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Entrevista con Courtney Trouble, icono porno queer

Por Liz Misterio

traducción Vanessa DeVilbiss

Primero que nada, para contextualizar a nuestros lectores que podrían no estar familiarizadxs contigo y/o con tu trabajo, ¿quién es Courtney Trouble?

Courtney Trouble es un icono porno queer. Un/a performer porno, creador/a, e influyente persona de la industria adulta que crea hermoso y explícito porno en la comunidad queer del Bay Area – nada que ver con el porno no político del valle de Los Ángeles que suele ser objetizado.

Los medios masivos siempre están reforzando ideas tóxicas a cerca de los cuerpos y sexualidades de las mujeres, prohibiendo a mujeres gordas la posibilidad de ser vistas como hermosas y deseables. ?A ti te llegó a afectar este mensaje? Y si así lo fue, ?Como lograste empoderarte a tal grado de comenzar tu propia Revolución Porno Queer?

Los medios masivos son poderosos, y sí, he sido y continúo siendo enormemente afectada por la manera en la que mujeres gordas son rechazadas y subyugadas en nuestra sociedad. Las bromas e imágenes son indignantes. Pero lo supero una y otra vez recordándome que el mundo convencional aún está gobernado por misóginos que crean un problema que las mujeres no podemos resolver (nuestros cuerpos), pero continúan tratando de mantenernos oprimidas. Cada vez que recuerdo que la gordofobia es una herramienta del patriarcado, me acerco más a dejar mi cuerpo SER mi cuerpo. Me ayuda a ver porqué y cómo se implementa la opresión de los cuerpos gordos y a aprender que esto es una herramienta, un espejismo, no es real. Nuestros cuerpos son reales.

¿Qué hace al porno feminista distinto al porno convencional?

No puedo hablar de una diferencia en términos feministas. Varias personas lo intentan, pero el problema con esta pregunta es que mucho del porno convencional es feminista y mucho porno indie no es feminista. Convencional e indie no son sinónimos de no feminista y feminista. Lo que hace al porno feminista, creo yo, son las personas que lo hacen y el mensaje que manda. Si lxs directores, performers, y vendedores son feministas, notarás que el trabajo tiene más profundidad, es tomado más en serio y da prioridad al empoderamiento femenino tanto en la pantalla como detrás de las cámaras. Lo que concierne a lo porno y feminista no solo es la representación de empoderamiento y placer femenino, sino también el trabajo político y prácticas de grabación que se llevan a cabo detrás de las cámaras. Dicho esto, he visto este tipo de porno feminista en todas las secciones de la industria adulta. Y sobretodo, algo de lo que me he dado cuenta en mi propia teoría, es que llamarle a algo porno feminista nos anima a separar a lxs trabajadores sexuales en una jerarquía y eso no es saludable. El porno feminista no es el único tipo de porno para el cual está bien trabajar, o vender, o mirar. El trabajo sexual es una serie de decisiones, es actuar, es una actividad y un trabajo, y muchas de las cosas que hacen los feministas porno quizás no terminen pareciendo feminista. Y está bien. Algunas personas (y esto se ve más en las comunidades trans y de trabajadoras sexuales de color (POC=people of color) se ganan la vida fingiendo ser un estereotipo. Independientemente de cómo se terminen percibiendo a los ojos del consumidor, estxs trabajadores sexuales pueden ser feministas y aún así, hacer este trabajo.

courtney

Tus películas son geniales y radicales en cuanto a la representación de la diversidad de cuerpos y sexualidades queer. Las encuentro muy sexies y sin embargo, profundamente éticas y políticas. ¿Cuáles son las pautas que utilizas para crear tu trabajo?

No puedo decirte todos los ingredientes secretos, pero todo lo que hago, lo hago por respeto a los hombres, mujeres, y performers no-binarios que están enfrente de mi cámara. Soy honesta y abierta y me inclino hacia los deseos de mis performers en vez de moldearlos a un paquete comercializable. Mis películas se hacen al gusto de mis performers, no del cliente. Mantengo mis sets seguros y limpios, sobrios y pacíficos. O, sólo cito a mi amigo y colaborador Syd Blakovich, quien dice lo siguiente a cerca de trabajar conmigo: “Trabajar para Courtney es como ir a una fiesta bien organizada en donde todos se aplican/cachondean y se la pasan bien.” Eso me gusta. 🙂

Vi la película de Lesbian Curves 2 y me impresionó mucho, nunca había visto a la sexualidad con cuerpos gordos, femeninos, lesbianos representados de una manera tan respetuosa, verdadera, kinky y sexy. Creo que destruye todos los estereotipos de mujeres gordas que hay en el porno. ¿Qué te motivó a hacer toda una serie sobre este tema?

Yo misma, como una performer gorda, no tengo muchas opciones para trabajar fuera de mi propia compañía de producción. ¡Me he estado grabando desde hace mas de una década! Lesbian Curves se construye alrededor de mis propios deseos artísticos y de la inspiración y colaboración de mis performers. Es muy importante para mi no tener a puras mujeres plus size en la serie, porque creo que el porno necesita volverse mas como un crisol y dejar de trabajar dentro de los confines de diferentes fetiches.

Consideras a este tipo de porno un esfuerzo activista?

Por supuesto. Creo que mi tipo de porno definitivamente nació de una intención política.

¿Qué es lo que más te gusta de tu carrera en el porno?

¡¡¡Viajar!!!! Voy saltando por todo el mundo, todo el año, todos los años y es básicamente la mejor parte de mi trabajo. Estoy internacionalmente versada en comida, sexo, fiestas, y por supuesto, porno!

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Puedes conocer más sobre Courtney Trouble aquí: http://courtneytrouble.com/

Y ver mucho porno queer por aquí: www.indiepornrevolution.com

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Manifiesto Gordx

por Constanza Álvarez

y Samuel Hidalgo 

Nuestro kuerpo, el primer enemigo

Es ahora, en el presente Gordx

Porque no se nace gordx, se llega a serlo…

Enunciamos, “algunas chicas son más grandes que otras”

Somos lxs anarKorpóreos.

Nosotrxs proclamamos;

que ante todo, re-construiremos nuestras vidas desde lo que somos, lo que molesta,

el desborde del(a) chanchx que si desea vivir

somos golozxs y tentadxs, puro eros vuelto placer por la buena mesa y las bacanadas

nos gusta el calor que brinda la grasa en esos días de invierno

Y ante una cultura del recato, la buena presencia y el ser ubicaditx

Nosotrxs somos las trincheras del fascismo/dictadura de la piel

Somos vida desbordada de placer oral

Porque nos gusta comer y no queremos reprimirnos tales deseos

Sólo para que le pueda gustar a la familia, al compañerx sexual de paso o al jefe que no me quiso contratar por la mala presencia.

Somos la denuncia andante de las inconsecuencias de la democracia de los cuerpos,

cueste lo que cueste

Porque nuestros placeres estomacales no los tranzamos.

Somos quienes no nos resistimos a desaparecer ante el adelgazamiento de las diferencias corporales

Porque el ser gordx no es algo anecdótico, es político, contra lo establecido.

Lo que no encaja, lo que excede, lo que estalla límites, costuras y cierres, asientos de micros, fronteras, ficciones, deseos.

Acá están mis pliegues, acá están mis rollos, acá esta el cuerpo, ese que no corresponde, ese que aparentemente nadie quiere follar, este cuerpo enfermo.

Hablamos como gordxs, guatonxs,desde las estrías, celulitis, rollos grasientos y sebosos

que recorren nuestros cuerpos desbordados, el eterno sobrenombre escolar,

como proletarixs de la belleza y salud, más deseantes que deseables.

Hablamos las guatonas transfeministas, radicales,

porque no basta con destruir el género si no dinamitamos también las normas corporales.

Porque en el fondo, le damos asco a tu sistema de vigorosidad, fortaleza, fecundación y fuerza (de trabajo y militar).

Hablamos lxs gordxs que no comemos carne, lxs que creemos que el racismo el sexismo el heterosexismo y el especismo son rejas necesarias de destruir.

Lxs que no queremos trabajar, lxs que deseamos dejar de ser, abortar. Lxs que no queremos parir, estar en huelga. También hablamos las gordos peludas, hediondos, las feos, maricones hiperfemeninos, quienes no salimos en las pornos si no es a modo de fetiche, las camionas, desaliñadas, las que eructan en la mesa, asquerosos, perturbadoras, excesivos, nunca callados ni impecables.

Eramos la gordita buena onda, la que nadie sacaba a bailar, la que jamás logró mantener una dieta, la avergonzada, la que se cubría, la “guatona culiá”, a esa que siempre le querían cerrar la boca, la chancha, lechona, obesa, bola de grasa, aceitosa, ballena, el Java, el empolvado, el Gonzalo Cáceres, el bola/pelota, el manteca. Para el resto nuestro cuerpo es un gran globo desformado,  Grasiento.

Porque todxs somos potenciales guatonas anoréxicos.

No queremos modificarnos o que nos acepten por “lo que somos por dentro”, ni auto-torturarnos con dietas y ejercicios extremos, queremos que los deseos se desaprendan y que nuestro cuerpo se transformen en potencia de deseo por el simple hecho de ser cuerpo.

Hablamos para los gordas que aún se encuentran en el espacio del silencio, de la vergüenza, de la burla… Les invitamos no a salir del closet de las tallas, si no que a destruirlo…

El espejo no es un reflejo de la realidad, lo que vemos en él, no es más que una construcción social necesaria de deconstruir.

Sacamos las garras, aullamos como lobas y salimos del espacio del silencio

                       HOY GORDE

                           AYER PUTA

                                MAÑANA LOBO

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Issay Rojas. Carne santa

 

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Issay Rojas Velasco nace en el Estado de México un 29 de enero de 1986, Fue miembro unnamedactivo del Club Fotográfico de Mexico (2008-09). Cursó el diplomado de Fotografía Digital en Laboratorio Mexicano de Imagen (2009) , un taller de Maquillaje y caracterización FX en Gimnasio de Arte (2012). Es egresado de la ENAP -(2009-13), inclinándose hacia el lenguaje de la fotografía y videoarte. Ha participado en más de 15 exposiciones colectivas de varias disciplinas, videoarte, instalación, fotografía y escultura.  Actualmente participa en el proyecto “Esquizofrenia, arte y locura” del Hospital Psiquiátrico Samuel Ramirez Moreno.

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Rompiendo la línea. El cuerpo en las fotografías de Laurent Benaim

Marisol Maza

Cuerpos contenidos y desbordados, plenos, rebasados de sus formas, fragmentados, deseantes y deseados, incompletos, complacientes y complacidos, dolientes, bellos.

Cuerpos en tanto carne, vulnerables, espacios para la expresión del deseo y el placer. Cuerpos en tanto territorios de placeres compartidos.

Lo que confronta del cuerpo alterado, el que rompe las líneas, es la alteración que hay en los estereotipos e imaginarios que se tienen sobre éste. Cuando el cuerpo cambia de forma o no se adapta a las formas establecidas, se da forma a un nuevo espacio en donde se redefinen los cánones de belleza y erotismo.

Esta es la belleza en las fotografías de Laurent Benaim. La belleza de la línea curva, flexible, que rompe los moldes, para generar otras formas de erotismo basadas en la aceptación y el goce del cuerpo como tal. El cuerpo completo con su falta, pleno en su saturación, armónico en su falta de equilibrio.

Laurent Benaim (Francia, 1965) trabajó primeramente como fotógrafo profesional de moda y arquitectura. Desde hace 15 años se dedica exclusivamente a su producción artística, expuesta en numerosas ocasiones en distintos países europeos y por la cual es conocido como uno de los más famosos autores de fotografía erótica.

Ya no busca a sus modelos. No les contrata porque la intención de sus imágenes es el disfrute verdadero de los cuerpos. Ellxs han visto su trabajo y llegan a él queriendo ser fotografiadxs.

Sus imágenes son hechas en goma bicromatada, técnica fotográfica del siglo XIX, que consiste en aplicar a papel de algodón una emulsión fotosensible que permite la impresión, dando como resultado imágenes monocromáticas que remiten a los inicios de la fotografía.

Se han publicado dos libros sobre su obra: Corpus Delicti (2002) y Lunacy Things (2008).

Más información sobre Laurent Benaim:

laurentbenaim.tumblr.com

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Marisol Maza (México, D.F) Artista Visual. Trabaja con fotografía e intervenciones al espacio público. Su trabajo se ha presentado en varias ocasiones en México y el extranjero. Actualmente trabaja en el proyecto Cartografías Temporales que consiste en intervenciones a partir del mapeo de las ocupaciones temporales en espacios urbanos. 

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Carne viva

Breve serie donde la fotografía como elemento de captura de imágenes reales facilita el cuerpo gordo como motivo para la sintaxis visual, proponiendo un juego gráfico donde, mediante el bordado y el color, se celebran las formas gordas generando nuevas a partir de ellas; ovacionando al bordado al despojarlo de su carácter de técnica, haciéndolo parte activa del discurso donde se celebra la feminidad y la construcción de sus imágenes actuales, no occidentales.

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Julieta Granados. Artista visual y creadora multidisciplinaria originaria de San Juan del Río, Querétaro, México (1984). Habiendo realizado estudios artísticos en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro, desarrolla desde 2009 una línea de investigación y producción dentro del terreno del arte textil, teniendo como principales influencias los bordados autóctonos de comunidades originarias en diversas regiones, el femmage y el arte popular.

www.facebook.com/JulietaGranadosArtStuff

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Poema sin título/ Nicolás Cuello

dibujo por Carlos Pena (Charly Chamuco)
dibujo por Carlos Pena (Charly Chamuco)

por Nicolás Cuello

No me aguanto más las ganas de comerte
¡Es que tengo tanta hambre!
de comerte todo
todo el cuerpo.
Devorarlo.
Sentir con cada mordisco,
con cada bocado
el gusto de tu piel mientras mastico.
Es que no sabes el hambre que tengo.
Quiero comerte todo
quiero devorarte
quiero comer los
restos de comida
que caen en tu pecho
quiero comer
hasta las pelusas de tu ombligo.
Es que no sabes el hambre que tengo.
Hambre
tanto
hambre.
De tu cuerpo,
todo.
Devorarlo,
todo.
Probar esa boca
sentir el gusto de tus cigarrillos
de tu barba, y tu comida
Besarte
besarnos
tan fuerte
hasta asfixiarnos
hasta que no quede
aire en el mundo.

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Nicolás Cuello (La Plata, Buenos Aires, Argentina) es artista, activista gordo puto, profesor e investigador en Historia de las Artes.

Contacto: cuellonicolas@hotmail.com

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Cómic por Ernest Graves

por Ernest Graves

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autorretrato

 

 

Ernest Graves. Fanzines, performance, vídeo, tattoo… El do it yourself y el juego como base en un cuestionamiento constante.

http://ernestgraves.tumblr.com

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Vivir para narrar: crítica al texto de Emeequis sobre el feminicida Javier Méndez

Cordelia Rizzo

A la familia de Imelda Virgen,

asesinada brutalmente hace 2 años por el hombre que presumía amarla

El desafortunado texto de Alejandro Sánchez sobre el feminicida Javier Méndez publicado en Emeequis el 23 de septiembre pasado, es muy apto para establecer una vigente conversación sobre ética periodística. Llega oportunamente pues hay un fenómeno de victimización importante en el México del presente. Demuestra, más que un impasse del autor, a qué niveles está enquistada la misoginia más tradicional y tolerada.

Para quienes no conocen el texto se titula: “El joven que tocaba el piano (y descuartizó a su novia)”. El resultado de lo que argumentan editores y autor fue una serie de malas decisiones sobre el texto y no tener la versión de la familia de la víctima, Sandra Camacho, da como resultado una apología del prejuicio misógino y del crimen.

El estilo de la crónica recuerda las máximas nietzscheanas y schopenhauerianas sobre las mujeres. La falsa mística o factor insidioso que incita a la agresión. Soy lectora de Nietzsche y Schopenhauer está en el trasfondo de mucho de lo que me gusta leer. Pero debe uno ser capaz de distinguir el pensamiento relevante, de los prejuicios de su tiempo y la manera en la que inclusive experiencias negativas con mujeres colorearon su filosofía.

Como feminista de toda la vida no ando esperando encontrarme en el camino con mentes masculinas iluminadas al por mayor (aunque lo deseo y me da gusto cuando así es). Pero sí espero que medios que han arriesgado el pellejo y concentran mentes y plumas diestras dentro de su staff y colaboradores como Emeequis pudieran no caer en el prejuicio más básico de “ella lo provocó”. Catalina Ruiz-Nava lo llamó un ‘feminicidio de libro’, un caso típico de una muerte violenta provocada por un hombre a una mujer.

Tal vez ignoren, o desestimen, que si ahora se puede juzgar al chico como feminicida, inclusive como asesino, es porque detrás hay años de lucha –de mujeres y de algunos hombres- para lograr que las agresiones a mujeres fueran sancionadas por la ley. Vidas de lucha. A estos logros constantemente los amenazan grupos de poder que no reconocen, o minimizan la importancia, de garantizar derechos a las mujeres.

Cuando una como mujer sabe de esto, o lo intuye, y lee un texto como el de Sánchez siente que le han raspado una capa de su piel y que no tiene derecho a llorar.

Narrar para vivir, vivir para narrar

Susan J. Brison escribió un conmovedor libro que relata su experiencia como sobreviviente de una violación, Postrimerías: la violencia y la reconstrucción del Yo. Su agresor la dejó de golpear y la abandonó porque creyó que la había matado. En el libro cuenta su recuperación (física y emocional) y experiencia como víctima tanto en Francia como en el norte de Estados Unidos, de donde es originaria.

Brison, siendo filósofa, se detiene valientemente a explicar por qué es tan infrecuente la identificación con una víctima cuando leemos novelas o historias de no ficción. Es importante para ella a nivel personal, pero nos ofrece desde lo personal una razón por la cual periodistas como Sánchez y sus editores sucumben ante la fascinación por el asesino: la incapacidad de aceptarse a una misma como débil, mortal, susceptible de ser ultrajada. En esto coincide con una tesis de Martha Nussbaum en su libro Hiding from Humanity: rechazamos a personas con discapacidad por la incapacidad de vernos frágiles en lo más íntimo de nuestra corporeidad. Los ideales de fortaleza y suficiencia humana que se consagran en las leyes y principios morales de tradiciones legales y normativas como la nuestra obstruyen un proceso tan humano y necesario como el de aceptar las contingencias latentes de la vida.

Siendo fuerte, sagaz y hombre, se puede devenir víctima en un instante, ¿acaso el gremio periodístico en México no está en un proceso de reconocimiento de su propia vulnerabilidad?

El ataque que sufrió Brison sucedió a principios de los 90’s en el sur de Francia, el juicio que terminó por condenar a su atacante fue justo y ella confió en el aparato de justicia (a diferencia del grueso de los procesos mexicanos). Algo destaca de su narración, y es que dado que no conocía a su atacante y éste la asaltó en la calle sorpresivamente, la defensa trató de argumentar que el agresor no estaba en sus cabales cuando la atacó.

Brison es experta en temas legales y de derechos humanos. Su texto también conforma una indagatoria sobre la importancia de la narrativa a la hora de contar historias de trauma, y su poder curativo. Entonces mientras ella trata de narrar para sanarse, reflexiona en su relato constantemente sobre los hechos y cómo fueron contados por la parte acusadora y la defensa en el juicio.

En el sistema legal estadounidense, que implica juicios orales y la construcción de argumentación jurídica a partir de una teoría del caso, la manera en la que se narran los hechos es crucial. México está en una transición hacia un sistema de juicios orales y una reformulación de la argumentación jurídica. Por ende los temas narratológicos deberán adquirir importancia (esta es otra historia). Esto viene a colación porque si no sabemos narrar, podemos condenarnos (o condenar) en la esfera pública o en un tribunal.

Para Oscar Wilde en De profundis, el juicio en el tribunal tiene un significado íntimo, es el juicio por la vida de uno. Este texto lo escribió mientras purgaba una condena de trabajos forzados por el delito de ser homosexual (sodomita). Quien lo condenó fue el padre de su amante en turno, con el afán de vengarse de su hijo.

Cuando alguien está siendo juzgado, como el protagonista de la crónica de Alejandro Sánchez, y cuando se es una víctima en el espacio público, como Sandra Camacho y su familia, se expone a una afectación profunda a partir de los mensajes de la prensa.

Aprendizajes

El habitus del periodista está en constante revisión por personas preocupadas por la trascendencia de las coberturas de hechos noticiosos. Del lado de las víctimas sé por primera mano que encuentran muchas decepciones en los informadores. Estas suceden principalmente cuando un periodista tergiversa la historia en perjuicio de un testimonio que a la víctima le cuesta trabajo contar.

La mayoría de las personas que son víctimas (en el sentido legal del término) no eran personas públicas previas al hecho victimizante, o al menos no en el sentido que lo son ahora. Quien publica sus historias sí es persona pública en su dimensión como escritora o escritor. Cuando la cobertura noticiosa refuerza un estigma social a las víctimas (eran personas susceptibles de ser criminales, ser agredidas, envueltas en negocios riesgosos) en vez de cuestionarlo o subvertirlo, afecta directamente un proceso de duelo, de exigencia de derechos y de búsqueda de resarcir con los recursos disponibles vidas rotas.

El otro lado es una buena cobertura: meticulosa, respetuosa de las personas que ofrecen testimonios para que otros trabajen para recibir remuneración por sus productos, anima la lucha y fortalece el vínculo entre las fuentes y las y los periodistas. No significa tomar partido, ni perder ‘objetividad’, sólo reconocer la dimensión de lo que estamos estudiando o informando. Eso sería indicador de que hemos recorrido bien el terreno que narramos, y actuamos acorde con el significado y peso que nosotros reconocemos que tiene. A mi juicio, produce mejores narraciones, con marcas en la memoria que nos hacen volver al texto, recordarlo y reconocer a quien lo narra.

Conclusión

Quise aportar algo más allá de lo que otras y otros han dicho sobre este escándalo de medios. María Teresa Priego y Catalina Ruiz-Nava han hecho un trabajo espléndido. La mayoría de las críticas al texto han sido pertinentes. Sin embargo, al igual que otros amigos periodistas, creo que la crítica al texto es una ocasión para reflexionar sobre el entorno que permite que un prejuicio de género tan normalizado domine un texto.

Que se publiquen notas y coberturas que abonan a normalizar la violencia, sobre todo la feminicida, es desafortunadamente norma. Esperaríamos más de Emeequis y de Sánchez que está en la terna de este año para el premio de la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano.

Hannah Arendt expresó, tras su cobertura del juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén para la New Yorker, que escribía para entender. Fue duramente criticada por juzgar a Eichmann como un personaje ordinario y revelar así signo perturbador de los malhechores. Querer entender al Otro implica hurgar en nosotros mismos. Empatizar con estos personajes problemáticos es la norma en esto de trabajar con testimonios.

Dejar que se cuele el prejuicio por partida doble, escritor y editor, en un espacio de no ficción solo es posible si de entrada no se notó que era un prejuicio.

En principio investigamos porque tenemos dudas. A veces no nos alcanza la fecha límite para aclararlas. La máxima socrática dignifica el hecho de expresar lo que no se sabe, o no se cubrió en el tiempo disponible. La habilidad narrativa nos permite decir eso sin exponernos o parecer flojos. Nuestro quehacer como informadores y analistas de la realidad nos pide ser exigentes, pero no saber todo, ni ser moralmente perfectos. Pero resolver boquetes de información y de reflexión con un prejuicio sí es problemático.

Mucho de lo que sabemos y pensamos está implícito ya sea porque se expresa de formas extrañas (para nosotros) o porque nos movemos en un ámbito en el que es como una segunda piel. Pero si escribimos, si nos hemos identificado como personas que cuestionan las representaciones ordinarias de la realidad (periodistas, académicos, escritores), tendríamos que tener cercanía con nuestros prejuicios. Si no vamos a transformarlos, sí tener clarísimo cuando se apersonan en un texto que sí es público. Si no, creo que es justo admitir que somos voceros de la versión oficialista de los hechos, también eso es un trabajo.

P.D. Alejandro Sánchez ha publicado ya una disculpa pública que reproduzco íntegra. La hace desde su muro de Facebook. No la discutiré en este espacio.

A la familia Camacho y a los lectores que se hayan sentido ofendidos por la publicación de un texto mío sobre el asesinato de Sandra Camacho:

Ofrezco una disculpa por el texto de mi autoría publicado en la revista Emeequis.El día que leí sobre la captura de Javier Méndez como responsable del asesinato de Sandra, pensé en contarle a la sociedad cómo ese joven se había convertido en homicida, cómo alguien capaz de asesinar puede llevar una vida aparentemente normal.

Aposté por un ángulo distinto para abordar el fenómeno de la violencia contra las mujeres. Quise entender la manera en que Javier ve al mundo, para encontrar una posible explicación sobre el crimen en contra de Sandra, pero nunca para justificarlo ni exculparlo de su responsabilidad. Javier debe pagar por lo que hizo.

Yo no soy juez ni ministerio público, sólo soy un reportero que, en este caso, cometió un error: Lo que escribí es lo que piensa él y cómo él recuerda los hechos. Las expresiones acerca de Sandra no son mías ni tampoco una interpretación. Es lo que el homicida contó a los investigadores y declaró en el expediente judicial y a los especialistas que hicieron su perfil sicológico. No son mis palabras ni las avalo. No justifico ni juzgo a Javier. Reconozco mi error. Debí haber dejado claro que fueron las palabras de Javier. El texto no es una apología al feminicidio. No insinúo que la vida de Sandra debió terminar así. Enmendaré las equivocaciones. Sandra no merece quedar en el olvido de ningún sector de la sociedad.

Cometí otro error: no hice explícito que buscamos a la familia y le pedimos hablar, pero no deseó hacerlo. Respetamos esa decisión, pero al no decirlo en el texto generé la impresión de que despreciamos la vida de Sandra. No es así. El texto tenía el propósito adicional de mostrar cómo es que se puede cometer un crimen tan irracional.

Finalmente, a la familia de Sandra deseo expresar de manera especial mi total empatía y mis disculpas.

Respetuosamente: Alejandro Sánchez

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Cordelia Rizzo (DF 1982). Escritora y académica. Investiga temas relacionados con los derechos humanos y el simbolismo que da sentido y peso a hitos vitales como la mortalidad y otros tipos de procesos y transiciones. Escribe poesía. Actualmente investiga cómo se construye la memoria histórica en el fenómeno de bordado por la paz en México. Colabora con la plataforma de paz Nuestra Aparente Rendición y con Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Nuevo León, así como de la revista de periodismo narrativo Spleen! Journal. Ha sido profesora universitaria y capacitadora en temas de derechos humanos y es aficionada a la danza clásica desde que tiene uso de razón.

http://cordeliarizzo.tumblr.com/

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Bailar con la gorda

por Citlally Villarejo

¿Por qué asociamos lo gordo con lo malo y lo feo?

¿Por qué los bailarines no pueden pesar cien kilos?

Tengo 23 años, peso 99 kilogramos, y mido 1.59 metros. Según la nutrióloga que visité a petición de mi madre debería pesar 53, mientras que según la tabla de peso coreana debería pesar 43 kilogramos. Estoy – y estaba-, aún lejos de dicho peso.

¿Debería sentirme avergonzada y ocultar mi cuerpo? ¿Debería de ser una “gordita simpática”? ¿Ser “linda, tierna” y todas esas actitudes que el patriarcado exige maximizar en alguien que pesa más de lo que una revista de modas pide? No, esos adjetivos no califican conmigo. Me considero una persona transgresora, mi no-orientación sexual (asexualidad), mi no-orientación romántica (a-rómantica), y mi capacidad, contradictoria, de sentirme atraída estética e intelectualmente por personas de todos los sexos, géneros y preferencias (panfectiva)… y transgresora del cuerpo, porque siempre he sido obesa según la calificación del sector salud. A partir de mis ocho años se presentó en mi vida mi eterna amiga: la distimia. La comida se volvió mi medicamento, pero la gordofobia me hundió más en ella y me llevó a otros consuelos.

¿Debería de dejar ir a fiestas? ¿Debería de dejar de besarme con todxs en una fiesta solo porque es divertido haber besado a múltiples personas, aunque no sienta atracción en ningún nivel por ellas? ¿Debería ser recatada porque soy gorda? Sencillamente los kilogramos que marquen la báscula no importan; cuando la gente descubre que mi gastritis se la debo a mis periodos de bulimia y anorexia que viví desde los nueve años hasta los veinte, se cagan de la risa ¿cómo una obesa pudo ser anoréxica por tanto tiempo? Bueno, esto iba y venía: pasé de pesar 96 kilogramos a pesar 81 en menos de un mes, de 81 a 74 en una semana, bien, estaba tan jodida que me desmayaba todo el día…¡Basta! Las palabras de los demás hieren cuando se busca aprobación, pero, ¿por qué habría de aprobarme alguien más que no fuera yo? Siempre he sido muy consciente de que somos nosotros quienes formamos nuestra propia felicidad… Así que, mandé al carajo todo.

Estuve en una compañía de teatro toda mi infancia y jamás me alejé del arte, continué en la literatura; además de trabajar en radio, ser vlogger, decidí que era hora de hacer algo que también me apasionaba: ¡bailar!

En ese momento, mi universidad impartía cursos de danza árabe. Debo admitir que iban chicas esperando tornear un abdomen y tenerlo como se lo exigen las carnívoras ideas machistas, pero cuando conocieron a la maestra desistieron. Y así, entraban y salían una tras otra, me quedé por aprender, pero hubo un momento donde decidieron que no me vería bien con un top decorado, y una falda transparente…

Al demonio con todo ¡seguiré bailando! Un accidente me llevó a sustituir la terapia física por la danza contemporánea, con un mentor –porque no solo fue un maestro- sorprendido por mi capacidad elástica, mis 108 kilogramos –con los que comencé a bailar-, podía hacer piruetas, moverme con toda gracilidad ¿quién dijo que tenía que estar en los huesos para crear arte con mis piernas? ¿quién dijo que tenía que pesar menos para poder girar sobre mí misma, tirarme al piso, levantarme y seguir saltando? Tuve un público sorprendido, al igual que otros bailarines, maestros, maestras, que no vieron una limitante en mi peso, es más, ni siquiera les importó, me impulsaron a continuar en algo que hoy se ha vuelto parte de mí.

Te tocó bailar con la más gorda”. Pues sí, bailar con la más gorda es sabrosear más, porque no hay huesos que se te entierren, soy como una nube en el viento, formando, haciendo a todos imaginar, soy el color, llenado toooodooo, con mi tamaño penetro en todos lados, mis movimientos pueden ser amplios, soy como una montaña, cuando me muevo ¡todo tiembla! Y tiembla con toda mi belleza desbordante.

 

 

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