Otro día según Verónica Gerber Bicecci

por Antonio Rubio Reyes

Un día… (poemas sintéticos) de José Juan Tablada se publicó en 1919 con un tiraje de 200 ejemplares sobre papel vergé, iluminados a mano y con sello del autor, según apunta la primera edición del poemario. En esta noticia aprecio ese interés del poeta por crear una armonía visual, un lenguaje poético que, si bien se antoja “sintético”, se desborda en múltiples posibilidades en el papel. Ese interés prevalecerá en la obra de Tablada. Un día… es un ejercicio de apreciación visual que vincula la brevedad lingüística con el homenaje a la naturaleza. Acompañan a la lectura una serie de dibujos que complementan dicho paisaje visual-poético que Tablada pretendía construir. 

Cien años después, Verónica Gerber Bicecci publica Otro día… (poemas sintéticos) que, según palabras de la autora, pretende “imaginar un día distinto”. Más allá de un ejercicio de reescritura-recreación de la poesía de Tablada, Bicecci lee con inteligencia y su experimento resulta en una invención, un nuevo aire, para el haikú, una de esas formas poéticas sobre explotadas y, al mismo tiempo, una de las que conlleva más riesgos debido a su carácter sensible y, claro, sintético. Incluso atrevería a definir el ejercicio creativo como anti-haikú, pues Bicecci logra deconstruir las reglas de la forma oriental impresionista. Su proceso de escritura fue ultra-moderno, por así denominarlo. Muchos de los textos de Bicecci son tomados de notas periodísticas y resultados de Google; proceso que recuerda a otro libro publicado en 2019 con un tema parecido: Una ballena es un país, de Isabel Zapata. 

Esa exploración de la espiritualidad oriental y el paisaje, donde la voz del poeta y la naturaleza se complementan, dejaría una marca profunda en la lectura que hizo Tablada de la poesía japonesa, ante todo de Shiyo y Basho, a quienes dedica Un día… Tablada en sus haikús habla de animales, ríos, árboles, que en la mitología japonesa son recintos espirituales. Para Bicecci, no obstante, esa espiritualidad ha desaparecido cien años después. La autora se da cuenta que en un momento de crisis ambiental el ser humano perdió su enlace espiritual con la naturaleza. De ahí que sus haikús, según sus propias palabras, reflexionen “sobre la catástrofe ecológica y social”. 

Si en Tablada se hablaba de insectos, árboles y una unidad entre poeta-paisaje, en Otro día… observo una poética de la catástrofe donde se advierte sobre una probable extinción. Los animales, cuando no habitan el desastre (como en “La tortuga”: “Fue descubierta / viva entre los escombros / del terremoto”), se encuentran ausentes, a no ser que cumplan una función capitalista, como en “Las hormigas”: “Sus pinzas biónicas / coordinarán fábricas / mecanizadas”. Asimismo, los animales también se representan como metáforas de hombres malvados, como se aprecia en “Los sapos”: “Activarán / el botón nuclear / con sangre fría”; lo mismo ocurre con “Los ruiseñores”: “A la medida / de su sala de juntas / piensan el mundo”. Fue el egoísmo humano su condena, de acuerdo con la propuesta. Otro día… es un poemario donde predomina la máquina; donde sus protagonistas se encuentran nadando sobre desechos tóxicos, sobreviviendo a terremotos y huracanes, al borde de una extinción. Es un escenario lamentable, donde el ruiseñor “migra a destiempo: / ya nadie anunciará / la primavera”. 

En “La palma” encuentro otro momento clave del poemario: “El bosque es la / extensión monocroma / de las empresas”. Cuando Tablada describía paisajes, destacaban los colores. Aquí hay monocromía, hay empresas. Como afirma Bicecci en otro texto, “el futuro habita / en los puntos ciegos”. Los últimos anti-haikús del libro anuncian parques temáticos vacíos en la luna y un cocuyo atrapado en un frasco fosforescente, habitante del espacio.

Una cosa más que aprecio de Otro día… es el homenaje visual que hace Bicecci a Tablada. Desde la portada, hay un diálogo abierto con Un día… Por ello, un comentario a este libro de poemas estaría incompleto sin reflexionar sobre el aparato visual de ambas propuestas, donde Bicecci interviene con acetona las fotografías que se mandaron al espacio en el Disco de Oro en 1977, donde se atestigua la vida en la tierra y probablemente sobrevivan a la catástrofe ambiental inminente descrita en Otro día… Dicha intervención, de acuerdo con la autora, busca “emborronar la memoria que contienen”. En estas imágenes donde protagoniza la humanidad, Bicecci difumina animales, como una sombra extinta que consume los logros humanos. Así como en Tablada los dibujos complementaban al paisaje, en Bicecci las fotografías intervenidas describen críticamente esa falta de conciencia ambiental. Finalmente, toda la poética desemboca en dar un lenguaje poético a la crisis ambiental. Dicho lenguaje contiene, ante todo, una carga política y un compromiso social que invita a posicionarnos en un estado de reflexión acerca de la catástrofe ambiental que nos aqueja cien años después.

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Antonio Rubio Reyes (Ciudad Juárez, Chihuahua, 1994). Maestro en Estudios Literarios por la UACJ. Escribió el poemario Blu (Anverso, 2019). Junto con Amalia Rodríguez y Urani Montiel recibió el premio de crítica literaria Guillermo Rousset Banda por Cartografía literaria de Ciudad Juárez (Eón, 2019).

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