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Los chicos no lloran, tienen que pelear. Sobre mi encuentro de vida con la colectiva la Lleca, homenaje

Por Lia García (La Novia Sirena)

 

El beso prohibido

Aquella noche
en la playa
los relámpagos
fueron fotografías
tomadas desde lejos
desde otro mundo,
desde otro tiempo.
Para dejar huella
y que nunca jamás
se olvide
toda la tormenta
que puede provocar
un solo beso,
un solo abrazo.

Anaís Abreu D’ Argence

 

La Lleca abre una puerta a muchos mundos posibles para quienes pertenecemos a ella. Desde hace más de 10 años Lorena Méndez y Fernando Fuentes, artistas feministas mexicanas, fundadoras de la Lleca, han hecho que los afectos y la sensibilización corporal radical se apropien del sistema penitenciario mexicano y de la vida misma de quienes hemos conformado esta colectiva de disidencia feminista, anarquista y con una propuesta contundente que ha permitido que aún en el encierro exista la libertad absoluta que se reflexiona y se construye de una manera completamente potente y política: la colectividad.

Lorena Méndez y Fernando Fuentes han trabajado desde una propuesta radical de performance y pedagogía en casi todas las cárceles de la Ciudad de México y en algunas de otros países de Latinoamérica. Creo que su metodología, para quienes hemos tenido la oportunidad de colaborar y pertenecer a este espacio afectivo ha sido una desobediencia feminista a las normas sociales que construyen los muros grises y desolados de las cárceles, ya que ellas con todo y su cuerpo que contiene el alma y el espíritu han permitido que suceda lo imposible: construir desde el amor en la cárcel (como llamó Quetzal Belmont el trabajo de la Lleca) disponible en:

http://www.bancomundial.org/es/news/feature/2017/01/05/construir-desde-el-amor-en-la-carcel

Mi primer acercamiento con la Lleca sucedió en el año de 2010, cuando me encontraba realizando mi servicio social en el Centro Femenil de Reinserción Social Tepepan. En aquel entonces, me encontraba formándome como pedagoga y por ende, estaba en el área educativa del centro. Básicamente me dedicaba a aplicar pruebas psicométricas a las internas que estaban recién llegadas al reclusorio para poder ubicarlas en algún nivel escolar de los que ofrecía el centro: desde primaria, hasta licenciatura. Otra parte importante de este diagnóstico consistía en presentarle a las internas los talleres de sensibilización y actividades diversas que ofrecía el Centro Educativo para que decidieran si querían ser partícipes de alguno y contribuir a su proceso de reinserción.

Recuerdo que en el reclusorio que todas llamábamos Tepepan, existía el área pedagógica, que era donde se realizaba este diagnóstico integral y por otro lado se encontraba el Centro Escolar que era donde estaban los salones para llevar a cabo las actividades educativas (formales y no formales), también, en ese pasillo se encontraba el área cultural que propiciaba el arte como medio de liberación por medio de los talleres que ofrecía. Recuerdo con mucho amor y ternura a una interna que casi todos los días se aparecía en los pasillos de esta área a la que yo pertenecía: Marcela.

A Marcela, que todos llamábamos Marcelita, le encantaba cocinar, de hecho, uno de sus trabajos dentro del centro era pertenecer al equipo de la cocina que hace día con día la comida para alimentar a las internas que así lo deseen, misma que llaman el rancho. Marcelita era una chica de cabellos chinos, con ojos grandes y una sonrisa que siempre nos daba la bienvenida a quienes nos cruzábamos por su camino, participaba en múltiples actividades culturales y escénicas y se encontraba estudiando la primaria. Ella, con todo y esa energía tan afectiva y llena de amor fue quien me presentó a la Lleca, no fue casualidad que una mujer con ese tinte afectivo por la vida me permitiera cruzarme con quien ahora es una de mis amigas más admiradas, amadas y con quién comparto mi vida cotidiana: Lorena Méndez.

Una tarde cualquiera, de esas en que me quedaba en el reclusorio para adelantar horas de mi servicio social me encontré con Marcelita en los pasillos, ella con esa sonrisa que dibujo en mi mente y me transporta a ella, me dijo con una particular alegría: ¡Hoy es el día, voy a hablar de lo deliciosos que están mis chiles rellenos! Yo le pregunté ¿Hiciste chiles rellenos? Y ella me dijo: Sí, en la Lleca. Cuando respondió aquella afirmación mi interés por saber a qué se estaba refiriendo comenzó a aparecer en forma de más y más preguntas y finalmente con sus respuestas me condujo a la presentación que iban a tener como final de un periodo de trabajo con la Lleca y que hoy se encuentra documentado en uno de los archivos de la colectiva,

Mujer, deber, poder y placer, es aquel espacio escénico que propusieron las internas del centro femenil en compañía de la colectiva y que en palabras de Lorena y Fernando fue:

“Una propuesta de deseducación corporal que abordó la temática de la invención de la sujeto mujer y del cuerpo femenino en nuestra sociedad. Nos planteábamos la identificación de patrones y el análisis de cómo se gestan, mientras que íbamos generando formas de resistencia a estos desde la exploración y auto-observación de las participantes. Con reflexiones y ejercicios corporales abrimos un espacio para conocer más sobre quienes somos y que deseamos ofrecer y ofrecernos” (2009, La Lleca, 200 reos dijeron).

La propuesta que montaron en el auditorio de la cárcel de Tepepan y que fue producida y protagonizada por las compañeras excede la normatividad del encierro y permite que las internas salgan por medio de su voz y la memoria de ese espacio confinado y que violenta las relaciones afectivas entre las personas. ¿Cómo era posible que Marcelita saboreara sus chiles rellenos en compañía de sus otras compañeras? Pues sí, en la Lleca lo imposible se hace posible por medio de la performance que es esa posibilidad de fuga, creación colectiva y pedagogía donde el cuerpo con todo y sus vulnerabilidades, deseos y temores es el protagonista de la acción que detonan las artistas fundadoras y sus colaboradoras que en cada encuentro proponen nuevas formas de aproximación con las personas que están resistiendo el encierro.

No importa si uno es interno y el otro externo. En la Lleca, todos somos iguales y el trabajo tiene el objetivo principal de hacer que nuestras historias se crucen y que juntxs salgamos de todos los encierros que la sociedad construye en nuestras mentes y nuestros cuerpos. Esta colectiva permite que la piel se extienda cuando nos tocamos y respondemos al sistema carcelario que tensiona todo acontecer humano desdibujándolo y fundando nuevas fronteras entre los cuerpos. La Lleca, al igual que las personas encerradas, es un espacio de resistencia, rebelde ante los aparatos ideológicos del estado de Althusser que moldean una forma reducida y limitada de ser humanos.

Marcelita pudo hacer posible su sueño de saborear sus chiles rellenos, Ardían pudo salir del encierro por medio de aquellas interesantes y pedagógicas performances que Lorena y Fernando han propiciado desde el año 2004; 200 reos dijeron, Matrimonio colectivo, 365 días de performance, Juego de niños, La Novia, Una rota para muchos descocidos y cumpleaños colectivo entre otras, han sido esas otras realidades que hoy son posibles y que nos invitan a pensar de otro modo la cárcel, la educación, la masculinidad y sobre todo la vida misma.

Después de haberme encontrado con la Lleca por medio de una mujer como Marcelita, pude tener mi primer contacto directo con Lorena y Fernando en un seminario llamado Pedagogías en espiral que sucedió en el año de 2011 en el MUAC y que coordinaron Marisa Belausteguigoitia, Rian Lozano y Helena López. Sin duda alguna la intervención de la Lleca en este recinto me permitió percatarme que la transgresión no solo sucede en el espacio carcelario, se fuga a los museos, a las calles y a las escuelas y en verdad, es efectivo porque te sana el alma.

La Lleca llevo a cabo una sesión de trabajo en la cual nos contaron sobre sus intereses, metodologías y retos frente al sistema penitenciario mexicano realizando este tipo de trabajo que en palabras de Lorena, es incómodo y muy difícil de entender para el personal que conforma la burocracia carcelaria y que contiene a las personas: custodixs. Esa sesión pudimos ver los videos de algunas de las performances mencionadas anteriormente y realizamos una performance colectiva en la cual Lorena y Fernando nos invitaron a ponernos de pie, tomarnos de las manos y realizar el saludo con el cuerpo.

Tocamos nuestros cuerpos entre las participantes, y hacíamos que cada parte se saludara con la otra: mano con mano, pie con pie, nariz con nariz, oreja con oreja, cachete con cachete y hasta pompi con pompi. Ellxs nos compartieron que esta era la manera de comenzar a hacer Lleca en las cárceles, poniendo el cuerpo por delante de cualquier regla. Posteriormente, a modo de sorpresa y sin preguntar, nos vendaron los ojos a cada una de las participantes y nos pidieron que camináramos así, con la venda puesta sobre los ojos; se trataba de sentir el espacio con el cuerpo, y a las otras personas también, dialogar con nuestros miedos y prejuicios y dejarnos sentir con la piel.

De pronto, nos pidieron que nos detuviéramos y que nos acostáramos en el piso del aula que nos contenía. Una vez ahí, tendidos los cuerpos en el suelo, como cualquier día de sesión dentro de la cárcel, Lorena y Fernando, se aproximaron a nuestros cuerpos cada vez más para decirnos en secreto, una historia que contaba la vida de personas que estaban resistiendo el encierro, terminaban esta acción con un abrazo profundo y eso nos permitía contactar con esa persona que ellxs trajeron al espacio con su voz y su cuerpo.

La manera tan potente que tiene la Lleca de transgredir los espacios no solo carcelarios, por medio de la performance radical esta enraizada por una política feminista que han explorado a lo largo de los años de la mano de grandes autoras feministas como Megan Boler, Francessca Gargallo, Helen Cixous o Bell Hooks, esto ha delineado una ética de los afectos y los cuidados para poder entender el trabajo de la Lleca que interesantemente ha excedido el espacio central de trabajo de la colectiva y  se ha expandido a la cotidianidad de un mundo que posibilitan Lorena y Fernando.

Con esto me refiero a que la acción afectiva esta presente siempre; ya sea en la cárcel o fuera de ella. Actualmente Lorena Méndez es profesora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y es muy interesante como ella ha trasladado el trabajo político de la Lleca a las aulas de la universidad. Lorena vuelve a resistir en la academia y propone una nueva forma de trabajar desde el cuerpo que dinamita las relaciones  maestro-alumno, enseñante-aprendiz, adulto-joven. Esta nueva forma permite tensionar las relaciones de poder que se dan en las instituciones y volver a fugarse cuando el cuerpo aparece.

Por otro lado Fernando Fuentes, continua trabajando con el tema de la masculinidad desde una propuesta corporal que vuelve a tomar la performance como posibilidad de transformación social que tensiona los cuerpos y la manera que tienen los hombres de comunicarse entre sí, Fuentes, con su propuesta, invita a los hombres con quienes trabaja a relacionarse de maneras más afectivas y a hacer conciencia del papel que han tenido los hombres en el mundo que violenta e invisibiliza a las mujeres.

Hacer Lleca, como dicen ellxs, es afectarnos también entre las amigas. Lorena y Fernando son amigas muy amadas con quienes he compartido momentos muy especiales y fuertes en la vida. Poco a poco después de aquel seminario nos fuimos conociendo, sintiendo y construyendo, nos enamoramos y finalmente resistimos juntas. Una de mis experiencias mas satisfactorias al pertenecer a la colectiva ha sido el poder cuestionarme a mi misma, conocer mis límites, temores, deseos y objetivos. Ahora puedo acercarme a la cárcel de otro modo y darme cuenta que ahí también existe la libertad y que es necesario desobedecer en ciertos contextos donde el cuerpo esta olvidado, desdibujado y es objeto de burla.

La Lleca fue mi primer contacto también con el tema de la masculinidad, pues en aquel entonces, asumiéndome como homosexual, Lorena me enseñó a dejar mis miedos atrás y a relacionarme con hombres heterosexuales de un modo afectivo: contándoles sobre mi historia personas y proponiendo metodologías corporales para hablar de este tema que es tan complejo en un mundo androcéntrico. Poco a poco pude desarrollar algunas performances con los hombres que pertenecían a la colectiva y que ya se encontraban sensibilizados al tema. Una vez en el reclusorio norte me acosté con Johnatan en el piso, nos tomamos de la mano y Lorena nos adhirió al suelo con cinta adhesiva mientras declamábamos un poema de denuncia a la masculinidad hegemónica en la cárcel que invisibiliza a los cuerpos feminizados. Esta es otra forma de exceder el imaginario del arte contemporáneo, pues el trabajo de la Lleca cuestiona la performance, los límites del arte como intocable e incluso la formación del artista que muchas veces, deja del lado el cuerpo como punto central de la creación y la propuesta de intervención.

Cada uno de los performances de la colectiva e incluso las acciones personales de Lorena que también ocurren en la cárcel, nos invitan a des-centralizar la performance y a acercarnos a una propuesta feminista de acción que tiene que ver con la escucha activa y la posibilidad de intervenir la masculinidad desde el afecto, la seducción y la vulnerabilidad. La artista nos cuenta que es a partir del trabajo con su propia feminidad que se acerca a los hombre y permite que su mirada patriarcal hacia el cuerpo femenino cambie y se acomode a nuevas formas de relacionarse.

La amistad que he podido construir con Lorena y Fernando es también un producto del trabajo que proponen, pues todo el tiempo están construyendo otras realidades y formas de comunicación entre las personas, eso es lo más interesante de la Lleca, que entra y sale de la cárcel para cuestionar, reflexionar y construir la colectividad afectiva. En un mundo inundado de violencia, estos espacios son necesarios y quizás son el camino para la sanación. Actualmente, con Lorena, Elisa, Vania, Valentine, blanca y Mónica hacemos Lleca en el reclusorio norte con un grupo maravilloso de mujeres trans* que resisten al encierro, mientras que Vania, Brenda e Iván, acuden con las compañeras de Santa Martha Acatitla. Para mí es un verdadero honor hacer un homenaje a la colectiva la Lleca, donde me he formado y he aprendido que el amor SI es una política de transformación.

Lo afectivo es lo efectivo y aquí se hace posible. Larga vida a la Lleca.

Les recomiendo leer información muy contundente y potente sobre el trabajo de la Lleca en la siguiente lista que he realizado para este artículo además de ver el video que se presenta en el mismo, disponibles en la web:

-Cómo hacemos lo que hacemos. La Lleca. Proyecto fonca

-El arte acción, la palabra y el afecto se apropian de la cárcel; la Lleca

Por Elia Espinosa.

-Arte activista/Arte Político. Reflexiones en torno al trabajo del colectivo la Lleca con adolescentes varones en situación de reclusión.

Por Cynthia Pech.

-Apuntes de una performancera en acción. Por Lorena Méndez Barrios.

-200 reos dijeron. Por la Lleca, proyecto fonca.

-Construir desde el amor en la cárcel. Por World Bank Group, Quetzal Belmont

-REC del preso en resistencia. Por la Lleca, proyecto Fonca.

-Manual de afectos, cuerpo y educación feminista. Por la Lleca, proyecto coinversiones fonca.

-De la Lleca al PUEG: Un recorrido a través de la prisión y la academia. Por Briseida Alicia Echaury Olmos para Pedagogías en espiral.

-Bitácora del 24 de Junio de 2010. Por Lorena Méndez para Arte y políticas de identidad vol. 3.

*Fotógrafa: Constanza Moctezuma. Archivos la Lleca.

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Lia García. Nació en el año de 1989. Es originaria del sur de la Ciudad de México donde actualmente reside. Es defensora de los derechos humanos de las personas trans* y aprendiza feminista.

Estudió Pedagogía y Artes Visuales en la Universidad Nacional Autónoma de México realizando la investigación Puede besar a la novia: la experiencia del cuerpo trans* como una pedagogía afectiva en la cual trabajó los cruces entre la pedagogía radical, el feminismo de los afectos y los cuidados así como los estudios de performance.

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Ilustración: Alex Xavier Aceves Bernal

Al sonoro rugir del tacón

Ilustración: Alex Xavier Aceves Bernal
Ilustración: Alex Xavier Aceves Bernal

por Karla Tamayo

Hubo un tiempo en que los hombres eran hombres y las mujercitas se quedaban en la casa, atendiéndolos, como lo que son: mujercitas, dice resoplando mi tío Juan. Yo nomás lo miro haciendo como que la virgen me habla, porque si llegara a saber un solo detalle de mi vida, ¡jo!, quién sabe lo que pasaría. Lo dice encendiendo un Alitas, tocándose los huevos y mirando despectivamente y con un poquito de lujuria a Lola, mi hermanita, que en vez de estar haciendo la comida hoy que es domingo, está recostada en el sofá leyendo a Mariano Azuela, para su trabajo de la Novela de la Revolución. Yo nomás me quedo callado, ¿qué puedo decir?

Mamá sale de la cocina con los platos, lo mira con cierta conmiseración y le dice:

Ay, Juanito, esos tiempos ya pasaron. Lola, dile a tu tío que el libro que tienes en las manos es el único sitio donde pasan esas cosas.

Lola solo sonríe, yo sigo poniendo la mesa.

No, Gloria. Tú sabes que lo hombre se hace, no te vaya a salir mampito alguno de tus hijos por andar con esos piensos.

Mamá me mira y suelta una  risotada enérgica.

¿De qué te ríes, Yoya? ¿A poco este es mampo?refiriéndose a mí de nuevo, con su cara de guarro. Tuve ganas de mentarle la madre, pero resulta que su madre es mi abue.

        —¡Ya está la cena! -grita mamá, y todos nos apresuramos a sentarnos alrededor de la mesa. 

¿No iba a venir Fernando? pregunta el tío.

Viene en un rato, Juan.Come.

El tío Juan orquestó las conversaciones que fueron de los recuerdos, que no son suyos, de la revolución mexicana a la manera adecuada en la que un ranchero debe ayudar al toro a preñar una vaca. Como puede intuirse, los temas revolucionarios tocaron a Lola y los de la vaca a mí. Me dio un asco… que varias veces estuve a punto de vomitar sobre la mesa.

         A las 8:30, casi cuando terminábamos de cenar, se escucharon unas risas fuertes, claras, limpias, que provenían de la escalera.

Es Ferrushle dije a mamá, quedito.

Juan, ¿quieres postre? Fer dijo que prepararía uno de fresas. Te gustan las fresas, ¿no?

De pronto se oyó que metían la llave en el cerrojo, luego la hicieron girar y por fin se abrió la puerta:

¡Hola, familia! dijo Fer.

Mi tío, que intentaba raspar el fondo del plato que había quedado lleno de queso dorado, alzó estrepitosamente la mirada. Conforme iba subiéndola por el cuerpo de mi hermano (que estaba lo bastante atractivo, fuerte y acicalado para levantar miradas, miembros, envidias, no sé), iba proporcionalmente abriendo la boca. Fer sonreía con ese gesto casi angelical que lo caracteriza. Todos celebramos su llegada.

¡Tío Juanito!dijo.

Y todos nos quedamos callados, incluso Ernest, que se había quedado en el pórtico y tenía, como siempre, tanto que contarnos sobre cualquier cosa por irrelevante que esta fuera. Se escucharon como balazos los tacones de Fer que atravesaron el salón hasta llegar frente al tío Juan, que para entonces estaba pálido, con la mandíbula desencajada: tac, tac, tac, tac, tac, tac, le dio un beso en la mejilla y le dijo algo al oído que no alcanzamos a oír; sin embargo, todos sonreímos un poco medio escondiéndolo, otro medio expectantes. El tío Juan se puso rojo, luego verde, luego otra vez blanco, se le hincharon las venas de la frente, como cuando hay mucho sol o se pelea con la tía Vero. Se levantó, lo miró a los ojos. Metió la mano en el saco y se oyeron los rugidos de nuevo: tres nuevos taconazos. Solo que esta vez los produjo un revólver.

México, D. F., mayo 19 de 2013

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Reencuentro

por Ardiente Scarlett

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Me llamó después de años de no saber de él. Platicamos poco pero me dijo que necesitaba verme. Acordamos que pasaría a recogerme a las ocho de la noche. Estaba nerviosa, después de tanto tiempo tenía que verme guapísima. Decido ponerme la falda tableada que tanto le gustaba y hace que mis piernas se vieran largas y torneadas, una blusa blanca entallada con mi bra favorito, (el que se abrocha por delante). Botas y cabello suelto, atuendo perfecto para verme radiante. Espero que él piense lo mismo.

Ocho en punto y suena el timbre. ¡Oh Dios mío, ya llegó!, abro la puerta y ahí está él, su sonrisa es tan sexy como la recordaba. Me saluda con un beso en la comisura de mis labios y cuando me abraza me susurra al oído:

Estás más hermosa de lo que recordaba. Después me mira de pies a cabeza.

Y veo que aún te acuerdas que esa es mi falda favorita. Los colores se me suben al rostro y solo logro decir, gracias.

¿Nos vamos? —Me dice señalando una motocicleta estacionada. Yo pienso; no es cierto, ¿Cómo voy a subirme con la falda? Él sonríe.

Vendí el auto, ahora este es mi vehículo. No te preocupes por la falda, yo sé cómo viajar y que vayas cómoda. Él se sube y después me pide que lo haga, ya arriba me pongo el casco y me abrazo a su torso. Su olor es delicioso y sentirlo tan cerca hace que me empiece a dar más calor del que ya hace.

Llegamos al estacionamiento y quedamos justo entre una camioneta y la pared. Cuando bajo de la moto y me quito el casco mi cabello está un poco revuelto; me ayuda a acomodarlo. Nuestras miradas se cruzan y estamos tan cerca que puedo oler su aliento, me mira fijamente y me dice:

De verdad nunca has dejado de gustarme. Me toma por la cintura y empieza a besarme, cuando menos lo espero coloca una de sus manos en mi rostro y va bajando lentamente por mi cuello hasta llegar a mis senos que para ese momento están tan erectos que siento que pueden verse a través de mi blusa la cual empieza a desabotonar. Su otra mano baja por mi trasero y explora por debajo de la falda.

No sabes cuantas ganas tengo de hacerte mía en este momento, murmura.

¿Se te antoja? Le pregunto mordiéndome el labio.

No hagas eso, no voy a poder controlarme.

¿Hacer qué? —Sé perfectamente que mis labios lo provocan. Pongo mi mano en su entrepierna y puedo sentir que me desea. Solo contesto:

¡Hazlo, nada te detiene!

Con un movimiento rápido me pone en cuatro sobre la moto, sube mi falda y de un tirón me quita la tanga, empieza a masajearme las nalgas mientras yo me mojo. Lo nota y usa su lengua para probar mis fluidos, empieza a chupar suavemente mientras escucho sus gemidos haciendo coro con los míos. Me toma por los hombros y me voltea, quedamos de frente y empieza a besarme. Puedo sentir mi sabor en sus labios.

Llevo mi mano a su pantalón y lo desabotono, bajo el cierre y meto la mano para sentirlo. Ya está grueso y firme, creo que está listo para penetrarme. Lo saco y me inclino frente a él, de reojo busco su rostro pero sólo puedo ver su barbilla y escuchar unos gemidos ahogados que salen de su boca. Empiezo a tocarlo con mi lengua, vaya que está excitado, trato de meter todo lo que cabe en mi boca y empiezo a chuparlo lo mejor que puedo, mientras que con una mano juego con sus testículos, con la otra desabrocho mi bra. Mis senos ahora están libres y empiezo a masturbarlo con ellos. Tener su miembro entre mis senos lo excita mucho. Él observa lo que hago mientras mete uno de sus dedos a mi boca. Me toma del cuello y me levanta, me da un beso tan apasionado que su lengua me invade por completo mientras sus manos juguetean con mis senos y mi sexo.

¿Estás lista para sentirme? Apenas puedo contestarle que sí, su dedo en mi vagina no me permite pensar más. Me acomoda encima de la moto y empieza a abrir mis piernas, de una embestida me penetra muy profundo, lo siento y solo debo pensar que este es uno de los momentos más excitantes de mi vida. Sus movimientos me dejan sin aliento, sus manos no paran de explorar mis pechos y mi clítoris y yo no puedo hacer más que gemir y sentir como se mueve dentro de mí. Llega mi orgasmo como un estallido múltiple, estoy extasiada y no tengo otra forma de demostrárselo más que de esta manera, mi postura en la moto no me permite hacer movimientos. Él siente mis fluidos y saca su miembro al mismo tiempo que pregunta:

¿Qué te ha parecido nena? Me incorporo con su ayuda.

No hemos terminado. — Le digo mientras le planto un beso y muerdo sus labios, bajo lentamente por su torso, no sé en qué momento se desabrochó la camisa, y llego hasta ese miembro que hace unos momentos me hizo estallar de placer, empiezo a chuparlo mientras lo masajeo con mis manos, juego con mi lengua en sus testículos y solo siento como agarra mi cabello con fuerza, aguantando sus ganas de gritar y guiándome sobre el ritmo que debo seguir para darle placer. Le empiezo a hacer una de mis mejores mamadas.

Ya casi me vengo, —Me dice. Saco su pene de mi boca y su semen se derrama sobre mis senos.

Baja la mirada y me observa mientras le limpio la cabeza con la lengua. Cuando termino me levanta me muerde los senos, con sus manos sobre ellos me dice:

No sé cómo he podido dejarte ir, necesito más de ti.

Y yo de ti.

Me limpia dulcemente y empieza a arreglarme el bra y la blusa, yo lo arreglo a él. Me doy cuenta que sigo sin mi tanga y cuando intento pedírsela solo contesta:

Esto me pertenece nena, tiene tu aroma y quiero conservarlo. Da un beso a mi nariz.

Te llevo a tu casa.

Nos subimos a la moto y cuando llegamos a mi puerta volvió a meter su mano en mi entrepierna mientras me da mi beso de despedida.

Cómo me hacías falta nena,murmura y suspira. Nuestras frentes están pegada una a la otra.

Quiero verte otra vez.

Yo también bombón, ¡me encantas! Le contesto dulcemente colgada de su cuello

Me besa nuevamente, sube a su moto y lo veo desaparecer.

Suena el celular y es un mensaje suyo… «Eres una Diosa nena, gracias por cumplir mi fantasía, quiero ver que más puedes ofrecer a este mortal. Ojalá me hagas un descuentito la próxima vez». Sonrío esperando vuelva a llamar.

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Jardinero y poeta

por Salcon

 Mi papá era jardinero y poeta. Desde muy temprano hablaba con todas ellas, las acariciaba con sus melodías, las entretenía con sus palabras, las enamoraba con su bella y serena presencia.

Mi papá era un buen jardinero que traía a la lluvia con sus hechizos, al sol con su canto, al cielo estrellado con su amor de padre.

Mi papá era un buen poeta de cuyas frases nacían rosas, violetas, flores de jacaranda, magallis, nardos, pétalos multicolores, lilas, hortensias, geranios, orquídeas, mastuerzos, magnolias, madreselvas, hiedras y girasoles.

También era amigo del viento, los árboles y los gatos, de los perros aulladores, de las ratas de pradera, de las orugas, de los mosquitos, de las lombrices, de las golondrinas o de las arañitas de los troncos y de las catarinas.

Él intercambiaba pensamientos con las lagartijas, los chapulines o las mariposas. Su risa contagiosa provocaba la algarabía de las aves, a las cuales llamaba hijas.

Mi papá era jardinero y poeta que con sus manos daba forma al más hermoso y acogedor de los jardines, y con sus labios les contaba a todos ahí lo que había vivido y viajado. Amaba el mar y a sus cristales millonarios.

Mi papá era jardinero y poeta mientras soñaba. Cuando despertó un día se convirtió en riachuelo que se fue por debajo de la tierra y de las inmensas piedras.

—–(05 Junio 2008)

14:17 horas

Magalli Salazar, 2013
Salcon, 2013

 

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Hombres cabales. Entrevista con Martín de la Cruz López Moya.

por Ivelin Meza

El estudio de las masculinidades en México es todavía un tema por demás ausente en la información cotidiana sobre género. En el Distrito Federal, por ejemplo, las políticas que promueven el respeto y la igualdad devienen, las más de las veces, en parches que fomentan la victimización y criminalización que dicen mejorar la convivencia social, pero perpetúan las divisiones. De ahí la importancia del trabajo de Martín de la Cruz López Moya, a quien busqué cuando supe la existencia de su libro “Hacerse hombres cabales: masculinidad entre tojolabales”.

Un intercambio de correos valió para que aceptara ser entrevistado vía internet, ya que reside en Chiapas. Sencillo y de voz agradable, tuvimos una charla breve y amena.

Esta investigación comenzó alrededor de 1997 a raíz de un programa de salud reproductiva tema en esos momentos de moda en la región tojolabal1. En este programa me percaté que el tener hijos era un acontecimiento de gran relevancia para las comunidades. A pesar ello, se me hizo peculiar que cuando había dificultades en la concepción, todo el conocimiento médico local se vertía hacia la tarea de restablecer la fecundidad de la mujer, asumiendo el problema como propio de ella y obviando la posibilidad de infertilidad en el varón. Pero, además, otra particularidad dentro de este contexto era el precio de los nacimientos: cuando nacía un niño, el coste de la partera era más elevado que cuando nacía una niña”.

En el contexto en que trabajó Martín de la Cruz -las comunidades de Las Cañadas, Las Margaritas y Comitán, en Chiapas-, el hombre cabal es definido por las representaciones de su cuerpo y pensamiento. Por un lado, el cuerpo debe estar completo y pleno en sus funciones: tener una dinámica heterosexual, ser capaz de procrear y ser consecuente en las prácticas de vida cotidiana, como el matrimonio: “Es una prescripción, un acuerdo social que un hombre debe casarse (buscar a la mujer, cortejarle y hacerla su esposa), lo cual no difiere en mucho en otros contextos culturales, urbanos y en otras sociedades”.

Por otro lado, su pensamiento debe ser cabal: “representar a su familia, mediar ante la sociedad (desde el médico y las autoridades hasta el cura, por lo cual tiene que hablar fluidamente español) y tener la capacidad de mando, pues es la autoridad”.

No obstante, hace énfasis en que ese hombre cabal, siempre está en construcción:“Nunca está determinado y por eso es preciso especificar que mi estudio sobre las masculinidades se construyó a partir del registro etnográfico y observación de campos de interacción, para evitar reproducirlo como estereotipo de las comunidades campesinas o tojolabales. Lo conveniente es mostrar que en ese campo de relaciones analizadas se construye un modelo de representación dominante de masculinidad porque es la que da contenido y forma a las relaciones cotidianas, pero no debe verse como la única. Hay marcos más amplios que delimitan la hombría o virilidad, inscritos en los propios ámbitos religiosos, en los medios de comunicación, la escuela, la iglesia, el trabajo, en los cuales negocian y se inscriben modelos dominantes de masculinidad más generales”.

Es precisamente por eso que el maestro Martín de la Cruz hace énfasis en la necesidad de que su trabajo sea visto desde el orden antropológico, ya que no busca decir verdades sino “aproximarse a un fenómeno, es interpretativo y de carácter etnográfico”. Pero además ve la masculinidad como un proceso relacional que se construye con el trato cotidiano, multidimensional ya que varios campos convergen para construir sus modelos, como el religioso, el económico, laboral, las relaciones de pareja, etcétera, histórico pues cambia de sociedad en sociedad, de generación en generación, de lugar en lugar, incluso en la trayectoria de vida de las personas, y situacional, pues se activan maneras de relacionarse de acuerdo a los contextos en que se encuentran.

En este sentido, la especificidad de la definición tojolabal, es meramente una forma de ubicar su investigación:“No hablo de indígenas sino de tojolabales pues los indígenas no son un todo homogéneo, tienen distintas calidades y modos de vida, diferentes costumbres, incluso dependiendo de sus inclinaciones religiosas o políticas. Los estudios de género deben hacerse respetando las particularidades para, por ejemplo, crear políticas públicas congruentes con las diversidades y contextos sin pretender definir un estereotipo dentro de la comunidad.

Es necesario ponderar la diversidad humana, superar la categoría del hombre o indígena o mujer, ya que es una expectativa social y exigencia incluso de las propias mujeres, quienes participan de las formas de dominación masculina. En las comunidades mismas, las suegras, abuelas, parteras tienen más jerarquía, asumen relaciones de poder que se construyen por exigencias sociales.

Hay un imaginario colectivo que construye modelos de representación de los cuales todos participamos, aunque las mujeres sean las más vulneradas. Por ejemplo, en cuanto a los tojolabales, hay situaciones que ponen en prueba al hombre cabal. El jokwanel (rapto) exige al hombre robarse a la mujer violentamente para hacerla su esposa. Sin embargo, muchas de las veces es un rapto negociado, simulado, a veces porque las formas tradicionales católicas de contraer matrimonio son lentas y costosas, o no hay forma de pagar una dote, por lo cual se actúa el acontecimiento. En este proceso, las mujeres cercanas pueden colaborar al rapto (amigas, hermanas, la madre), ya que es una imposición social de la comunidad aunque pueda resultar en algo precario y vergonzoso para el hombre si, por ejemplo, la mujer es más fuerte que él y se defiende”.

Y habla sobre la importancia de las masculinidades: “El tema de las masculinidades es relevante porque hay que tomar en cuenta que el género es una construcción cultural, independientemente de si se es hombre o mujer. Es un campo de conocimiento que se tiene que trabajar porque se da mucho por sentado, tanto desde el punto de vista de la investigación social, como del sentido común en las relaciones cotidianas. Muchas veces se consideran las diferencias como si fueran asuntos naturales, lo cual invisibiliza modos de vida en los cuales puede haber mucha violencia tanto para hombres como para mujeres.

Hace falta ver a las personas como personas, ponderar la condición humana, independientemente de que sean indígenas, hombre o mujeres, lo cual nos ayudaría a romper con estereotipos. No es lo mismo ver a alguien como indígena/mujer, que como persona, como seres humanos que sufren, gozan, ríen.

El ejemplo del libro sirve para cuestionar estas maneras dominantes que existen en cualquier contexto porque esto del hombre cabal se puede traspolar a otros lugares, no tanto con ese adjetivo pero sí como modelos dominantes del ser hombre. Existe una gran necesidad de trabajar en estos campos desde una posición menos desideologizada, por ejemplo, como dice Chandra Mohanti, el feminismo occidental ha querido ver a las mujeres del tercer mundo como un grupo homogéneo, cerrado y sin historia. Si nosotros seguimos con este esquema, solamente reproducimos un mismo discurso y creamos unos estereotipos de victimización.

Me parece que el estudio de las masculinidades debe desarrollarse tomando en cuenta la diversidad de las personas, concretamente, porque es bien fácil dirigir políticas desde esquemas muy generalizantes. Hay que analizar y ver que tanto la categoría de hombre como el de mujer siempre van a estar en proceso y que van a haber muchas maneras de ser. Hay que dejar de clasificarnos simplemente como hombres y mujeres pues es como reducirnos a esos grandes grupos e ignorar que cada persona es muy particular”.

Casi al terminar la charla, Martín de la Cruz me reitera la necesidad de que su trabajo se vea ajeno a los estereotipos con que a veces nos acercamos a los hablantes de lenguas indígenas, inclusive por la forma metodológica de su elaboración “replicable a cualquier sociedad”. Aclarado lo anterior, pregunto si tiene algún otro proyecto en puerta relacionado con los estudios de género.

Sí varios, aunque últimamente he tenido otros temas de trabajo. He migrado de las masculinidades a la antropología de la música, por lo que he estado viendo la conexión entre masculinidad, música y sexualidad: cómo se construye la subjetividad masculina y la sexualidad a partir de ciertos gustos musicales”.

Así que, mientras espero su próxima investigación, les recomiendo que lean la reseña de su libro, publicada aquí mismo.

1Etnia que habita en la zona centro oriental del estado Chiapas, México

[box type=»shadow» align=»aligncenter» ]Martín de la Cruz López Moya es sociólogo y maestro en antropología social por el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, con estudios de doctorado en el área de Comunicación y Política de la Universidad Autónoma Metropolitana.
Desde el año dos mil se desempeña como investigador y profesor de posgrado en el Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (CESMECA-UNICACH). Participa en el cuerpo académico “Sociedad y Cultura en Fronteras” en la Línea de Investigación “Globalización y Culturas Urbanas”. Cuenta con el reconocimiento como Investigador Científico Nivel II por el Sistema Estatal de Investigadores en Chiapas.
Entre sus publicaciones destaca el libro: “Hacerse hombres cabales. Masculinidad entre tojolabales”, editado por el CIESAS y la UNICACH y varios artículos y capítulos de libro donde aborda, desde una perspectiva antropológica, las expresiones de la música popular en Chiapas; publicados en revistas y libros arbitrados, de manera individual o en coautoría. Actualmente coordina el proyecto de investigación colectivo “Consumo Cultural e Imaginarios Urbanos en el Sur de México y Centroamérica”.
Contacto: martindelacruzl@yahoo.com.mx [/box]

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Oscar Mondragón, 2013

Sin pelos no hay paraíso

por Oscar Mondragón

—Me encanta que seas tan varonil, el vello de tu pecho… me gusta que no te lo recortas; ése es un hombre. —Me lo dijo mientras seguíamos acostados mirando el techo. Era ese momento de reflexión que a veces le sigue a una buena sesión de sexo; ¿En serio? ¿Así es un hombre? Me lo pregunté realmente, como muchas otras cosas que me he preguntado acerca de ser hombre, no es que antes no hubiera pensado al respecto, es más bien que escucharlo de su boca le daba un peso distinto.

Efectivamente soy un hombre peludo, lo he sido desde hace ya bastante tiempo. El vello de mis antebrazos ha estado ahí desde la primaria, una capa abundante de un vello muy delgado pero siempre obscuro; es a la familia de mi madre a quien parece que debo este rasgo, específicamente mi abuelo ostentaba unos antebrazos que durante mucho tiempo consideré los más velludos del mundo.

Justo durante la primaria y una década después mi impresión era que los hombres peludos eran más bien una rareza y hasta pensaba que enfrentaría rechazo por ser como soy. Recuerdo muy bien que dos señales definitivas fueron darme cuenta que ningún Ken y nadie en Salvados por la campana, Beverly Hills 90210 o Dawson’s Creek tenía vello en el pecho, por lo menos ninguno de los personajes principales. Al crecer y estrenar mi mirada en el mundo del porno descubrí con pesar la misma circunstancia, ahí incluso era peor ¡Estos tipos no tenían pelo ni en las bolas!

El vello de mi pecho, referenciado en las primeras líneas, comenzó a aparecer a los dieciséis años en la forma de una segunda aureola rodeando mis pezones y creciendo hacia el centro hasta cubrirlo finalmente alrededor de los veintiuno.

He aprendido a apreciarlo a través de los años y he pasado incluso a sentirme orgulloso de mi peluda anatomía, vino entonces otro momento de duda y cuestionamiento, ya que la imagen mainstream de lo masculino se ha visto interferida desde hace algunos años por personajes tan diversos como Ari Telch, el peludo galán de la telenovela Mirada de mujer y la figura del metrosexual años después. Así, puedo ver que ahora conviven varias imágenes de cómo luce un hombre de verdad, según un par de amigos esto ha llegado al extremo de transformarse en una velludocracia que privilegia nuevamente a los hombres velludos. Creo que esto tiene que ver más con que las barbas se han puesto de moda a últimas fechas.

El más preciado elemento piloso para mí siempre ha sido la barba. La barba representa un triunfo, es la culminación del paso por las edades y el símbolo de madurez por excelencia, sin embargo, hay otros aspectos más obscuros de ese fetiche con las barbas.

Desde la adolescencia el signo inconfundible del intelectual, el disidente, hippie o comunista, doctorante o crítico de arte, filósofo o activista, da lo mismo; el punto es que me dejé hundir en una mentira tan profunda que aún ahora me la creo: los hombres barbados son más interesantes. ¡Y vaya que se me ha decepcionado!

Pero qué hay de quienes no tienen, ni tendrán barba o vello corporal? Más de un amigo me ha hecho notar la polaridad de la situación, además de lo contundente del mandato de esa nueva velludocracia y he podido hacerme una opinión más clara respecto a la oposición peludos/lampiños.

Disfruto mucho ser peludo, pero me causa mucho conflicto que esa siga pareciendo una señal inegable de la masculinidad del macho alfa, sobre todo después de las confusiones y los cuestionamientos a los que me ha llevado mi encuentro con el feminismo. Es justo a través del feminismo que he logrado nombrar muchas de mis incomodidades en el ser hombre tradicional y la mayor parte tiene que ver con las imposiciones y las normas inflexibles. Para mí ser peludo es cómodo en cuanto a una característica propia sin que eso me obligue a ser necesariamente un hombre de verdad y el ser lampiño me parece muy bien en tanto que no sea el mandato de cierto modelo de lo masculino, lo atractivo o incluso lo limpio y me imagino que la percepción de por lo menos varios amigos coincide en este punto.

Nadie está obligado a ser de tal o cual forma para confirmar lo que se espera de su género (en caso de identificarse dentro de alguna de las acartonadas cajas de hombre o mujer) y yo seguiré sintiéndome a gusto con mi recubrimiento mientras no se me exija jugar ese papel que considero tan obsoleto: el del macho bigotón.

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Hacerse Hombres Cabales. Masculinidad entre Tojolabales

Guillermo Núñez Noriega

Hombrescabales

[box type=»shadow» align=»left» size=»200px» ]Hacerse hombres cabales.
Masculinidad entre tojolabales
CIESAS-UNICACH
2010, 132 pp.[/box]

Este libro es un claro ejemplo del movimiento académico relacionado con los estudios de género sobre los varones y las masculinidades desarrollados recientemente en México. Su autor, el antropólogo Martín de la Cruz López Moya es investigador del Centro de Estudios Superiores de México y Centroamérica de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.

     “Al estudiar las prácticas y representaciones del ser hombre y la masculinidad en una sociedad indígena mexicana, a través de la práctica cotidiana, la palabra coloquial, la interacción en el flujo de la vida diaria, Martín de la Cruz, abre un nuevo campo temático hasta ahora inexplorado en este país”, escribe en el prólogo de este libro, el académico mexicano Guillermo Núñez Noriega, ex presidente de la Academia Mexicana de Estudios de Género de los Hombres.

     La imagen que nos presenta el autor sobre los hombres tojolabales y sus prácticas y representaciones de género no difiere en lo sustancial de lo que ocurre en otras sociedades de dominación masculina como la sociedad mestiza mexicana. Através de un recorrido etnográfico por los diversos escenarios de la vida tojolabal, el autor describe las diversas prácticas e instituciones que sirven como marco de distinción genérica, a través de los cuales se produce una representación simbólicamente dominante de masculinidad: hacerse hombre cabal.

     Un acierto teórico-metodológico fue intentar una mirada abarcadora, comprensiva de la producción de las identidades masculinas en el flujo de la vida diaria. El autor no se limita a estudiar un solo aspecto, sea la reproducción o la sexualidad, sino que además estudia la masculinidad en el trabajo agrícola, en la organización social y política, en la vida religiosa, en la familia, en la presentación diaria ante los otros, en el aprendizaje del español, en la decisión de migrar.

     De esta decisión surge una las principales aportaciones del texto: el autor nos recuerda y nos demuestra que los procesos de construcción de la identidad genérica, masculina o femenina —o disidente de ambas hay que agregar— son procesos consustanciales de la vida social y viceversa, que los procesos centrales de la vida social son siempre procesos articulados con prácticas, identidades y relaciones de género, con profundas implicaciones en las posibilidades de desarrollo —inequitativo— entre hombres y mujeres.

     Para el autor de Hacerse hombres cabales. Masculinidad entre tojolabales, el estudio del género de los varones, adquiere pertinencia académica, política y social. La comprensión de estos fenómenos debe preceder cualquier política pública orientada al cuestionamiento de las relaciones de poder entre los géneros

[box type=»shadow» align=»aligncenter» ]Guillermo Núñez Noriega es investigador del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A.C. y Presidente de la Academia Mexicana de Estudios de Género de los Hombres, A.C. Entre sus publicaciones se encuentran: Sexo entre varones. Poder y Resistencia en el Campo Sexual (1999) y Masculinidad e intimidad: identidad, sexualidad y Sida, ambos libros publicados por la editorial Miguel Ángel Porrúa, el Colegio de Sonora y el Programa de Estudios de Género de la Universidad Nacional Autónoma de México. [/box]

[checklist][/checklist]Puedes encontrar el libro en:
Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social, Librería Guillermo Bonfil Batalla
Tel. (+52 55) 56 55 00 47, ventas@ciesas.edu.mx
Y en las librerías:
http://www.ciesas.edu.mx/Publicaciones/p_ventas.htm

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Chester5000XYV

Por Pola R.chester01

Digamos que el hombre perfecto no es una idea inalcanzable, nada de debraye acerca de las virtudes subjetivas del ser y más acerca de las virtudes que este sea capaz de demostrar durante el empierne. El hombre perfecto podría entonces ser; hábil, tierno, fuerte, dedicado, divertido, con imaginación. Un robot.chester02

     Chester 5000 XYV retoma el estilo de las Tijuana Bibles (historietillas eróticas estadounidenses de principios de siglo) para desarrollar un triángulo amoroso en medio de la estricta moral de finales del siglo XIX. Pricilla y Robert están casados pero Robert se siente abrumado entre sus obligaciones como ingeniero/científico y marido. Pricilla es una heredera que gusta de disfrutar los placeres que la vida ofrece sin complicaciones. Para solucionar sus problemas maritales Robert crea a Chester5000XYV, un sofisticado robot que es justamente lo que Pricilla desea.

     La primera parte del cómic (la historia de Pricilla, Chester y Robert) ya está terminada, impresa y a la venta; aunque la página sigue activa mientras Jess Fink desarrolla una historia previa a Chester5000XYV centrándose en la relación que tenía Robert con George e Isabelle. Fink ilustra escenas explícitas echando mano de perspectivas distorsionadas y de vez en cuando una composición poco convencional, dándole un toque muy naíf1 a los debacles sexuales de una mujer casada con su amante robótico.chester03

Al final es una historia muy divertida salpicada de ternura y sexo muy explícito demostrando que lo porno no está peleado con lo divertido, además de darle un pequeño giro al tema: Científico se enamora de creación perfecta, también presenta una imagen bastante positiva de las heroínas de cada historia.chester04

Jess Fink es la autora de Chester5000XYV, y tiene bajo el cinturón varios cómics ya sea por su cuenta o contenidos en antologías eróticas, aunque se luce con su colaboración al Smut peddler (ya saben que regalarle a su nerdperv favorit@) e ilustraciones para el New York Times y Threadless.chester05

1 Naífes una clasificación del arte que a menudo se caracteriza por una sencillez infantil en su tema y técnica.

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