Mujeres en Tránsito. Llegar rápido, llegar lejos

Mujeres en Tránsito. Llegar rápido, llegar lejos

Llegar rápido… llegar lejos…

Si hace un par de años me hubiesen pedido que describiera qué era un colectivo, estoy segura de que mi respuesta hubiese sido algo parecido a ‘un grupo de personas que no reciben ningún pago, que se arriesgan mucho a ser objetos de la violencia de estado y que luchan por obtener o defender un bien común (principalmente un bien que les ha sido suprimido o no les esta siendo otorgado por el mismo estado). No hay necesidad de externar que mi visión de la colectividad era bastante limitada -y es probable que aún lo siga siendo-, sin embargo, ahora puedo decir que desde que pertenezco a una colectiva, mi visión de las cosas se ha enriquecido y no sólo eso, puedo decir que un colectivo supera por mucho el simple propósito de la queja o la visibilización de problemáticas como argamasa cohesionadora de personas.

    Un colectivo es una isla de paz y la materialización de la fuerza dentro de la vulnerabilidad. Es la forma en la que nuestros cuerpos se unen, sí en igualdad de condiciones de opresión, pero de donde nace la fortaleza y el valor para no sentirnos víctimas ni permitir que se nos victimice. Un colectivo es la utopía y la fiesta que empuja y resiste desde una posición de opresión al poder. Porque somos sujetos oprimidos, pero nunca sujetos pasivos.

    Soy integrante de la colectiva Mujeres en tránsito y al unirnos buscamos la visibilización de las formas en las que el espacio público nos ha sido y no sigue siendo sistemáticamente arrebatado por el simple hecho de habitar cuerpos leídos como de mujer. Nos negamos a ser víctimas, nos negamos a replegarnos y a tener miedo; gritamos que estamos hartas del acoso y la violencia de género en las calles. Queremos que se escuche que el espacio público ES NUESTRO. No estamos pidiendo favores, no lo estamos poniendo a consideración. Estamos exigiendo nuestro reconocimiento y nuestra legitimidad en él.

    Todas somos ciclistas urbanas y eso puede dar razón del porqué somos especialmente sensibles a temas como el libre tránsito, el acoso en las calles y los problemas que como mujeres tenemos para movernos dentro de la ciudad. Somos 14 mujeres de entre 26 y 36 años con perfiles variados y habilidades distintas – tal y como se podría esperar de un grupo tan relativamente numeroso como el nuestro-. Estudiantes, diseñadoras, profesionistas, comunicólogas y economistas.

     No mentiré y, al menos en mi caso, puedo decir que el proceso de ‘acoplamiento’ no fue sencillo. Crear conocimiento colectivo dentro de un sistema que privilegia la competencia no es una tarea fácil -de hecho es bastante difícil-. Asimilar que hay cosas más importantes que tus propios intereses en un mundo que pugna por el individualismo y que todas las opiniones dentro de una reunión tienen exactamente el mismo valor independientemente de quién las diga en un mundo tan jerarquizado, es un acto en sí complicadísimo.

    Bebemos de nuestro entorno la falsa idea de que existen conocimientos más validos que otros, y de que hay discursos más relevantes que otros dependiendo de ‘las fuentes que nos respalden’ y a partir de esas ideas nos movemos y decidimos rumbos a seguir; sin embargo la construcción del conocimiento colectivo da la espalda y apunta hacia otro lugar, dando luz a procesos más horizontales, sin protagonismos y entre personas que se reconocen como iguales.

    Nos hemos descubierto creativas e ingenieras de actividades en la búsqueda de la toma del espacio público. Alguien pone en la mesa el cimiento de una idea que podría funcionar y las demás colocamos tabiques, uno sobre otro en escenarios posibles y si algo no funciona en la construcción volvemos a empezar.  Hacemos un balance, asimilamos cuando las cosas no funcionan e intentamos de nuevo con una idea nueva.

    Nuestro mayor problema en realidad es el tratar de compatibilizar los tiempos laborales/escolares con el dedicado al activismo. Casi todas trabajamos a jornadas de lunes a viernes y otras integrantes no viven en el DF, así que aunque el ideal sería poder dedicar más tiempo para reunirnos y estar juntas, las cosas se complican cuando existe constantemente un alud de responsabilidades y necesidades a cubrir tocando a la puerta.

    A pesar de esto, vemos como un gran logro el que, voluntariamente y poco a poco más personas se interesen en formar parte de esto que crece y que paulatinamente también se animen a alzar la voz desde sus trincheras, porque ¿Qué puede haber más contestatario dentro de un mundo regido por valores monetarios, que un grupo de personas que no busca ganar dinero brindando su tiempo y esfuerzo por un bien común? Personas unidas gritándole a las instituciones que no necesitan de títulos para tener voz, y que se validan a sí mismas porque la experiencia y el habitar un cuerpo es suficiente argumento para poder decir.. “desde ésta mi posición, te exijo”. ESO es una colectiva.

    Este año he aprendido muchas cosas sobre el verdadero trabajo con otros, sobre el escuchar y crear conocimiento conjunto. Aprender de otros, disfrutar, abrazarnos ante el dolor que nos sobrepasa, ante las cosas que no comprendemos y nos dan rabia. Sobre el gozo de escuchar y reconocer a mujeres capaces, chingonas y admirables. Sobre el amar de formas no patriarcales y discutir para crear. Llorar  mientras se baila. Gritar consignas en la calle con las manos entrelazadas y pensar en los cómos, en los dóndes y también en los para qués…

    El avance es lento y sin embargo siempre es reconfortante no saberse sola, y creo que justo ese es uno de los retos a los que se enfrentan los colectivos: no sucumbir al desánimo, no soltar, no ceder al cansancio, y no permitirse ser aplastados ante la inmensidad de lo que parece una tarea que sobrepasa la finitud de una sola vida humana.

    Que puede que aun con la lucha constante de nuestra generación no logremos ser partícipes y testigos de verdaderos avances: Sí, es verdad. Pero no hay lucha que llegue a su fin si antes no se comienza. Y aquí estamos, buscando formas de resistir.

Dice una frase popular: Si quieres llegar rápido camina solo… si quieres llegar lejos camina acompañado.

Luchar en colectivo no es ni el camino más fácil, ni el más rápido, pero sí es el camino que contraviene lo que ya comprobamos no funciona y nos oprime. Y para nosotras luchar en colectivo es en sí mismo una forma de resistir.

Mujeres en tránsito son: Laura Bustos, Isela Cruz, Temis Laguna, Diblik Vasco, Ornella Delfino, Malena, Adriana López, Gabriela Ruiz, Daniela Ocaranza, Lu García, María Monguitón, Paola Jorquera, Laurinda

  • Facebook: mujeres en tránsito
  •   Twitter: @mujeresentransi
  • Correo: mujeresentransito@gmail.com

Pasante de la maestría en Historia del Arte con especialidad en Arte Contemporáneo y la tesis ‘Pornografía para mujeres u otra forma de hacer porno mainstream. Análisis crítico de la película Cinco historias para ellas de Erika Lust’. Licenciada en Comunicación Social por la UAM y en Relaciones Comerciales por el IPN.

Actualmente trabaja en proyectos, ensayos y análisis sobre las formas en la que se construye el género femenino a través de la imagen –tanto fija como cinematográfica-, así como las múltiples relaciones simbólicas y de construcción de género entre la mujer, el deporte, y los problemas de movilidad en la ciudad.

 http://godzillandroide.blogspot.mx/

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http://mibicicletaenlaciudad.blogspot.mx/

 

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