Los besos desesperados de Nan Goldin

Por Marisol Maza

El beso es uno de los actos de mayor intimidad; sin embargo, es difícil encontrar imágenes en donde se muestre esa intimidad sin caer en estereotipos.

Revisando fotografías de besos, encontré desde los mas absolutos clichés de la cursilería, los montajes publicitarios donde el beso no es más que un provocador de poder económico y reforzador de discursos machistas, hasta la amplia gama de imágenes pornográficas, para todos los gustos y preferencias, con también variadas calidades técnicas. Pensando el beso como espacio de empatía sexual y complicidad temporal, me remito al trabajo de Nan Goldin registrando momentos cotidianos; algunos sumamente eróticos, en donde los besos se revelan como uno de los gestos más íntimos y privados de los retratados. Esta fotógrafa estadounidense, durante varias décadas documentó la vida privada de su círculo social inmediato, la escena contracultural en Nueva York durante los años 70 y 80, estas narraciones íntimas, algunas de ellas autorretratos, hablan de la cotidianidad de su entorno: drogadicción, plenitud y dependencia sexual, violencia, enfermedad, amor. En sus imágenes las personas no están como modelos, sino como protagonistas de sus propios momentos, ante esa cámara que se había vuelto invisible para ellos. Sin embargo, el espectador no es un intruso ni un voyerista, sino un cómplice, quien parece estar involucrado también con los retratados a partir de estos fragmentos de sus memorias.

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