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Mujeres grabando resistencias

22Por MGR

Es la esencia de Creadora Primigenia la que mueve el espíritu de la mujer que busca, que sabe que en su mano está la fuerza para crear el mundo que desea, que imagina. Y la mujer aprende de la voz de la naturaleza. Aprende, de la lucha diaria para no perder su espacio, su libertad, su autonomía, el territorio de su cuerpo, de su pensamiento, de su actuar. Aprende en la lucha diaria para no perderse.

     La mujer se hace sabia, se fortalece, busca a sus iguales y con ellas comparte el conocimiento que lleva en las entrañas, en la piel, en el pasado, en el pensamiento. Y de pronto confluyen, en el tejido universal catorce mujeres, para compartir y plasmar la fuerza de las propias luchas rompiendo la opresión del capitalismo y el patriarcado.

     Abiertas a nuevas integrantes, creciendo juntas, se incuban los deseos multiplicados, resuenan las voces sumadas, se integran las rebeldías compartidas. La mujer se agrupa, se asocia, va construyendo un NOS/OTRAS, partiendo de sí misma para compartirse, para reconocerse en la diferencia y en las coincidencias. Generando espacios y miradas honestas de respeto y dignidad rebelde y desde este lugar que a sí misma se debía, habla y crea el camino que quiere vivir.

     Y en cada aquelarre, se forjan universos donde caben otras mujeres y otros mundos que no buscan el poder, generando una producción de obra compartida, sin la individualidad de la autoría, eligiendo el camino de la creación colectiva.

Presentación: Escuela de Cultura Popular Mártires del 68/ Expo: Casa de Ondas, en la San Rafael

Este Cartel-fanzine no sólo muestra catorce miradas, catorce momentos, catorce grabados, es un recuento de trayectorias de lucha, resistencias que se suman a millares de voces de mujeres que accionan y resisten en el mundo.

“…con las mujeres de maíz, con los huesos que rompen géneros, con la mujer montaña de vientre-árbol, con los cuerpos de las matronas, con las mujeres de puño solidario, con las rebeldes en luchas sin fronteras, con su voz en resistencia. Es un nos/otras con las mujeres de acción directa, las compas zapatistas, las que suben a la bestia, las cholas de Bolivia, las mujeres que luchan por pan y rosas, con la diversidad toda”.

Thea Gahr, proveniente de Oregon, impartió un taller de grabado que duró tres jueves, en enero de 2013.

Siete mujeres integraron este taller. Al término siguieron reuniéndose sólo tres de ellas. Tres fueron el vínculo entre el aprendizaje y la práctica. Tres que decidieron no soltar lo ganado, lo encontrado y en la apropiación de la noche del jueves deciden convocar para crear un futuro con este impulso creativo.

Catorce mujeres responden a esta convocatoria. Mujeres, catorce.

Y en esta primera reunión le dan forma al primer proyecto.

“… se decidió el tamaño de la placa, el tema, que era resistencia y mujeres, y que cada quien podía entrarle como quisiera o por donde quisiera”. Así, simple. Porque cuando las cosas han de ser, se dan, así.

Los textos de la portada y contraportada los realizó una de ellas, la imagen otra, una más propone el armado. “…cuando lo planeamos, sólo calculamos repartírnoslo, ni vender ni distribuir ni nada así…imprimiríamos 10 para cada quien…luego redujimos a 8, para tener algunos de venta, porque nos empezaron a preguntar.”

El nombre de Mujeres y resistencia se eligió para el fanzine, y poco a poco fue destilándose a Mujeres grabando resistencias…”un poco lo aceptamos y un poco llegó solo.”

Taller de Estampa Básica y Avanzada Camaxtli

Y hasta Tlaxcala se trasladan. Dos compañeros del ECPM68 gestionaron con conocidxs del Taller de Estampa Básica y Avanzada Camaxtli.

Serie tarjetas hablantes

Andar en bicicleta es un acto político y de resistencia; montando la baika nos conectamos con los sentidos, con la mirada que rueda al horizonte, con la piel que surca el aire o el agua que nos azota, con el cuerpo hecho fuerza, potencia. Por ello, el proyecto que presenta Mujeres Grabando Resistencias es un manifiesto visual que reivindica el acto de bicicletear, pedalear, rodar, como un ejercicio del hacer y del sentir. Bicicletear es un acto de resistencia contra la modernidad que prometió emanciparnos y, en cambio, nos esclavizó a la técnica para hacer de nosotras mujeres-máquina, hombres-engranaje. Pedalear es un acto libertario que nos convoca a la movilidad, al tránsito. Apropiarse de las calles, las veredas y los caminos, mediante el esfuerzo del cuerpo vivo, permite sabernos libres en un nos/otrxs que nos vincula con el paisaje, con el latir de la urbe y del campo. Pero, además, andar en ruedas ha sido un ejercicio de autonomía para muchas mujeres, pues la bicicleta es un artefacto que -como extensión del cuerpo- rompe con los paradigmas asociados a lo “femenino”. Mujeres y bicicletas resulta ser una ecuación libertaria. Arrebatadxs de sentido por el automóvil, por la técnica de la muerte y la profesionalización de la existencia, andar en bici es…

Las tarjetas hablantes se planearon ahora sí para vender, con la idea de tener ingresos para seguir trabajando sin poner de nuestra bolsa… Pensando ya en un proyecto más estructurado, autogestivo, que le dicen se imprimieron 14 diseños diferentes, sobre tarjeas plásticas de colores con las que se armaron paquetes y sobrantes para vender.

Machetes

Intervención plástica sobre machetes de madera o metal con el tema de Monsanto y lo transgénico.

“Ah! y entonces del taller de litografía en Tlaxcala hicieron entrega a mujeres grabando resistencias la exposición de los machetes para añadirle piezas nuevas y continuar con la itinerancia.”

Nuestrxs Muertxs

Con motivo del día e muertos y mezclándolo con el tema de los feminicidios.

Por invitación para exponer en Oregon y vender también.

El colectivo Mujeres Grabando Resistencias ha participado además en la Mesa sobre arte y política en Tagrami, en el Centro Cultural de Miravalle.

La gráfica en la actualidad y su papel social, ponencia, dentro de la Jornada cultural: «Déme dos para llevar».

 

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Reseña del vibrador Neon Luv Touch Mini Mite

 

El Neon Luv Touch Mini Mite de la marca Pipedream es un mini masageador para clítoris que viene equipado con 4 aditamentos que funcionan como “capuchones” con diferentes texturas que se colocan en la parte superior del aparato para producir una variedad de sensaciones.

_DSC0010-1Los aditamentos son de plástico rígido, lo que me resultó muy poco seductor pues mientras el redondo es liso y resulta muy agradable, los dos que tienen textura de piquitos arañan la piel por lo que decidí no probarlos en mis partes más sensibles, sin embargo pueden ser un reto interesante para lxs amantes del BDSM.

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Estos aditamentos embonan a presión con el vibrador pero se zafan muy fácilmente por lo que realmente no sirven para una buena sesión de masturbación vigorosa, así que terminé usando el vibrador solo.

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La vibración resulta muy agradable y cumplidora, buena para estimular el clítoris durante las noches solitarias o para incrementar el placer mientras se es penetradx (muy recomendado).

Éste aparato funciona a base de pilas, las cuales se gastan bastante rápido si se usa con frecuencia, lo que ocasiona una paulatina pérdida de potencia en la vibración, por lo que recomiendo usarlo con pilas recargábles.

Lo recomiendo para quienes disfrutan de la vibración fuerte y constante, sin demasiadas complicaciones y a un precio muy accesible.

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Stillnature

Por Przemysław Branas

 

 

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Notas sobre Feminidad Molecular

Ilustración: Mujeres grabando resistencias
Ilustración: Mujeres grabando resistencias

“‘Esto es mi cuerpo’ =aserción muda, constante, de mi mera presencia. Ella implica una distancia: ‘esto’, he aquí lo que pongo delante de ustedes. Es ‘mi cuerpo’. Dos preguntas se envuelven inmediatamente: ¿a que remite este ‘mi’? y si ‘mi’ marca propiedad ¿De qué naturaleza es ésta?¿Quién es, pues, el propietario y cuán legitima es su propiedad?”

                                                                              Jean-Luc Nancy

Alejandra Díaz Zepeda

Esta reflexión se centra en dos aspectos, por un lado, hablando del cuerpo femenino en relación a la feminidad, el primer aspecto tendrá que ver con cómo potenciar esto que ya poseo, considerando que desde lo que poseo estoy capacitada de experimentar mi feminidad; el segundo aspecto responderá a la consideración de algunas manifestaciones femeninas dentro del contexto de aquello que he llamado porno-transgresión, estrategia que articula la violencia, la transgresión, el cuerpo, el sexo y una fuerte presencia de lo femenino desarrollándose en el terreno de lo pospornográfico para poder desarrollar esta propuesta.

1.

Para Nancy, “mi cuerpo indica una posesión más no una propiedad, es decir, una apropiación sin legitimación”[1], pues en tanto que propiedad mi cuerpo es objeto de dominio y entre ambos, nosotros, mi cuerpo y yo, ninguno es el propietario, ambos nos poseemos, nos reclamamos, nos existimos, ninguno, solo está a cargo del otro. Intimar con el cuerpo implica, no solo el conocimiento de lo que me hace ser, no una mujer, si no experimentarme como femenina. El ejercicio de intimar Implica un desagrado, un rechazo, deslumbramiento, intolerancia, disgusto, asfixia, debilidad y que cuya fragilidad ha llevado a definir feminidad desde otros asuntos. Cuando hablamos específicamente sobre el concepto de lo femenino, hablamos de formas, constructos sociales, políticos, religiosos, culturales en los cuales no se ve emerger lo femenino sino una lucha. Es decir, se precisa de una individuación más allá de las de personas o sujetos para abordar singularidades que yo encuentro precisamente en los cuerpos. Cuando yo hablo de nuestro género, de nuestra política, de nuestra historia, de nuestra revolución estoy siendo propietaria de mí como sujeto,  incluso si lo hablara desde el cuerpo siendo este el motivo de mi cuestión, mi cuerpo desnudo llevado a la lucha, mi control decisivo sobre él, sigue posicionándome solo como sujeto y sujeto propietario. No puedo hablar aquí de lo que poseo sino de lo que tengo a cargo. Tras una confrontación entre el “Poseo mi cuerpo, lo trato como quiero, tengo sobre él el jus uti et abutendi”[2] y de lo que es poseer desde su espacio etimológico que se encuentra en la significación de estar sentado encima, donde, “Estoy sentado sobre mi cuerpo […]” y  “Mi cuerpo está sentado sobre mí, aplastándome bajo su peso.”[3] La decisión de detenerme frente a esto que poseo más allá de esto de lo que me apropio es aún más exhaustiva.

     Así, pensar el cuerpo como una unidad de afectación, lo vuelve espacio de conexiones continuas. “El cuerpo es para mí ex-tensión, esto es 1) superficie, anchura -2) tensión, proyección al exterior -3) ex-posición, ofreciéndose a la alteridad y que nunca regresa dentro.[4] Es decir, este cuerpo extenso, es el cuerpo que se despliega, se define y se siente desde su exterioridad, desde otros cuerpos; como es superficie y anchura se presenta a otros cuerpos, en ellos comienza y termina, “Un cuerpo empieza y termina contra otro cuerpo.”[5] Es extenso porque se proyecta más allá de su postura, se posa pero no se limita a la inercia. El corpus, siguiendo a Nancy, se presenta y se entrega al otro, es así que él es todo lo que lo rebasa. De esta forma el autor ha posibilitado una forma de cancelación de la clásica perspectiva binaria, interior y  exterior no se oponen, por el contrario, la corporalidad es, principalmente, continuidad. Es todo lo que de él sale y lo que lo toca.

     Dicho de otro modo, recordemos las dos dimensiones del cuerpo propuestas por Spinoza, latitud y longitud,  a partir de la cuales —dicen Deleuze y Guattari— se define un cuerpo, es decir, el cuerpo en tanto plano de consistencia será “[…]el conjunto de los elementos materiales que le pertenece bajo tales relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y lentitud (longitud); el conjunto de los afectos intensivos de los que es capaz bajo tal poder o grado de potencia (latitud).”[6] Más allá de la figura, el cuerpo es todo el conjunto de moléculas y partículas que lo forman, es todas las zonas y fragmentos que lo crean, su sentido de continuidad se extiende hasta el sujeto. Podríamos pensar entonces, que la feminidad es tan parte del cuerpo como lo es la piel, pero más que eso es una individuación, un momento, un momento del cuerpo que precisa ser reconocido para luego ser  potenciado, no todo mi cuerpo es índice de mi feminidad, esta tiene que ser separada escapando del orden del cuerpo. Podría explicarlo así, la feminidad son momentos del cuerpo que se manifiestan en la propia materialidad y su orden no necesariamente responde a la organicidad si no a nuestras relaciones con ellos.

    “Existe un modo de individuación muy diferente del de una persona, un sujeto, una cosa o una sustancia. Nosotros reservamos para él el nombre de hacceidad.”[7] Es decir, el cuerpo como unidad o extensión implica hacceidades que no son simplemente ordenamientos, así como un día  posee individuaciones tales como el clima, las horas, mis acciones, las de aquel. El cuerpo posee  individuaciones concretas, y dirán Deleuze y Guattari, “[…] las individuaciones concretas válidas por sí mismas dirigen la metamorfosis de las cosas y de los sujetos”[8], es decir, la evolución hacia lo femenino tendrá que ver con las hacceidades del cuerpo. En el terreno de los planos propuestos por Deleuze y Guattari, el cuerpo femenino, la “bio-mujer”[9] tomando el concepto de Beatriz Preciado, pertenecen al plano de estratificación, pues este plano “[…] es tanto de organización como de desarrollo, estructural o genético, y las dos cosas a la vez.” Por su parte, la feminidad pertenecería al plano de consistencia en el que  “[…] ya no hay en modo alguno formas o desarrollos de formas; ni sujetos y formación de sujetos. No hay ni estructura ni génesis. Tan sólo hay hacceidades, afectos, individuaciones sin sujeto, que constituyen agenciamientos colectivos.”[10]

En tanto hacceidades de este cuerpo nos detendremos en lo menstrual, en la orina, flujo, heces, sangre, saliva, vómito, lactancia, piel, carne como manifestaciones en potencia. Es desde el propio cuerpo autónomo y soberano que podemos experimentar la feminidad, antes del artificio social y cultural o el pensamiento político tenemos la carne.

Debido a que el plano de consistencia, en donde he posicionado lo femenino, es un medio de transporte, y retomándolo desde un terreno familiar en estos días, estaría hablando de una suerte de pasaje del cuerpo cerrado de la pornografía al cuerpo desplegado de lo pospornográfico. Ya que para Deleuze en este plano “Ninguna forma se desarrolla, ningún sujeto se forma, sino que afectos se desplazan y devenires se catapultan […].”[11] Será el cuerpo como materia bruta que nos permita desplazarnos de la bio-mujer a la mujer-femenina. El cuerpo pornográfico es terreno de enunciación, es el espacio político, es la hipérbole del sexo, cuerpo obstruido -no potenciado; por su parte, el cuerpo pospornográfico es el espacio del deseo, de la experimentación y, me parece, espacio de manifestaciones femeninas.

2.

Desde mis intereses sobre la feminidad, pienso que ésta escapa de los fundamentos y consiste, en un primer momento, en considerar la soberanía y singularidad de los cuerpos. En tanto femeninos, somos cuerpos que recorren toda extensión y longitud, más profundos que lo que la penetración pornográfica posibilita, cuya capacidad de flujo atraviesa, fragmentado y uniendo al cuerpo, una corporalidad cuya naturaleza es correr, que se corre por todos sus orificios.

     Partiendo de una experiencia mucho más virginal, hablo de cuerpos que contienen su delicadeza desde la propia vulnerabilidad, la delicadeza femenina no está en su debilidad corporal como suponemos, está en su potencialidad de eyección, cuya eyección deviene de un correr progresivo de sus flujos en curso, de un cuerpo que en todos los sentidos se dilata. Es por eso que su realidad se materializa, se manifiesta en sus olores, fluidos, excrecencias, carne, orgasmo, senos, boca, ano; el cuerpo femenino es el cuerpo que se goza, sin fundamentos, sin políticas, sin rebeldías o perversiones fármaco-políticas que lo niegan bajo una sugerencia de experimentarnos como otro-masculino, esto es la negación del cuerpo como una revolución, supresión del género como forma de empoderamiento, diría en todo caso como obsesión del empoderamiento parodiando la masculinidad y devolviéndole a la masculinidad su carácter fálico. Es entonces una alteridad vacía, pues lo masculino, como supresión, navegando por el cuerpo no define mi potencia femenina ni mucho menos me acerca a la masculinidad, lo único que procura es una atrofia que no es esto ni aquello, lo fármaco, fármaco-política sería tan solo un detenimiento del derrame de mi cuerpo.

     Cuerpos cuya subjetividad los violenta, no-sujeto, sólo objeto que es violentado desde lo ajeno. La feminidad es una potencia de la carne que no siempre se explota, y peor aún la feminidad cada vez es más velada por el poder. La potencia femenina, me parece, consiste en la agudización de lo propio, somos cuerpo que amamanta y secreta, vagina que se “penetra” y a la vez sangra y orina, boca que chupa, besa o come y a la vez vomita y escupe, ano que se penetra y a la vez excreta. Aquello que he llamado feminidad pospornográfica en tanto reapropiación del género, es el cuerpo que más allá de ser penetrado se expulsa y se muestra, define no sus entradas sino sus salidas para manifestarse.

     Y en tanto cuerpos penetrados, el cuerpo pornográfico subraya en sí su impenetrabilidad, el cuerpo es impenetrable, dirá Nancy, y para ser penetrado, la carne tiene que ser rasgada, pues de otro modo sigue siendo la misma piel, de ahí su carácter continuo. El cuerpo pornográfico es una construcción, una suerte de superficie por la que transitan gran parte de los discursos. Considero que una de las grandes participaciones  de lo femenino en el terreno de lo pospornográfico responde a la búsqueda de un cuerpo presente, creo que la soberanía  emerge cuando este cuerpo es exaltado, bajo la propia soberbia o altiveza del cuerpo, la celebración del cuerpo femenino, que en realidad pretende tocar lo real y lo interior.

3.

Según  Nancy, la exterioridad y la alteridad del cuerpo llegan hasta un punto tal que es insoportable, pues en esa condición de diferencia se encuentra el desperdicio, pero se encuentra sobre todo el estado vil del cuerpo, un cuerpo innoble y agresivo que nos muestra lo que somos y en lo que habitamos “[…] es necesario que el cuerpo saque afuera y separe de él el residuo o el exceso de sus procesos de asimilación, el exceso de su propia vida. Eso, él no quiere ni decirlo, ni verlo, ni sentirlo. A causa de eso siente vergüenza, y sufre toda suerte de molestia y apuros cotidianos”.[12] Ese proceso de asimilación nos puede conducir a varios aspectos del sujeto, evidentemente el que me interesa aquí es el de experimentar lo femenino, pero éste precisa, no de una separación de lo que suponemos desecho sino de una descripción de nuestro cuerpo a partir de lo que el mismo nos permite, pues en tanto que nos afecta, él es género.

     Devenir-mujer, pensar el cuerpo como espacio de intensidades (violencia, transgresión, apertura). La violencia y la transgresión al cuerpo no es más que la circulación de intensidades, un puñado de afectos que se desplazan y nos encaminan de un estado molar a un estado molecular, pues este plano como plano de consistencia implica una desestratificación, dirá Deleuze, “[…] incluso por los medios más artificiales.” Desestratificar el cuerpo es un ejercicio cabal, pues el organismo siempre aparece tratando de obstaculizar de “reestratificar, reconstruir en profundidad formas y sujetos.”[13] Esa es la debilidad del cuerpo pornográfico, del cuerpo discursivo, del cuerpo político, que su profundidad está a la deriva del organismo, y en este terreno el cuerpo femenino se ha dejado ver sólo de una forma, obstruido por el ano, la boca y la vagina, mientras más intenso sea su toque más fuerte es la obstrucción, el cuerpo es empujado pero jamás abierto. Su apertura está en la cancelación de dicha obstrucción. Pensaríamos entonces si el cuerpo debiera ser rasgado, perforado, en este sentido, habrá cuerpos que decidan ser abiertos, penetrados de una u otra forma por todos lados, violentar su piel, violentar su carne, su torso, sus extremidades, pero ese cuerpo habrá decidido y a este punto tendremos que aclarar lo siguiente. “[…] una vez más, cuánta prudencia es necesaria para que el plano de consistencia no devenga un puro plano de abolición, o de muerte. Para que la involución no se transforme en regresión, en lo indiferenciado. ¿No habrá que conservar  un mínimo de estratos, un mínimo de formas y de funciones, un mínimo de sujeto para extraer de él materiales, afectos, agenciamientos?”[14]

     Me parece que sí, más allá de experimentar la feminidad de mi cuerpo siendo abolido se trata de crear una mujer molecular. El plano de estratificación, el organismo que es el cuerpo femenino, nunca se separa del plano de consistencia, experimentar la feminidad es experimentar el cuerpo y de ahí la importancia de conservar afectos. La transición hacia lo femenino es progresiva, al decir de Deleuze, “Devenir es, a partir de las formas que se tiene, del sujeto que se es, de lo órganos que se posee o de las funciones que se desempeña, extraer partículas, entre las que se instauran relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud, las más próximas, a lo que se está deviniendo, y gracias a las cuales se deviene. En este sentido, el devenir es el proceso del deseo. Ese principio de  proximidad o de aproximación es muy particular, y no reintroduce ninguna analogía.”[15] Atender al deseo de experimentar lo femenino no pretende diferencia, igualdad ni lucha alguna, pretende una reapropiación de lo que en lo femenino ya existe, siguiendo hasta el propio deseo de ser cuerpo penetrado y abierto. Evidentemente al de un progreso a lo femenino tendrá que ver con un devenir-mujer que no responde a la mujer como entidad molar, esto es, al decir de Deleuze y Guattari “[…] la mujer en tanto que está atrapada en una máquina dual que la opone al hombre, en tanto que está determinada por su forma, provista de órganos y de funciones, asignada como sujeto. Pues bien, devenir- mujer no es imitar esa entidad, ni siquiera transformarse en ella.”[16]

     El devenir-mujer como instancia femenina responderá a las hacceidades del cuerpo, a la individuaciones concretas, precisamente a lo que se refieren los autores, este devenir deberá entenderse desde otras cosas que no tenga que ver con el imitar, sino con el emitir partículas entrando en relación de movimiento y de reposo, o “[…] en la zona de entorno de una microfeminidad.”[17]

     Para Deleuze, el devenir parece darse en el terreno de la extrañeza que precisa franquear el umbral o los umbrales permitiendo así ciertas conexiones, de ahí la idea de emitir partículas entrando en relación, en este sentido, como cuerpos, lo ha dicho Nancy, “la exterioridad y la alteridad del cuerpo llegan a lo insoportable”, pues todo lo que sale de ellos es visto como desecho, de lo que hay que separarse, sin embargo, el cuerpo femenino se experimenta en la continuidad de nuestro cuerpo, en su despliegue. Ante un devenir-mujer ha dicho Deleuze, “Por supuesto, es indispensable que las mujeres hagan una política molar, en función de una conquista que realizan de su propio organismo, de su propia historia, de su propia  subjetividad: “nosotras en tanto que mujeres….” Aparece entonces como sujeto de enunciación. Pero es peligroso adaptarse a un sujeto de este tipo, que no funciona sin agotar una fuente o frenar un flujo. A menudo, el canto de la vida lo entonan las mujeres más secas, movidas por un resentimiento, una voluntad de poder y un frío materialismo.”[18] Sin embargo, ante esto yo me preguntaría, ¿ha sido el cuerpo sujeto de enunciación?, ¿ha sido el cuerpo obligado a la sequía?, ¿y es el resentimiento del cuerpo lo que incomoda, pues ha sido construido desde una exterioridad y una interioridad que lo separa? La feminidad, en camino a lo imperceptible, precisa de una política molecular, franquear el umbral entre el exterior y el interior, bajo la seguridad de que eso que sale de mí, mi sangre, mis excrecencias, mis flujos son una continuidad de mi cuerpo, una desterritorialización de la mujer molar hacia un devenir -imperceptible.


[1]Jean-Luc Nancy, 58 indicios sobre el cuerpo. Extensión del alma , La Cebra, Argentina, 2006, p.23.

[2]Ibíd. 

[3]Ibíd.

[4]Correspondencia personal con Jean-Luc Nancy Jul-Ago 2011.

[5]Jean-Luc Nancy, op. cit., p13.

[6]G. Deleuze, F. Guattari, Mil mesetas. Capitalismo y Esquizofrenia, Pre-textos, Valencia, 2006, p.264

[7]Ibíd. 

[8]Ibíd. 

[9]Cfr. Beatriz Preciado, Testo Yonqui, Espasa, España, 2007.

[10]Deleuze, Guattari, op. cit., p.69

[11]Ibíd., p. 271

[12]Jean-Luc Nancy, op. cit. p. 28

[13]Deleuze, Guattari, op. cit., p. 272

[14]Ibíd.

[15]Ibíd. , p. 271

[16]Ibíd.

[17]Ibídem., p. 278

[18]Ibíd.

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Mickey Mouse ha muerto

Por Cristopher Garnica.


Mickey Mouse ha muerto. En el video Suicide Mouse.Avi podemos ver su cadáver en blanco y negro, después de una caminata por la ciudad decadente. Hasta que la pantalla se disuelve a negros por algunos minutos. De pronto la escena retoma su curso, Mickey sonríe desesperado, entre gritos agónicos y una cara terrible. Cuando los gritos cesan, presenciamos su muerte.

Se cuenta que es un video que hizo el propio Walt Disney en los 30`s, para expresar el declive del mundo. Sin embargo, conforme se buscan diversas fuentes, el mito se deconstruye según paranoias y obsesiones de las mismas fuentes. Se dice que es un video que forma parte del archivo secreto de Disney, que convivió oculto con Destino, que hiciera Salvador Dalí; que forma parte de alguna teoría de conspiración, que sirve para traumatizar a la gente y controlar su mente… Al final todas coinciden, en que después de que lo viera un policía, este saca su arma y se pega un tiro en la cabeza.

La única certeza es que a ésta clase de videos se les llama Creepy Pastas. Historias que dejan un halo de tensión, terror y shock en el espectador, son bizarras, de contenido grotesco y estética perturbadora. Las Creepy Pastas, son formas de castigar los mitos de la civilización, introduciendo el mito del fatalismo. Suicide Mouse, toma venganza del eterno optimismo del ratón, y lo castiga con la locura y el suicidio. No obstante, tanto el optimismo, como el fatalismo son posturas radicales muy parecidas.

Mickey Mouse es un personaje sometido al extremo de la salud o al extremo del sufrimiento. La salud constante, la alegría, el juego, el derroche de vida es lo que se condena de los locos, de los que viven atormentados “en la casa de la risa” por su exceso de embriaguez, inquietos por ser alegres e inmutables.

En su origen Mickey fue concebido para ser un eterno optimista, y ante tal síntoma de decadencia, no habría más que esperarle una forma de suicidio menos fastuosa. Pues nadie en su sano juicio podría vivir engañado por la seguridad de la felicidad extrema. Mucho menos en un mundo, que como en el video, se cae a pedazos, acercándonos a la incertidumbre, si no es que a momentos de vacío y revelaciones de la consciencia que permanecen disolviéndose en negro.

El extremo fatalista de Mickey, es el que avanza hacia un futuro sin porvenir, el que exhibe su extrema melancolía y se hunde en la desesperación absoluta. Su cabeza está perturbada, escucha gritos como si fuese una alucinación severa, su sonrisa es agresiva como la de los enfermos mentales, y su cara refleja una neurosis obsesiva, paranoia, hasta que comienza el silencio y termina su vida.

El optimismo, tanto como el fatalismo, son propagandas de la abundancia. El optimista es esclavo de la bondad a pesar del caos, de la utopía del bien aunque vive terribles circunstancias. El clímax de la prosperidad, nos hace creer que tenemos satisfechas nuestras necesidades, así que pagamos el precio, sosteniendo una idea falsa de felicidad.

El fatalista desencantado del mundo, hastiado de insatisfacción, al que ninguna situación le parece digna de vivirse, evita acercarse a sí mismo, y a lo que le rodea. Su exceso nunca se confronta, la abundancia no lo compromete, y sin luchar por su existencia, opta por aniquilarse.

Mickey es un esclavo tanto como un enfermo. Su libertad es una decisión ilusoria, entre la eterna felicidad o la auto destrucción. Siendo esclavo le queda estar al servicio de la locura, sometido a una existencia ficticia en la alucinación del optimismo, o lo infranqueable de los obstáculos. En cualquier caso, lo mejor es suicidarse, porque ninguna de las dos es forma de vida.

Someterse al delirio por el bien supremo, o a los pastiches Creepy, también es la elección de muchos ratones enfermos. Sin embargo, un ratón sensato, valoraría sus posibilidades individuales, el imperativo del placer que navegue sobre la realidad; juega, es gracioso y la risa está de su lado. El ratón sensato, es de muchos colores, experimenta formas de vida, media entre el optimismo y el fatalismo, los confronta y los rechaza con agresividad si es necesario. Toma responsabilidades de sí, porque sabe que es necesario cuando se camina por la ciudad decadente. Sobre todo porque sabe, que la locura no es postura, cuando se trata de afrontar la vida.

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Nocturno de rabia

Ilustración: Mujeres grabando resistencias
Ilustración: Mujeres grabando resistencias

Por Viviana Cabellos de Cuervo

La cúpula negra del cielo era como un campo magnético. Una fuerza inusual se apoderaba de mí, el viento ondeaba mis cabellos y los hacía crecer. Yo sentía el cosquilleo en mi cráneo y mi cabello se ennegrecía y se retorcía como las serpientes. Todo eso era muy raro, pero me resultaba placentero. Es algo que últimamente me había estado sucediendo cada que salía de casa ya muy entrada la noche.

     Seguí caminando a paso firme, pero con tal ligereza que apenas puede darme cuenta de que mis pies habían desaparecido. Flotaba, sí, en contra del viento. Hubiera querido volar hasta donde tenía que ir, pero son tiempos modernos, y mi sentido de la civilización, castrante como es, me hizo tomar el metrobus. Así de mundano, nada especial.

     Me planté en el andén, nadie había notado mi presencia y eso era bueno. Después de unos minutos percibí un olor tan fétido, que me era imposible ignorarlo. Empecé a sentir náuseas y un dolor en las entrañas, como si mis vísceras empezaran a comerse unas a otras. Con la mandíbula apretada, y un coraje que no me explico, comencé a voltear para saber de dónde provenía la peste: humo verde salía de los ojos de un anciano, y lo dirigía todo hacia una mujer morena con unas zapatillas que la hacían ver muy alta.

     Las náuseas continuaban y de pronto me crujió la espalda, sentí como si los omóplatos se me encajaran en la piel y luego se salieran. Noté que la gente empezaba a mirarme: los ojos se me entornaron y las venas de mi cuello parecían asfixiarme. No entendía por qué, pero los veía a todos tan lejanos y tan pequeños, que por un momento pensé que me estaba elevando. De cualquier modo, no presté atención al hecho. El malestar era demasiado grande, un remolino se azotaba en mi garganta y justo cuando pensé que iba a vomitar salió de mi boca una voz potente que casi no reconocí:

     —Cuida tus ojos, anciano putrefacto. —Me miró con un gesto tan compasivo que me llenó de rabia.

     —No te escucho— dijo, haciendo alarde de su edad avanzada para causar lástima y hacerme quedar como una insolente. Mi espalda seguía tensándose. Recuerdo pronunciar palabras aterradoras, resonaban en el viento. Los pulmones estaban llenos de aire, y vibraban. Era un momento frío, suspendido en el tiempo, en el espacio. Yo flotaba y los demás giraban en torno mío, aterrados.

     Ráfagas seguían saliendo de mi boca, espuma, gusanos y un sinfín de alimañas, que azotaban al anciano de un lado a otro del andén. Los cristales reventaron, el anciano sangraba en el suelo, su cabeza estaba rota, los ojos fuera de órbita.

     Tiempo después, tuve la sensación de sentir de nuevo el suelo con mis plantas, el sonido de los cristales rotos me regresó a la realidad. El viento cesó y el mundo dejó de girar. Por fin llegó el metrobus y lo abordé. La mujer morena de zapatillas de aguja me miró desconcertada y sonrió.

     A la mañana siguiente, desperté en mi cama. Aún me dolía la espalda, me ardía como si alguien se hubiera puesto a jugar gato con un cúter en mi espalda. Había plumas negras, como de cuervo entre las sabanas.

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Editorial #3 «Akelarre»

Portada-Aquelarre-final
Dibujo de portada: Alex Xavier Aceves Bernal

Los aquelarres eran reuniones de brujas en cuyos encuentros intercambiaban conocimiento: sabían de animales, plantas, minerales, así como del cuerpo y sus misterios. Creaban recetas para curar, tenían conocimientos avanzados de medicina, lo cual fue convenientemente interpretado como poder diabólico: se les acusó de herejes y se les condenó a muerte. El saber que las mujeres tenían, especialmente en sexualidad y reproducción, representaba una amenaza que ponía en riesgo las estructuras de poder de la iglesia y el patriarcado.  Sólo hay una cosa más peligrosa que una sabia: un grupo de personas sabias y solidarias entre sí.

En este número, Hysteria, retoma el aquelarre para plantear la posibilidad de generar alianzas y complicidades con distintas corporalidades: trans, gays, hetero,bio hombres/mujeres no hegemónicos, mujeres solidarias, lxs que caben en muchas de estas categorías y lxs que prefieren no meterse en ninguna. Un espacio ritual donde se haga política, amor, amistad y complicidad: la fiesta, la orgía, la protesta, las comilonas, los talleres, el arte: la propuesta es disentir gozando, riendo, gritando, juntxs.

Akelarre, para Hysteria, no es sólo reunión de brujas o liderazgo de seres que definen sus propios modos de actuar, representarse y ejercer su conocimiento, es también, el quehacer colectivo y no normativo, es la manifestación, el encuentro. La unión de una serie de subjetividades que se vinculan y ejercen, aunque sea momentáneamente, su derecho a participar; es el momento liberador de placer, consigna, desahogo, independientemente de la etiqueta que cada persona lleva consigo; no es sólo un momento de euforia, es también vinculación efectiva entre las diversidades que se comunican, interactúan y se hacen un sólo cuerpo: el de la voz colectiva que respeta cada una de esas particularidades de la masa que alcanza fines comunes actuando en conjunto y sacudiéndose el patriarcado todo el tiempo.

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Rogelio

Autora: Sophie Genis

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Self Portrait

Por Przemysław Branas


[box type=»shadow» ]Przemysław Branas (Polonia, 1987)
Fotógrafo y performer de origen polaco.
www.why-branas.blogspot.com
www.photographybranas.blogspot.com [/box]

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