Notas sentidas de una imaginación erótica no ocularcéntrica/ Diana Vite

Por Diana Vih*

“El mundo está hecho con la tela del cuerpo,
está hecho de las cosas, es una extensión, las encarna…”
Paul Valéry

En el texto La hermana, la extranjera, Audre Lorde resalta el goce de lo erótico, el cual consiste en la capacidad de sentir de manera satisfactoria y que está acompañada de sentimientos y afectos propios, compartidos y llenos de plenitud.

En este sentido, no pierdo la esperanza de que un día el goce sea el acompañante principal de nuestra vida y causante de romper con ritmos e imaginaciones pre-establecidos y automatismos incuestionados. Tampoco pierdo la esperanza de que en la sexualidad, el goce también vibre con la sonoridad, olores y sabores. No pretendo enarbolar estos sentidos antes mencionados, pues compas sordxs o con sensibilidad química exigirán otras sensaciones y percepciones.

Sin embargo, me gustaría atravesar la edificación del ocularcentrismo[1] como medio hegemónico para fantasear, imaginar y comunicarse en el ámbito erótico mediante otras derivas sensitivas.

 

Descoitándome

No solo ha sido liberarme de las cadenas del ocultamiento y falta de información sobre la sexualidad, sino también dejar de reproducirla en términos capacitistas, gordofóbicos y coitales. Crear otras líneas de fuga en torno a la sexualidad en general y, del erotismo y del afecto en particular tienen que ver con asumir formas de compartir(nos) fuera de pautas de opresión y vivir el goce sola y/o acompañada.

Vivo con discapacidad visual pero no solo esta experiencia corporal me llevó a explorar el goce a partir de notas sonoras, olfativas y gustativas; junto con ella también se encuentra el vivir con dolor crónico ocular y también lesiones debido a una Infección de Transmisión Sexual (ITS). Esta última, por cierto, reconocida porque yo luché por su diagnóstico, ya que infinidad de médicxs ginecológicos no pasaban de nombrarla como una simple candidiasis o porque ya venían mis días[2]. Como si yo no conociera mi cuerpo, como si yo no supiera que estaba sintiendo algo extraño que no era parte cotidiana de mi vulva y vagina (las conocía, y muy bien porque me encantaba explorarlas). Claro, si a las personas con discapacidad nos niegan la sexualidad, ¿cómo iba a ser posible una ITS? Pero sí, así como mi discapacidad, la encarno, es parte de mi presente y de mi futuro.

En muchas ocasiones, el coito e incluso el sexo oral y la masturbación se fueron desvaneciendo; no porque un condón no fuera suficiente para practicar esos ejercicios sexuales, sino más bien por las sensaciones de dolor y ardor por las lesiones genitales aún con un tratamiento o en periodos de crisis en el que dichas sensaciones se intensifican. O bien, los periodos en las crisis de dolor crónico ocular que llevan a reposar sin realizar ninguna actividad.

De modo que, si la experiencia de la discapacidad visual me había llevado a potenciar otros campos perceptivos y sensoriales, ¿por qué no potenciarlos en el ámbito del deseo y goce erótico si ahí estaba el resto de la piel? ¿Cómo encontrar goce en medio de una ruta de dolor ocular?

Dicha exploración sensorial va en dos vías, por una parte, la ambientación del entorno y, por otra parte, lo que produzco con mi mismo cuerpo, los cuales se fusionan para concretar un goce más amplio.

 

Paréntesis sonoros y táctiles

Nunca voy a olvidar las sensaciones que dejan los pasajes sonoros que algunas veces acompañan escenas eróticas y sexuales de películas o televisión. ¿Erótica y porno sonoro? No creo que sea un contenido que se realiza conscientemente ya que son los cuadros visuales el centro principal, pero mi memoria ha registrado aquellas historias auditivas, las cuales muchas de ellas fungieron como detonadoras de grandes aventuras conmigo misma o que hacen volar mi imaginación sexual de manera acompañada.

La Librería de Orgasmos, por ejemplo, es un proyecto que documenta la diversidad de orgasmos de mujeres y con expresiones auditivas reales que sin duda, abre la puerta a un porno sonoro conocido públicamente y que puede brindar derivas e historias diferentes a la ocularcentrista y promover una imaginación sexual sonora a cualquier persona. En este sentido, no solo serán palabras, susurros y orgasmos que salen de una boca llevadas por una voz, pues también la ambientación sonora que según el gusto de cada quien, desbordan el deseo y la erótica como una canción, el sonido del deslizamiento y caída de la ropa, el coro de los fluidos genitales, etc.

Tocar y ser tocada es una acción que pasa al mismo tiempo y con base en ello descubrí que uno de los mayores goces ha sido simplemente estar abrazada desnuda, junto a mi compañero. Pasar ratos sintiendo la temperatura de la piel, besos y caricias en medio de una plática y de paso, descubrimientos del cuerpo que van de la cabeza a pies. Son texturas, pliegues y contornos infinitos en el que se descubren sensaciones que gustan o disgustan.

Las sensaciones, es decir lo que nos permiten sentir los sentidos y, las percepciones o la experiencia que vivimos con las sensaciones, pareciera que son neutrales, pero no es así, ya que se encuentran mediados por una cultura y un contexto. De este modo, aprendemos que solo podemos tocar de forma manual, pero de piel y otras sensaciones es todo el cuerpo y el deseo. Independientemente de la diversidad corporal, existen partes de nuestro cuerpo que tocan y reciben sensaciones gozosas y esperando ser descubiertas.

 

Fusión de sabores y olores

Epistemológicamente, los sentidos del olfato y del gusto son expuestos en una jerarquía menor con respecto a la visión ocular que ocupa el rango mayor. Sara Ahmed, en el texto La política cultural de las emociones entiende a las sensaciones y emociones como performativas y como un pegamento, son impresiones en el cuerpo, son intensificaciones de este último y aumentan o disminuyen lo que puede hacer. “Las emociones moldean las superficies mismas de los cuerpos que toman forma a través de la repetición de acciones a lo largo del tiempo, así como a través de las orientaciones de acercamiento o alejamiento de los otros” (Ahmed, 2015, p. 24). Darle un lugar a las emociones y encarnarlas es parte de nuestra cotidianidad en general y, de manera particular, en la sexualidad.

Aunque en muchas ocasiones los olores y sabores son reconocidos como actores en nuestra corporalidad, identidad de género y en la erótica sexual, se olvida que están mediados por estructuras de poder capacitistas, coloniales, racistas, patriarcales y capitalistas. A partir de la reproducción de dichas estructuras también aprendemos cuáles son los aromas fétidos y fragantes, por ejemplo, asociándolos también al color de la piel, identidad de género, clase social, discapacidad, etc.

Descubrir, nombrar, descolonizar y erotizar sensaciones gustativas y olfativas son distintas escalas que muy probablemente no estén en la misma sintonía. Para mí su descolonización erótica afectiva está siendo parte de un proceso, pues percepciones coloniales que se imponen sobre las sensaciones es algo que muchas veces no me había cuestionado. ¿Quién dice que olores y sabores son limpios, sucios, buenos, malos? Perfumes y sabores procesados y de marcas comerciales para ocultar otras o usurpar a las naturales (o hechas artesanalmente y con responsabilidad) son parte de la colonialidad de los sentidos.

Cuestionar la ambientación hegemónica de la imaginación erótico-afectiva pero también considerar lo que el mismo cuerpo o cuerpos expresan a través de secreciones es ampliar y potenciar estímulos, sensaciones y goce.

Conocer mi aroma y sabor del cuerpo y de otros cuerpos como el sudor, la saliva, los fluidos genitales y anales es ampliar nuestra eroticidad.

Si bien muchas de las cosas narradas anteriormente se sitúan dentro de la erótica sexual, es importante dejar claro que lo erótico va más allá de ese ámbito. Al respecto, para Lorde (1984) lo erótico es una fuente de poder e información y es una sensación de satisfacción interior que no sólo atañe a lo que hacemos, sino también a la intensidad y plenitud que sentimos al actuar. De lo anterior, también es importante decir que ante lapsos y días con intenso dolor crónico ni pienso en un goce sexual, pero por supuesto, las sensaciones y afectos se desprenden a tener satisfacciones por estar acompañada, escuchar música, conversar, dormir, comer algo delicioso pero también, hay otras ocasiones en las que solo hay que sobrevivir y esperar a que una crisis de dolor pase: gozar mi mortalidad sostenida por lxs demás.

[1]Para Borea de la Portilla (2016) el ocularcentrismo se refiere a la cultura, prácticas y normalización de lo visual en el que estamos inmersas. Los ojos en la era de la imagen son los órganos sensoriales más valorados para orientarse en el mundo, para interactuar con los demás y la constitución de una identidad de cómo nos vemos a nosotros mismos. De esta manera, la vista es el sentido con el que más se ha identificado la capacidad de categorizar, simbolizar, significar y explicar; convirtiéndonos en espectadores.

[2] Después de cantidad de ginecólogxs y medicamento alópata, visité a unas parteras y su uso de la medicina tradicional en la ginecología. Ellas fueron las que dieron con el diagnóstico. Al respecto, poder explorar estas otras derivas autónomas y comunitarias en el ámbito médico también tienen que ver con el goce como parte de la vida, los cuidados, la sororidad, la escucha, etcétera, que en ningún consultorio alópata encontré.

Referencias:

Ahmed, S. (2015). La política cultural de las emociones. México:CIEG/UNAM.

Bijoux Indiscrets. (2006). La libreía de orgasmos con sonidos reales. Recuperado de: https://www.libreriadeorgasmos.com/#home

Borea de la Portilla, A. (2016). “Nombrar con los ojos: una crítica al ocularcentrismo desde la fenomenología”. Pontificia Universidad Católica del Perú. Recuperado de: https://textos.pucp.edu.pe/pdf/4818.pdf

Lorde, A. (1984). La hermana, la extranjera: artículos y conferencias. Madrid: Editorial horas y horas.

Diana Vih. Soy disca, y feminista contracapacitista. Me gusta mucho realizar reflexiones desde los estudios críticos en discapacidad y que dichas reflexiones también partan de una experiencia situada.

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