremos de esta" de Javier Erro. Muestra el dibujo de unas personas arriba y abajo de una barda, ayudando a subir a otra.
Portada del libro «Saldremos de esta» de Javier Erro.

2. Sálvate tú II

 Muchas veces, tenemos tan asumido que las labores de cuidado se dan de manera natural, que olvidamos cuidarnos por cuidar. Si eres el principal apoyo de una persona con depresión, ansiedad o autismo, también necesitarás apoyo para sacar lo que puedas estar sintiendo. Lo ideal, por ejemplo, sería ir a terapia (bueno, eso sería ideal para todas las personas). Sin embargo, sabemos lo cara que suele ser, es un privilegio que muy pocas personas se pueden dar. Hay terapias a muy bajo costo, pero los trámites suelen ser complejos. Si por el momento te es imposible hacerlo, mínimamente amplía tu red de apoyo. ¿Quién de tu familia y amigos podría escucharte en una crisis propia? ¿Con quién puedes compartir los cuidados o el apoyo de esa persona a quien amas? ¿Puedes, por lo menos, desahogarte con alguien? ¿Cómo puedes crear estrategias para reconocer que puedes estar rebasadx, hartx, cansadx, sin que se te juzgue o se te haga sentir como el malo de la película?

Ojo. Si bien es importante que reconozcas tu cansancio o crisis propias, sé precavido en cómo las comunicas a la persona a la que acompañas. Generalmente no solemos tener el procesamiento emocional tan fortalecido como las personas neurotípicas o con óptima salud mental, y es importante que lo tengas en mente para que consideres que no siempre es prudente externar tu hartazgo a esa persona. Lo que para ti es fácil decir en tu derecho genuino de reconocer que estás cansadx, a la persona en crisis puede caerle como una bomba: ya carga con la culpa de no ser tan productiva como debiera, con saber que la estás pasando mal, como para que además le digas de forma brusca que en efecto la pasas mal. No se trata de que ocultes tus necesidades, sino de tener el tacto mínimos para decir las cosas. ¿Qué tal si en vez de decir: «estoy hartx, estoy agotadx, me cansa estar contigo, etc.», dices que necesitas salir a despejarte un poco? Sé que lo digo de forma muy sencilla, pero un comentario de desagrado puede incentivar crisis más duras porque muchas veces nos sentimos una carga. En algún momento a mi pareja yo le comentaba que no podía darle contención de lo que pasa conmigo. Y es verdad. No es que no reconozca su interés genuino de cuidarme, y que reconozca que se cansa al verme en crisis, pero tenemos suficientes problemas emocionales como para cargar uno más. Y no tiene que ver con que no nos importe quien nos acompaña. Por eso es necesario hacerse de herramientas externas, pues el disgusto que a ti te puede llevar 10 minutos externar y una hora olvidar, a la persona en crisis le puede llevar dos o tras días procesarlo. Es una realidad dura, pero cierta.

Las personas que deciden cuidar, suelen hacerlo sin pensarlo mucho, las más de las veces porque no les queda de otra. No obstante, aunque lo hagan con todo el amor del mundo, pueden llegar a sentirse hartas, fastidiadas, perdidas, sin saber qué hacer, devastadas, cansadas. Creo aquí es importante recordar el: no puedes salvar a esa persona, pero puedes acompañarla. Y tú, eres también una persona, no un robot de acero sin emociones. A veces querrás gritar o salir huyendo. Y para que eso no pase, y puedas seguir siendo la persona coherente que quieres, es preciso solicitar ayuda cuando lo requieras. Necesitamos ampliar la idea de cuidados, necesitamos ampliar las redes de apoyo. El cuidado debe ser lo más colectivo posible. Normalicemos el pedir ayuda.

3. Yo te creo

 Debido a que la necesidad de gozar de una salud mental no está socializada, no solemos preocuparnos por lo que pasen emocional y mentalmente ni nosotros ni nuestras personas cercanas, respondemos al “¿cómo estás?” un “’¡muy bien!” en automático y sin chistar. Pero no siempre estamos bien. Y si estamos en un cuadro de depresión, ansiedad, angustia, en un proceso de duelo, etc., muchas veces no diremos que algo nos tiene tristes o desesperados, que algo nos incomoda.

Por otro lado, cuando llegamos a decirlo, nos arriesgamos a comentarios del tipo: “todo va a estar bien” (cuya carga no es precisamente negativa), hasta el: “no exageres, hay gente en peores condiciones”, o “es que eres muy intensx”. Hay una cuestión básica en el acompañamiento a personas en crisis y es: su dolor es válido. Su dolor, sea lo que sea, sea por lo que sea, es válido. Y hay que hacerle saber eso. Y hay que reconocer eso. Recuerdo una persona muy querida diciéndome que mi estar en el hoyo era una condición de actitud ante la vida. Y es muy mierda que te digan eso: levantarte de la cama puede ser tan difícil como intentar levantarte con 200 kg encima. Los músculos no responden, la voluntad no responde. No es necesario que le recuerdes a la persona que hay gente en “peores condiciones”, pues esa persona todos los días es casi seguro que sienta el remordimiento y la impotencia de no llevar una vida productiva.

Si tu intención es acompañar a alguien, pero sientes que “exagera” en lo que le hace sentir mal, calla ese pensamiento o, de no poder, vete. Es mejor así. Porque algo que muchas veces no comprendemos es que el dolor emocional o el dolor causado por una condición mental no neurotípica también nos incapacita. En mis peores momentos de depresión, simplemente deseaba la muerte, sólo quieres suicidarte para que el dolor pare, para que dejes de sentir esa emoción horrible que, por muy pasajera, se te inserta en el alma, en la mente y en la voluntad. Puedes ser incapaz de levantarte de la cama por semanas por un dolor así, de ducharte, de comer. Y es que hay que entender que un dolor de ese tipo, si bien puede empezar por un desorden emocional, tiene consecuencias fisiológicas en nuestro cerebro. Puedes investigar acerca de los procesos fisiológicos vinculados al duelo o la depresión y verás que no “todo está en la mente”, en abstracto, así, como en una nube ajena. Hay procesos complejos en el cerebro y en todo nuestro organismo que necesitan más que fuerza de voluntad de la persona deprimida o con ansiedad; a veces requieren un poquito de ayuda química para empezar a regular de nuevo sus procesos y “volver a la vida”. Mientras eso pasa, y si tienes ánimo, tú puedes acompañar a esa persona.

 

4. Lo más básico puede ser un apoyo tremendo

 Una de las principales cuestiones para acompañar a las personas en crisis es ayudar a acercarle lo más básico para sobrevivir. En principio, acompañarle ya sea físicamente o de forma virtual, puede ser una gran ayuda. Recuerdo que en mis crisis más fuertes, uno de mis apoyos fue un amigo que me preguntaba todos los días cómo estaba. Yo estaba mal en general, pero de alguna manera agradecí que esa irrupción momentánea en mi vida, me recordara al mundo exterior y no me permitiera seguir cayendo en el hoyo profundo de la introspección y el ensimismamiento.

Con otra amistad tuve la confianza de pedir apoyo para salir a comer, pues la depresión y los ataques de pánico, no me permitían ni acercarme a la puerta. De alguna manera empecé a tener la conciencia de que, si no solicitaba ese apoyo, no comería en tres o cuatro días más. Mi amistad iba cuando le era posible, me hacía salir de la casa y me acompañaba a comer. Yo, apenada, le solicitaba que no me hiciera preguntas de ningún tipo, a lo cual accedía sin problema. Después, era yo la que acababa hablando de lo mal que me sentía, me regresaba a mi casa y listo. Tuve más personas lindas que me acompañaron, pero estas son el ejemplo puntual de que algo muy sencillo puede ser vital para fortalecernos.

Hay detalles muy pequeños que podemos hacer con esas personas que pasan por una crisis crónica, y es recordarles que no están solas a pesar de todo. Saber que alguien está ahí al pendiente, hace que no perdamos el contacto con “la realidad” todo el tiempo. Y eso es muchísmo.

Cuando tengas la idea de algo que pueda ayudar a la persona, es mejor que le preguntes si puedes o no puedes hacer lo que piensas. Por ejemplo, hay veces que al ver una persona en crisis y llorando, lo primero que queremos es abrazarle muy fuerte. Pero cuidado, eso puede ser contraproducente para determinada gente. Muchas veces es mejor preguntarle si puedes hacerlo, o simplemente decirle que estarás a su lado por si necesita algo. Es difícil entender que no siempre lo mejor es intentar dar palabras de consuelo sino simplemente estar ahí y no irse. Y, aunque no siempre la persona en crisis sabrá qué es lo que necesita, es probable que si le preguntas, pueda responderte, o le ayudes a activar ese mecanismo que permita que empiece a buscar en sí misma para poder responder. Es como ayudarle a entender sus propias emociones y necesidades.

Otra cuestión básica es revisar cuáles son las condiciones de la persona. Muchas crisis pueden disminuir notablemente con un vaso de agua (deshidratación) o con un poco de descanso. Y, si bien todo eso es relativo, no está de más indagar si la persona ha tenido las cosas más básicas de supervivencia a su alcance, o si por ejemplo ha tenido un cambio brusco en su rutina. Cuestiones tan básicas y en apariencia obvias (comer, orinar, beber agua) pueden ser muy difíciles de procurar o entender en personas que, por ejemplo, pasen por un cuadro depresivo fuerte. Eso también puede ayudar para personas con una crisis de ansiedad, procurar recordarle principios muy básicos de “automantenimiento”. Dejo acá una tablita que me encontré en internet, y creo que es una guía muy buena para incluso imprimirla y tenerla a la mano siempre. En ella hay cuestiones básicas para considerar en caso de que la persona esté a punto de tirar la toalla. Ojo: todo lo que comparto acá está a discusión, y no a todas las personas les funciona lo mismo. Sin embargo, lo que comparto puede ser el punto de partida para empezar a entender que todo, absolutamente todo puede ser de vital importancia. Y que podemos hacer las tablitas propias que se vayan adecuando a las necesidades de nuestra persona querida.

Imagen: Todo está saliendo mal y ya no puedo más. Algunas preguntas por si estás pensando en rendirte.

5. Lo más básico puede ser un apoyo tremendo II

Cuando hay una persona en crisis severa, puede llegar a un punto en que su voluntad se vea comprometida, con lo cual, su salud física y bienestar general está en riesgo. Cuestiones tan básicas como lavarse los dientes, asearse, comer, respirar profundo, levantarse de la cama, pueden ser tareas tremendamente difíciles de realizar. Incluso si está de pie, un momento de confusión mental puede hacer que las tareas cotidianas más sencillas no puedan ser realizadas con facilidad. Para apoyar en ello, hay cosas muy básicas en las que puedes apoyar:

 

  1. Acercarle un termo con agua a su cama, en general, tenerle a la mano agua para facilitar su hidratación.
  2. Llevarle alimentos de fácil consumo pero que sean duraderos, como ciertas frutas y semillas.
  3. Alentarlo a comer o, de ser posible, hacerle salir de su cama y de su casa, de forma amorosa, con mucho cuidado y preguntando por sus deseos.
  4. Apoyarle en alguna tarea. Hay personas que a su vez tienen el cuidado de otras personas y pueden estar en crisis (por ejemplo, una amiga que esté maternando y se sienta rebasada por las labores domésticas y de cuidados). Puedes apoyarla preguntando qué es lo que más le preocupa y ayudarla a realizar esa labor. Incluso algo tan simple como lavar trastes puede ser de gran apoyo. Otro ejemplo puede ser apoyándole en alguna cuestión laboral. Me acaba de pasar que, por ejemplo, era incapaz de hacer algo tan fácil como copiar y pegar un texto para publicarlo. Mi pareja me apoyó a hacerlo y con eso abrió un mundo de posibilidades para volver a comprender de qué manera realizarlo yo sola. Parece una estupidez, pero no lo es. Pequeños detalles que parecen insignificantes pueden ser vitales en estos momentos, y al no estar acostumbradxs a aceptar la propia vulnerabilidad muchas veces somos incapaces de pedir ayuda por vergüenza o, simplemente, porque la mente no da para reconocer qué necesitamos. Es por eso que es mejor preguntar a la persona qué podemos hacer por ella en vez de hacerlo sin más, pues decidir por ellas puede ser invasivo y hasta violento. Apelemos a preguntar para que tengan el ímpetu de reconocer qué requieren y qué es importante para ellxs. Eso puede ser fundamental incluso para ejercitar su autoconocimiento. Ser funcional puede ser un proceso muy complejo.
  5. No perder el contacto. Como comentaba arriba, muchas veces una simple llamada o mensaje preguntando ¿cómo estás? puede ser fundamental para que la persona siga teniendo vínculo con el mundo exterior. No perderla de vista puede ser muy benéfico, incluso si te contactas solamente por unos minutos.

Por ahora es todo. Pronto la segunda parte sobre acompañamiento en crisis de ansiedad y cómo fortalecer el entendimiento de lo que le sucede a una persona en un colapso emocional o sensorial.

[divider]

[1]  Condición del Espectro Autista (CEA) 1, considerarlo al leer esta caja de herramientas.

[divider]

Abrir publicación

No hay futuro sin memoria colectiva

Imagen: ilustración de un satèlite con plantas en el espacio.
Ilustración: Wayward (meochaidha)

Por Liliana Zaragoza Cano

 

No hay futuro sin memoria colectiva.

No hay futuro sin cuerpos libres.

No hay futuro sin redes libres.

No hay futuro sin comunidades vivas.

No hay futuro sin tecnologías libres.

No hay futuro sin amistades verdaderas.

No hay futuro sin caminatas a la montaña.

No hay futuro sin movimiento feminista.

No hay futuro sin redes distribuidas.

No hay futuro sin palabra clara.

No hay futuro sin autodefensas.

No hay futuro sin inteligencia colectiva.

No hay futuro sin tecnomagia.

No hay futuro sin combate.

No hay futuro sin narrativas distribuidas.

No hay futuro sin legítima defensa.

No hay futuro sin autonomía tecnológica.

No hay futuro sin tecnologías ancestrales.

No hay futuro sin lenguas ancestrales.

No hay futuro sin complicidad.

No hay futuro sin carnalas de la suerte.

No hay futuro sin periodismo libre.

No hay futuro sin (re)escrituras comprometidas.

No hay futuro sin desapego.

No hay futuro sin co(i)nspiración.

No hay futuro sin ecosistemas de cultura libre.

No hay futuro sin esperanza colectiva.

No hay futuro sin sincronicidad.

No hay futuro sin redes de confianza.

No hay futuro sin semillas.

No hay futuro sin preguntas.

No hay futuro sin riesgo.

No hay futuro sin caída libre.

No hay futuro sin saltos cuánticos.

No hay futuro sin mudanza.

No hay futuro sin interdependencias sanas.

No hay futuro sin dudas.

No hay futuro sin vacío.

No hay futuro sin resiliencia plena.

No hay futuro sin un nuevo error en el sistema.

No hay futuro sin redes de rebeldía.

No hay futuro sin compañeras de viaje.

No hay futuro sin buenas noticias.

No hay futuro sin guaridas.

No hay futuro sin intentos.

No hay futuro sin escribir colectivamente.

No hay futuro sin soñar colectivamente.

No hay futuro sin ruptura.

No hay futuro sin soñar en voz alta.

No hay futuro sin organización de base.

No hay futuro sin conjuros.

No hay futuro sin develaciones.

No hay futuro sin ganas.

No hay futuro sin transbordos.

No hay futuro sin torrents.

No hay futuro sin humildad.

No hay futuro sin redes afectivas sanas.

No hay futuro sin honestidad.

No hay futuro sin radios comunitarias.

No hay futuro sin amigas.

No hay futuro sin chocolate en agua.

No hay futuro sin defensorxs del territorio.

No hay futuro sin afectos interespecie.

No hay futuro sin confianza.

No hay futuro sin salud espiritual.

No hay futuro sin conversación.

No hay futuro sin provocación.

No hay futuro sin restauración.

No hay futuro sin pausa.

No hay futuro sin complicidad interespecie.

No hay futuro sin aborto seguro.

No hay futuro sin redes de autodefensa feminista.

No hay futuro sin circuitos de confianza.

No hay futuro sin refugios nómadas.

No hay futuro sin construir espacios seguros para nosotras.

No hay futuro sin interdependencias consentidas.

No hay futuro sin memoria feminista.

No hay futuro sin memoria radical.

No hay futuro sin cuidados colectivos permanentes.

No hay futuro sin mujeres lesbianas, bisexuales, intersexuales, trans y no binarias organizadas contra la misoginia y el capital.

No hay futuro sin cuidados colectivos radicales.

No hay futuro sin complicidades algorítmicas.

No hay futuro sin sembrar intenciones con compromiso auténtico.

No hay futuro sin amplificar la dignidad.

No hay futuro sin sabernos juntas.

No hay futuro sin construir condiciones de posibilidad.

No hay futuro sin traducciones colaborativas.

No hay futuro sin imaginación radical.

No hay futuro sin ciencia ficción hackfeminista.

No hay futuro sin circuitos de consentimiento radical.

No hay futuro sin honrar con humildad.

Não há futuro sem corpos que falan.

No hay futuro sin solidaridad auténtica.

No hay futuro sin creatividad colectiva.

No hay futuro sin mensajes de amor entre amigxs.

No hay futuro sin refugios interespecie.

No hay futuro sin contención colectiva.

No hay futuro sin provocación radical.

No hay futuro sin resonancia genuina entre nosotras.

No hay futuro sin honrar a quienes han creído en nosotras.

 

No hay futuro sin NOSOTRAS.

 

[ Comencé a escribir este hilo el 17 de noviembre de 2017 porque no hay futuro sin memoria colectiva-generativa. Actualmente sigo deshilvanándolo de manera hipertextual y con entraña intuitiva y radical. ]

[divider]

Liliana Zaragoza Cano (Lili_Anaz) es comunicóloga, escritora, fotógrafa y artista hackfeminista. Sus proyectos exploran la intersección entre arte, cuerpos, memoria, resistencias, tecnologías libres, redes autónomas y cuidados colectivos digitales. Es co-fundadora del Laboratorio de Interconectividades y cómplice del proyecto Autodefensas Hackfeministas. También es autora del proyecto artístico transmedial Mirada sostenida. Habita internet y distintas interfases de México y Latinoamérica.  https://lab-interconectividades.net | https://miradasostenida.net

Ilustración:

Wayward (meochaidha) es constructora de mundos, ilustradora, violinista y trabaja por hacer de internet un espacio mucho más amigable para todxs. https://wayward.tech/

* lili_anaz y wayward conspiran en el taller The Interconected Journey: Nuestros cuerpos, nuestra ciencia ficción! <3

Abrir publicación

Editorial #30 «Cuidados»

portada por Alex XAB

“En un contexto patriarcal, el cuidado es una ética femenina;

en un contexto democrático, el cuidado es una ética humana.”

Carol Gilligan

 

EDITORIAL

 

¿Qué es el cuidado? ¿Quién cuida a quien cuida? En este número, Hysteria! pone sobre la mesa el tema de los cuidados para hacerlo visible, dignificarlo y revalorarlo; darle el lugar y la importancia que históricamente no ha tenido, al tiempo que propone ver su concepción desde múltiples voces, perspectivas, estilos, necesidades y experiencias.

Los cuidados son un trabajo tan cotidiano que se ha invisibilizado, insensibilizado y normalizado en todos los niveles; asociados casi inevitablemente con las tareas domésticas, son imprescindibles para la vida: alimentarse, mantener una higiene personal, tener ropa limpia y un espacio aseado permiten el desarrollo de cualquier persona:, la falta de ellos pone en desequilibrio cualquier tipo de actividad de la esfera pública. Su aportación es tan significativa, que si fuera remunerado económicamente supondría casi una cuarta parte del Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país.

Como vemos, los cuidados son la base y mantenimiento del bienestar social; sin embargo, a pesar de su importancia es un trabajo desapercibido, infravalorado, que se circunscribe a lo familiar, cuando en realidad se trata de un asunto público.

Existe una “tradición” histórica de cuidados que indica, como obligación tácita, que debe ser  ejercido por mujeres y por extensión, personas leídas «en femenino»; envueltos en valores y cargas emocionales, han generado una concepción cultural de que ellas deben ser las principales responsables del cuidado y asistencia de las personas al interior del hogar, incluso, extendido a la racialización de quienes suelen ser las trabajadoras domésticas en las casas de personas con poder adquisitivo. Este rol de género impuesto en las mujeres ha servido para aislarlas de la esfera pública, la política, la cultura e incluso de la historia y anclarlas al ámbito familiar y privado.

La lucha histórica de las mujeres por su emancipación y por ejercer sus derechos con libertad avanza, sin que cambien aún la labores del mantenimiento cotidiano de la vida. Por ejemplo, con la incorporación de la mujer al mundo laboral debió ocurrir algo similar a la inversa, la integración del hombre a las labores domésticas. Los derechos que las mujeres han conseguido no han sido traducidos en una escala de igualdad de actividades, sino en el incremento de sus jornadas dentro y fuera de casa.

Es necesario reflexionar sobre la importancia del cuidado y diluir la idea de que es una competencia exclusivamente femenina: ser conscientes de que se trata de una capacidad común y necesaria a todos los seres humanos que nada tiene que ver con el sexo – definición de género, por lo que es imperante cambiar el pensamiento de lo masculino/femenino, lo público/privado y modificar la percepción cultural de que los cuidados y los trabajos domésticos se dan por obligación o que corresponde ejercerlos a determinado tipo de personas.

 Los cuidados no solo se circunscriben a la crianza y cuidado de enfermos/as o personas dependientes, existen muchos tipos de cuidado, y se realizan de múltiples maneras, abarcando una enorme gama de tonalidades, como los cuidados afectivos y las, ahora tan urgentes y necesarias redes de apoyo entre mujeres, personas trans, personas con discapacidad, etc. Necesitamos seguir tejiendo entre nosotrxs, busquemos y multipliquemos esos cuidados positivos, cuidemos los afectos, los cuerpos, los deseos. Diluyamos las fronteras entre unx mismx y la/el otrx para relacionarnos a través de los cuidados recíprocos. Consideremos el cuidado como una necesidad mutua más allá de jerarquizaciones de género para promover la igualdad de oportunidades y obligaciones y visibilizar el cuidado como lo que es: la base para la producción/reproducción/disfrute de la vida con dignidad.

[divider]

Editora invitada:

Alejandra Buenrostro(Ciudad de México). Egresada de la carrera de Comunicación por la UNAM, FCPyS-SUA. Ha trabajado como periodista independiente, como creadora de contenidos para educación y actualmente realiza la investigación con el tema, “La otra cara de la enfermedad: Mujeres cuidadoras, preservación del rol femenino”.

Le gusta pensar que los grandes cambios se realizan a través de pequeñas acciones que llama micro-revoluciones. Así como micro-revolucionaria intenta, incansablemente, ser constante y congruente.

*Número editado con el apoyo de Fundación Jumex Arte Contemporáneo.

Abrir publicación

Trabajo Invisible

Por Sofía Castillo

 

Cuidados.  ¿Qué importancia le damos a estas tareas que principalmente están delegadas a las mujeres? ¿Cuánto hay de placer y cuánto de mandato en estas tareas?

 Sin duda el cuidar a alguien es un trabajo intensivo y extenuante, impide la autonomía económica de las mujeres y limita sus derechos. En esta entrevista quise hablar sobre ello con mi abuela quien, junto a su hermana, son las encargadas de cuidar a mi bisabuela.

[divider]

Sofía Castillo. Nacida en Ecatepec estado de México. Estudió fotografía, museografía y restauración en la escuela nacional preparatoria de la UNAM. Participó en la exposición colectiva «A 80 años de la avenida 20 de Noviembre» con la intervención de una fotografía del acervo del MAF. Su práctica audiovisual y fotográfica se enfoca más en lo documental.  Actualmente es estudiante de diseño gráfico en la UNAM.

Instagram: sophh_iaa

https://www.behance.net/frecas1

Abrir publicación

Sensaciones

 por Kika Perez

[divider]

Erika Pérez (Nezahualcóyotl Estado de México 1986). Instructora en Canon Academy. 2017,
Graduada del Diplomado de Documental 2016 bajo la tutoría de José Luis Cuevas & Oscar Farfán en Gimnasio de Arte y Cultura, en donde también ha cursado distintos talleres. Desde 2011. Egresada del Seminario de Fotografía  Contemporánea del Centro de la Imagen y Centro de las Artes San Agustín 2015. Técnico en Medios de la Comunicación en Colegio Americano de Fotografía “Ansel Adams“2009. Cuenta con distintas exposiciones colectivas en la Ciudad de México.

Abrir publicación

Eso que llaman amor…

por Ailén Possamay

Desde mediados del 2017 me encuentro llevando adelante un proyecto de murales-esténcil que tratan sobre las tareas de cuidado y el trabajo doméstico que realizan las mujeres al interior del hogar y que es histórica y sistemáticamente invisibilizado y naturalizado. Murales acompañados de conversatorios para abrir el debate con lxs vecinos acerca de los cuidados.

 

[divider]

Ailén Possamay (1992) de Junín de los Andes, Argentina. Artista visual y activista feminista.

Si quieres ver más de su trabajo, visita su Instagram: https://www.instagram.com/possamayailen/?hl=es-la 

Abrir publicación
imagen por Rini Templeton

El capitalismo patriarcal es una fuerza cargada de destrucción

imagen por Rini Templeton
imagen por Rini Templeton

por Isaura Leonardo

agosto de 2019

En el libro Nombrar el mundo en femenino. Pensamiento de las mujeres y teoría feminista, de María-Milagros Rivera Garretas aparece una cita tomada de Moderata Fonte en la que esta última piensa en voz alta sobre la fuerza física diferencial entre varones y mujeres. Si ellos son más fuertes, dice Moderata, bien podrían estar a nuestro servicio, y nosotras, débiles, podríamos usar esta carta para tirarnos al ocio como las “patronas” que somos. En realidad no me interesa discutir la fantasía de Moderata Fonte (nombre maravilloso donde los haya), más bien me puso de frente a una paradoja inquietante. Si en efecto la mayoría de los varones son superiores en fuerza física y las mujeres somos en mayoría más débiles, ¿por qué el trabajo de cuidados de casas y personas enfermas o dependientes (bebés, discapacitad*s) ha recaído en quien es más débil? Es decir, aquellas labores para las que los varones fueron socializados y desarrollados corporalmente en la superioridad de fuerzas hace miles de años, como la guerra o la cacería de grandes mamíferos, no son una actividad cotidiana (excepto si eres espartano o luchador de la AAA), mientras que cuidar de la casa, administrar los recursos y atender de las personas dependientes sucede todos los días. Cazar grandes o pequeños mamíferos, por lo demás, nos está costando el planeta. Alguna vez leí que la evolución cultural va un paso delante de la biológica y la histórica crianza de varones proveedores/cazadores recién comienza a empatarse en su aspecto más evolutivo, y por eso pareciera que este estereotipo y sus dicotomías ambiguas (debilidad/fuerza, proveer/criar) se resisten a dejarse transformar.

Quizá nuestra presente confusión generalizada tiene que ver con el replanteamiento de todos los paradigmas que conocíamos hasta ahora, provocados en parte por la revolución cultural que el feminismo y los movimientos de mujeres, así como el de l*s medioambientalistas, vienen empujando. Como víctimas que han sentido sus efectos, a las mujeres, l*s mediambientalistas y comunidades indígenas, por ejemplo, les resultan más transparentes las nocivas dinámicas del capitalismo patriarcal ecocida actual. Hemos llegado a un punto de retorno necesario a cuando los animales y los árboles y los ríos eran sujetos del mismo cuidado que las personas, algo que los mapuche no han olvidado: para vivir junto al cauce de un río hay que pedirle permiso, avisarle, no hay que estar demasiado cerca, el río está vivo y puede ser que las familias se crucen en su camino, eso sería peligroso; o a cuando las naciones del Norte de América vivían en cordial acuerdo de intercambio de cuidados con los bisontes, a quienes llaman la nación bisonte, Tatanka Oyate, y de quienes obtenían, en un sistema ecológicamente equilibrado de cacería, su piel, su leche, su carne. A cambio, cuidaban de su hábitat.

Para volver a la dicotomía que estableció las labores en un diferencial sexogenérico, cabría hacernos una pregunta: ¿qué implica la dualidad fuerza/debilidad hoy, aquí y ahora?, política, social, afectiva, económicamente. En la naturaleza fiera, las leonas, se sabe, van por la comida mientras los machos esperan. ¿Qué es ser débil? Según lo interpreta Rivera Garretas, la fantasía ociosa de Moderata Fonte (importante decir que ella existió en el siglo XVI) es una irónica manera de presentar a la debilidad, que sólo puede ser femenina, como un objeto arrojadizo, sin embargo, en la práctica se ha traducido como una ambigüedad que está cooptando en las entrañas del capitalismo a las mujeres, sobre todo a las de clases trabajadoras. Volver al mercado laboral ha significado que miles y miles de mujeres se repartan en dos o tres jornadas de trabajo, una de las cuales, la doméstica, no es remunerada, lo que ha derivado en un agotamiento excesivo y un descuido indolente de su salud física, mental y emocional. En el trabajo doméstico o en el informal las mujeres se parten en pedazos para rendir el día y generar los recursos suficientes (a veces ni eso) y al mismo tiempo sostener sus casas (criar hij*s, atender dependientes, limpiar, etc.). Este círculo vicioso ha provocado también que las mujeres exploten a las mujeres, y que incluso mujeres de clase media baja y baja esclavicen a otras todavía más precarias para que se encarguen de las labores agotadoras del hogar. Precisamos, pues, distribuir los cuidados, pero no solamente, precisamos romper con los modos de hacer del mercado capitalista patriarcal neoliberal ecocida, no permitir la explotación de mujeres por mujeres; de la tierra por las personas; de las personas por el mercado.

Esta trama es un proceso largo, lo que explica su arraigo, pues como nos cuenta Marvin Harris, en Vacas, cerdos, guerras y brujas, los varones decidieron hacer la guerra, cazar a las bestias grandes y proveer del alimento y el territorio al clan. Las mujeres, pues, debieron quedarse en “casa” administrando de estos recursos, cuidando de las crías y los animales, de la tierra. Ese proceso implicó el debilitamiento de las mujeres, ya que si los varones irían a la guerra o a la caza, debían comer mejor y más que las mujeres, ese fue el cálculo. Y así se hizo, lo que provocó una práctica recurrente del infanticidio femenino: las madres dejaban morir a las hijas, subalimentadas, subcuidadas siempre. Estos seres viviendo por debajo del pronóstico, serían las cuidadoras no sólo de los varones, sino de la tradición, de las plantas, de la memoria, apartadas de los privilegios de experiencia, existencia y “decibilidad” (para seguir con Rivera Garretas) que inventaron para sí, un conjunto de prácticas y dinámicas que conocemos como patriarcado.

En uno de los testimonios que recoge Svetlana Aléxievich en La guerra no tiene rostro de mujer, una excombatiente soviética (de la Segunda Guerra Mundial) cuenta cómo en medio de las devastadas tierras en la frontera con Alemania vieron un potrillo. L*s compañer*s la azuzaron, silenciosamente, para hacer lo inevitable, lo que haría un pelotón que no ha comido ni ha visto comida en semanas. Ella se encarga de matarlo y cocinarlo. Lo que más me interesa es el final de su relato, que ella sentencia diciendo que era el único animal vivo que había visto en la guerra. Pienso entonces en una frase de María-Milagros Rivera Garretas de nuevo: “…las autoras que se separan del régimen de mediación por ellos [varones] impuesto desnutren al patriarcado” [Nombrar el mundo en femenino, p. 33]. Desnutrir al patriarcado, no puedo pensar en una imagen más elocuente; no sacrificar a los potrillos, lo último vivo que ha dejado la devastación de la guerra, para alimentar su institución bélica. Lo sé, no he ido a la guerra, estoy pidiendo demasiado, pero quizá no me refiero a literalmente no alimentar a un pelotón ni en invertir la fórmula “primitva” del infanticidio femenino y dejar de alimentar a los varones-guerreros, sino a la posibilidad de encontrar un modo diferente de relacionarnos, uno no devorador ni autodevorador.

Si el ser humano además ha estado en guerra con la tierra, redistribuir los cuidados, reinventar las relaciones de reciprocidad y cuidado mutuo, reinterpretar la dicotomía fuerza/debilidad es un imperativo de nuestra época. No quedan animales grandes para cazar, apenas quedan potrillos en la planicie devastada por la guerra, las mujeres nos agotamos en la trampa capitalista de la doble o triple jornada. Agotan nuestras fuerzas, capitalizan nuestras debilidades.

Precisamos no acoplarnos al deseo capitalista de volvernos hiperproductivas a la vez que hipercuidadoras y  apartarnos del camino de la relación capitalista-patriarcal con el trabajo, la vida, los cuidados, los afectos y la forma de decir y narrar nuestras vidas.

Llegada a este punto me parece que sería mucho más interesante leer a una trabajadora del hogar que a mí, conocer sus rutinas, escuchar cómo cuenta su doble jornada, cómo metaboliza la cotidianidad de dos entornos familiares. A las enfermeras, a las profesoras de preescolar, a las cuidadoras de enferm*s. ¿Cómo cuidamos de las cuidadoras? Tal vez si nos organizamos, tod*s podamos tener acceso a la fantasía de Moderata Fonte, cada tanto, si alguien más, si muchos más cuidan de la manada. Y si de pronto, toda la manada renuncia a la hiperproducción… no sé, tal vez nos veríamos forzados a imaginar otro modo de relacionarnos, de existir, pues. A lo mejor no ya para nosotr*s, sino para l*s que vienen: hablar con la palabra de esos antepasad*s amig*s de los bisontes para que lo escuchen quienes estén por llegar.

[divider]

Isaura Leonardo (Ciudad de México, 1984). Estudió Letras Hispánicas en la UAM Iztapalapa. Es investigadora independiente y escribe sobre todo de genocidio, arte y lenguaje, testimonio de guerra y mujeres combatientes. Es enferma crónica y también dedica buena parte de su pensamiento y tiempo a la enfermedad, los cuidados, las políticas de salud y la industria farmacéutica.

 

Abrir publicación

Neoliberalismo y división sexual del trabajo

 

por Rocio Isela Cruz Trejo

Neoliberalismo como ideología y política económica

El Neoliberalismo es tanto una ideología como una política económica que se refiere esencialmente al desplazamiento del Estado como administrador de los bienes de la población que actúa en pos el interés común y como contrapeso (en su papel de representante de todos los ciudadanos) de los intereses  privados, y en cambio lo convierte en un intermediario y facilitador del capital privado y los intereses de las clases privilegiadas.

Este cambio en la visión del papel del estado y la preponderancia del mercado como actor y motor de la economía, es esencial para entender la forma en la que todo lo que nos rodea ahora sólo es comprensible en términos mercantiles como ganancia, oferta, demanda, consumo y en donde el éxito de las políticas y actividades sólo es válido en tanto es medible, comparable, cuantificable y capitalizable.

Christian Laval y Dardot definen el neoliberalismo como una racionalidad que organiza y estructura no sólo la acción de los gobernantes sino también la conducta de los gobernados (…) (un) conjunto de discursos, prácticas y dispositivos que determinan un nuevo modo de gobierno de los hombres según el principio universal de la competencia’ (Laval:2013:15).

A lo anterior agregan la importancia de la ‘competencia’ como el factor que permea todas las esferas sociales -desde lo individual/interpersonal hasta lo gubernamental-, y que convierte nuestros cuerpos y relaciones en productos mejorables, comercializables y que por ende requieren de la capacitación y mejora constante para no dejar de ser competitivos en el mercado.

La competencia vista de este modo, es el elemento que pese a que nos somete a diferencias sociales y económicas cada vez más profundas, da sentido y construye nuestra realidad de tal forma que nos es imposible no sólo imaginar una alternativa política y económica distinta al modelo neoliberal, sino que además nos hace asumirnos como únicos responsables de la situación económica y social en la que nos encontramos, ignorando de esta forma (y muy convenientemente), el poder estructurante y modelador de las estructuras políticas, económicas, sociales y patriarcales  que nos anteceden.

En esta lógica, sólo los individuos y las organizaciones ‘más aptas’, en constante cambio y con mejor ‘adaptabilidad’ lograrán prevalecer y sobrevivir; marginando y haciendo imposible la supervivencia de quienes estructuralmente se encuentran en la base de la pirámide social, o que pertenezcan a grupos socialmente considerados vulnerables. Herbert Spencer retomando el evolucionismo de Darwin nombró a esto ‘darwinismo social’, que es ‘la supepervivencia del más apto concebido como mecanismo de evolución social, y la creencia de que el concepto darwiniano de la selección natural puede ser utilizado para el manejo de la sociedad humana (…) La competencia ya no es considerada como en la economía ortodoxa clásica o neoclásica, una condición de la buena marcha de los intercambios de los mercados, es directamente la ley despiadada de la vida y el mecanismo del progreso por la eliminación de los más débiles (Laval:2013:47).

En este marco, el gran triunfo del neoliberalismo ha sido encarnar la competencia en nuestros cuerpos y volverse los lentes con los que miramos (y tasamos) el mundo. Cada cuerpo es ahora consumidor, mercancía y fuente constante de datos (big data) desde donde es posible producir y asegurar el consumo de más mercancías, y de esta forma la perpetuación del modelo neoliberal.

A los conceptos desarrollados hasta este punto hay que añadir la deuda y la culpa, ya que en el modelo neoliberal el individuo asume como propias las funciones y  responsabilidades que antes eran del estado como la salud, el cuidado, la vivienda y la educación y se culpa a sí mismo cuando no logra satisfacer estas necesidades.

Así mismo, el individuo adquiere deudas para poder solventar los gastos derivados de estas responsabilidades adquiridas, y se convence de que el trabajo y la capacitación constante son el único camino para poder generar el capital necesario para vivir; se culpa por no ser lo suficientemente competitivo como para acceder a mejores condiciones laborales y sociales y se somete a jornadas laborales extenuantes en detrimento de su salud y bienestar bajo la consigna de que éste es un estado transitorio y que en el futuro el bienestar que tanto anhela será una realidad. Un futuro que en el marco de la competencia se torna cada vez más incierto.

Isabell Lorey al respecto, traduce esta incertidumbre en precariedad y la define como: ‘Formas históricas específicas de inseguridad –que son inducidas política, económica, legal y socialmente-. Estas formas de inseguridad son mantenidas por modos de gobierno, relaciones consigo mismo y posicionamientos sociales’ (Lorey:2016:18).

La precarización permea nuestros afectos y relaciones y nos aísla en una ficción individualista que niega nuestra naturaleza colectiva y el potencial transformador de los vínculos sociales. Como apunta Virginia Cano, el neoliberalismo es rico en tecnologías de aislamiento y nos hacen sostener(nos) y reproducir(nos) como individuos aislados, y así como hace deseables los dispositivos de control, hace deseable el aislamiento al ofertarlo como una posibilidad de liberación (Cano:2018:32).

Paradójicamente,  son de hecho los vínculos, las redes y los afectos lo que posibilita en gran medida que seamos día con día parte activa del engranaje económico. Todo el trabajo de cuidar, mantener vínculos afectivos con los otros, generar lazos y fomentar la escucha de unos y otros, es lo que permite que la precariedad sea soportable, y aunque invisibilizado, ese trabajo de cuidados es la base que posibilita la reproducción y acumulación del capital.

En este punto es necesario subrayar que este trabajo de cuidados es -debido a la división sexual del trabajo- una labor realizada mayormente por mujeres, y que al conformarse de acciones asociadas culturalmente como ‘naturalmente femeninas’ es invisibilizado y carece de retribución. A pesar de esto, la necesidad de alimento, ropa limpia, atención a la crianza, afecto y todo lo comprendido dentro del espectro del ‘trabajo de cuidados’, no desaparece en la medida en que es ignorado; sin embargo ignorarlo -y en este punto recojo el pensamiento de Silvia Federici-, sí es un elemento crucial para entender la acumulación del capital, la reproducción del modelo económico, y la importancia de la opresión de las mujeres bajo el sistema patriarcal (Federici:2011:197).

Es claro que el neoliberalismo afecta a todas las clases y esferas sociales, sin embargo y muy a propósito del ejemplo anterior, es necesario subrayar que esto no quiere decir que afecte a todos los individuos indistintamente. Es importante puntualizar que hay sujetos que acumulan múltiples y variadas formas de opresión, y que existen profundas diferencias entre las formas en que se viven y encarnan los efectos del neoliberalismo y el patriarcado entre hombres y mujeres.

Mujeres / división sexual del trabajo / neoliberalismo

A partir de lo expuesto en el apartado anterior, podemos inferir la importancia que entraña la asignación de trabajos respondiendo a una característica física como lo es el sexo y sobre todo, la relevancia de la reproducción y sus actividades relacionadas como una tarea exclusiva de las mujeres. En este sentido Marcela Lagarde y de los Ríos resume lo siguiente: ‘La homologación de las actividades de la mujer con los hechos procreadores que le ocurren, como hechos naturales, (…) Así el trabajo de la mujer se constituye en mucho más que una característica sexual: es sexualidad femenina, queda subsumido y negado en la feminidad-naturaleza’ (Lagarde:2011:113-114).

De esta forma lo que inicialmente parecía un avance en la búsqueda de ‘autonomía’ y ‘libertad’ (conceptos también cooptados por el neoliberalismo), resultó en la profundización de su ya de por sí condición desigual de vida, y dio pie a lo que ahora se conoce como ‘la doble jornada laboral’. Esto es, derivado de que cultural y socialmente son las mujeres las encargadas de la crianza y el mantenimiento de los vínculos afectivos, las mujeres deben realizar el trabajo de cuidados (jornada de trabajo no pagada) y sumado a esto con su inserción en el mercado laboral, deben cubrir una jornada de trabajo fuera de casa con las responsabilidades propias que esto supone, lo que por lo general las empuja a aceptar trabajos que les permita hacer frente a su jornada no pagada -eventuales o de media jornada- y que al final del día terminan por profundizar sus condiciones de desigualdad.

Sobre esto y sobre la manera en que el modelo económico terminó por transformar la crítica en una herramienta para su reproducción, Alejandra Castillo apunta que ‘La crítica a la mantención de un orden masculino anclado al salario familiar termina por ser resignificada como un argumento neoliberal a favor de la incorporación masiva de las mujeres al mercado laboral, pero en términos de precarización, flexibilización, bajos sueldos y la obligatoriedad de mantener el espacio familiar con dos sueldos. Es más, parte del vigor del orden del capitalismo neoliberal pasa por la recepción positiva de las políticas de género’ (Castillo:2015).

Es importante señalar que sumado a lo anterior, las tareas y trabajos relacionados con lo femenino -o feminizados- (y que nuevamente son en muchos casos trabajo de cuidados), son los que tienen menor paga en el mercado laboral: enfermeras, trabajadoras sociales, trabajadoras del hogar, etc.; acentuado por el hecho de que las mujeres tienen mayores dificultades para acceder a la educación y a la profesionalización de sus tareas, y que aun en las tareas profesionalizadas son las relacionadas con lo femenino las que tienen menor reconocimiento tanto como clave para el ‘progreso humano’ como en su adecuada retribución o paga (tal es el caso de las ciencias sociales y humanas en comparación con la ciencias ‘duras’).

Finalmente aunque las mujeres -independientemente de las condiciones-, se han insertado masivamente en el mercado laboral, este cambio no ha supuesto lo mismo en relación con los hombres y su inserción al trabajo de cuidados, colocándonos en un escenario ficcional en el que aunque aparentemente las mujeres se encuentran en una situación de igualdad y representación sin precedentes, siguen contenidas en posiciones subordinadas y de precariedad.

Ante esto, Marta Lamas añade el hecho de que la segregación laboral promueve la sobre-representación de los hombres en los espacios políticos y económicos, y el que estos promulguen políticas y leyes que no tomen en cuenta las necesidades específicas de las mujeres, pintando un panorama presente y futuro del que se nutre el sistema neoliberal de crecimiento económico que no permite la generación de reformas estructurales estratégicas capaces de subvertir los problemas que este mismo sistema produce (Lamas:2014).

Así que aunque la experiencia histórica nos ha demostrado que la inserción de las mujeres en el ámbito laboral es indudablemente importantísima, no es el problema central. Es necesario replantear como diría Silvia Gil el mercado laboral empezando con una reducción de la jornada de trabajo y el derecho de cuidar y ser cuidado para todas las personas que sobre todo rompa con la obligatoriedad impuesta de manera exclusiva a las mujeres (Gil:2019). Así mismo una política que expulse la productividad como epicentro de nuestras vidas y en cambio se centre en la posibilidad de una vida digna para todos. Un modelo económico y social que no esté enfocado en la competencia, la acumulación y lo material y en cambio pugne por un bienestar compartido, que luche contra el ideal individualista del crecimiento única y exclusivamente personal. Una reformulación radical de lo que conocemos con miras a la conformación de un sistema en donde todos, en colectivo tengamos vidas dignas por igual.

Bibliografía

Cano, Virginia (2018) Solx no se nace, se llega a estarlo. Ego-liberalismo y auto-precarización afectiva en Los feminismos ante el neoliberalismo. Ediciones la cebra. Argentina.

Castillo, Alejandra (2015) ¿Feminismo neoliberal? (Parte I). El desconcierto.cl consultado en https://www.eldesconcierto.cl/2015/12/22/feminismo-neoliberal-parte-i/

Federici, Silvia (2011) Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria. Tinta limón ediciones, Buenos Aires.

Gil, Silvia (2019) Esta revuelta feminista tiene su origen en América del Sur en El periódico consultado en https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20190616/entrevista-feminista-silvia-gil-7499724?fbclid=IwAR16Ro1eggs-VICqu-fu9DAVt9VZhqzTsTeLhX3amNEzzvivHFqxXOEEWac

Lagarde y de los Ríos, Marcela (2011) Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y locas. Siglo XXI, México.

Lamas, Marta (2014) Mujeres y política neoliberal en Revista proceso en línea. Consultado en: https://www.proceso.com.mx/381603/mujeres-y-politica-neoliberal-2

Laval, Christian (2013) La nueva razón del mundo. Editorial Gedisa, Barcelona. España.

Lorey, Isabell (2016) Estado de inseguridad. El gobernar la precariedad. Traficantes de sueños. Madrid

Lorey, Isabell (2018) Preservar la condición precaria, queerizar la deuda en Los feminismos ante el neoliberalismo. Ediciones la Cebra, Argentina.

[divider]

Rocio Isela Cruz Trejo

Doctorante en Ciencias Sociales y Humanidades, Maestra en Historia del Arte con especialidad en Arte Contemporáneo por la UNAM. Licenciada en Comunicación Social por la UAM; Relaciones Comerciales por el IPN y en Diseño Gráfico por la UNITEC.

Ponente en espacios como el ‘Foro de mujeres’ del Bicycle Film Festival (2015), la Muestra marrana (2015), el 1er. Congreso Internacional de género y espacio (2015) y el Coloquio Universitario de Análisis Cinematográfico (2016), así como invitada a espacios radiofónicos como ‘Bicictlán’ y ‘No al silencio’ ambas emisiones de ‘Reactor 105.7’ para hablar de temas de género y/o movilidad.

Como activista e investigadora, trabaja en proyectos sobre las formas en la que se construye el género a través de la imagen, así como las múltiples relaciones simbólicas entre el género, el cine, la televisión y la ciudad.

Abrir publicación

Reflexiones sobre el (auto) cuidado. Mujeres y otrxs

Ilustración: Lily Cursed

por Carolina Belén González

 Las mujeres hemos tenido históricamente una relación ambivalente con el concepto del cuidado. Por un lado, se nos ha atribuido una especie de instinto natural que nos vuelve  idóneas para ejercer esta acción simplemente por nuestra condición de mujer, aunque también, paradójicamente, se nos ha delegado al cuidado de otrxs (en el pasado y actualmente se nos continúan negando derechos, en diferentes etapas históricas se nos ha prohibido la administración de bienes materiales, se confina el rol femenino a la preservación del grupo familiar, etc.) bajo distintos tipos de premisas: ser el sexo débil, no ser lo suficientemente inteligentes, tener una falta de rigor y determinación, padecer lo que yo llamaría “la inconclusividad de la mujer”, es decir, su aparente carencia de integridad, entre otras tantas. Cualquier persona que se aproxime a la historia con una mirada atenta y crítica podrá percibir esta ruta llena de sucesos duales y contradictorios que nos han colocado en el confuso lugar en el que nos encontramos hoy día.

Ahondando un poco más en la idea sugeridaquisiera plantear entonces dos posibles connotaciones del término cuidado y el estrecho vínculo de éste con la identidad de las mujeres. En primer lugar, podríamos hablar de su acepción “negativa”, la cual se caracteriza por manifestar el cuidado hacia una persona mediante la regulación/control de su existencia, es decir, cuando alguien más se ocupa o decide por otra persona priorizando su propio criterio sobre lo que considera el bienestar del otrx. En segunda instancia, entenderíamos al cuidado desde una perspectiva “positiva” o al menos socialmente compartida, cuando se relaciona con volcar nuestro interés, empeño y dedicación a procurar el bien a aquello/a que conforma el objeto de nuestra atención. Si bien en ambas acepciones la finalidad primordial es velar o garantizar un bien sobre lx otrx, considero que lo más importante para reflexionares a quién se dirige esa acción y, por qué y por quién se asume ese acto. No obstante, antes de continuar, cabe aclarar porqué la primera connotación de cuidado es planteada en términos negativos. Lo es, desde mi punto de vista, en la medida en que se anula o suprime el deseo o la voluntad de la persona a quién se dirige ese cuidado. Sin embargo, en lo que respecta a la segunda significación, su positividad no es inherente a la esencia del término puesto que también implica una anulación mucho más peligrosa, que es la de unx mismx. Será realmente “positiva”, auténtica y provechosa cuando el ejercicio del cuidar con todo lo que esto conlleva, sea bien (re)dirigido.

Entramos entonces a la cuestión central del tema: las mujeres y el cuidado. Si tenemos presente lo anteriormente comentado se detonan varios interrogantes por indagar en estos temas:¿A quién dirigimos el cuidado? ¿Cómo, por qué y por quién lo hacemos? ¿Para qué? ¿Es un instinto natural o, en su lugar, una responsabilidad impuesta? ¿Será el cuidado una conducta que nos reafirma y dignifica en la condición de nuestro género? ¿Cómo reapropiarnos de esta acción de manera tal que se oriente a desarrollar situaciones favorables para nosotras mismas y, por qué no –pensándolo ambiciosamente– también para nuestro entorno?

Nos encontramos justo en un momento que amerita pensar estas cuestiones con la conciencia plena en el acto simultáneo de deconstruirnos y reinventar quienes somos y, quiénes podemos y queremos ser. Muchas mujeres, desde la infancia, hemos sido instruidas para ser o comportarnos de forma adecuada, hecho que implícitamente nos anula ciertas libertades y estimula la idea de que debemos de ocuparnos de otrxs. Siempre hay alguien más: los padres, las madres, lxs abuelxs, lxs hijxs, lxs tíxs, lxs hermanxs, lxs novixs, lxs esposxs, lxs amigxs, nuestro rol es operar como mediadoras armoniosas portando el estandarte del bienestar ajeno. A veces nuestra acción parece devenir de forma instintiva, nata,  natural como producto del cuidado de connotación “positiva” que hemos mencionado anteriormente; sin embargo, en otros tantos escenarios de análisis posibles, en realidad, nuestra conducta obra por asimilación del concepto de cuidado “negativo”, puesto que se  ha regulado y adoctrinado tanto nuestra identidad, que debemos hacer un gran esfuerzo para discernir entre la esencia de nuestro impulso y aquello aprehendido que funciona en nuestra conciencia a modo de garantía, promesa o “camino correcto” que nos conducirá como mujeres a una verdadera realización. Sin llevar el asunto más lejos, sería entonces pertinente hacernos esta pregunta ¿y nosotras qué?

El hecho de que, como mujeres, cuidemos y nos ocupemos de otrxs implica, en muchas ocasiones, pequeñas micro renuncias a nuestra propia yo. Las relaciones y vínculos que establecemos con nuestro entorno nos sitúan en un rol de procuradoras de un bienestar socioafectivo – muchas veces a un nivel muy elemental. Este papel de procuradoras que sostengo representamos y llevamos a cabo (sin un previo cuestionamiento razonablemente necesario) no engendra ningún tipo de capacidad de autonomía que fomente una construcción de una identidad íntegra para la mujer. No hay tiempo para un “por y para mí” que nazca desde la entraña del deseo debido a que constantemente estamos retirando la mirada de nosotras mismas para ceder en nuestras conquistas diarias y guiar o acompañar las de otrxs.

Estas reflexiones no debieran interpretarse como un llamado al egocentrismo o, al narcisismo, y mucho menos al ensimismamiento. Pero sí es una invitación a repensarnos desde el autocuidado, el cual implica la acción y movilización, en primera instancia, desde el interior de cada una de nosotras. Persiguiendo el horizonte de ser lo suficientemente capaces para redirigir esa energía que solemos volcar en otrxs, a la ocupación de nuestro propio ser. Considero que esa sería una sensata noción del cuidadoen la que no se ejerce la práctica por obligación, por conducta incorporada ni tampoco por instinto. En su lugar, lo hago porque así lo decido, porque lo razono y asumo que lo quiero tanto conmigo misma como para con otras personas ¿Quién mejor que una para atreverse a experimentar, a prueba y error, sobre qué es lo mejor para mi propia yo? En este marco lleno de posibilidades, puedo, asumir primero el simplemente ser por y para mí y, luego de hacer ese difícil ejercicio que implica aceptar mi existencia, emprender un compromiso consciente –cuando así lo sienta- de custodiar y coexistir con el cuidado que pueda brindar a otrxs.

[divider]

Carolina Belén González. (Buenos Aires, 1990) Licenciada en Arte y comunicación digitales por la Universidad Autónoma Metropolitana. Ha exhibido sus proyectos artísticos dentro del marco de exposiciones colectivas de arte digital en México y muestras virtuales internacionales. Colabora como asistente de investigación en proyectos académicos que abarcan los campos interdisciplinarios entre arte, filosofía, género y tecnología.

Navegación de entradas

1 2 3
Volver arriba