La sangre de las matrias. Mi experiencia en el taller de menstruación sensible

 

Ilustración por Rulo Ag

Ilustración por Rulo Ag

Por Viridiana Becerril

“La sangre de las matrias se derrama en las cosechas durante una danza, donde sus cuerpos brujiles cómplices con la luna opacan los augurios de guerra y destrucción”.

Sangre, cosechas, matria, guerra son algunas de las palabras de la cita mencionada que me parecen fundamentales para entender la fuerte dimensión histórica y política que se esconde todos los días en la normalización de la vida, con respecto a la sangre menstruante y nuestras experiencias.

La curiosidad respecto a ello surgió a partir de la invitación que le hice a mi compañera Iluna para que en la biblioteca comunitaria en la que colaboramos pudiera darnos un taller de menstruación sensible como ella lo llama, taller que forma parte de las actividades que respecto a desmitificar las construcciones de género estamos gestionando.

Y ahí estábamos un grupo conformado en su mayoría por mujeres queriendo hablar, aún con cierto temor y vergüenza de nuestros cuerpos. Las palabras que sonaban al principio son aquellas que hemos aprendido del patriarcado y sus instituciones quienes nos imponen una lucha y una insatisfacción eterna con nuestro cuerpo: “incomodidad, suciedad, silencio, mancha, enfermedad, gasto, dolor, molestia, un ya qué, etc”.

Así iniciamos el diálogo entre las que estábamos presentes, pero también un diálogo con nuestras generaciones pasadas, con nuestras madres, con nuestras abuelas, nuestras primas, amigas, hasta con la mujer que sale en los anuncios de toallas sanitarias pidiéndonos uno solo de nuestros días.

     Sucia e impura fueron dos de las palabras que más se escucharon de nuestras bocas, cuando a manera de provocación Iluna preguntó a qué nos remitía hablar de ello. La sangre menstrual como impura, como un desecho.

     Considero que lo que hay que empezar a desechar, es que esta idea ha sido siempre así y lo será por los siglos de los siglos, haciendo alusión al pensamiento que nos la ha transmitido, el patriarcado envuelto en religión, que nos susurra en su Levítico 16, “Cuando una mujer tenga flujo, si el flujo en su cuerpo es sangre, ella permanecerá en su impureza menstrual por siete días; y cualquiera que la toque quedará inmundo hasta el atardecer”.

     Y así este mandato se va reproduciendo en nuestro cotidiano “shhh solo tú debes saber que estas en tus días”, “no puedes ir al panteón porque estás impura”, “no puedes tener relaciones sexuales con tu pareja por que pueden contaminarse los dos”.

     La sangre de las mujeres como impura, que debe ser escondida frente a una sangre, la bélica, la única reconocida como muestra de triunfo de honor. ¡Vaya herencia! En tono a la idea de desmitificar como un primer ejercicio de crítica feminista me pregunto. ¿Pero qué se sabe de lo que algunas antropólogas como Rianne Eisler y Moreno Sarda señalan respecto al carácter sagrado y mágico de la sangre menstrual al vincularse esta con la sexualidad y como un fertilizante para la tierra? ¿Por qué no, más que rechazarla, esconderla o ponerla en manos de fármacos y médicos vinculamos la menstruación con un ciclo que puede propiciar el escucha y conocimiento de nuestro propio cuerpo?

     Esta pregunta es fundamental si recordamos que ya es histórica esta persecución de mujeres, en un tiempo acusadas de brujas por portar un saber específico en torno a la sexualidad y el cuerpo, representando un desafío y un cuestionamiento a la ciencia moderna androcéntrica.

     Rechazar el control y dominio de los cuerpos y de la naturaleza, por los otros y buscar formas de estar coexistiendo con ella y no explotándola, es una propuesta de la menstruación sensible, por ello nos lleva también a reflexionar sobre el uso desmedido de las toallas y tampones, consecuencia de la publicidad de quienes hacen de nuestros cuerpos un negocio enriquecedor y que en el mismo tono patriarcal y androcéntrico de la religión nos hace pensar que no existen otras opciones ¿qué sabemos de las copas menstruales que recogen nuestra sangre y que pueden durarnos años y que no contaminan el medio ambiente?

     Por último, me gustaría señalar que esta aproximación que se propició con el taller, de ser mas sensibles a nuestras menstruaciones y de conocer las formas de vincularnos con un conocimiento de nuestro cuerpo y sus potencialidades creativas para vivir lo que en ese cuerpo se dá, nos da pauta para descubrir o inventar nuevas formas de vincularnos con nuestro entorno, con la naturaleza.

     Incluso podemos hablar de movimientos ecofeministas como los de Vandana Shiva que señalan que la desvalorización y conquista de la mujer y la desvalorización y conquista de la naturaleza y la tierra son del mismo tipo, creando una opción política frente al capitalismo desde nuestros propios cuerpos.

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