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Quimera Rosa: estimulación, colectividad y transmisión de conocimiento

Sexoeskeleton es su próximo proyecto, que realizan con Oskoff Lovich y Víctor Mazón. Basado en el hackeo, el cacharreo y el DIY (Do It Yourself), es un exoesqueleto para establecer relaciones sexuales a distancia cercana… que además estará disponible para poder armarlo en casa. De eso trata Quimera rosa: estimulación, colectividad y transmisión de conocimiento.

Por Ivelin Buenrostro

Un par de ojos castaños y una enorme sonrisa enmarcada por cabellos rojos da la bienvenida. Es Ceci. Al fondo, el olor de los pimientos del padrón asados invita a pasar y refiere la presencia de Yan, que en la cocina, termina los últimos detalles para subir a la terraza y dar inicio a nuestra entrevista con una ligera cena de tapas.

     Ceci pide un tiempo para comer antes de contestar cualquier cosa. El cuestionario lo he resumido en cuatro preguntas básicas: ¿Cómo empieza Quimera Rosa?, ¿Por qué Akelarre Cyborg? ¿Por qué sadomasoquismo (SM)? ¿Por qué el sonido?

Yan, comienza a contar:

     Quimera Rosa empieza hace cinco años por una relación entre dos personas que no se encuentran satisfechas con los binomios sexo-género en cuales están socialmente catalogadas, y deciden comunicarlo de forma pública y artística.

     Ceci añade, también de encontrarnos en un entorno artístico, diferente, trabajando con gente que se está cuestionando en torno al sexo, al género, a la postpornografía: un espacio fértil para realizar cosas.

     Barcelona ha sido un terreno fecundo en la escena postporno. Las dos hacen referencia y agradecen, por ejemplo, el maratón del MACBA que en la década del dos mil contribuyó a la articulación de una importante red de personas que trabajan ese tema, cada una desde enfoques y preguntas específicas, pero en comunicación y, cuando es posible, encontrándose. El término de quimera lo retoman por Donna Haraway, quien enfatiza la desnaturalización del género y los consecuentes fundamentalismos que acarrea: “Quimera, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo…”

Akelarre Cyborg

La transformación cotidiana es una cosa, la performance akelarresca, otra. Quimera Rosa trabaja a través del juego que se crea en el escenario, sólo poniendo pautas para el intercambio y la generación de acciones, pero en donde el público hace y deshace a su antojo, juega, bebe, se dispersa, vuelve… Tanto, que a veces no saben cuándo hacer que pare. Como en el último akelarre en Barcelona, que duró dos horas y media. Akelarre Cyborg es una performance que han realizado en diversas ocasiones, pero varía y está en transformación continua.

     Yan escribía sobre brujas, por lo que empezaron a preguntarse: ¿Qué características debería tener una performance desde la dinámica de un aquelarre? Mientras platica, Ceci complementa las ideas. No importa quién lo diga, contesta Quimera Rosa como unidad:

     Yan: La idea del ciborg lo trabajábamos desde antes, la prótesis como extensión corporal, el ciborg como una manera de construcción de las relaciones y los cuerpos. Partimos del anclaje feminista post-identitario, retomamos el aquelarre porque históricamente se ha entendido que el feminismo aparece después de la modernidad, en un sitio dado, en un momento específico y asentado en una cultura determinada. Un subproducto de la modernidad, de la ilustración. ¿Qué ha pasado antes? ¿Qué se ha perdido como historia? ¿Qué ha habido en otros sitios? A través de la brujería, ejercicio de ficción —porque sabemos que la historia ya está escrita y sabemos por quién— queremos acoger estas imágenes y generar metáforas. También tiene que ver con una crítica de todo el  movimiento de la modernidad, que es el momento mismo de la colonización y de la caza de brujas: de la normalización cultural.

    Ceci: También tomamos la idea del aquelarre como arte total, donde hay una cosa compartida, colectiva, festiva, donde se transmiten conocimientos. Vamos probando, trabajando con rituales colectivos, trabajando con la gente ahora, antes no trabajábamos directamente con las personas en el espacio escénico. Nosotros damos las pautas, pero el ritual lo hacen ellas. La idea es que coja una forma orgánica, autónoma y que la gente pueda moverse por el espacio y hacer lo que le apetezca. Es un  proceso de experimentación constante.

    Yan: Mezclamos la imagen entre naturaleza y tecnología, de borrar esta frontera entre lo que es natural de lo que no lo es, también asociada a la bruja como imagen prototipo. La mujer que está cerca de la naturaleza y se opone al ser tecnológico se rompe, queda atrás. Trabajamos con elementos muy sencillos a nivel simbólico —el agua, la sal— pero usando sus propiedades técnicas (como la electricidad). Es hacer alta tecnología con los elementos más básicos, como una bruja: cuando fabricas una droga con la planta, estás haciendo alta tecnología, cuando curas gente con una planta estás haciendo alta tecnología, no estás ahí con un don natural. Hay una producción y transmisión de conocimiento genuina.

          Queremos romper con la imagen esencialista acerca de la brujería que, no es un conocimiento científico. Claro que no lo es porque le quitaron ese estatus. Estás en la Edad media, una época totalmente inculta al nivel del poder, y de repente el Renacimiento, donde aparecen todos los conocimientos. Desaparecen las brujas y te dices a ver, ¿qué ha pasado aquí? Es una transmisión de conocimiento que no se ha dado, sino que se ha robado. Lo mismo pasa con la colonización. De un montón de sustancias que se manejaban, —por ejemplo, la quinina, un ejemplo típico de sustancia que se usaba por las comunidades que vivían ahí y curaba la fiebre, era abortivo, etc.— llegan los colonizadores con la malaria, empiezan a morirse, la ciencia de entonces no es capaz de hacer nada, y se dan cuenta que hay una medicación que les cura. Lo que hacen es robar este conocimiento, desaparece de ahí porque lo tachan de brujería y lo catalogan como descubrimiento científico europeo. Deforestan los bosques y empiezan a producir quinina a saco. Siempre ha pasado este proceso de robar el conocimiento y ponerle el sello científico. Entonces esta cosa de pre-científica y científica es una invensión. Se empieza a crear la universidad, las disciplinas, medicina. Ahora mismo, el  feminismo está ocupando mejor esos espacios de poder y hay ganas de ocuparlo, de subvertirlo desde dentro.

Mientras los vasos de vino se vacían y llenan, hablan de la importancia de descontextualizar el akelarre también, una experiencia en  Cochabamba:

     Ceci: En Cochabamba, Bolivia el akelarre funcionó muy bien porque es una comunidad que maneja mucho los rituales en el aspecto cotidiano, hay otra relación con lo colectivo, con la comunicación no verbal, con cosas que estamos intentando probar y ahí fue mucho más sencillo.

     Yan: Cuando las brujas se encontraban se daban citas en sitios que no eran especialmente suyos, sino que eran favorables para encontrarse porque las condiciones permitían hacerlo, pero venían de varios puntos, de varios países lo cual no era una  complicación en sí, pues se juntaban para producir conocimientos, experimentar cosas, de tener  prácticas pactadas.

      Si trabajas desde unas pautas comunes, simbologías comunes —o diferentes, pero hablando del mismo elemento— no hay mucha complicación. Y, en Bolivia, si bien había una base de entendimiento, también había una de extrañeza frente a nuestras prácticas, y esto generaba un diálogo muy bueno, porque nosotros también estábamos en la misma situación de extrañeza y apertura a la vez, digamos éramos marcianas las unas para las otras, entonces era fácil.

     Ceci: Trabajar en Bolivia fue trabajar un poco fuera de la comodidad. Estábamos repitiéndonos, estancándonos y  aunque no era  un sitio que entendiera a lo mejor la base de lo que estábamos haciendo, nos dejaron trabajar de manera totalmente libre, sin ningún tipo de censura… hicimos cosas que pudieron parecer fuertes y no hubo ningún rechazo ni problema, al revés. De hecho nos han censurado más aquí.

    Es curioso porque estando paradas desde un discurso de desidentidades, desidentificación, muchas veces  acabamos juntándonos con un cierto ghetto, con unas ciertas personas o con unas ciertas prácticas, que en un momento pueden ser rompedoras de algunas cosas pero si uno se acomoda en eso también puedes ser un poco conservador en cierto orden: “hago estas cosas, hago estas prácticas, hago estas performance, me dedico a tal cosa”.

Akelarre Cyborg son Yan y Ceci, pero también Paula y María de TransNoise, cuatro personas que trabajan en conjunto cuando la situación lo permite, es un proyecto nómada, circunstancial, contextual y modular. Como el aquelarre, viene quien puede, pero siempre fluye.

BDSM

     Yan: Para mi es una herramienta de revelación y de liberación sexual porque permite modificar la configuración corporal habitual de las relaciones sexuales basada en los genitales exclusivamente, entonces es tanto una herramienta para trabajar a nivel sexual como de género porque no importan las supuestas preferencias que puedan tener las personas si están en juego otros parámetros más allá de su género o sexo. También trabajas a nivel de las relaciones de poder, porque en las relaciones heterosexuales clásicas el poder está dado de por sí en la relación hombre-mujer. En el sadomasoquismo se pacta todo, los roles se pueden intercambiar y siempre hay consciencia de estar performándolos, entonces es una herramienta de deconstrucción muy potente.

     Ceci: Se performa la masculinidad, la feminidad. Lo que pasa al tener que pactar con alguien, comunicarse con  alguien para decir “bueno, hacemos esto, a mí me gusta esto, a mí no me gusta esto”, es precisamente deconstruir la naturalidad que pueden tener las relaciones sexuales, que parece que fueran una cosa dada de una manera entre un hombre y una mujer, o entre dos hombres, o  entre dos mujeres. Te genera un espacio de deconstrucción de las relaciones sexuales, de lo que pudimos haber aprendido que deben ser pero también tiene que ver también con el trabajo en las fronteras: público-privado, placer-dolor, qué es lo corporal. También es una forma de deconstruir lo que son los placeres y lo que es diferente, que no es la manera establecida socialmente. Además quita prejuicios. Hay miles de grados en el SM, desde un juego de rol, hasta electricidad, y siempre se ve algo rudo y fuerte, pero tiene que ver más con esa deconstrucción sexual donde las cosas son pactadas. Por ejemplo, la primera vez que vi a alguien que se daba electricidad me dije: “joder, yo vengo de Argentina, 30 mil muertos y desaparecidos, la picana eléctrica, los militares”. Pero no lo vi como “eso es malo” si no que yo tengo una limitación: La única manera como puedo ver esto es como un modo que genera dolor, represión, pero esta forma de verlo ha cambiado. Con este ejemplo, puedes ver la artificialidad que hay en las relaciones de poder, ya que te das cuenta que las prácticas no tienen una naturaleza establecida para que sean sexuales o no sean sexuales, placenteras o dolorosas, hay más elementos en juego, como el contexto y un montón de cosas.

     De hecho generalmente las relaciones sexuales básicas se ven como naturales pero no es así. Mi primera relación sexual la asumo como una violación, pues fue una cosa de poder de un tío sobre una tía. El SM no es una práctica de un guetto, de un grupo, sino una práctica de cualquier persona que se relaciona con otra, de dos personas conversando, una recibe placer y cuando dice basta  pues basta y se acabó. Porque en la base debe haber un pacto para relacionarte sexualmente con alguien, no hay nada natural dado, las relaciones se juegan, tú pones las reglas y dices hasta dónde puedes llegar.

    Estamos acostumbrados a que las cosas no se negocian, tú no puedes decir “hasta aquí no quiero jugar más” o “esto no me gusta”… hay ciertas cosas que tienes que sí o sí, seguir, porque parecieran de la naturaleza humana y no es así.

    Yan: Naturalización de la violencia, también. El SM lo que hace es desplazar un poco la noción de violencia. Me  interesa dejar bien claro que el SM nunca es violencia, la violencia no está en la práctica, sino en el no consenso. Hay gente a la que le gustan unas cosas, a otras no, se van cambiando de gustos, se juegan con relaciones intensas sensoriales.

    En el SM, yo no siento dolor. Lo que pasa es que la gente proyecta su imaginario y piensan que eso duele. No me duele, de lo contrario no lo haría. Cuando paso la frontera en que el placer ya es dolor, paro, este tipo de relaciones te permiten decir cuándo es suficiente.

    Ceci:  No es que dejes a mitad el polvo, es eso el polvo, relaciones que no tienen un principio ni un fin establecido, un protocolo, sino un contexto y particularidad de las dos o tres personas que se estén relacionando. No hay una meta ni  un recorrido establecido sobre lo que debe ser la relación sexual, ni se entiende que deba ser puramente genital. El cuerpo entero es un órgano sexual, además ampliable. En las perfos, trabajamos el BDSM con sonido: por ejemplo con agujas, cuando la persona toca las agujas, genera sonido: transformas el cuerpo, es como un instrumento, juegas con él, modificas la relación sexual, lo que podrías hacer. Yan, agrega, el SM es una práctica creativa.

El sonido

     Ceci: El cuerpo implica todos los sentidos, no es sólo el coño o la polla. Vas tocando algo y generas sonido, es una  relación nueva.

    Yan: Hay ganas de deshacerse de lo visual, de la visibilización, pues te hace repetir estereotipos y normas. El sonido está mucho menos codificado, se trabaja la sinestesia, mezclar los sentidos, escuchar sonidos y colores. Si el tacto genera sonidos, genera sentidos nuevos, por lo tanto cuesta más dar unicidad y normalizar, es algo completamente marciano.

    Ceci: Sobre todo porque abre también las posibilidades de no ver cuerpos tan definidos, se amplía el paisaje de percepción al ser más confuso, genera mucha sensación, abre otros canales de percepción. Es interesante tanto si lo haces como si lo ves. Y al igual que el aquelarre, funcionan otros patrones mentales que los habituales, y la visión está muy ligada a la normalización de los cuerpos. El sonido está un poco menos racionalizado.

    Vemos el sonido como un espacio más anárquico y posible de abrir percepciones que la imagen. Vivimos en un mundo visual, nos manejamos por la imagen, nuestra cabeza funciona de manera estándar en ese sentido. Al sonido, sobre todo trabajando con noise, no con melodía ni estándares musicales que lo guíen, te posibilita relacionar otras cosas.

Las contingencias les permiten trabajar y aprender de gente de diversas áreas, contagiarse, articularse. Como con Post-Op, con quien hacen performance, o en los Genera Tech, que organizaba Klau Kinki y los Summerlab organizados por Pedro Soler. Como en un akelarre, con gente que deja los conocimientos abiertos, a los que todo mundo tenga acceso, con tecnologías baratas, que cualquiera puede construir. Como en un akelarre, ampliando los canales de percepción. Habrá que esperar a que el desarrollo del Sexoeskeleton pronto esté terminado, para poder experimentar con él.  Acá el video de la performance Akelarre Cyborg y las ligas de Quimera Rosa, para que vean mejor de qué va:

Akelarre Cyborg [Performance] from Quimera Rosa on Vimeo.

http://quimerarosa.tumblr.com/

http://vimeo.com/quimerarosa

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Ryan McGinley: sobre la representación del tiempo catártico.

Por Marisol Maza

La temporalidad humana esta construida a partir de entender la vida como un transcurrir que se encuentra en la polaridad o tensión entre el tiempo cotidiano y el tiempo extraordinario. El tiempo extraordinario, ya sea en el momento de la catástrofe o del placer, es aquel en que la identidad o la existencia misma de una comunidad entra absolutamente en cuestión, donde los valores en los que se rige se vuelven flexibles; el tiempo del acontecimiento lo es también de la reconfiguración.

El tiempo propio de la festividad es aquel en que se rompe con lo cotidiano, pero es también el tiempo compartido, múltiple. El tiempo de la irrupción, en el plano de lo imaginario; del estallido de lo cotidiano,  de la realización o de la aniquilación  de la comunidad, el momento de la luminosidad absoluta o  de la tiniebla absoluta.

La temporalidad de la fiesta puede concebirse como un tiempo similar al tiempo del placer sexual, que tiene una temporalidad propia a partir de la perdida de control, y a su vez, de la pérdida de noción de tiempo, del tiempo medido como tal.

El tiempo representado es siempre un tiempo fragmentado. Toda imagen fotográfica tiene una temporalidad propia y tiene intrínsecamente una narrativa, una historia contenida en la que el tiempo es reducido a una imagen estática.

El momento fugaz del instante, el momento de la subjetividad absoluta es convertido en una imagen objetiva que es posible analizar, revisar, interpretar.

En este sentido podríamos cuestionar de qué manera es posible la representación de esta temporalidad festiva, sin que se vuelva una ilustración de ésta. Tal vez al  ser participe de esa temporalidad alterada, de estar inmerso en el instante de la chispa, del estallido de la risa, del orgasmo. El tiempo de la catarsis. Imágenes que no permiten entenderlas del todo, descifrarlas, aquellas que no permiten acceder sino a partir quizás de la reminiscencia de la propia experiencia.

Para ver más de Ryan McGinley: http://ryanmcginley.com/#

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PANdemonium

BRUJERÍA DIY: Un Decálogo a Propósito de Magia y Arte de performance

Por Lechedevirgen Trimegisto

Dedicado a Pé De J. Pauner , escritor y artificiero pánico.

Lo he sabido desde siempre. Hace años recuerdo haber leído en La danza de la realidad de Alejandro Jodorowsky la idea “La raíz del arte en México es la brujería (…)” esta simple frase retumbó en mi cabeza un largo rato. Con el paso del tiempo y dentro de mis prácticas corporales y artísticas me he percatado de que efectivamente es así, no sé si sólo es el caso de México, me atrevería a decir que no, que lo es en todo el mundo.

     Ocurrió al desarrollar mi taller Alquimia del Cuerpo, como un esfuerzo propio por reunir y atar todos esos cabos sueltos entre magia y arte, donde pude comprobar la estrecha unión de ambas dimensiones del acto creativo. En varias entrevistas a lo largo de mi historia como supuesto artista y performancero me han interrogado acerca del motivo por mi preferencia por el performance con relación a los demás medios de expresión, mi respuesta ha sido siempre la misma: toda expresión artística conlleva un ejercicio creativo, dicho ejercicio se compone del acto primigenio, el acto creativo por excelencia, el mismo que lleva a un niño a rayar las paredes o el mismo que incitó a Picasso a pintar el Guernica, o cualquier obra de arte o proceso artístico que les venga a la mente. Antes de un pincel, de una cámara fotográfica, de una técnica o un instrumento, antes de todo eso está el acto creativo. El acto creativo nos surge desnudos, nos surge desde el cuerpo. El cuerpo se convierte entonces en el espacio para la realización del acto primigenio por excelencia. En el principio era el cuerpo. Mis comienzos en la pintura me llevaron a explorar la plástica en el video, la instalación, el dibujo, el arte-objeto, la escultura y hasta el arte conceptual, mi búsqueda me llevó paradójicamente al principio de todo, a mi propio cuerpo, por eso escogí el performance como medio de expresión y aún como algo mucho más profundo.

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Registro de la performance «PANdemonium»
Fotografía: Herani Enríquez «HacHe»

¿Por qué asimilar el arte de performance como brujería contemporánea o como un espiritismo posmoderno? Mi obra se ha ido nutrido de diferentes fuentes : la teoría queer, el decolonialismo, la postpornografía, la disidencia sexual, la magia del caos, el chamanismo, el tarot, la alquimia y hasta la psicomagia. Ha pasado sin premeditarlo. En las comidas familiares mi madre suele recordar como anécdota que yo deseaba ser mago cuando fuera grande. Mi desilusión fue inmensa al saber que eso que yo entendía como magia, no existía y pertenecía a un mundo de ficción. No sé si ahora, con el paso del tiempo, la magia para mí se ha hecho real, o yo por mi cuenta, me he vuelto parte de ese mundo ficcional. Quizás vivo en un mundo híbrido entre la crudeza violenta del día a día y la poética de un espacio habitado por el milagro continuo. Otros pensarán simplemente que estoy loco, eso no es nuevo, no importa que se sume otro más a la lista.

Antes de seguir, debo confesar y aclarar que yo no me considero santero, chamán, curandero o místico, pero los imito. Muchos pensarán que soy un charlatán que se aprovecha de temas transgresores y polémicos, he aprendido que es necesario el engaño, engañar a la mente o al cuerpo para lograr cosas extraordinarias. Se puede mentir para decir la verdad, o se puede decir la verdad para desenmascarar una mentira colectiva. Sin embargo aquí está, claro como el agua, yo no soy ni pretendo usurpar el lugar de un gurú, un mesías o un dios. En todo caso yo sólo soy un canal. Mi astróloga de cabecera dice que tengo la habilidad de ser médium, por algo será. Mi campo es el arte, yo tengo poderes mágicos, no puedo curar a nadie, sin embargo puedo funcionar como un guía, para que quienes decidan emprender el camino aprendan a curarse a sí mismos, como yo estoy en proceso. Para mí el arte es eso, un fenómeno que ocurre, que sana, que transforma y lo dinamita todo. Un incendio. Lo he sabido desde siempre.

Este texto se disfraza, se traviste como un decálogo para magos/brujos/artistas en potencia, sin embargo es en realidad una recopilación de los puntos más importantes, en mi experiencia, que se deben tener en cuenta al realizar performance, o al menos lo que para mí significa performance. A esta práctica posdisciplinaria entre magia, arte de performance, física cuántica, teatro posdramatico y paganismo posmo es lo que llamo Bujería DIY (Do It Yourself o Brujería Hazlo Tu Mismx) :

1.- ¿Existe? ¿No existe? ¡No importa! ¡Existe!
Nunca dudes, poco importa si es científicamente probable que un curandero pueda curarte, lo que importa es que funciona. El escepticismo y la razón serán tu peor enemigo. Una performance será efectiva para aquellos que crean en ella. Puede servir pensar que haces performance en nombre de un “otro”, puede ser una figura abstracta o histórica, otro artista o algún personaje de singulares características que guardan una relación contigo. En ocasiones yo realizo performance en nombre Mago Melchor Zortybrandt de Java o Niño Fidencio.

2.-Enfrenta el miedo
El miedo paraliza. Para vencerlo es necesario tener el valor de enfrentar eso que tememos de manera directa, sin protecciones y sin limitaciones. A menudo realizarás acciones que involucren un desgaste físico, resistencia corporal o mental, que pongan a prueba tus propios límites, arrójate a ello. Eso que temes tanto, realízalo de una vez en una performance.

3.-Sé prudente
Existen cosas que no estamos preparados para realizar aunque así lo deseemos. Superar nuestros límites conlleva un riesgo. Para correr dichos riesgos necesitas estar preparado. La prudencia es la pieza clave entre una acción exitosa y un desastre de proporciones clínicas.

4.-Rompe los límites
No te definas, todo lo que se define se limita, se estanca, se tumoriza y muere. Identifica las limitaciones que te constriñen, a nivel particular: emocional, material, espiritual o sexual, y a nivel universal: el malestar social, la múltiples formas de violencia, racismo, sexismo, etc. Pregúntate qué líneas te atraviesan el cuerpo, qué es lo que te han mutilado desde que naciste, encuéntralo y libérate de ello, utiliza el performance como el espacio ritual ideal para destruir estas barreras tanto en tu cuerpo y mente como en el público. Expande tus sentidos, todo tu cuerpo es una máquina experimental, experimenta todas las sensaciones, ¡úsalo!

5.-Principio de sustitución
Una de las reglas de la magia es que todas sus reglas son modificables, cada mago tiene su propio método, de la misma forma que cada artista de performance tiene su propia forma de concebir y realizar arte de performance. Si no tienes los elementos ideales para llevar acabo tu ritual-performance sustitúyelos por otros, transforma los objetos: un abanico en un sol, un bastón de madera en un arma de fuego, etc. Transforma los espacios: una calle en una pasarela de modas, un bar en un templo, un museo en un mercado.

6.-Objeto Sagrado
En el performance como en la magia trabajamos con metáforas poderosas. El curandero utiliza un huevo para atrapar las malas vibras, al romperlo la metáfora cobra vida mostrando líquido negro en lugar de la yema y clara. De la misma forma el artista de performance escoge sus objetos en relación a las metáforas y símbolos, piensa en lo que te rodea, cual es tu contexto, que objetos pertenecen a él, toma el que te sea más próximo e íntimo, al que le tengas una devoción infinita (no material sino espiritualmente) ese será tu objeto sagrado. Mi caso es un juguete tradicional con forma de caballo de cartón que utilizo como bastón de mando. Un curandero puede curar con lo que más ama, sean plantas medicinales o un balón de futbol. El artista de performance también.

7.-Sigue tu intuición
Hay cosas que no sabemos que sabemos. Desarrolla tu intuición, es lo único que no se equivoca jamás, elimina los prejuicios y las ideas nocivas o tóxicas, confía en ti mismo, piensa con el corazón, crea con el estomago, ocurre con la glándula pineal. Convierte en devenir puro y te fusionarás con la naturaleza, podrás saber lo que va a ocurrir antes de que ocurra. Cuando haces performance te vuelves premonición pura, la visión surge, déjate llevar, las cosas se acomodaran a como deben suceder.

8.-Trance: aprende a escucharte
Si no crees en esto, imítalo de manera respetuosa y a conciencia. Los magos meditan y entran en trance, se convierten en canal. Elimina la supremacía del ego, cesa de pensar que eres tu el elegido, el que crea, colócate en la posición de un puente, deja que el fenómeno te atraviese y ocurra a partir de tu cuerpo. Escúchate profundamente, revalora tus ocurrencias, aquellas ideas que saltan a tu mente sin una razón lógica, ahí se esconde el secreto, eres un colador de lo arquetípico que construye imágenes mutantes entre un ayer histórico y un futuro cósmico, en un presente total. Deja que hable tu inconsciente, sumérgete en él. La performance como la magia no importa si se entiende o se puede explicar de manera racional, lo que importa es la experiencia y la sensación.

9.-Crea un egregor
Un egregor es el pensamiento colectivo. Tanto la magia como el performance funcionan a través de colectividades. Crear un egregor significa crear una mente colectiva, es tu trabajo colocar los elementos correctos para sintonizar al público en la frecuencia correcta, latir juntos y volverse uno sólo. Si el egregor creado es suficientemente poderoso, toda la energía vertida por el público será canalizada por el artista y surtirá efecto el performance.

10.-Sánate de manera consciente Cuando ayudas a sanar, te sanas a ti mismo. Piensa en grande, que tu meta sea sanar este mundo, un mundo que nos han dejado herido y perdido. Toda sanación implica una transformación radical, explosiva pero contundente. La performance, como la magia, brindan la oportunidad de sanar aquellos aspectos que parecen irreconciliables o perdidos. Sé tu propio sanador, usa tu imaginación y construye tu propia estrategia. Entonces y sólo entonces, quizás sea posible sanar al mundo de tantas atrocidades.

Fotos siguientes: Registro de la Performance «Akelarre»

Colaboración de Diana J. Torres (España) ,Idoia Millán (País Vasco) y Lechedevirgen Trimegisto (Qro.Mex)

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Por la santa raja y chile de papá Dios Satán: Rompiendo las latas del género.

Manifiesto e imágenes de la colectiva Ni Chiles ni Rajas

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Did You Hear the Cock Crow?

Por Hannah Gardiner


Filmado por Rafael Coelho, con la asistencia de: Alejandro Chellet
(Florianopolis, Brasil, 2013)
[box type=»shadow» ]Hannah Gardiner (Inglaterra, 1988)
Comenzó a hacer performance en 2010, después de mudarse a Londres. En 2013 fue galardonada con el Fondo para el Desarrollo Internacional de Artistas, y creó ‘Punto Social Temporal «- un experimento social en la forma de una intervención en la calle en Sao Paulo (Brasil). Actualmente está trabajando en México con la colectiva multidisiplinaria «HUMUS» y la colectiva de urbana colectiva «Cualti Mexico»
www.hannahgardiner.co.uk
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Buenos para nada

Por Eréndira Cortés

Aquelarre1-1
Ilustración: Iurhi Peña

Éramos un grupo de buenos para nada. Siete jovenzuelos que no satisfacíamos el prototipo normal de ciudadano en la ofuscada urbe que habitábamos. En aquel entonces, los días implicaban una densidad insoportable: nuestro problema eran las cosas mismas, y la causa, nosotros mismos.

     Solíamos reunirnos ¿a qué? al deleitable placer del ocio, actividad casi extinta en esos tiempos. Teníamos un punto de reunión en la zona centro de la ciudad. Era un edificio inerme, situado en una esquina, que a raíz de un sismo se había reducido a ruinas y únicamente conservaba la estructura de los cuatro niveles que lo conformaban. Por lo menos una vez a la semana nos veíamos ahí para hacer todo eso que ya no se hace, aquello que casi nunca se hizo o una mezcla de ambas cosas.

     Esa mañana la gente celebraba el día del trabajo. Organizaban un desfile atroz que cruzaba justo por una de las calles donde se ubicaba nuestra guarida. Mientras todo un puñado de personas se apilaba para ver pavonearse a otro tanto, nosotros estábamos en la azotea del cuarto piso viéndonos las caras, sin saber qué hacer.

     Uno de los chicos había traído una reja llena de mangos —supuestamente inservibles— del negocio de sus padres, que aún nadie se atrevía a probar. Sentados, tirados en el piso o de pie, nos pusimos a conversar esperando que pronto terminara la tormentosa procesión. Sentíamos mucha incomodidad por toda esa gente de la que comúnmente solíamos escapar. El ruido de su música, su barullo, sus discursos, su publicidad, su inservible retórica y en general toda su mierda hacían más fastidioso el calor primaveral.

     De pronto, uno de nosotros dio la pauta y zapatos, blusas, playeras, pantalones, faldas, shorts, se nos fueron resbalando; así, desnudados en ropas, nos fuimos cubriendo de piel. La consigna surgió por sí sola, quizá impulsada por lo que ocurría sobre el asfalto: como sabíamos de sobra que las protestas, quejas o exclamaciones no servirían de nada, este día hablaríamos con el cuerpo.

     De a poco, cada vez con menos pudor, los gemidos, sudores, olores, vellos y cabellos se conjuntaron en una sola cosa, en un sólo cuerpo. Si abajo algunas morbosas miradas se iban situando en la azotea de aquel edificio abandonado, su atención se disipaba al paso de las caravanas. Para nosotros ya no importaba el desfile o el calor, predominaba una energía carnal, una fuerza que nos imantaba los unos con los otros sin distinción.

     Sentir tanta cercanía era la gloria, cada parte de nuestro cuerpo palpaba barbillas, axilas, dedos gordos, entrepiernas, codos, orejas, nalgas, rodillas. Sobre todo las lenguas querían explorar cada sinuosidad epidérmica: se deslizaban por los dorsos, bajaban por los muslos, de pronto se atoraban en el hueco del ombligo como queriéndole encontrar su fin.

     Los dedos también se escabullían por todas partes, algunos con toques bruscos se paseaban por las costillas, el cuello, los pezones; otros, apenas con suaves roces, se deslizaban por los labios, por las caderas o las plantas de los pies. Toda esa proximidad de verdad nos hacía falta, pues parecía que estábamos más cerca de las cosas que de los otros.

     El estruendo de la música se distorsionaba en vibraciones, acompasaba nuestras figuras, y cada vez se escurría con mayor facilidad. Las ondas resonaban hasta nuestros adentros, y el eco se confundía con las respiraciones cadenciosas, el sutil chirrido de los labios, o el vacío de nuestros orificios siendo colmados. Creábamos así un ritmo distinto que afuera ni siquiera se hacía notar.

     La reja de mangos, que había quedado en medio de toda la faena yacía volcada, los frutos deambulaban de un costado a otro, de una pantorrilla a la otra, hasta que uno a uno, los mangos fueron reventando y la pulpa les brotó por la presión que nuestros cuerpos ejercían con las cálidas fricciones.

     A lo lejos, se alcanzó a escuchar el estruendo de los fuegos artificiales y tres helicópteros interceptaron el cielo. A la par, en el interior de la guarida, fueron segregándose uno a uno fluidos placenteros, gotitas de éxtasis, lágrimas de alegría desembocaban en nuestros vientres y emergían al mundo sin chistar, acompañadas de un último soplo que lo contenía todo.

     Hoy, al filo de esta noche sobria que presiente todo eso tan lejano, todavía no puedo determinar con certeza si aquello en realidad ocurrió o fue el efecto del calor y el tedio, una especie de espejismo devorado por el viento.

     Sólo me queda claro que de un momento a otro todos tragábamos mangos con esmero, mientras que al día siguiente nadie dijo una sola palabra; y con justa razón, porque nos habían enseñado que esas cosas debían causar vergüenza y ocultarse, siendo que las matanzas, la corrupción y toda esa sarta de brutalidades se practicaban a plena luz del día.

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De rémoras, parasitoides y huéspedes

He estado en varias discusiones con feministas prominentes en donde admitir la disonancia no parece significar nada más que imponer un acuerdo. Mientras hablábamos de política alrededor de una gran mesa redonda, la mayoría no permitía diferencias de opinión en forma o superficie. Cuando las verdaderas diferencias amenazaban con punzar la superficie de la plácida conversación, clamaban acuerdos y caían en insulsas generalizaciones de consenso. En ese contexto, la prerrogativa de la disonancia empezó a parecer como algo producido por el Ministerio de la Verdad de George Orwell.

Katie Roiphe

Por Adriana Raggi Lucio

Durante mi estancia en un congreso de género y fronteras, el pasado septiembre, me encontré con varias situaciones que merecen que me tome unos minutos para reseñarlas y analizarlas. No es que se trate de situaciones extraordinarias, es que se trata de situaciones que son el síntoma de un problema al que le he dedicado ya un tiempo de estudio e interés y que tiene que ver con el dogma, la intolerancia a lo diferente y la incapacidad de ponerse en los zapatos del otro, así como con la capacidad de juzgar al otro por lo que aparenta y no por lo que es.

En este congreso voy a marcar dos eventos interesantes:

1. En una mesa en la que se habló de género y sexualidad se presentaron varias ponencias interesantes, una giraba en torno a la   sobre-sexualización de las niñas, otra en torno a un estudio acerca de la percepción entre jóvenes universitarias de la conquista sexual y amorosa. Esta última ponencia plantea la interesante conclusión de que hoy en día las mujeres ya no se perciben como el objeto pasivo que será cazado por el hombre activo, sino que más bien perciben la conquista como un diálogo entre iguales.

2. La mesa en la que yo participé junto con Bruno Bresani, como Las Disidentes, era sobre masculinidades. Durante el desarrollo de la presentación la organizadora de la mesa comentó lo difícil que había sido lograr hacer una mesa sobre el tema que estábamos tratando debido a la reticencia de quienes organizaban el congreso. En la mesa se presentaron ponencias interesantes que hablaban desde las masculinidades disidentes hasta las paternidades.

     Esas dos situaciones tienen sus temas que se desplazan como unas rémoras junto a un tiburón, y que son importantes para mí como alguien a quien le interesan los estudios de género y le molestan las incoherencias de los discursos dominantes que tratan de imponer puntos de vista inamovibles. En el punto número uno que planteo arriba, lo destacable no son las ponencias en sí, sino la discusión posterior que se llevó a cabo por el público presente en la sesión de preguntas y respuestas. La audiencia estaba conformada por mujeres, todas las que participaron se declararon feministas que tenían un acercamiento a esta ideología ya sea como activistas o en la academia. Una de las generalidades que me causó molestia es la relación automática que hicieron todas acerca de la ropa que —desde el punto de vista de la ponencia presentada, sobresexualiza a las niñas y las mete en un sistema consumo— es la de hacer una relación de este tema con la trata de niñas, de forma automática y sin mediar ahí una serie de elementos que sostuvieran sus afirmaciones, pero las afirmaciones posteriores fueron sumamente escalofriantes:

      —¡Yo no le permito a mi hija utilizar playeras de tirantitos, las tiene estrictamente prohibidas!
      —¡Yo no sé que voy a hacer cuando mi hija entre a la universidad, ya que en tu ponencia afirmas que el 40% de las estudiantes             universitarias que entrevistaste no son vírgenes y son solteras, imagínate, cuando ella llegue a la universidad ya va a ser el 90%.       Le voy a tener que poner un cinturón de castidad!

    —¡En los setenta el feminismo luchó por la libertad sexual, se quemaron brasieres, pero ahora esta generación se está pasando de       liberal, ¡no podemos permitirlo!

La segunda situación, la mesa de masculinidades, tiene relación con la primera en el hecho de que ahí podemos ver la intolerancia hacia la disonancia de la que habla Katie Roiphe. El que se pretenda que una mesa sobre masculinidades no tenga cabida en un congreso de género, es olvidar lo que implica hacer estudios de género. Para mí se trata de estudiar, entender y cuestionar las construcciones sociales al rededor del sexo y del género, la forma en la que las vivimos y las implicaciones que se reflejan en las masculinidades y las feminidades a través de la violencia social que se deriva de la obligación de ser uno u otro y ninguno diferente.
Lo que se pudo ver en esa mesa, y en esa situación, es que las masculinidades sufren una violencia de la que no se quiere hablar, la que se ha vuelto políticamente incorrecto mencionar. Las paternidades, la guerra, las afirmaciones de lo masculino a través de lo negativo y lo violento, son elementos que hacen de este un lugar de límites y de violencia. Pero quienes hacen estudios de género prefieren callar, eligen no ver, optan por aplicar la ley del hielo a esta otra parte y ahí se vuelven sumamente violentas. No aceptan el disenso y pretenden crear su propio Ministerio de la Verdad.

Precisamente después de acudir a la mesa de masculinidades, comencé a buscar en las redes sociales cuestiones acerca de la violencia de género, pensando ver qué comentarios hablaban acerca de lo que en nuestra ponencia Las Disidentes denominamos la otra violencia de género, la violencia hacia los hombres, y me encontré con esto:

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El Ministerio de la Verdad en pleno, quien escribió esto es una mujer que dice luchar contra la intolerancia, que se plantea a sí misma como una autoridad y que da lecciones de cómo debe la gente comportarse ante la violación o los chistes misóginos, y hace público un comentario de este tamaño: Ay, pobres hombres. Sufren. Se burla de quien seguramente se atrevió, osó, dar una opinión acerca de la violencia que sufren los hombres. Se burla públicamente y recurre al escarnio de las miradas disonantes, en su comentario —no importa a quién se lo haya hecho en específico— caben todas las intolerancias de las que Roiphe habla.

     Es entonces cuando los aquelarres y las manadas aparecen para plantear diferentes cuestiones y hay que poner atención a las conductas en grupo o como grupo. ¿Cómo funcionan grupos que utilizan un discurso hipócrita disfrazado de lucha social? ¿Cómo llegan a apoderarse de la verdad y a hacer su Ministerio? ¿Qué pretenden con esto? ¿El poder? ¿Cómo es qué se alimentan como parasitoides de los deseos de las nuevas generaciones que quieren cambiar las cosas? ¿Qué sucede con el huésped? Preguntas que no puedo contestar en un escrito tan corto, pero sobre las que llevo ya un periodo de mi vida trabajando y a las que aquí referiré algunas líneas.

     Cuando empecé a estudiar cuestiones de género me acerqué al PUEG, en donde tomé un diplomado y varios cursos de posgrado, y me di cuenta de que básicamente lo que estudiaba ahí era la teoría feminista no la de género (diferencia que muchas feministas niegan). Muchas veces en los cursos se llevaba a la mesa, de la nada y sin razón, el hecho de que los hombres cuando orinan no le atinan a la taza y ensucian el asiento. Este tema causaba siempre en mí un suspiro que respondía al aburrimiento y la desesperación, pensaba: ¡otra vez van a empezar con eso! Hace unos días en una reunión, en donde había una joven estudiante que coquetea con el feminismo, sacó a relucir exactamente el mismo tema. No me queda más que preguntarme ¿este es el mayor problema de género que sufren las mujeres o simplemente están intentando demostrar que los hombres son unos animales que no controlan su chorro de orina?

Otro de los asuntos a destacar es el de este discurso, que he escuchado repetidamente en los cursos de género:

     —En mi experiencia como mujer yo no he vivido ninguna de las discriminaciones que se describen en este curso.

     —El que tú no lo vivas no quiere decir que no exista y con que una mujer lo viva es un problema para ti y para todas que te tienes        que vivir como una afrenta.

     En este discurso deberían caber también todas las discriminaciones que viven hombres, mujeres, niños, LGBTTTI ¿por qué no? ¿Es qué el feminismo busca solamente la mejora de la calidad de vida de las mujeres y excluye a los demás? La respuesta que me daría una feminista es que no es así, que se busca la equidad, la igualdad de oportunidades (eso creía yo). Pero la respuesta en mi experiencia es que quienes dominan el movimiento feminista y quienes se presentan en protestas, reuniones y congresos sí lo actúan de esa forma. No solamente se trata de excluir a los hombres, también de reprimir la sexualidad de las jóvenes, imponer los cinturones de castidad, evitar hablar de las diferencias, evitar hablar de la sexualidad, repeler la mención de las masculinidades y acallar a la disidencia.

     Mi experiencia como alguien a quien han intentado controlar y hacer callar ha sido muy fuerte y dolorosa, yo creía firmemente en el movimiento feminista, hoy en día puedo verlo como algo lejano y demasiado liado en cuestiones del poder las  que a mí no me interesan. Por el contrario, mi trabajo en Las Disidentes o con mis alumnos de maestría y doctorado en la ENAP que trabajan cuestiones de género desde múltiples perfiles, conceptos y trasfondos culturales ha sido mucho más enriquecedor. La capacidad que tienen ellos de ver desde nuevos horizontes los conceptos de género y sexo es muy amplia y tiene un aroma fresco, no uno montado en lugares comunes y luchas de poder.

     Al mismo tiempo esta situación me ha dejado en una especie de limbo. Es un lugar en el que yo no me identifico con el feminismo, sino que me interesa mucho estudiar y analizar el género y todo lo que lo rodea. Pero soy identificada con el feminismo en diversos lugares, lo cual también provoca que en ocasiones se me hagan comentarios o se me impongan temas de trabajo que ya no me interesan o que en ocasiones tenga que acercarme a congresos como el que relato, los cuales se supondría tendrían que dar cabida a pensamientos diversos pero en realidad no lo hacen. A veces no encuentro un lugar de donde asirme, pero si hablamos de comparsas, ahí está Bruno Bresani en Las Disidentes que me da la mano y me cuestiona y ahí están las pocas amigas que me quedaron de mi vida en el feminismo, que son quienes me escuchan cuando me quejo y les gusta que les proponga nuevas palabras y formas. Por supuesto están los amigos de siempre y los nuevos, que son parte de mi nueva camarilla.

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Tiempo original, gasto improductivo

Por César Cortés Vega

La parte primaria

Aunque me resulta imposible recordar cómo terminó todo, ha quedado en mí la impresión de esa imagen que por diez o doce segundos se mantuvo frente a nuestras miradas: manchas de pintura naranja cuyo propósito era el de pasar por sangre. Más de la mitad del público reía, y es que a estas alturas toda imitación de una herida debe pasar por real. El dramatismo en la justa representación, pues lo único que nos puede hacer confiar es un naturalismo de la más fiel crudeza. De lo contrario la desconfianza no hará sino expulsarnos de la ilusión, sobre la que la frialdad sería apenas la señal más vívida. En cualquier lado, en todos, estas imágenes pueden comportar realidad. Hoy, en medio de los restos del éxtasis, no me queda duda; lo que pasó ayer, ese fingimiento confitado fue el principio de algo que, menos parecido a la celebración y más a una especie de verbena iniciática, está excluido de nuestra cultura, acaso oculto por medio de palabras convencionales y de una moral determinista.

Al principio apenas proyectaban imágenes sobre el cuerpo desnudo de alguien. Parecía por eso que ella/él se movía sin voluntad en medio de un fulgor azulado. Eran estampas distintas que cambiaban cada tanto sobre su carne. Los asistentes, en un principio, lo veíamos todo en la pantalla, por lo que el escenario había sido eliminado del auditorio y nadie conocía su ubicación exacta. Era casi una suposición, pues ninguno podía asegurar a esas alturas si la serie de luces y sombras transmitidas ocurrían en tiempo real. En todo caso, si las había, las cámaras estarían colocadas en la parte superior de las cuatro paredes de un cuarto contiguo. Sin embargo, pronto pensé que debajo de ese mazacote de pigmentos debía habitar un cuerpo que sería develado. No idea, sino certeza: convencimiento de que detrás de toda sugerencia fundada en una invención —que en este caso no era sino espesor sin ímpetu sanguíneo real, sino como alegoría— se encuentra siempre una autenticidad indirecta: corporación de sucesos, que se diferencian del puro montaje por la cantidad de sentido que unas partes aportan a las otras. Por eso permanecí quieto, casi sin mover ni un músculo, en medio de la oscuridad. Si toda imagen presenta un exceso —pensé— entonces todo movimiento conforma una apariencia.

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Autor: Dan Witz
Título: Byronesque

Excedente de energía y soberanía de lo sagrado

Georges Bataille, en el libro La parte maldita, aventura una idea acerca de los límites y el derroche. El excedente de la producción tan sólo ocurre cuando ya es imposible crecer, cuando se vuelve innecesario. Sin embargo aquella energía que en un principio fue usada para saciar la carencia, continúa su proceso pues es en la fuerza vital donde se encuentra su origen. Es decir; todo aquello que se sigue reproduciendo, excede los linderos de la necesidad, de su cálculo pertinente para motivos determinados por el desarrollo. La exuberancia no espera, es decir, no se ciñe a proyecto alguno. Es en sí misma lo que excede los límites del crecimiento, lo que no comporta utilidad. En resumen; pura pérdida. Este excedente es una especie de vaciado indispensable; el placer toma el espacio del deber, y tiende a la dilapidación, pues lo que la impulsa es la presión ejercida en el espacio de la necesidad.

Lo sagrado es su estrato más elevado; en el rito no hay mesura, pues de lo que se trata es de templar la potencia de la naturaleza. Todo es dable porque la creación coordinada tiende al crecimiento. Más allá de apaciguar a alguna deidad manifiesta, se trata de una operación de contundencia racional: el gasto improductivo. Entonces la estructura de los códigos que en un principio regulaban la administración de los recursos, se disloca. Y es que ya no sirven, pues de lo que se trata es de derrochar como toda fuerza viva lo hace. Probablemente la fiesta medieval de los locos, no sea muy distinta de los ritos arcaicos de éxtasis. Una «terapia» colectiva es, necesariamente más que eso, pues puede ser leída en el illo tempore, como marco de referencia radical que clausura por instantes cualquier desarrollo. Y por ello toda economía que tienda a la instrumentalización de la razón, incapaz de contemplar que apenas ésta es un orden de los signos acotado, tiende a erradicar el conflicto que propone lo otro, un otro lado de la producción, como exceso llevado al extremo contrario. Así, el trabajo apenas continuaría acá un modelado del progreso, para ser desechado de inmediato en gasto sin sentido.

Si el éxtasis tiene un principio, más allá de los términos descriptivos de cualquier alucinación, es este. La fiesta contemporánea es apenas su tibia remembranza, no porque no contenga toda la potencia necesaria para el desbordamiento, sino porque la muerte está oculta, apenas se vislumbra en las esquinas, en los recovecos narrados en secreto. Estremecimiento que en lugar de ofrecer el espacio propicio para que este exceso vital se reconstituya, atemoriza al pequeño ser escondido detrás de los compromisos adquiridos y su moral de gasto prudente; intercambio parcial; rito contabilizado.

Sin embargo, la frontera se encuentra en todos lados. No implica al ocio como bien de lujo del capitalismo, sino a su contraparte como desorden del sentido, como ofrecimiento del cuerpo; espacio primero de experimentación.

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Autor: Dan Witz

Después de la frontera

Podría pensar en que mi razón comienza a desfallecer, si no pudiera recapacitar sobre esto ahora. Si fuese capaz de dudar acerca de ello. Por eso me aferro; la imagen que me sostenía era la convicción de que mi mirada era tan minuciosa que se acercaba a un origen sin representación. Sin embargo, comienzo a vacilar pues ¿es posible que las palabras no sean, a la vez, movimiento? Mi deber, en todo caso, habría sido parar el flujo de ideas. No obstante su estructura era cada vez más compleja y no pude dejar de contemplarlo sino como un recién nacido espectador. Lo líquido se acerca a lo sólido, masa espesa sobre la impresión de la noche, sobre el cuerpo ciliar de mi ojo, sobre el lóbulo occipital. Cliché. Por eso intenté mantenerme quieto y pensé en colores, más que en formas.

—¿Quién reproduce, entonces, esta vocecilla? —pregunté. Era yo mismo, apenas hace unas horas un hombre sentado en su butaca observando una acción que de seguir así no habría tenido ningún sentido, luego convertido en un objeto que intentaba dejar de respirar, ser ese yo a ser sacrificado, alguien más como nacimiento de la diferencia. La música seguía, la fiesta apenas comenzaba.

Por supuesto, todo acto porta su propia negación; eso es lo que aterroriza al mundo estancado. Lo que parecía fuera de control, encontraba su sitio, justo porque en el fondo todos deseábamos la declaración… Yo soy tú, el alma que me habita. Soy el tiempo original que siempre es el mismo. Los cuerpos danzaban y lo que comenzara con una insinuación creativa, derivó luego en pérdida de la percepción diferenciada. Entonces los nombres se perdieron también, y yo apenas recuerdo, en esta repetición ficcionada del presente, lo que en ese otro presente se manifestara. El origen del signo, la differance que niega los cuerpos y los convierte en materia móvil, oferta que profana los límites de la cosa. Yo mismo era aquello tocándose, el cuerpo desnudo sobre el cual las imágenes desfilaban, la sangre que fluía. Encuentro de un sí mismo en los límites del otro. Todo eso que me negaba. Ninguna memoria se antepone al presente. Todo lo semejante: comunión en el sinsentido del abismo.

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Autor: Dan Witz
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Devenir Desviadxs

Imágenes y texto, Ana María Agredo González

Si hay algo por donde quisiera empezar, es por el juego de palabras que seduce al pronunciar las palabras histeria y aquelarre. Ambas, han sido discursos materializados en el control de la sexualidad femenina, ambas han querido irrumpir o regular la libido sexual de mujeres con manos “experticias” en sus cuerpo y sus placeres.

     Tradicionalmente la histeria, palabra que proviene del griego hystera que significa útero, era asociado con el desequilibrio humoral, como si el útero se desplazara y generara cambios abruptos de comportamiento; de esta manera las mujeres eran desplazadas a la patologización, al encierro en clínicas como la Salpêtrière, donde el cuerpo de la enferma era sometido a múltiples diagnósticos, seguimientos, donde lo natural se constituía en funciones biológicas y morales. Estas mujeres nerviosas, que no sólo fueron producto de un contexto de represión victoriana, fueron el foco central para desacreditar al feminismo de las sufragistas.

     No parece causal, que en el momento en que estaban las sufragistas luchando por el acceso a la universidad, el derecho al voto, sean catalogadas como mujeres perturbadas, con síntomas como reacias al matrimonio o especialmente independientes y activas. Así, empezamos entonces a ver que el feminismo como la histeria se convierten en formas desviadas del cuerpo y el discurso femenino.

     De esta manera, si repensamos la palabra aquelarre, una de las asociaciones mas rápidas es pensar en las brujas y la persecución a muchas mujeres, literalmente torturadas y quemadas por conocer del cuerpo y la sexualidad, por retar los parámetros normativos y por ejercer sus conocimientos.

     Ahora bien…¿en qué se relaciona la palabra histeria y aquelarre con la palabra queer?

     Hace unos cuantos meses, en mi casa, la Casa Gomorra, asistió una cantidad de gente a la fiesta de Jerry. Lo suficiente para que los cuerpos sudorosos no dejaran duda con el roce cercano, íntimo, casi siamés con los demás cuerpos. La fiesta de Jerry, convocaba a las personas trans, inter, pro, panx, bi, les, gay, no gay, etc, todas y cada una de las posibilidades de género desbordables. La fiesta con temática pijamada, quedó plasmada en la desnudez, cosa que claramente irrumpe el esquema comercial y publicitario donde todxs vamos a dormir empijamados, pues no, la verdad es que todxs vamos a dormir desnudos o semidesnudos.

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La calentura era por todos lados, paredes, retículas y cualquier espacio meticuloso por donde pasaras estaba inundado de sexualidad; en esta casa de dos pisos, cada vez que bajaba las escaleras podías oler y dimensionar la magnitud de gente que bailaba en la casa. Entre cuartos se respiraban poses poliamorosas, pero también, hubieron encuentros y desencuentros sexuales, también algunas personas no se sintieron bien con el voltaje como decimos en Colombia. Claro que mi tono podría exagerar la situación, así que solo imaginen un ambiente donde literalmente se respira la sexualidad diversa, los cuerpos sin censura, la desnudez política, y el placer resignificado.

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Esa misma noche, realicé un ejercicio visual, instalé un altar en un cuarto de la azotea que se construyó con imágenes de porno gay trans y hetero, donde poco a poco según la ebriedad, la gente iba contando algún pecado sexual. De todas las maravillas sexuales, El Confesionario, terminó por ser un rumor de pasillo, tanto que cuando terminé, gente se me acercó a preguntar si aún podía grabarlos. Para mi sorpresa y comodidad, la palabra pecado sexual estaba llena de simbolismos, tabúes, y morbo que todxs quería exorcizar o experimentar de alguna manera.

     Entre historias varias como me follé a mi amiga sin que ella quisiera, se la chupé a un policía por que me gustó, confesar ser lesbiana, o me follo a mi prima hermana, como las calenturas en los coches, etc,  la fiesta de Jerry, a mi modo de ver, nos sitúa en las reflexiones contemporáneas sobre la palabra queer.

     Hace unos párrafos atrás, hacia la pregunta entre la relación de histeria, aquelarre y queer.

     Bueno, primero el contexto de la palabra histeria con el feminismo son discursos señalados como desviados; el aquelarre de las brujas, fue tan desviado que murieron muchas mujeres en la hoguera; y si de algo nos habla el pensamiento queer es de situarse desde lo desviado, lo incómodo, lo que es raro.

     Brujas, feministas, y mujeres siendo controladas por manos patriarcales en sus vagina, patologizadas como locas, hacen parte ahora de todo este juego curioso que es la teoría queer. Es aquí donde se cruza el pensamiento feminista con lo queer, es aquí donde debemos situarnos y no distanciarnos. Si bien lo queer en su breve literalidad refiere a la deconstrucción del binarismo de género, las brujas feministas tienen mucho que aportar a nuestros esbozos teóricos y artísticos. Las histéricas, como las mujeres del aquelarre, son nuestra manada furiosa, que revindica y posibilita que hoy en día lo queer sea una posibilidad de situarnos en palabras de Haraway, con el ojo bien abierto, mirando.  En ultimas, para mirarnos raro, para conocer nuestra mirada desviada, primero, hay que horizontalizar el discurso y la política de las mujeres desviadas de nuestra historia. NO hay revolución más bella donde todas las deconstrucciones posibiliten la bomba experimental de sacudirse el velo moral, hay que convocar en cada rito y mito “contemporáneo”, nuestras brujas histéricas feministas, para que lo queer no sea solo un comodín conceptual y seductor, sino, un devenir abyecto.

Que aquelarre más bello no sería el de ver los cuerpos abyectos sin ropa, uno con uno, con otra, con todxs y ninguno, con poder y posición de habitar.

Que aquelarre más bello no sería el de ser partícipe y espectador, voyerista y orador de la sexualidad del borde.

Acá… ¡sí!, desde la línea, desde ese imaginario fronterizo… a quienes nos identificamos con las posturas queer.

Aquí desde el margen, suceden y trasgreden los genderfucker.

Acá estamos en nuestro aquelarre, en nuestro rito y conjuro de bebidas corporales, como de ideas.

Acá mezclamos el brebaje del feminismo con los tacones políticos del vello varonil. Aquí, en este aquelarre queer, se vive y se transmite de generación espontánea, es decir, al que le dé la gana,  a él o ella o x que quiera, vivir y transmutar en alienígena del saber incierto del placer, aquí, se le inyectará la dosis única y eterna de la histeria colectiva, porque manada que aúlla permanecerá unida.

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Feminista Hereje: Entrevista a Itziar Ziga

Por Mirna Roldán Gutiérrez

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Itziar a los 7 años.
Foto: Jorge Boleas

Itziar Ziga  responde algunas preguntas para Revista Hysteria, y para presentarla no hay nada mejor que sus propias palabras: Periodista inadaptada, feminista hereje, diamante en bruta, vedette de extrarradio, vasca sin cencerro, gogo tardía, hipermétrope hiperbólica. Ha publicado los ensayos Devenir Perra, Un zulo propio y Sexual Herria.

Mirna Roldán: Para ti ¿Qué es el transfeminismo?

Itziar Ziga: El transfeminismo es una actualización presente de la radicalidad del feminismo que pretende aglutinar distintas procedencias de lucha, multiplicar las alianzas políticas y desesencializar para siempre la noción sexo-genérica y otras identidades. Gracias al transfeminismo (a los feminismos radicales y bastardos, a las insurgencias queer o kuir, a la lucha trans e intersex, …) afirmo que soy mujer por diagnóstico médico y como estrategia política. Para mi está siendo una efervescente reactivación feminista que ha ilusionado a muchas que ya estábamos, e incorporado a muchísimas activistas más de distinto pelaje, sin que importe lo que tengan entre las piernas. Dispuestas todas a pegarle una buena patada en los huevos al heteropatriarcado capitalista supremacista blanco, y encantadas de asumirnos como feministas, corriéndonos sobre el estigma.

MR: ¿Por qué te autodenominas bruja, puta, feminista hereje, monstrua, abyecta?

IZ: Bruja por mis antepasadas reducidas a ceniza y humo en la hoguera que allanó Occidente para la modernidad heterocapitalista. Y para reventar los asfixiantes límites de lo que nos imponen como realidad. Puta para desenmascarar la trampa de la feminidad decente y patriarcal y negarme a parecer sexualmente inofensiva. Feminista para visibilizarme dentro de esas multitudes de mujeres y demás parias de género insumisas al heteropatriarcado. Y porque sin feminismo, yo estaría muerta. Hereje por negarme a comulgar con credos, ortodoxias ni jerarquías dentro del feminismo. Porque desde que era una enana, siempre tuve la maravillosa costumbre de decir la mía. Monstrua porque las lesbianas acojonamos al patriarcado. Abyecta porque todo lo anterior me sitúa inevitablemente en las alcantarillas del sexo, del género y de la adecuación social.

MR: ¿Dentro de qué tipo de feminismo te posicionas?

IZ: Feliz y ferozmente embriagada en un feminismo radical y comunitario al que hoy podemos llamar transfeminismo pero que siempre ha existido.

MR: ¿Cómo es el feminismo más allá de las mujeres?

IZ: Me irritan todos los planteamientos que pretenden desmantelar el sujeto político, mujeres desde neofeminismos que confunden el hecho de que los géneros son construidos (esto ya lo dijo la Beauvoir en 1949) con que no existan los géneros. Las identidades son estratégicas, queridos, y hoy necesitamos hablar de mujeres más que nunca porque se trata de señalar la opresión. Igual que necesitamos hablar de indígenas, de pobres, de bolleras, de negras, de gitanas, de transexuales. Esto va de sumar, no de restar. Y de no ser tan estúpidas como para dar un salto al vacío en la lucha feminista. ¿Cómo coño combates la violencia machista dentro de la pareja si no localizas a las mujeres que lo sufren? ¿Tenemos que empezar a hablar de violencia indeterminada? ¡Ni muerta! Sobre todo porque entonces, estoy muerta.

MR: ¿Cómo transformar nuestro deseo en una herramienta de lucha?

IZ: Nuestro deseo siempre es herramienta de lucha porque esta mierda de mundo heterocapitalista se construye cada día amortajando nuestro deseo. No creo en ningún activismo que no nazca de la realidad y del deseo de cada una. Si el imaginario patriarcal porno es tan limitadito no es porque los hombres, yendo al ojo del huracán, sean falocéntricos y monocoitales en masa, sino porque a este sistema le encanta representar a los identificados como hombres desde una caricatura del macho. Imagina que cada criatura humana nos atreviéramos a desafiar a lo que se espera que deseamos. El mundo reventaría de placer. Así comprendió el feminismo radical más inteligente (desde los 80) que el porno es una de sus vías de subversión más preciadas.

MR: ¿Para ti que es lo Queer, Cuir o Kuir?

IZ: Cuando en el 2002 tuve noticia, por boca de Beatriz Preciado, de las insurgencias queer que habían detonado en Nueva York una década antes, quedé fascinada. Llevaba esperando esas revueltas desde los márgenes del sexo, del género, de la clase, de la raza, de la inadecuación social toda mi vida. Todas las periferias inscritas en mi cuerpo reventaron y conectaron con otras monstruas que ya no tenían que ser idénticas a mí, sino oprimidas como yo. El género ya no era el centro de la identidad como repetían para mi desazón las feministas europeas blancas burguesas y heterosexuales más prominentes. Y fuimos encarnando nuestras propias individualidades y multitudes queer en las alcantarillas de Barcelona. Yo no hablo de teoría queer, sino de insurgencias. Esa desdramatización, mutación, infección identitaria es para mí queer. Y nació poscolonial, por favor, porque venga de Nueva York no seamos tan burras y tan simplistas de negar a las bolleras chicanas, a las trans negras, a las maricas orientales que dieron cuerpo voz y rabia a colectivos míticos como Queer Nation o Lesbian Avengers. Qué pasa con Sylvia Rivera, la prostituta travesti yonky y sin techo de origen portorriqueño-venezolano que lanzó una taconazo molotov contra la policía el 28 de junio de 1969 frente al bar Stonewall durante aquellos disturbios que fundaron nuestra posibilidad de existir, ¿también era gringa por haber nacido, luchado y muerto en Nueva York? El discurso poscolonial no puede ser un arma arrojadiza contra las otras. Algo sorprendente del queer es que ha fundado sus propias versiones y comunidades en muchos territorios. Y que podemos nombrarlo como nos apetezca, cuir, kuir. En México, nadie mejor que la bruja Sayak Valencia para invocar el sortilegio.

itziarmonred

Lee más de lo que Itziar Ziga tiene que decir aquí:

http://hastalalimusinasiempre.blogspot.mx/

http://paroledequeer.blogspot.com.es/2012/02/confesiones-sentimentales-de-la-doctora.html

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