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Reseña del vibrador Neon Luv Touch Mini Mite

 

El Neon Luv Touch Mini Mite de la marca Pipedream es un mini masageador para clítoris que viene equipado con 4 aditamentos que funcionan como “capuchones” con diferentes texturas que se colocan en la parte superior del aparato para producir una variedad de sensaciones.

_DSC0010-1Los aditamentos son de plástico rígido, lo que me resultó muy poco seductor pues mientras el redondo es liso y resulta muy agradable, los dos que tienen textura de piquitos arañan la piel por lo que decidí no probarlos en mis partes más sensibles, sin embargo pueden ser un reto interesante para lxs amantes del BDSM.

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Estos aditamentos embonan a presión con el vibrador pero se zafan muy fácilmente por lo que realmente no sirven para una buena sesión de masturbación vigorosa, así que terminé usando el vibrador solo.

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La vibración resulta muy agradable y cumplidora, buena para estimular el clítoris durante las noches solitarias o para incrementar el placer mientras se es penetradx (muy recomendado).

Éste aparato funciona a base de pilas, las cuales se gastan bastante rápido si se usa con frecuencia, lo que ocasiona una paulatina pérdida de potencia en la vibración, por lo que recomiendo usarlo con pilas recargábles.

Lo recomiendo para quienes disfrutan de la vibración fuerte y constante, sin demasiadas complicaciones y a un precio muy accesible.

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Stillnature

Por Przemysław Branas

 

 

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Notas sobre Feminidad Molecular

Ilustración: Mujeres grabando resistencias
Ilustración: Mujeres grabando resistencias

“‘Esto es mi cuerpo’ =aserción muda, constante, de mi mera presencia. Ella implica una distancia: ‘esto’, he aquí lo que pongo delante de ustedes. Es ‘mi cuerpo’. Dos preguntas se envuelven inmediatamente: ¿a que remite este ‘mi’? y si ‘mi’ marca propiedad ¿De qué naturaleza es ésta?¿Quién es, pues, el propietario y cuán legitima es su propiedad?”

                                                                              Jean-Luc Nancy

Alejandra Díaz Zepeda

Esta reflexión se centra en dos aspectos, por un lado, hablando del cuerpo femenino en relación a la feminidad, el primer aspecto tendrá que ver con cómo potenciar esto que ya poseo, considerando que desde lo que poseo estoy capacitada de experimentar mi feminidad; el segundo aspecto responderá a la consideración de algunas manifestaciones femeninas dentro del contexto de aquello que he llamado porno-transgresión, estrategia que articula la violencia, la transgresión, el cuerpo, el sexo y una fuerte presencia de lo femenino desarrollándose en el terreno de lo pospornográfico para poder desarrollar esta propuesta.

1.

Para Nancy, “mi cuerpo indica una posesión más no una propiedad, es decir, una apropiación sin legitimación”[1], pues en tanto que propiedad mi cuerpo es objeto de dominio y entre ambos, nosotros, mi cuerpo y yo, ninguno es el propietario, ambos nos poseemos, nos reclamamos, nos existimos, ninguno, solo está a cargo del otro. Intimar con el cuerpo implica, no solo el conocimiento de lo que me hace ser, no una mujer, si no experimentarme como femenina. El ejercicio de intimar Implica un desagrado, un rechazo, deslumbramiento, intolerancia, disgusto, asfixia, debilidad y que cuya fragilidad ha llevado a definir feminidad desde otros asuntos. Cuando hablamos específicamente sobre el concepto de lo femenino, hablamos de formas, constructos sociales, políticos, religiosos, culturales en los cuales no se ve emerger lo femenino sino una lucha. Es decir, se precisa de una individuación más allá de las de personas o sujetos para abordar singularidades que yo encuentro precisamente en los cuerpos. Cuando yo hablo de nuestro género, de nuestra política, de nuestra historia, de nuestra revolución estoy siendo propietaria de mí como sujeto,  incluso si lo hablara desde el cuerpo siendo este el motivo de mi cuestión, mi cuerpo desnudo llevado a la lucha, mi control decisivo sobre él, sigue posicionándome solo como sujeto y sujeto propietario. No puedo hablar aquí de lo que poseo sino de lo que tengo a cargo. Tras una confrontación entre el “Poseo mi cuerpo, lo trato como quiero, tengo sobre él el jus uti et abutendi”[2] y de lo que es poseer desde su espacio etimológico que se encuentra en la significación de estar sentado encima, donde, “Estoy sentado sobre mi cuerpo […]” y  “Mi cuerpo está sentado sobre mí, aplastándome bajo su peso.”[3] La decisión de detenerme frente a esto que poseo más allá de esto de lo que me apropio es aún más exhaustiva.

     Así, pensar el cuerpo como una unidad de afectación, lo vuelve espacio de conexiones continuas. “El cuerpo es para mí ex-tensión, esto es 1) superficie, anchura -2) tensión, proyección al exterior -3) ex-posición, ofreciéndose a la alteridad y que nunca regresa dentro.[4] Es decir, este cuerpo extenso, es el cuerpo que se despliega, se define y se siente desde su exterioridad, desde otros cuerpos; como es superficie y anchura se presenta a otros cuerpos, en ellos comienza y termina, “Un cuerpo empieza y termina contra otro cuerpo.”[5] Es extenso porque se proyecta más allá de su postura, se posa pero no se limita a la inercia. El corpus, siguiendo a Nancy, se presenta y se entrega al otro, es así que él es todo lo que lo rebasa. De esta forma el autor ha posibilitado una forma de cancelación de la clásica perspectiva binaria, interior y  exterior no se oponen, por el contrario, la corporalidad es, principalmente, continuidad. Es todo lo que de él sale y lo que lo toca.

     Dicho de otro modo, recordemos las dos dimensiones del cuerpo propuestas por Spinoza, latitud y longitud,  a partir de la cuales —dicen Deleuze y Guattari— se define un cuerpo, es decir, el cuerpo en tanto plano de consistencia será “[…]el conjunto de los elementos materiales que le pertenece bajo tales relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y lentitud (longitud); el conjunto de los afectos intensivos de los que es capaz bajo tal poder o grado de potencia (latitud).”[6] Más allá de la figura, el cuerpo es todo el conjunto de moléculas y partículas que lo forman, es todas las zonas y fragmentos que lo crean, su sentido de continuidad se extiende hasta el sujeto. Podríamos pensar entonces, que la feminidad es tan parte del cuerpo como lo es la piel, pero más que eso es una individuación, un momento, un momento del cuerpo que precisa ser reconocido para luego ser  potenciado, no todo mi cuerpo es índice de mi feminidad, esta tiene que ser separada escapando del orden del cuerpo. Podría explicarlo así, la feminidad son momentos del cuerpo que se manifiestan en la propia materialidad y su orden no necesariamente responde a la organicidad si no a nuestras relaciones con ellos.

    “Existe un modo de individuación muy diferente del de una persona, un sujeto, una cosa o una sustancia. Nosotros reservamos para él el nombre de hacceidad.”[7] Es decir, el cuerpo como unidad o extensión implica hacceidades que no son simplemente ordenamientos, así como un día  posee individuaciones tales como el clima, las horas, mis acciones, las de aquel. El cuerpo posee  individuaciones concretas, y dirán Deleuze y Guattari, “[…] las individuaciones concretas válidas por sí mismas dirigen la metamorfosis de las cosas y de los sujetos”[8], es decir, la evolución hacia lo femenino tendrá que ver con las hacceidades del cuerpo. En el terreno de los planos propuestos por Deleuze y Guattari, el cuerpo femenino, la “bio-mujer”[9] tomando el concepto de Beatriz Preciado, pertenecen al plano de estratificación, pues este plano “[…] es tanto de organización como de desarrollo, estructural o genético, y las dos cosas a la vez.” Por su parte, la feminidad pertenecería al plano de consistencia en el que  “[…] ya no hay en modo alguno formas o desarrollos de formas; ni sujetos y formación de sujetos. No hay ni estructura ni génesis. Tan sólo hay hacceidades, afectos, individuaciones sin sujeto, que constituyen agenciamientos colectivos.”[10]

En tanto hacceidades de este cuerpo nos detendremos en lo menstrual, en la orina, flujo, heces, sangre, saliva, vómito, lactancia, piel, carne como manifestaciones en potencia. Es desde el propio cuerpo autónomo y soberano que podemos experimentar la feminidad, antes del artificio social y cultural o el pensamiento político tenemos la carne.

Debido a que el plano de consistencia, en donde he posicionado lo femenino, es un medio de transporte, y retomándolo desde un terreno familiar en estos días, estaría hablando de una suerte de pasaje del cuerpo cerrado de la pornografía al cuerpo desplegado de lo pospornográfico. Ya que para Deleuze en este plano “Ninguna forma se desarrolla, ningún sujeto se forma, sino que afectos se desplazan y devenires se catapultan […].”[11] Será el cuerpo como materia bruta que nos permita desplazarnos de la bio-mujer a la mujer-femenina. El cuerpo pornográfico es terreno de enunciación, es el espacio político, es la hipérbole del sexo, cuerpo obstruido -no potenciado; por su parte, el cuerpo pospornográfico es el espacio del deseo, de la experimentación y, me parece, espacio de manifestaciones femeninas.

2.

Desde mis intereses sobre la feminidad, pienso que ésta escapa de los fundamentos y consiste, en un primer momento, en considerar la soberanía y singularidad de los cuerpos. En tanto femeninos, somos cuerpos que recorren toda extensión y longitud, más profundos que lo que la penetración pornográfica posibilita, cuya capacidad de flujo atraviesa, fragmentado y uniendo al cuerpo, una corporalidad cuya naturaleza es correr, que se corre por todos sus orificios.

     Partiendo de una experiencia mucho más virginal, hablo de cuerpos que contienen su delicadeza desde la propia vulnerabilidad, la delicadeza femenina no está en su debilidad corporal como suponemos, está en su potencialidad de eyección, cuya eyección deviene de un correr progresivo de sus flujos en curso, de un cuerpo que en todos los sentidos se dilata. Es por eso que su realidad se materializa, se manifiesta en sus olores, fluidos, excrecencias, carne, orgasmo, senos, boca, ano; el cuerpo femenino es el cuerpo que se goza, sin fundamentos, sin políticas, sin rebeldías o perversiones fármaco-políticas que lo niegan bajo una sugerencia de experimentarnos como otro-masculino, esto es la negación del cuerpo como una revolución, supresión del género como forma de empoderamiento, diría en todo caso como obsesión del empoderamiento parodiando la masculinidad y devolviéndole a la masculinidad su carácter fálico. Es entonces una alteridad vacía, pues lo masculino, como supresión, navegando por el cuerpo no define mi potencia femenina ni mucho menos me acerca a la masculinidad, lo único que procura es una atrofia que no es esto ni aquello, lo fármaco, fármaco-política sería tan solo un detenimiento del derrame de mi cuerpo.

     Cuerpos cuya subjetividad los violenta, no-sujeto, sólo objeto que es violentado desde lo ajeno. La feminidad es una potencia de la carne que no siempre se explota, y peor aún la feminidad cada vez es más velada por el poder. La potencia femenina, me parece, consiste en la agudización de lo propio, somos cuerpo que amamanta y secreta, vagina que se “penetra” y a la vez sangra y orina, boca que chupa, besa o come y a la vez vomita y escupe, ano que se penetra y a la vez excreta. Aquello que he llamado feminidad pospornográfica en tanto reapropiación del género, es el cuerpo que más allá de ser penetrado se expulsa y se muestra, define no sus entradas sino sus salidas para manifestarse.

     Y en tanto cuerpos penetrados, el cuerpo pornográfico subraya en sí su impenetrabilidad, el cuerpo es impenetrable, dirá Nancy, y para ser penetrado, la carne tiene que ser rasgada, pues de otro modo sigue siendo la misma piel, de ahí su carácter continuo. El cuerpo pornográfico es una construcción, una suerte de superficie por la que transitan gran parte de los discursos. Considero que una de las grandes participaciones  de lo femenino en el terreno de lo pospornográfico responde a la búsqueda de un cuerpo presente, creo que la soberanía  emerge cuando este cuerpo es exaltado, bajo la propia soberbia o altiveza del cuerpo, la celebración del cuerpo femenino, que en realidad pretende tocar lo real y lo interior.

3.

Según  Nancy, la exterioridad y la alteridad del cuerpo llegan hasta un punto tal que es insoportable, pues en esa condición de diferencia se encuentra el desperdicio, pero se encuentra sobre todo el estado vil del cuerpo, un cuerpo innoble y agresivo que nos muestra lo que somos y en lo que habitamos “[…] es necesario que el cuerpo saque afuera y separe de él el residuo o el exceso de sus procesos de asimilación, el exceso de su propia vida. Eso, él no quiere ni decirlo, ni verlo, ni sentirlo. A causa de eso siente vergüenza, y sufre toda suerte de molestia y apuros cotidianos”.[12] Ese proceso de asimilación nos puede conducir a varios aspectos del sujeto, evidentemente el que me interesa aquí es el de experimentar lo femenino, pero éste precisa, no de una separación de lo que suponemos desecho sino de una descripción de nuestro cuerpo a partir de lo que el mismo nos permite, pues en tanto que nos afecta, él es género.

     Devenir-mujer, pensar el cuerpo como espacio de intensidades (violencia, transgresión, apertura). La violencia y la transgresión al cuerpo no es más que la circulación de intensidades, un puñado de afectos que se desplazan y nos encaminan de un estado molar a un estado molecular, pues este plano como plano de consistencia implica una desestratificación, dirá Deleuze, “[…] incluso por los medios más artificiales.” Desestratificar el cuerpo es un ejercicio cabal, pues el organismo siempre aparece tratando de obstaculizar de “reestratificar, reconstruir en profundidad formas y sujetos.”[13] Esa es la debilidad del cuerpo pornográfico, del cuerpo discursivo, del cuerpo político, que su profundidad está a la deriva del organismo, y en este terreno el cuerpo femenino se ha dejado ver sólo de una forma, obstruido por el ano, la boca y la vagina, mientras más intenso sea su toque más fuerte es la obstrucción, el cuerpo es empujado pero jamás abierto. Su apertura está en la cancelación de dicha obstrucción. Pensaríamos entonces si el cuerpo debiera ser rasgado, perforado, en este sentido, habrá cuerpos que decidan ser abiertos, penetrados de una u otra forma por todos lados, violentar su piel, violentar su carne, su torso, sus extremidades, pero ese cuerpo habrá decidido y a este punto tendremos que aclarar lo siguiente. “[…] una vez más, cuánta prudencia es necesaria para que el plano de consistencia no devenga un puro plano de abolición, o de muerte. Para que la involución no se transforme en regresión, en lo indiferenciado. ¿No habrá que conservar  un mínimo de estratos, un mínimo de formas y de funciones, un mínimo de sujeto para extraer de él materiales, afectos, agenciamientos?”[14]

     Me parece que sí, más allá de experimentar la feminidad de mi cuerpo siendo abolido se trata de crear una mujer molecular. El plano de estratificación, el organismo que es el cuerpo femenino, nunca se separa del plano de consistencia, experimentar la feminidad es experimentar el cuerpo y de ahí la importancia de conservar afectos. La transición hacia lo femenino es progresiva, al decir de Deleuze, “Devenir es, a partir de las formas que se tiene, del sujeto que se es, de lo órganos que se posee o de las funciones que se desempeña, extraer partículas, entre las que se instauran relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud, las más próximas, a lo que se está deviniendo, y gracias a las cuales se deviene. En este sentido, el devenir es el proceso del deseo. Ese principio de  proximidad o de aproximación es muy particular, y no reintroduce ninguna analogía.”[15] Atender al deseo de experimentar lo femenino no pretende diferencia, igualdad ni lucha alguna, pretende una reapropiación de lo que en lo femenino ya existe, siguiendo hasta el propio deseo de ser cuerpo penetrado y abierto. Evidentemente al de un progreso a lo femenino tendrá que ver con un devenir-mujer que no responde a la mujer como entidad molar, esto es, al decir de Deleuze y Guattari “[…] la mujer en tanto que está atrapada en una máquina dual que la opone al hombre, en tanto que está determinada por su forma, provista de órganos y de funciones, asignada como sujeto. Pues bien, devenir- mujer no es imitar esa entidad, ni siquiera transformarse en ella.”[16]

     El devenir-mujer como instancia femenina responderá a las hacceidades del cuerpo, a la individuaciones concretas, precisamente a lo que se refieren los autores, este devenir deberá entenderse desde otras cosas que no tenga que ver con el imitar, sino con el emitir partículas entrando en relación de movimiento y de reposo, o “[…] en la zona de entorno de una microfeminidad.”[17]

     Para Deleuze, el devenir parece darse en el terreno de la extrañeza que precisa franquear el umbral o los umbrales permitiendo así ciertas conexiones, de ahí la idea de emitir partículas entrando en relación, en este sentido, como cuerpos, lo ha dicho Nancy, “la exterioridad y la alteridad del cuerpo llegan a lo insoportable”, pues todo lo que sale de ellos es visto como desecho, de lo que hay que separarse, sin embargo, el cuerpo femenino se experimenta en la continuidad de nuestro cuerpo, en su despliegue. Ante un devenir-mujer ha dicho Deleuze, “Por supuesto, es indispensable que las mujeres hagan una política molar, en función de una conquista que realizan de su propio organismo, de su propia historia, de su propia  subjetividad: “nosotras en tanto que mujeres….” Aparece entonces como sujeto de enunciación. Pero es peligroso adaptarse a un sujeto de este tipo, que no funciona sin agotar una fuente o frenar un flujo. A menudo, el canto de la vida lo entonan las mujeres más secas, movidas por un resentimiento, una voluntad de poder y un frío materialismo.”[18] Sin embargo, ante esto yo me preguntaría, ¿ha sido el cuerpo sujeto de enunciación?, ¿ha sido el cuerpo obligado a la sequía?, ¿y es el resentimiento del cuerpo lo que incomoda, pues ha sido construido desde una exterioridad y una interioridad que lo separa? La feminidad, en camino a lo imperceptible, precisa de una política molecular, franquear el umbral entre el exterior y el interior, bajo la seguridad de que eso que sale de mí, mi sangre, mis excrecencias, mis flujos son una continuidad de mi cuerpo, una desterritorialización de la mujer molar hacia un devenir -imperceptible.


[1]Jean-Luc Nancy, 58 indicios sobre el cuerpo. Extensión del alma , La Cebra, Argentina, 2006, p.23.

[2]Ibíd. 

[3]Ibíd.

[4]Correspondencia personal con Jean-Luc Nancy Jul-Ago 2011.

[5]Jean-Luc Nancy, op. cit., p13.

[6]G. Deleuze, F. Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia, Pre-textos, Valencia, 2006, p.264

[7]Ibíd. 

[8]Ibíd. 

[9]Cfr. Beatriz Preciado, Testo Yonqui, Espasa, España, 2007.

[10]Deleuze, Guattari, op. cit., p.69

[11]Ibíd., p. 271

[12]Jean-Luc Nancy, op. cit. p. 28

[13]Deleuze, Guattari, op. cit., p. 272

[14]Ibíd.

[15]Ibíd. , p. 271

[16]Ibíd.

[17]Ibídem., p. 278

[18]Ibíd.

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Mickey Mouse ha muerto

Por Cristopher Garnica.


Mickey Mouse ha muerto. En el video Suicide Mouse.Avi podemos ver su cadáver en blanco y negro, después de una caminata por la ciudad decadente. Hasta que la pantalla se disuelve a negros por algunos minutos. De pronto la escena retoma su curso, Mickey sonríe desesperado, entre gritos agónicos y una cara terrible. Cuando los gritos cesan, presenciamos su muerte.

Se cuenta que es un video que hizo el propio Walt Disney en los 30`s, para expresar el declive del mundo. Sin embargo, conforme se buscan diversas fuentes, el mito se deconstruye según paranoias y obsesiones de las mismas fuentes. Se dice que es un video que forma parte del archivo secreto de Disney, que convivió oculto con Destino, que hiciera Salvador Dalí; que forma parte de alguna teoría de conspiración, que sirve para traumatizar a la gente y controlar su mente… Al final todas coinciden, en que después de que lo viera un policía, este saca su arma y se pega un tiro en la cabeza.

La única certeza es que a ésta clase de videos se les llama Creepy Pastas. Historias que dejan un halo de tensión, terror y shock en el espectador, son bizarras, de contenido grotesco y estética perturbadora. Las Creepy Pastas, son formas de castigar los mitos de la civilización, introduciendo el mito del fatalismo. Suicide Mouse, toma venganza del eterno optimismo del ratón, y lo castiga con la locura y el suicidio. No obstante, tanto el optimismo, como el fatalismo son posturas radicales muy parecidas.

Mickey Mouse es un personaje sometido al extremo de la salud o al extremo del sufrimiento. La salud constante, la alegría, el juego, el derroche de vida es lo que se condena de los locos, de los que viven atormentados “en la casa de la risa” por su exceso de embriaguez, inquietos por ser alegres e inmutables.

En su origen Mickey fue concebido para ser un eterno optimista, y ante tal síntoma de decadencia, no habría más que esperarle una forma de suicidio menos fastuosa. Pues nadie en su sano juicio podría vivir engañado por la seguridad de la felicidad extrema. Mucho menos en un mundo, que como en el video, se cae a pedazos, acercándonos a la incertidumbre, si no es que a momentos de vacío y revelaciones de la consciencia que permanecen disolviéndose en negro.

El extremo fatalista de Mickey, es el que avanza hacia un futuro sin porvenir, el que exhibe su extrema melancolía y se hunde en la desesperación absoluta. Su cabeza está perturbada, escucha gritos como si fuese una alucinación severa, su sonrisa es agresiva como la de los enfermos mentales, y su cara refleja una neurosis obsesiva, paranoia, hasta que comienza el silencio y termina su vida.

El optimismo, tanto como el fatalismo, son propagandas de la abundancia. El optimista es esclavo de la bondad a pesar del caos, de la utopía del bien aunque vive terribles circunstancias. El clímax de la prosperidad, nos hace creer que tenemos satisfechas nuestras necesidades, así que pagamos el precio, sosteniendo una idea falsa de felicidad.

El fatalista desencantado del mundo, hastiado de insatisfacción, al que ninguna situación le parece digna de vivirse, evita acercarse a sí mismo, y a lo que le rodea. Su exceso nunca se confronta, la abundancia no lo compromete, y sin luchar por su existencia, opta por aniquilarse.

Mickey es un esclavo tanto como un enfermo. Su libertad es una decisión ilusoria, entre la eterna felicidad o la auto destrucción. Siendo esclavo le queda estar al servicio de la locura, sometido a una existencia ficticia en la alucinación del optimismo, o lo infranqueable de los obstáculos. En cualquier caso, lo mejor es suicidarse, porque ninguna de las dos es forma de vida.

Someterse al delirio por el bien supremo, o a los pastiches Creepy, también es la elección de muchos ratones enfermos. Sin embargo, un ratón sensato, valoraría sus posibilidades individuales, el imperativo del placer que navegue sobre la realidad; juega, es gracioso y la risa está de su lado. El ratón sensato, es de muchos colores, experimenta formas de vida, media entre el optimismo y el fatalismo, los confronta y los rechaza con agresividad si es necesario. Toma responsabilidades de sí, porque sabe que es necesario cuando se camina por la ciudad decadente. Sobre todo porque sabe, que la locura no es postura, cuando se trata de afrontar la vida.

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Nocturno de rabia

Ilustración: Mujeres grabando resistencias
Ilustración: Mujeres grabando resistencias

Por Viviana Cabellos de Cuervo

La cúpula negra del cielo era como un campo magnético. Una fuerza inusual se apoderaba de mí, el viento ondeaba mis cabellos y los hacía crecer. Yo sentía el cosquilleo en mi cráneo y mi cabello se ennegrecía y se retorcía como las serpientes. Todo eso era muy raro, pero me resultaba placentero. Es algo que últimamente me había estado sucediendo cada que salía de casa ya muy entrada la noche.

     Seguí caminando a paso firme, pero con tal ligereza que apenas puede darme cuenta de que mis pies habían desaparecido. Flotaba, sí, en contra del viento. Hubiera querido volar hasta donde tenía que ir, pero son tiempos modernos, y mi sentido de la civilización, castrante como es, me hizo tomar el metrobus. Así de mundano, nada especial.

     Me planté en el andén, nadie había notado mi presencia y eso era bueno. Después de unos minutos percibí un olor tan fétido, que me era imposible ignorarlo. Empecé a sentir náuseas y un dolor en las entrañas, como si mis vísceras empezaran a comerse unas a otras. Con la mandíbula apretada, y un coraje que no me explico, comencé a voltear para saber de dónde provenía la peste: humo verde salía de los ojos de un anciano, y lo dirigía todo hacia una mujer morena con unas zapatillas que la hacían ver muy alta.

     Las náuseas continuaban y de pronto me crujió la espalda, sentí como si los omóplatos se me encajaran en la piel y luego se salieran. Noté que la gente empezaba a mirarme: los ojos se me entornaron y las venas de mi cuello parecían asfixiarme. No entendía por qué, pero los veía a todos tan lejanos y tan pequeños, que por un momento pensé que me estaba elevando. De cualquier modo, no presté atención al hecho. El malestar era demasiado grande, un remolino se azotaba en mi garganta y justo cuando pensé que iba a vomitar salió de mi boca una voz potente que casi no reconocí:

     —Cuida tus ojos, anciano putrefacto. —Me miró con un gesto tan compasivo que me llenó de rabia.

     —No te escucho— dijo, haciendo alarde de su edad avanzada para causar lástima y hacerme quedar como una insolente. Mi espalda seguía tensándose. Recuerdo pronunciar palabras aterradoras, resonaban en el viento. Los pulmones estaban llenos de aire, y vibraban. Era un momento frío, suspendido en el tiempo, en el espacio. Yo flotaba y los demás giraban en torno mío, aterrados.

     Ráfagas seguían saliendo de mi boca, espuma, gusanos y un sinfín de alimañas, que azotaban al anciano de un lado a otro del andén. Los cristales reventaron, el anciano sangraba en el suelo, su cabeza estaba rota, los ojos fuera de órbita.

     Tiempo después, tuve la sensación de sentir de nuevo el suelo con mis plantas, el sonido de los cristales rotos me regresó a la realidad. El viento cesó y el mundo dejó de girar. Por fin llegó el metrobus y lo abordé. La mujer morena de zapatillas de aguja me miró desconcertada y sonrió.

     A la mañana siguiente, desperté en mi cama. Aún me dolía la espalda, me ardía como si alguien se hubiera puesto a jugar gato con un cúter en mi espalda. Había plumas negras, como de cuervo entre las sabanas.

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Editorial #3 «Akelarre»

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Dibujo de portada: Alex Xavier Aceves Bernal

Los aquelarres eran reuniones de brujas en cuyos encuentros intercambiaban conocimiento: sabían de animales, plantas, minerales, así como del cuerpo y sus misterios. Creaban recetas para curar, tenían conocimientos avanzados de medicina, lo cual fue convenientemente interpretado como poder diabólico: se les acusó de herejes y se les condenó a muerte. El saber que las mujeres tenían, especialmente en sexualidad y reproducción, representaba una amenaza que ponía en riesgo las estructuras de poder de la iglesia y el patriarcado.  Sólo hay una cosa más peligrosa que una sabia: un grupo de personas sabias y solidarias entre sí.

En este número, Hysteria, retoma el aquelarre para plantear la posibilidad de generar alianzas y complicidades con distintas corporalidades: trans, gays, hetero,bio hombres/mujeres no hegemónicos, mujeres solidarias, lxs que caben en muchas de estas categorías y lxs que prefieren no meterse en ninguna. Un espacio ritual donde se haga política, amor, amistad y complicidad: la fiesta, la orgía, la protesta, las comilonas, los talleres, el arte: la propuesta es disentir gozando, riendo, gritando, juntxs.

Akelarre, para Hysteria, no es sólo reunión de brujas o liderazgo de seres que definen sus propios modos de actuar, representarse y ejercer su conocimiento, es también, el quehacer colectivo y no normativo, es la manifestación, el encuentro. La unión de una serie de subjetividades que se vinculan y ejercen, aunque sea momentáneamente, su derecho a participar; es el momento liberador de placer, consigna, desahogo, independientemente de la etiqueta que cada persona lleva consigo; no es sólo un momento de euforia, es también vinculación efectiva entre las diversidades que se comunican, interactúan y se hacen un sólo cuerpo: el de la voz colectiva que respeta cada una de esas particularidades de la masa que alcanza fines comunes actuando en conjunto y sacudiéndose el patriarcado todo el tiempo.

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Rogelio

Autora: Sophie Genis

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Self Portrait

Por Przemysław Branas


[box type=»shadow» ]Przemysław Branas (Polonia, 1987)
Fotógrafo y performer de origen polaco.
www.why-branas.blogspot.com
www.photographybranas.blogspot.com [/box]

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Quimera Rosa: estimulación, colectividad y transmisión de conocimiento

Sexoeskeleton es su próximo proyecto, que realizan con Oskoff Lovich y Víctor Mazón. Basado en el hackeo, el cacharreo y el DIY (Do It Yourself), es un exoesqueleto para establecer relaciones sexuales a distancia cercana… que además estará disponible para poder armarlo en casa. De eso trata Quimera rosa: estimulación, colectividad y transmisión de conocimiento.

Por Ivelin Buenrostro

Un par de ojos castaños y una enorme sonrisa enmarcada por cabellos rojos da la bienvenida. Es Ceci. Al fondo, el olor de los pimientos del padrón asados invita a pasar y refiere la presencia de Yan, que en la cocina, termina los últimos detalles para subir a la terraza y dar inicio a nuestra entrevista con una ligera cena de tapas.

     Ceci pide un tiempo para comer antes de contestar cualquier cosa. El cuestionario lo he resumido en cuatro preguntas básicas: ¿Cómo empieza Quimera Rosa?, ¿Por qué Akelarre Cyborg? ¿Por qué sadomasoquismo (SM)? ¿Por qué el sonido?

Yan, comienza a contar:

     Quimera Rosa empieza hace cinco años por una relación entre dos personas que no se encuentran satisfechas con los binomios sexo-género en cuales están socialmente catalogadas, y deciden comunicarlo de forma pública y artística.

     Ceci añade, también de encontrarnos en un entorno artístico, diferente, trabajando con gente que se está cuestionando en torno al sexo, al género, a la postpornografía: un espacio fértil para realizar cosas.

     Barcelona ha sido un terreno fecundo en la escena postporno. Las dos hacen referencia y agradecen, por ejemplo, el maratón del MACBA que en la década del dos mil contribuyó a la articulación de una importante red de personas que trabajan ese tema, cada una desde enfoques y preguntas específicas, pero en comunicación y, cuando es posible, encontrándose. El término de quimera lo retoman por Donna Haraway, quien enfatiza la desnaturalización del género y los consecuentes fundamentalismos que acarrea: “Quimera, híbridos teorizados y fabricados de máquina y organismo…”

Akelarre Cyborg

La transformación cotidiana es una cosa, la performance akelarresca, otra. Quimera Rosa trabaja a través del juego que se crea en el escenario, sólo poniendo pautas para el intercambio y la generación de acciones, pero en donde el público hace y deshace a su antojo, juega, bebe, se dispersa, vuelve… Tanto, que a veces no saben cuándo hacer que pare. Como en el último akelarre en Barcelona, que duró dos horas y media. Akelarre Cyborg es una performance que han realizado en diversas ocasiones, pero varía y está en transformación continua.

     Yan escribía sobre brujas, por lo que empezaron a preguntarse: ¿Qué características debería tener una performance desde la dinámica de un aquelarre? Mientras platica, Ceci complementa las ideas. No importa quién lo diga, contesta Quimera Rosa como unidad:

     Yan: La idea del ciborg lo trabajábamos desde antes, la prótesis como extensión corporal, el ciborg como una manera de construcción de las relaciones y los cuerpos. Partimos del anclaje feminista post-identitario, retomamos el aquelarre porque históricamente se ha entendido que el feminismo aparece después de la modernidad, en un sitio dado, en un momento específico y asentado en una cultura determinada. Un subproducto de la modernidad, de la ilustración. ¿Qué ha pasado antes? ¿Qué se ha perdido como historia? ¿Qué ha habido en otros sitios? A través de la brujería, ejercicio de ficción —porque sabemos que la historia ya está escrita y sabemos por quién— queremos acoger estas imágenes y generar metáforas. También tiene que ver con una crítica de todo el  movimiento de la modernidad, que es el momento mismo de la colonización y de la caza de brujas: de la normalización cultural.

    Ceci: También tomamos la idea del aquelarre como arte total, donde hay una cosa compartida, colectiva, festiva, donde se transmiten conocimientos. Vamos probando, trabajando con rituales colectivos, trabajando con la gente ahora, antes no trabajábamos directamente con las personas en el espacio escénico. Nosotros damos las pautas, pero el ritual lo hacen ellas. La idea es que coja una forma orgánica, autónoma y que la gente pueda moverse por el espacio y hacer lo que le apetezca. Es un  proceso de experimentación constante.

    Yan: Mezclamos la imagen entre naturaleza y tecnología, de borrar esta frontera entre lo que es natural de lo que no lo es, también asociada a la bruja como imagen prototipo. La mujer que está cerca de la naturaleza y se opone al ser tecnológico se rompe, queda atrás. Trabajamos con elementos muy sencillos a nivel simbólico —el agua, la sal— pero usando sus propiedades técnicas (como la electricidad). Es hacer alta tecnología con los elementos más básicos, como una bruja: cuando fabricas una droga con la planta, estás haciendo alta tecnología, cuando curas gente con una planta estás haciendo alta tecnología, no estás ahí con un don natural. Hay una producción y transmisión de conocimiento genuina.

          Queremos romper con la imagen esencialista acerca de la brujería que, no es un conocimiento científico. Claro que no lo es porque le quitaron ese estatus. Estás en la Edad media, una época totalmente inculta al nivel del poder, y de repente el Renacimiento, donde aparecen todos los conocimientos. Desaparecen las brujas y te dices a ver, ¿qué ha pasado aquí? Es una transmisión de conocimiento que no se ha dado, sino que se ha robado. Lo mismo pasa con la colonización. De un montón de sustancias que se manejaban, —por ejemplo, la quinina, un ejemplo típico de sustancia que se usaba por las comunidades que vivían ahí y curaba la fiebre, era abortivo, etc.— llegan los colonizadores con la malaria, empiezan a morirse, la ciencia de entonces no es capaz de hacer nada, y se dan cuenta que hay una medicación que les cura. Lo que hacen es robar este conocimiento, desaparece de ahí porque lo tachan de brujería y lo catalogan como descubrimiento científico europeo. Deforestan los bosques y empiezan a producir quinina a saco. Siempre ha pasado este proceso de robar el conocimiento y ponerle el sello científico. Entonces esta cosa de pre-científica y científica es una invensión. Se empieza a crear la universidad, las disciplinas, medicina. Ahora mismo, el  feminismo está ocupando mejor esos espacios de poder y hay ganas de ocuparlo, de subvertirlo desde dentro.

Mientras los vasos de vino se vacían y llenan, hablan de la importancia de descontextualizar el akelarre también, una experiencia en  Cochabamba:

     Ceci: En Cochabamba, Bolivia el akelarre funcionó muy bien porque es una comunidad que maneja mucho los rituales en el aspecto cotidiano, hay otra relación con lo colectivo, con la comunicación no verbal, con cosas que estamos intentando probar y ahí fue mucho más sencillo.

     Yan: Cuando las brujas se encontraban se daban citas en sitios que no eran especialmente suyos, sino que eran favorables para encontrarse porque las condiciones permitían hacerlo, pero venían de varios puntos, de varios países lo cual no era una  complicación en sí, pues se juntaban para producir conocimientos, experimentar cosas, de tener  prácticas pactadas.

      Si trabajas desde unas pautas comunes, simbologías comunes —o diferentes, pero hablando del mismo elemento— no hay mucha complicación. Y, en Bolivia, si bien había una base de entendimiento, también había una de extrañeza frente a nuestras prácticas, y esto generaba un diálogo muy bueno, porque nosotros también estábamos en la misma situación de extrañeza y apertura a la vez, digamos éramos marcianas las unas para las otras, entonces era fácil.

     Ceci: Trabajar en Bolivia fue trabajar un poco fuera de la comodidad. Estábamos repitiéndonos, estancándonos y  aunque no era  un sitio que entendiera a lo mejor la base de lo que estábamos haciendo, nos dejaron trabajar de manera totalmente libre, sin ningún tipo de censura… hicimos cosas que pudieron parecer fuertes y no hubo ningún rechazo ni problema, al revés. De hecho nos han censurado más aquí.

    Es curioso porque estando paradas desde un discurso de desidentidades, desidentificación, muchas veces  acabamos juntándonos con un cierto ghetto, con unas ciertas personas o con unas ciertas prácticas, que en un momento pueden ser rompedoras de algunas cosas pero si uno se acomoda en eso también puedes ser un poco conservador en cierto orden: “hago estas cosas, hago estas prácticas, hago estas performance, me dedico a tal cosa”.

Akelarre Cyborg son Yan y Ceci, pero también Paula y María de TransNoise, cuatro personas que trabajan en conjunto cuando la situación lo permite, es un proyecto nómada, circunstancial, contextual y modular. Como el aquelarre, viene quien puede, pero siempre fluye.

BDSM

     Yan: Para mi es una herramienta de revelación y de liberación sexual porque permite modificar la configuración corporal habitual de las relaciones sexuales basada en los genitales exclusivamente, entonces es tanto una herramienta para trabajar a nivel sexual como de género porque no importan las supuestas preferencias que puedan tener las personas si están en juego otros parámetros más allá de su género o sexo. También trabajas a nivel de las relaciones de poder, porque en las relaciones heterosexuales clásicas el poder está dado de por sí en la relación hombre-mujer. En el sadomasoquismo se pacta todo, los roles se pueden intercambiar y siempre hay consciencia de estar performándolos, entonces es una herramienta de deconstrucción muy potente.

     Ceci: Se performa la masculinidad, la feminidad. Lo que pasa al tener que pactar con alguien, comunicarse con  alguien para decir “bueno, hacemos esto, a mí me gusta esto, a mí no me gusta esto”, es precisamente deconstruir la naturalidad que pueden tener las relaciones sexuales, que parece que fueran una cosa dada de una manera entre un hombre y una mujer, o entre dos hombres, o  entre dos mujeres. Te genera un espacio de deconstrucción de las relaciones sexuales, de lo que pudimos haber aprendido que deben ser pero también tiene que ver también con el trabajo en las fronteras: público-privado, placer-dolor, qué es lo corporal. También es una forma de deconstruir lo que son los placeres y lo que es diferente, que no es la manera establecida socialmente. Además quita prejuicios. Hay miles de grados en el SM, desde un juego de rol, hasta electricidad, y siempre se ve algo rudo y fuerte, pero tiene que ver más con esa deconstrucción sexual donde las cosas son pactadas. Por ejemplo, la primera vez que vi a alguien que se daba electricidad me dije: “joder, yo vengo de Argentina, 30 mil muertos y desaparecidos, la picana eléctrica, los militares”. Pero no lo vi como “eso es malo” si no que yo tengo una limitación: La única manera como puedo ver esto es como un modo que genera dolor, represión, pero esta forma de verlo ha cambiado. Con este ejemplo, puedes ver la artificialidad que hay en las relaciones de poder, ya que te das cuenta que las prácticas no tienen una naturaleza establecida para que sean sexuales o no sean sexuales, placenteras o dolorosas, hay más elementos en juego, como el contexto y un montón de cosas.

     De hecho generalmente las relaciones sexuales básicas se ven como naturales pero no es así. Mi primera relación sexual la asumo como una violación, pues fue una cosa de poder de un tío sobre una tía. El SM no es una práctica de un guetto, de un grupo, sino una práctica de cualquier persona que se relaciona con otra, de dos personas conversando, una recibe placer y cuando dice basta  pues basta y se acabó. Porque en la base debe haber un pacto para relacionarte sexualmente con alguien, no hay nada natural dado, las relaciones se juegan, tú pones las reglas y dices hasta dónde puedes llegar.

    Estamos acostumbrados a que las cosas no se negocian, tú no puedes decir “hasta aquí no quiero jugar más” o “esto no me gusta”… hay ciertas cosas que tienes que sí o sí, seguir, porque parecieran de la naturaleza humana y no es así.

    Yan: Naturalización de la violencia, también. El SM lo que hace es desplazar un poco la noción de violencia. Me  interesa dejar bien claro que el SM nunca es violencia, la violencia no está en la práctica, sino en el no consenso. Hay gente a la que le gustan unas cosas, a otras no, se van cambiando de gustos, se juegan con relaciones intensas sensoriales.

    En el SM, yo no siento dolor. Lo que pasa es que la gente proyecta su imaginario y piensan que eso duele. No me duele, de lo contrario no lo haría. Cuando paso la frontera en que el placer ya es dolor, paro, este tipo de relaciones te permiten decir cuándo es suficiente.

    Ceci:  No es que dejes a mitad el polvo, es eso el polvo, relaciones que no tienen un principio ni un fin establecido, un protocolo, sino un contexto y particularidad de las dos o tres personas que se estén relacionando. No hay una meta ni  un recorrido establecido sobre lo que debe ser la relación sexual, ni se entiende que deba ser puramente genital. El cuerpo entero es un órgano sexual, además ampliable. En las perfos, trabajamos el BDSM con sonido: por ejemplo con agujas, cuando la persona toca las agujas, genera sonido: transformas el cuerpo, es como un instrumento, juegas con él, modificas la relación sexual, lo que podrías hacer. Yan, agrega, el SM es una práctica creativa.

El sonido

     Ceci: El cuerpo implica todos los sentidos, no es sólo el coño o la polla. Vas tocando algo y generas sonido, es una  relación nueva.

    Yan: Hay ganas de deshacerse de lo visual, de la visibilización, pues te hace repetir estereotipos y normas. El sonido está mucho menos codificado, se trabaja la sinestesia, mezclar los sentidos, escuchar sonidos y colores. Si el tacto genera sonidos, genera sentidos nuevos, por lo tanto cuesta más dar unicidad y normalizar, es algo completamente marciano.

    Ceci: Sobre todo porque abre también las posibilidades de no ver cuerpos tan definidos, se amplía el paisaje de percepción al ser más confuso, genera mucha sensación, abre otros canales de percepción. Es interesante tanto si lo haces como si lo ves. Y al igual que el aquelarre, funcionan otros patrones mentales que los habituales, y la visión está muy ligada a la normalización de los cuerpos. El sonido está un poco menos racionalizado.

    Vemos el sonido como un espacio más anárquico y posible de abrir percepciones que la imagen. Vivimos en un mundo visual, nos manejamos por la imagen, nuestra cabeza funciona de manera estándar en ese sentido. Al sonido, sobre todo trabajando con noise, no con melodía ni estándares musicales que lo guíen, te posibilita relacionar otras cosas.

Las contingencias les permiten trabajar y aprender de gente de diversas áreas, contagiarse, articularse. Como con Post-Op, con quien hacen performance, o en los Genera Tech, que organizaba Klau Kinki y los Summerlab organizados por Pedro Soler. Como en un akelarre, con gente que deja los conocimientos abiertos, a los que todo mundo tenga acceso, con tecnologías baratas, que cualquiera puede construir. Como en un akelarre, ampliando los canales de percepción. Habrá que esperar a que el desarrollo del Sexoeskeleton pronto esté terminado, para poder experimentar con él.  Acá el video de la performance Akelarre Cyborg y las ligas de Quimera Rosa, para que vean mejor de qué va:

Akelarre Cyborg [Performance] from Quimera Rosa on Vimeo.

http://quimerarosa.tumblr.com/

http://vimeo.com/quimerarosa

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