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Entrevista con Majo de Lara sobre identidad trans no binaria, feminismos, heridas y alianzas.

Entrevista con Majo de Lara sobre identidad trans no binaria, feminismos, heridas y alianzas.

Entrevista por Georgina González

Majo de Lara es una persona trans no binaria. Hace unos años participó en acciones activistas en el espacio público de la Ciudad de México. Ahora su potencia política se sitúa en su actuar cotidiano, en la construcción de afectos, en el fomento de diálogos.

“Todavía tengo esperanza de encontrar un lugar habitable, amoroso, potente y reflexivo dentro del feminismo para mí, para mi cuerpo trans no binarie que ocupa la masculinidad y la feminidad con una historia y un contexto muy particular”. 

¿Cómo fue el primer diálogo entre tu identidad de género y los feminismos?

Desde la prepa empecé a cuestionar mi orientación sexual y a la par vino un cuestionamiento de si soy o no soy trans. Ese cuestionamiento no me lo pude resolver hasta mediados de la universidad y un seminario de Judith Butler me permitió medio entender que esto que experimentaba y vivía no era producto de mi cabeza sino que hay toda una serie de reflexiones y teorizaciones al respecto. 

Asumirme trans vino a la par de mis aproximaciones a la teoría y a la praxis feminista. Y un poco mi transición se vio pausada por ese acercamiento. Era un espacio donde yo me sentía cobijade, pero me sentía cobijade a partir de las experiencias de vivir en un cuerpo feminizado al que le asignaron la categoría mujer. Y a partir de esa intersección de experiencias compartidas fue que encontré cobijo donde ya me respondía ser no binarie. 

¿Qué importancia tuvo esa relación con los feminismos en tu transición?

Ha sido un viaje sin rumbo y sin fin, aunque suene trillado. A veces se siente como saltar al vacío y que aunque estés saltando al vacío sientes que es tu lugar. 

El decidir transicionar socialmente hacia donde estoy fue a la par y acompañade de una aproximación a textos y saberes feministas. Esa tacha explotó en el momento en el que el feminismo llegó y en ese sentido me siento super privilegiade porque creo que mi transición y mi construcción de identidad ha estado bañada de todas estas reflexiones, deconstrucciones y convicciones.

Pero sé que (a través del feminismo) no es la única manera de transicionar. Esa fue mi historia y a mí me ofreció un montón de herramientas que no solo obtienes a partir de esos círculos. 

O sea, las reflexiones feministas son necesarias pero ahora llego a un punto donde me cuestiono mucho acerca de, a qué llamamos feminismo. Aunque feminismos hay muchos y esa es la respuesta que siempre me regreso cada que cuestiono si lo que hago, pienso, y desde dónde vivo es feminista o no, me digo, pues es que hay muchos feminismos. 

Pero mi transición no habría sido la misma si no hubiera tenido los feminismos ahí y si no hubiera tenido redes feministas alrededor. De no haber sido así mi transición habría sido súper diferente y posiblemente encasillada más en lo binario y en encajar en ciertas normas sociales cooptadas por el sistema hegemónico heterosexual y cisgénero. Y tal vez también por la blanquitud. 

¿Con quiénes has tejido alianzas? 

En 2017 los conversatorios que armamos con la Colectiva Nadie sirvieron para socializar ciertas cuestiones identitarias y para eso nos ayudaron morras que siempre se identificaron como morras lesbianas. Esas alianzas eran súper chidas. Y el espíritu que rondaba en la colectiva, nuestro actuar, era en esas intersecciones donde además teníamos bien claro que partíamos de lugares bien distintos. 

Ahí entendí no nada más qué onda con el transfeminismo sino la intersección de varios feminismos; que puede existir y existe un diálogo entre diversos feminismos y entre cuerpos y experiencias que distan mucho entre sí. En ese momento mis esperanzas estaban más prendidas porque lo vivía. Vivía estos espacios seguros en los que podía estar con otros cuerpos que no compartían todas las experiencias conmigo, obviamente. Y habían afectos y cuidados. Y nos cuidábamos entre nosotres. 

¿En dónde están situadas hoy tus esperanzas y tus alianzas? ¿Cómo te sientes en relación a tus acercamientos con las redes feministas en contraste con la olas y discursos violentos que vienen de mujeres que se asumen feministas?

Por ahí del 2016 ya veíamos venir una ola fuerte de fascismo en México con la marcha del Frente Nacional por la Familia. Eso fue como un golpe en la cara de la realidad fascista que cohabitaba la ciudad. Viví con compas trans, maricas, lesbianas esa marcha, fue un día muy potente para los ánimos y muy potente para darnos cuenta de la urgencia de alianzas. 

Y ahora, a lo largo de estos cuatro años veo mutar y hacerse más complejo eso porque ya no nada más es el enemigo de allá afuera: ultraderechas, hombres cis fascsitas. Sino es ver cómo van mutando y colándose estos discursos que en realidad son añejos, son discusiones que se venían dando pero ahora cobran vida como zombies que están adentro y están a lado de nosotres. 

Y sé que las alianzas son posibles entre los feminismos. Por ejemplo, en 2017 en la marcha del 8M en las asambleas de organización con ciertos grupos feministas surgieron estas discusiones de si incluir o no a los cuerpos no binarios. Y lo recuerdo y eran discusiones muy genuinas que venían de temores muy profundos de la banda feminista de gente que violentara en los espacios que consideraban seguros y de lucha. Porque lo que implica para muchas, un macho es alguien que violenta, que no cuida, que destruye, que ejerce violencia sobre otros cuerpos. 

Y creo que los machos, no sé si se colaron o mutaron y… no quiero decir macho como tal pero, esa parte del concepto mutó para transformarse en algo que no es macho ya, sino es otra cosa… banda que excluye, banda que lucha para quitar derechos. 

¿Cómo te sientes con el feminismo hoy?

Después de vivir estas experiencias, de ver en primera persona cómo se han modificado los espacios y las alianzas, veo a mi feminismo lastimado, herido. No como víctima sino como parte de un proceso donde esto nos obliga a seguir reflexionando, construyendo y mutando. 

Me cuestiono dónde colocarlo. Sé que ese feminismo del que yo venía o donde yo practicaba ya no es. Las cosas han mutado tanto que, las respuestas que encontré hace siete años no son las respuestas que necesito ahorita para las problemáticas y los sentipensares en los que me encuentro hoy. Y siento que los feminismos todavía tienen que aportar a mi experiencia y reflexiones. Pero no solo eso, creo que los cuerpos que viven cosas similares a las mías también tienen mucho que aportar a los feminismos. 

¿Cómo crees que pueden ampliarse las reflexiones en los feminismos? 

Creo que diversificando las experiencias a partir de otras vidas y otras potencias. Nos encontramos en este momento histórico, donde si bien ya circulaban reflexiones en torno a los cuerpos trans, ahora están adoptando una visibilidad muy grande por múltiples razones. Tal vez porque las alianzas fueron orgánicas pero siento que tenían los ojos cerrados durante el proceso y que cuando los abrieron se dieron cuenta que estábamos ahí, las urgencias hicieron que, cuando miraran, estábamos ahí. 

Y las pequeñeces, que no son pequeñeces, al momento de hacer alianzas, no son esenciales, no tendrían que ocupar tanto espacio en la discusión.  

¿A qué te refieres con pequeñeces? 

A las experiencias desde las cuales tú consideras que puedes encontrar un lugar dentro de los feminismos y de repente te das cuenta que no. Pienso en los momento en los que dejé en segundo plano mi cuestión identitaria con temas relacionados al aborto. Estuve en acciones a lado de morras cis que, tal vez no les pasa por su cabeza la experiencia trans, y que yo la tengo presente pero no fue el eje rector para mi participación en ese espacio. 

Encontré una alianza ahí porque para mí el tema del aborto implica que estamos luchando por decidir sobre nuestros propios cuerpos que también comparto desde mi corporalidad con vulva y sistema reproductor, pero no es la única. La lucha de decidir sobre mi propio cuerpo atraviesa cosas que a ellas también, desde el acoso en las calles hasta la violencia del sistema médico, de la violencia obstétrica hasta la violencia desde la psiquiatría. Y ahí yo encuentro una grieta, una puerta para una alianza porque existe ese fin en común. 

Y creo que nosotres (les trans) lo tenemos claro en el sentido de que el punto es luchar contra el control sobre nuestros cuerpos del Estado, del patriarcado, de lo que sea sobre nuestros cuerpos. No me hace ningún ruido que estas otras luchas trans tengan cabida aquí (en el feminismo). 

Para mí ese no ruido, esa sintonía que proyecto en el actuar desde una alianza de mujeres cis con personas trans es evidente. Y creo que a mí y a otras personas nos resulta una terquedad o necedad intentar hacer de eso un tema fundamental en el actuar feminista. Pero para otras personas no lo es. Para las mujeres cis que han luchado por sus espacios, por visibilidad, entiendo que se sientan amenazadas por una experiencia ajena que viene a compartir los espacios con ellas y que para su forma de ver el mundo o el actuar político es una invasión a sus espacios, porque generalmente esa es la conclusión a la que llegan, «están invadiendo nuestros espacios». 

¿Por qué eso es esencial si contra lo que estamos luchando es más grande? En relación me parece una pequeñes, pero desde nuestras experiencias trans y sus experiencias cis, viene a llamar y a hacer eco de un montón de heridas. Y ahí es cuando se complejiza todo. Y hay quienes de ese dolor sacan acciones muy potentes, desde la rabia, las heridas, la tristeza. 

¿Cómo reparas tus heridas y con quiénes te encuentras para sanar?

Decidí tomar distancia porque el costo emocional es muy alto. Une se nombra feminista sobre todo desde la propia experiencia y es desde esas propias experiencias que nuestra emocionalidad está ahí y cuando surge algo que pone en cuestión o que ataca esas experiencias o esa pertenencia no sé si seguir nombrándome feminista, tampoco sé si sigo teniendo cabida en los feminismos. Trato de no aferrarme a eso porque resurgen heridas a partir de ciertos discursos trans excluyentes pero también tengo claro que mi feminismo no está ahí. 

Encuentro un lugar para sanar en lo más inmediato y lo más… cerca del corazón. Con la familia elegida compuesta por banda trans, marica, neurodivergente, racializada que obviamente incluye mujeres. También creando alianzas con personas que quieren modificar el sistema. Ahí he encontrado más potencia y cobijo. Mientras más mutantes sean mis alianzas más enriquecedor se vuelve el golpe hacia eso que queremos destruir. 

Sana el cariño, escucharnos, dejar de buscar cobijos dentro de la norma. Sana poder tener el oído receptivo a otras experiencias, cuerpos y heridas desde la empatía y el cariño. 

¿Qué crees que hace falta en términos de organización política a las personas trans? 

Hacer más visibles las alianzas que las diferencias. No porque las diferencias no estén ahí, no porque las diferencias no haya que cuestionarlas y no porque estas violencias no haya que combatirlas. 

Para los ánimos y el actuar político hace falta hacer visibles las alianzas entre mujeres cis y personas trans, y digo personas trans porque incluyo a mujeres, hombres y personas no binarias. Hacerlo puede fortalecer movimientos atravesados por los feminismos sin dejar de tener presente que hay discursos que sí son violentos, que sí hacen daño y no nada más los discursos sino ciertos actuares de exclusión u otros. 

No creo que necesitemos permisos para actuar y reflexionar pero sí una inclusión en el sentido de hacer explícita la alianza. No de «te incluyo porque esto es mío y te agrego» sino porque somos aliades. Hay que llenar más al feminismo de esto: no de inclusiones sino de alianzas. 

¿Vamos en camino o ya estamos en el momento de hacer visibles esas fortalezas?

Creo que vamos para allá, comienzo a ver espacios que explícitamente incluyen. El incluir explícitamente invita a personas que, de no ser explícitamente incluidas, posiblemente pensarían en una probable exclusión. Y eso deja una sensación de estoy pero no estoy.

Y hay diversas potencias en el feminismo y tengo claro que no todas me atraviesan, por lo tanto no puedo tomar la voz desde ahí pero puedo llamarme aliade. Es decir, yo soy una persona trans, mi urgencia está ahí pero no dejo de lado y no quiero dejar de escuchar, no quiero dejar de luchar o aliarme con cuerpos que viven otras opresiones porque es el mismo sistema el que nos oprime… o sea, una persona fascista no discrimina entre personas trans, maricas, cis, una persona con Síndrome de Down y una persona con diagnóstico de esquizofrenia, ese sistema se materializa en los cuerpos, entonces para esas personas fascistas somos la misma basura. 

¿Se puede imaginar una especie de feminismo para todes?

Creo que los feminismos para todes no están, vienen. No hemos llegado a ese punto. Pero a mí no me gustaría buscar un feminismo para todes porque lo homogeniza y la realidad material es todo excepto eso. Está bueno que haya muchos feminismos, está bueno que haya reflexiones situadas desde lugares distintos eso es muy enriquecedor. 

El feminismo es necesario y tiene mucho que ofrecer pero no para todes, exigirle eso al feminismo es muy… o sea, tal vez estamos pretendiendo demasiado. Tal vez algunos feminismos muten para ser otra cosa enriquecida por reflexiones feministas. 

Dentro de mi cabeza situada en esta realidad y este tiempo no se me ocurre una construcción de conocimiento a la que no le sea pertinente un lente o un punto de partida feminista. Eso es algo bueno que le veo al feminismo, suma. Pero en el momento en el que deje de sumar se quedará corto y vendrá algo más, no sé qué, pero será algo más que también sea potente.

Mientras tanto creo que todavía necesitamos a los feminismos. Ojalá llegue un momento en la historia en el que dejemos de necesitarlos y dejemos de tener esta necesidad de llamarnos feministas porque la realidad misma entonces será feminista. Pero de aquí a que pase… una utopía. 

Georgina González (México) Periodista, le interesa escuchar, escribir y contar historias sobre Derechos Humanos, temas LGBT+, género, luchas y resistencias sociales.

Estudió Comunicación en la UNAM y se especializó en Periodismo.

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