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Acompañar la vida. El trabajo de Regina López

texto por Tadeo Cervantes

De Laia, defensora de Santa María Ostula, he aprendido que la lucha es la vida y que la dignidad no se negocia” Regina López 

Esta es una conversación intermitente. Hecha por la espera. Respondida en el punto donde la señal agarra. Entre la distancia. Regina en las comunidades. Yo impotente y urbana. Lánguida en mi cama. Preguntando. Enviando una nota de voz. Ella acompaña. Documenta. Su trabajo es ese. Ella fotografía. Sus fotos son viajes, coberturas, seguimiento a los procesos comunitarios. Documentar, dice ella, es defender la vida, defender una forma de vida. Es preservar una forma otra de habitar, una forma otra de existir.

La lucha para nosotros urbanitas es espasmódica. Un momento que sacude. Una marcha que acontece. Un respiro. Allá, me comenta Regina, es un largo aliento. Un continuum. Son las mujeres que hacen tortillas y transmiten los saberes y cocinan y alimentan el fuego y levantan barricadas y las sostienen y.… son las mujeres. Ahí, no se está y se resiste. Ahí se está resistiendo.

La fotografía para Regina es una intercambio. Un reflexión sobre su propio estar en el mundo. Sobre su posición en el feminismo. Una forma de re-conocerse.

Presentamos en este número de Hysteria retratos de mujeres hechos por Regina en las luchas territoriales de los pueblos originarios.

Cambio de mayordomía en Xayakalan, comunidad nahua fundada en 2009 sobre tierras recuperadas que les habían arrebatado terratenientes junto con el crímen organizado de la región. Santa María Ostula, Michoacán. Junio 2015.
Cucú. San Miguel del Progreso, Juba Wajiin, comunidad Mé Phaá en resistencia a la minería. Montaña de Guerrero. Julio 2014.
Recuperación de territorio ancestral del pueblo wixárika de San Sebatián Teponahuaxtlán, en la frontera entre Jalisco y Nayarit. La comunidad reclama al rededor de 10,000 hectáreas invadidas desde mediados del siglo pasado por ganaderos mediante varios juicios en los tribunales agrarios. Exigen que el derecho histórico del pueblo wixárika sobre su territorio se haga valer.
Laia y su maíz. Parcelas en el territorio recuperado de Xayakalan, Santa María Ostula. Michoacán. Octubre de 2016.

Berta en la playa recuperada de Xayakalan, Santa María Ostula. Michoacán. Febrero 2015.
Acto conmemorativo por los 20 años de la masacre de Acteal. Acteal, Chiapas. Diciembre 2017.
Tercer nombramiento del Cocejo Mayor del gobierno comunal de Cherán K’eri. En el 2011, cuando la comunidad purépecha se levantó en armas, fueron las mujeres las que primero se enfrentaron al crimen organizado que talaba ilegalmente sus bosques, la comunidad se sumó a ellas para defender su territorio. Organizaron fogatas en las calles y ronda comunitaria para cuidarse mutuamente. Después la comunidad echó a los partidos políticos y armó un gobierno comunal.
Mujeres en la barricada. Costa michoacana. Julio 2014.
Tercias Compas registrando el Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan en el Caracol de Morelia, Chiapas. Marzo 2018.
Torneo de futbol en el Primer Encuentro Internacional, Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan en el Caracol de Morelia, Chiapas. Marzo 2018.
Preparativos de la fiesta del segundo aniversario de autonomía del Ejido de Tila, comunidad ch’ol en Chiapas. Diciembre 2017.
Doña Güera y sus nacatamales, platillo para el día de muertos. Guerrera purépecha, de la comunidad de Cherán K’eri. Ella fue una de las mujeres que se enfrentaron al crímen organizado para defender su territorio. Falleció en 2017 a causa de cáncer de mama. Noviembre 2014.
Cocina comunitaria de Cherato, Los Reyes, Michoacán. Comunidad purépecha en defensa de su territorio ante la amenaza del crímen organizado. Junio 2013.
Huapango de los santos inocentes, realizado por el colectivo Aaltepe cada 28 de diciembre en Acayucan Veracrúz. Diciembre 2015.
«aquí está la lucecita que nos dieron. Segundo Encuentro de Mujeres que luchan en San Juan Volador, Veracrúz, convocado por compañeras del CNI y el CIG.
Mujeres al frente. Asamblea nocturna de Cherato, Los Reyes, Michoacán. Comunidad purépecha en defensa de su territorio ante la amenaza del crímen organizado. Junio 2013.

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Regina López es fotógrafa y videodocumentalista. Participa en diversos espacios colectivos, dando acompañamiento a proyectos de comunicación comunitaria y documentando procesos organizativos en comunidades indígenas. También ha colaborado en proyectos de investigación curatorial y mapeo. Es integrante de la Agencia Autónoma de Comunicación SubVersiones.

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Historias de la frontera. Alejandra Aragón en entrevista

por Tadeo Cervantes

Alejandra Aragón es una artista visual, fotógrafa, documentalista y activista oriunda de Ciudad Juárez, Chihuahua, una ciudad ubicada en la frontera norte de México, tristemente famosa por los casos de feminicidio que se han registrado desde principios de los 90 hasta la fecha, y es desde ahí que Alejandra narra diferentes aspectos que atraviesan la vida cotidiana de las mujeres en ese territorio lleno de violencias, pugnas y complejidades.

Estamos muy contentxs de haber podido conversar con ella sobre su obra y la manera en la que a través de la misma esta pensando este territorio y los cuerpos que lo habitan.

Tadeo Cervantes.- En el siglo XIX la pintura del paisaje fue una estrategia para poder dimensionar eso que es el territorio en un estado-nación en formación ¿Encuentras alguna relación entre esta estrategia y tu trabajo documental? ¿Encuentras algún paralelismo entre eso y un territorio que hay que re-estructurar?

Alejandra Aragón. Definitivamente el territorio debe re-distribuirse y por ende re-estructurarse. En el periodo del que hablas el paisaje fue usado como una herramienta directa para afirmar la “dueñidad”, la propiedad, el poder, el triunfo de la tecnología sobre la naturaleza y la dominación de la tierra. No sé si estoy intencionalmente re-configurando, porque me separan más de cien años de ese tiempo y muchas cosas pasaron en el siglo XX y los últimos años con respecto al uso del paisaje particularmente en la fotografía, pero si busco cuestionar esos paradigmas y mostrar sus repercusiones históricas. Que lo que me ocurre a mí, a nuestros cuerpos, al paisaje, a la ciudad, al país, no son particularidades, son el resultado directo de la precarización de la vida y la cultura que trajo consigo la eterna promesa del progreso moderno/capitalista.

fotografía de Alejandra Aragón

T. C.- En tu obra “Las Noches Invisibles” muestras esta complejidad entre las mujeres que trabajan de noche y las estrategias para hacerse de un territorio, ¿podrías hablarnos de eso?

A. A.- El proyecto Las Noches Invisibles (2016) tiene dos momentos. En el primero lo que deseaba era acercarme a las atmósferas, a como desde mi experiencia percibía estos espacios que mucho de ellos se hablaba pero pocas veces habían sido representados. Aunque ya desde mi escuela se venían explorando de otras maneras. Como en el trabajo pedagógico/relacional de Gracia E. Chávez. Lo que resultó es un mosaico de viñetas de la vida nocturna, en donde las mujeres estamos presentes. Y ojo, no todas las mujeres retratadas son trabajadoras sexuales, muchas son solo mujeres en una noche de copas con amigas. Me basé en una investigación de Jorge Balderas Domínguez que asevera que: “el problema es realmente entender la vida de los juarenses, entender la vida de las mujeres juarenses, entender que [tenemos] derecho a la vida”. Habitar la noche es algo a lo que tenemos derecho en una ciudad en la que el trabajo industrial capitalista consume el tiempo, “el bar es un lugar donde triunfa la identidad”, donde afirmamos nuestra humanidad y nuestros vínculos. Porque, si bien son espacios donde se reproduce violencia y traen arrastrando fuertes estigmas, yo quería hablar de como la habitamos nosotras, en ese sentido, si, como nos apropiamos de esos territorios.

Documentación de instalación del proyecto “Las Calles de la Vergüenza” (2014) en El Hotel Bombín, proyecto artístico/pedagógic de Gracia Emelia Chávez, profesora investigadora del Departamento de Arte de la UACJ.
De la serie de fotografía documental “Las Noches Invisibles” (2016)

En un segundo momento exploro los estigmas. No podía retratar la vida nocturna solo como un caleidoscopio de atmosferas coloridas y rostros apacibles, necesitaba internarme en la historia que había construido el estigma, y entender los mitos del pasado glamouroso siempre añorado por esta nostálgica ciudad. Así que hice un documental sobre Brenda y Cristina, ambas dedicadas al trabajo nocturno en dos momentos de la historia de Ciudad Juárez. Los relatos de ambas desdoblan esa realidad, y lo que develan es que la vida nocturna recae sobre los cuerpos de las mujeres, y que hubo actos muy específicos, decisiones que vinieron desde la esfera del poder que precarizaron la vida de las mujeres que trabajaban la noche. Antes del auge de la maquiladora en Juárez, el trabajo nocturno estaba sindicalizado y protegido. Ante el giro económico hacia el sector industrial empresarios expulsaron a las trabajadoras sindicalizadas y trajeron mujeres de otras partes de México. Hay un vínculo muy directo entre la historia de la violencia contra las mujeres, la trata y las estrategias de convertir a la ciudad en proveedora de mano de obra barata. Una vez más, ante el supuesto afán de progreso.

Del archivo de Doña Cristina Hernández López en la década del 70
Brenda en un still del documental “Las Noches Invisibles, (2016)

T. C.- Hay una forma interesante de cómo ligas un archivo personal que al mismo tiempo está resonando con la política presente. Y como la memoria del pasado construye un espectro de los acontecimientos presentes. Nos podrías comentar sobre esas relaciones entre las imágenes personales y lo político.

A. A.- No sé a cuál proyecto en particular te refieres. Pero te puedo contar del mas resiente, “Vine a la Pinta porque me dijeron que acá vivía mi padre…” (en proceso).

de la serie “Vine a la Pinta porque me dijeron que acá vivía mi padre…”

Es importante para mí hablar de como nuestras circunstancias no vienen de meras condiciones individuales, sino que existe una causalidad histórica y estructural. Mi intención con el proyecto es entretejer los vínculos que existen entre el constructo de la masculinidad hegemónica y la violencia que atañe al país. Esta no es idea mía, parto de las propuestas de Sayak Valencia y Rita Segato. Para mí, el abandono de mi padre, de mi abuelo, de los pueblos de la sierra de Chihuahua hoy a merced de supuestos grupos del narcotráfico son fenómenos consecuencia de una masculinidad afirmando sus potencias en un contexto capitalista.

Mi padre es una figura ausente que tuvo muchxs hijxs dentro y fuera de su matrimonio, en un afán de afirmar su potencia sexual, de igual manera que mi abuelo, quien dejó a su familia para afirmar su masculinidad con una mujer más joven ante el frenesí de lo que experimentó al emigrar de su pequeño pueblo, de igual forma que un joven pobre o no, se afirma con su troca cromada, sus armas, narcocorridos al poder acceder a mucho dinero. Y por encima de todo esto, el estado, paternalista, que igualmente abandonó sus eternas promesas, orillando a pueblos enteros a la diáspora para cumplir su agenda neoliberal.

El archivo es una ventana a los signos de esa historia. Usé película infrarroja, tecnología bélica para develar ese espectro invisible en la batalla. Este país está en guerra, y la guerra es un acto de afirmación masculina por medio de la dominación del territorio. Estoy en el proceso del ampliar el proyecto para hablar un poco más a profundidad de los proyectos extractivistas de estas regiones de la sierra de Chihuahua, pues es lo que parece ser la motivación principal del fenómeno del narco y las repercusiones de esta realidad en las familias que emigraron a Estados Unidos.

T. C.- Existe una relación compleja entre quien documenta y lo documentado, entre quien representa y lo representado, incluso re-presentar, cómo lidias con estas tensiones, qué estrategias utilizas.

A. A.- Estoy definitivamente de acuerdo con esto que mencionas. Ha sido justo una de mis preocupaciones y lo que me desvió un poco de la práctica meramente documental, aunque no del todo. Para mí es una condición intrínseca de la fotografía documental, ya que en el proceso del registro de la vida o los eventos en donde los otros son actores el acto de fotografiar los objetiva. Esto es así porque lo convierte en imagen, que se puede reproducir, vender, etc. Pero trato de no caer en el debate pueril que circula mucho especialmente en el mundo del arte contemporáneo de si debemos o no descartar la
práctica documental, porque ese proceso de objetivación se da en muchas otras prácticas del arte.

Existen eventos en la vida social que tienen que ser documentados, que debe de quedar registro de que esto o aquello ocurrió. Es válido. Lo que si creo es que hace falta que ese gremio se cuestioné mucho más la capitalización de las imágenes y la forma como se relacionan con los sujetos. Porque, para bien o para mal, para vivir de esta profesión, existe un mercado sumamente enfocado a la práctica documental. Acabo de ir a un encuentro de fotógrafas latinoamericanas en Ecuador, y fue sumamente interesante ver las estrategias que las mujeres están llevando a cabo para cuestionar esta relación de formas super creativas, como el trabajo auto representativo de Elizabeth Farinango, ecuatoriana de origen Kichwa.
En lo personal esa reflexión la he estado planteado desde varios proyectos: Autorretrato Premonitorio (2017), Canibalismos de la Mirada (2018) , Paisajes Paralelos (en proceso) y más recientemente en Los Muros no son para Siempre (2019), estos últimos tres proyectos colectivos.

de la serie «Autorretrato Premonitorio» (2017)

Te cuento el caso particular de Autorretrato Premonitorio, el cual consideró una respuesta a las formas en las que se ha representado la vida de las mujeres de Ciudad Juárez generalmente de modo documental. Para mi era de suma importancia encontrar una forma de hablar de como fue crecer en una ciudad en la que desde pequeñas aprendimos que en cualquier momento nos podían desaparecer o matar, pero sin revictimizar, sin caer en el lugar común de retratar el cuerpo de otras mujeres. Me pregunté ¿por qué seguir depositando sobre nuestros cuerpos la carga simbólica de la violencia en Ciudad Juárez?

Entonces empecé a entrevistar amigas, a jugar con mapas de mi experiencia creciendo en la ciudad, a hacer derivas buscando signos de mi feminidad, y resultaron estas imágenes de baños de una secundaria donde las chicas se siguen diciendo putas como me lo decían a mí, de una papelería, de un mural de Blanca Nieves en una tapia. Me di cuenta de que entre el territorio y mi memoria se podía condensar mi identidad y mi experiencia como mujer. Mi memoria estaba llena de imágenes y sensaciones de la televisión y música de los 90’s, que fue justo el momento cuando los feminicidios
empezaron a ocupar el imaginario mediático.

Autorretrato Premonitorio (2017)

Además por esos días estaba leyendo a Marguerite Duras y Elena Garro. Duras tiene un texto bien bonito en su novela de El Amante en donde crea un bucle de tiempo interesante: ella en su vejez recurre a su memoria para situarse en el lugar de la niña que fue, viendo desde el pasado su futuro, para darse cuenta de que lo había presentido, lo había adivinado. Y así me sentí yo, como esa niña que sabia que su futuro estaba escrito por haber nacido en una ciudad como Juárez. De Garro retomo la idea de que la violencia anula el tiempo. De ahí viene la idea del fotograma. Detener el tiempo ya que el trauma y la violencia detienen la vida, anulan el futuro.

Antes mi idea era un tanto ingenua, quería dar una solución a este problema de la representación. Pero pues ya no pretendo dar respuestas, solo resultó que en esta particular experiencia el territorio toma el lugar del cuerpo, y las imágenes mediáticas el lugar de la memoria. Y ahí estoy yo, y espero se puedan encontrar otras como yo.

T. C.- ¿Qué papel juega lo urbano y lo territorial en tu trabajo, en una Ciudad como Juárez, donde la violencia desfragmentó la habitabilidad?

A. A.- Pues creo que justo a esta pregunta intenta dar respuesta el proyecto “Los Muros no son para Siempre” un trabajo colectivo que llevé a cabo con las artistas también juarenses, Maire Reyes, Nayeli Hernández, Iris Díaz, Ana Iram, Paloma Galavíz, Marcia Santos y una participación a distancia de Olga Guerra, una artista de Juárez que vive en Uruguay.

Ilustración de Nayeli Hernández

En el marco del 2do Encuentro Internacional de Objetos y Muros convocado por Tlaxcala 3, el día 13 de octubre del 2019, llevamos a cabo una serie de acciones de las cuales surgieron objetos, imágenes, ilustraciones y textos testimoniales. Recorrimos Ciudad Juárez desde uno de los extremos al sur donde vive Maire, pasando por los territorios que cada una habitamos en nuestra cotidianidad. Llegamos hasta el Puente Internacional Santa Fe por el cual cruzamos la frontera hacia El Paso Tx. y visitamos el barrio de Iris al otro lado, mientras Nayeli tuvo que esperarnos del lado mexicano por no tener documentación migratoria. Olga participó durante el proceso vía internet, en un intento de acercarnos ante la distancia que la separa de su natal ciudad.

El proyecto habla de como la ciudad entera es un muro de contención, y como las distintas fronteras que limitan el territorio han determinado nuestra identidad y repercutido sobre nuestros cuerpos. Justo da respuesta a como es que logramos habitar esta ciudad, a pesar de sus condiciones, y como nos afecta a las mujeres esa realidad.

Este es un link donde pueden ver todos los detalles del proyecto que es muy amplio y desemboca en un fanzine: https://cargocollective.com/alejandraaragon/Los-muros-no-son-para-siempre

T. C.- En parte de tu trabajo apuestas por la vitalidad por mostrar, como en Noches Invisibles y Cuéntanos de la Cuesta, aquellas personas, sobre todo mujeres, que resisten a pesar de lo agreste, nos podrías comentar un poco sobre eso.

A. A.- Si, me interesa mostrarnos como fuertes y resistentes, pero tampoco quiero romantizar la resistencia. Justo he estado reflexionando sobre la noción de “resiliencia” que se ha generado desde lugares como Juárez. La realidad es que es exhaustivo. A veces me parece que ese discurso propicia la noción de que vamos a resistirlo todo, siempre. Las identidades marginalizadas siempre han resistido. Pero también es válido no hacerlo. Irse, buscar lugares mas dignos para vivir. A veces parece que la miseria se ha capitalizado a tal punto de que, es justo desde esa condición que el arte y la cultura se sostienen. A Juárez me obsesiona entenderlo, hacer sentido de la realidad que se vive aquí. Porque para
bien o para mal Juárez se ha convertido en una categoría. Y no reniego de eso que me tocó vivir, soy de aquí, no podía ignorar mi realidad, pero estoy en un proceso donde me estoy replanteando muchas cosas.

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Alejandra Aragón es originaria de Ciudad Juárez, es Licenciada en Artes Visuales y Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Obtuvo la Beca PECDA en el 2011. Fue parte del Seminario de Producción Fotográfica del Centro de la Imagen en el 2017. Entre el 2013 y 2018 ha participado en varias exposiciones colectivas entre ellas en el Museo de Arte Moderno de Toluca, Hidalgo, Centro de la Imagen de la Cd. De México, en la Fototeca de Zacatecas, el Centro Cultural Tijuana en B.C. Fue parte del festival de documentales Ambulante y del Festival Monat der Fotografie-OFF Berlin en el 2018. Actualmente es becaria de programa Jóvenes Creadores del FONCA 2018-2019.

IG: aleprendelaluz
Página: https://cargocollective.com/alejandraaragon

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Caminando por la orilla: Reflexiones en torno al trabajo de la fotógrafa y activista Sonia Madrigal

Por Marisol Maza

Desde hace varios años México atraviesa una fuerte crisis de violencia de género, colocándose como uno de los países mas peligrosos del mundo para las mujeres y niñas. En la actualidad diariamente son asesinadas en promedio 10 mujeres, cifra que va en aumento cada año.

Si bien, esta es una situación generalizada en el país, tomando en cuenta las estadísticas, sí podemos hablar del territorio como un condicionante para la violencia.

Los espacios tanto públicos como privados, al ser punto de encuentro y socialización, y por lo tanto, de relaciones de poder y privilegio, están lejos de ser neutros; por el contrario, son los entornos donde se llevan a cabo múltiples violencias y exclusiones.

de la serie "La Muerte Sale por el Oriente"
de la serie «La Muerte Sale por el Oriente»

¿Qué queda fuera cuando nos referimos a lo periférico? fuera de foco, fuera de vista.

Sonia Madrigal es una artista que trabaja en varios sentidos desde “las afueras” y su trabajo nos lleva a preguntarnos cómo nuestras relaciones con los espacios y la sociedad están determinadas por nuestro entorno físico. Salir del centro, significa también mover nuestro punto de enfoque, hablar desde múltiples realidades, desde los márgenes de la periferia.

La dualidad Centro vs Periferia estructura la organización territorial de ciertos sistemas político-económicos; en el caso urbano, del desplazamiento de la pobreza hacia las afueras y una violencia sistemática contra esta población periférica en general; violencia doblemente ejercida sobre los cuerpos femeninos.

En todas las grandes ciudades, como es el caso de la Ciudad de México, no puede hablarse de un solo centro, sino de muchos puntos céntricos; relacionados a puntos económicos, rodeados por cinturones periféricos donde habitan lxs trabajadores de base que los sostienen: sitios de alta densidad poblacional, con muy bajos ingresos, oferta educativa escasa o nula, sistemas de transporte público y viás de acceso deficientes; todo esto, como condiciones agravantes para una de por si, sociedad con una crisis de violencia machista generalizada.

¿Qué significa como mujer crecer y vivir en uno de los municipios mas violentos del Estado de México y con mayores índices de violencia de género?

Habitar es también apropiarse del territorio como extensión del cuerpo, y en este caso transitar se ha convertido en romper el sometimiento de los cuerpos contenidos por el miedo, la resistencia diaria a conservar nuestro mínimo derecho a estar presentes; a seguir vivas.

El registro fotográfico que hace Sonia en las calles inhóspitas de Ciudad Nezahualcoyotl es el cuerpo de la ciudad marcada, las cruces rosas señalan lugares como cicatrices o mejor dicho como heridas abiertas en espera de justicia. En este momento, a pesar de los intentos por hacerla callar, es ya cada vez mas imposible la concepción de una ciudad pulcra y muda, sin referencia a lo que ocurre diariamente. Las ciudades son espacios vivos, son el cuerpo físico de esta sociedad, y lo son también las calles intervenidas con cruces rosas, con vidrios rotos, con pintas y murales.

Las representaciones y las narrativas de la ciudad están cambiando, son también las cartografías donde nuestras referencias territoriales son las otras huellas y las otras marcas y los relatos de las madres y las hermanas por seguirlas nombrando y por contar sus historias.

El trabajo de intervención de Sonia nos devuelve la mirada en busca de empatía, sus siluetas son los cuerpos de las que faltan, y la resistencia por seguir de pie, para seguir estando presentes, caminando por los bordes y llenando los espacios vacíos.

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Marisol Maza (México, D.F) Artista Visual. Trabaja con fotografía e intervenciones al espacio público. Su trabajo se ha presentado en varias ocasiones en México y el extranjero. Actualmente trabaja en el proyecto Cartografías Temporales que consiste en intervenciones a partir del mapeo de las ocupaciones temporales en espacios urbanos.

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Editorial #31 «Cuerpos / Territorios»

Arte en portada por Alejandra Aragón y Sonia Madrigal
Arte en portada por Alejandra Aragón y Sonia Madrigal

Entre las corporalidades y territorialidades hay una relación que lo que pone en juego es la manera de cómo habitar el mundo, de cómo estar juntxs y al mismo tiempos sólos y poblados, repletos de cuerpos. De transitar los desiertos, de fluir con el bosque que bufa, gime y se repliega. En Hysteria! Revista nos interesó pensar este tema. Paralelo al número, en el intenso ahora, varios gestos libertarios están aconteciendo en el sur global. Cuya disputa tensa la conjunción que nos atañe ahora, que nos invita a escribir, los cuerpos, y sus arquitecturas, sus espacios, sus pueblos y sus formas de vida.

La política es un fenómeno de arquitecturación y espacialización. Es pensar cómo nos generamos uniones y lazos entre unos y otros, también distancias y separaciones, en cómo nos estructuramos y esa estructura se acuerpa en el espacio. Toma lugar. Se hace de un territorio. Marca. Raya. Deviene una morada. Un estar. Un tránsito que nos sirve de refugio. Las producciones que nos atañen en este número ponen de manifiesto esto: las resistencias de los pueblos indígenas, urbanas, de los cuerpos en sí. De aquellxs sin morada.

Los cuerpos también se conforman por la Arquitectura. Esta los conmina. Les hace circular en determinados espacios. Separa, selecciona, éste pertenece a este campo, éste a otro. Instituye diferencias de clase, raza y género mediante el concreto o la piedra. Busca perdurar, trascender. Quiere los grandes gestos. Nuestra relación con La Arquitectura es complicada, tensa. Nuestros gestos son menores y minoratarios. Atentan contra el prístino paisaje urbano. Irrumpen más que instauran. Marcan. Es un rayón en un muro. Okupa. Es contingente, perene. Se sobrepone a lo existente. Es la barricada que toma la calle. Es la marca en una protesta donde se reclama el cuerpo propio. Es la fisura en la cárcel.

Pensar en esa relación entre los cuerpos y los territorios es una pregunta sobre una ética del habitar. Es pensar que no tenemos otro mundo y si no tenemos otra forma de vivirlo. Es vivirlo. Es una revuelta contra la ciudad, contra lo urbano y lo metropolitano. Contra todas sus políticas de buena conciencia, ciudadanas, es decir policiacas. Es una tensión contra el embellecimiento, esa belleza que desecha lo considerado sucio, pobre, feo, arruinado. Nuestras arquitecturas son manchas, cuerpos indeseables que cuestionan lo público del espacio.

Con este número les invitamos a levantar refugios, moradas y barricadas. Espero que lo disfruten.

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Editor invitado: Tadeo Cervantes Unicornio marginal, princesa caramelo, pasivista no de a pie de a culo, 21 veces primavera. La vorágine, la imposibilidad de ser Tadeo Cervantes. Normal por imposición, más anormal por convicción.

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Artistas en portada:

Sonia Madrigal vive y trabaja en Nezahualcóyotl (Estado de México). Su obra explora distintas narrativas visuales para reflexionar, de manera personal y colectiva, en torno al cuerpo, la violencia y el territorio, enfocándose principalmente en el Oriente de la Zona Metropolitana de la Ciudad de México.

http://soniamadrigal.com/

Instagram: https://www.instagram.com/sonicarol/

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Alejandra Aragón vive y trabaja en Ciudad Juárez ( Chihuahua). Mi trabajo fotográfico, audiovisual y de recuperación de imágenes de archivos propone un acercamiento a las distintas complejidades de la ciudad en la que habito. Desde lo personal y colectivo, lo documental y lo sensible, exploro los vínculos entre violencia, memoria, vida nocturna, así como testimonios de mujeres. Con esto intento representar aquello que constituye el imaginario y la diversidad de identidades de esta región fronteriza.

Instagram: https://www.instagram.com/aleprendelaluz/

https://cargocollective.com/alejandraaragon

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Este número fue editado con el apoyo de

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Ecos del Desierto: documental interactivo sobre los feminicidios en Ciudad Juárez

«Desgraciadamente mi’ja se me convirtió en un archivo, y no en un archivo muerto, sino en un archivo vivo”    – Paula Flores Bonilla, madre de Ma. Sagrario González Flores. 2016

Ecos del Desierto es un documental interactivo multimedia que surge como iniciativa del Centro para el Desarrollo Integral de la Mujer, con el objetivo de visibilizar el aporte de las madres de víctimas de feminicidio en la denuncia de la violencia de género y a favor de los derechos de las mujeres, mientras han pugnado por la justicia para sus hijas y el esclarecimiento de su desaparición y feminicidio.
También fue hecho para reconocer y agradecer el trabajo de defensa de los derechos de las niñas y de las mujeres que realizan las madres de víctimas de feminicidio al igual que las madres con hijas desaparecidas en Ciudad Juárez, quienes a partir del peor día de sus vidas sacaron fuerza para salir a exigir justicia y respeto a los derechos de sus hijas.

La plataforma web ubica en una línea de tiempo 8 casos de feminicidio sucedidos en Ciudad Juárez entre 1995 y 2013 y sobre cada caso han hecho un corto documental, en el que partiendo del testimonio de las madres, podemos adentrarnos a conocer un poco sobre quienes fueron sus hijas, y la lucha que han emprendido para buscar justicia para ellas.

En la página también podemos consultar un archivo de ligas de interés para poder profundizar en la investigación sobre el fenómeno del feminicidio en México, información general sobre cada caso y fotografías de las víctimas y sus familias.

Con agradecimiento, admiración y gran cariño para:

Ramona Morales, Soledad Aguilar, Nidia Lee, Paula Flores, Josefina González, Irma Monreal, Benita Monárrez, Julia Caldera, Juanita Rodríguez, Catita González, Esther Arizmendiz, Irma Pérez, Bertha Márquez.

Pioneras en la lucha contra la impunidad de los feminicidios.

Ir a página del proyecto:
ecosdeldesierto.org

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Créditos
Producción: Centro para el Desarrollo Integral de la Mujer, A.C.
Dirección y fotografía: Alejandra Aragón
Edición: Marcelo Murillo y Alejandra Aragón
Auxiliares de edición: Jesús Cazares y Jesús Ramón Quezada
Ilustraciones en El Campo de Algodón:  Mabel Weber
Diseño web: Rubén García Monroy
Desarrollo web: BluePanda
Música: Bruja Lucha de Macorine Folk y Calle y OneStep Records
Fotografía fija: Itzel Aguilera y Alejandra Aragón
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Nuestra vida pende de un hilo – Performance de Yolanda Benalba

Berta Cáceres, activista ecologista por los derechos humanos y coordinadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), fue asesinada en la puerta de su casa el 3 de Marzo de 2016.
En la última entrevista que realizó para el periódico italiano Il Manifesto declaró ‘nuestra vida pende de un hilo’ refiriéndose a cómo acechaban a los activistas hondureños tanto el Estado como empresas extranjeras encargadas de megaproyectos en el territorio.

En 2018 la artista Yolanda Benalba realizó en la ciudad de Tegucigalpa, Honduras el recorrido Nuestra vida pende de un hilo en el que caminó desde la Corte Suprema de Justicia hasta el Centro Cultural de España, en donde desplegó el textil (que a modo de bandera fallida y lona de manifestación inactiva) quedó colgando de un extremo y tirado en el suelo de la calle durante la semana del encuentro.

still de vídeo. Ever Rodas

╳ Performance presentado en el marco de El Cuerpo y la Ciudad. X Festival de Performance, Centro Cultural de España, Tegucigalpa. (Honduras). Comisariado por César Manzanares 2018.

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Pesa más la rabia que el cemento

por Azul Taboada

  1. «Weeeeeey noooooo…»

Tiro por viaje toca leer a gente, ciudadanxs ampliamente conocedorxs de las Bellas Artes y ávidxs practicantes del civismo, quejarse de sus preciosísimos monumentos y edificios ultrajados durante equis marcha; no es cuento nuevo que la gente condene los daños a los baluartes nacionales. Tiro por viaje toca leer bromas como que el maldito monumento es opresor, e igual y directamente no lo es, pero definitivamente sí son una representación de las fuerzas estatales, patriarcales, y coloniales.

Y tiro por viaje nosotrxs seguimos acá, dando batalla sin pandearnos. Porque final de cuentas, lo que algunxs no alcanzan a ver es que lo verdaderamente significativo no es el monumento, sino absolutamente todo lo demás que sucede a su alrededor.

2. Entonces, primero lo primero: Los monumentos

Sería sumamente ingenuo sostener que los monumentos son solo unas “bellísimas” esculturas que adornan nuestra ciudad con señores a caballo, porque no lo son. Los monumentos existen entre lo político y lo escultórico.

Escultóricamente podemos ir diseccionando sus componentes formales:

  • Su dimensión rebasa la escala humana de manera deliberada, y no sólo eso, sino que además de ser gigantes se encuentran sobre un pedestal o columnas enormes que, literalmente, los hacen superiores a cualquiera de nosotrxs;
  • los materiales de los cuáles están hechos tienden a la tradición hegemónica escultórica: mármol, bronce, baños de oro, …
  • apelan a lo Universal, lo eterno, lo verdadero; éstos sostienen con sus columnas los símbolos de una nación, sus héroes, y valores.

Igual no es difícil deducir que los monumentos son instrumentos institucionales que tienen, como mínimo, la función de modelar los imaginarios histórico-identitarios y de reafirmar el poder estatal a un nivel simbólico dentro del marco de lo cotidiano. Nada es azaroso con los monumentos, namás que ya no lo sentimos.

3. Las “intervenciones”

Ahora sí, a lo que nos truje: “intervenir” monumentos (a falta de un término más exacto), es un acto que seguramente significa cosas diferentes para todxs las que lo hacemos, y mi intención no es ni dar una respuesta absoluta ni una justificación para nuestros actos, sino ir esbozando las implicaciones que eso tiene.

Cuando incidimos con una convicción política sobre un monumento, éste deja de ser una construcción en sí misma, cambia a ser el soporte de la intervención, es decir, que cambia el sentido original de ese monumento y le arrebatamos aunque sea por unos instantes- su poder simbólico.

A pesar de que el tamaño de las construcciones no se reduzca en el plano de lo real, ponernos cara a cara cambia el modo en que lo percibimos; las distancias entre el monumento y una persona ya no parecen tan gigantes. También se observa la contraposición de materiales; el bronce y el cemento contra la pintura en lata, la tela o la diamantina, y resultan más importantes aquellos materiales efímeros, “comunes”, por el simple hecho de que son más significativos. Sin embargo, yo propondría que lo más importante de intervenir monumentos está en aquello que no deja rastro físico alguno: el encuentro y la complicidad que se forman al llevar a cabo las intervenciones, la euforia y la sensación de disfrute colectivo.

4. Reclamar espacios

Llega a suceder que no es la manifestación la que se desborda, sino que es el desborde el que se manifiesta1, es decir, que el monumento contenido dentro de sí mismo, al intervenido comienza a englobar algo que lo rebasa, que no está formado de un material específico y que no tiene ni técnica ni forma concreta.

Sabemos perfectamente que una estructura no se tira a base de paliacates y spray en lata, pero sí se agrieta. Y esa grieta (simbólica y material2) dota de significado contextual tanto al monumento-soporte como al espacio en el que éste se encuentra: Entonces un cachito de espacio que pareciera ajeno y aséptico porque, claro, ya se han apresurado en limpiar todo para pretender que ahí nunca pasó nada- en realidad contiene varias capas mucho más relevantes para quienes lo podemos percibir; el recuerdo de una situación que nos es mil veces más cercana, y las complicidades que formamos, los gritos, nuestra rabia compartida, la emoción y el goce de estar todxs ahí reunidas, haciendo lo que nos dijeron que no debíamos hacer. Es un espacio que hemos reclamado.

5. Conclusiones: No pares, sigue sigue

Mi apuesta, al poner atención en los encuentros simbólicos que están sucediendo dentro del marco de las protestas políticas, está en ser más conscientes de las relaciones que abrimos tanto entre nosotrxs como con el espacio mismo. No hay que tomar a la ligera las miles de fuerzas que estamos creando, no es gratuita la reivindicación del anonimato, del momento y la potencia colectiva, de señalar las disputas y conflictos que existen en el espacio urbano.

Sigamos buscando otros modos de afectar a los espacios, de reclamarlos, porque así podemos implicarnos con esos territorios que aparecen en el encuentro.

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1 Parafraseando a las compañeras feministas que también reflexionan sobre las manifestaciones en la Ciudad de México (Anónimas, “No vamos a caer en sus provocaciones”. Artillería Inmanente https://artilleriainmanente.noblogs.org/post/2019/08/28/no/?paged=13 )

2 Un saludo a la bandita que salió a limpiar el Hemiciclo a Juárez con thiner y estopa.

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Azul Taboada. Ciudad Monstruo. 1997.

Anarkobruja transfeminista, entusiasta del ¡BUM! (de este perreo intenso) y pasante de la licenciatura en Artes Visuales, FAD, UNAM.

Ha participado en las exposiciones Periplo por el espacio: De lo privado a lo público (2019 Artspace, CdMx), hArto: Feria de arte necio (2018, Bogotá) y Sí, no sé (2017, CdMx).

@visceras_

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#Un Comentario Sobre Las Letras Blancas en CU

por Diego Olmos

Actualmente estoy haciendo mi tesis. Yo estudié Arte y Diseño en la UNAM. Siguiendo la temática de esta edición, estoy escribiendo desde lo académico sobre un territorio y espacio que se reclama en Las Islas desde 2017, las tipografías monumentales, las letras blancas, el monumento o cualquier nombre que le quieran poner, según tu inclinación estética o política, #HechoenCU. No sólo escribo sobre el #HechoenCU sino de sus homólogos Autonomía90, PAZ y AMISTAD, estructuras de lámina negra pintadas de blanco. Estas tipografías en el espacio público ya son frecuentes en nuestros recorridos no sólo en las universidades y en la ciudad, sino también ya las encontramos en los llamados “Pueblos Mágicos”. Estos colosos devienen de estas lógicas del branding que quieren presentar al espacio público urbano, rural y hasta universitario como una marca. Podemos pensar en muchos ejemplos y yo creo que en nuestros recorridos las vemos e incluso percibimos a personas tomándose una foto con ellas. Pero no sólo hablo de lo que representan, sino que hablo de las Letras Blncas intervenidas.

Las letras blancas dieron de que hablar después del 5 de mayo de 2017, ya que fueron rayadas después de una protesta feminista al marco del feminicidio de Lesvy Berlín dentro de la universidad. Esa misma noche estudiantes entusiastas y muy patrimonialistas con estopas y thinner se organizaron para limpiarlas, puesto que, lo que ellos entienden como patrimonio no debería sufrir esas transgresiones.

Ahí empezó el pleito, ahí fue la ruptura. La universidad se partió en tres grupos de estudiantes: los “condeno enérgicamente” los “lo quemaremos todo con todo y orgullo universitario” y los “no me importa”. Este debate ha sido importante en los últimos meses, puesto que piensa en el valor moral de las acciones y las cosas. Curiosamente #HechoenCU tiene un hashtag, porque la utilidad es subir la foto de la cosa o con la cosa a las redes sociales. Así mismo se suben las intervenciones y rayas obedeciendo a la génesis del monumento, llegar del espacio público al espacio virtual. En éste, múltiples conflictos entre usuarios han encontrado lugar: denunciando, compartiendo, reportando, burlándose e incluso hacer todo lo posible para que la documentación de la intervención ya no exista.

Si uno en un rato libre busca en Facebook #HechoenCU encontrará la constelación de imágenes que nos hablan de un momento coyuntural, la universidad idealizada desde el objeto contra la universidad politizada. Sobra decir que los estudiantes no van por la vida rayando cuando quieren, sino que todas estas injerencias se enmarcan en procesos de violencia, Lesvy, Los Porros y Aide, por mencionar algunos.

El coloso blanco se presta como un lienzo blanco de denuncia, ese objeto que quiere desviar la atención es usado para intervenirlo y sacar la lengua contra quienes niegan las violencias dentro de los centros y facultades de la UNAM. Más allá de plataforma, es un espacio de discordia que encuentra salidas estéticas dignas de estudio y replicación. Ya no sólo son grafittis aleatorios, ahora el monumento es utilizado como un banco o fondo de memoria en el que se invocan y convocan nombres de estudiantes, docentes y cualquier miembro de la comunidad víctima de la violencia e impunidad que se vive en este país.

Desde tapar la palabra Hecho con una manta que dice MUERTO para formar #MuertoenCU, llenar de crucifijos el perímetro de la escultura para representar un panteón o incluso desarmar y tirar al espejo de agua la palabra Autonomía, se nos presenta un panorama amplísimo de los lenguajes, vocabularios y gramáticas de la ausencia, de la presencia, del peligro y al mismo tiempo de la revuelta estudiantil contemporánea.

Yo he sido testigo desde los dos espacios, desde el virtual y desde el físico. Ambos espacios encuentran oportunidades de experiencias impactantes, desde ver la recepción de la publicación hasta contemplar cómo un monumento con una retórica establecida, a través de maniobras y estrategias, cambia de sentido impactantemente. El monumento y el espacio que lo contiene ya no tiene una simple función, las intervenciones nos muestran las fragilidades de los territorios.

Las palabras que revuelan mi cabeza después de ver y presenciar estas imágenes siempre son memoria, deseo, presencia, ausencia y violencia. Palabras que a todxs nos llegan, nos tocan las fibras. Espero que después de la violencia que nos aterra, que nos paraliza a salir, podamos organizarnos para resistir sin dejar absorbernos o romantizarnos y que formemos lenguajes y gramáticas que también nos permitan accionar desde la estética.

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Diego Olmos Mancera nacido en 1997 estudió la licenciatura en Arte y Diseño siendo parte de la última generación de la Facultad de Artes y Diseño Xochimilco. Su práctica artística y académica encuentra intereses con el espacio público, las redes sociales y la visibilidad política. Su formación estudiantil ha estado acompañada por procesos educativos, curatoriales y museológicos en diversas instituciones en las que destaca el MUAC. Ha sido asistente en la producción de piezas para artistas como Melanie Smith, Núria Güells y Guillermo Santamarina por mencionar algunos. Actualmente realiza su tesis que se enfoca a la nueva escultura y monumentalidad reflexionada desde la memoria y la cultura visual en Ciudad Universitaria en los últimos dos años y es un mimbro actual de la Red Iberoamericana de Pedagogías Empáticas como artista independiente

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Sentipensar el cuidado ante la crisis socioambiental

Por Diana Lilia Trevilla Espinal

Ilustración: Rini Templeton

 

Nos encontramos en un momento crítico para la humanidad, que nos insta a crear alternativas para contrarrestar el conjunto de crisis que se han derivado de un modelo hegemónico que trastoca todas las esferas de la vida y que es visible tanto en el agotamiento de la energía, minerales, tierra y en los efectos del cambio climático, como en la precarización de la vida en la ciudad y en el campo. Dicho modelo se ha basado en la explotación de las personas y, particularmente de las vidas y cuerpos de las mujeres, en el despojo de los territorios y en la fragmentación de las tramas comunitarias, con el objetivo de asegurar la continuidad de la acumulación del capital, poniendo en riesgo la sostenibilidad de la vida.

La crisis socioambiental sobre nuestros cuerpos-territorios

Desde los movimientos y organizaciones de mujeres rurales, mestizas, urbanas e indígenas de Abya Yala se construyen los feminismos del Sur, situándonos desde nuestros pluriversales lugares de enunciación política, mirándonos, sintiéndonos, pensándonos desde nosotras para nosotras, con nosotras[1]. Nos afirmamos como sujetas económicas y políticas, que tenemos y generamos conocimientos a partir de las experiencias vividas, sentidas, dialogadas, tocadas, que estamos en una continua y permanente relación con el mundo[2], por ello resaltamos la importancia de sentipensar el cuidado desde lo común, lo colectivo y desde los cuerpos-territorios.

Hablamos desde el cuerpo-territorio, evidenciando que esta crisis la sentipensamos no solo desde el cuerpo individual, sino como cuerpo mediado por las relaciones de poder que existen en nuestros territorios diversos[3], que nos provocan dolor, que implica sentir la sobrecarga de trabajo en nuestras espaldas, enfrentarse a la precariedad y la contaminación, sentir nostalgia cuando tenemos que migrar para cuidar de alguien que no es de nuestra familia o comunidad, apretarnos el cinturón cuando suben los precios de los alimentos; pero también implica valorar y reconocer las múltiples formas que en colectivo generamos para fortalecer nuestras luchas y propuestas de transformación. Por ejemplo, a través de la creación de colectividades para el cuidado, de la resistencia para sembrar alimentos en el campo y en la ciudad, de la transmisión de conocimientos médicos ancestrales, de la articulación con las luchas por la defensa de la tierra, el agua, las semillas, con la lucha por la defensa de la reproducción social para construir otros mundos social y ambientalmente justos. Sentipensar el cuidado es relacionar lo que me pasa a mí y a las otras, en mi contexto y su relación con lo estructural. Además de nombrar el hecho de que el patriarcado ha delegado a las mujeres esta tarea, requiere nombrar la complicidad con el capitalismo neoliberal y con la colonización, que potencia las condiciones de precariedad, discriminación y despojo de nuestros cuerpos-territorios.

Si nosotras paramos, se para el mundo

Alrededor del mundo se habla de cuidados y de sus múltiples dimensiones. Algunas veces para evidenciar que actualmente en todos los países del mundo la carga global de trabajo, es decir remunerado y no remunerado que incluye el doméstico y de cuidados[4], recae en las mujeres como resultado de un régimen patriarcal que requiere de la división sexual del trabajo y la heteronormatividad. Esto implica que las mujeres destinen mucho más tiempo para el cuidado que los hombres, limitándolas, entre otras cosas, a participar en otros ámbitos de la vida política y social.

También se resalta que el ocultamiento y desvaloración del cuidado es condición para el mantenimiento del sistema económico patriarcal y capitalista, dado que cubre distintos aspectos que requieren una complejidad de relaciones, condiciones materiales, habilidades y procesos. El cuidado directo, por ejemplo, implica una dedicación cuerpo a cuerpo para que las personas puedan ser vestidas, bañadas, alimentadas, trasladadas, asistidas, etcétera. Mientras que, el cuidado indirecto implica realizar un conjunto de actividades para proporcionar y asegurar las bases materiales para el cuidado: aprovisionar, administrar, gestionar, planificar, entre otras[5].

Por otro lado, el cuidado y la reproducción social, se articulan con demandas a favor de colocar el tema en la agenda internacional con el objetivo de que los estados asignen recursos públicos y se implementen políticas públicas que garanticen la protección social en términos de infraestructura pública y servicios para el cuidado como salud, educación, alimentación; restablecimiento de derechos laborales; pensiones dignas; inversión estatal para promover el cambio cultural hacia una organización más justa que promueva el involucramiento de todos los géneros, generaciones y comunidades; reducción de las brechas salariales entre mujeres y hombres; impulso de medidas concretas como: los permisos de paternidad y maternidad, reducción de horarios laborales, horarios escolares flexibles; inversión para investigación sobre el aporte económico que representa el trabajo de cuidados para cada país, así como para evidenciar aspectos cualitativos ligados a las desigualdades; y más recientemente, la creación de sistemas nacionales de cuidados.

La garantía de la reproducción social está ligada al trabajo de cuidados que actualmente es realizado por mujeres y en los hogares principalmente. Cada vez más, crece la demanda para asegurar la reproducción social en otros hogares, provocando una cadena global de cuidados, en la que existen grandes contingentes de mujeres que migran de sur a norte, del campo a la ciudad, o de sociedades más empobrecidas que otras, para resolver dichas necesidades.

Alternativas colectivas para el cuidado y la buena vida

Si bien es cierto que las medias impulsadas para la conciliación laboral con la familiar son necesarias dado que, el neoliberalismo se ha encargado de desmantelar los sistemas de protección social. También es cierto, que muchas veces limitan las posibilidades de pensar en alternativas a largo plazo, desde otros posicionamientos epistémicos y políticos que apuntan no a mejorar el modelo dominante, sino a transformarlo. Por ello, es preciso sentipensar el cuidado yendo más allá, imaginando alternativas que pongan al centro la vida y no la acumulación del capital, romper con la visión patriarcal de la economía, con la supremacía de la monetarización y cuestionar todo el estilo de vida, las formas de producción y de organización social que nos han llevado a este colapso civilizatorio[6].

Más allá del feminismo liberal e institucional, desde el feminismo del sur, instamos a problematizar cómo estas medidas siguen siendo para un tipo de mujeres: blancas, urbanas, clase media y alta, a costa de la reproducción de opresiones sobre otras mujeres. Regularmente son/somos mujeres del sur global, quienes partimos de territorios despojados, contaminados, empobrecidos y/o en donde la ruptura del tejido social origina una situación de violencia en la que no estamos seguras ni nosotras ni, nuestras familias, de manera que tenemos que buscar opciones para garantizar la reproducción social, delegando el cuidado a otras mujeres que se quedan. La mayoría de las veces nos insertamos al trabajo doméstico y de cuidados en condiciones de precariedad laboral con bajos salarios y horarios prolongados, exponiéndonos a otros entornos violentos y/o discriminatorios pues también somos racializadas.

Hemos necesitado sentipensar-nos, problematizar-nos sobre cuáles son nuestras condiciones, posiciones y propuestas como mujeres trabajadoras, campesinas, indígenas, niñas, ancianas, empobrecidas, racializadas, migrantes, desplazadas, lesbianas, trans, para crear otras formas de vivir-nos. Abriendo caminos a la construcción de alternativas desde un enfoque capaz de desfamiliarizar y desprivatizar el cuidado, es decir, politizándolo y colectivizándolo.

A su vez, la genealogía de nuestros movimientos y de nuestras historias, nos ha ayudado a recordar y reconocer que somos parte de la naturaleza, que estamos conectadas con la tierra y el territorio, que ni la economía, ni la política, ni la organización del cuidado pueden existir sin el respeto a los ciclos naturales y sin justicia social. El modelo actual es insostenible e injusto, sobre nuestros cuerpos-territorios como mujeres del sur, sentimos el reflejo de las consecuencias irremediables que hacen cada vez más difícil mantener la vida. Las mujeres y las niñas ya sea en las zonas rurales o en las colonias marginadas de las urbes se ven obligadas a incrementar su trabajo, por ejemplo, haciendo mayores esfuerzos por conseguir agua potable, ocupando más horas en lavar a mano para ahorrar energía eléctrica, dedicando más horas al cuidado de familiares enfermos que ya no atiende el servicio de salud pública, atendiendo a las personas que se enferman como consecuencia de trabajos precarizados, explotadores o que los exponen a contaminación, como en los campos de agroindustria, las minas, etc.

Sentipensar el cuidado implica destacar que son las resistencias locales y comunitarias las que en su diversidad están generando cambios al modelo capitalista, colonial y patriarcal, desde una visión de integralidad en la que los seres humanos somos parte de un sistema natural finito. Las acciones colectivas a favor de la defensa del agua, de las semillas, del territorio, así como de la creación de redes de cuidado y afecto, son ejemplos del cuidado entendido como una red de vida. En ese sentido fortalecer lo común, es un eje prioritario para crear entornos de apoyo para diluir la carga del neoliberalismo y del individualismo, para gestionar los cuidados en colectivo y romper con el orden de dominio y explotación, por lo tanto, implica acciones desde un claro posicionamiento antipatriarcal, anticapitalista, antirracista y orientado hacia la dimensión colectiva y popular.

Asimismo, implica no romantizarlo, sino discutir en nuestros espacios y colectividades que el cuidado muchas veces se extiende más allá del espacio doméstico, que también se reproducen las inequidades en las organizaciones y comunidades, a través de roles feminizados o de delegación a las mujeres de los trabajos de gestión, motivación, logística, administración, abastecimiento y planificación, es decir, hay una división sexual del trabajo en las organizaciones de base[7], que, regularmente tampoco son valorados y se invisibilizan, debido a que las estructuras patriarcales se reproducen en distintos ámbitos[8].

Por ello, debemos pensar nuestras luchas vinculadas al cuidado, a la sostenibilidad de la vida, al reconocimiento de quienes defienden las condiciones materiales que se requieren para ello, la tierra, el agua, el aire, los alimentos, a sumarnos a cada lucha por poner fin a la violencia estructural contra los cuerpos-territorios de las mujeres.

En suma, sentipensar el cuidado más allá de un problema aparentemente individual, sino como una situación común que se experimenta particularmente en los cuerpos feminizados, que reclama atención y reconocimiento, empezando por conectar al cuerpo de cada una como primer territorio de defensa y, a reclamar la autonomía de cada territorio donde habitan estos cuerpos.

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Diana Lilia Trevilla Espinal. Militante ecofeminista.  Maestra en Ciencias y Desarrollo Rural por El Colegio de la Frontera Sur, licenciada en sociología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Consultora independiente, colaboradora en proyectos feministas como la Red de creadoras, investigadoras y activistas sociales, Red de cuidados en México y Alianza de Mujeres en Agroecología AMA-AWA. Actualmente realizando el Doctorado en Ciencias en Ecología y Desarrollo Sustentable con la investigación: La importancia del trabajo de cuidados para la agroecología. Contacto diana.trevilla@gmail.com,  https://recias.wordpress.com/

[1]Cruz, H. D. T. 2019, Colectivo Miradas Críticas al Territorio. https://territorioyfeminismos.org, https://www.youtube.com/watch?v=ttoX3oJnaIE&feature=youtu.be

[2]Marcos, S. 2014. “Feminismo en camino descolonial”, en Más allá del feminismo: caminos para andar Márgara Millán (Coordinadora) -1ª ed. – México, D. F.: Red de Feminismos Descoloniales, p.p. 15-34

[3]Cabnal, L. 2010. Acercamiento a la construcción de la propuesta de pensamiento epistémico de las mujeres indígenas feministas comunitarias de Abya Yala. https://porunavidavivible.files.wordpress.com/2012/09/feminismos-comunitario-lorena-cabnal.pdf

[4]Tanto a personas en situación de dependencia como infantes, adultxs mayores, personas con discapacidad y/o enfermedades temporales, crónico-degenerativas, etc. como a personas independientes.

[5]Duran, M. A. 2018. “Alternativas metodológicas en la investigación sobre el cuidado”, en ONU Mujeres. El trabajo de cuidados: una cuestión de derechos humanos y políticas públicas. CDMX, México. Pp. 24-42

[6]Pérez Orozco, A. 2014. El conflicto capital-vida.

[7]García, G. E. 2014. El feminismo campesino y popular de las mujeres de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo. En, Siliprandi E. y Zuluaga G.P. (Coords). 2014. Género, agroecología y soberanía alimentaria. Perspectivas ecofeministas. Icaria. Barcelona, (4):93-112

[8]Busconi, A. 2017. Agroecología y soberanía alimentaria: hacia el empoderamiento del trabajo de las mujeres en América Latina. Anuario en Relaciones Internacionales 2017 / (Publicación digital) ISSN: 1668-639X. Disponible en: http://www.iri.edu.ar/wp-content/uploads/2017/09/A2017medambArtBusconi.pdf

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