La gordura, la autopercepción y la respuesta social

Ilustración por Carmelina Jardón Rodrigo

Ilustración por Carmelina Jardón Rodrigo

Por el equipo de Cuerpos empoderados

Como activistas gordas y feministas intentamos leer y estar al día de lo que publican nuestras compañeras. La gordofobia se refiere al temor, odio o rechazo a la gente gorda, es una práctica individual y colectiva, ya que podemos detectar actitudes gordófobas concretas en nosotras mismas, a la vez que podemos diagnosticar la salud de la sociedad en la que vivimos como gordófoba. La lucha contra la gordofobia está cada vez más presente en las redes sociales y en los últimos meses han surgido en la red varias discusiones a partir de estas historias.

    Somos varios colectivos los que trabajamos para cuestionar el modelo normativo corporal dominante. Para ello publicamos los relatos y las historias de gente que tiene relación con la gordofobia. A raíz de estas publicaciones se ha generado un debate que nos parece necesario afrontar.

   Introduciremos ahora brevemente la situación para abrir un espacio a la reflexión: el primer caso surgió con una entrada de blog en el que una chica contaba cómo ella ligaba y follaba pese a estar gorda. Dejando a un lado el tono poco acertado para valorar a sus conquistas y sin entrar a valorar lo problemático de mostrar sus relaciones como conquistas, el textos pretendía ser un llamado al empoderamiento de las chicas gordas animándolas a transgredir las normas sociales que les dicen que por estar gordas no pueden ligar y lanzarse al maravilloso mundo del ligoteo y el sexo. Al principio de la narración indicaba su peso (84 kilos si no recuerdo mal) para evitar las dudas que pudieran surgir sobre su gordura, ya que si la chica hubiese estado flaca la hazaña no hubiera tenido ningún mérito. Además, adjuntaba una foto suya despejando así cualquier posible comentario. Sin embargo y a pesar a los esfuerzos de la protagonista pronto aparecieron comentarios que apelaban a la poca validez del texto ya que la chica no estaba gorda. Meses después una compañera nuestra publicaba en su muro un texto sobre su experiencia. La historia se repetía, en los comentarios se le reprochaba (con tacto y cariño) definirse como gorda cuando según los interlocutores no lo estaba. En este caso la protagonista respondía que no era una cuestión de que ella se definiera gorda o no, sino que a ella le habían llamado y tratado como gorda toda la vida.

    A partir de estas historias volvió a parecer entre nosotras un debate que ya tuvimos cuando nos planteamos la investigación. En definitiva, nos cuestionamos desde ese momento uno de la investigación, es decir, cuando aún ni siquiera sabíamos que definitivamente la realizaríamos, qué narices es ser gord@. ¿Quién da el carnet de gordx? ¿Cuál es la medida? ¿Cómo entendemos la gordura? Y hasta hoy no tenemos respuesta a estas y otras mil interrogantes más. Es por ello que queremos tratar de aportar a través de un debate a dos voces a algo que consideramos todo un interrogante sin resolver dentro del movimiento/activismo gordx, que está surgiendo [o creciendo exponencialmente] en el Estado español (al menos en Madrid) y cuyos planteamientos principales (cuestiones como la gordura en relación a los privilegios, la discriminación, los roles, la sociedad) tienen cada vez una mayor presencia en los debates (sobre corporalidad, feministas…) y creciente representación, de forma crítica en las diversas redes sociales y blogs.

   Es interesante aclarar que no partimos de cero. El primer paso que dimos al iniciar nuestra investigación fue intentar dar forma a la pregunta ¿Qué es ser/estar gorda? y a partir de una encuesta abierta en la que había además otras muchas preguntas, obtuvimos unas 500 respuestas de diversas personas que definían la gordura en términos de salud (según el IMC o el propio bienestar corporal.), fisiología (pesar un determinado peso, tener x kilogramos de más según escalas médicas diversas).

    Pero, tras las entrevistas realizadas, los textos leídos, las trayectorias corporales analizadas, seguimos sin tenerlo claro. ¿Qué es entonces ser gorda? ¿Qué se supone que hay que hacer/decir/sentir cuando un grupo de mujeres gordas (según ellas mismas se denominan) le dicen a otra que tiene unos cuantos kilos menos (no de forma acusatoria, simplemente sintiéndolo verdaderamente así) que no, que ella no está gorda, que no se equivoque? Pero… ¿A ninguna nos ha pasado eso de odiar a nuestra amiga delgada cuando decía que le sobraban kilos? ¿Y ahora qué hacemos? ¿Es la gordura subjetiva? ¿Es de algún modo medible/ comprobable? ¿Está construida (e impuesta) socioculturalmente? ¿Quién está dentro y quién fuera? ¿Es necesario, en el activismo gordo, entender por separado las diversas corporalidades y, por tanto, los grados de privilegio y los niveles de discriminación?

    Personalmente considero que este dilema al que nos enfrentamos representa un doble problema. Considero que una chica con una talla 42 o 44 no está gorda, lo sostengo desde el punto de vista de la de salud, pero también del de la medida imperante, es lo más cercano a la normalidad, o sea, a la norma. Sucede sin embargo que la norma estética nos dice que lo sano y normal es una 36/38. Y aquí está la causa de la confusión que ronda por las redes. Una chica que pesa 80 kilos no tiene un problema de obesidad, sin embargo ella se siente gorda, es más, la sociedad la considera gorda.

    Claro que la gordura es subjetiva, si no, ¿cómo puede una chica que pesa 50 kilos sentirse gorda? los trastornos de alimentación lo corroboran. Ahora bien, me parece imprescindible superar la idea de cuantificar y cualificar la gordura, la gordura está construida. La obesidad y la extrema delgadez son “problemas de salud” muy recientes, no tienen más de cien años. Es producto de un modo de producción concreto y de una forma de entender (y lo más importante, de imponer) la belleza propio del último siglo.

   Como mujeres es muy fácil que nos sintamos gordas, es más, me parece casi imposible que no suceda. Las referencias corporales a las que estamos expuestas permanentemente son inalcanzables, todas somos gordas según el modelo imperante. Ahora bien, considero necesario un ejercicio de observación y de contacto con el propio cuerpo, un ejercicio de conciencia que nos haga superar la imagen externa que tenemos de nosotras. Construir una relación con nuestro cuerpo que vaya más allá de lo que “el mundo” nos devuelve y de la forma en que lo entendemos.

    De hecho, la mayoría de respuestas que obtuvimos en la investigación apuntaban a la gordura como constructo social relacionado, en la mayoría de los casos, con el discurso médico y los medidores de masa corporal:

Aunque en principio se supone que el concepto de gordo/a depende de una ratio peso /altura ajustada por la cantidad de grasa vs músculo en el cuerpo, yo creo que estar gordo/a en nuestra sociedad es otra cosa. Ya no sé exactamente qué significa estar gordo/a, pero sé de múltiples situaciones en las que piensas que lo estás: “Estás gorda cuando vas a las tiendas y los pantalones no te van bien porque están pensados para chicas con muslos sutiles y sin barriga. Estás gorda cuando te da vergüenza decir lo que pesas porque es más de lo “habitual”. (¿Cuál? ¿Las modelos? ¿Tus amigas? No sé, pero esa idea está allí). Estás gorda cuando comes con ganas y te dice que eres una comelona o que comes como hombre. Estás gorda cada vez que te miras al espejo y piensas que lo estás. La gordura para mí no es un solo un estado físico, también mental, reflejo de las estructuras sociales. Y, sobretodo, es algo que sentimos como negativo porque ha pasado de ser un estado del cuerpo a representar algo un valor negativo.

Mujer, 35 años. (Respuesta extraida de las encuestas que realizamos)

    Sin embargo, ante la pregunta ¿te consideras una persona gorda? el 68 % de las mujeres contestaba que sí. Evidentemente desconocemos el peso, altura, color, densidad ósea, etc. de esas mujeres como para analizar correctamente el dato. Aún así no dista mucho de la realidad que me encuentro día a día: compañeras que se ven gordas y dedican más tiempo del que parece saludable en no estarlo. Pero este es un problema diferente, esas chicas no saben lo que es estar gorda de verdad, lo que es pesar 100 kilos y dedicar gran parte de tu tiempo no en estar delgada, sino en pasar desapercibida (no todas las personas gordas lo viven así, hablo desde la experiencia personal). Por eso entiendo a la perfección a todas aquellas que enarbolan su bandera gorda, porque precisamente el hecho de que alguien no gordo se identifique como tal es un reflejo del pánico social a la gordura real. Y la gordura y la obesidad están ahí, son muchos los cuerpos que no caben (literalmente) en las formas que impone la cotidianidad. Y estas personas viven acusadas y criminalizadas, por eso no quieren compartir su problema con el resto, porque no es el mismo.

   Ahora bien, ¿quiere decir esto que no debamos escuchar esas voces que reclaman no ser discriminadas por no tener el cuerpo modelo (pese a no ser gordo en el sentido estricto)? En absoluto, el caso de estas dos chicas nos demuestra que vivimos en una sociedad enferma, que nos obliga a una lucha diaria para coincidir con la normalidad impuesta. Sin embargo, sabemos que esa normalidad es una herramienta de opresión, es una forma de tener el control de nuestros cuerpos (el de las mujeres de una forma más aberrante, pero también el de los hombres). Por eso me encantaría que no participásemos de ese juego. Yo sé que socialmente estoy gorda, pero me encantaría que esa idea no penetrase tan hondo dentro de mí como lo ha hecho siempre. Quiero sentirme gorda cuando realmente el cuerpo me lo diga. Porque yo ahora no estoy gorda, no lo siento así, pero voy a comprar y no me cierran los pantalones y estoy en un bar y no hablo con nadie porque sé que no le voy a resultar atractiva. No puede ser que yo misma sea la que ejecute la herramienta más sutil que tiene el sistema para controlar mi vida.

    Me gustaría rescatar el interrogante de una compañera durante la investigación: ¿en qué medida somos todos reproductores de poder, y el empoderamiento debe ser colectivo? Está en nuestra mano jugar otro juego distinto, un juego no violento, de amor y cariño hacia nosotras mismas.

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