La chica de rojo

La chica de rojo

Por Liliana Marín

Heredera de la mujer caída1 (profusamente representada por los prerrafaelitas), así como de la mujer vampiro, la mujer fatal y la prostituta, el personaje de la Chica de Rojo ha terminado por encarnar el estereotipo occidental de la mujer-objeto sexual. Su rasgo distintivo es precisamente el que la hermana con los prototipos anteriores y le confiere sus principales características: el simbólico color de su atuendo.
Aunque no en todos los casos estas mujeres visten de rojo, sí suelen ir acompañadas por algún elemento de este color. Encontramos ejemplos de ello en representaciones artísticas tales como las pelirrojas Lilith de Rossetti y Mujer Vampiro de Munch; las prostitutas de Lautrec o la Mujer Fatal de Kees Van Dongen.
El vínculo asociativo entre las representaciones femeninas y el color rojo se estrechó conforme fue creciendo la identificación directa del cuerpo femenino con el sexo, particularmente en la esfera de la cultura visual y a través del lenguaje publicitario, donde los roles de género determinados por los estereotipos se han ido perpetuando.
Al insertar dentro de la cultura de masas las imágenes estereotípicas generadas en el ámbito del arte, la publicidad ha jugado un papel crucial para la conformación, asimilación y difusión de los estereotipos de género. Los estereotipos femeninos actuales comienzan a trazarse en los primeros carteles publicitarios realizados por artistas como Toulouse-Lautrec, Chéret y Mucha, quien realizó gran parte de su obra por encargo de Sarah Bernhardt, una de las personificaciones más populares de la Femme Fatale. En estos carteles, los tres artistas recurren ya a la estrategia publicitaria de utilizar imágenes de mujeres semidesnudas para atraer la mirada del espectador
masculino.
El estereotipo de la mujer-carne o mujer-objeto, tan recurrente en las vanguardias, comenzó a hacer su aparición en la publicidad principalmente en Estados Unidos, donde ya a principios de siglo aparecieron las primeras Pretty-Girls en los calendarios impresos que por aquellos años comenzaron a popularizarse. Estas Pretty-Girls preconizarían a las pin-ups, cuya imagen constituye el antecedente directo de la Chica de Rojo.

Las pin-up girls, (también conocidas como cheesecake), son representaciones femeninas altamente sexualizadas que formaron parte de la cultura de masas entre los años treinta y cincuenta. Con ellas se pretendía despertar el deseo de los espectadores masculinos mediante la exhibición de los caracteres sexuales del cuerpo femenino: “Las pin-ups […] se popularizaron durante los años de la guerra y posteriores. Las características generales de todos aquellos carteles, además del público al que iban dirigidos, eran su carácter erótico, la elaboración de un estereotipo y la construcción de un nuevo modelo de belleza […] Esa nueva imagen de belleza se constituyó mediante la exaltación del papel erótico de la mujer, siempre con relación al hombre. Por ello las partes del cuerpo relacionadas con la sexualidad han sido hiperbolizadas. El pecho, los glúteos, los labios, las piernas y la melena, son exagerados […] Este prototipo estético fue manejado ampliamente por el cine.”2

Alberto Vargas, Pin up, 1945

Alberto Vargas, Pin up, 1945

Las pin-ups, que alcanzaron su apogeo durante la Segunda Guerra Mundial cuando el gobierno estadounidense repartió millones de postales de las mismas entre sus tropas, al convertirse en una de las imágenes más difundidas del periodo de guerra y de posguerra, determinaron también las características de raza, clase y edad del estereotipo de la mujer-objeto sexual o Chica de Rojo, que por lo general posee rasgos occidentales, es
blanca, delgada, joven y normalmente va ataviada con vestimentas que corresponden a una clase  elevada. Su cometido como mujer-objeto es exhibir sus atributos sexuales con la finalidad de seducir, de despertar un deseo que se ancla a una serie de necesidades creadas para fomentar el consumo.

Aunque podemos encontrar los antecedentes más cercanos en la industria cinematográfica de los años veinte –que fue también la época de oro de la ilustración las primeras pin-ups como tales son dibujos que se difundieron principalmente a través de postales, carteles y revistas para caballeros, desde donde saltaron rápidamente a la industria de la animación. Uno de los primeros y más contundentes ejemplos de las pin-ups animadas lo constituye la exitosa Betty Boop, del animador Max Fleischer. Aunque su imagen posee elementos inspirados en la cultura liberal de las chicas anglosajonas de falda y cabello cortos que frecuentaban los bares de jazz en la década de los veinte, y que se conocieron con el anglicismo de flappers, la figura de Betty Boop comienza a definir con claridad las características ideales de la mujer-objeto sexual o Chica de Rojo comercializada por la cultura de masas. Analizando el contenido de esta tira animada se pueden descubrir algunos de los mecanismos de construcción del estereotipo de la mujer-objeto así como el modo en que las generaciones siguientes han absorbido estos estereotipos desde la infancia, a través de “inofensivos” dibujos animados.
La personalidad de la Chica de Rojo se fue enriqueciendo al retomar elementos de otros estereotipos que la industria cinematográfica resucitaba exitosamente, como la mujer fatal y la taquillera vamp o mujer vampiro: una de las primeras apariciones de la Chica de Rojo como tal la constituyó la Tex Avery Girl en los años cuarenta, personaje de las tiras animadas de Tex Avery que aparece al lado de su contraparte masculina: el Tex Avery Wolf.
A diferencia de Betty Boop, la chica de Avery no es simplemente una muchacha dispuesta a complacer. Aunque es, como su hermana, una actriz de cabaret, la chica de Avery parece estar mucho más consciente de sus atributos sexuales: ha incorporado a su temperamento uno de los rasgos más característicos de la femme fatale: el ejercicio de la seducción consciente. En la tira de animación titulada Red Hot Riding Hood3, de 1943, en la que Avery desarrolla una versión sui generis de la Caperucita Roja de Perrault, esta chica aparece como una exuberante cantante que despliega en un número de cabaret todas sus dotes de seducción, lo que desencadena el asedio por parte del depredador sexual encarnado en la mítica figura del lobo. Pero, a diferencia de Betty Boop, la chica de Avery no se comporta como una desamparada oveja. Aquí la Chica de Rojo ya no es esa mujer absolutamente maleable a merced de los hombres, sino aquella que, como un objeto de lujo, enciende su deseo al colocarse justo fuera de su alcance. Este rasgo es, precisamente, el que confiere el último toque a su condición de ideal: el hecho de ser inalcanzable.

Tex Avery´s wolf and girl

Tex Avery´s wolf and girl

Gracias a las vanguardias artísticas, que revolucionaron el modo de representar la figura humana, así como al diseño publicitario que, al integrar progresivamente a su lenguaje estos nuevos modelos de representación, hicieron posible transformar el modo occidental de ver, el espectador se volvió capaz de asimilar e interpretar imágenes de la figura humana aún cuando estas no estuvieran vinculadas con la realidad. Esto permitió que los modelos de belleza comenzaran a trazarse a partir de ideales eróticos que trastocan la figura femenina mediante una perversa deformación corporal, resultante de enfatizar exageradamente los caracteres sexuales de la mujer.
Paulatinamente, la exitosa proliferación de las pin-ups y chicas de rojo motivó a los productores a intentar llevar a la realidad este modelo  obligando a sus actrices a ceñirse a él. Con el paso del tiempo, este proceso invadió todos los medios de comunicación visual, hasta hacer de la Chica de Rojo el estereotipo de la mujer ideal (y como tal, inalcanzable) a la que todxs, independientemente del género, parecemos estar obligadxs a aspirar: las mujeres, como un ideal que debemos esforzarnos por encarnar para ser deseadas, aceptadas y admiradas; los hombres, como un ideal que deben codiciar e intentar obtener. Este modelo condiciona profundamente la forma en que nos miramos a nosotras mismas, somos miradas o miramos a las demás.
Por otra parte, el atuendo de esta chica ideal, más que otorgarle una identidad, se la arrebata: si el vestido suele diferenciarnos y conferirnos una identidad como sujetos, el de la Chica de Rojo es casi un uniforme, un elemento esencial para la construcción del personaje, un símbolo que la identifica como tal y que resulta siempre un recurso erótico que se ciñe a su cuerpo para exhibirla semidesnuda.

La Chica de Rojo ha llegado a ser una figura tan idealizada que es prácticamente imposible acceder a ella. Uno de los mejores y más cercanos ejemplos de esto es el mítico personaje de Jessica Rabbit de la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit? de los años ochenta. En esta película, dirigida por Robert Zemeckis y Bob Hoskins, la mujer ideal es un dibujo animado que seduce, al estilo de la femme fatale, a todos los espectadores masculinos, particularmente en la secuencia en la que, desempeñando el papel de una actriz de cabaret de los años cuarenta interpreta, para un público compuesto por hombres de carne y hueso, el tema titulado Why don´t you do right?4, canción con un clarísimo mensaje de fondo para la reafirmación del estereotipo masculino: el prestigio de un hombre depende de su éxito económico, ya que mediante él puede obtenerlo todo… especialmente mujeres.

Escena de la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Robert Zemeckis, 1988

Escena de la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, Robert Zemeckis, 1988

No es difícil explicar cuán profundamente arraigado se halla este estereotipo en el imaginario colectivo de Occidente cuando se considera el hecho de que el espíritu de esta chica ha dado vida a casi todos los personajes femeninos tan exitosamente difundidos por Disney. El estereotipo de la Chica de Rojo pasó directamente de aquellos primeros dibujos animados a las afamadas cintas infantiles y se ha divulgado a través de ellas durante más de siete décadas prácticamente sin ninguna censura. (Una muestra es la escena de la controvertida película Aladdín en la que Jasmine, ataviada con la clásica vestimenta roja, seduce al malvado Jafar para ayudar a su amado a huir)5.

En los personajes de Disney, el espíritu de la Chica de Rojo se mezcla además con otros rasgos que conforman un estereotipo femenino aún más complejo que involucra características asociadas a la feminidad además de la belleza y la sensualidad seductora, y que tiene entre sus mensajes subliminales la reafirmación de la supremacía del varón, así como de la hegemonía de la raza blanca y del poderío imperialista estadounidense.
Por si esto fuera poco, estas imágenes han sido difundidas también a través de historietas y tiras cómicas, juguetes, videojuegos y series de dibujos animados, además de mensajes publicitarios dirigidos a niñxs y adolescentes. Las repercusiones que ha tenido en el imaginario colectivo la difusión masiva de este estereotipo van desde la forma distorsionada en que se percibe la sexualidad hasta los altos índices de violencia de género y la baja estima que se registra comúnmente entre las mujeres como resultado de la incapacidad real de satisfacer exigencias irreales; violencia que se perpetúa a través de todas aquellas formas de representación que niegan la individualidad a los sujetos femeninos al regatearles una identidad propia.
Hasta aquí, ha quedado evidenciada una parte del proceso histórico mediante el cual se ha conformado la imagen del estereotipo femenino de belleza que predomina actualmente en la cultura occidental, y se han esbozado algunos de los mecanismos a través de los que dicho estereotipo ha pasado a formar parte del imaginario colectivo, sin embargo, es importante señalar que la noción de imaginario colectivo se refiere a un conjunto de imágenes que han sido internalizadas y en base a las cuales teñimos nuestras percepciones de nosotrxs mismxs y de lxs demás. Esto quiere decir que, aunque todavía predomina el pensamiento erróneo de que las imágenes se construyen a partir de la realidad y de que son representaciones más o menos auténticas de ella, lo cierto es que, antes que representar la realidad, las imágenes son procesos de simbolización de la misma. Elaboramos nuestras nociones del mundo en gran medida a partir de estas simbolizaciones. Es por ello que constituyen elementos esenciales dentro del proceso de construcción de nuestras identidades, particularmente en las etapas formativas. Una de las grandes interrogantes que surgen al cobrar conciencia de lo anterior es: ¿Cómo podemos detener y revertir el proceso de internalización de los estereotipos al que estamos constantemente sometidxs por los medios de comunicación?
La búsqueda por responder a esta cuestión es uno de los móviles que han sustentado el Arte Feminista que, desde finales de los años sesenta, busca contraponerse a las imágenes estereotípicas que nos han sido y nos siguen siendo impuestas.

1 Nochlin, Linda; “Lost and Found: once more the fallen women” en The Art Bulletin, Vol 60, No.1 (Mar. 1978), Publicado por College Art Association, E.U., pp. 139 a 153

2 Pérez Gauli, Juan Carlos; El cuerpo en venta. Relación entre arte y publicidad, España, Cátedra, 2000, p. 66

3 “Tex Avery-Red Hot Riding Hood (1943)”, video de DailyMotion, 7:15, publicado por “hérmetik mind”, 5 de septiembre de 2009, http://www.dailymotion.com/video/xae8g6_tex-avery-red-hot-riding-hood-1943_fun

4 “Jessica Rabbit Sing Canta Why Don´t You Do Right Unica Lirica Subtitulada Spanish Español”, video de YouTube, 2:24, publicado por “fipatorneos”, 17 de noviembre de 2010, https:// www.youtube.com/ watch?v=U__NUl1ViEw
5 “Oh Jafar… Fandub with me as Jasmine” video de YouTube, 1:10, publicado por Tisha Eaton, 8 de noviembre de 2009, https://www.youtube.com/watch?v=AtVX0jOn7N0&feature=related

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