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Placer y dolor crónico. Habitar el infierno y encontrar tu paraíso/ Daniela Herrera

Dolor crónico. Le petite Riot (Daniela Herrera) Descripción de la imagen: Bordado sobre manta. El dibujo es la silueta de una mujer de cuerpo entero delineada con hilo negro, cabello negro. Sus manos se encuentran a la altura del pecho, como tocándose la zona del corazón. En todo su cuerpo hay incisiones con hilo rojo y debajo de sus pies un piso rojo, como de fuego o sangre. Abajo de ella está la firma: Petite Riot.

Por Daniela Herrera

“El dolor físico no tiene voz, pero cuando finalmente encuentra una voz,
comienza a contar una historia, y la historia que cuenta es sobre la inseparabilidad”
Elaine Scarry

En estas cuatro paredes los días no tienen nombre. Los minutos y las horas carecen de sentido, todo es un recuerdo; un antes y un después de aquel día en el que el dolor se apoderó de mi cuerpo y la enfermedad me condenó al exilio de una isla que sería mi cárcel, al mismo tiempo que mi único lugar seguro en este mundo: mi cama.

El confinamiento no es algo nuevo para muchas personas con enfermedades crónicas discapacitantes. Muchos llevamos años en aislamiento, saliendo poco, con la energía limitada o con el ánimo agotado de lidiar con la poca o nula accesibilidad del exterior. Vivimos a la espera de una tregua de ardores, espasmos y subluxaciones. Un momento sin esa sensación de arterias hirviendo que te impide seguir el hilo de las conversaciones. Para personas como yo, vivir con dolor crónico es el mayor y primer confinamiento. Nuestro cuerpo es un submundo con un idioma imposible de traducir y el cual está subscrito a otro mundo, el exterior, con quien entra en conflicto constante. Y es que, cuando escuchamos sobre el dolor de otra persona, lo que está ocurriendo en su cuerpo es algo lejano, perteneciente a una geografía invisible que no se manifiesta en el exterior de la superficie de la tierra, aunque esté ahí, a sólo unos centímetros de nosotros.

Las enfermedades crónicas discapacitantes y el dolor crónico son un descenso al infierno y a nadie le gusta escuchar esto. Muchas veces somos censurados al expresar nuestra realidad y se nos exige una tóxica actitud positiva, lo que nos lleva una vez más a la soledad de habitar un cuerpo que le resulta incómodo al mundo exterior, no sólo en apariencia. Aún en esta geografía, con sus páramos llenos de abrojos y malezas, hay caminos que te llevan a paisajes más habitables, donde el cuerpo no sólo significa una fuente de dolor. Cuando los encuentras, hay brillantes victorias que nos recuerdan que seguimos con vida, una vida limitada y en cama sí, pero una vida con su propia narrativa, sus encuentros y desencuentros; amores, placeres, piel y entonces quizá, el cielo.

Vivo con dolor, sensaciones extrañas y desagradables. Por 33 años fui vista por innumerables médicos quienes dictaron una sentencia sin derecho de réplica: “Todo está en tu cabeza”.  A los 31, mi cuerpo colapsó; a los 32 llegué a la silla de ruedas y, desde entonces, paso la mayor parte de mi tiempo en cama sorteando los síntomas, los brotes, las crisis. A los 34 las respuestas correctas llegaron: Charcot Marie Tooth 4, una enfermedad rara y en su tipo agresivo, producto de una mutación de genética con la que había nacido; dos enfermedades autoinmunes y la evocación de una vida que se esclarecía y se derrumbaba. Perdí el trabajo, abandoné mi carrera, mis hobbies y el mundo exterior debido al incesante dolor y la falta de tratamientos. Mi vida es un duelo constante. Mi sistema nervioso traduce todo en dolor, perdí peso, mi piel se volvió frágil y elástica, las cicatrices tardan en sanar; mis extremidades se han ido deformando lentamente y sin clemencia. Las férulas, las rodilleras, el collarín, el bastón, la andadera etc., hora son una extensión de mi ser. El uso de cada uno de ellos ha provocado lo mismo huracanes en mi alma que la tranquilidad de sentirme segura y protegida cuando estoy en condiciones de caminar.

A todo esto se suma la actitud de la sociedad hacia las personas discapacitadas. Somos ciudadanos de segunda clase al margen de la productividad que exige el modelo económico capitalista. Más que personas, nos ven como un dispendio de recursos. También, la vida en nuestros círculos de confianza se transforma cuando ir de fiesta o algún evento social se convierte en un lujo. No podemos planear, ni ser espontáneos, el dolor controla nuestra vida y se cuela en las rutinas más básicas. El amor y las relaciones sexoafectivas no son excluidas. Nuestros síntomas transforman las relaciones y, muchas veces, las hieren de muerte. Aquellos que vivimos con dolor crónico debilitante, constantemete nos sentimos ridículos ante el deseo de experimentar un momento idílico de placer. A veces nos es imposible concebirnos como personas merecedoras de placer y/o de tener relaciones amorosas serias y estables (monógama, abierta, poliamorosa o del tipo que sea) debido a todos los requerimientos y cuidados que nuestros cuerpos exigen. No es de extrañar que, Esther Cisneros, presidenta de la Fundación contra el Cáncer A. C. haya denunciado que un número importante de mujeres enfermas (crónicamente o no) son abandonadas por sus parejas. No importa el tipo de enfermedad, pero es una constante y claro que podemos reflexionar que esto es un reflejo de la educación patriarcal, en la que no se permite que un hombre atienda labores de primeros cuidados pero, también existen otros factores que potencian nuestra discapacidad y que no tienen que ver con nuestros cuerpos. La realidad es que mucha de nuestra discapacidad es resultado de la incapacidad que tiene el exterior para con nosotros. Esta realidad es encubierta al tratarnos como un “tema privado”. En el imaginario, el Sistema de Salud es el único encargado en resolver las necesidades y problemas más inmediatos del sector con discapacidad. A su vez, la institución médica aborda la sexualidad desde la reproducción y no en las necesidades de orientación física, mental y emocional para la búsqueda de relaciones sexuales sanas. Este imaginario colectivo permite inferir que “la sexualidad se relega u omite, ya que se asume que es lo que menos les interesa a las personas que sufren una condición discapacitante porque tienen otras preocupaciones más apremiantes. Esta postura revela un modelo estereotipado de sexualidad que tiene que ver con la concepción colectiva de cuerpos saludables, funcionales, exentos de enfermedades y discapacidades, incluso, estéticos” . Estos mensajes se vuelcan contra nosotros que carecemos de comparación con la norma dominante. Existe un miedo latente a que la marginación de esta normalidad nos ahuyente toda posibilidad de amor y placer.

Los desmayos, el dolor desmedido, los gritos, los llantos, la depresión, el maldito cómodo cuando no puedes ir al baño, son parte de mi “normal”, sobre todo en periodos de crisis. No hay día en el que no me pregunte si alguien en su sano juicio quisiera compartir vida conmigo y con mi inherente enfermedad. El precio de mi discapacidad ha sido alto. Aceptar que el amor recibido es exclusivo para mis cuidados, me llevó a sacrificar la relación amorosa que tenía. A las parejas también les alcanza el dolor y los duelos. Cuando la pareja es el cuidador, quien manipula tu cuerpo inconsciente, limpia el vómito, o procura que no te lastimes durante una convulsión, suprime la idea y el deseo de coger o romancear. Es más apremiante mantener a su pareja con vida. Lo urgente le quita tiempo a lo importante: a veces lo devora. Algo que tiene que quedar claro, es que las personas con condiciones discapacitantes no sólo compartimos el cuerpo y la cama con nuestro sufrimiento, también con sueños, alegrías, ilusiones, libido, los cuales nos han sido negados y acallados por un sin número de factores que no siempre tienen que ver con su mera y única responsabilidad del enfermo. El deseo sexual se convierte en un problema para cualquier cuerpo, con discapacidad o no, si cerramos su posibilidad y olvidamos que el deseo y la sexualidad se pueden desarrollar de muchas maneras.

Aceptar ser una persona con discapacidad es parte de mantener nuestra autonomía y nuestro derecho a decidir sobre nosotros. También lo es fomentar una estrecha conexión con nuestro cuerpo. Personas que llevamos años o toda la vida en enfermedad tenemos que conocer y saber exactamente cuándo estamos cansados, darnos cuenta de nuestros límites, así como saber cuándo estamos experimentando alguna emoción o sensación placentera como estar excitados. Todas son cosas que vienen con la práctica, la apertura, la aceptación y son regalos que muchos otros no tienen.

El dolor puede disminuir de maneras obvias nuestra capacidad de sentir deseo o mina nuestra energía para hacer el trabajo involucrado. La distracción es una herramienta importante como medida paliativa para tratar el dolor y si podemos llegar al placer sexual, éste puede ser una herramienta poderosa para aliviarlo. Es común que algunos de nosotros, al tener sexo o masturbarnos experimentemos una liberación de endorfinas maravillosa que nos hace llegar al paisaje deseado en que nuestro cuerpo finalmente es fuente de satisfacciones y placer. Las endorfinas son sustancias químicas similares a la morfina que el cuerpo produce en respuesta al dolor. Claro, esto no es una regla aplicable para todos los cuerpos discapacitados, las condiciones y contextos son muy diversos.

Para muchos, la discapacidad nos llevó a conocer mejor a nuestros cuerpos, obviamente no somos personas que podamos mantener ritmos maratónicos en la cama y hay posiciones que simplemente no estamos capacitados para realizar. No obstante, podemos llegar a reconocernos mejor, a entender síntomas y también a explorar nuevas maneras de excitarnos y hacer que nuestros deseos, fantasías coincidan con nuestra energía y niveles de dolor. A veces tenemos que escoger entre coger o salir a comer. Tenemos que descansar antes de llevar a cabo los deseados planes; encontrar posiciones y soportes que nos ayuden a proteger la espalda, la cadera o las rodillas, pero para esto también necesitamos compañeros que puedan procesar y aceptar la discapacidad, ser comprensivos, sensibles y conscientes de la gran vulnerabilidad a la que estamos expuestos. Nuestros cuerpos son frágiles y al tener un sistema inmune comprometido, una simple infección puede provocar una crisis, pero con los debidos cuidados podemos llegar a ser personas altamente sexuales, con relaciones sanas, excitantes y placenteras.

También, ante la necesidad de mantener relaciones de pareja o sexoafectivas es necesario abrir la comunicación estableciendo la realidad de nuestras condiciones. Muchos pasamos la mayor parte del tiempo en cama y en una cama puede pasar todo, salir a pasear, desayunar, una pelea, llorar y bailar, lo que se hace en una vida, para nosotros todo sucede en la cama y la persona que te acompañe debe estar abierta y dispuesta a entender esto y a poner mucha de su vida en la cama.

Tanto las personas con condiciones discapacitantes, como para nuestras parejas, tenemos por delante reajustar nuestra sexualidad, estilos de vida y la expectativa de cuerpos establecidos como norma. Aprender que la discapacidad puede afectar el sexo, pero esto no es algo malo. Nuestra diferencia nos obliga a ser creativos, osados y explorar nuevas posibilidades de placer. Lo peor que puede pasar es que, con la práctica, la cosas mejoren satisfaciendo a ambas partes.

Barbara Faye Waxman dice que, si las personas con discapacidad deseamos alcanzar nuestra libertad sexual, debemos infundir a la cultura sexual dominante la riqueza de nuestra propia experiencia. Celebrar nuestras diferencias con las personas sin discapacidad y ver que nuestras diferencias en apariencia y función (a veces las fuentes de nuestra degradación) también contienen las semillas de nuestra liberación sexual.

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Daniela Herrera Villarreal. es Comunicóloga social, Defensora de Derechos Humanos, feminista comprometida y activista en Derecho a la Salud y en la visibilización de las discapacidades por enfermedad crónica y condiciones mentales. En proceso de formación como antropóloga del Cuerpo Enfermo.

Instagram: @lepetitriot

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Notas sentidas de una imaginación erótica no ocularcéntrica/ Diana Vite

Por Diana Vih*

“El mundo está hecho con la tela del cuerpo,
está hecho de las cosas, es una extensión, las encarna…”
Paul Valéry

En el texto La hermana, la extranjera, Audre Lorde resalta el goce de lo erótico, el cual consiste en la capacidad de sentir de manera satisfactoria y que está acompañada de sentimientos y afectos propios, compartidos y llenos de plenitud.

En este sentido, no pierdo la esperanza de que un día el goce sea el acompañante principal de nuestra vida y causante de romper con ritmos e imaginaciones pre-establecidos y automatismos incuestionados. Tampoco pierdo la esperanza de que en la sexualidad, el goce también vibre con la sonoridad, olores y sabores. No pretendo enarbolar estos sentidos antes mencionados, pues compas sordxs o con sensibilidad química exigirán otras sensaciones y percepciones.

Sin embargo, me gustaría atravesar la edificación del ocularcentrismo[1] como medio hegemónico para fantasear, imaginar y comunicarse en el ámbito erótico mediante otras derivas sensitivas.

 

Descoitándome

No solo ha sido liberarme de las cadenas del ocultamiento y falta de información sobre la sexualidad, sino también dejar de reproducirla en términos capacitistas, gordofóbicos y coitales. Crear otras líneas de fuga en torno a la sexualidad en general y, del erotismo y del afecto en particular tienen que ver con asumir formas de compartir(nos) fuera de pautas de opresión y vivir el goce sola y/o acompañada.

Vivo con discapacidad visual pero no solo esta experiencia corporal me llevó a explorar el goce a partir de notas sonoras, olfativas y gustativas; junto con ella también se encuentra el vivir con dolor crónico ocular y también lesiones debido a una Infección de Transmisión Sexual (ITS). Esta última, por cierto, reconocida porque yo luché por su diagnóstico, ya que infinidad de médicxs ginecológicos no pasaban de nombrarla como una simple candidiasis o porque ya venían mis días[2]. Como si yo no conociera mi cuerpo, como si yo no supiera que estaba sintiendo algo extraño que no era parte cotidiana de mi vulva y vagina (las conocía, y muy bien porque me encantaba explorarlas). Claro, si a las personas con discapacidad nos niegan la sexualidad, ¿cómo iba a ser posible una ITS? Pero sí, así como mi discapacidad, la encarno, es parte de mi presente y de mi futuro.

En muchas ocasiones, el coito e incluso el sexo oral y la masturbación se fueron desvaneciendo; no porque un condón no fuera suficiente para practicar esos ejercicios sexuales, sino más bien por las sensaciones de dolor y ardor por las lesiones genitales aún con un tratamiento o en periodos de crisis en el que dichas sensaciones se intensifican. O bien, los periodos en las crisis de dolor crónico ocular que llevan a reposar sin realizar ninguna actividad.

De modo que, si la experiencia de la discapacidad visual me había llevado a potenciar otros campos perceptivos y sensoriales, ¿por qué no potenciarlos en el ámbito del deseo y goce erótico si ahí estaba el resto de la piel? ¿Cómo encontrar goce en medio de una ruta de dolor ocular?

Dicha exploración sensorial va en dos vías, por una parte, la ambientación del entorno y, por otra parte, lo que produzco con mi mismo cuerpo, los cuales se fusionan para concretar un goce más amplio.

 

Paréntesis sonoros y táctiles

Nunca voy a olvidar las sensaciones que dejan los pasajes sonoros que algunas veces acompañan escenas eróticas y sexuales de películas o televisión. ¿Erótica y porno sonoro? No creo que sea un contenido que se realiza conscientemente ya que son los cuadros visuales el centro principal, pero mi memoria ha registrado aquellas historias auditivas, las cuales muchas de ellas fungieron como detonadoras de grandes aventuras conmigo misma o que hacen volar mi imaginación sexual de manera acompañada.

La Librería de Orgasmos, por ejemplo, es un proyecto que documenta la diversidad de orgasmos de mujeres y con expresiones auditivas reales que sin duda, abre la puerta a un porno sonoro conocido públicamente y que puede brindar derivas e historias diferentes a la ocularcentrista y promover una imaginación sexual sonora a cualquier persona. En este sentido, no solo serán palabras, susurros y orgasmos que salen de una boca llevadas por una voz, pues también la ambientación sonora que según el gusto de cada quien, desbordan el deseo y la erótica como una canción, el sonido del deslizamiento y caída de la ropa, el coro de los fluidos genitales, etc.

Tocar y ser tocada es una acción que pasa al mismo tiempo y con base en ello descubrí que uno de los mayores goces ha sido simplemente estar abrazada desnuda, junto a mi compañero. Pasar ratos sintiendo la temperatura de la piel, besos y caricias en medio de una plática y de paso, descubrimientos del cuerpo que van de la cabeza a pies. Son texturas, pliegues y contornos infinitos en el que se descubren sensaciones que gustan o disgustan.

Las sensaciones, es decir lo que nos permiten sentir los sentidos y, las percepciones o la experiencia que vivimos con las sensaciones, pareciera que son neutrales, pero no es así, ya que se encuentran mediados por una cultura y un contexto. De este modo, aprendemos que solo podemos tocar de forma manual, pero de piel y otras sensaciones es todo el cuerpo y el deseo. Independientemente de la diversidad corporal, existen partes de nuestro cuerpo que tocan y reciben sensaciones gozosas y esperando ser descubiertas.

 

Fusión de sabores y olores

Epistemológicamente, los sentidos del olfato y del gusto son expuestos en una jerarquía menor con respecto a la visión ocular que ocupa el rango mayor. Sara Ahmed, en el texto La política cultural de las emociones entiende a las sensaciones y emociones como performativas y como un pegamento, son impresiones en el cuerpo, son intensificaciones de este último y aumentan o disminuyen lo que puede hacer. “Las emociones moldean las superficies mismas de los cuerpos que toman forma a través de la repetición de acciones a lo largo del tiempo, así como a través de las orientaciones de acercamiento o alejamiento de los otros” (Ahmed, 2015, p. 24). Darle un lugar a las emociones y encarnarlas es parte de nuestra cotidianidad en general y, de manera particular, en la sexualidad.

Aunque en muchas ocasiones los olores y sabores son reconocidos como actores en nuestra corporalidad, identidad de género y en la erótica sexual, se olvida que están mediados por estructuras de poder capacitistas, coloniales, racistas, patriarcales y capitalistas. A partir de la reproducción de dichas estructuras también aprendemos cuáles son los aromas fétidos y fragantes, por ejemplo, asociándolos también al color de la piel, identidad de género, clase social, discapacidad, etc.

Descubrir, nombrar, descolonizar y erotizar sensaciones gustativas y olfativas son distintas escalas que muy probablemente no estén en la misma sintonía. Para mí su descolonización erótica afectiva está siendo parte de un proceso, pues percepciones coloniales que se imponen sobre las sensaciones es algo que muchas veces no me había cuestionado. ¿Quién dice que olores y sabores son limpios, sucios, buenos, malos? Perfumes y sabores procesados y de marcas comerciales para ocultar otras o usurpar a las naturales (o hechas artesanalmente y con responsabilidad) son parte de la colonialidad de los sentidos.

Cuestionar la ambientación hegemónica de la imaginación erótico-afectiva pero también considerar lo que el mismo cuerpo o cuerpos expresan a través de secreciones es ampliar y potenciar estímulos, sensaciones y goce.

Conocer mi aroma y sabor del cuerpo y de otros cuerpos como el sudor, la saliva, los fluidos genitales y anales es ampliar nuestra eroticidad.

Si bien muchas de las cosas narradas anteriormente se sitúan dentro de la erótica sexual, es importante dejar claro que lo erótico va más allá de ese ámbito. Al respecto, para Lorde (1984) lo erótico es una fuente de poder e información y es una sensación de satisfacción interior que no sólo atañe a lo que hacemos, sino también a la intensidad y plenitud que sentimos al actuar. De lo anterior, también es importante decir que ante lapsos y días con intenso dolor crónico ni pienso en un goce sexual, pero por supuesto, las sensaciones y afectos se desprenden a tener satisfacciones por estar acompañada, escuchar música, conversar, dormir, comer algo delicioso pero también, hay otras ocasiones en las que solo hay que sobrevivir y esperar a que una crisis de dolor pase: gozar mi mortalidad sostenida por lxs demás.

[1]Para Borea de la Portilla (2016) el ocularcentrismo se refiere a la cultura, prácticas y normalización de lo visual en el que estamos inmersas. Los ojos en la era de la imagen son los órganos sensoriales más valorados para orientarse en el mundo, para interactuar con los demás y la constitución de una identidad de cómo nos vemos a nosotros mismos. De esta manera, la vista es el sentido con el que más se ha identificado la capacidad de categorizar, simbolizar, significar y explicar; convirtiéndonos en espectadores.

[2] Después de cantidad de ginecólogxs y medicamento alópata, visité a unas parteras y su uso de la medicina tradicional en la ginecología. Ellas fueron las que dieron con el diagnóstico. Al respecto, poder explorar estas otras derivas autónomas y comunitarias en el ámbito médico también tienen que ver con el goce como parte de la vida, los cuidados, la sororidad, la escucha, etcétera, que en ningún consultorio alópata encontré.

Referencias:

Ahmed, S. (2015). La política cultural de las emociones. México:CIEG/UNAM.

Bijoux Indiscrets. (2006). La libreía de orgasmos con sonidos reales. Recuperado de: https://www.libreriadeorgasmos.com/#home

Borea de la Portilla, A. (2016). “Nombrar con los ojos: una crítica al ocularcentrismo desde la fenomenología”. Pontificia Universidad Católica del Perú. Recuperado de: https://textos.pucp.edu.pe/pdf/4818.pdf

Lorde, A. (1984). La hermana, la extranjera: artículos y conferencias. Madrid: Editorial horas y horas.

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Diana Vih. Soy disca, y feminista contracapacitista. Me gusta mucho realizar reflexiones desde los estudios críticos en discapacidad y que dichas reflexiones también partan de una experiencia situada.

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El deseo encarnado. Más allá de lo prohibido/ Sole Arnau y Promethea

Modelo: Sole Arnau / Foto: Promethea

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Promethea. Fotógrafa feminista disidente.

Soledad Arnau Ripollés. Doctora en Filosofía y Sexóloga feminista. Activista del Movimiento de Vida Independiente (demandante de las figuras laborales Asistente Personal y Asistente Sexual)

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Qué bonito se siente/ Mafer Montoya

Imagen: collage de colores intensos, preponderantemente cyan y magenta al fondo con una ola que llega desde el lado derecho. La frase ¡¡Qué bonito se siente!! Al frente, una serie de recortes, partes de cuerpo humano, una boca que muestra dientes, otra sonriente, brazos y fragmentos de esculturas griegas.

Texto e imagen por Mafer Mont

¡Qué bonito se siente!

cuando mis dedos torcidos repletos de anillos

captan tu atención para que me acaricies las manos

y se ericen nuestras pieles.

¡Qué bonito se siente!

cuando me quitas el aliento con tus besos,

nuestras lenguas se enredan

y palpitan nuestros labios como medusas en el mar.

¡Qué bonito se siente!

cuando te agitas como la marea del océano

y el cuerpo se me llena de escalofríos

al sentir tu respiración en mi cuello.

¡Qué bonito se siente!

cuando tus dedos trazan

el relieve de mis senos

cuan obra de Miguel Ángel o Picasso.

¡Qué bonito se siente!

cuando tus manos se posan

en el hueco de mi columna,

cada vez que tocas mi espalda.

Esa espalda amorfa,

deforme, llena de recovecos asimétricos,

cicatrices…

sin embargo, acaricias con amor.

¡Qué bonito se siente!

que me hagas gemir,

al sentirme entre tus brazos,

como un delfín liberado en la inmensidad del mar.

¡Qué bonito se siente!

la ternura que expeles

al tomar mi cabello entre tus dedos

y tus ojos brillen más que el firmamento al anochecer.

¡Qué bonito se siente!

amarte, tocarte, mirarte,

sentirte, olerte, probarte,

morderte, acariciarte,

escucharte, abrazarte, soñarte, tenerte…

¡Qué bonito se siente!

amarnos, entre luces, sombras,

ternura, pasión,

pasividad, tempestad…

¡Qué bonito se siente!

conocerte,

explorarte…

y saber que existes.

María Fernanda Montoya Sánchez. Nació en Tlaquepaque, Jalisco, México (la cuna alfarera) el 28 de septiembre del año 1994. Vive con una condición de discapacidad motriz severa a causa de una enfermedad neuromuscular genética llamada Atrofia Muscular Espinal tipo II. Irreverente, polémica, creativa, multifacética, valiente, emprendedora, soñadora, activista por los Derechos de las personas con discapacidad.

Su madre desde niña le generó interés por la lectura (tanto porque ella solía leer el periódico, como que le compraba libros infantiles en ferias), aunque realmente, a partir de la adolescencia fue cuando comenzó a escribir (fan fiction en Metroflog, cuentos, poesías). A los 19 años de edad publicó de manera independiente (con apoyo de personas que creyeron en ella y en su talento) el poemario “Libertad del Alma”, todo de su completa autoría.

“Libertad del Alma”, fue escrita desde la crisis, incertidumbre, miedo, deseos prohibidos… desde el claustro impuesto de la sociedad a muchas mujeres con discapacidad y un manifiesto de su propia condición de discapacidad a sus deseos como mujer; sexuales, afectivos, de superación y anhelo de independencia, como “un grito” de libertad…

En su etapa vocacional, tramitó para entrar a la Universidad de Guadalajara a la carrera de Letras Hispánicas, pero… no quedó en listas, así que eligió estudiar Ciencias y Técnicas de la Comunicación en la Universidad del Valle de Atemajac, cuya área de especialización fue periodismo. Su medio de escape son las redes sociales, allí vuela libre como el viento…

Instagram: mafermont_mx     FB personal: Mary Fer Montoya  Fan Page: Mafer Mont    Youtube: Mafer Mont

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