
Categoría: Ficciones
Creaciones literarias de cuento, poesía y cómic.
Expresión corporal

Por Lucía Gabriela Vindas Vargas
Me explicaron que no debo destacar,
que entre menos carne y huesos mejor,
me atacan con la más engañosa realidad
aquella que dice compra, gasta, derrocha,
pero gorda jamás deberás ser.
Me cohíben ser lo que soy,
solo un cuerpo de mujer,
un cuerpo que ya no quiere transitar por las rutas trazadas
y que danza cuando dicen calma
un cuerpo que se atestó del mundo estereotipado,
y que reclama ser consentido y apreciado,
no inmolado, mutilado, ni segregado;
Un cuerpo que desea ser lo que es.
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Lucía Gabriela Vindas Vargas Oriunda de Costa Rica, Secretaria de Profesión, Poetiza y fotógrafa amateur por afición
, escribe poesía desde los 12 años, desde el año 2001 a la fecha ha participado en diversas actividades culturales a nivel nacional y recientemente ganó el I Certamen de Literatura «Palabras Jóvenes Alajuelenses».
Participó del taller de Escritura Creativa de la página CulturaCR.net con quienes tiene en proyecto su primer poemario. Sus poesías han llegado a leerse en países como Argentina y España.
Soliloquio de la caníbal

por Dalila Castillo
Siempre fue más fuerte la necesidad de crear una historia a partir de su experiencia. Encontraba en la ficción un aliciente para subsistir. Deseaba confrontar al mundo y embestirlo con las propias armas que éste le daba.
Su mente ágil advierte los sentimientos que impregnan cada mirada. Desde la condenación, la burla, pasando por el enternecimiento y el morbo. En el corto trayecto de su hogar a la escuela, percibe al menos un par de ojeadas hipotéticas hacia su estructura corporal.
Todo en sus formas es digno de especulación. Desde sus piernas cilíndricas hasta su rostro de luna llena –cráteres incluidos. A la redondez le son atribuidas muchas características, entre las que destacan la candidez, la amabilidad, la pasividad, incluso una ingenuidad que raya en la estupidez. Nada que ver con ella.
No es que sea la encarnación del mal y la perversidad en un cuerpo bonachón. Lo que pasa es que deglute cada mofa, cada palabra soez o misericordiosa y con ellas teje su propia historia. No es esta una historia de odio. Es una historia de transmutación: la ingesta de hostilidad que engendra un orgullo por ser “distinto” (¿Pero es que realmente se es distinto?). La construcción de una identidad a partir de la diferencia. El orgullo de ser calumniadx. Ha pensado noches enteras en las que se debate entre la furia hostil y la conmiseración. Pero ante tal disyuntiva, se asume como la protagonista de una gesta perpetua.
El asiento del pupitre es un castigo anticipado: sus dimensiones son un desafío a las normas de la distribución del espacio impuestas socialmente. La condena (¿o la ventaja?): la soledad necesaria. Las horas pasan, y ante ellas desfilan las hipótesis que ha ido coleccionando sobre sí y las hila como una oda al autoescarnio: “Es linda; un poco gruesa, pero linda/Es lenta, torpe/Está llena de vida/Seguro tiene problemas en la glándula tiroides/Desea ser normal/ ¡Qué tierna!/ Alberga ira y frustración/La belleza se lleva en el interior/ Es una Venus de las eras glaciares”.
Es en este punto cuando escucha: “Compañerita, sí, tú, la gordita, por favor pasa a presentarte”. Ella se levanta parsimoniosamente, lanza una ojeada alrededor. Se da cuenta de las risas y los murmullos que nutren su imaginación. Es entonces cuando profiere aquello que habrá de ser su consigna:
“SOY D…TENGO DIEZ AÑOS…Y SOY… GORDA, NO GORDITA. ME GUSTA COMERME A OTROS NIÑOS”.
El silencio reina. No faltan los ojos desorbitados, las bocas abiertas, quien reprime una carcajada, quien por un momento lo cree verdad. Porque no es el hecho de crear un mito alrededor de ella, como todo lo que existe alrededor de la gordura, sino que fue la mejor forma como concibió definirse así misma: una colección de retazos, la asimilación del imaginario ajeno que origina uno propio.
Porque el problema no es ser gordo, sino la traducción de la gordura en vergüenza. D afirma con orgullo engullir a sus semejantes, porque se alimenta del temor de ser como ella.
Fobiófaga. Gorda. Orgullosa.
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Dalila Castillo Alonso, mexicana de 23 años. Latinoamericanista de profesión. Me interesa sobre todo la literatura erótica y la representación literaria de la construcción social de los géneros.
Página personal:
A 100 grados

Por Javier Erro
Peleas entre calorías
Y miradas,
La saliva al borde de esa boca
Que te impone una cifra
Y su código.
El cuerpo,
La guerra,
Esa eficaz combinación
De desodorante, pelo
Y sudor.
Esquivando todo trazo,
La asimetría siempre será la
Primera rebelde.
Su territorio son burbujas corporales,
Hirviendo
A 100 grados los flujos.
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Metros cuadrados

por Diana Reséndiz
El pliegue de la carne se desborda, se voltea:
cae, te esconde el pito, te pesa.
Guárdate todo lo que puedas, no defeques.
Llena de algo sebáceo la bolsa que te contiene para hacerte sentir que vales mil
y luego date asco infinito, celulitis y demás…
Si fuéramos como hipopótamos, siempre dentro de la mierda, no importaría mucho:
flotar
esconderte
protegerte
alejar…
Molestar al otro con mi deformación.
Estoy segura que el autodesprecio será el combustible de otros tiempos; del futuro sin petróleo, sin personas que matar por un pedazo de nada.
Yo estoy reservando mi grasa, con ella encenderé mi laptop y haré girar la lavadora,
La obesidad será el cambio de moneda para quien quiera ver en la tele una serie de antaño.
Echados en su cama, los flacos morirán.
Se solicita gordo para coger y tener hijos gordos.
Se renta perro obeso de 100 watts de potencia.
Estoy chonchita pero enciendo la podadora.
Y tú que no sales de tus obsesiones.
No era así, tengo fotos de mi liviandez domesticable,
el hijo de Dios con harta masa
el pantalón de orgasmos trémulos,
el antojo y deseo por un vientre controlado.
Mi armadura de metros cuadrados.
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Diana Eréndira Reséndiz Guerra, 1981.
Mexicana, con estudios técnicos en danza contemporánea y museografía. Egresada de la Licenciatura en Literatura Dramática y Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, generación 2000-2004, con especialidad en dramaturgia.
Interesada en la transdisciplina, gestión y vinculación cultural. Con varios textos montados y publicados de manera independiente.
Fue Coordinadora del Carro de Comedias de la UNAM, ha colaborado en la producción de eventos masivos de impacto nacional, y en la docencia en artes.
Peregrinación

Lunares aquí y allá
-besos de fuego-
Muslos gigánticos que hace falta recorrer a pie por meses, como el camino de Compostela…
El sexo: lejano, profundo
oculto bajo el palpitante vientre
¡No diga que ama la vida quien no le haya hecho el amor a una gorda!
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Artemisa Téllez (Ciudad de México, 1979) Escritora y tallerista. Creadora del Taller permanente de cuento erótico p
ara
mujeres. Autora de Versos cautivos, Un encuentro y otros, Cuerpo de mi soledad y Crema de vainilla.
La primera vez…
por Sandra March
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Sandra March (La Seu d’Urgell, 1974) entiende la práctica artística como un medio para visitar y repensar temáticas clásicas. Su obra gira principalmente alrededor de cuatro ámbitos de especulación: el concepto de corporeidad, los valores y estereotipos asociados al género, la manera en que la cotidianidad o la autobiografía reflejan el imaginario colectivo, y el libro como contenedor o síntesis de sus proyectos.
El pliegue
por Sofía Dannemann
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Sofia Dannemann (Santiago de Chile, 1989) Su trabajo rodea el diseño de vestuario, la producción de vestuario, el textil, el diseño gráfico, la ilustración, el arte y la sexualidad femenina.
Actualmente vive y trabaja en México D.F. y se encuentra trabajando en proyectos varios.
Gordita mamá
por Rubén Maldonado a.k.a. Escalera
Carnitas

por Juan Machin
Cuando conocí a Pili, yo era extremadamente delgado: medía uno ochenta pero pesaba menos de setenta kilos. Dejamos de vernos muchos años, y subí varios kilos cada año, de tal manera que cuando nos re-encontramos en la Alondra, casi lo primero que Pili me dijo: “has engordado bastante, me gustas más así”. Animado por esa frase, me sometí a una rigurosa dieta para aumentar aún más mi masa corporal. Después de un tiempo de salir juntos y lograr unos kilos extras, finalmente logré acostarme con ella, una noche que la invité a cenar una buena ración de tacos. Como buen macho inseguro, le pregunté cómo había estado y ella, sin pensarlo dos veces, me soltó un “estuvo bien, pero la verdad me gusta con más carnitas”. Me esforcé en un plan para seguir cebando mi ya rotundo cuerpo, hasta que un día, hablando por teléfono con Pili, me dijo: “creo que no me has entendido… mmm… ya sé cómo te explico. Te espero mañana a las ocho de la noche en mi departamento”.
Llegué puntual y, un poco nervioso, toqué el timbre, esperando que Pili notara los doce kilos que había subido, desde la última vez que nos vimos. Abrió la puerta un tipo bastante entrado en carnes y desnudo, diciendo: “Hola, tú debes de ser Juan, pasa. Pili te está esperando”, mientras me conducía a la alcoba. Reconozco que me sorprendió muchísimo ese recibimiento, pero no tanto como encontrar a Pili, recostada semidesnuda y rodeada de cuatro sujetos sin ropa. Sin salir de mi sorpresa, finalmente entendí a qué se refería Pili, cuando me dijo que le gustaba con más carnitas…
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Juan Machin R. – He publicado diversos trabajos de investigación, cuentos y poemas en libros y revistas de México y de Alemania, Argentina, Canadá, Colombia, Costa Rica, España y Uurguay, así como fotografías, dibujos y pinturas. He ganado algunos reconocimientos como el 3º lugar Concurso de Cuento Nacional de Humor Negro (1997); mención honorífica 2º lugar en el Premio Nacional de cuento Efraín Huerta (1998) y el Premio Estatal de Literatura Morelos 2002 en el género de cuento.
Link a página personal https://www.facebook.com/JuanMachinR











