Abrir publicación

Mis amantes y otros orgasmos

por Soledad Arnau Ripollés

Dpto. de Filosofía y Filosofía Moral y Política (UNED)

Yo no pido nada extraordinario
Solo un hombre de verdad
Que me cambie las bombillas y que me lave el coche
Que sea buen feminista
Que defienda la Igualdad de los Géneros
Quiero un tipo que sea NO CAPACITISTA
Que en la calle respete las diversidades humanas
Pero que en mi cama sea sexualmente NO hegemónico
(Versión libre realizada por Soledad Arnau
sobre el fragmento de la canción de Shakira y Nicky Jam “Perro Fiel”)

 

Introducción. De lo extraordinario a lo normal

Así es. Como bien dice la canción, en principio, yo, tampoco busco nada extraordinario, es decir, nada fuera de «lo normal». Como mujer heterosexual, manifiesto interés explícito por los hombres y, hasta cierto punto, confieso que podría interesarme si fuese un «hombre de verdad». En términos generales, cuando se producen encuentros con las demás personas, en particular, si existe una cierta intencionalidad afectivo-sexual, que sean mujeres u hombres «de verdad» ¿podría ser relevante a la hora de intercambiar sexo? Si pensamos bien estas afirmaciones, no cabe la menor duda de que son muy esencialistas. ¿Qué puede ser un hombre de verdad? ¿Qué tipo de sexo puede ofrecer un hombre así? Y, en contraposición, ¿pueden existir por tanto «mujeres de verdad»? Yo, ¿sería una de ellas?

Desde luego, me interesan los hombres dispuestos a cambiar bombillas o lavarme el coche. Todo ello es útil. Ahora bien, yo no tengo nada claro que realizar estas actividades cotidianas puedan tener algún tipo de correlato con lo que pueda significar qué es ser un hombre de verdad.

 

Primer orgasmo: La ontología del Ser (hombre/mujer)

Toda una búsqueda ontológica del «ser hombre», pero llegado a este punto, también lo podemos plantear sobre la ontología del «ser mujer». Cabe recordar que el sistema binario sexo-género nos explica que sólo existen dos sexos y dos géneros.

Esto es algo que se ha ido criticando a lo largo del tiempo y que ha tenido consecuencias trasformativas significativas. Tenemos un Sistema sexo-género que cuando se concibe exclusivamente como binario, es deficitario y alejado de la realidad. Las Teorías Queer y del Género han puesto sobre la mesa el hecho que los roles tradicionales divididos en función del género de una persona, de manera binaria, son procesos culturales y sociopolíticos que generan discriminaciones y opresiones. En estos momentos, la libertad sexual que hemos adquirido las mujeres es importante, sin embargo, lo cierto es que «en lo sexual» sigue existiendo una desigualdad estructural como punto de partida entre mujeres y hombres.

Dentro de este esencialismo buscamos unas características y cualidades o atributos determinados para intentar definir qué es lo humano; qué es el hombre; qué es no ser hombre; qué es ser mujer y qué no es ser mujer.

Las definiciones que se nos dan es que si alguien es una cosa, hombre o mujer, no puede ser «lo otro» o «las dos cosas a la vez». El hombre ha sido el referente, por tanto, la mujer ha sido concebida como aquello otro. La bisexualidad queda fuera de este esquema, es irreal.

 

Segundo orgasmo: la pluralidad epistemológica

A la hora de intentar explicar la realidad vemos que hay personas y seres humanos que no encajan dentro del binomio sexo-género hombre vs. mujer.

En todos estos discursos críticos que reclaman una igualdad (en derechos) desde las diferencias, el quiénes somos en sentido esencialista se desdibuja puesto que ya podemos ser de muchas formas, incluso de modo dinámico (en una época de nuestras vidas podemos ser de un modo y en otra época, seguir siendo pero de manera diferente). ¿Podemos ser lo que queramos y cuando queramos? Ahora bien, la sociedad en la que vivimos, ¿está preparada para todos estos cambios continuos?

Existen muchos hombres. Existen muchas mujeres. La pluralidad se concibe como «lo que es». Hay muchas modalidades diferentes de ser hombres; muchas modalidades diferentes de ser mujeres; y otro gran abanico de existencias humanas que no sólo conforman la pluralidad, sino que generan ruptura epistemológica. Existen muchas otras personas que, nos cueste más o menos de entender, no terminan de sentirse identificadas con determinadas identidades y prefieren mantenerse al margen; y algunas otras realizan tránsitos, yendo de unos espacios sexo-genéricos a otros.

Tercer orgasmo: El encuentro existencial conmigo misma

Soy una mujer con diversidad funcional física de nacimiento, con necesidades de apoyos generalizados y permanentes. Toda mi vida he necesitado que alguien me ayude a levantarme, comer, vestirme, encender/apagar el ordenador, ponerme las gafas, maquillarme, ducharme, ponerme el sujetador de encaje y las bragas a juego… Lo ha hecho mi familia, en particular, mi madre; Servicios Sociales a través de la ayuda a domicilio y, posteriormente, de una plaza residencial; y, en la actualidad, mediante los Servicios de Asistencia Personal.

El sistema biomédico-clínico-rehabilitador-sociosanitario, junto con uno de los sistemas de dominación opresor más universal que puede existir como es el patriarcado, se han encargado a lo largo de mi ciclo vital de recordarme que yo formo parte de ese lado «que no debería ser». Mi existencia se ha ido desarrollando desde una dis-ontología; soy aquello que no debería ser; soy aquello que no se es.

Por un lado, desarrollarme desde este «no ser» no ha sido nada fácil, es decir, desarrollarme como una «no mujer» (o, como una «no mujer de verdad») ha sido verdaderamente complejo. Sin embargo, y por otra parte, más difícil resulta todavía «no ser» con los otros o las otras.

Cuarto orgasmo: Siendo sin ser. El capacitismo

Las teorías clásicas del amor romántico, las políticas públicas de los cuidados tradicionales y patriarcales, el propio patriarcado o su gran aliado, el sistema capacitista, han definido mi realidad humana y fáctica como una cierta «aberración de la feminidad».

El Capacitismo, al igual que el patriarcado, puede llegar a matar; perjudica seriamente la salud; perpetúa relaciones asimétricas de poder; otorga privilegios a quienes «tienen capacidades»; quita valor moral/jurídico/político/económico/cultural a aquellas otras existencias «incapacitadas», con «menos capacidades», con «discapacidades». El Capacitismo se construye dividiendo la realidad en dos, donde todo queda muy delimitado.

Las personas con diversidad funcional, en función de su diversidad y de sus necesidades de apoyos, permanecemos más o menos en los márgenes de la sociedad, la cual quiere concebir como evidente sólo a unas determinadas realidades humanas muy concretas. La diversidad funcional no forma parte de este listado, por lo que queda fuera. Se nos deja en las periferias. Nadie parece querernos, ni menos aún, desearnos. La discapacidad, la dependencia, la minusvalía… y un largo etcétera de nomenclatura que nos recuerda que «somos menos» que el resto, son denominaciones vinculadas a la enfermedad, la tristeza, el sufrimiento, la debilidad, la fealdad, la pobreza, el analfabetismo… En este escenario, ¿quién en su «sano juicio» va a querer mantener relaciones sexuales con nosotras/os/xs?

Esta pregunta me ha atormentado durante muchos años. ¿Quién en su «sano juicio» va a quererme y/o relacionarse sexualmente conmigo? Aunque en estos momentos de mi vida entiendo que es una pregunta curiosa e interesante, reconozco que la necesidad más inmediata de las personas con diversidad funcional cuando tenemos necesidades de apoyos no es precisamente la sexualidad ni la erótica. Cosas muy inmediatas como levantarse, garantizar que alguien pueda darte de comer, te acompañe al WC tantas veces como se precise o te acueste, ya es mucho. Sin embargo, todas estas inmediateces nos copan gran parte de nuestra vida y eso significa que hay quien se olvida de su dimensión sexual.

Quinto orgasmo: rompiendo con el Capacitismo a través del sexo

En alguna ocasión hemos escuchado que el «sexo nos hará libres». Bien puede ser esta la ocasión.

A través de la vida sexual, de la sexualidad, de la erótica, de los deseos, de los placeres…, me reapropio de mi cuerpo. El sexo es carnal. También es plural como las personas.

El sexo es carnal, social, político, sensitivo, cultural, es propio y también puede ser compartido. Constantemente creamos «culturas sexuales«. Yo pertenezco a una realidad en la que la cultura sexual tradicional se fundamentaba en la ignorancia, la nula importancia del consentimiento sexual, los miedos, las reprobaciones por parte de la sociedad y de la religión, circunscripciones a que «lo sexual» sólo podía tener sentido dentro del matrimonio y enfocado para la reproducción, y desde la heterosexualidad y la monogamia. Entre todas estas creencias y el refuerzo que han tenido las teorías también tradicionales del amor romántico, se ha constituido un caldo de cultivo singular que, de algún modo, se ha materializado en lo que denomino como una Cultura de la anulación de la sexualidad.

¡Mi cuerpo me pertenece!, incluso, aunque tenga necesidades de apoyos generalizados constantes y permanentes. El sexo es conocimiento, es placer, es autoconocimiento, es un encuentro conmigo misma y con otros. ¡Me gusta el sexo! Y lo quiero vivir a solas y también en compañía.

Todos estos posicionamientos feministas (trans-feministas) han servido muchísimo a la población de personas con diversidad funcional con necesidades de apoyos. Si lo evidente ya no tiene por qué seguir siéndolo, puesto que aquello «evidente» también es una construcción social y cultural, y con fuertes tintes de prejuicios. Quienes hemos sido definidos como «discapacitados» o «dependientes» tampoco tenemos por qué seguir siéndolo. Este es un verdadero descubrimiento.

Sexto orgasmo: mis amantes

Vaya por delante todo mi respeto hacia los hombres con los que interactúo afectivo-sexualmente.

A lo largo de toda mi travesía existencial he conocido a unos cuantos; unos, a darlo todo; otros, a dar sólo lo que podían dar; otros, otros a sólo recibir… Todos ellos han interactuado conmigo desde mi diversidad, desde mi feminidad no hegemónica, desde mi sexualidad disidente, desde mis deseos y erótica concretos.

Hay quien lo ha llevado mejor; hay quien lo ha llevado más regular y hay quien no ha sabido llevarlo en ningún momento.

Estos hombres, desconozco ahora mismo si podríamos decir que conforman esa ontología inicial del ser «hombres de verdad» o no, pero han sido hombres aparentemente hegemónicos, convencionales, dentro de la media de la normalidad, hombres no extraordinarios, hombres sin diversidad funcional… ¿Cómo son estos hombres? ¿Cómo se comportan? ¿Por qué han interactuado conmigo? ¿Les gusta/excita tener sexo no necesariamente hegemónico?

Para empezar me es mucho más fácil relacionarme con estos hombres, puesto que hombres con necesidades de apoyos generalizados, en caso de que me apeteciera, apenas los encuentras en las calles o en los garitos nocturnos.

Aún así, relacionarme sexo afectivamente no es nada sencillo. ¿Qué es lo que dificulta tanto relacionarse conmigo? ¿Mi propia diversidad? ¿Mi necesidad de apoyos humanos permanentes? ¿Mi lenguaje diferenciado de seducción? ¿Existen hombres educados desde una cultura de vida independiente que conozcan que algunas personas para ser independientes y llevar una vida digna necesitan de sus asistentes personales?

Séptimo orgasmo: mis amantesy las figuras de apoyo (asistentes personales o asistentes sexuales)

Aunque siempre he sido una persona que no he encajado adecuadamente en el perfil de mujer que se esperaba de mí, ya que fallé en el minuto cero, naciendo como mujer con diversidad funcional física, lo cierto es que en determinado momento de mi vida empecé a desear y excitarme, como lo puede hacer una gran mayoría. He deseado/deseo hombres por mi condición heterosexual… ¡vaya!. Ahora bien, lo que en ningún momento hubiera/he imaginado es que pudiera sentirme deseada por algunos de esos hombres a pesar de mis circunstancias. ¡Vaya, vaya, vaya! Pero, ¿quiénes eran/son estos hombres? ¿Estaban/están en su «sano juicio» por desearme? ¿Era/soy yo quien tenía/tengo que «frenarles» para devolverles a la cordura? La cordura, ¿nos garantiza que sean «de verdad»? O, por el contrario, ¿nos aleja de ello?

Entiendo que algunos de ellos han expresado deseos sinceros hacia mi persona, hacia mi feminidad, hacia mis curvas y mis encantos. Ello ha sido combinado con deseos morbosos, no sé si igual de legítimos, pero sólo por el morbo de acostarse conmigo por mis circunstancias concretas. La cuestión es que entre unas realidades y otras he ido creciendo en mis experiencias vitales y sexuales.

A través del sexo he entendido cuán positivo es re-apropiarse del cuerpo. Reconocer tu cuerpo no como aquello que no es, como aquello que no debiera ser, sino como «lo que es» con sus sentires, placeres, dolores…

El sexo me reconcilia conmigo misma, pero… necesito encontrar hombres feministas, no capacitistas, con miradas sexuales más amplias, dispuestos a vivir la sexualidad no sólo de manera coito-genital.

Necesito encontrar unos amantes que sean respetuosos con la cultura de vida independiente, que entiendan mi necesidad de disponer de la figura laboral de asistente personal y, también, de esta otra nueva figura, la asistencia sexual.

Quiero seguir teniendo muchos amantes, pero quiero exigir unas condiciones sexuales adecuadas de vida y, para ello, necesito que la vida independiente configure la centralidad de las políticas públicas de los cuidados. Quiero amantes comprometidos con los derechos sexuales, con el consentimiento sexual, con la libertad sexual.

En qué punto se encuentra el orgasmo, ¿en mis exigencias respecto de los hombres? ¿En el hecho que soy una tipa singular con unas exigencias que tal vez no debiera expresar? Una de las lecturas que se hacen es que no seas exigente tal y como estás. En caso de que se me permita exigir/expresar mis deseos y voluntades, ¿influye la diversidad funcional concreta? ¿Tendría la misma validez o invalidez si estas exigencias las expresase una mujer con diversidad intelectual o del desarrollo?

Cuantas más necesidades de apoyo tenemos se sabe que nuestras posibilidades sexoafectivas son menores. No en cuanto a nuestras fantasías sexuales y/o eróticas, ni tampoco tiene porqué ser respecto de nuestras apetencias o deseos. Sin embargo, cuantas más necesidades de apoyo tenemos, parece que seamos menos deseables. Nadie construye su imaginario colectivo sexual con personas con necesidades de apoyos, porque… ¿qué lugar ocuparía el apoyo humano en todo ese constructo sexual?

Hay quien piensa, desde el más absoluto desconocimiento, que puede ser divertido porque se podría formar un trío y/o porque «da morbo» pensar que puede haber un tercero a modo de mirón (voyeurismo[1]​). Pocas personas entienden adecuadamente lo que implica vivir con apoyos humanos y el papel que deben jugar estos apoyos en cualquier escenario de la vida de la persona con diversidad funcional. Todavía a día de hoy no existe una Cultura de Vida independiente. Apenas conocemos personas que viven con asistencia personal, que sean nuestras vecinas, que coincidamos en los supermercados, universidades, lugares de trabajo, bares, clubs, fiestas BDSM o Swingers… No existe la cultura de vida independiente generalizada, con lo cual, ninguna persona sabe comportarse adecuadamente. No se ha tenido la oportunidad de cohabitar, con lo cual, no ha habido aprendizaje.

Como buena activista del Movimiento (mundial) de Vida Independiente, defiendo su filosofía abiertamente y, en consecuencia, interpreto que con asistencia personal se puede llegar a alcanzar unas cotas significativas de igualdad respecto a la demás ciudadanía y, por qué no decirlo, también de libertad en todos los ámbitos, incluido, por tanto, ¿también en el sexual? La única respuesta posible es/debe ser afirmativa.

Multiorgasmos: Reflexiones finales

En el proceso de desconstrucción teórico ha faltado durante mucho tiempo dar visibilidad a ese otro sistema también opresor de dominación hegemónico como es el «sistema capacitista«. La Teoría Crip y el paradigma de la diversidad son elementos clave a la hora de interpretar y dar explicación de manera crítica del capacitismo. Este sistema junto con el patriarcal, el sexo-género y el sistema capitalista, han configurado un gran entramado sociopolítico, cultural y económico que divide la realidad social entre quienes tienen muchas capacidades frente a aquellas otras, las personas nombradas como discapacitados o dependientes; es decir, entre quienes están dentro y quienes son expulsadas/repudiadas del listado mencionado más arriba.

Entre todo este panorama es difícil creer que pueden existir hombres que, tal vez, de manera crítica, o no, se aproximan a mí desde el deseo más carnal y humano. Aún así, me ha sucedido. Mi feminidad no hegemónica, mi ser sexualmente activa y otras singularidades de seducción, han contribuido a que haya hombres, en su sano juicio, o no, se hayan aproximado a mí. En esos instantes pienso si estos hombres serán «normales» o no… Yo, si quisiera no desconstruir, aspiraría a que sean normales, como si la normalidad me garantizase algo que ni siquiera sé bien de qué se trata. De hecho, puede que cuando Shakira y yo estamos pidiendo un «hombre de verdad» sólo nos estamos planteando un ¿hombre normal? Como si la normalidad y la verdad tuviesen que ser co-sustanciales. No lo son, pero hacemos muchas intentonas de interpretar ambos conceptos como si fuesen sinónimos.

Desde el más profundo respeto hacia todas las personas, en este caso, hombres que han compartido/comparten cama conmigo, debo confesar que existe un gran desconocimiento hacia mi condición humana concreta. Nadie sabe cómo tratarme; hacer uso de la grúa, el pañal, la silla de ruedas…, como posibles juguetes eróticos; cuesta bastante entender que mis códigos de seducción son diferentes a lo más estrictamente normativo; nadie sabe cómo compartir la intimidad; o nadie sabe cómo relacionarse conmigo (es decir, con alguien que necesita cotidianamente apoyos humanos para realizar cualquier actividad). Cada vez que quiero ponerme sexy lo hago a través de un apoyo humano.

Decía que el sexo es carnal, social, político, sensitivo, cultural, es propio y también es compartido. Constantemente creamos «culturas sexuales«. Y mi cultura sexual es la de la anulación «por defecto». El hecho de que mi cuerpo, mis maneras de acariciar, mis posturas sexuales y toda una serie de situaciones contextuales que envuelven un acto sexual conmigo, hacen que yo forme parte de esa «Cultura de la anulación de la sexualidad». Es importante recordar que esta cultura se apoya con las teorías tradicionales del amor romántico, las cuales comunican que para mí no hay un príncipe azul; y que yo no voy a poder ser princesa.

A lo largo de todo este aprendizaje, personal y profesional, observo que todas las personas necesitamos una mayor educación sexual, ahora bien, en sentido amplio. No sólo para prevenir embarazos no deseados o evitar enfermedades de transmisión sexual, que también, pero… se necesita una buena educación sexual en sentido amplio para que aborde la diversidad humana, y la diversidad funcional con necesidades de apoyo en particular, así como también los deseos, los placeres o las eróticas. Una educación que nos explique que existen tantas sexualidades/placeres/eróticas/deseos como personas hay; y que valore estas maneras de ser y de estar en el mundo a fin de que todas podamos tener encuentros sexuales placenteros y satisfactorios.

Los seres humanos de manera cotidiana intentamos transgredir constantemente ante muchas realidades; no hacemos caso cuando se nos dice que fumar perjudica seriamente nuestra salud; desobedecemos las normas establecidas constantemente y, cuando se trata de lo sexual, parece que incluso llegue a gustar más la transgresión. En lo sexual, transgredir es excitante o lo que no conocemos nos inquieta y puede que, incluso, nos apetezca más. Sin embargo, lo que la cultura de la anulación de la sexualidad nos dice continuamente es que las personas con diversidad funcional con necesidades de apoyos quedamos fuera de ese espectro deseable dentro de la transgresión.

En mi recorrido vital, en ocasiones me pregunto si mis amantes consideran que estarán transgrediendo cada vez que se relacionan conmigo. Pero… ¿puedo yo estar transgrediendo en algún sentido cuando comparto sexo con todos estos hombres?

En mi caso, no resulta fácil transgredir. La heteronormatividad obliga a unos comportamientos o prácticas que puede que yo no lo pudiese cumplir, bien en su totalidad o bien en parte. Pero eso no sería transgresión. Para que yo pudiera transgredir necesitaría tomar opciones libres sexuales. ¿Deben convertirse mis amantes en mis apoyos, aunque sea de manera puntual? No. Necesito Asistencia Sexual para cuando quiera practicar autoerotismo conmigo misma y para vivir mi libertad sexual. Mis amantes, los quiero para mis ganitas de hetero-erotismo.

El capacitismo anula mi sexualidad. No soy igual de válida sexualmente por unas condiciones biofísicas concretas o ¿por todo lo que nos cuenta esta cultura de la anulación de la sexualidad sobre las «condiciones biofísicas concretas» como las mías mediante su discurso diversofóbico? Necesito apoyos, sin embargo, esta cultura de la anulación de la sexualidad me dice que «con apoyos» mi vida sexual ya no merece la pena. En fin, esperemos que se equivoque y que cuando alguien se roce conmigo, la experiencia nos ayude a entender cuánta pasión y fogosidad puede haber en y desde la diversidad.

[1] La palabra francesa voyeur deriva del verbo voir (ver) con el sufijo de agente –eur, y significa «el que ve». De ella procede el castellano «voyerista». El voyeurismo​ es una conducta que puede llegar a ser parafílica. Quienes presentan esta conducta se conocen como «voyeristas» (del francés voyeur). Buscan obtener excitación sexual al observar personas desnudas o realizando algún tipo de actividad sexual (delectación voyeurista); sin embargo, no implica ninguna actividad sexual posterior por parte de esta persona voyeurista.

[divider]

Soledad Arnau Ripollés. Licenciada en Filosofía (UNED). Especialista en Filosofía para la Paz, Filosofía Feminista, Bioética y Sexología. Activista del Movimiento (mundial) de Vida Independiente. Investigadora del Dpto de Filosofía y Filosofía Moral y Política (UNED) y cofundadora de la Oficina de Vida Independiente de la Comunidad de Madrid y coordinadora de la misma de julio de 2006 a enero de 2012.

soledadarnauripolles@gmail.com

Abrir publicación

De cómo juntar nuestros pedazos

por Mariana Muscarsel Isla

“Haceme lo que quieras” me dijo. Y lo cuidé.

Ioshua

    La bibliografía sobre los cuidados heterosexuales, es decir para familias, parejas heterosexuales y con hijes, es amplia y ha crecido exponencialmente en las últimas décadas. Si bien se trata de un aporte fundamental para el pensamiento lesbiano (¿cuántas lesbianas son las únicas que terminan haciéndose cargo de algún miembro de su familia de origen mientras que sus hermanos cis varones apenas colaboran?) todavía hay aspectos que no se han problematizado lo suficiente, como por ejemplo, la situación de aquellas identidades no-normativas que deciden hacer otra cosa, que apuestan a tejer otras redes por fuera de la lógica de la familia o la pareja. Como dice Ahmed: “Cuando un mundo entero está organizado para promover tu supervivencia, desde la salud hasta la educación, hasta los muros diseñados para salvaguardar tu residencia, hasta los caminos que facilitan tu viaje, no tienes que ser tan creativa para sobrevivir” (2017)[1]. Pero ¿quién cuida de (o cómo se cuida) la lesbiana, la persona trans, bi, o la marica que no se relaciona con su familia de origen y no vive o está en pareja, cuando se enferma? Como se pregunta Caleb Luna, ¿quién cuida de nosotr*s cuando somos solter*s?

Vivir para las amigas es mucho más común cuanto más joven se es. Al acercarse la década de los treinta, esta forma de vida pierde reconocimiento social y comienza a haber una idea generalizada de la importancia de vivir en (y para la) pareja y,efectivamente, es mayor la cantidad de gente que se encuentra en una.

La certeza de que alguien cuidará de nosotras cuando estemos enfermas, o que nos prestarán dinero si nos quedamos sin trabajo, o que tendremos un lugar donde dormir si nos quedamos sin casa, parece un privilegio reservado a la pareja. Hay un acuerdo social implícito respecto a que estos cuidados son deberes de la pareja, pero no hay una idea social generalizada de que son cosas que deba cumplir una buena amistad. Si alguien se queda sin casa y su novix no la invita a vivir a la suya hasta que resuelva su situación, probablemente habrá una sanción social o al menos una opinión sobre lo mala novia que esta persona es, mientras que no se juzgaría rápidamente a una amiga por no ayudar activa y materialmente ante la misma situación. Pareciera ser que de la amistad solo esperamos ayuda y contención afectiva, pero lo material y concreto queda reservado a la pareja y la familia.

Antes de estar tan asimiladas al sistema heterosexual, las lesbianas no contábamos de la misma forma con la posibilidad familiar y la pareja conformada y reconocida; nuestras redes amicales se veían por consecuencia fortalecidas para asegurar nuestra supervivencia. Hoy, con muchas en pareja fuera del clóset, con la posibilidad de casarnos y adoptar, con familias que se ven impelidas a tolerarnos y a no expulsarnos abiertamente de nuestros hogares de origen, estas redes se ven debilitadas.

Como dijimos antes, hay personas que nacen amadas y cuidadas y otras que tienen que insistir en que importan, por eso a diferencia de las políticas liberales del yo, de la exigencia selectiva del amor propio, está el autocuidado. Dice Lorde:Cuidarme no es autocomplacencia, es autopreservación”. Para las personas que tienen que recordar todo el tiempo que importan, el autocuidado es una guerra. El autocuidado es un rechazo al “no importar”. No tiene que ver con velar por la felicidad personal sino con encontrar maneras de existir en un mundo que dificulta la existencia. En este sentido, Ahmed piensa al privilegio como una zona de amortiguación, apoyos que están dados y naturalizados como derechos. Tener privilegios no implica que estemos excentxs de que nos sucedan cosas malas: podemos enfermarnos, podemos perder el trabajo, podemos tener un accidente. Pero el privilegio reduce los costes de la vulnerabilidad; tenemos más posibilidades de que velen por nosotras, zonas de apoyo que por defecto están allí.

Cuando nos cuidamos a nosotras mismas estamos redirigiendo el cuidado. No estamos cuidando a quienes se supone que debemos cuidar; no estamos cuidando los cuerpos que en teoría merecen ser cuidados (Ahmed 2017). A veces, autocuidado puede ser alejarse de la familia, a veces conservarla, a veces hacerse una amiga y otras, cuidarla. Autocuidado es también la creación de comunidades frágiles. Es cultivar amistades que velen por nosotras.

Se elige a quien se cuida y eso es un acto político. La política puede ser leída de muchas formas, y una de ellas es aquello que acontece por fuera de lo esperado, eso es un acto político. Entonces, lo político no está dado únicamente por lo que nos pasa, a quién amamos o de quién nos enamoramos, sino que tiene que ver con qué hacemos con eso que sentimos, cómo gestionamos lo que nos pasa. Es necesario desconfiar de nuestro deseo en términos románticos, cuestionarnos de quién nos enamoramos, pero también es muy necesario cuestionar a quiénes elegimos dedicar nuestro tiempo, nuestra energía y nuestro dinero más allá de con quién tenemos sexo o un vínculo amoroso. A quién le compartimos nuestra obra social, nuestra ciudadanía, invitamos a comer, le hacemos regalos, mantenemos cuando no tiene ingresos o compartimos la economía. Es necesario dar un lugar importante a los cuidados materiales, además de los emocionales y afectivos a nuestros vínculos no románticos.

Si pensamos en los cuidados como una cuestión de supervivencia, “Una política feminista de la fragilidad podría basarse no sólo en cómo sobrevivir a aquello contra lo que chocamos, sino también en cómo permitir que las relaciones fácilmente amenazadas por aquello contra lo que chocamos sean duraderas” (Ahmed, 2017, p. 236). Ejercer esta política como una práctica cotidiana y activa que no solamente se trate de desear el bien a compañeras y salir de los modos de competencia con los que el sistema nos cría y nos acostumbra, sino pensar políticamente a quiénes ayudamos a no morir, a quiénes nos esforzamos por mantener vivas, alegres y a nuestro lado.

    Lorde dice en Outside sister: “para sobrevivir a la intemperie tenemos que volvernos de piedra” también dice que “nos magullamos al golpearnos contra quienes tenemos más cerca”.[2]  Sara Ahmed explica que para Lorde la dureza no es la eliminación de la fragilidad sino las gestiones que realizamos para con ella. Cómo romper sin rompernos o, en todo caso, cómo recoger los pedazos.

Las lesbianas tenemos hermosos ejemplos de cuándo estas redes son fuertes, de cómo no nos dejamos morir en soledad, ni pasar frío, ni ir a la cárcel, de cómo nos cuidamos con nuestras exnovias, amigas, amantes y compañeras de militancia, de la resistencia que tejemos entrelazando nuestras fragilidades.
[divider]
[1]Ahmed retoma a Audre Lorde, quien sugiere en Burst of light que algunas tenemos que ser inventivas para sobrevivir. Cabe hacer la precisión, sin embargo, de que Lorde está refiriéndose a esta inventividad a partir de la lucha contra el racismo, una situación desprivilegiada desde el momento en que se nace con cierto color de piel. Reconozco, entonces, que se trata de opresiones distintas pero que pueden articularse a partir de las estrategias de supervivencia generadas por cada grupo en relación a un grupo hegemónico.

[2]Lorde se refiere con ello a lo fácil que resulta que las mujeres negras se hieran entre sí viviendo en un mundo tan duro (Ahmed 2017).

[divider]

Mana Muscarsel Isla. Artista interdisciplinaria, escritora, performer, música y activista queer. Nació en la Patagonia argentina en 1987 y migró a Buenos Aires en 2006. Se licenció en psicología y se especializa en géneros y sexualidades.

Publicó la “Casino Casa Grande”, (EME Editorial, 2018); un libro infantil con música original “Un regalo de Cuento” (Editorial Muchas Nueces, 2017), y ha publicado ensayos y poesías en revistas, fanzines y libros colectivos. Es compositora e intérprete de cinco lanzamientos en formato EP y LP. Desde el 2013 lleva adelante el proyecto experimental “Swing Queer” de investigación y performance.
Abrir publicación

¿Quién cuida a quien cuida? Familias cuidadoras de personas en situación de discapacidad

Jesús Manuel González Huerta
Juana Guadalupe Reynoso Mata
Froylán Mauricio Díaz Rojas

Hablar de lo que no se habla permite dimensionar los alcances de un problema, a su vez, identificar los aspectos que lo generan y, finalmente, ofrecer soluciones o alternativas. En este ensayo optamos por dialogar con sensibilidad y respeto de un tema complejo; debido a que conocemos las causas y consecuencias desde experiencias personales, así como aquellas que hemos recuperado a través del trabajo de acompañamiento de personas en situación discapacidad.

Es importante resaltar que no pretendemos generar ningún juicio valorativo ni mucho menos una crítica a la manera en que se construyen las relaciones entre las personas que cuidan y la persona en situación de discapacidad que requiere de cuidados, por el contrario, es abrir un diálogo que desde hace mucho tiene que de los silencios a los que se ha sometido debido al atentado que esto puede causar a las susceptibilidades de una sociedad que se rehúsa hablar de lo urgente y lo importante.

Con esto se quiere decir que no se habla de un tema porque no se encuentra la manera de abordarlo, de rodearlo con la suficiente objetividad para encarar lo que puede ser una problemática que culmina afectando la vida de estas personas.

La llegada de una persona en situación de discapacidad a un sistema familiar, viene acompañada de una serie de sentimientos ambivalentes por parte de las madres, los padres, los hermanos y de cada miembro de la familia, además, es un factor de cambio radical en la estructura de la dinámica familiar, por lo que la familia tiene que organizarse y restructurarse en cuanto a las actividades nuevas para los cuidados de la persona en situación de discapacidad y las actividades propias del hogar.

La organización del sistema familiar cambia en cuanto a los cuidados, la atención, las citas médicas y las terapias que la persona en situación de discapacidad requiera, esto va a estar relacionado con el tipo de discapacidad que la persona presenta, a mayor grado de severidad en la discapacidad mayor dependencia en atenciones para los cuidados por parte de la familia. En muy pocas familias se logra que los cuidados y la atención de las personas en situación de discapacidad sea equitativo, pues varía de acuerdo a la edad, a las ocupaciones, y a las actividades que cada uno realiza, y el rol de cada miembro de la familia en el hogar. Por lo general el cuidado y la atención se sesga a un miembro de la familia que toma el rol del “cuidador” o “cuidadora” y es quien asume la responsabilidad de hacerse cargo de la persona en situación de discapacidad, la mayor parte del día y de su vida, generando una dependencia y no una relación interdependiente entre ambas personas.

Recuperamos dos testimonios que permiten hacer un ejercicio de reflexión sobre las relaciones que se originan en torno a los cuidados.

TESTIMONIOS DE FAMILIARES QUE CUIDAN A PERSONAS CON DISCAPACIDAD.

El primer testimonio es relatado por una mujer de 32 años, hermana de una mujer de 27 años con discapacidad motora de nacimiento.

Desde que tengo memoria mis padres me inculcaron el respeto al prójimo y el amor a Dios pues nací en una familia católica y conservadora. La ciudad en la que vivo tiene tradiciones religiosas muy arraigadas y al ser una población muy pequeña los chismes y los rumores corren rápidamente, cuando nació mi hermana menor recuerdo que los doctores y mi familia estaban preocupados por la salud de ella pues tenía una enfermedad que no lograban diagnosticar correctamente. Con el paso del tiempo y varias operaciones, la salud de mi hermana y su movilidad no mejoraban. Esto provocó que poco a poco nuestra familia se fuera resignando en que entre nosotros tendríamos que cuidar a mi hermana con discapacidad. Obviamente los rumores y las condolencias por la situación en la que se encontraba mi hermana y nuestra familia no tardaron en llegar. Mi familia y yo así como mis amigos y conocidos todo el tiempo procuramos atender las necesidades de mi hermana y apoyarla moralmente pues sus estados de ánimo varían de un momento a otro por diferentes razones; la escuela, el bullying, los chavos que le gustan y no la pelan etc. No sé por qué pero mi hermana menor siempre ha preferido salir conmigo a fiestas, de paseo simplemente que yo sea quien la atienda, tal vez por ser la mayor o tal vez por ser la más paciente, realmente a mi esta situación no me molesta pues yo creo que en esta vida estamos para servir y ayudar a quien más lo necesita, además que las labores de mis padres y la impaciencia de mi segunda hermana me orillan a ser yo quien la procure más, sé que no es culpa de ella aunque a veces tiene actitudes que no ayudan mucho, como por ejemplo que es muy celosa conmigo cuando un galán se me acerca o me pretende; otro ejemplo sería como cuando quiero salir con mis amigos o amigas a solas y mi hermana o mis padres me piden que me la lleve, realmente nunca me lo han exigido o condicionado pero yo me siento comprometida con mi hermana y mi familia tal vez sea por mi manera de ser, o tal vez sea porque mi otra hermana siempre busca algún pretexto para zafarse de situaciones como esta. En algún tiempo decidí por mi propia cuenta ir a terapia con un psicólogo pues tenía algunos problemas en el trabajo y problemas amorosos, estas terapias removieron sentimientos que tal vez no pensaba o que me costaba trabajo aceptar principalmente porque mi vida se estaba convirtiendo en algo aburrido, monótono y pesado. Hace un año mi hermana la de en medio se casó y se fue de la casa, mi hermana menor lleva tres años en un trabajo estable pero poco remunerado y mi relación con ella sigue igual pues sigo siendo yo quien la atiende y la acompaña a donde quiera, estoy consciente que no me gustaría estar así toda la vida pues los años pasan y estoy dejando de hacer actividades que me gustarían hacer. Por otra parte mis padres cada vez están más grandes y cansados y no los culpo de mi situación ni la de mi hermana menor pues ellos de una u otra forma nos han dado lo necesario para salir adelante.

Sé que debo buscar una solución a esta situación pero la costumbre y esta relación tan estrecha con mi hermana menor hacen que posponga esa búsqueda. Observación: actualmente y después de dos años de este relato la dinámica entre la hermana mayor y la hermana menor continúa de la misma manera, afortunadamente la hermana mayor consiguió un buen trabajo con un sueldo aceptable pero los escasos ingresos de su hermana menor la orillan a compartir gran parte de su paga con ella.

El segundo testimonio proviene de una familiar de dos personas con discapacidad severa un hombre de 42 años y una mujer de 39 años los cuales están bajo el cuidado de su hermana de 50 años quien nos relata lo siguiente:

En mi familia yo soy la mayor de 9 hermanos, de los cuales 3 nacieron con una enfermedad degenerativa que rápidamente los hizo usuarios de silla de ruedas. Mi primer hermano falleció cuando yo tenía aproximadamente 20 años por la misma enfermedad, mi segundo hermano con discapacidad nació cuando yo tenía casi 9 años de edad y la tercera hermana con discapacidad nació cuando yo tenía 11 años de edad. Ella es la más chica de mis 9 hermanos, algunas veces me preguntaba por qué mis papás decidieron seguir teniendo hijos a pesar de esta enfermedad congénita. Uno de mis primeros recuerdos con mis hermanos con discapacidad fue cuando repetidamente mis papás y principalmente mi papá nos dijeron que a pesar de la condición de nuestros hermanos nosotros teníamos que continuar con nuestras actividades y que no era nuestra responsabilidad hacernos cargo de ellos, que ese rol era de ellos, que estábamos en toda la libertad de seguir con nuestros planes de vida. A pesar de esto, uno de los primeros recuerdos que tengo de mi hermana menor fue cuando yo tenía 13 años aproximadamente, una noche mi mamá llego a mi cuarto y me dijo que al ser yo la más grande y mi hermana la más pequeña esta dormiría de ahora en adelante conmigo, hasta la fecha siempre he visto por mis papás y por todos mis hermanos sin distinción alguna y lo hago con gusto.

Observación: cabe hacer mención que durante este relato la cuidadora decidió no continuar con la entrevista, actualmente la cuidadora continua viviendo con sus papás y su hermano con discapacidad. La hermana menor con discapacidad consiguió un trabajo estable donde conoció a un hombre con discapacidad y hace algunos meses se casaron. Aun así la hermana mayor sigue estando al pendiente y atendiendo sus necesidades.

A modo de conclusión:

Es necesaria la visibilización del trabajo que realizan las personas que cuidan y acompañan a personas en situación de discapacidad, especialmente cuando son familiares directos, con el objetivo de diseñar e implementar acciones que permitan el pleno desarrollo de las personas involucradas en el cuidado, así como políticas públicas que posibiliten el goce y ejercicio de derechos y libertades en condiciones de igualdad.

[divider]

Nosotras somos un equipo que se conformó a raíz de nuestros intereses personales en el tema y a nuestras lineas de acción en el campo laboral. Froylán Diaz y Guadalupe Reynoso desde el sector gobierno apoyan a las personas en situación de discapacidad. Manuel González, desde la parte de la investigación en el Centro de Estudios para la Inclusión y la Cátedra UNESCO «Igualdad y No Discriminación». Nos consideramos personas defensoras de derechos humanos de las personas en situación de discapacidad, así como activistas, debido a que realizamos trabajo de acompañamiento y hemos realizado algunas activaciones en contextos universitarios sobre el tema.

Abrir publicación

¿Quién cuida a quién dentro de la militancia y el activismo cultural y político?

Una mirada feminista de la “ética del cuidado” en las colectividades

Por Tibisay Mendoza

imagen: En la calle te crees el Che, en tu casa eres Pinochet»/ Lily Cursed

Hace una semana atrás en mi país se suscitó una denuncia de violencia sexual por parte de una compañera, una activista internacionalista que venía en cooperación y voluntariado a permanecer en un espacio comunitario donde varios colectivos políticos y culturales hacen vida en función al accionar una zona agrícola comunitaria y de formación, cosas que en mi país siempre ha sido una carencia por décadas. Esa denuncia nos puso en estado de alerta a las feministas y asimismo nos preguntábamos ¿sino estamos a salvos dentro de nuestros propios espacios de luchas, entonces cómo nos cuidamos todes? A su vez me preguntaba en lo individual ¿entonces el mundo de la izquierda, es un mundo de hombres pero además de hombres machistas que además al parecer responden solo a los pacto de la fatria?

Vivimos en una sociedad donde el patriarcado es funcional al capital y a su vez el capital afecta al patriarcado haciendo que se recrudezca y se fortalezca. Así lo menciona Rita Segato dentro de sus tantas entrevistas sobre cómo se construyen la sociedad patriarcal[1]. Por otra parte entendemos que no pueden existir espacios comunes anticapitalistas, decolonial, sin estar consciente cómo se articula estos dos “ordenes” históricos como señala la antropóloga Segato. Cuando un hombre dentro de un espacio mancomunado y de accionar en una comunidad colectivista ejecuta una escena de poder machista llevándola a su máxima consecuencia como es la agresión sexual, violentando con afán de consumir un cuerpo de una mujer, y forzando a la conquistualidad del poder, el patriarcado al igual como los hábitos del capitalismo, del colonialismo han ganado nuevamente y por lo tanto “ningún patriarcón hará la revolución[2]

De los cuidados y los feminismos

Varias críticas casi peyorativas hablan de la visión que tenemos algunas feministas en el tema de cuidados, uno de lo más contiguo es la sentimentalización del cuidado[3]. Se nos ha tildado de propiciar un “pensamiento maternal” de codependencias en el operar colectivo. Sin embargo, hay una defensa sobre las múltiples teorías entorno a la “ética de cuidado”. Para algunas y algunos esta teoría solo se basa en estar consciente y luchar por la reivindicación (sobre todo económica) de quién es la sujeta que apoya, sostiene o labora para mantener a seres que necesitan de ser cuidados por causas de salud o de crecimiento como son los infantes, entre otros, y por el otro lado existe un ecofeminismo que se centra en repensarse las relaciones humanas y sus vínculos con la naturaleza en torno a la “ética del cuidado” en miras a una sociedad pospatriarcal[4]Adherido a esta malgama teórica tenemos recientemente otra “ética del cuidado” y de acción colectiva que ha empezado a emanar desde los feminismos y que permite dar frente a la violencia machista que cada vez va en incremento.

En este caso me referiré a este último postulado y eje de acción. Hace un mes leía una anécdota de cómo varias chicas (jóvenes) de una barriada Argentina habían encontrado la manera de cuidarse entre ellas para salir a rumbear (salir de fiesta) las chicas describían el entorno común como una zona lo suficiente violenta, machista y caracterizada por varios femicidios perpetuados, estas consecuencias habían territorializado la ética del cuidado popular y cómo el feminismo popular investigaba sobre los hechos de violencia de la localidad, narraban como iniciaban estrategias formativas en el barrio en materia de género y la prioridad de explicar a las jóvenes y a la población general el tema del consentimiento sexual[5]esa historia me hacía pensar en mi país en ¿cómo era la dinámica en mi país?

Acá nos hemos acercado a entender lo que implica esta “ética de cuidado”. Aunado a ello vivimos en una crisis de toda índole: económica, social y política, por dar un ejemplo no tenemos cifras oficiales que nos permita monitorear la violencia de género pero estamos consciente que la problemática va en aumento. En tal sentido, algunas feministas se han dado a la tarea de ir a la calle a denunciar y presionar a la “justicia”, otras se han dado la tarea de hacer acompañamiento a los familiares en casos concretos de femicidio y otras han diseñados estrategias para monitorear estas violencias a través de plataformas tecnológicas que son conocidas por algunos grupos feministas y por otros no. Estas tareas refuerzan el crecimiento dentro de la “ética de los cuidados”. Sin embargo, a pesar del esfuerzo, el tiempo y la dedicación todavía no somos mayoría, algunas son consecuentes y todavía no hemos terminado de concretar y aterrizar esas redes de apoyo, que a su vez salga de las bases y sea lo suficiente visible creo que estamos en ese proceso. Es una ardua tarea en un país polarizado por la política y los feminismos no están ausentes de tal situación.

Por otro lado en mi país la formación en temas de historia del feminismo, violencia de género, el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo, entre otros, están presente en el quehacer de los diferentes grupos feministas sobre todos centrado en grupos de mujeres de diferentes clases sociales pero son muy pocos los hombres que se acercan a estos espacios, aunque si bien es un hecho importante este accionar, al parecer se necesita de mucho más para que podamos construir comunidades verdaderamente colectivas, libre de violencia, de entender los feminismos como diversos, plurales y transversal al Estado, de tejer vínculos por encima de los proyectos histórico de las cosas.

 

Comunidades colectivista, y los cuidados

«Retejer vínculos no puede ser para una finalidad inmediata.
La meta histórica tiene que ser el ser comunidad» Rita Segato 2015

A raíz de la denuncia que mencioné dentro de mis primeros párrafos que a su vez fue avalado por un comunicado oficial por diferentes organizaciones políticas, comunicacionales que hacen vida en el espacio me llamó mucho la atención que se solicitaba practicar la formación feminista y fue allí justo en ese párrafo del comunicadoque reflexioné que siempre va faltar hacer más.

He reflexionado mucho estos días esa especie de manía entre algunas feministas venezolanas de estarnos comparando con los feminismos foráneos esa causa nos ha traído sus consecuencias, observo que tenemos construidos métodos parecidos a los feminismos de afuera, siempre tenemos un referente exterior, yo también lo tengo. No fue sino hace poco que hubo un debate corto pero condensado que se mencionaba sobre el hacer un feminismo a la venezolana, crear identidades feministas donde podamos reconocernos y me preguntaba ¿cómo somos las venezolanas? Bueno, de verdad nos encanta crear vínculos de hecho a pesar que hemos sido invisibilizadas, las mujeres venezolanas son las que más se organizan en sus comunidades, tienen capacidad para trabajar de manera horizontal y tienden a la colectividad, eso lo vemos en espacios populares, espacios comunes, esa es una fortaleza que a pesar que algunas se acercan más al “sentimentalismo del cuidado y al pensamiento maternal” también otras entendemos que la dinámica del cuidado podrían ayudar a formar esas redes que tenga cómo fin último hacer comunidad.

Los hombres y las mujeres que se acercan a espacios colectivos deben tener claro varios valores necesarios como es la reciprocidad, la justicia social, la armonía de las relaciones (implicando todas las relaciones humanas y no humanas) poder entender que hay formas de convivencia posibles fuera del colonialismo de eso realmente se trata los cuidados colectivos que buscan sociedades comunitarias más justas, las feministas venezolanas tan diversa como nuestra cultura busca esos valores y debemos seguir armando estos discursos para que no suceda en ningún espacio colectivo, comunitarios, familiares hechos de violencia.

[divider]

[1]Video a Rita Segato. Serie 14 entrevistas en reunión anual del Grupo Permanente de Trabajo sobre Alternativas al desarrollo, en mayo de 2018 en Ecuador. https://www.youtube.com/watch?v=CqdFtS208T8

[2]La consigna de Rita Segato en la marcha del 8 de mayo del 2017 en Madrid, España.

[3]María Luz Esteban. Los cuidados, un concepto central en la teoría feminista: aportaciones, riesgos y diálogos con la antropología. Revista 22 (2) Quaderns-e.

[4]Maristella Svampa. Las fronteras del neoextractivismo en Ámerica Latina: Conflictos. 2017.

[5]Eleonor Faur y Maria Alcaraz. Una ética del cuidado popular. Revista Anfibia http://revistaanfibia.com/ensayo/una-etica-del-cuidado-popular/

[divider]

Tibisay Mendoza. Licencia en Letras por la Universidad de los Andes, Venezuela con diplomado postgrado en Técnicas de Información y Comunicación por la cátedra de la Unesco del Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño Habana, Cuba. Redactora, bloggera, investigadora, comunicadora y docente instructora en Lenguaje y Comunicación, en diferentes institutos universitarios. Feminista y activista del movimiento de autoayuda (Self help) y el autoconocimiento por la descolonización de nuestros cuerpos.

Blogger:

Uterina blog https://uterinablog.wordpress.com/

El nido de la libélula https://elnidodelalibelula.wordpress.com/

Abrir publicación
imagen por Rini Templeton

Maternaje y cautiverios

imagen por Rini Templeton
imagen por Rini Templeton

 

por María José VM

No quiero ser madre,

ya cuidé a la mía enferma y fui madre de mi madre,

no quiero ser madre,

ya cargué a mi hermana pequeña

igual de pequeña que yo,

a la orilla de la presa

para que no muriera en el agua estancada de mamá.

 

No quiero ser madre,

mi espalda ya fue puente

pisada por hombres

que lavaron sus nudos en mi río.

 

No quiero ser madre,

 

llevé mis cactus a la casa

de la mujer a la que amé,

cuidé también sus plantas,

y dejé que esa peste amor secara mi jardín.

 

No quiero ser madre,

esta sangre es para el placer y las revelaciones

esta sangre no (re) produce,

esta leche que escurre,

solo es alimento para lobas.

[divider]

María José VM (Ciudad de México, 1992) Suave y redondo ratón. Investigadora en las ciencias ambientales y poeta. Su obra se ha publicado en las revistas Rojo Siena, Cascabel, Enchiridion, Saltapatrás, El Periódico de las Señoras, La sublime lenchitud y en la antología La voz de la semilla, Nueva cartografía poética de Baja California Sur a cargo de Ediciones de viaje en el 2016. Organizadora y participante en el 1° Festival de arte Feminista Caleidoscópica Violeta en La Paz B.C.S.

Contacto: marjos26vm@gmail.com

sitios:

https://www.instagram.com/suave_mostra/

https://medium.com/@marjos26vm

Abrir publicación

momennial

imagen por Ailen Possamay

por Anaité Ancira Garcia

la primera vez que fui mamá todo sucedió en un hilo hace diez años no había nadie solo mi hijo y yo un amor titánico y el instinto de supervivencia ahora soy mamá por segunda vez en la era millennial pero no soy millennial o al menos no por fecha de nacimiento me tocó ver trainspotting en el cine eso cuenta para mí como no ser millennial y tengo videos de mi hijo grabados con una cámara de vídeo ahora existe una tribu virtual hay aplicaciones  para el teléfono donde puedes obsesivamente anotar cada cosa que hace tu hijo desde tu vientre hasta que te aburras cientos de blogs cuentas de instagram grupos de maternidad en Facebook donde las mamás se quejan de sus suegras o de otras mamás  ¿haces colecho o lo dejas en su cuarto? ¿cuánto tiempo más le vas a dar chichi? ¿le vas a hacer la circunsición? ¿le pusiste aretes desde que nació? ? ¿pañales de tela o desechables? ¿le das papillas o BLW? ¿lo vas a rapar? ¿lo dejas llorar para que duerma? ¿vas a usar andadera o a dejarlo gatear? ni se te ocurra decir que no compras pollo orgánico  ¿porteas o usas carriola?¿alopatía o homeopatía?  ¿montessori, waldorf, constructivista, tradicional? ¿qué le vas a decir cuando te pregunte de dónde vienen los niños? ¿vacunas o no vacunas? ni toques ese son ¿cuánto tiempo los dejas ver la tele? ¿a los cuántos años les regalas un ipad? ahora hay una matrushka virtual con los dichos de las abuelas remasterizados en google leí que no debes dejar de hacer las cosas que te gustan y si ya no sabes qué te gusta te inventes algo no te descuides si quieres seguir trabajando no te sientas culpable de que se quede con una nana o en la guardería ocho horas no descuides a tu pareja vayan al cine o a cenar pero no dicen que es posible que no tengas ganas sobre todo tienes que sentirte bien porque si tú no te sientes bien tu bebé se va a sentir peor si lees bb mundo te dicen cómo hacerlo yo no encuentro el tiempo lo busco entre los pañales y las toallitas húmedas se volvieron algo indispensable en mi bolsa nunca las puedo olvidar porque si lo hago me arrepiento diez veces al día pero no importa tengo lavadora soy una mamá privilegiada el multitasking existe desde que existen las mamás si gugleas ¿cómo ser una buena mamá? aparecen 92,100,000 resultados pero la palabra maternar no existe en el diccionario de word  tengo siempre a la mano ibuprofeno no infantil de adulto a mis amigos ya casi nunca los veo pero siempre le dan like a las fotos de mis hijos en facebook nunca he hecho amigas en los grupos de mamás las toallitas húmedas del costco son baratas tal vez ahí pueda encontrarme a otra mamá que va los martes en la mañana porque a esa hora todos los demás están trabajando mientras yo ya sellé el boleto del estacionamiento y tengo diez minutos para salir pero ¡chin! se cagó el niño y se la sale todo por el pañal tengo que ir a cambiarlo me voy a pasar de los diez minutos voy a tener que pagar estacionamiento no tengo dinero sólo la tarjeta y el cajero no sirve lo bueno es que el niño ya no está cagado pero ahora quiere chichi ya aprendí a no salir sin un rebozo así puede ir tomando chichi mientras dejo las cosas en el coche y salgo caminando a buscar otro cajero cuando llego a mi casa la ropa ya está lista para sacarla de la lavadora pero primero la comida me acuerdo que desde hace horas tengo ganas de hacer pipí ¡ay qué rico se siente hacer pipí!  me quiero quedar en el baño hasta que sea de noche el otro día me tomé una selfie en el baño cagando con diarrea y mi bebé sentado en mis piernas no había nadie más que lo cargara estábamos él mi teléfono aka mamá virtual  y yo que no podía levantarme del  escusado  entonces vi nuestro reflejo en el espejo que está frente al baño “autorretrato de un día de mierda” le puse y la subí a instagram nunca te hace tanta falta tu mamá como cuando eres mamá así no son las selfies de las mamás millennials

[divider]

Anaité Ancira Garcia. México DF, 1980. 

Tengo estudios en psicología clínica, tarot y descodificación biológica sistémica. Desde el 2010 he publicado poemas en diversas revistas digitales e impresas como errr magazine, dédalo revista, periódico de poesía de la unam, revista consideraciones, punto en línea,  registro mx, revista trajín, el periódico de las señoras y revista el humo.

Mi primer libro de poesía “play, pausa, rec, mute” se publicó en 2018 con la editorial Grupo Rodrigo Porrúa.

Además de ser mamá de dos hijos soy terapeuta y actualmente estoy trabajando en dos poemarios, uno sobre maternidad y otro de poemas basados en las “figuras” del libro de Roland Barthes “Fragmentos de un discurso amoroso”.

Abrir publicación

Mi herencia

por Lilith Silva Sánchez

En homenaje a mi amada tía Félix Bañuelos y mis abuelas. Especialmente para mi madre.

Creo, que aprendí a cuidar porque mi mamita me compraba mis vestiditos para los bailables de la guardería, veía su felicidad en mis logros de danzarina, de ahí la épica foto de rumberita power con sus olanes rojos y mi sonrisa que quedó encuadrada ayer y ahora en su despedida y que pende de la pared de mi casa desde hace un año que ella se fue. Mi cuerpa, tiene en sus saberes a mi tía-madrina de bautizo Félix Sánchez Bañuelos; quien trabajó de empleada doméstica con la mamá de “La Doña Félix” en Sonora. Ahí estuvo por tres años consecutivos vistiendo el hábito de Carmen, para ahorrar y comprar una casa en Domingo Arenas, en el pueblo de Nativitas Tlaxcala (antes y ahora en mi corazona, Yaucuitlalpan). Ella logró, junto a todas las mujeres de la familia, inlcuyendo a mi tío Tomás, la manutención-cuidado de la enfermedad imposibilitante del abuelo; la depresión y tristeza profunda de Alberto. Ese diagnóstico invisibilizado nos dio tal protagonismo a pesar de su y mi tierna edad, ella junto a mi madre revelaron en mi esa tarea que me ha dado mucho e incluye cuestionarme. El cuidado de mis amigas amadas como si fueran mis carnalitaos. A mi padre y madre porque los vislumbré unos adolescentes a mi cuidado y se me olvidó que yo era 20 o 25 años más pequeña que ellaos. Que si por ser la más grande, que si porque fui a la escuela, que si porque soy la que no tiene hijos, que si porque soy la sobrina consentida, la hija predilecta… los cuidados en la familia se heredan de aprender a quienes nos toca cuidar o porque elegimos como un lenguaje amoroso y, a veces, vivificador. Yo hoy elijo husmear en lo positivo de la cuidadera hermosa.

Mi abuela Herlinda me cuidaba dándome consejos de que si el tesito de floripondio para abortar, que si hay que cuidarnos en manada, que si es nahual o cuerpo de hombre violador, por no decir del tráfico de personas en el Estado proxeneta más reconocido a nivel internacional como lo es Tlaxcala.

A mi abuela Elsa la amé cuidándome al sacarle punta a mis colores de la primaria y enseñarme las tablas de multiplicar y su paciencia que a naiden regalaba. Para mi fue el moño que se empeñó en gritarme que eso mero era el cuidado una tarde sentadas en la tranquilidad porque crear, aprender, leer y enseñar. Eso es para mi cuidar. Y aunque ahora en mi tostoñera vida adolezca de ese autocuidado, el feminismo me ha dado la pauta de virar pa mi sin subestimar que va de la mano. Apenas este año hice mi currículo de la participación política y de ahí nació el deseo de cuidar de la colectividad y de mis profesoreas, quienes me han enseñado que un nosotroases como masco en esta vida. Con ellas no me da tanto miedo escribir, además siento que tengo tanto que decir desde mi, que ya no tengo esa sensación de achicamiento, por el contrario, escribir ahora después de la manifestación del 16 de agosto de 2019 me dio impulso para decir que pa mi es importante sin que me preocupe cómo huir. Entintar con las historias de las mujeres de mi familia ese preciado acto de cuidar es, por tanto, un verdadero agasajo.

[divider]

Lilith Silva Sánchez. Alquimista de la corazona, trotamundos y saltapatrás. Ingeniera Química de profesione y cotidiano, artivista, cábula y standupera rapera y 30 años de ex-vendedora de nopales, habas y requesón en San Lucas Tepetlacalco en Tlanepalntla, Edo. de México.

Adicta a la poesía y al tibitábara.

Navegación de entradas

1 2 3
Volver arriba