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«No somos objeto de estudio, somos artistas» Entrevista a Alberta Canadá

«No somos objeto de estudio, somos artistas» Entrevista a Alberta Canadá

por León Daniel

El primer día de clases, como es costumbre, no encontraba el salón. Un tipo hablaba por teléfono en un pasillo, era moreno, delgado, alto, con cabello largo y un lenguaje corporal que podría pasar desapercibido para muchos aunque yo alcancé a leer algo diferente. Encontré el salón, habían 8 mujeres y yo. Entró el tipo al que había visto en el pasillo, era el maestro.

–Hola a todas, todos, todes… ¿saben qué? A partir de ahora les voy a hablar en femenino- dijo con mucha seguridad -espero que no les importe, ya que son la mayoría mujeres, y porque… bueno, porque aquí vinimos a jotear. En ese momento pensé: estoy en el lugar correcto.

El curso era teórico y práctico; en una clase hablábamos de vestimenta prehispánica o de expresión corporal, en otra aprendíamos a caminar en tacones (o correr en caso de que llegue la policía, porque bien se sabe que a las primeras que quieren agarrar son a las travestis). En fin, un curso  multidisciplinario  y fuera de lo común, que cambió mi manera de ver el drag.

Le hice esta entrevista a la Institutriz, ahora mi mamá drag, Alberta Cánada (Alberto Patiño), para profundizar en algunos aspectos que me parecieron muy importantes del curso de “Dragtivismo y Alta postura”.

León: Te dije que no iba a hacer preguntas básicas como ‘¿Cuál es tu peluca favorita?’ Aunque ahora que lo pienso, nunca te he visto con peluca.

Alberta: Casi nunca uso pelucas por que tengo el cabello largo y para mí siempre ha sido un gesto de rebeldía tener el cabello largo, con mi pelo hago muchas cosas, me hago peinados, lo pinto, es como una extensión de mi cuerpo que utilizo mucho. Sólo uso pelucas rubias y lo hago para burlarme de la gente que se quiere blanquear. Tampoco me rasuro las axilas ni las piernas por que no siento que aporte nada a mi personaje.

León: ¿Qué querías ser de grande?

Alberta: Artista. No me importaba mucho qué tipo de artista, sólo sabía que quería ser artista. Primero me fui por el dibujo y pintura, después empecé a hacer danza, luego quise hacer música, al final el teatro me gustó porque toca varias de las expresiones artísticas que me interesan.

León: Me gusta mucho decir que tomé un curso de drag en la UNAM, y la gente se sorprende cuando lo digo ¿cómo te sientes de haberlo logrado?

Alberta: Para mi fue una sorpresa, por que, aunque tengo una trayectoria muy amplia, no tengo un reconocimiento oficial como un título universitario y mi taller se centraba más en el tema social que en cuestiones técnicas. A mí no me interesa formar dragas que dominen técnicas de maquillaje porque para eso hay otros espacios y muchos tutoriales. Más bien platicamos de machismo, clasismo, homofobia, derechos de las mujeres, serofobia, de distintas problemáticas que atraviesan a todos, de arte y cultura con el pretexto del drag. Ayudó mucho que el objetivo de la Unidad de Vinculación Artística de la UNAM es impulsar talleres con una naturaleza “no formal” de la educación artística, pensados para un público heterogéneo.

Me da orgullo porque sienta un precedente, mi carrera se forjó en la calle, entonces abre una brecha para personas como yo, que estamos incidiendo en estos temas desde lo cultural. He trabajado en muchas universidades con mi personaje drag, sin embargo es la primera vez que se abre un espacio oficial, en el que se imparte un curso teórico y práctico de una forma de arte sobre la que no existen libros de texto.

León: Cuando vi el temario el primer día de clases quedé impresionado, creo que a veces pensamos que el drag es algo muy superficial. No creo que hayan muchos precedentes de un curso de este tipo, ¿cómo lo construiste?

Alberta: A través del análisis de mis experiencias, mi meta era explicarle a alguien que no tuviera referentes sobre el drag, cómo llegué a hacer el trabajo que hago. Entonces había que explicar desde diferencia entre sexo y género, identidad de género, preferencias sexuales, derechos humanos, sociología, antropología, historia del movimiento LGBT+. Luego la parte artística técnica: proyección escénica, expresión corporal, expresión gestual, historia de la moda, performance, básicamente un temario de actor, trasladado al formato del drag. Por ejemplo, hablamos de la comedia a través de la “lengua viperina” que es creatividad para expresarse de manera contestataria sobre discriminación social y no ofender por ofender con tintes racistas o clasistas como algunos lo entienden.

León: Una de las cosas que más recuerdo a diferencia de cualquier otro curso que haya tomado, fue el ambiente seguro que generaste desde el primer momento. En el curso la mayoría eran mujeres cis y sólo éramos dos hombres jotos, ¿por qué crees que fue así?

Alberta: Desde el principio mi intención era que el taller se promoviera sin distinción de género, por que ahí está el mensaje del taller, el drag es un arte libre de estigma y libre de discriminación, cualquiera puede hacer drag. Para mí fue una sorpresa que la mayoría fueran mujeres heterosexuales cisgénero que buscaban en el drag una experiencia liberadora y tenían también un interés de ser incluidas en un movimiento que está contra los estereotipos de género.

Me parece que la presencia de las mujeres enriqueció mucho las experiencias para los hombres que estábamos ahí, pues normalmente las actividades de gays son muy excluyentes. Creo que todas aprendimos a cuestionar los roles de género que nos son asignados pero al mismo tiempo tomar lo que nos guste del rol que sea y aprender a expresarlos a partir del disfrute personal y no de la imposición o del consumo de otro. Aprendimos a masculinizarnos o feminizarnos como cada quien se sintiera feliz.

León: Otra de las cosas que recuerdo mucho es que a las mujeres del curso les costaba muchísimo des aprender las cosas que les habían enseñado, por ejemplo del maquillaje, les costaba mucho exagerarlo, o le temían a verse demasiado sensuales o sexuales, ¿cómo sentiste tu esa parte?

Alberta: Una de mis intenciones era que todos nos confrontáramos con lo que nos han enseñado que significa ser mujer u hombre. El drag que enseño tiene que ver con la explotación de los estereotipos para evidenciarlos de una manera lúdica y sobre todo en espacios seguros, en un grupo que te hace sentir seguridad e inclusión. Y ya después  experimentar colores, tipos de maquillaje, siluetas del cuerpo, tipos de expresión corporal, de expresión de nuestra personalidad y de nuestra sexualidad.

Como lo platicamos en la clase de maquillaje drag, se trata de borrar tus facciones y dibujarte unas nuevas que te gusten y que expresen tu personalidad o que expresen un mensaje que quieras transmitir. Hay que borrarse todo lo que nos enseñaron que está bien o está mal de ser hombre o mujer y dibujarnos lo que nos gusta y lo que nos hace sentir bien, sin importar que al juicio de un tercero parezca bonito, feo o grotesco.

Esa es la mitad del proceso, la otra mitad es llevarlo a la gente. Poder transmitir este mensaje al público es lo más valioso de hacer drag, por eso es que mi pedagogía busca llevarlo a un público, y de preferencia que no sea un público fácil. En lugar de hacer una aparición en un antro a las 2 de la mañana, hacer un perfomance en el Zócalo en pleno día, confrontar la enseñanza con la experiencia colectiva.

León: Una de las prácticas que más recuerdo fue la caminata en tacones, hasta nos enseñaste a correr por si se ofrece, recuerdo que las chavas estaban muy agradecidas con las clases de caminata en tacones y nosotros los jotos aunque la sufrimos más, le agarramos rápido el gusto ¿Qué crees que puede aprender del drag una persona que no es LGBT+?

Alberta: Cuestiones de expresión y desenvolvimiento social y escénico pero sobre todo empatía con todos los que son diferentes, reconocer por ejemplo el privilegio que representa ser una persona cisgénero frente a una persona trans. También los hombres gay desarrollamos mucha empatía por ejemplo con las mujeres trans, el drag te lo puedes quitar. Muchas mujeres trans viven en un estado de vulnerabilidad constante, o tienen que reprimir su expresión para pasar desapercibidas y no sufrir violencias. Literalmente ponerse en los zapatos de otro, o los tacones en este caso. Asumir una postura crítica ante muchos temas, identificar cuándo estamos siendo opresores y oprimidos.

León: Hay quienes critican al drag por perpetuar los estereotipos de género.

Alberta: Creo que es diferente perpetuar un sistema que nos oprime y apropiarse de él para evidenciarlo y combatirlo. El drag viene de una lucha de hace muchos años para cuestionar, para incomodar, para rebelarse, para liberarse. Hay un drag que se queda muy corto y en la complacencia de la mirada masculina, también tiene mucho que ver para quién se hace. Hay muchos tipos de drag, y tal vez el problema está por ejemplo en los concursos en donde el premio se le da a la más bonita y no a la que tiene un discurso verdaderamente creativo o transgresor. Sigue siendo transgresor que nosotros como hombres nos apropiemos de esos estereotipos femeninos pero lo valioso es el mensaje que se pueda transmitir.

El drag no es en sí misógino, pero sí puede haber drag misógino como puede haber gays homofóbicos; por eso es importante ir más allá del show y la escena y verdaderamente aprender de la historia.

León: Yo definitivamente me siento diferente después de haber hecho drag, aunque no he tenido oportunidad de hacerlo de nuevo, cuando me siento inseguro me imagino en unos tacones y me ayuda mucho ¿Notaste un antes y después en tus alumnas?

Alberta: Sí, definitivamente, las que llegaron muy serias y tímidas al final se soltaron, encontraron su estilo particular para expresarse, siento que agarraron mucha seguridad. También se construyó un ambiente seguro y de mucha empatía y tolerancia entre nosotras, por ejemplo la cuestión de ayudarnos entre nosotras antes de salir a escena, que es una cosa muy del teatro. La parte técnica también mejoró mucho, los maquillajes, el caminado, la expresión de todas.

León: ¿Qué experiencias positivas te dejó el curso?

Alberta: Sobre todo que era una apuesta institucional, la institución quedó muy satisfecha con la experiencia. Aprendí mucho de la heterogeneidad del grupo. En otro tipo de cursos los alumnos tienen más en común, y es uno de los beneficios de que el curso se origine desde una institución como esta, hay un alcance a un público más diverso. También el uso del personaje drag me da muchas posibilidades de romper con la estructura vertical de la enseñanza; en algún momento yo era una más del grupo. Me gusta la experiencia de aprovechar una tendencia que es el drag como la excusa para enseñar sobre temas de activismo, sexualidad, género, moda, arte y cultura. Las personas que llegan a un curso como este, llegan más receptivas y tienen de entrada una disposición a hacer cosas diferentes.

León: RuPaul dice “Every time I bat my false eyelashes, I’m making a political statement”, ¿crees que que el drag sigue siendo político?

Alberta: Yo creo que depende mucho quién lo haga. Para estas drag queens súper famosas como RuPaul, me parece que no es suficiente con ser bonita por que ahora ya forman parte de un grupo privilegiado que explota el drag en términos comerciales. Ser bonita no es un talento, porque hay quien puede pagar para que la maquillen o que la vistan, entonces no es suficiente. Lo político viene desde una postura social e ideológica ante la opresión. Sin embargo, para mucha gente y en muchos contextos sigue siendo muy político y muy valiente hacer drag, por ejemplo fuera de las grandes ciudades.

León: Hay quien cree que el drag debe limitarse a la clandestinidad ya que ese es su origen, ¿qué opinas de esto?

Alberta: Para mí el drag es una herramienta artística de expresión, no creo que ninguna forma de arte se deba limitar a ningún medio ni a cierto público. Sacarlo de la clandestinidad no lo hace mejor ni peor, lo hace diferente y en todo caso lo enriquece. Por mi formación escénica yo veo al drag como un subgénero de la interpretación dramática y creo que debe ser analizado, debe ser profesional, con el objetivo de profundizar en este conocimiento y explotar sus posibilidades y no sólo se limite a hostear en antros.

León: Últimamente he buscado libros y teoría sobre el drag. Hay algunas buenas novelas que abordan el tema, tenemos películas históricas y libros muy buenos pero más bien de registro y de memoria. ¿Crees que debería haber una teoría drag?, ¿quienes deberían escribir y teorizar estos temas?

Alberta: Creo que es problemático precisamente cuando quienes escriben o teorizan son solamente personas que tienen cierto privilegio y que no hacen drag o lo hacen desde una posición muy cómoda sólo para divertirse; no está mal hacer drag sólo por diversión, pero el origen del drag es sobre todo de personas que lo hacían por que no tenían otra fuente de trabajo. Para muchas personas el drag es una forma de vida, entonces cuando los académicos se apropian de estos estudios, le arrebata a alguien la oportunidad para contarlo desde su realidad y se genera una imposición de estándares para su validación. Creo que el drag debe socializarse y discutirse, deben escucharse diversas voces desde su experiencia en primera persona, pero hablar de una teoría abre la puerta a ser sujetas a una validación y eso sí me parece contradictorio al drag que es diverso, es abierto y es disruptivo. No somos objeto de estudio, somos artistas.

León: Recuerdo que en las clases hacías énfasis en que la presencia del drag en el espacio público lo transformaba por completo, ¿podrías hablarme de ello y del efecto que tiene en ti ser observada en drag en contextos cotidianos, fuera de las zonas de tolerancia?

Alberta: Salirse de los espacios comunes y entrar a espacios públicos implica una exposición y una vulnerabilidad en muchos niveles: físicamente, emocionalmente, hasta en un nivel público, porque te puede ver alguien que te conozca, por ejemplo. Es un acto arriesgado y para mí esa es la rebeldía. En esos momentos yo soy la única persona responsable de mi seguridad y eso es muy importante. El drag también protege, porque impone, por la belleza o por lo extravagante o por ser llamativo. Se forma una barrera en donde la gente generalmente entiende que estás haciendo alguna actividad creativa o artística. Te pueden llegar a gritar algo o hacer algún gesto, pero incluso hay una barrera física, la gente que se acerca es para pedir una foto o algo así. Sí, es una circunstancia de riesgo finalmente, pero también es cuando hay un mayor impacto. También hay que hablar de que la gente lo permite, porque sabe que es casi un disfraz que se puede quitar y vuelves a ser “hombre”. Lo que la gente no perdona es, por ejemplo, a las personas trans, hay mucha transfobia y misoginia. Hay dragas que mientras más masculinas y varoniles sean fuera del drag más se les aplaude y eso también es problemático.

León: Me gusta la idea de colarnos a donde somos incómodxs. Ahora que el espacio público es virtual debido a la pandemia ¿Crees que es importante la apropiación también del espacio virtual?

Alberta: Sí porque al final es una extensión del espacio, que aunque no es convencional, ahora tiene un gran auge y no está tan explorado. Las reglas de convivencia se hacen más flexibles y en otros casos se acotan. Se puede llegar a otros públicos que si no fuera por la situación virtual no te podrían ver, pero de nuevo no hay que limitarse a los espacios convencionales o de tolerancia, incluso en el marco virtual. Tampoco hay que olvidar el espacio real y material, la razón por la que ahora están sufriendo muchas dragas que trabajaban en los antros es por limitarse a esos espacios,

León: Drag, draga, vestida, travesti (nunca trasvesti)… ¿Qué puede aportar el drag mexicano frente al drag mainstream que estamos acostumbradxs a consumir?

Alberta: Son realidades diferentes, es como el teatro, la danza y la música. Tenemos diferentes referentes, esa es nuestra aportación al drag. No debemos aspirar a hacer lo que se está haciendo allá, nuestros ingresos son diferentes, nuestro bagaje cultural es diferente, incluso la discriminación y el racismo son diferentes en Estados Unidos. Algunas categorías estéticas pueden ser universales y también tenemos cosas en común como la homofobia y la transfobia. Hay una historia del drag mexicano que es muy ignorada, existe mucho antes de que llegara el boom de RuPaul. Tenemos, por ejemplo, un lenguaje muy rico, que se ha nutrido también de muchas culturas. Hay cosas muy mexicanas como el albur, el doble sentido, la poesía o la musicalidad. La música del drag que se está haciendo acá es muy referencial a lo que se hace en Estados Unidos, por ejemplo, siendo que hay una cultura riquísima de la música de protesta o de cabaret en México. No tenemos nada que pedirle al extranjero, creo que tenemos que hacer un ejercicio de autoconocimiento y explotar las cuestiones locales sin llegar a la caricaturización.

León: Durante la pandemia, el drag se ha visto particularmente golpeado por la falta de espacios o eventos, lo que también ha evidenciado la precariedad de esta forma de expresión artística ¿Crees que las comunidades LGBT+ podamos hacer algo para respaldar a nuestras dragas?

Alberta: Tiene mucho que ver con nuestras formas de consumo, pero de entrada hay que exigir mejores condiciones laborales. Por ejemplo, la gente que está ahora haciendo porno por internet, de alguna manera les ha resultado tener un esquema autogestivo y no depender de un tercero para vender sus contenidos. Es el problema de que el drag se limite a los antros y al consumo del alcohol y que sea una actividad secundaria dentro del ambiente nocturno. Hay que valorar el drag por sí mismo, y verlo en otros espacios, en otros horarios. También hay que buscar incentivos del gobierno y de instituciones culturales que nos ayuden a construir algo para nosotras y no sólo hacer colaboraciones para terceros, por ejemplo.

León: De las cosas que más disfruté fue aprender a “hechizar”, hacer que algo barato se viera costoso, “hechizar” me gusta mucho como término porque creo que resume muy bien lo que es el drag y habla también de la magia. Te agradezco Alberta por estos minutos de buena plática y por los hechizos.

León Daniel (Ciudad de México, 1987), es arquitecto por la Universidad Nacional Autónoma de México. Obtuvo el diploma al mérito por la tesis Cineteca Morelia, un espacio para el cine. Cuenta con estudios de especialización en museografía por el MUNAL e Intervención de Arquitectura Contemporánea en Contextos Históricos por la ENCRyM. Ganó la medalla de bronce en la XV Bienal Internacional del Cartel en México. Participa activamente en AHF México como voluntario, haciendo trabajo de campo en campañas de prevención y detección del VIH desde 2018. Actualmente desarrolla actividades de gestión cultural enfocadas a comunidades LGBT+.

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