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Subliminal

Un video de Nina Sobell

SUBLIMINAL se basa en símbolos idiosincrásicos para revelar el significado de la memoria cuando se desplaza por debajo de las profundidades del tiempo y abre las puertas a la vivienda de los sueños cuando la tierra es revisitada. Los episodios autobiográficos transforman la presencia del pasado con flores, rocas, arcilla y cuerpos, sacando a la luz una unión alquímica. Profundamente desde adentro, los sonidos y la canción surgen como exhumados solo para ser enterrados nuevamente por la música del núcleo de la tierra.

La música es de Laura Ortman.

2016, 5’33

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NinaperfilNina Sobell. Es una artista newyorkina cuyo cuerpo de obra abarca una diversidad de temas, estrategias y medios -que incluyen video, performance, instalación, escultura y televisión- y fue una de las primeras artistas en utilizar el internet como medio artístico.
Parte del movimiento feminista de los 70s, su arte conceptual va de los performances a instalaciones en museos y pies de video interactivo participativo.

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Huesitos 1992-1995

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De Mónica Mayer

La tía Anita, hermana de mi abuelo paterno, fue muy importante para mí.

Ella fue el primer miembro de ese lado de la familia Mayer que nació en México, en 1902. Le pusieron Anita porque a mis bisabuelos les pareció que sonaba más mexicano que Ana. Anita y su hermana mayor Elsie siempre vivieron juntas y se quedaron solteras. No las dejaron estudiar una carrera porque se suponía que se casaban, pero siempre fueron económicamente independientes: trabajaron de secretarias, traductoras y recibían huéspedes en su casa. Según la carpeta de registro que aún conservo, Erich Fromm se quedó con ellas en algunas ocasiones.

Anita siempre fue mi cómplice. Cuando me quise ir a estudiar la prepa fuera de casa y mis papás no querían porque era niña no dudó en decirles que si no me permitían estudiar acabaría siendo una amargada como ella. Conocía bien el mito familiar que la rodeaba y no dudó en usarlo a mi favor.

Un par de años antes de que muriera le pedí permiso de tomarle fotos para hacer unas piezas. No le dije que el tema era vejez y muerte, aunque dudo que a los 90 años le hubiera sorprendido, ni las utilicé mientras vivió. Posó amablemente, aunque le chocaba que le tomaran fotos.

Anita murió en 1993 y nos fuimos a vivir a su casa. Apropiarme de ese espacio fue tan difícil como aceptar su muerte, en la que estuve presente, agarrándole la mano. Una vez ahí, empecé a hacer los dibujos y el performance que se llevó a cabo en Ex Teresa el 2 de octubre de ese año. Todos estos materiales constituyen el proyecto Huesitos, integrado por performance, gráfica digital, una instalación, un texto y dibujos.

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 Mónica Mayer (México D.F., 1954) es una artista y crítica de arte feminista que se dedica a los campos de la performance, la gráfica digital, el dibujo, la fotografía y la teoría del arte. Como artista conceptual, comisaria, crítica y teórica del arte participa en varios foros y grupos, y organiza talleres y acciones colectivas. Creó con Víctor Lerma el proyecto de arte conceptual aplicado Pinto Mi Raya, cuyo eje es archivo hemerográfico especializado en artes visuales. (Wikipedia)

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La edad, un factor de discriminación en México

Aquí aguantando. Elizabeth Ross
Aquí aguantando. Elizabeth Ross

Por Karla Antuna

De acuerdo con el último censo (2010) hay 112, 336, 538 personas en México, de las cuales 10,055,379 son personas adultas mayores, poco más de las 8,800 personas que viven en toda la capital. Así, se cuenta con un índice de envejecimiento de 52 personas mayores por 100 menores de 14 años[1]. Lo anterior, está basado en un grupo de personas mayores nacidas antes de 1958, lo que supone que hasta ahora dichas personas tienen más de 60 años, edad a partir de la cual se les denomina a las Personas Adultas Mayores (PAM).

El problema recae cuando este sector de la población es visto como beneficiario de programas y dádivas sociales, y no siempre como verdaderos sujetos de derechos y protagonistas del desarrollo, que, frente a una cohesión social visible, sean jóvenes, niños, mujeres o personas adultas mayores, causan un resquebrajamiento al solicitar la erradicación de la desigualdad y discriminación.

En este último ejemplo, se deja de lado que las mujeres adultas mayores, sufren una doble discriminación debido a que dedicaron toda su vida al cuidado de la familia, entre muchas otras causas, provocando que tuvieran una preparación preocupantemente menor con respecto al de otros géneros, incluso esto puede verse en la edad promedio de vida que tienen las mujeres respecto de los hombres, estos últimos viven hasta 72 años respecto a la edad promedio de vida de las mujeres de 75 años, en un principio se podría decir que las mujeres viven más, sí, ¿pero acosta de qué tipo de calidad de vida? Exacto, una mucho más deficiente.

Con ello la esperanza de vida también se vuelve un factor muy importante para tener sobre la mesa, pues al aumentarse ésta, la esperanza de vida, provoca que las personas vivan más, y este crecimiento acelerado que no tiene en cuenta el tipo de vida, calidad, y dignidad, causa un estado momentáneo de alarma, porque de nuevo esa oleada de realidad sale, y concluye que no se está preparado para un país, ciudad o colonia que prevenga desde ahora aspectos mínimos al reparo de medidas esenciales como: las rampas en las calles de una ciudad o el simple conocimiento y acceso a la información para estas personas.

Uno de los aspectos más importantes en la etapa de desarrollo de las personas adultas mayores es el deterioro de sus capacidades funcionales, emocionales y cognitivas. Éstas, junto con las enfermedades crónico degenerativas, limitan la realización de las actividades diarias y necesarias para la vida de las personas.[2]

Otro punto a favor del porqué este grupo de población marginada y discriminada debe visibilizarse, son los resultados materiales arrojados en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2016 en dónde se señala que en el país hay 33.5 millones de hogares y en 30.1 por ciento de éstos, reside al menos una persona de 60 años y más. Es aterrador desde que se lee hasta que se sabe que no hay políticas públicas que refieran a la regulación de ésta “futura crisis del 2017”[3]

En la actualidad, las personas con este rango de edad en todo el continente americano, representan el 14 por ciento del total de la población del hemisferio (más de 135 millones de personas). En 2030, cerca de dos de cada cinco personas adultas mayores tendrán 60 o más años, y en total habrá más de 215 millones de personas mayores en el continente americano.

Así, se creó la Convención Interamericana sobre la protección de las personas mayores, la cual permitirá reforzar las obligaciones jurídicas de respetar y promover los derechos humanos de las personas mayores. Su ratificación conllevará la obligación de los Estados parte de adoptar medidas, a fin garantizar a la persona mayor un trato digno en todos los ámbitos.[4]

Por otro lado, y teniendo conciencia del debido y para nada planeado aumento proyectado del número de PAM en el país, provocará que se incrementen las necesidades de salud para este sector de la población. Esto sería una causa de uno de los problemas más temidos de la vejez: la dependencia funcional.

Algo hasta ahora sí tiene que quedar claro, este sector de la población se vuelve tan importante dado que es un grupo que pesa y que es significante, que hace cambiar desde cosas mínimas como la adaptación de calles, hasta la creación de una Convención Interamericana primera en su tipo, en defensa de los derechos de este sector de la población. Tiene que quedar claro, que no es la manera en como los pensamos, si yo desde este lado con 23 años o de aquel otro lado del monitor con 43 años, no es como los consideramos, es el dónde se tiene encasillados a los “viejitos o ancianos”, peor aún, ¿realmente sabemos el significado de esta palabra?, que viene del latín antianus, y significa que va delante o que es anterior, en una sociedad donde lo que puede tener mayor peso es el valor que se les da a las cosas por su utilidad, y no a las personas por su sabiduría.

O incluso también podemos ver tal importancia en el Senado Romano, del latín senatus, de senex, anciano. Sí, era un grupo de “ancianos” que ratificaban las leyes, aconsejaban a los magistrados, dirigían la política exterior, las fianzas, etc. Esto no es una coincidencia.

Pero lo que uno deja de tener en cuenta es, que en realidad y sin pensarlo de hecho, estamos trabajando toda nuestra vida para llegar a ser personas adultas mayores, pues, así como podemos pasar miles de horas en la oficina, en el hospital o estudiando, esas mismas horas son las que tendrán un reflejo en esta, tan temida, etapa de la vida. Sin duda la madurez nos hace consientes, nos hace sabios, aprendemos y reaprendemos sobre esas experiencias, sobre esa nueva forma de adquirir y aceptar una nueva paciencia.

Así hace recurrir a las siguientes consideraciones: ¿Finalmente no son los que toman las decisiones? Tengamos presente Brexit. Pues, derivado de la apatía que de los jóvenes o aún peor de las pocas o nulas opciones para elegir candidatos, ¿ellos pudieron tomar la decisión? Otros más incluso existen, pensando que no son considerados como una fuente de economía, en un espacio donde ellos son una mayoría que concentra gran parte del dinero, por ejemplo, sus pensiones. Entonces, ¿qué esperamos para las nulas políticas implementadas? Tal vez que el tiempo nos alcance y entonces, y sólo hasta ese entonces hacer algo con el problema ya radicado.

Lo que sí es claro, es que no espero que como en todos los sectores los cambios aparezcan de un día al otro, pero sí que se cambie esa percepción, esos prejuicios, que se tienen para con este sector. Tampoco espero que entendamos la real e inminente falta de la creación de esta Convención, ni tampoco su funcionamiento, pero sí que tengamos en cuenta que existen reglamentos, leyes en favor de la protección de las personas adultas mayores, y que en el peor de los casos los juzgadores ni siquiera saben o toman en consideración al momento de tomar la última palabra.

Entonces, invito a que desde nuestros espacios empecemos hacer cambios, y dejemos de hacernos ….., y entonces hagamos de esto, una llamada de atención, que dentro de 40 años seremos nosotros los que estemos en su lugar, seremos nosotros los que pediremos ser escuchados, los que al hablar queramos ser atendidos y no sólo ignorados.

[1] INEGI, CENSO 2010.

[2] Mautone Acle, Marcos, “El principio de igualdad y no discriminación en la vejez y la introducción de la perspectiva de edad” en Huenchuan (editora), Los Derechos de las personas adultas mayores en el siglo XXI: situación, experiencias y desafíos. México, CEPAL, p. 63.

[3] Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, 2016. INEGI.

[4] Comunicado de Prensa: C-198/1, América se convierte en la primera región del mundo en contar con una Convención para la protección de los derechos de las Personas Mayores [en línea] <http://www.oas.org/es/centro_noticias/comunicado_prensa.asp?sCodigo=C-198/15> [Consulta: 12 de noviembre de 2017]

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Karla Antuna. (Ciudad de México, 1994) Estudiante de Derecho por la Facultad de Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México. Formó parte del “Primer Congreso Internacional: Buenas prácticas en el Juzgar: el Género y los derechos humanos”, del Instituto de Investigaciones Jurídicas. Entre sus líneas de investigación se encuentran: los derechos de las personas adultas mayores y derecho de género. Ha participado en concursos sobre Derecho Civil: Obligaciones y Derecho Sucesorio. Trabajó en un Despacho en temas de Amparo, Derechos Humanos, Propiedad Industrial, Constitucional y Telecomunicaciones. Realizó su servicio social en el IIJ en la línea de investigación en Derecho de Género. Actualmente desarrolla su tesis para obtener el grado de Licenciada en Derecho, en temas de Personas Adultas Mayores en relación al marco legal nacional e internacional. Recientemente tomo el curso sobre: “Envejecimiento y Vejez” que imparte el Instituto para la Atención de los Adultos Mayores de la Ciudad de México. Trabaja en Laboratorio Nacional Diversidades de la UNAM-IIJ-CONACyT. Su pasión son temas que aborden la diversidad desde los derechos de las personas adultas mayores. Es música y lectora arraigada,  está certificada en italiano por la Università per Stranieri di Perugia en B2. Actualmente trabaja en el Laboratorio Nacional Diversidades, en conjunto con el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y CONACyT.


Este mismo artículo fue publicado el 1 de diciembre del 2017 en Animal Político

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Huellas

Video de Lucero González

Metáforas del tiempo en la piel, los árboles y las piedras

luceroLucero González. Feminista, socióloga y fotógrafa, es creadora y directora del Museo de Mujeres Artistas Mexicanas. A partir de sus dos pasiones, la defensa de los derechos humanos y la fotografía, enfoca su mirada y su corazón en las mujeres, a quienes retrata, escucha, orienta, escudriña, cuestiona y zarandea para que sean personas que se quieran e integren a esa inacabada tarea colectiva de no ser violentadas sino respetadas, amadas y con una capacidad de análisis, respuesta y sonrisa.

foto: E.R

luxgonzalez@gmail.com

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Yo no tengo edad

Por Julián Zapata Rincón (Santa Putricia)

Foto de portada Javier Monsalve

– ¿Cuántos años tienes?

– ¿En serio? No pareces de tanto, te ves más joven

– Estás muy joven para todo lo que has hecho, a esa edad yo ya tenía casa y familia. Y así se pueden repetir una y mil veces las frases que se nos dicen cada vez que nos preguntan nuestra edad o que en alguna conversación sale este tema a flote.

Social y culturalmente nos han presionado para hacernos sentir que valemos cada vez menos, de acuerdo a nuestra edad; llegados a los 40, conseguir un trabajo se dificulta porque se es muy mayor, así se tenga la experiencia; pero a los 21 se exige la experiencia de una persona de 40 para conseguir un trabajo.

Culturalmente nos enseñan que envejecer es malo, es aterrador, especialmente para el cuerpo de la mujer, quien se ve obligada a corregir el paso del tiempo a través de cirugías para estirar la piel, para levantar los senos, para que no se noten las canas. Se dice que ha envejecido “dignamente” si logra hacerlo dentro de los cánones de belleza impuestos por una sociedad enferma, una sociedad de consumo que cada día saca y saca más productos para envejecer “dignamente”, cremas, ungüentos, inyecciones, tratamientos naturales o químicos, cientos de productos para hacerte sentir que vales menos por tener más edad. ¿Desde cuándo existe algo poco digno en la edad y el envejecer?

Como persona Marica No binaria que decidió renunciar al género, he decidido también renunciar al tener edad, cada vez que me pregunten ¿cuántos años tienes? Mi respuesta será la misma:

Yo no tengo edad, la edad es una forma de control, para hacernos sentir demasiado joven o vieja para hacer esto o aquello, para vestir así o para ser revolucionaría. ¡No más! Ya no me volverán a joder con esa pregunta, porque no necesito compararme con nadie, ni de mi misma o mayor o menor edad, y mucho menos comparar triunfos, logros o “errores”. Me liberaré de esa cadena normativa con la que nos quieren subyugar a hacernos sentir infelices porque no hemos “logrado nada” a cierta edad o porque alguien “más joven ha conseguido demasiado”, al final desde que nacemos nos estamos muriendo.

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Hernando-Toro
Foto Hermando Toro

Julián Zapata Rincón (Santa Putricia). Marica No binaria, apasionada por los estudios y las luchas de género. Abolicionista del género binario. A través de su cuerpo le da vida a Santa Putricia, la santa más puta y podrida de todas de la orden del Divino Coño.

Actualmente trabaja como asistente de curaduría del Museo de Antioquia, en donde ha tenido oportunidad de realizar diferentes propuestas en torno al género.

Link a portafolio:

https://issuu.com/julianzapatarincon/docs/portafolio_en_baja_14.12.2015?utm_source=conversion_success&utm_campaign=Transactional&utm_medium=email

 

Link a página de Facebook:

https://www.facebook.com/julian.z.rincon

 

 

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Mercedes

Por Claudia Carolina Sandoval Meza

Fotografía: Diego Moreno

Mercedes soñaba con su juventud; cintura chiquita, senos bien puestos, redondos y firmes, piernas contorneadas como si hubieran calculado cada centímetro y un delicioso moreno chocolate coloreando la piel. Detrás de ella apareció Augusto, le lamió un hombro, ella se estremeció.

El sueño erótico de Mercedes acabó demasiado pronto, apenas había sentido a Augusto dentro y despertó agitada, furiosa porque ni su subconsciente podía dejarla tener una buena cogida.

A Mercedes solían encantarle sus sueños eróticos porque despertaba húmeda, lista para divertirse un rato y tener unos cuantos orgasmos antes del desayuno, pero ahora, sólo le frustraba descubrirse seca al despertar. Seca, sola, marchita.

Enojada dejó la cama y se metió a bañar, pasó el espejo de largo, desde hacía años no se atrevía a verse desnuda. Lavó su cuerpo sintiendo una repugnancia no admitida ¿A dónde se había llevado el tiempo su cuerpo? Quería que le devolviera las curvas, la firmeza, el bienestar, el deleite de sentirse suya. Mercedes dejó que las lágrimas se confundieran con las gotas de agua que escurrían por su cara. Cerró la llave, se envolvió en la toalla, volvió a pasar frente al espejo, pero esta vez se detuvo, se miró, ahí estaba su cara desgastada, a esa sí podía verla y enfrentarla, pero sin ropa encima Mercedes se sentía vulnerable, a punto de romperse. Esta vez quería sentirse valiente, experimentar con ella, quitárselo todo y verse real, el corazón le palpitó acelerado, poco a poco fue deshaciéndose de la toalla hasta quedar desnuda. Ya no había retroceso, ahí estaba toda su piel, sus músculos, las curvas extras, la grasa de más, las arrugas, las estrías, la barriga, el vientre flácido que un día había albergado un feto que abortó y fue la razón por la que sus padres dejaron de reconocerla. Augusto también había querido hijos, pero Mercedes siempre se negó: – ¿Tú sólo quieres divertirte como una puta o qué? – le había preguntado antes de marcharse. Quizá él tenía razón, sólo quería divertirse como una puta y el tiempo le cobró sus pecados llevándose su cuerpo ¿así era como se pagaba la determinación de pertenecerse, sentirse dueña de su cuerpo y hacer lo que quisiera con él? ¿eso era ser una puta?

Mercedes sólo quiso disfrutarse sin que nadie le reprimiera nada, sin que nadie le quitara nada, pero se olvidó del tiempo, el factor silencioso que le arrebataba su juventud a pedazos, el color de los labios, la firmeza de su piel, ahora todo sobraba, cada parte estirada colgaba como sus senos, antes alabados y comparados con frutas suculentas… “pero las manzanas también cuelgan ¿o no?” pensó “y las naranjas y las uvas…” su visión comenzó a iluminarse, de pronto vio en sus senos un par de racimos jugosos, las estrías se movían en su piel como ramas, su pelo marchito era un otoño resplandeciente y las arrugas endurecían su tronco.

Se miró guapa, firme, frondosa. Con su mano tímida comenzó a repasarse, poros olvidados agradecían el contacto repentino, un paso tras otro sobre la piel le agitaban el corazón, palpitante y fuerte encendiendo las luces de su cuerpo.

Las yemas de sus dedos reencontraron el pubis, la suavidad oculta de los labios y el clítoris, la vulva antes sedienta ahora gozaba del rocío sutil de una excitación pedida. Un orgasmo, el suyo, el de su cuerpo, el de la plenitud de Mercedes; ella lo acogió, lo disfrutó, lo abrazó y sonrió tranquila, quizá después volvería a perderse entre las telarañas angustiantes de su pasado, pero por lo menos ahora ya sabía que nunca fue el tiempo quien le quitó su cuerpo.

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Claudia Carolina Sandoval Meza. Originaria del sur de la ciudad de México. Al terminar sus estudios de Administración de Empresas en la Universidad del Valle de México, decidió dedicarse a una de sus pasiones más grandes: la escritura. Ha tomado cursos y talleres que la han ayudado en su formación literaria y ha ganado un concurso de la Editorial Paraíso Perdido en marzo del 2017. Actualmente se encuentra administrando su propio negocio y desarrollando un proyecto de fanzines dentro del colectivo artístico: “Colectivo Nopalitos”.

Redes: facebook.com/claudiameza91

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La vieja Barcelona

Por Cristina Fernández

Son fotos hechas a mediados de los 80 en Barcelona y L’Hospitalet, una ciudad dormitorio. Había pasado la transición y la llamada «movida musical» lo inundaba todo. Era la época del post punk y el disco, los años de las hombreras y los flequillos de punta, de la droga dura del caballo que tantos jóvenes dejó en los lavabos, en las calles, bajo los puentes, en las cunetas.

Pero para las personas que aparecen en las fotografías la vida había sido muy diferente y el presente también lo era. Muchas de ellos llegaron a la ciudad en los años 50 emigrados de las zonas rurales. Buscaban una vida mejor lejos del campo y acabaron trabajando en fábricas o dedicándose a limpiar las casa de sus patronos. Habían vivido una guerra civil en su infancia, una emigración dura y estaban orgullosos de la vida vivida.

Y ahora, después de tantos años de lucha, siguen adelante, sin miedo, como siempre lo han hecho y encuentran el reposo, paseando, mirando al cielo, rebuscando en su memoria. Están ya tocando el futuro y el final con las manos, pero se irán tranquilos porque han intentando dejar a sus hijos un mejor lugar en el mundo.

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CrisCristina Fernández. Nacida en Barcelona, ejerce el periodismo audiovisual. Ha sido video-periodista para BTV, Barcelona Televisi≤n, Televisi≤n de Catalunya, Canal Plus y Europa Press, asφ como en la Radio Nacional De Espa±a. Es una de las realizadoras del programa Repor, de Televisi≤n Espa±ola.

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Atadura de años

Una selfienovela de Elizabeth Ross

con la colaboración de Alonso Ross

 

He estado trabajando sobre algunos de los territorios por los que transitamos las mujeres. Territorios inasibles como agua entre las manos. El tiempo es uno , y es terrible.
En una sociedad que sobrevalora la juventud  y en la que el llamado ageism está siendo reclamado como la discriminación que es, las mujeres se enfrentan día a día con la transformación de su cuerpo.  El tiempo se queda en él, lo marca, lo cambia y lo domina. Y no nos gusta. Vamos, nosotras las mujeres, urdiendo secretas estrategias para ocultar la cada día más perceptible resequedad, el adelgazamiento de la piel, la profundidad de las arrugas, las canas que insisten en brotar desaforadas.

Es aquí donde me miro al espejo y  la la la… la belleza que una carga a lo largo de su vida tiende a desvanecerse ante nuestros ojos. La la la… la energía mengua y la memoria se aletarga, el metabolismo se niega a funcionar y el cuerpo acumula grasa hasta deformar todo lo visible e invisible. Y llega el terror y el desaliento, la negación y el rechazo, la ira y las dietas, el gym, las cremas caras y todo aquello que prometa gotas de aquella fuente legendaria, para al final….. la la la inevitable aceptación a regañadientes. El temido momento de darse por vencida y aceptar “envejecer con dignidad”. O no.

Esta  selfienovela es un escrutinio descarnado ante el espejo. Es burlarme de mi misma para así tal vez encontrar el resquicio por el que pueda decir de verdad soy vieja… y qué.

 

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Elizabeth Ross. Con más de 25 años de práctica, crea y colabora en proyectos artísticos y socialesElizabethlittleprivilegiando procesos participativos. Su obra ha tocado puerto y base en espacios cerrados, públicos y silvestres de las Américas, las Europas, en Turquía, Japón, Australia y China. Cree que todo lo que hacemos diseña la sociedad que somos y le interesa el devenir de las mujeres propias y ajenas. En su obra se avoca a lo cercano, porque sabe que todo cuenta en este hacer el mundo.
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Envejecer digna

María Antonieta Reina Loreto Contreras Velázquez de León

Cuando tenía 17 años pensaba que cuando llegara el año 2000 posiblemente ya no estuviera viva o estaría muy viejita. Estamos en 2018 y ahora que tengo 64 años me siento fuerte, con vitalidad y muy entusiasta, nada que ver con lo que imaginaba. A decir verdad ni siquiera he sentido el paso del tiempo.

En una cena familiar platicábamos sobre el tiempo y las experiencias en las personas, y quiero compartirles mi reflexión personal sobre este tema: Creo que el concepto que se tiene sobre la “vejez” es inadecuado porque es muy relativo, la “vejez” no se lleva en la piel sino en la actitud de las personas, lo mismo puede parecer vieja una persona con pocos años como una persona de edad avanzada.

Para mí la edad avanzada es una etapa en la que todas las personas deberíamos llegar, digo esto porque desgraciadamente no todas tienen esa oportunidad, ya que hay quienes mueren antes por diversas causas.

Dentro de mi ámbito social he visto, vivido y observado que muchas personas se resisten o frustran al llegar a la etapa llamada “tercera edad”, “senectud” o “vejez” porque se sienten marginadas y maltratadas por las personas jóvenes que no entienden las limitantes que empiezan a aparecer en estos años; en cambio, hay otras personas, que como yo, aprendemos a vivir con las limitantes que esta edad conlleva. En mi caso fue doloroso, por ejemplo, darme cuenta que ya no podía hacer muchas cosas que cotidianamente no representaban ninguna dificultad: como subirme a lavar las ventanas, cargar los garrafones de agua, pintar la casa y otras actividades que requieren de mi fuerza y equilibrio. Esto me mortificaba al principio, pero acepté que es parte de “envejecer” y aprendí a compensarlo de otra manera, así como a vivir con ello.

Los cambios físicos también llegaron a afectarme emocionalmente como tener arrugas y canas, o cosas más complicadas como tener disminución visual o auditiva, etc. Pero sinceramente pienso y creo que estos cambios son parte de mi madurez y mi trayectoria de vida, ya que simbolizan mis luchas diarias, mis desvelos y trabajos, mis alegrías, penas y preocupaciones, aunque también representan muchos logros adquiridos en el transcurso de mi vida.

Por eso yo vivo mi edad madura con entusiasmo, sigo estudiando y aprendiendo, y trato de dar lo mejor de mí a los seres que me rodean, y no sólo a mi familia que amo intensamente. Sé que todavía tengo mucho que aportar porque una cosa es la “vejez”, mejor dicho, la edad avanzada, y otra es la senilidad.

Vivo esta etapa con amor, gratitud, alegría, entusiasmo por la vida, paz y sobre todo, con DIGNIDAD.

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María Antonieta Reina Loreto Contreras Velázquez de León. Ciudad de México

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