Abrir publicación

Made in mexico (mi cuerpo es mi historia)

Por Elizabeth Ross

[divider]

Elizabeth Ross. Con más de 25 años de práctica, crea y colabora en proyectos artísticos y socialesElizabethlittle privilegiando procesos participativos. Su obra ha tocado puerto y base en espacios cerrados, públicos y silvestres de las Américas, las Europas, en Turquía, Japón, Australia y China. Cree que todo lo que hacemos diseña la sociedad que somos y le interesa el devenir de las mujeres propias y ajenas. En su obra se avoca a lo cercano, porque sabe que todo cuenta en este hacer el mundo.
Abrir publicación

Si tocan a una, nos tocan a todas/ Una Pardo

Cada vez que una mujer es asesinada,  un pedacito de ella pasa a habitar el cuerpo de todas las demás, se aloja entre nuestros cabellos, hace un nido entre nuestras tripas y el corazón, acompañándonos en todo momento, y el frío vacío de su ausencia se convierte en el constante recordatorio de la fragilidad de nuestra cotidianeidad y el fuego que mantiene nuestra rebeldía encendida, porque si tocan a una, nos tocan a todas.

Año: 2016-2017

Estilógrafo y acuarela sobre estuco plástico (serie 10/30)

[divider]

unxUnx. Hace performance, video, es talleristx, y docentx, le interesan las prácticas artísticas colectivas, es colombianx, reside en Ciudad de México, ahora se encuentra lidiando con la precariedarks e intentando hacer lo que le gusta. Así el fuerte de unx no sea el dibujo, lo entiende como un acto de observación e introspección (más que como un resultado), por medio del cual puede hacer ejercicios de cuidado, memoria y reconocimiento.

Abrir publicación

PANGEA

por Mary Pacheco

ilustración por Liz Misterio
ilustración por Liz Misterio

Cielo/Tierra Día/Noche Sol/Luna Blanco/Negro Ying/Yang Vida/Muerte Luz/Sombra

Estoy consciente de la dualidad pero creo que siempre se tiene un lado favorito, por ejemplo, si dividiera mi cuerpo en izquierda-derecha y tendría que elegir una mitad, elegiría sin pensarlo la derecha.

Mi mitad derecha es la más asimétrica, la imperfecta, la de la teta más grande, la de los dientes chuecos, la de perfil para las fotos, la del ojo con más miopía, a la que le confío mi peso, la que no encaja, la que más me gusta y con la que me siento cómoda. Cabe decir también que el lado derecho se relaciona con lo racional (y vaya que a veces soy odiosamente racional), confiándole todo a mi cerebro. El lado derecho también me recuerda  el orden,  lo establecido, el socialcristiano; quién diría que después de todo resulté ser una mujer derechita, tal como mi madre y mi padre lo hubieran deseado. A lo mejor sólo asocio la palabra derecho con recto, con lo normativo… ¿desde cuándo? Paradójicamente mi fijación con el lado derecho es torcida, porque en vez de encontrar mi centro me apoyo en una mitad de mi cuerpo.

También está mi lado izquierdo, el lado b de mi ser al que no le confío mucho, el casi armonioso, el olvidado y abandonado, el que no me gusta, el que no se manejar, el del dolor, el del silencio, el de la vergüenza, el de las heridas. En ese hemisferio deposito todo lo que quiero ignorar, lo que no puedo traducir; desafortunadamente o  tal vez convenientemente también es el lado de mi corazón y simboliza mis emociones.

Me parto.

Lado derecho e izquierdo se sientan en distintas sillas, yo estoy en medio y los observo.

  • Lo siento lado izquierdo, jamás fue mi intención relegarte a un baúl olvidado, a un álbum de fotos sin dueño, a una tumba sin flores. Te amo pero jamás he podido entenderte, por eso te distraigo o en su defecto te ignoro lo mejor que puedo para que dejes de preguntarme cosas que no quiero responder. Ahora tienes la oportunidad de decirme lo que quieras.

Mi lado izquierdo sigue en absoluto silencio, lo miro y me mira. Sé que está a punto de decir algo pero se rinde, abandona sus ideas y se suspende en su mutismo de siempre. Lo miro con ternura porque sé que no es su culpa no poder hablar, no poder encontrar alguna forma de expresarse. Jamás le enseñé eso.

  • Perdóname. Le digo. – Perdóname también lado derecho por poner toda la carga sobre ti.

Al terminar de decir esto nos desintegramos (mis lados y yo) en milésimas de segundo,  somos partículas flotando en el aire, bailando en medio de una explosión. Somos libres. Alegría in crescendo. Nos mezclamos hasta no poder diferenciarnos, formamos una gran masa, una gran Pangea que despacito va tomando forma humana. Unidad.

Desde ahora no podré dividirme jamás.

[divider]

Mary Pacheco, 24 años, Ecuatorianamaryp

Irrumpo la solemnidad con suma gracia, lloro y río en lugares inapropiados.

Hago muchas cosas pero mi favorita sigue siendo el teatro.

https://www.facebook.com/mary.pacheco.338

Abrir publicación

Il mio corpo che cambia

Imágen por Gerda Wegner
Imágen por Gerda Wegner

por Frida María García.

¿Qué pasión más desenfrenada puede provocar tu propio cuerpo? Será el reflejo del espejo el que intenta seducirme. Me contempla desnuda, me susurra tan despacio que no puedo descifrarlo, pero mi mente es hábil y decide poner las que a su antojo decide.

En esta noche me infunde la lujuria provocada por mí misma, por mi pálida piel que cubre como seda mis piernas que aprisionan, mis manos que tocan una sinfonía en mi sexo y ésta me lleva al paraíso; hermoso páramo tan conocido por mí y tan desconocido para otros seres, me compadezco de ellos.

Ésta delicada figura descansa entre pétalos de mil rosas y sus espinas atraviesan mi piel…la distancia entre placer y dolor es una espina, esta noche lo comprobé. Este lienzo blanco se llena de estrellas color escarlata que hacen juego con mi cabello negro de ébano. Pero no he hablado de mis labios, donde la palabra reside, donde solo un suspiro separa lo mundano con lo celestial, donde todo placer se consume, donde la saliva es agua bendita que se mezcla con sudor, fluidos y lágrimas.

Mis labios besan mis dedos, los llenan de ese líquido divino, juegan con mi lengua de fuego y así como un músico que conoce las cuerdas de su violín, así acaricié mi cuerpo. Suave, violento, intenso, sentía como mi piel emanaba agua, descubrí nuevos lunares, volví a las curvas de mis pechos, a perder la cordura y enamorarme de mis texturas, sentirme tan húmeda, a nada de volver a tocar el paraíso con mis manos, a un suspiro de ser mía y bajar a la tierra. Cubrir mi cuerpo sábanas de seda para dormir entre ángeles y demonios.

 [divider]

Semblanza Frida María García.

Frida María es una mujer de 24 años que reconoció su naturaleza por fridamariamedio de lo erótico, del arte transgresor y de todas las emociones que le producen.

Disfruta sentir, producir(se) placer y contar historias, la mayoría con delicados tintes eróticos, sensuales, sexuales e íntimas.

https://mariedivineblog.wordpress.com/

Abrir publicación

Malditas etiquetas

por Andrea Alejandro Freire F

Mi cuerpo que me cura de tener un alma.

Marguerite Yourcenar

 

Las etiquetas son para los envases.

Los membretes para los cuadernos.

El clóset es para la ropa.

Yo, yo soy para la noche,

para el día, para el espectáculo,

para farsas y verdades.

 

Yo, yo soy el escarnio,

la burla y la admiración,

el encantamiento y el rechazo,

el temor hecho carne sangrante.

Yo, yo soy lo desconocido,

por eso ante mi huyen y temen.

No, señoras y señores, no.

 

No acepto malditas etiquetas,

no me impongo límites ni veredictos.

 

Mi sexualidad no tiene marco teórico.

 

Me gustan los hombres y las mujeres

en todas sus presentaciones.

[divider]

Andrea Alejandro Freire (Ecuador)  Actriz en potencia, escritora en esencia y publicista en espera! Sobre todas las cosas: Tortuga Ninja combinada con X- Men!!

Miembrx del proyecto Trans Pride.

http://dreanfreire.tumblr.com/ 

Abrir publicación

La guapa

Itzeguanita Pitumayo

*Imagen: Mariel Clayton

Guapa, la guapa. Nunca me sentí guapa de guapas y quise, he querido serlo. Mi fantasía oculta es ser del trip María Felix: que las miradas se congelen al echarme ojo, que no puedan creer la existencia de una belleza como la mía y en seguida se rindan a campo de pleitesía servicial frente a mi inusitada belleza…. pero NO… no ha pasado, y siempre he tenido amigas a quienes sí les ha tocado: » que guapa eres , como las guapas de …» » esos ojos tan grandes que… » » tú eres de las de allá, donde son guapas…» les dicen… Más de una vez me ha pasado ser testiga fidedigna de los ojos en la belleza de mis amigas.. a mi no, rara vez me ven de primer ojo. Yo una voyeurista pendiente, soy aficionada a ver sin que me vean, me gusta observar las miradas, y tengo cierta la costumbre de que en campo de «belleza» no soy el foco. Desde niña acostumbrada a ese extraño desprecio social de no ser bella, bellísima. El que me gustaba en cuarto de primaria se le declaró a fulanina «la guapa» en el momento en el que se me congelaban las palabras para declararmele… igual que el otro que me habló a escondidas para decirme ,» oye este … yo quiero decirte que me tienes muy nervioso, porque lo que quiero decirte … es que me presentes a tu amiga….» Hace poco un amantito me dijo de mi cara que «tenía cierto misterio» y me sentí tan desahuciada como cuando alguna vez me dijeron » que bella mirada tienes» y yo entendí que claro, como no tenía los ojos grandes, lo que me quedaba era mi mirada y ese aquel que sólo quería coger no supo que más decirme…. pocas veces me he sentido guapa de guapas. Guapa para quién me pregunto ahora? guapa de qué o de donde? mi cara es rara : de abundantes cachetes, ojos caídos, labios medianos y nariz pequeña boluda…. no es guapa de las guapas, y tampoco sé que hace falta para ser de esas. Una vez me sentí bellísima y en esa época me sacaban a bailar. Triste heteronormada han de decir las de «avance» y yo les contesto que en el círculo de juego de botella lesboalternativo no era de las elegidas bellas, ni lesbiana guapa me tocaba siquiera, por si andan con el pendiente: hubo dos que a todas les gustaban y con esas se besaban porque eran «antiguapas» con sus propias convenciones, y ahi tampoco estaba yo. La guapeza es tan subjetiva y necesaria, digan lo que digan, desde la más heterosexual hasta la más posporno, sé que tienen sus bellas y no soy yo en ningún estereotipo convencional o anarquista. A veces me entristezco… otras me dejo ser. Yo escribo bien, eso enamoró a quienes me amaron…. y lo sigue haciendo, sin embargo tambien mis cachetes hacen su función, a la par de mis ojos ojerosos. Son eróticos, como erótica es la noción de la sinbelleza. Tenemos tantas capas, cual cebollas alternativas…. y a veces, como hoy, hace falta desmenuzarlas para entender que de la guapeza se sabe muy poco en realidad…. me busco para encontrarme la guapa que soy con mis ojitos caídos que le gritan a la otredad que de vez en cuando y cada vez, me gusto más, a ver si comparten también conmigo … el gusto del gusto de ser guapa sin guapeza y nada más.

[divider]

Itzel Arcos. Nació en la ciudad de México en agosto de 1988, standupera, actriz y escritora, se dedica a impulsar las artes escénicas y narrativas a partir de la autobiografía con enfoque feminista.

https://www.facebook.com/mecortounachichi/

https://www.facebook.com/Guanitumayo-Producciones-569839656435223/

Abrir publicación

La forma Perfecta / SALCON

Por SALCON | Magalli Salazar

Imaginemos cuál sería una forma ideal para el cuerpo, y más específicamente para el rostro, si tenemos como base al heteronormalizado canon europeo de belleza: pómulos altos, ojos grandes, labios delineados, piel tersa con tonalidad clara y, por supuesto, cabello largo y brillante. Aunado a lo anterior, si consideramos que los lineamientos occidentales de la teología moral –que se extendieron con el Cristianismo- apuntan a que el sentido de lo bello se asocia al sentido de lo bueno y de lo verdadero, lo que aquí se transcribe al que una persona con forma física bella connote salud, bondad y hasta confianza, valores que se extienden a esta obsesión por alcanzar la forma perfecta.

La respuesta a nuestra pregunta inicial apunta a un orden de cosificación del cuerpo. La forma perfecta es aquella que puede fabricarse y reproducirse a la medida de una cultura. De esto nos habla el cortometraje de horror coreano “Human Form” (Dir. Doyeon Noh, 2014), donde la tecnología presta sus servicios a las grandes corporaciones de la cosmética y proporciona a cierto grupo privilegiado de consumidores un alto estatus social al transformar su apariencia. La originalidad es contradictoria pues termina por “mostrar” una nueva forma masificada.

~ * ~ * ~

Esta imposición por la belleza ha sido ampliamente criticada en el arte. Un ejemplo de video performance, sobre la representación corporal construida desde el poder, puede verse en la obra de la artista corporal Orlan quién realizó una serie de piezas que cuestionaban a los “modelos” de belleza femenina, principalmente expuesto en obras de arte clásico, para lo cual realizó una serie llamada “tableaux vivants” (cuadros-pinturas vivientes) donde su propio rostro es intervenido quirúrgicamente “emulando” facciones de la Venus de Velázquez, la Maja de Goya, la Olimpia de Manet y a la Gran Odalisca de Ingres.

~ * ~

Como recomendación de un clásico del cine sobre el tema está la película Brazil (Dir. Terry Gilliam, 1985).

Por SALCON | Magalli Salazar_ sept 2017

Para ver el corto:

 

Human Form – Korean Movie About Obsession Towards Plastic Surgery.

Publicado el 12 jul. 2016

Abrir publicación

Mi cuerpa es femenina

fotografía por Sandra Toledano Kolteniuk
fotografía por Sandra Toledano Kolteniuk

Oscar Jauregui

Nada en mi cuerpa es masculino. Mi barba, mis bellos, son un plumaje de pájara loca que decora, alegre, la redonda superficie de mi gordura maricona. Mi cuerpa es femenina, es una oda carnal a los requiebres, a la suavidad, es una ola de grasa y piel que es coqueta, que es danzarina. Cuando me miro desnuda al espejo no contemplo más que a una Diosa, en mi contundencia cetácea soy Deméter belluda, soy Coatlicoe con pelos, soy Hator con las ubres repletas. Soy belluda porque soy bella, no velluda, porque no soy viril. Cuando me contemplo desnuda, en mi cuerpa nada es masculino, mi cuerpa no es el de un hombre. Me arrobo, asombrada, como quien mira un paisaje, y en el fértil bosque de mi feminidad no hay ningún sobresalto machuno, ninguna imperfección por la que se asome un girón de la pretendida dureza hombruna.

     Y es que ni mis hombros anchos, ni mis caderas estrechas, ni mi pene ni mi voz son los de un hombre. En ese espejo que resplandece cuando mi cuerpa lo engalana, cuando mi cuerpa se sumerge en él y lo desborda, como hipopótama que se tira al estanque, cuando me embeleso con las esculturas adiposas de mi belluda feminidad, no hay ni rastro de un hombre, de ese hombre que dejé de buscar en estos ojos desde hace mucho, de ese hombre que nunca tuvo lugar en estas carnes morenas, generosas, mariconas.

     Y es que soy una maravilla. Cuando bailo desnuda siento como si trajera en mi cabeza una corona de rosas, como si mis bellos fueron gardenias y tréboles que crecieran con alegría en los bastos montes de mis pechos, de mi vientre, de mis piernas y mis nalgas, plantitas que celebran, contoneándose, el placer de dar al mundo su feminidad. Y desnuda me vuelvo Diosa, Diosa que gira y hace gravitar a su alrededor a muchas lunas, que arrastra con la fuerza volcánica de su núcleo a quienes se le atraviesan. Desnuda soy un huracán, una inevitable celebración maricona que arrasa con dolores y barricadas, que tras su paso deja en la playa una confusión de mariscos y bisutería.

     Soy inabarcable, infinita, más antigua que el mundo. En mi desnudez belluda y gorda descifro el camino a mis poderes velados, a esa feminidad nutritiva y fértil que me estaba prohibida. Me acurruco en mi interior, a través de mis manos y de mi lengua, de mis ojos y de mis latidos voy entrando en mí, penetro en mi misma y descubro mi interior vibrante, volcánico y acogedor, descubro las semillas que dormitan en mi carne. Entre orgasmos y risas las hago florecer, empujo a la superficie de mi piel una cosecha sagrada. En mi cuerpa me encuentro y me sé Diosa.

[divider]

12115504_1043517775679684_5804940353451092731_n-1Oscar Jauregui. (Ciudad de México, 1993). De formación historiadorx por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, de corazón estuche de monerías. Estoy interesadx en investigar, en la práctica y la teoría, las corporalidades disidentes y las posibilidades de las relaciones afectivas. Ilustradxr de sueños y música tropical. Criatura marina de tiempo completo.

https://www.facebook.com/wheniruninthedark

Abrir publicación

Cuerpxs piratas

imágen por Eva Rinaldi
imágen por Eva Rinaldi

Por Jorge Arroyo

El cuerpo se me desbordó cuando me diagnosticaron con VIH. El primer movimiento que rompió su frontera fue el que sentí con las palabras del médico, cayendo pesadas por dentro hasta hacer un agujero debajo de mí. Luego otro, por donde chorrearon mis planes a futuro, mis expectativas de la sexualidad y del amor, la imagen vieja de mí. Afortunadamente esa fuga duró poco.

     Al contrario, me encontré con materia nueva que antes no formaba parte de mi contenido. Una miriada de entes ni vivos ni muertos medrando a mi costa, y toda una serie de químicos inertes apuntalando un equilibrio precario. Lo que me contiene es ahora una especie de cyborg poblado de artilugios nanotecnológicos que se ríen de la idea de naturaleza, de organismo, de lo que sea que signifique estar vivo. Si le llamo cuerpo es por conveniencia, cada segundo de su mecánica niega la misma noción de qué puede ser un cuerpo. El conjunto es un prodigio de la era farmacopornográfica, sinergia que está más atada que nunca al mecanismo de sujeción que le permite continuar en existencia. Llevo ya casi cuatro años aprendiendo de los movimientos de ese espacio dinámico que antes era un organismo bien portado, normalizado, gobernable.

     También se me desdibujó el límite del individuo, del cuerpo no compartido al tener en herencia común una condición fisiológica compartida con millones de personas y cuerpxs. Cuerpxs que viven poco y se enteran tarde de la pugna en su interior; y cuerpxs que hicieron oídos sordos. Cuerpxs que buscan el suicidio con una muerte hedonista, con una muerte light. Cuerpos que se avergüenzan de sí y mandan a las cuerpas de sus parejas por los medicamentos que, por su causa, ambos deben de tomar. Cuerpxs que buscaron un estatus virológico como postura política. Cuerpxs precarizadxs, en pobreza extrema, desechables; o cuerpxs ricxs famosxs que compran antirretrovirales en el mercado negro, para no caer en el escarnio público. Cuerpxs que huyen a la culpa y la religión, o bien al carpe diem. Cuerpxs vírgenes, cuerpxs libidinales, cuerpxs donde ningún sexo o género ha sido escrito aún. El mio, aunque contenido en una forma finita y catalogada como hombre, ha tendido miles de hilos entre muchxs otrxs cuerpxs y vidas y depende de ellos. La infinidad por dentro y por fuera, he devenido muchxs seres en mi carne.

     No sólo mi cuerpo vivido es diferente. Las muchas imágenes que socialmente ya tenía se han multiplicado al entrecruzarse con la carga ideológica de la seropositividad. Como si el hueco por donde ha entrado el virus (boca, vagina, ano, cordón umbilical o el pequeñísimo orificio de una aguja) fuera una ventana a nuestra forma moral, a nuestras costumbres y deseos, a nuestra valía. Las huellas de un estigma. Mis amigxs y familiares ahora se asoman por ese agujero y ven algo lastimero, o “valiente”, o frágil, dependiendo del día y de su estado de ánimo o qué sé yo. Me asumen conocedor del catálogo de enfermedades venéreas del animal humano, y me piden tratamiento. Incluso creen poder ver mi fecha de caducidad, el umbral en el que el movimiento de mis componentes cambie su sentido y empiece el decaimiento llamado muerte. Peor aún, por esa mirilla no sólo entran las miradas, sino salen las pestes, y debemos de ser contenidxs, vigiladxs, sometidxs necesariamente a una prescripción espacial (aunque se nos levantaran otras trabas por nuestra interseccionalidad, aún no podríamos habitar cualquier espacio), médico-biológica, política. Reconozco que como varón homosexual no me ha tocado la peor parte, pero ese campo social conlleva otros prejuicios e ideologías, desde el rechazo hasta el ser fetichizado. Por algo el VIH suele ser una condición que muchxs deciden vivir de forma privada.

     Con suerte, en una inversión de las circunstancias abrir mis fugas las ha resanado; al mismo tiempo me he vuelto todo fuga. Sobre todo, lo que hago fluir al escribir esto es un testimonio, uno entre tantos que pasan desapercibidos entre todas las personas que vivimos con VIH. Si bien respeto la decisión de cada persona de cómo vivir su condición serológica, la mía es el hacerlo de forma abierta. Hay una diferencia entre lo secreto y lo privado, y para mí el vivir con el virus es parte de lo segundo. Pero el hacer que ese aspecto también se desborde puede servir para tender aún más lazos que los que subrepticiamente me conectan con otrxs. Me permite luchar por la defensa de mi persona, de los derechos de acceder a la salud, a un empleo y una vida digna sin ser discriminado, y si puedo hacerlo por mí mismo entonces puedo hacerlo por lxs demás., y ellxs por mí. Coordinar el nosotros oculto en mi forma con los que van por caudales paralelos. En la corriente social me he vuelto barco cargado de polizones, cuerpo pirata, múltiple y caótico. Es hora de hacer armada.

[divider]

Jorge Arroyo. Estudiante de lingüística. Le interesa el lenguaje en lo apelativo y expresivo tanto como al referir de las cosas de este mundo; ya que también le gusta pensar en otrxs mundxs lee ciencia ficción. A veces también hace poesía.
https://www.facebook.com/maqlishi

Abrir publicación

Zambullida

swimm1

por Salome Wolosky

Se me escaparon las primeras gotas. Los últimos pasos los hice con la mano presionándome. Abrí la puerta con tanta fuerza que dejé marcado el golpe del picaporte contra la pared. Entré corriendo a la zona de los baños, me frenó la mujer que estaba sentada tomando mate escuchando radio Colonia y haciendo mini rollitos de papel higiénico y me dijo: eu eu eu este es el baño de mujeres, ¿andás muy apurado hoy? La miré y no dije nada, sin embargo pensé: que se dé cuenta que soy una nena, que se dé cuenta que soy una nena.

Tenía siete años, ante cualquier pregunta que me hacía un adulto, no respondía y bajaba la cabeza. Estaba en una estación de servicio y mi papá me esperaba en el auto. Frente a mi quietud y el silencio, la señora me dijo agresivamente: es el baño de mujeres, volá. Salí apurada y me olvidé de que me estaba meando, pero mi cuerpo que se aflojaba no y me hice encima. Disfruté de no tener que aguantarme más y del pis caliente en pleno julio, mientras separaba las piernas resignada y sentía que se me iban mojando desde la bombacha, hasta las medias y las zapatillas. Volví al auto llorando, me esforcé, si aparecía sin una lagrima, mi papá me iba a retar peor, pensé. Abrí la puerta, me miró los pantalones y me dijo: pero la puta madre, ¿qué pasó? Exageré el llanto y le expliqué que no llegué. Me miró con odio y cuando me iba a sentar me dijo, pará pará. Y salió del auto pegando un portazo. Lo seguí con la mirada y vi que apoyaba la palma de la mano sobre su frente, como resignado. Buscaba algo en el baúl del Fiat 1500 de color verde militar y trajo un nylon que en su momento servía para tapar unos tachos de pintura y ahora iba a proteger al asiento de mí. Me lo recriminó durante el resto del viaje, dijo que no soy un bebé, que era muy grave a mi edad andar haciéndome encima, que él no tenía plata para mandarme a la psicóloga, así que mejor que comenzara a hacer las cosas bien.

Tengo el pelo corto desde chica, al igual que mi hermano. En eso mi papá nunca hizo diferencia, nos compraba los mismos zapatos, remeras o el jogging. Tampoco me retaba si jugaba a la pelota, subía a los camiones o me juntaba con los varones. Pero ya desde primer grado me llamaban varonera, machona, o Raulito, a veces me decían que era anormal o hermafrodita. Las peores de todas eran las madres, que no dejaban que sus hijas se juntaran conmigo. Desde muy chica lo naturalicé tanto que no podría decir que sufría. Era la alumna de peor comportamiento del colegio, esa fama generó que la mayoría me tuviera miedo. Sí alguien me decía Marimacho, tarde o temprano, iba a cruzarse conmigo y una mano se comía seguro.
En el colegio, le hicieron creer a mi papá que la culpa era suya por no haberme criado con una presencia femenina, como le dijo muy segura la psicóloga especialista del gabinete. Desde chica me daba cuenta de que no encajaba y lo sabía porque me lo marcaban en cada corrección sobre cómo debía sentarme, jugar, vestirme, sentir o siquiera hablar; en cada ocasión en la que tuvieron oportunidad de decirme que no estaba bien cómo era yo y que tenía que cambiar.

A los doce años, me propuse hacer natación en el club Villa Crespo, el primer día entré al vestuario y mientras me desvestía, un grupo de chicas comenzó a mirarme y a murmurar algo que yo no llegaba a escuchar, pero por mi experiencia sabía de qué se trataba. Debatían acerca de si yo era mujer o varón, hasta que una fue a avisarle a alguien de afuera y llegó una señora que me increpó, preguntándome, para que le confirmara qué era yo y por qué estaba en un baño de mujeres intentando ponerme una malla. Se armó tanto alboroto que me vestí llorando, me fui a mi casa y durante mucho tiempo no intenté nadar, pese a que me encanta.

A partir de ese y de otros momentos parecidos, me limité drásticamente. Evitaba ir a los baños públicos, y si ocurría, por extrema necesidad, muchas veces experimentaba situaciones que me confirmaban que era preferible no entrar, que mi presencia intranquilizaba. Otra alternativa era usar el baño de varones aunque no me gustaba. Pese a los varios impedimentos, volví a tener ganas de nadar y me propuse hacerlo. No me voy a esconder más, pensé. Decidí buscar un club cerca de casa. Fui a averiguar y no les presté atención a las miradas, ni a los murmullos que a veces son constantes. Busqué una malla que me entrara, eso me tomó tiempo porque además de no tener un género definido para los demás, también soy gorda. Si no se me excluye por una cosa, se lo hace por la otra.
Me gustaría no tener que usar el típico traje de baño de mujer, nunca me sentí a gusto, pero eso ya es demasiado pedir. Al final encontré una bastante deportiva, negra, que tiene en la parte de abajo un short. Cuando me la pongo me siento ridícula, no me gusta para nada, pero creo que tiene que ver con lo que me enseñaron a pensar acerca de mí. Mientras la uso, hago un gran esfuerzo por sentirme bien, muy pocas veces puedo, la mayoría finjo.

Hoy fui por primera vez a la pileta después de diez años. Soporté a la doctora que me hizo la revisión médica con cara de asco. Intento no darme por aludida respecto de eso, ni del gorda, fea, pobre, varón, mujer, triste, raro y varios de los calificativos que escuché desde que salí de casa hasta que por fin empujé la puerta del vestuario que conecta con la pileta.

No bien entré, pensé en sentarme en el borde y dejarme caer. Aprendí a hacerlo así para no salpicar, evitar llamar la atención o que se rieran. Pero cambié de opinión, subí a una de las tarimas a donde están los trampolines de cinco metros y me tiré de cabeza.

Navegación de entradas

1 2 3 4
Volver arriba