Yo no hablé, mi cuerpo sí

Descripción de imagen: El bosque. Fotografía de Eréndira Islas.

Por Becca Sueños / Ivelin Buenrostro

No podía moverme. No podía moverme, no pude hablar, no pude quejarme, no pude decir no. No obstante, mi cerebro iba a mil por hora diciendo, pensando que eso no estaba bien, que no lo quería, que no era algo que yo hubiera decidido, que no era algo que yo tenía ánimo de hacer. Pero yo no decía “No”.

Recientemente se nos enseña a decir “no”. Y “No” es “no”. Pero poco se sigue sabiendo del “no responde nada” o “no se ve divertida”. Pareciera que el cuerpo se congela y no hay posibilidad de decir una sola palabra, de poner resistencia. Me pasa que justo cuando pienso en lo que está pasando me pongo estática, como que mi cuerpo deja de funcionar, sólo mi cerebro esta pensando, dejo de moverme y me encuentro abriendo mucho los ojos, como de sorpresa, de susto, no sé porque, bueno un poco, me pasan mil pensamientos por mi cabeza, imágenes, recuerdos, sensaciones… todo en un instante. O me descoloco por completo, solamente estoy medio sintiendo, o no sintiendo nada, estoy ahí como muerta. Quizá no era tan evidente que ya mi cuerpo no estaba participando en nada, quizás tenía que quitarme, pero no sabía bien cómo hacerlo, de alguna manera también al principio yo estaba besando.

No supe bien cómo parar, quizás deba ser más rígida, hablar más fuerte, pararme, alejarme y hablar muy fuerte para que se entienda mi negativa o simplemente no invitar a nadie más a dormir conmigo por que se puede entender distinto. No debo tomar nada, ni hablarle a alguien para salir, al menos no a hombres. Para mí en un momento era evidente que no quería, pero me quedé pasmada y no supe cómo reaccionar, quiero pensar que esta persona seguramente, si me hubiera escuchado decir “para” hubiera parado, estoy casi segura de que hubiera parado.

En fin. No, no es lindo para todas las personas despertar con cariñitos, porque puede haber personas como yo que se sienten invadidas, pero no sabemos cómo reaccionar, no podemos defendernos y no podemos decir que no queremos. No sé que es lo que pasa en mí, no sé por qué mi reacción es tan lenta, torpe y a veces no he hecho nada. Definitivo no me gusta ponerme en esa situación y me choca hablar de esto (no lo hago, porque me apena, me siento como inútil y además no me quiero poner en el papel de víctima, y siento que al contarlo sigue siendo así), me choca ponerme en el papel de víctima porque siento me quita la posibilidad de agencia, pero es en serio cuando digo que no puedo reaccionar, que la mayoría de las veces no reacciono y el cuerpo se queda congelado, y la voz en el cerebro todo el tiempo está pensando que no, eso no es lo que yo quería.

Y lo más que empiezo a entender es que no sólo cada experiencia es distinta, que habría que reconocer y conocer la historia de vida de cada una, que cada contexto es diferente, sino que cada cerebro es distinto, que existimos personas que podemos tender todo un aparato de defensa para apoyar a las demás personas pero somos incapaces de defendernos a nosotras mismas, y que esa no sólo es una reacción aprendida, sino que tiene que ver con cómo está conectado y funciona nuestro cerebro, neurodivergentes que nos llaman. Y no voy a especificar mi neurodiversidad, simplemente que he sido incapaz de defenderme tantas veces y que ahora lo digo porque sé que hay más que se juzgan y les juzgan porque no han podido pero han tenido exactamente los mismos pensamientos y sentimientos que describo ahora.

Nunca he sabido si quizás el haber vivido violencia sexual de niña y en casi toda la historia de vida ha influido mucho en esa forma de actuar, pero no me queda claro, hay mujeres que se sobreponen y pueden gritar y reaccionar y decir “NO”.

Escribir esto me apena y me acusa mucho conflicto, jamás escribo sobre esto, me genera ansiedad leerlo en mis páginas, me da horror el que alguna vez alguien me lea, sepa de las historias con los abuelos, el médico, el primo, el amigo y que yo no hice nada desde los 5 años hasta los 28 años y ahora a mis treinta y tantos… cada historia de vida es muy distinta, cada una de mis historias son distintas, mis sentires, mis no sentires, son distintos en cada momento. Sé que necesito dejarles atrás y poner un alto consistente. Eso necesito, dejar de ponerme en este papel de ya no poder hacer nada, mover mi cuerpo, forzarle a reaccionar, que el peso de la educación de “saluda y permite el abrazo y beso”, “no seas grosera, es tu familia”, “ahora te aguantas para qué andas dando falsas señales”, solo por decir algunas cosas, bueno quiero dejarlas atrás. Quiero que me responda el cerebro. Doy talleres, terapias, hago crianza, hablo de autoconocimiento, de poner límites, de defendernos, doy acompañamientos, consejos, hago materiales para entender que estas situaciones no son normales, pero no puedo reflejarlo conmigo. Como que es más fuerte que yo y me tiene harta, creo que me veo fuerte lo suficiente, la gente me ve a sí, me lo ha dicho. Dueña de mí, de todo lo mío y me siento así, solo a veces no sé qué pasa pero mi cerebro no logra hacer reaccionar a mi cuerpo y este no estimula respuesta.

Suelo ser una mujer fuerte, suelo ser independiente, aguerrida. Y ni toda esa fuerza de lucha, incluso de activismo, de apoyo hacia otras me alcanza para poder defenderme y decir que no, que eso me hace daño y no es lo que quiero. Lo seguiré intentando, ahora por lo menos lo dejo aquí, para que lo sepan, para que les acompañe a quienes están en situaciones similares, para que sepan que se tiene que seguir hablando de que no todos los cuerpos reaccionan a las agresiones por más que sepan que tendrían que estar golpeando, arañando, mordiendo… me empeño en poder defenderme un día, sé que lo puedo lograr, pero apelo también a que esta sociedad mierda debe entender que el consentimiento incluye el que sea evidente que la pareja sexual está feliz, asintiendo, reiterando que es lo que desea, y nos preguntemos todo el tiempo si de verdad nos estamos sintiendo bien. Yo, me quiero sentir bien, siempre.

Becca Sueños. Co-trabaja en procesos de sanación individuales y colectivos, desde la Psicoterapia Gestalt, prácticas narrativas, con perspectiva feminista. Loca, amorosa incongruente, amante de los gatxs.

Ivelin Buenrostro. Trabaja desde la fotografía, el arte, el diseño y la educación por sensibilizar hacia formas más amables de entender y construir la cotidianidad. Sus trabajos se centran en temáticas de género, diversidad corporal, afectividades y la creación de redes de mujeres.

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