De cuando mujeres activistas clausuraron el Hotel Alcázar de la colonia Doctores

De cuando mujeres activistas clausuraron el Hotel Alcázar de la colonia Doctores

Para Nestora Salgado. Porque la queremos libre.

Texto y foto: Alfredo López Casanova

Era 9 de marzo. Se citaron a mediodía en Eje Central y Dr. Liceaga de la Colonia Doctores. Llegaron discretas y en silencio desde muchos puntos de la ciudad de México. Se juntaron poco a poco. Eran mujeres de distintas edades y también algunos hombres.

Era domingo y andaban vestidas de negro con morado. Muchas llevaban la cara cubierta por seguridad. Iban con un tambor al que le daban un golpe a cada paso. Al inicio parecía un procesión religiosa porque llevaban algunas cruces. Adelante llevaban ramos de rosas, claveles y un pequeño anafre con brasa ardiente del cual salía humo de incienso que lo impregnaba todo.

A lo lejos, una señora las vió y preguntó si rezaban por lo de la semana santa. Pero no, no eran de ninguna la iglesia. “¡Ni Dios lo mande!” dijo una muchacha que la alcanzó a oír. Pero sí rezaban, llevan hojas con un rosario de agravios, no de ahorita, no, sino de todos los tiempos y gritaban: “¡Ni una asesinada más!” “¡Ante la violencia machista, la autodefensa feminista!” A la señora le quedó claro y despejó sus dudas con un ceño fruncido cuando escuchó que gritaban a coro: “¡Verga violadora, a la licuadora!” “¡Despídete de tu verga, violador de mierda!”. Un trío de jóvenas iban apuradas cargando hojas que denunciaban a los hermanos violadores del Hotel Alcázar. Los pegaban con engrudo en los muros, mientras otra brigada los colocaba en los parabrisas de los carros estacionados.

La marcha, llamada La ruta contra la injusticia, era una ruta de dolor y de esperanza. De dolor porque fue el camino que siguieron los hermanos Omar y Miguel Ángel Ramírez Anaya, cuando secuestraron a Yakiri Rubí Rubio Aupart, aquel 9 de diciembre de 2013, cuando amenazándola con un cuchillo la subieron a una moto y la llevaron al Hotel Alcázar y en la habitación número 27, la toruraron y violaron.

De esperanza, porque su caso logró reunir a una gran cantidad de mujeres feministas y coletivos que lograron, junto con su abogada, la libertad provisional. Y ahora se propusieron clausurar simbólicamente el hotel. Conforme van avanzando, el tambor suena fuerte y las consignas suben de tono. El sol empieza a calar un poco. Caen unas gotas, como que quiere llover pero sólo se nubla. “El tiempo está de nuestro lado” dice una muchacha que parece sonreir a través de la frazada que le cubre medio rostro.

Dos mujeres con un bote de pintura espesa color naranja y con dos sandalias en la mano, van adelante marcando la ruta. Mojan una sandalia, la mujer más grande la aplasta con su cuerpo y la presión marca “Yakiri”. Luego la segunda: “Libre” y así se van todo el camino: “Yaki” “libre” dicen los pasos. Decenas, quizás cientos de pasos.

La marcha llega a su destino: Doctor Liceaga #143. Son las dos de la tarde y el ambiente se respira denso, extraño. De sobra saben que la colonia Doctores no es una perita en dulce. Hay gente a las orillas de la calle que no se atreve a acercarse y otros de plano parecen vigilantes vestidos de civil. A dos cuadras una patrulla de la policía: la P17-07 se estaciona en media calle y cierra el paso. Otra mujer del contingente toma el micrófono y denuncia: “venimos a informar a la colonia, que en este hotel hay un nido de violadores, que antes, mucho antes de lo de Yaki, violaron a un niño y las autoridad no hace nada por atraparlos” y grita una consigna que repiten todas: “¡Vergüenza, vergüenza, justicia sinvergüenza!”. Y esta es la historia consignada en los volantes que son repartidos al paso: “En el mes de mayo de 2013, un niño de diez años desaparece después de que fue a visitar a su mamá al trabajo. Un sujeto le ofrecío dulces y le prometió de regalo una consola, videojuegos y se lo lleva. La madre, al no encontrar a su hijo en casa, lo reporta en CAPEA de la PGJDF. Al amanecer del día siguiente, el niño fue encontrado en la Plaza de Santo Domingo. Al abrirse la Averiguación Previa en la Agencia 59, el niño lleva a las autoridades y señala el Hotel Alcázar donde el hombre lo tuvo retenido. El diagnóstico médico comprueba que el niño fue violado.

La concentración sigue. Una de las más grandes mantas es puesta frente a la entrada del hotel, remite al suceso reciente que ha sido discutido por jueces, ministros,abogados, medios de comunicación, organizaciones y redes sociales. Para algunos la frase resulta polémica, pero para estas mujeres que están aquí no hay duda: ante tantas violaciones torturas y asesinatos, la legítima defensa nunca es, ni será un exceso. Más claro ni el agua. Y la actividad sigue. Brigadas de jóvenes se mueven a los extremos de la entrada del Hotel Alcázar que se encuentra cerrado. Pegan las calcomanías y tiras de plástico. En pocos minutos el hotel es clausurado en medio de aplasusos y gritos contra la violencia. El tambor repica con más fuerza, y en un dos por tres, unas bolsas de pintura roja color sangre se estrellan frente a los muros y puertas de vidrio de la entrada del hotel. Una voz al micrófono sentencia: “No nos van a silenciar porque la resolución que liberó a medias a Yakiri es injusta. Hasta que se le libere sin cargo alguno, hasta que Luis Omar Ramírez esté en la cárcel y hasta que este hotel esté clausurado, entonces podemos decir que se está aplicando la ley”.

El contingente se va. Se retira compacto varias cuadras. Se agarran de las manos, se abrazan y luego desaparecen tal como llegaron con la promesa de estar vigilantes.

La calle Liceaga de la colonia Doctores se queda desierta. En el aire estas mujeres activistas y valientes dejaron tres retos inmediatos: ¿Tendrán las autoridades delegacionales valor y disposición para clausurar de manera oficial el Hotel Alcázar? ¿Las autoridades encargadas de impartir justicia girarán orden de aprehensión a Luis Omar Ramírez Anaya? ¿Y Yakiri Rubí Rubio…? Eso ya lo dijo la manta, y ya lo dijeron estas mujeres desde antes, mucho antes que saliera de prisión.

Scroll To Top