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MANIFIESTO FEMINISTA SEXO-DISIDENTE

por la Internacional de Zorritas, colectiva anti-patriarcal y anti-capitalista

I

Concebimos este manifiesto como una forma de posicionarnos políticamente frente a los crecientes discursos transfóbicos en diversos espacios sociales, particularmente en aquellos que se nombran feministas. Creemos que estos discursos están lejos de contribuir a la constitución de formas de organización que nos permitan avanzar en la lucha contra el patriarcado-capifascista, racista, capacitista y cis-heterosexista actual. En el corazón de los mismos se encuentran discursos de odio que impiden la construcción de alianzas entre movimientos cuyas reivindicaciones no sólo no son excluyentes sino que su unión es fundamental para alcanzar nuestro objetivo: emancipación y vida digna.

Invocamos el espíritu de quienes consideran que sin todas nosotras, sin todas las mujeres -incluidas las mujeres trans- en toda nuestra similitud y diferencia (de clase, de color -negras, latinas, morenas, mestizas, indígenas, etcétera- de geografías, de capacidades) no hay lucha y no hay feminismo. Los saberes que aquí compartimos son fruto de nuestras experiencias de vida y acompañamiento sororo, desde la ternura radical y la digna rabia. A quienes se sientan interpeladAs e interpeladXs y deseen transitar y multifurcar los senderos que aquí hemos trazado, les saludamos cariñosamente y esperamos seguir tejiendo la lucha en colectiva.

II

Asumimos en primer lugar que ser feminista es reconocer que a lo largo de la historia, y aún hoy, han existido diversas y constantes formas de opresión y violencia contra las mujeres. Dichas violencias y opresiones tienen un carácter sistemático y estructural, se fundamentan en una jerarquía que posiciona a los hombres y a los ideales de masculinidad por sobre las mujeres y los ideales de feminidad y pretende ser naturalizada según una norma cis-heterosexista, la cual toma como paradigma el imperativo de la reproducción de la especie en cada individuo que la conforma. Estas violencias y opresiones se manifiestan día a día en expresiones concretas, de forma simbólica, cultural, fantasmática, mediática, etc. y perviven en las representaciones del imaginario social, consciente e inconsciente, con el que experienciamos nuestro mundo.

Asimismo, ser feminista es reconocer todos los privilegios políticos que poseen los hombres, dentro de este patriarcado-capifascista: un privilegio ontológico, en tanto este mundo está hecho por y para los hombres: sus experiencias, sus vivencias, sus deseos y sus cuerpos; un privilegio epistémico, en tanto sus saberes, criterios y validaciones son considerados paradigma de objetividad e intersubjetividad; un privilegio económico: en tanto ellos son los dueños de los medios de producción, de la riqueza y del tiempo en el capitalismo neoliberal y transnacional que impone día con día una perspectiva mercantilista de todo lo que existe; un privilegio social, porque son ellos el modelo indiscutible del sujeto político, de derechos, de ciudadanía, de ocio, de honores y de bienestar.

Ser feminista es tener siempre presente que los hombres y las mujeres no son y nunca han sido iguales. Porque si bien las consignas igualitaristas han servido estratégicamente a lo largo de la historia política de occidente, éstas siempre estarán limitadas a una lógica racista, capacitista, capitalista y colonial: el feminismo no se reduce, ni puede reducirse, a lo que se nombra como “feminismo liberal”, es decir a la realización del objetivo de la igualdad de algunAs -y algunXs – con los hombres, a costa de otrAs y otrXs. Lo que buscamos es que nuestras vidas sean tratadas como dignas de ser vividas: por ejemplo, a nivel material exigimos una renta básica universal justamente distribuida -por el momento y tan solo mientras derrocamos el capitalismo-. Por tal motivo, rechazamos el discurso igualitarista del feminismo liberal y reivindicamos el carácter político de la diferencia sexual: una diferencia históricamente constituida, material, pero de ningún modo absoluta, binaria o cis-heterosexista.

Aunado a esto, consideramos que ser feminista es reconocer el carácter necesario de un pensamiento interseccional: el patriarcado-capifascista al que nos enfrentamos, además de ser sexista, misógino y machista, es inherentemente racista, capacitista, cis-heterosexista; y si bien es posible hacer distinciones analíticas para resaltar en ciertos contextos alguna de estas características, en la realidad todos estos violentos sistemas políticos de organización social están implicados y se sostienen en conjunto. El carácter holístico de este mundo patriarcal-capifascista también desenmascara las supuestas simplificaciones y la univocidad del pensamiento dicotómico entre señorío y servidumbre: en tanto dinámico y complejo, todOs, todAs y todXs participamos en estas violencias, sin obviar que son los hombres los que mayoritariamente las han ejercido -y las siguen ejerciendo -mientras que son las mujeres quienes se han llevado -y aún hoy se llevan- la peor parte. Y quienes más se benefician son ese 1% constituido por hombres blancos, cis- heterosexuales, dueños de los medios de producción a nivel mundial.

Empero, y dado el carácter contingente de todo sistema social, asumimos que ser feminista significa no solo reconocer el carácter injusto de este mundo patriarcal, sino negarse a aceptarlo y trabajar -desde nuestras trincheras y del modo en que nos sea posible- en la construcción de otro mundo: un mundo más digno.

III

Asumimos también que ser mujer, hombre o ninguna de estas categorías es el efecto de un continuo constituirse -y haber sido constituido- materialmente de manera consciente o inconsciente, según un sexo-género determinado dentro de redes de relaciones de poder en sociedades específicas.

Por ello, negamos cualquier forma de esencialismo: no existe un modelo paradigmático y atemporal sobre lo que es ser mujer, hombre o cualquier otra categoría y nadie debería seguir modelos inencarnables que nos dicten lo que deberíamos ser. Así, afirmamos que las identidades políticas, el deseo y el reconocimiento de nuestro propio sexo-género es enteramente producto de nuestras propias, particulares y plurales historias de vida dentro de un vasto y complejo entramado social -dotado de sentido por lo anteriormente acontecido, pero siempre abierto al porvenir-. De esta manera, podemos dar cuenta de que las mujeres trans -dentro de su infinita pluralidad -tienen una historicidad diversa a la de otras mujeres, pero del mismo modo y en el mismo sentido que asumimos que las mujeres obreras, o las mujeres racializadas, -también dentro de su infinita pluralidad -lo tienen respecto a las mujeres blancas de clase media.

Por otra parte, nos posicionamos en contra de toda forma de reduccionismo de sexo-género: consideramos teóricamente improductivas y políticamente perjudiciales las asunciones de cualquier postura que reduzca un determinado sexo-género a cierta anatomía o asignación social específica. Ser mujer, hombre o ninguna de estas categorías es algo más complejo y elaborado. Asimismo, rechazamos la división dicotómica, casi ontológica, entre sexo y género, puesto que creemos firmemente que ambas categorías, en tanto dispositivos de control y dominación dentro de este patriarcado-capifascista, están implicadas y ambas se entrelazan para constituir las vidas que vivimos y las violencias que sufrimos.

Por ello, nos posicionamos en contra del género, pues éste no es una opción libre y segura que podamos o no elegir, sino un dispositivo de constitución y reproducción de la violencia de este patriarcado-capifascista, racista, capacitista y cis-heterosexista. Pero también nos posicionamos contra el sexo. Éste no es -ni ha sido nunca- naturalmente dado, sino que es un dispositivo de control social que refuerza el género haciéndose pasar por su fundamento sagrado o intocable. Prueba de ello es que el sexo ha sido históricamente constituido de manera correspondentista (cuerpo, deseo y posición social deben coincidir), binarista (solo existen dos sexos: hombre y mujer) y determinista (es imposible ir contra estas determinaciones). De esta manera, asumimos y exigimos distinguir el sexo-género tanto de la genitalidad de los cuerpos humanos (necesarios para la reproducción de la especie) como de sus expresiones corporales visibles (incluidas las hormonales y la información genotípica y fenotípica de cada quien).

Nos posicionamos en contra del género y en contra el sexo para no reificarlos, pero reconocemos la necesidad de no trivializarlos: el sexo-género existe, tiene una materialidad empíricamente constatable y es la causa de los múltiples efectos políticos que sostienen el entramado social de este patriarcado-capifascista violento. Repudiamos enérgicamente aquellas penosas posiciones utilizadas para humillar o criminalizar a las mujeres trans y/o a las mujeres racializadas, en virtud de que su modo de ser supuestamente refuerza el género  al reproducir estereotipos o ejercer violencias patriarcales-, ya que todAs y todXs lo hacemos en mayor o menor medida. Asimismo, mostramos nuestra perplejidad al descubrir que normalmente quienes asumen estas posiciones abogan por un reduccionismo, biologicista o culturalista, reforzando también el género a través del sexo.

IV

En cuanto a la socialización del sexo-género en el marco del sistema patriarcal- capitalista,  racista, capacitista y cis-heterosexista, afirmamos que ésta consiste en la imposición violenta de determinadas normas que pretenden regular y controlar nuestras vidas y nuestros cuerpos bajo la amenaza de que, de no someternos a su ley enfrentaremos consecuencias eventualmente fatales -como el feminicidio y los crímenes de odio-. Así, el incorporar, reproducir y comportarse según estas normas violentas condiciona injusta y arbitrariamente nuestra existencia día con día. Reconocemos también que estas normas no tienen ningún fundamento real, y que todo su peso se basa en la autoridad y los intereses políticos y económicos de una minoría.

Sin embargo, a pesar de que estamos en la violenta obligación de repetir las normas de sexo-género, encontramos siempre la posibilidad de un espacio de negociación y/o confrontación con su ley. Es históricamente constatable que la rebeldía, la digna rabia y las luchas tanto feministas como sexo-disidentes han logrado con un inmenso esfuerzo, reivindicar algunos aspectos de las vidas de algunas mujeres y sexo-disidentes y con ello han contribuido -aunque sea un poco- a la erradicación de este patriarcado-capifascista. Afirmamos además que estos logros nunca han sido producto de esfuerzos individuales, sino que siempre son el resultado de luchas políticas comunitarias y alianzas entre distintas subjetividades socialmente organizadas.

Sostenemos firmemente que es posible la abolición de la violencia patriarcal, y la deconstrucción de aquel pedazo de patriarcado-capifascista que hemos incorporado de manera coercitiva. Pero reconocemos que para que esto ocurra es necesario asumir y trabajar constantemente las propias violencias, y no ser cómplices de las violencias ajenas. Asimismo, enfatizamos enérgicamente que la distribución diferenciada de nuestras posiciones sociales en este sistema patriarcal implica asumir que no partimos del mismo punto, que no tenemos los mismos compromisos ni luchamos por erradicar las mismas violencias. Por tanto, nuestras estrategias de lucha son, han sido y serán, siempre distintas. En especial, repudiamos la voluntad de aquellos hombres -y algunas mujeres blancas y de clase media – que le dicen a una mujer cómo ser feminista.

También afirmamos que no es posible exigir un cambio radical instantáneo: nos posicionamos en contra de todos esos fascismos y policías internas que pretenden dictarle a nuestros cuerpos y a nuestras historias qué hacer. Si bien trabajamos para la erradicación de este patriarcado-capifascista, racista, capacitista y cis-heterosexista -y por la construcción de un otro mundo más digno y vivible para todAs y todXs- reconocemos que hay elementos del deseo que no son ni libres ni voluntarios -como nos hace creer constantemente el capitalismo neoliberal- y por lo tanto ni exigimos a nadie ni nos exigimos a nosotrAs ni nosotrXs mismA/Xs un ideal de lucha que ningún cuerpo puede encarnar.

Creemos, por tanto, en que nuestra resistencia radica en la plasticidad de nuestro cuerpo y nuestra psique (entendida ésta como el espacio de disputa política entre lo que somos y lo que nos obligan a ser). Por tal motivo, reconocemos dos momentos concretos en que nuestra rebeldía se manifiesta por primera vez, para continuar emergiendo constantemente: primero, el momento de la fijación e identificación inconsciente con determinado sexo-género socialmente impuesto (desde la más tierna infancia); y segundo, el momento de la autoconsciencia del propio sexo-género, con la posterior voluntad de querer transformarlo para reapropiarnos de nuestro cuerpo y de nuestras vidas, en tanto dignas de vivirse.

Del párrafo anterior, enfatizamos la distinción entre la asignación sexo-genérica cultural al nacer, y la identificación psíquica -inconsciente e involuntaria- que opera en nuestros cuerpos, y que tiene como efecto la digna rebeldía de la constitución de las disidencias sexuales (hombres y mujeres lesbianas, jotas, bisexuales, trans, intersex, y quienes son no-binaries, cuir o de género-no conforme). Es por ello que estamos en contra de la idea de que las disidencias sexuales sean un “mero sentimiento”. Si alguien expresa sentirse de determinado sexo-género, sus sentimientos no son triviales, simples o inválidos. Sospechamos que quienes son de esta opinión asumen una lógica patriarcal- capitalista neoliberal, racista, colonial y falocéntrica acerca del papel de los sentimientos y de las subjetividades en el mundo. No nos sorprende entonces encontrar que muchos de los discursos transfóbicos -como las declaraciones de Laura Lecuona y Joanne K. Rowling– y de discursos misóginos -como la afirmación de la influencer Ofelia Pastrana de que “si tanto es que sufres tú por ser mujer, puedes ir y ser hombre”- coinciden en su lógica interna. Repudiamos cualquiera de estos dos discursos.

Asimismo, aunque sostenemos que ser mujer no es una cuestión volitiva, afirmamos que esto no es en modo alguno una condición que lleve a un destino fatal. Desde el momento de la autoconsciencia -incluso inconscientemente desde mucho antes-, los cuerpos de las mujeres expresan su infinita rebeldía, digna rabia y voluntad de reapropiarse dignamente de sus vidas. Ser feminista implica asumir un compromiso político acorde a este deseo, significa reivindicar como mujer un propio espacio para la agencia.

V

Finalmente, manifestamos la voluntad de aclarar ciertos malos entendidos sobre la crítica en ciertos espacios sexo-disidentes al sujeto político del feminismo. Dicha crítica tuvo  -y sigue teniendo- como objetivo posicionar a la interseccionalidad como necesaria para la lucha política, es decir, para sostener que el sistema patriarcal- capifascista en el que vivimos, además de ser sexista, misógino y machista, es necesarimante racista, capacitista y cis-heterosexista.

El objetivo de dicha crítica nunca ha tenido la finalidad de incluir a los hombres como el sujeto político del feminismo. Este razonamiento proviene de los prejuicios transfóbicos y heterosexistas de quienes refuerzan el género a través de la categoría de sexo. Aunado al violento discurso de odio que ha posicionado la derecha con el nombre de “ideología de género”, existe hoy en día la idea de que cuestionar el sexo implica cometer un supuesto “borrado de mujeres”. Esto no solo es perjudicial para el feminismo y violento para las mujeres trans, sino que además es absurdo: no es posible que una clase minoritaria e históricamente oprimida sea capaz de borrar las reivindicaciones políticas de aproximadamente la mitad de la población mundial. Hacemos el llamado a erradicar estos discursos de odio.

Sostenemos, finalmente y tomando en cuenta todo lo anterior, que si las mujeres trans se asumen como mujeres es porque son mujeres. Y lo que busca el feminismo es la posibilidad de que las mujeres -en toda su inmensa pluralidad – se vivan como tales en dignidad. Sin la incorporación de las mujeres trans en el feminismo, no hay feminismo.

También afirmamos que los hombres de la disidencia sexual -incluidos los hombres trans comparten violencias simbólicas, fantasmáticas, históricas, etc. con las mujeres, al ser cuerpos socialmente feminizados. Por tanto, aunque no son mujeres y no son propiamente sujetos del feminismo, son aliados y aliadXs indispensables para esta lucha, y sus reivindicaciones contribuyen firmemente a erradicar este patriarcado-capifascista. De la misma forma, quienes se asumen no-binaries, queer o de género no-conforme también comparten violencias simbólicas con las mujeres y las demás disidencias sexuales, en tanto que sus cuerpos desafían las lógicas patriarcales-capitalistas del sexo-género: el binarismo, el correspondentismo y el biologicismo, además de rebelarse en contra de la feminización o masculinización constante, violenta y arbitraria de sus cuerpos.

NosotrAs y nosotrXs nos reivindicamos como feministas sexo-disidentes porque nos damos cuenta de que   históricamente han existido y existen diversas formas de violencia sistémica contra las mujeres y las disidencias sexuales, porque creemos que esto no debe seguir pasando y porque asumimos compromisos -dentro de nuestras posibilidades- para contribuir, en colectivo, a la constitución de otro mundo posible. NosotrAs y NosotrXs, feministas sexo-disidentes, les saludamos con infinita ternura y abrazamos solidariamente sus luchas por la dignidad y desde la digna rabia.

Larga vida al feminismo sexo-disidente.

Autorxs

Miembrxs de la Internacional de Zorritas, colectiva anti-patriarcal y anti-capitalista

Página Oficial: https://internacionaldezorritas.wordpress.com/

Redes sociales: https://www.facebook.com/InternacionaldeZorritas

Laura J. Rosales AKA Rhoda.

Mujer. He asumido “el feminismo” como proyecto ético y político de vida desde el 2014. Actualmente desarrollo una tesis doctoral en la que trato de avanzar en el conocimiento de los procesos de trabajo en que están involucradas mujeres conductoras de Servicios Privados de Transporte en México, en el marco de los Estudios Filosóficos y Sociales de la Ciencia y de la Tecnología, y en diálogo con una tradición de pensamiento feminista-marxista. 

 Ferk Vélez

Sexo-disidente. Filósofx. Profesorx de Profesorx de Filosofía, Ciencias Sociales y Humanidades, especialmente en temas de sexo-género desde una mirada crítica, feminista, anti-capitalista y anti-colonial. Desde 2012 participo en diversas organizaciones y colectivas por los Derechos Humanos, en especial de los derechos LGBTIQ+. Autorx de la tesis  “Del sexo a la plasticidad del cuerpo: hacia una ontología crítica de la performatividad del género de Judith Butler”.

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