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Erotización y exploración del placer como acto político-amoroso/Bubilina Moreno

Una mirada desde la experiencia

Fotografía a color muestra en primer plano el seno de una persona de tez blanca (al parecer, quien tomó la foto), sobre quien yace una mujer de tez más oscura, de quien se vislumbra parcialmente su rostro con los ojos cerrados. Hay una sensación de confianza y descanso. Se alcanza a ver el brazo de la segunda persona. Lleva un piercing redondo y plano en la nariz. En tercer plano se confunde el tono de las pieles, en esa zona ambas igual de blancas. Al fondo, una sábana a rayas blancas con gris envuelve parte de la pierna de la segunda persona.

Por Bubulina Moreno
*Imagen Geo Vidiella y Bubulina Moreno

No iniciaré este artículo mencionando el derecho que tengo a ejercer mi sexualidad, porque esta hace parte de mi naturaleza humana; así le cueste aceptarlo a una sociedad patriarcal y de doble moral como en la que vivimos. Mi vida sexual no puede seguirse viendo como un mito o tabú.

Hace un par de años me di cuenta que también me atraían las mujeres y fue todo un proceso de reflexión, deconstrucción y nuevo autoconocimiento. Para una mujer con discapacidad física, como yo, que requiere de determinados apoyos para actividades de la vida diaria no era fácil reconocer que portaba otra etiqueta tan excluyente como la de la discapacidad ¿además de tener discapacidad también bisexual?…

Mi acercamiento con los hombres en el campo sexo-afectivo ha sido complejo y frustrante; querían tener una relación conmigo a escondidas porque “amaban” más a sus novias o esposas (claramente yo no era para mostrar), huían cuando se daban cuenta de que yo les gustaba (el miedo) hacía que desaparecieran, y en otros momentos vivencié abuso por parte de exnovios los cuales buscaron generarme dependencia emocional (¡acéptelo Natalia, nadie más se va a fijar en usted, solo yo! …) acoso y abuso sexual (un ex se aparecía en mi casa sin avisar y la única vez que durmió en mi cama me violó). El fetichismo, el ocultamiento, el miedo y la generación de dependencia era lo que mi cuerpo les producía. Aprendí de todo esto que quien llegue a mi vida debe asumir lo que soy y si no puede hacerlo es mejor tomar distancia, hay situaciones que no deben ser negociables.

Fotografía a color en primer plano muestra parte del torso desnudo y el pezón izquierdo de la mujer de tez más oscura. Sobre su seno está la mano extendida de la persona de tez blanca con un guante negro y la mano de la primera mujer (muñeca doblada, dedos pequeños y delgados) también con un guante negro.

En cuanto a las mujeres; debo decir que por identificase como lesbianas no son menos prejuiciosas frente a cuerpos “raros” como el mío. Varias de ellas me manifestaron que si bien les gustaba sentían miedo de mi cuerpo, pese a que yo intentaba disminuir ese miedo expresándoles que lo podíamos enfrentar juntas, prefirieron alejarse; y en otras mujeres, la mirada paternalista no se hizo esperar, me veían como objeto de asistencia o como si no pudiera hacerme cargo de mis emociones.

En esta búsqueda de la exploración del placer varias veces me sentí en verdadero riesgo y quería minimizarlo. Pensé en intentarlo por medio de la asistencia sexual, pero en Colombia no conocía ni conozco a alguien que la brinde; una vez se dio que un amigo se quedó en casa y nos pusimos a hablar del tema, yo tenía un dildo-vibrador y se lo mostré, él lo prendió y me preguntó que si lo quería usar; su complicidad y afecto permitieron que yo me desinhibiera y me diera un momento para SENTIR, les amigues pueden ser parte importante de estas búsquedas y exploraciones.

En uno de mis viajes a México conocí a una mujer que me seguía por redes sociales, pero con quien habíamos intercambiado pocos mensajes; esa vez ella demostró su interés en saber de mí y conocerme, pero como soy despistada no sabía que su interés podía ir más allá. Nuestros diálogos continuaron a distancia y el deseo de vernos fue más intenso, nos gustamos, nos enamoramos y decidimos acompañarnos en el camino.

Con ella he podido tener la posibilidad de comprender con mayor claridad las sensaciones que siente mi cuerpo cuando tenemos sexo. Cada vez entiendo más lo que me pone cachonda y lo que no, y también mis formas de dar placer. Me excita mucho sentir el peso de su cuerpo sobre mí, sus besos en mi espalda y cintura, cuando acaricia mi pubis con sus dedos; a ella, abrazarla por la espalda y besarle el cuello la calienta, como besar sus caderas o jugar con sus pezones; con ella comprendí lo que es (venirse). Las dos estamos aprendiendo de nuestros cuerpos entre risas, miradas, afectos y cuidado.

Mi cuerpo “raro” el cual fue deserotizado en mi infancia y adolescencia cada vez que era visto desnudo por los médicos que me atendían, y la reivindicación de este mismo cuerpo en la exploración del placer como acto político-amoroso, son hechos que me han llevado a una lucha donde he sido por décadas despojada de humanidad; la exploración del deseo y el placer son actos políticos que me fortalecen, liberan y reconcilian conmigo misma.

Fotografía a color, muestra un fragmento de dos personas recostadas. En primer plano, un fragmento del pecho izquierdo que muestra el pezón de una persona de tez blanca sobre la cual yace la otra, de quien se alcanza a ver su nariz y boca, una parte de su pecho y su mano. Al fondo, la piel blanca de una pierna y unas sábanas blanco con gris azulado.

Natalia (Bubulina) Moreno Rodríguez. Bogotá, Colombia. Comunicadora Social de la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) y activista de derechos humanos.

 

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