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Visceralidad trans/ Freyja Palau

 

Anxiety. Fotografía de un espejo de tocador que reflejael rostro de una persona con los ojos ligeramente cerrados que parece que llora. El espejo se encuentra sobre una superficie negra.

Imagen y texto por Freyja Palau

Mira, lo de que expresarme para canalizar, entender o avanzar en la vida, ha sido algo que me ha caracterizado. Además todo ha sido de forma inconsciente. Crear es una necesidad, típico del “creador”, del “artista”. Así que por eso estoy escribiendo: algo que me encanta es expresarme con palabras. Es como un cara a cara conmigo misma y lo hago de forma visceral porque la que escribe es una trans reventada. Sé que lo soy, porque me sobreanalizo todo el tiempo, tanto que mis actividades diarias se ven reducidas debido a esto, y lo peor, es que me doy cuenta una vez que estoy enfangada hasta el cuello dentro del meollo. ¡Chica, qué pesada!. Además, el resto lo nota, y lo peor de todo, y de aquí parte este texto, el resto del mundo no son yo. Mis ideas están claras, o al menos cada día más. Pero la situación me muestra que, cuanto más claro tengo dichas ideas(debido a la intrínseca deconstrucción de la sociedad), más oscuro se ve. Llevamos unas tres semanas en cuarentena por el coronavirus. Tres semanas donde todo parece que penda de un hilo: padecer ansiedad, plantearse la vida, encontrarse con una misma, tener miedo, incertidumbre, desconfianza….etc. Tres semanas en las cuales siento mucha paz. ¿Por qué? Pues porque al fin veo que el resto del mundo heteronormativo, siente y vive cosas parecidas a las mías, y no solo eso, sino que lo exterioriza cual telenovela, cual Drama queen. Es lógico, son “neo” en esto de no tener rutinas y de carecer una vida física y mental “normales”. ¡Ay pobres! que ahora resulta que la rarita (trans) de turno siente paz. Paz la he sentido siempre, si alguna vez estuve en guerra fue por los demás, por los “neo no normies por covid 19”. Y sí, tengo que deciros que habéis hecho que yo esté en guerra constante conmigo misma, y eso es una movida muy tóxica. No lo uso como excusa, puesto que voy poniendo remedio a medida que avanza la vida y mi experiencia en ella. Pero es una realidad, salimos medio trastocadas y es nuestra responsabilidad como mujeres disidentes, poner remedio y estar en paz con el mundo que nos condena. En definitiva, es de masoca total, puesto que se reduce a mi dignidad como persona humana con identidad propia, contra el mundo, asi mismo. Somos, porque sabemos lo que no queremos ser, somos lo que nos han dicho que no estaba mal. Y así vivimos, sabiendo que somos lo que se espera, lo normal. Y eso si es lobby, eso si es convencer de falsa felicidad a la gente: hacerles creer que eso es lo que deben ser por gracia divina, gracia capitalista o gracia deshumanizadora, como una parte de la máquina social. Puede parecer que yo (y es, vaya) he sobrevivido a todo esto, pero en realidad, he sobrevivido a mí misma. Yo soy mi peor enemiga y mi obstáculo principal, porque lo terrenal tira hacia lo que me creí cuando yo estaba creciendo, pero lo intelectual vuela y ahí he querido siempre aferrarme. Aunque claro, lo intelectual se construye, deconstruye, evoluciona, analiza, corrige… etc. Y me dejo perder en todo esto, porque así vuelo yo también. Nena, que eso la gente no lo sabe porque lo “intelectual”, o, digamos, el mundo de las ideas, por no caer en elitismos, requiere de esfuerzo. Un esfuerzo, no por lo terrenal, sino para que eso cotidiano del día a día, produzca verdadera felicidad y conocimiento de causa, puesto que nos hemos aplicado, previamente, lo intelectual. ¡Y no veas el esfuerzo!

Pues chica, medalla de bronce en las olimpiadas intelectuales, soy una profesional, tantos años… en fin. ¿Y el resto qué? Claro, aquí entra el problemilla del que hablábamos principio. Al resto se lo han dado todo, en un mismo pack: lo terrenal y lo intelectual juntos, inseparables… es lo que hay y a apechugar con ello. Y si no…. pues a sentirse como las marginadas del sistema a.k.a las reventadas. Ea, reventada, sí, porque es incompatible combinar una existencia no hegemónica capacitada de proponer cambios, avanzar, “evolucionar” (el tema de la evolución a algo mejor, me flipa)…, con un mundo prefabricado conformista. Y lo peor es cuando ese mundo te exotiza, deshumanizando, tu existencia. Ahí es cuando, esa gente que parece que tiene algo de lucidez se te acerca creyéndose abierta y afirmando que apoya la causa, cuando en realidad lo están confundiendo con ese exotismo. Y ahí está el primer encontronazo inconsciente de alguien normie con falta de conocimiento para tratar el tema y para permitirnos avanzar como sociedad. Y Freyja: tú que has soltado eso, así reventada, “¿por qué lo dices?”(preguntas empíricas que pocos hacen a la gente que diverge del sistema) Es incongruente, injusto y extraño sentir apoyo a base de “qué guapa eres”, “todo un mujerón”, “qué sexy”, “pareces cis”, “cómo te admiro y respeto”….etc. Y yo, ni soy una niña pequeña, ni soy tonta, y no quiero tu validación física, ¡por dios! Y me preocupa la poca empatía por parte de los demás, cuando esa persona “admirada”, hace una crítica visceral. Y yo pienso: ¡Qué esperas, guapa, tú llevas tres semanas en cuarentena y yo 25 años en una cuarentena sola! Y ahí las reacciones son, “tranquilizate, siempre te quejas, qué prepotente, estás por encima del bien y del mal”. Y yo pienso: pues mira, al estar en los márgenes de tu sociedad, me puedo permitir el lujo de ser más descarada. Si no formo parte de tu mundo 100%, entonces estoy libre de tu falsa moral. Podría decir que tales críticas viscerales nacen de mi necesidad de canalizar lo injusto que es haberme pasado un cuarto de siglo de cuarentena, y de la falta de empatía cuando la cosa está turbia. Ahí se acaba prejuzgando a la trans, y la acabamos tratando como loca: “actúa como todas”, “qué peligro”…etc. Y los que la rodean, reaccionan apartándose de ella, juzgando. Y estas reacciones hacen entrever la poca convicción como sociedad, del porqué aceptamos la disidencia, y mostrando una vez más, la cantidad de prejuicios y la cosificación que vivimos. Y a la primera de cambio las reacciones que recibimos son un “¿ves?, te lo dije”.

No lo paso mal por ser trans, lo paso mal porque habéis creado un problema con el “ser trans”. Y como todos los problemas creados, hay prejuicios que tenemos arraigados en nuestros imaginarios. Y siempre es fácil caer. No me apoyes llamándome guapa. Apóyame responsabilizándote y cambiando lo aprendido. Ten en cuenta que si es la gente que no responde a tu sistema hegemónico y las minorías las que acaban cambiando la sociedad, es porque llega un momento en el que todo el mundo consigue ponerse las pilas como sociedad, y se alían a la lucha. Además, os conviene y lo agradeceréis. Porque si yo puedo pasarlo mal, ¡imagina el miedo constante en el que vive esa persona que cree una persona racializada es inferior, que la disidente es rara y que el árabe es peligroso por su religión, distinta a la suya! ¡imagina el miedo de sentir que se le puede “pegar algo” o que es más valido como persona simplemente por obedecer y nunca ser lo que no se debe ser!. Es una felicidad falsa y resignada. Nos conviene para todas y todos. Para que tú, persona normie que me exotizas sin saber no te sientas nunca más atacada. Así, humanizarás al resto y podrás relacionarte con gente distinta a ti, entendiendo de verdad, sintiendo paz real ( paz con uno mismo, recuerda que el “fobo” tiene un problema de “fobia” consigo mismo, sea cual sea el motivo). Y sí, me revienta la parsimonia y la calma del mundo. Que como nos vamos a morir, pues tranquilitos nos ponemos la venda en los ojos, que la vida son dos días. Y sí alguien con verdades contadas de forma visceral, se pone a escupirlas y resulta que uno se da por aludido, prefiere no aceptarlo y fin. Y es que, su reacción puede ser “o me lo dices bien a lo “horario infantil” y con falsas sonrisas, o no entraré en razón, porque la rara eres tú y da gracias que quiera escucharte. Y tampoco te pases que lo de sentirme responsable o culpable de algo, no me va. Te acepto pero yo sigo igual, que eres tu quien quiere ser aceptada en mi mundo”.

Bebé, quiero derribar las murallas de tu mundo para que quepamos todas y todos, quiero un esfuerzo por parte de toda la sociedad. La abolición de la esclavitud de la gente negra, sin el apoyo de alguien aceptado en el sistema como Lincoln (hombre cis, blanco, hetero), no hubiesen podido hacerlo “tan fácilmente” (sin ser nada de eso fácil). Sin la compresión de la existencia de desigualdades en cuanto a géneros por parte del hombre, no hay cambio. ¿Donde están esos aliados? Y si alguien no es capaz de entender cuándo exotiza y prejuzga, y se aparta a la mínima de cambio, cuando se da por aludido o no quiere comprender de pasión impulsiva, también producto de una actitud punk,( porque chica, salir dos veces de un armario es muy punk); no habrá cambios ni sociales, ni en la trans “loca” ni en el normie que se hace caquita pero abraza la diferencia con miedo y exotismos. Tampoco me gustaría hablar de “aceptar por conseguir medallitas de moderno” a lo Paco León, eso también es deshumanización y además es oportunista, por no decir que no es lo mismo una travesti que una mujer trans. Quiero sentir que soy humana y vosotros queréis sentir paz con la diferencia en vuestras vidas. Porque quieras o no, la diferencia siempre ha estado. Y a lo que voy es a vuestra necesidad de invisibilizarla. He crecido con vuestra cultura, por eso me he descubierto sola y aún así, comprendo. Es hora de deconstruirse, aprendiendo de la diferencia, aprendiendo de nuestras vidas disidentes, responsabilizándonos, puesto que nosotros también existimos, somos personas y parte de esta sociedad.

Freyja Palau. Nació en 1995 y se graduó en Bellas artes por la UB de Barcelona en 2017, donde su proyecto final de grado «Brujería y contracultura LBTGI» (calificado como «nuevo renacimiento»), fue el inicio de su carrera artística y activista. Como mujer trans ha dado conferencias en Gran Canarias, mostrando su trabajo artístico, una antología en su corta vida y como su trabajo le ayudó a descubrirse y deconstruir la realidad. También ha dado voz al colectivo trans en la película «Bronko» (2019), que ha sido premiada varias ocasiones en festivales internacionales, ganado Freyja, el premio a mejor actriz secundaria en el festival Maverick Movie Awards en los Angeles. Recientemente inauguró su primera exposición individual con mas de 80 obras de toda su joven carrera en Fraga (Huesca). Actualmente se encuentra trabajando con varios proyectos personales, entre ellos, su primer libro artístico.

Página: https://www.freyjaautumn.net/

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