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Manuela Torres García y sus pinturas Histéricas

Por Liz Misterio

Entrevistamos a la artista española Manuela Torres García para conocer un poco más sobre su proceso creativo y las ideas detrás de sus obras que ejercen una siniestra seducción en el espectador, a la vez que levantan cuestionamientos sobre las sexualidades femeninas que escapan a la normalidad.

Liz Misterio.- Tu serie se llama Histéricas, ¿Por que decides emplear éste termino que refiere a la patologización del deseo femenino?

Manuela Torres.- Elegí el título Histéricas para dar nombre a una serie de pinturas y dibujos que he ido desarrollando más o menos entre 2008 y 2011. Todo empezó cuando cayó en mis manos un libro muy interesante, La invención de la histeria, de Georges Didi-Huberman, que me fascinó.  Actualmente utilizamos de forma habitual el término “histeria” para referirnos a una situación inusual de gran agitación o miedo (como por ejemplo “histeria colectiva”), o el adjetivo “histérica” para describir a una mujer que reacciona o actúa de modo “excesivamente emocional”, que llora, grita, se expresa sin comedimiento, que está nerviosa, que se ríe desmesuradamente… resumiendo, que no respeta la norma social en lo que a expresión de emociones se refiere.

En principio, me interesaba comparar el uso actual del término y el uso que se le dio a partir de su nacimiento como enfermedad, allá por el siglo XIX. Aunque más bien se trataba de un síndrome, es decir, de un conjunto de síntomas, sin que en ningún momento el estamento médico-científico haya podido “aislar” el elemento responsable de la histeria (como ocurre ahora con el SIDA, por ejemplo). Y me interesaba también cómo la histeria se definió en aquel momento a partir de una patologización de la sexualidad de las mujeres, ya fuera por exceso, por defecto o por el simple hecho de ser mujeres.

Este libro me abrió los ojos a un mundo que me fascinó de inmediato: por un lado, la construcción histórica de la histeria desvela cómo los distintos aparatos de poder trabajan al unísono para construir y modificar nuestras condiciones de vida, y por otro lado, cómo las personas inventamos estrategias y encontramos recursos para hacer vivible la existencia. En el caso de la histeria, se unieron el aparato médico-psicológico y el visual. Charcot, el médico que intenta definir y clasificar las fases y características de la “enfermedad”, ideó un hospital (La Salpetrière, en París) que funcionó como un auténtico museo científico viviente. Disponía de salas de fotografía, para inmortalizar a las enfermas en mitad de sus ataques, y de un anfiteatro que funcionaba como aula donde los alumnos podían presenciar estos en directo; además, escultores profesionales obtenían moldes de los cuerpos de las mujeres in situ para obtener reproducciones de escayola, así como dibujantes.

Algunos de los absurdos tratamientos que se les aplicaban consistían en hacerles oler materias malolientes, comer porquerías o escuchar sonidos insoportables (con el fin de calmar al útero, fuente de histeria); otros consistían en los conocidos masajes vaginales y clitorianos, ya fuera con los dedos, con chorros de agua o con aparatos (naciendo así el vibrador en su forma arcaica), es decir, la aplicación de orgasmos controlados.

Todo este rodeo es necesario para poner en claro cómo nace la idea de las pinturas y dibujos que componen Histéricas. El primer cuadro de la serie, aún sin haber decidido pintarla, lo realicé en España, poco antes de irme a vivir a París, donde inesperadamente en una exposición me topé con unas fotografías antiguas de mujeres internadas en La Salpetrière. Me impactaron tanto que a partir de entonces me centré en este proyecto.

Me interesan mucho aquellas histéricas rebeldes, que a menudo aparecen burlonas o desafiantes frente a la cámara, que saltaban por la ventana, que seducían a médicos y estudiantes, que desplegaban sus ataques de histeria como coreografías bien aprendidas para que las dejaran en paz, conocedoras de la mentira que se les atribuía…  Ancianas, putas, vagabundas, mujeres que rechazaban el matrimonio, otras que querían vivir solas, las que tenían una vida sexual demasiado intensa… todas convivían en el sanatorio, como un cajón de sastre que para muchas se convirtió en una prisión, de la que ya no salieron con vida. El proyecto Histéricas nació porque me sentía heredera de ese desdén y de esa burla, y al mismo tiempo del drama de sus vidas y de su rabia. Así que decidí dar salida a estas contradicciones por medio de la pintura, tomando como referentes algunas imágenes de la época y otras de personas de mi entorno, mezclándolas con elementos del presente, preguntándome a qué tipo de mujeres y cuáles de sus prácticas sexuales se tacharían hoy de histéricas. Y además he querido incorporar un componente irónico, como una especie de guiño u homenaje a las histéricas del pasado, porque ellas lo sabían, sabían lo absurdo que era todo aquel montaje… como los montajes que nos construyen la vida ahora.

Hysterical 6
Hysterical 6

LM.-Tus personajes a primera vista lucen inocentes, incluso infantiles, pero paradójicamente en sus actitudes rompen con éste estereotipo y se perciben deseantes y desafiantes ¿De donde vienen estos contrastes?

MT.-Estos contrastes, no sé muy bien de dónde vienen, la verdad. Esta es una constante en todo mi trabajo, y sigo sin querer desprenderme de este recurso, aunque cada vez mis niñas son menos niñas, y las cabezas van dejando paso a los cuerpos enteros… Pienso que la vida está impregnada de ambigüedades, de contradicciones; por suerte en todo hay aristas y matices, y no me interesan para nada ni la objetividad ni las verdades absolutas, no me las creo, y la absoluta coherencia tampoco.

Me interesa ese “a primera vista” que señalas, porque es un engaño, una apariencia, un juego, y sin embargo a la vez es real; conozco gente que prefiere quedarse con eso y me parece estupendo, solo quiere ver la candidez o una belleza inocua; sin embargo considero que mi trabajo expresa más allá de eso, que hay que mirarlo varias veces y detenerse en él, y aun así a veces ni yo misma sé del todo lo que busco plasmar. Pero sí, rotundamente uno de mis objetivos es provocar algún tipo de cortocircuito o incertidumbre interpretativa. Es estupendo poder pintar a una “niña” que al mismo tiempo atrae y provoca repulsión; que resulta frágil y adorable pero que tiene muy claros sus deseos y va a por ellos sin pensárselo dos veces, que te mira desafiante, o incluso te amenaza, mientras estás pensando que es hermosa; es una libertad que solo me da la pintura.

LM.-¿Qué papel juega el BDSM en tu imaginario?

MT.- El BDSM para mí simboliza una herramienta para manejar los roles de poder en general, no solo sexuales sino los que se dan en todos los ámbitos de la vida. No siempre es posible, pero sí se puede trabajar sobre ellos, aprender y ser consciente del rol que tú misma estás jugando, a veces sin darte ni cuenta, y sobre todo para ser consciente de qué tipo de roles quieres o no asumir, qué límites estás dejando cerrados o abiertos… me parece un aprendizaje muy arduo.

A nivel del imaginario, me interesa porque evoca una carga bastante ambivalente, porque no están nada claros los roles de los personajes de mis cuadros, no se pueden delimitar claramente. También a un nivel puramente visual, me interesa incorporar elementos de la cultura BDSM para situar cronológicamente las escenas en el presente, en un presente de mujeres que los incorporan en su sexualidad.

LM.- Tus imágenes evocan a la movida postporno ¿Cómo te relacionas desde la pintura con éste movimiento?

MT.- Tampoco sé muy bien cómo me relaciono con el postporno, ni si se puede establecer una relación directa entre este y mis pinturas… Lo cierto es que he creado Histéricas en una etapa de absoluto fervor hacia la postpornografía, que acababa de descubrir. En 2009 pude presenciar algunas performances en directo, durante las jornadas Interferencias Viscerales, organizadas por Arms Idea en la universidad politécnica de Valencia. Me parecía increíble llegar a la facultad de bellas artes, como de costumbre, y encontrarme por allí a Diana J. Torres paseándose medio desnuda, a María Llopis, a Post Op… parecía el mundo al revés. Durante los días que duraron, aquel entorno habitual bastante gris y previsible se llenó de colorido y se convirtió en algo inesperado donde cualquier cosa podía pasar. A partir de aquí mi interés fue creciendo, y al final la investigación teórica sobre arte contemporáneo (otro de mis intereses), que había ido a hacer a Francia, terminó por centrarse en el postporno “español”. Y he de decir que despertó bastante interés y que estoy muy satisfecha de todo lo que aprendí en aquella etapa de trabajo frenético: escribir y pintar, pintar y escribir.

Y pinté a mis histéricas mientras estaba totalmente sumergida en el postporno: fotos, vídeos, poemas, jornadas, textos, cine… todo eso está presente en las pinturas. De alguna manera también me movía el deseo de plasmar estos descubrimientos a través de los pinceles, de abrir mis propios imaginarios sexuales y ver qué pasaba…

LM.- A menudo las obras que retan los cánones de representación de la sexualidad confrontan a las espectadores con sus miedos y sus deseos ¿ha habido alguna actitud de los espectadores o de la crítica ante tu trabajo que te sorprenda?

MT.- Sí, hubo quien me tachó de pederasta hace un tiempo, una persona con buena intención que trabajaba con niñxs abusadxs, y que en su rabia se equivocó de enemigo al que linchar… porque llegó a utilizar un lenguaje bastante violento hacia mí. No hubo manera de hacerle entender nada, así que desistí, cada cual que piense y que interprete lo que pueda o quiera…  Esto por un lado me enseña que no se puede razonar con quien no quiere razonar, y por otro pienso en la verdadera caza de brujas que estamos viviendo ahora con todo este tema de la pederastia. En un clima como este alguien así te puede hacer mucho daño, pero finalmente esta interpretación se quedó en algo anecdótico que cayó por su propio peso. He de recalcar mi rechazo a cualquier tipo de abuso o de violencia hacia quien sea, niño, adultx o animal no humanx. Pero creo que en el fondo no se están poniendo los medios para que estas violencias desaparezcan, y que toda esta paranoia es una cortina de humo; las instancias poderosas están ocupadas con otros asuntos.

A veces aún me sorprende que, en general, mi trabajo suele tener una buena acogida. Esto quizás sea porque no es totalmente desagradable ni inquietante, por esa imposibilidad de no ver la parte hermosa que hay en él, la belleza, que por otro lado cada vez me interesa más encontrar.

Lo mismo expongo en salas de museo que en peluquerías o en sex shops, y esto que en un principio llegó a decepcionarme bastante, ahora me parece estupendo porque puedo llegar a más público y más diverso. Me gusta exponer en galerías, pero entra mucha menos gente, y no sueles vender porque tienes que inflar mucho el precio, ya que tu margen se reduce a la mitad, con suerte. Pero también me gusta exponer en restaurantes, porque hay más público y es un perfil mucho más diverso, y puedes hacer más accesible tu trabajo en todos los sentidos, aunque a menudo no cuentas con las mejores condiciones técnicas (iluminación, etc).

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Caquita Mils

 Dibujos Rurru Mipanochia, y textos de V de Vayaina

En la serie Caquita Mills Rurru Mipanocha (ilustración) y V de Vayaina (texto) exploran la complicidad de la relación entre texto e imagen. Tanto una disciplina como la otra tiene su propio lenguaje, pero al mismo tiempo, una imagen puede entenderse como texto porque se creó a partir de un contexto determinado, es decir un discurso.

Como bien decía Francisco H. Vázquez, teórico y ensayista chicano: “discurso es la relación simbiótica de poder y lenguaje”[1]. Es decir, la manera en que articulamos nuestros pensamientos a través del lenguaje está determinada por ciertos códigos que dictan qué es digno de externarse y cómo, y qué no puede -¡siquiera!- figurar en el imaginario colectivo.

El lenguaje a partir del cual se crearon tanto el texto como la imagen, deja salir las voces de aquellxs cuya presencia ha sido y sigue siendo censurada. En la imagen, por ejemplo, encontramos los colores turquesa que nos remiten a los códices en algunas construcciones antiguas, así como también osamentas y figuras que recrean el imaginario de las civilizaciones del México prehispánico. Civilizaciones destruidas con la llegada de occidente y por su propia avaricia, antes de la conquista.

Resulta innegable el hecho de que vivimos en un mundo revuelto, un México extraño lleno de tortillas con  chile, tomamos vino, bailamos cumbia y cantamos en inglés. Occidente se nos metió hasta la médula al grado de nos distinguirlo ya de nosotrxs, hablamos español por default, y en la mayoría de nosotrxs tenemos el inglés como segunda lengua, estudiamos textos en inglés e incorporamos palabras de esa lengua a nuestra habla como si fuera de lo más natural. Y quizá lo es, las palabras se nos cuelan entre los dientes y lo vemos en estos textos, en donde podemos encontrar que hay una fusión de vocablos, lenguas y campos semánticos. Es una manera de evocar la mezcla de culturas que ya es parte de nosotrxs.

Tanto texto como imagen se despliegan en un tono de alegría y  juego. Esta serie es una complicidad con la infancia que se resiste a abandonar los cuerpos de aquellxs híbridos, los productos del mestizaje cultural y sexual. Vemos chicxs con penes enormes, calaveras con chichis, muchos colores y un lenguaje coloquial que le guiña el ojo al dialecto de nuestras queridas Drag Queens.

Sabemos que somos múltiples, que somos legión. Nuestra serie trata de contener todas las contradicciones de las que somos capaces. Pero estamos conscientes de que no lo abarca todo, es imposible. Nos (d)enunciamos desde el D.F.: una ciudad, la más grande del país, llena de basura industrial, de placeres superficiales para llenar el vacío que provoca el trauma de estar lejos de un ambiente natural y espiritual.

Hay más allá afuera, debe haber más.

V de Vayaina.

_________________________________

[1] Francisco H. Vázquez. “Chicanology: A Postmodern Analysis of Meshicano Discourse”.  (1992).

 Puedes ver más del trabajo de Rurru Mipanochia en:

http://rurru.jimdo.com/

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Cris Bierrenbach: Preservando futuras generaciones

Chris Bierrenbach es una artista brasileña, fotógrafa, videoasta y performancera. Implicada en el estudio de su propio cuerpo como herramienta básica de creación, cuestiona la forma en que este -y en éste- se determina la identidad, el género, sus restricciones y subversiones: las posibilidades -o no- de salirse del control social permanente. En sus propias palabras:

«(…) como una tentativa de entender las posibilidades expresivas de ese mecanismo que la gente carga. O nos carga.”1

    Pero también explora la manera en que es vulnerado y vulnerable, ya sea por medio de objetos punzocortantes, quirúrgicos o de cocina insertos en su vagina, o a partir de metáforas que le representan, como sus fotografías de prendas y condones encontradas en la calle.

    La instalación Crisbibank. Preservando futuras generaciones, más que de vulnerabilidad, habla de un futuro en potencia: sólidos bloques de hielo conteniendo condones con semen nos muestran un cuerpo que, aunque ausente -tanto del donante como de ese semi-ser latente-, es la única certeza aparente. Un guiño ya no a la inmaculada concepción religiosa, sino a la inmaculada procreación científica, en donde el acto de reproducción se encuentra en un estado de incómoda suspensión: no es Onán derramando su semen en la tierra, sino el líquido seminal esperando indefinidamente para llegar al punto en que tiene sentido su existencia.

1Diogo Rodriguez, Auto-arte sensual. A Trip convidou 5 artistas para produzir autorretratos e pensar: o que é sensualidade? En http://revistatrip.uol.com.br., 26/11/2009.

 

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Paisajes masturbatorios de Omar Fernández


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Omar Fernández (Méxco 1982) Su obra se centra en el erotismo, el surrealismo, el realismo mágico y paisajes oníricos, encuentra en la tinta y el grafito el principal medio para expresarse de manera lúdica y gestual.

Puedes ver más de su obra aquí [/box]

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Un dildo casero

 Un cómic por Ernest Graves

[box type=»shadow» align=»aligncenter» ]Ernest Graves hace tebeos, performance, video… y ahora está aprendiendo a tatuar.

http://ernestgraves.tumblr.com [/box]

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Sangre mía, luna sangre

Foto-performance por: Joyce Jandette

 

tomar y beber de esta sangre que mes a mes re-crea la vida en mi, sangre mia, luna sangre

para unirme en comunión con las multitudes que me habitan

y honrar la única alianza siempre renovada y eterna

la que es conmigo.

…y salú por ponerme cachonda con lo que me sale del coño!

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[box type=»shadow» align=»aligncenter» ] Joyce Jandette artivista transfeminista mexicana, egresada de la Escuela Superior de Música (INBA), trabaja de manera independiente y dentro de colectivas feministas a partir de diferentes lenguajes artísticos y teóricos (performance, video, música, foto, teorías y prácticas queer y feministas, etc.)  para generar propuestas políticas que funcionen como espacios de resistencia a los discursos hegemónicos (sexofobos, homo-lesbo-transfobos, machistas, racistas, clasistas, etc.) y ampliar el imaginario de construcción y relaciones posibles entre sexos, cuerpos, géneros, deseos y afectos por fuera de los ejes normativos y binarios del sistema.

Revisa su blog: http://musicasvisibles.wordpress.com/ .[/box]

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Aphrodisia. El uso del placer como una categoría política feminista

Por Julia Antivilo


Pruébame, conozco la manera, podemos hacerlo decía en esta canción esta gran filósofa norteamericana, Donna Summer. El video performance registra cómo funciona Aphrodisia. Podría parecer una cita cabaretera duchampiana, podría ser un ready-made del ready-made pero no. Aphrodisia, es un urinario, especialmente diseñado para que las mujeres podamos orinar de pie, es también un bidé y masturbatorio, es un todo, un instrumento de placer para uso cotidiano. Es el arte feminista al servicio de l@s espectador@s. Además es un instrumento político pues invita a subvertir la cotidianidad, lo privado, lo que es también político. Un espacio tan cotidiano como pudiera ser un urinario y/o bidé se transforma en un campo de empoderamiento de las mujeres a través del espacio de la intimidad, de la higiene y que a su vez, se abre para otras prácticas como la masturbación.

     Es una creación que a través de la subversión performática celebra conocerse a sí misma a partir de actos cotidianos como podrían ser el orinar y o el lavado genital y también de la masturbación transformándolas en un acto de placer cotidiano que permite no sólo el autoconocimiento, sino también el empoderamiento para las mujeres.

     Aphrodisia literalmente son los actos de Afrodita o Venus la misma quien todas conocemos como la diosa de la belleza y del amor. En rigor fueron actos, gestos, contactos que buscan placer sin llegar a una definición completamente acabada de estos actos. En la problematización de una moral equilibrada, en la Grecia Antigua, fueron las aphrodisia las que dieron a los placeres una preocupación sobre sus usos y en la que los filósofos fueron las voces que intentaron regular este campo. En la exploración de la problematización sobre una ética del placer este trabajo pretende, desde la performatividad, esbozar una propuesta política estética en torno al placer como una categoría feminista.

Actos de placer o el goce como categoría política

El placer es quererse. Es un acto de autocomplacencia, de autodeterminación, de satisfacción, es arrancarse la culpa por desear. Es un derecho el de disponer libremente del propio cuerpo y de disfrutarlo como se desee sin dañar a otra persona. Es ser nada más que feliz, lo que deberíamos tomarlo como un deber y exigirlo como un derecho. La condición necesaria para el amor es el autoamor, punto de arranque de cualquier apertura al placer. Para tenerlo es necesario conservar la atención constante en el centro de nuestro ser en todo lo que hacemos. Por ello se hace necesario una ética diferente que apueste, en este caso desde el feminismo, por el placer individual, por la creación de una ética autónoma, de la elección personal, que favorezca al individualismo tradicionalmente ajeno a las mujeres siempre dedicadas a los demás. El individualismo no significa mirarse todo el tiempo el ombligo sino estar abierta a las otras personas, a su descubrimiento y a la consolidación de la intersubjetividad para la cual la otra nos es necesaria en lo afectivo y lo erótico.

     Con todo varias preguntas se nos abren ¿el placer sexual es el placer por excelencia? o, con mayor fuerza, ¿todo placer -por serlo- es necesariamente sexual? o ¿puede hablarse de placeres no sexuales? Aphrodisia es una interpelación a estas cuestiones pues lleva al placer no solo al sexo mismo con otra u otro sino con un@ misma y desde el autoplacer invita a transformar acciones cotidianas en un goce conciente, pues no hay nada más placentero que mear cuando nos urge y es un placer que puede llegar a calentar los pies. Asimismo cambiarse una toalla higiénica y poder lavarse después de varias horas en un día caluroso de mucho ajetreo.

     Esto implica retomar, si se quiere, el viejo dilema de los «placeres superiores» frente a los «placeres inferiores»: los espirituales o del alma frente a los materiales o del cuerpo, que marcan la dualidad humana que tanto sufrimiento innecesario nos han ocasionado (Andolfi, 1987). La segunda pregunta nos plantea la cuestión de saber si toda ética es sexual o si la sexualidad es sólo una parte de la ética.

     Graciela Hierro, filósofa mexicana, nos dice que “La ética feminista se ha «sexualizado» porque las mujeres, en tanto género, nos hemos creado a través de la interpretación que de los avatares de nuestra sexualidad hace el patriarcado. Sin duda, nuestra opresión es sexual; el género es la sexualización del poder”.1 La ética del placer se levanta de la crítica de la moralidad femenina tradicional, de un tejido que surgió con Diótima –citada pero no invitada a El banquete platónico, como apunta Luce Irigaray-, Hiparquia e Hipatia -a quienes rara vez se menciona en las historias de la filosofía- y Safo y tantas otras poetas presentes en el imaginario femenino.

     El método feminista sigue los pasos iniciados con el despertar de la conciencia, generalmente con base en una situación de crisis existencial y sigue con la deconstrucción, mediante la ironía, del lenguaje patriarcal y la creación de una gramática y de una estética feminista. Este proceso, que nos da una nueva perspectiva, nos guía a modos diferentes de conocer y a las formas prácticas de ejecutarlos.

     La ética feminista propone partir con la descripción del estado de cosas en el ámbito de la sexualidad e informarse a través de la ciencia social acerca de la profunda influencia de la cultura sobre la sexualidad, incluyendo las creencias del «sentido común», para destacar las visiones patriarcales que determinan el pensamiento masculino y femenino acerca del deseo amoroso o los llamados mitos de la sexualidad. Por ejemplo, la heteronorma, o que las mujeres son propiedad de los hombres o, en el mejor caso, su otra mitad; que la sexualidad daña a las mujeres por lo que su ejercicio requiere una justificación más allá de la sexualidad misma, como los hijos, la familia, la patria, la Iglesia entre otras; que el impulso sexual masculino es incontrolable y la violación es un delito que se origina a partir de los dos mitos anteriores, por mencionar algunos.

     Con todo, Aphrodisia es una guía para el placer femenino, se propone un hito para la pasión y el placer femenino que pretende orientar la liberación de las mujeres a través del hallazgo del autoplacer. Es el apoderarse de su cuerpo y erigirse como jueza de sus elecciones éticas. Es una guía apasionada para liberar nuestro ser para el amor libre. Por el lado práctico, ahorra papel higiénico y evita contagiarse con cualquier bacteria por el hecho de sentarse en los sanitarios, pues cabe señalar que el 40% de las mujeres se contagian de infecciones sólo por el hecho de sentarse en baños públicos o en el de sus hogares, donde muchos hombres orinan los bordes de los sanitarios.

     El poder, el saber y el placer son tres conceptos que se enlazan siempre en un discurso sexual referido exclusivamente a la sexualidad masculina. Por ello, el poder se infiltra y controla nuestros cuerpos a través del placer. Es un hecho que las mujeres continuamos sujetas al poder, bajo las reglas de la llamada «doble moral sexual», que propone una conducta distinta para cada género en relación con lo bueno y lo malo. Por este hecho, para proponer una ética feminista del placer es necesario adentrarse en la ética sexual y sus relaciones con el feminismo y hablar del erotismo femenino como condición necesaria para acceder a otra forma de ser humana y libre.

Onania, masturbación, autoplacer, paja

La onania o sexo solitario históricamente en Europa (desconozco si se han hecho trabajos en América Latina) es datable con el nombre de vicio solitario por la historia cultural hacia el iluminismo por los años 1708 o 12, en que se publica un texto anónimo sobre el tema en la que pasa de ser una problemática moral a una preocupación médica pues corrompe los cuerpos y la razón e inclusive podría causar la muerte. “El autor anónimo (…) un cirujano de prestigio que escribió pornografía médica soft, inventa la brillante, casi completamente original y notablemente asociación entre el entusiasta autoabuso y la historia del Génesis sobre Onán, aquel que preferiría sembrar su semilla en la tierra antes que fecundar a la mujer de su hermano muerto y morir castigado por eso. Nacía el onanismo. El nuevo pecado”2

    Con Freaud sería una etapa en la vida del hombre, especialmente inscrita en la adolescencia, y para la mujer una cura para su histeria endógena según el misógino psicoanalista. Pero a partir de la década del 70’ las feministas encuentran en la masturbación una categoría política para el empoderamiento de las mujeres.

    Anne Koedt3 fue una de las feministas radicales que trabajaron desde la base de que la liberación de la masturbación podía transformarse en un acto político pues servía tanto a la autocreación del individuo como a la construcción de la sociedad. Su texto “The myth of vaginal orgasm” hace explícito la vinculación entre la liberación femenina a partir de la liberación sexual.

    Las feministas abren paso a este fundacional momento en la política sexual sembrando reescrituras de la historia freudiana, rompiendo con el prototipo de la narrativa patriarcal moderna. Nuestros cuerpos, nuestras vidas4 que es un texto que promueve el amor por un/a misma/o como un punto de partida, y señala que “el autoerotismo no es un sustituto del sexo con un hombre o con una mujer es sólo una forma diferente y en nada inferior al sexo de a dos”5. Para Betty Dodson6 la masturbación es una reivindicación de la autonomía y predica que “la masturbación es nuestra vida sexual primaria. Es nuestra base sexual. Cualquier cosa que hagamos más allá es simplemente elegir socializar nuestra vida sexual”7.

    También el arte feminista ha acumulado muchas obras desde el video, la fotografía, la pintura y la performance lo que las han denominado despectivamente algunas críticas como el arte del coño.

    Otras como Anne Sprinkle que invitó a sus espectador@s en la performance Post-Porn Modernist Show (Nueva York, 1992) a que con una linterna miraran el interior de su vagina, la que tenía abierta con un espéculo después de haberse masturbado. Elke Krystufek (Viena, 1996) en su performance Satisfaction se exhibe a través de un vidrio donde l@s espectador@s pudieron verla como se bañaba en una tina y después se masturbó con un vibrador tendida en el piso.

    Desde aquí las artistas resignifican el cuerpo como espacio de placer o deseo sólo para el otro, masculino, y transforman sus cuerpos en territorios de placer y deseo para otras o para sí mismas. La masturbación o autoplacer, el uso de dildos, las relaciones lésbicas, son temas explícitos e implícitos en las obras que hablan de la relación cuerpo-mujer-deseo o placer. La exploración del cuerpo como territorio inexplorado por las mujeres en la invitación de las muchas propuestas político estéticas de las artistas feministas. El deseo y el placer son, a mi juicio, valores políticos que ha incorporado el feminismo para el empoderamiento de las mujeres. Otro ejemplo es el corto de Barbara Hammer, llamado Multiple Orgasm. (Corto en 16mm dura 6,5 minutos, color y sin sonido. 1976.) en el que se muestra en primer plano la frotación del clítoris hasta provocarse un orgasmo múltiple.

    En síntesis, la búsqueda de un cuerpo con existencia propia, no asimilable a la paralizante mirada cosificadora conformada por el deseo masculino, es una constante en el trabajo de casi todas las artistas feministas.

    Si bien la masturbación para los hombres puede ser un lugar de la burla pero reconocida o cedida con la adolescencia. Para las mujeres lleva dos milenios de culpa. En general nuestra educación ha sido guiada en una atmósfera de negación de la vida y del sexo. Paradójicamente a pesar de decir defender la vida -los sectores más conservadores y los que se dicen progresistas- no la defienden porque ven en el sexo una amenaza. Sin embargo, el no tener que dejar satisfecha/o a nadie más que a una misma es una ventaja que dice que no es necesario bancarse a nadie para sentir placer, de sentirse autónoma y con la posibilidad de decidir sobre todo lo que le compete a mi cuerpo.

La función sexual

 Wilhelm Reich en su libro La función del orgasmo describe claramente que esta negación al sexo provoca una reacción fisiológica que llama como angustia de placer8 que no sólo causa enfermedad del cuerpo humano sino también del cuerpo social. “Esa angustia de placer es el terreno sobre el cual el individuo recrea las ideologías negadoras de la vida que son la base de las dictaduras. Es la base del miedo a una vida libre e independiente. (…) Es una angustia fisiológica y constituye el problema central de la investigación psicosomática. (…) ha constituido el mayor obstáculo para la investigación de las funciones vitales involuntarias, que la persona neurótica sólo puede experimentar como algo siniestro y atemorizante”9. Para Reich además el proceso sexual, o sea, el proceso biológico expansivo del placer, es el proceso vital perse.

    Para este científico, inventor, médico, psiquiatra, psicoanalista, perseguido tanto por los comunistas como por fascistas, seríamos l@s únic@s en la naturaleza que iríamos en contra de la fórmula de la vida, la no tener una vida sexual activa, tampoco es follar, follar que el mundo se va acabar.

    Reich es el descubridor del orgón: la energía vital de todo organismo, es la fuerza motora del reflejo del orgasmo. Además, es de color azul, medible y omnipresente. Toda materia viva es creada y produce esta energía. Desarrolló la terapia que se llamó «Vegetoterapia Caracteroanalítica», concebida para liberar las tensiones de la coraza caracterológica, producto de los impulsos sexuales y emociones reprimidas. Cada individuo se crea una coraza mediante hábitos corporales y actitudes, con el fin de protegerse tanto del mundo externo como de sus propios deseos e instintos. Reich afirmó que la coraza corporal se encuentra dividida en siete áreas o sectores. Estos sectores forman bandas alrededor del cuerpo en su área, y en esa banda se estanca la energía. En órden cefalo-caudal las áreas son las siguientes: Ojos, Boca, Cuello, Pecho, Plexo Solar, Cintura o Pelvis, y Genitales.

    La función sexual es vital, tal como el respirar, si no se tienen orgasmos no se puede liberar energía que produce nuestros cuerpos que lo hacen finalmente tensionar, localizar y enfermar el organismo creando una geografía física del sufrimiento. La función del orgasmo es la descarga económica de energía sobrante, sería la fórmula de la vida para Reich, todo organismo vivo cumpliría esta ley.

    Con todo, llevar una vida sexual plena es una reivindicación política, pues ha sido históricamente donde se ha destinado a las mujeres a tener un papel de subordinación, pasivo y complaciente para el otro masculino.

Palabras finales

Aprhodisia tiene como fin el promover el empoderamiento de las mujeres por medio del derecho a apropiarnos de nuestros cuerpos, o sea, de nosotras mismas y desde ahí exigir el derecho a decidir por nosotras, y que ningún cura, ni político o militar intervenga en lo que sólo nos compete a nosotras, como por ejemplo, en la despenalización del aborto o en el derecho a no ser violentada o asesinada y menos con respecto a nuestros placeres. Finalmente nuestro trabajo propone que el placer es un derecho. Esa es una línea que hemos desarrollado con el colectivo Malignas Influencias donde se encuentran otras creaciones como los Columpios del placer, un par de columpios vibradores que se activan con un dispositivo eléctrico.

1 Graciela Hierro: Ética del placer. Diversa 16. UNAM/ Programa Universitario de Estudios de Género. Prólogo.
2 Tomás Laquear: Sexo solitario. Una historia Cultural de la masturbación.FCE, Buenos Aires, 2007, p. 17.
3 Texto de 1970, Boston, New England Free Press, reproducido en Barbara A. Crow (ed.), Radical Feminism: A Documentary Reader, Nueva York, New York University Press, 2000.
4 Boston Women’s Health Book Collective, Boston, New England Free Press, 1971. La traducción en español fue editada por Icaria, Barcelona, 1984.
5 Thomas Laquear, Sexo Solitario. Una Historia Cultural de la masturbación, F.C.E., Buenos Aires, 2007
6 En su texto “Liberating Masturbattion: a Meditation on Self Love” Cit. Por Thomas Laquear, Sexo Solitario, p. 93.
7 Ibid., p. 94
8 Ed. Paidós, Buenos Aires, 1972, p.16.
9 Ibid.
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Cinco chaquetas mentales sobre onanismo

Por César Cortés Vega

Intro… 

El orden del pensamiento común da vuelcos con velocidad inusitada. Doy un ejemplo. Para contrariedad de los conservadores escondidos detrás del buenaondismo internacional de hoy, corre un rumor que podría ser trascendental para su existencia, si la lentitud moral no cerrara los ojos de los peones que la sustentan; se dice que la penetración anal ayuda a resolver los problemas de próstata. Si bien una cosa así parece ser publicidad para mandar a tomar por culo a todo el mundo, en cuanto a «natura» se refiere, nos encontraríamos frente a un descubrimiento médico que podría salvar miles de vidas. Se trata, sin duda, de un problema espiritual inagotable, pues obligaría a colocar la discusión en un territorio de confrontación de ideas bien interesante: o se sostiene el mito de que el placer no puede a la vez ser placebo, o se olvidan las inconveniencias respecto a la idea de que la mierda es mala, así como todo lo que tenga que ver con ella, y se decide por darle un buen masaje al órgano interno con algún objeto que por muy fálico que pareciera, tendría ante todo el carácter de un medicamento preventivo. El anterior, como muchos otros, es un clásico dilema de definiciones y usos culturales de los signos. Si es cierto que no podemos ocultarnos siempre tras la ambigüedad detrás de todo lo que nos sustenta, tampoco vamos a creer en las idioteces heredadas, por mucho que hayan sido mantenidas por cientos de generaciones. Al fin y al cabo, ¿no estamos hablando de un orificio y de un fetiche cultural que lo penetra? Un cup cake en la boca de un hermoso y lascivo ser –agreguémosle a la imagen unos tatuajes en las manos, embarrados de crema pastelera azul– puede parecer lo mismo. Una uña con cerilla, el placer del palillo en la encía o lo que se les antoje que tenga que ver con una cosa entrando en otra que deja entrar.

     Así  pues, mantenerse en una ambigüedad suspicaz, siempre será cruel para espíritus definitorios, pero a nosotros nos ahorrará tiempo frente a las ciencias que avanzan a pasos caracólicos.

    Lo que quiero decir en este breve texto a través de cinco ángulos es una idea que si se le piensa con calma, es bien común: más allá de nuestro ánimo moral, el orgasmo sucede. Por eso hay que advertir antes que sostengo que quienes no descreen de su propio pensamiento gracias a que bloquean la sencilla idea de que éste está regulado por una cantidad indeterminable de sucesos micro-históricos que hacen la conciencia de una época, y las proporciones de su emergencia, forman parte de un linaje distinto al mío. Así pues, hoy me rehúso a perder tiempo en convencerlos de manera directa. Una vida no bastaría para modificar los dos milímetros de poder cerebral que han conseguido mediante la necedad y el respeto a su propia genealogía. En todo caso una provocación como esta, tiene su parte clara (la oscura es que si chingas demasiado, no tendrás participación en el circuito de poder que se hace de silencios y complicidades fraudulentas). Si bien la argumentación en un desafío retórico puede llegar a ser pobre, de plática de café y berrinchazos nefastos, lo que establece es un sistema de perspectivas definidas a través de las cuales los campos se negocian por una estrategia emocional que fuerza posiciones. Los energúmenos microcefálicos de Pro-vida y sus arengas furiosas son un ejemplo: en tanto más los provoquemos, más asomarán la cabeza, y más fácil será declarar que siguen ahí, que por mucho que se disfracen de liberales, continúan operando bajo lógicas similares a las de sus predecesores históricos. Y es que hay que tener desconfianza cuando no los vemos, porque no por ello habrán desaparecido, y quién sabe qué necedades estarán planeando así en lo oscuro.

Entonces:

Chaqueta mental 1: Ipanema y Copacabana

Así el origen, una parte de este texto lo escribí de regreso de Brasil.  Y, entonces, específicamente hablo de las playas de Copacabana e Ipanema. Yo había elaborado la idea de que el paraíso estaba en las playas desiertas, cerca de la relación especular que a muchos nos hace pensar en que fuera del «mundanal ruido» se encuentra el espacio que nos salvará de la incongruencia racionalista que nos hace vivir en ciudades cada vez más estúpidas, ofrecidas a las instancias mediocres del capital y sus sabuesos. Sin embargo, las playas de Brasil son distintas y alucinantes, en lo que cabe de conciencia operativa del presente; nunca vi tantos cuerpos hermosos, tantas nalgas y senos presentes en su cotidianidad. Inundado todo de seres humanos, yo sencillamente estaba ahí como un espectador, incluido en su diferencia, o quizá, en su indiferencia latinoamericana. Y frente a todos esos cuerpos, inhibido en mi silencio, la cosa era imaginar, imaginándonos, en una estructura de poder fabulosa que no implementara la sexualidad fincada en un preconcepto de lo que debe ser, sino en una especie de orgía de miradas asumida desde la ambigüedad. La vocación del sexo en potencia. Belleza primigenia; todo comienza en la imaginación, y quien no lo considere así es un poco idiota.

  Hermosos cuerpos masculinos, y no tanto. Un hombre acariciándose la verga mientras veía a un adolescente de pelo brillante. Nunca nada, sino pura especulación. Mujeres de nalgas inconmensurables danzando su estrategia culilínea frente a ti. Quiero decir; toda esa gente contoneando ese cuerpo extraordinario en su diferencia. Una sexualidad incorporada al cotidiano. Por eso, la ambigüedad a la que me refiero arriba es apenas una manera de nombrar lo innominado: ahí el pensamiento conservador no puede hacer nada, porque no entiende. Ya sea en la oscuridad del bosque, o en la luminosidad de la playa, los ritos silenciosos seguirán cumpliéndose, una y otra vez donde la masturbación no se diferencia, porque está presente todo el tiempo en la base de los sentidos, invisible para quien no tiene ojos conceptuales para verla, y plena para quien sin nombrarla, la comprende.

Chaqueta mental 2: las cuentas de vidrio

Una especie de paraíso hereje: ignorantes acerca de las bellezas de una moral hecha de cuentas de vidrio, intercambiamos todo. Sin embargo, ¿qué tienen de malo las cuantas de vidrio que en sí son hermosas, lejanas siempre a la especulación del mercado decadente?: permiten la difusión lumínica del sol, hacen de los colores una experiencia ambigua del presente, nos hermanan con la luz… No así las cuentas de una economía regulada por la carencia promulgada hace siglos por el cristianismo y su experiencia heredada del vacío y la culpa. Cambiar cuentas de vidrio por joyas verdaderas, hace más incautos a quienes ya están dentro de un sistema de intercambio siniestro, y en ese sentido, yo seguiría condenando su engaño. Sin embargo, los sentidos pueden muy bien no ser burlados: ¿han colocado la mirada frente a un prisma de pedrería luego de haberse fumado un porro? Ninguna experiencia se le iguala, porque lo que entendemos ahí es inconmensurable. La luz se fragmenta y señala así espacios coincidentes, una geometría que si midiésemos dejaría de ser azarosa. Y el mapa mental que posibilita, dice complejidades poéticas, dice palabras radicalizadas por las sombras, dice sentido de vida más allá de un utilitarismo cruel y chato.

Chaqueta mental 3: The Presets

El tiempo no existe, babanclas inmemoriosos. Existe, sí, una definición del tiempo que predetermina nuestros movimientos. Yo hoy tengo quince años, pero podría tener menos o más. Hoy tengo diez o treinta. ¿Importa? Sí, para ánimos convencionales. Pero hay que hacer ahora una salvedad: sin mentir, escribo esto en el aire, de regreso a la Ciudad de México. He bebido más wiskys de los que a la aerolínea le convendría. Y qué voy a decir, sino la verdad; escucho a los Presets, un grupo ya viejo, pero que sigue siendo parte de mi relato de vida. Sin embargo, allá de nuestra historia personal, hay algo que  nos mantiene fuera de las estructuras. The Presets, son ahora para mí más que cualquier cosa realizada por la cultura. Pero no soy su fan. Es decir, no puedo recordar ni uno sólo de los álbumes que han grabado, y difícilmente me he aprendido el título de alguna de sus mezclas. Apenas bailo cada que los escucho, incautamente pero recibiendo un cierto tipo de energía que no se consume sino en la consecución de sí misma. Aquello que limpia la presencia, en un preset, concibe un futuro distinto… Un futuro que tiene su propio «futuro»; es decir, una conciencia de sí. Futuro con una estructura in-moral. Se ama a sí mismo, y por ello no conviene a ningún vaticinio. Ese futuro, por ejemplo, extermina la tontería porno: no tiene momento para el placer diferido. Es como una canción así, que por supuesto es producto de la cultura pop, y que sin embargo puede colar a través de los elementos que la propia estructura le brindó un memento radical, sin redención ni ánimo salvador, con una buena dosis de lo que parecerá cinismo, pero que apenas es revisión de los nuevos lugares comunes de la cultura, su rodeo, su pasar de ello por medio del baile y la hinchazón.

Chaqueta mental 4: Phillip José Framer y «La imagen de la bestia»

El detective Childe se viene, literalmente, en el momento menos esperado. Una cosa que me fascinó, pues en el evento narrativo, recordé que Bataille relataba algo parecido en su Historia del ojo; un tipo que se corría a la menor provocación, sin tacto ninguno, sin otro estímulo salvo el de la inconsciencia. Entonces, grandes chorros de semen brotaban en medio de las situaciones menos provocativas. Cuando leí el libro, no antes de una edad infantil que me hacía pensar estas cosas como si estuviera hipnotizado, me pareció que era ese el mayor recurso que ubicaba a la novela como género de ciencia ficción:

Abrió los cajones, con la esperanza de encontrar alguna ropa que ponerse. Antes de que pudiera examinar el primero, se vio estremecido por otro orgasmo epiléptico y eyaculó sobre las ropas colgadas en su interior. Había un lavabo que utilizó para lavarse los genitales, la cara y las manos. Bebió varios vasos de agua y regresó al buró. Había algunas camisetas y unos shorts de gimnasia. Encontró unos que eran casi de su talla y se los puso. Entonces se le ocurrió pensar que pronto tendría otro orgasmo y que no resultaría nada cómodo con los shorts empapados de esperma. Se resignó a dejarse la polla fuera del short, aunque se sentía ridículo. Ridículo que constató al mirarse al espejo. Un caballero andante con una frágil y rechoncha lanza. ¡Valiente caballero andante! ¡Valiente detective! ¡Un detective privado que se había vuelto público!

  Como buen escritor salido de los movimientos underground de los setentas, Framer es uno de los primeros autores que mezclan en sus novelas ciencia ficción, suspense y sexo explícito. En el caso de su personaje Childe, en La imagen de la bestia, el conflicto se evidencia entre la estructura de la ley y el carácter de monje a su servicio que tiene todo detective, y lo pagana que resulta la gratuidad de su orgasmo sobre los cadáveres que investiga.

Chaqueta mental 5: las chaquetas mentales

La idea común en México: chaqueta mental es una de esas estrategias rápidas para inhabilitar los embates reflexivos de alguien que intenta ganar –o recuperar– poder discursivo frente a los otros. Todo depende, también, del lugar en donde se sitúe el que utiliza la frase para desde ahí equilibrar su peso al lado de las acciones y las cosas que alguien más dice sobre ellas.

  Pienso, sin embargo, que el límite entre acción y pensamiento no es definitivo. Que aquella frase latina res non verba (algo así como «el que hace no dice») es poco certera. Eso porque se puede hacer con unas ganas tan estériles que al final se termine no haciendo nada significativo o, también planificar discursos a la vez que se juega a la posibilidad de error en la acción. Un hacer es finalmente una consecución de resultados que además de ser concretos, representan modelos que de no estar sustentados por ideales específicos, no serían útiles ni a nivel teórico, ni a nivel práctico. Las ideas, incluso, son un hacer simbólico, una configuración imaginaria de supuestos. Se hace como se dice y se dice como se hace.

  No es una acción  en el espacio lo que representa una transformación, sino la idea que es capaz de operar a través de ella. Por eso una acción es más la transformación de figuraciones que la realización de una cosa que puedas palpar. Incluso en el trabajo meramente utilitario, lo que está en juego no es la practicidad manifiesta, sino una serie de intercambios que pueden pasar desapercibidos, sí, pero que representan formas meramente ideales de realidad.

  Lo que puede ponerse a discusión es si eso que se imagina sobre un hacer concreto tiene o no sentido, que visto desde cierto ángulo le parezca bueno o no a quien lo contempla. Por eso lo que me parece sustancial no es si se hace o si se dice, sino la posición que ocupa quien, como todo actor que configura realidades a través del discurso activo, afecta el entorno en el que vive. Para decirlo en otras palabras bien comunes: cuáles son los ideales que representa la chaqueta y su sucesivo orgasmo. A quien, o a qué encarna –dado que toda cultura es una entidad dinámica de herencias creativas de distinta procedencia–por medio de su hacer-decir en acto. Qué placeres más allá del tiempo intenta reproducir una y otra vez.

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