¿Quién me cuida a mi? Escucha y soledad activas

¿Quién me cuida a mi? Escucha y soledad activas

por Julia Amigo

ilustración: Ollinca Torres. Instagram: @ollincatorres

A la gente le gusta contarme sus cosas. Desde que era una niña, me he ido convirtiendo en esa persona en la que todes confían. Me dicen que es muy fácil hablar conmigo, que escucho muy bien. La escucha es una tarea ingente que es erróneamente considerada sencilla. Escuchar a alguien, con las orejas y el cerebro abiertos, es algo muy complicado.

Ahora, que soy una emigrante lejos de casa, soy aún más consciente de esto. La gente me confía sus secretos y preocupaciones en idiomas que no son el español. Me transmiten sus dolores y alegrías en inglés y en italiano, a veces incluso en portugués. Y yo estoy ahí, disfrazada de Babel, absorbiendo miles de pequeños acontecimientos vitales, y compartiendo el peso.

Escuchar es cuidar. Mi escucha es muy activa. Se cuando interrumpir el relato para introducir una pregunta que reconduzca el torrente. Se cuando mostrar estupefacción para que esa parte, que me interesa especialmente, se alargue. Se incluso cómo transmitir, con palabras mullidas y cariñosas, que lo que se está diciendo en una absoluta gilipollez.

Soy un cofre lleno de tesoros, secretos de unos y de otras, cosas que “no quiero que nadie sepa”, historia que “nunca compartí con nadie antes”. Soy como un río que a su paso por la tierra va recogiendo culturas y tradiciones, empapándose de nuevos significados, de palabras desconocidas, de extrañas coincidencias.

Desde que soy pequeña la gente me confía sus historias, sus dudas, sus miedos. Pero, ¿quién me escucha a mi? Aunque en mi casa, en la tierra que me vio nacer y entre mi familia (no solo de sangre), cuento con orejas atentas y amorosas que reciben mis propias pesadumbres y felicidades, en el extranjero no tengo esta suerte. Quizás mi lengua se ha congelado porque aquí no tiene la posibilidad de expresarse libremente, quizás los otros idiomas que hablo no son capaces de ser pronunciados por mi corazón.

Es por ello que estoy tendiendo a refugiarme en una soledad activa que, como mi escucha, es algo natural en mi, que vino conmigo cuando abrí los ojos al mundo. Es esa capacidad para buscar espacios temporales y territoriales para cultivar una relación pausada conmigo misma.

La soledad activa, en mi caso, se basa en un cuidado íntimo de mi esfera personal. Va desde una mirada calma a mi cuerpo hasta una tarde escuchando música mientras arreglo mi habitación. Desde un plato de pasta a mi gusto hasta un paseo sin rumbo.

En medio de estas dos realidades, la de la escucha atenta y la soledad buscada, hay ahora mismo un vacío, una falta de compañía. Porque la vida es un triángulo, y me falta uno de sus ángulos. El del compartir, el hablar, el reír. Ser escuchada se ha convertido para mi en una actividad del pasado. Y para convertirla en una realidad presente se que he de volver a mis raíces, a mi ciudad, a mi pueblo, a mi abuela, a mi madre, a mi hermana, a mis amigues.

Y en este camino he aprendido así a apreciar los cuidados circulares, los que conectan todas las esquinas del triángulo, los que crean una red fuerte pero mullida de conexiones, historias y escuchas.

Julia Amigo. Nacida en Granada, España, en 1988. Actualmente resido en Reykjavík, Islandia, y mi ser migrante comparte aquí unas reflexiones en torno a la escucha, la soledad y la necesidad de compañía. Colaboro con algunas publicaciones online centradas en el feminismo y la diversidad, y escribo regularmente en un blog propio sobre cuerpos, sexualidad, vivencias, precariedad…

Estudié muchas cosas, pero la que más me impactó fue sin duda el feminismo (los feminismos), que cambiaron para siempre mi escritura y me ayudaron a encontrar mi voz.

El enlace a mi blog personal: https://ursulauniverso.blog

y a mi perfil de instagram: https://www.instagram.com, donde hay algunas fotos donde aparezco yo misma.

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