Los ojos también cuentan

Los ojos también cuentan

 

por Miranda Uribe

por Miranda Uribe

Los locos no tenemos amigos, le platiqué hoy a mi ojo que me veía asombrado de mi filosofía de supervivencia. Este ciego estaba buscando la muerte ya hacía un rato.

La busqué al asomarme a la ventana; la noche pálida me sonrió junto con la luna a la que se le podía percibir la flojera de no salir aún. La huesuda no está.

Tomé del cajón un carrujo, quería volar a su encuentro en los bosques del tártaro. No la encontré, entonces pensé en el cielo. Mi ojo perplejo me miraba y sé que muy dentro se quejaba de mí.

Los locos tampoco podemos amar porque no sabemos. Si es realidad la realidad, hurgando me encontré una colilla de lo que fue un cigarro fumado aquí; por una persona que decía ¿me quieres? Como si preguntar fuera querer. Como si querer fuera preguntar. Me estoy llenando el cerebro de humo; el humo es el comienzo de la fantasía.

La cual se me está acabando con la espera; al cabo de unos toques veré los resultados de este vicio malnacido. El humo me envolverá en sueños y volveré a la búsqueda de mí.

Me perdí como todos en el camino de regreso a casa, cuando atravesando la calle me atropelló el tiempo de la edad; venía en sentido contrario, no lo vi venir hasta ahora después de veinticinco años.

¿Quién se enamora de un loco? Me preguntó el ojo ingenuo. Vaya que no sabe lo que dice porque no piensa, sólo ve. Pensé seriamente en esto. Alguna vez, muchas bocas, muchas manos, también algunos sexos, inventaron eso. El amor. Yo no sé si existe, sólo lo siento. Pero todos y todas lo venden como una norma indisoluble: “Por muchos años”, una ganga de conveniencias, una especie de esclavitud con consentimiento de dos. Pero creo que los locos no damos esos resultados. No tenemos residencia marital ni descendencia. Nadie tiene porvenir con nosotros.

Los locos, a quienes nos cuestionan nuestros propios ojos no tenemos herencia ni sucesión. Soñamos y con eso es bastante para el amor. Nos brilla la inocencia y la demencia nos da alas para posarnos como mariposas en los pétalos de la flor. Sin llevar polen. No somos fértiles para producir flores. Producimos inmensidad, deseos, muchísima soledad, mundos llenos de versos, de historias, de egoísmos; somos espejos, dicen algunos que se puede ver a través de nosotros; plantas de ornato, las cuales admiras y quieres para dar luz a un lugar, para darle estatus a tu vida.

Son las cuatro de la mañana, aún no doy con ella, la de los labios rotos, la de los huesos largos y quebrados, la chica de blanco, la pelona. La busco desde ayer.

Tenía once años cuando me di cuenta que la gente me veía mal, era diferente a ellos, no jugaba sus juegos y les cuestionaba su apatía y miseria, yo me masturbaba y reía, si reía. Mi libertad les pesó tanto que nadie quiso hablar conmigo ni de mí. Me enviaron a una escuela especial. Nunca lo supe hasta hoy que estos ojos me observan con miedo y escrutinio; la mirada. ¿Estoy loco?

Siento que me estoy yendo de nuevo, llenándome de mentiras, de imágenes que no dicen nada, de gente que se ríe de uno; me han dicho ¿No ves como es la vida? Estoy perdido, ¿será eso? No tengo un ancla que me detenga en este mar de ilusiones y fracasos.

El ojo se quiere cerrar pero aún me escucha, no quiere dormir hasta ver qué hago con esta vida que no encuentra la muerte. Esta vida que asustada se me escapa de las manos, le huye a mi soledad. Por más que intento doblegarla, no cede.

Es una cobarde que prefiere matarme por la espalda sin darme pista alguna para enterarme cómo he de morir. ¿Cómo? Parece decir el ojo.

Inquieta, ingenua, como mi madre, desierta de cariño hacia mí, incapaz de decir palabras dulces. Cuánta soledad me guardo en el corazón, cuánto miedo provoco para ser como soy.

Gato salvaje

El ojo me mira compadecido, le brota una lágrima que cae sobre el piso, se confunde con la basura de mi cuarto. Es en vano esperar tanto por ella, es en vano sentir amor por alguien que no está aquí y ahora. Siento frío, mucho frío.

Me ronda la cordura nuevamente.

 

El ojo lentamente se cierra.

 

 

 

 

 

 

 

 

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