Ay mana, ya ríete. Maricarmen: unas palabritas lumpen sobre la risa.

Ay mana, ya ríete. Maricarmen: unas palabritas lumpen sobre la risa.

por Tadeo Cervantes 

Este texto se escribe en un escritorio. Sentada. Frente al cursor de la computadora que tintinea. Maricarmen me mira con reproche. ¡Ay madre, Tadea, mi niña, qué seriedad, qué formalidad! Yo no lo haría de ese modo, lo haría con mi pintalabios rojo en algún espejo, en una servilleta aún con el residuo de café. Lo haría mientras viajo en el metro,  sin un cuarto propio. Maricarmen me golpea los dedos. ¡Basta Tadea! ¿qué haces escribiendo del humor y de la burla, una muchacha como tú, tan prolija y seria? Intento continuar. Pvijoerhevqerlp (otro azotón al teclado). ¡Alto, muyerts! me dice, ¡o te rompo la pantalla! Melancólica, yo, Unicornia Tadeo, un poco depresiva, saliendo del efecto del chocho, me pregunto qué decir de la alegría en tiempos de penuria.

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No puedo con tu drama. Para. Mira, yo no soy muy  de esas, muy  de textos largos. Soy de pequeñas notas, escribo para lxs analfabetas. Mis palabras torcidas y cacofónicas. Escribo en los rincones, en las paredes de los baños, apunto mi nombre: Maricarmen: animal, flor, fruto o Avenger dale macho, hago  lo que quieras, más bien, lo que queramos. 5511449853. No soy de computadoras y libretas, soy de cartulinas rosas fosforilocas. Escribo en los resquicio, en las uniones, en los entres. No soy muy buena para hilar oraciones. Mi lenguaje es el de los besos, de la caricia. Mi escritura es desordenada, poco seria, como la risa. Para eso, pequeñuela, fíjate que si soy buena.

A veces, me dice, me da por ver películas. La otra noche, no sé por qué, ni cómo, vi una película de monjitos. Pues, contaban, tampoco me hagas mucho caso, eh, que según ellos a un señor  griego le destruyeron un texto que trataba sobre la comedia. Que me quedo pensando, ay tonta, pues claro. Qué potente es la risa. Es una de las armas que tenemos. Ridiculizar aquello que parece estable. Demostrar lo absurdo de lo que nos es dado: la heterosexualidad, la política, la familia, el trabajo, el género. Qué pereza me dan los señores serios. Los trajes, la academia, los escritorios. Mis gestos son cómicos. Mi cuerpo risible, chueco, casi grotesco. No entra en las rectas de sus libreros, en las clasificaciones de sus archiveros. Ya sabes esto de clasificar es algo muy serio. Ese lenguaje recto y pulcro de oficinas, de senados, de estrados, teme a la comedia. Reírnos es un modo de deshacer los lugares “dados” para la palabra. La risa no resiste a nadie. Es cruel, mordaz, perra: con el hocico lleno de rabia. Muerde, muerde a los amigos y a los enemigos. Es irrespetuosa, irresponsable. A quién dirigir la carcajada. La risa es una flecha contra la realeza. Me agrada la figura del bufón. Silueta colorida en la corte, ella se puede burlar del rey, ríe del reino. El bufón tan ácrata, no cree en reyes, ni en reinos. Se mofa de ellos. Así, nosotras burlonas de nuestros reyes-políticos, de nuestros reinos-estados. De las elecciones, del buen ciudadano. Incomodando cortes.

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Por qué burlarse de las amigas, le pregunto. Es una estrategia para sobrellevar las penas. Lemebel, esa bruja, esa diosa, nos muestra como las travestis con sida usaban los apodos y la burla para hacer más vivible su vida. Menos trágica. Lograr que eso que parece inconmensurable y trascendental, se vuelva en algo pedestre, común, vulgar, situado. Arma de dos filos. Puede suturar el daño o acrecentar la herida.  El humor transforma lo sagrado en algo profano. Hereje contra las autoridades. El absurdo es una estrategia que vuelve cualquier argumento inoperante. Lo llevo hasta sus extremos. Lo hace temblar. De esta estrategia todo se sigue, todo es probable. Debilita aquello que lo apuntala.  Hay en la gestualidad de la risa toda una potencia para deshacer el rostro.

Maricarmen nos invita a utilizar la risa, la burla, como arma. Como potencia que deshace argumentos y tira autoridades. Como manera de sobrellevar la tragedia. Gestos que deshacen el cuerpo formado: el político, el orador, el maestro, el sacerdote. Que retan esos espacios de sacralidad resplandorosa: los congresos, las oficinas, las academias. Arma que puede herir, también que sobrelleva lo trágico de la situación. Tal vez frente a la penuria nos queda la carcajada. Probablemente frente esta absurda cotidianidad nos queda regresar el golpe, volver risible lo risible, mutante lo mutado. Profanar, desacralizar.

MARICARMEN es un proyecto editorial de Tadeo Cervantes y Nicolás Marín “Mr Poper”

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