Hilo de sangre

Ilustración Alex Xavier Aceves Bernal

Ilustración Alex Xavier Aceves Bernal

Por SoniGirl

     Un delgado hilo de sangre escurre de mi entrepierna mientras camino de regreso a casa. Entro a hurtadillas de mi madre directo al baño, me limpio cuidadosamente y reconstruyo:
Entramos al elevador, oprimo el botón del primer piso. En pleno descenso mi novio abre las puertas y coloca un tenis para atorarlo. Lo miro estupefacta y divertida, no sé porqué lo hace, pero tampoco me importa. Me mira con dulzura y con arrebato continua el beso que hicimos tregua.

El beso inocente se transforma en pasión. En cada segundo pierdo un poco de inocencia; mis 15 años no son suficientes para detener sus manos inexpertas que buscan ansiosamente un poco de piel. Al calor de los besos nos deslizamos de la pared al suelo como dos trozos de mantequilla derritiéndose por el calor. Mi vestido es rosa, amplio y floreado. Él desliza sus manos como una serpiente sobre mis piernas y el vuelo de mi vestido llega hasta la cintura. Hábilmente me ha quitado la pantaleta, la sustituye por un par de dedos que juegan con mi sexo. Los besos no cesan, son como llovizna que refresca y despierta mi deseo. Es el paraíso.

Su pene suple los dedos juguetones en mi sexo. Tiene un miembro grande y urgido que me penetra ferozmente. Intentamos que sea el engranaje perfecto. Con dificultad logramos el movimiento rítmico. El espacio en el elevador es muy pequeño. No me acomodo.  Me duele todo y comienzo a angustiarme. Afuera, en algún piso, una voz ajena   pregunta a gritos si alguien se ha quedado atorado. La voz a llama a alguien. Tocan las puertas del elevador en espera de respuesta. El placer desaparece cuando escucho que intentan desatorar el elevador. Él no presta atención, solo se concentra en los movimientos dentro de mí. Lo empujo con fuerza y dejo fuera el monstruo ardiente.

Con dificultad me levanto, él me secunda cuando se percata de lo que pasa afuera. Nerviosos recuperamos las prendas perdidas durante la batalla. Quita su calzado atorado y el elevador continúa el descenso inicial. Mientras coloca el tenis en su pie, recitas unas palabras que no alcanzo a escuchar. Me da un beso que solo toca el aire, se abren las puertas y corre.
Aún nerviosa salgo y observo a ambos lados del pasillo tratando de cerciorarme que no hay testigos. Sacudo y aliso mi vestido floreado. Con las piernas temblorosas subo cuatro pisos de escaleras hasta llegar a mi casa y descubrir el hilo de sangre, prueba de que perdí mi virginidad en un elevador a medio día.

 

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