ANO•RRR•MAL

por Alex Xavier Aceves Bernal

por Alex Xavier Aceves Bernal

por Diana J. Torres 

“normal es un programa de mi lavadora”

– playera vista en una fiesta queer

“no es saludable estar adaptadx

a una sociedad profundamente enferma”

– pintada vista en la puerta del wc de un bar punk –

            La anormalidad está tan de moda que casi que se ha vuelto normal ser anormal. Esta es una de las cosas más terribles que pueden suceder en una sociedad: cuando la disidencia es una estética, una farsa, una pose inserta en las lógicas habituales del capitalismo. Lxs anormales de toda la vida, como yo, estamos muy molestxs con esta mierda. Y hay que pararla antes de que sea demasiado tarde. La anormalidad es nuestro fuerte, ese lugar que hemos construido durante siglos para sobrevivir a las imposiciones de la mayoría, ese hogar del que tanto nos ha costado sentirnos finalmente orgullosxs. Y ahora una panda de impostorxs, de caballitos de Troya, nos lo quieren destruir desde dentro.

Otra de las cosas fatídicas que vienen sucediendo desde hace tiempo es que lxs monstruxs quieren de pronto ser normales, de hecho luchan por ser normales. El ejemplo más claro se da en el “movimiento” LGTB. Salir a la calle a manifestarse por el matrimonio igualitario, a pedir por favor al Estado que les dejen tener hijos, casa, carro, hipoteca, romanticismos variados, es asqueroso. Gentes que hace apenas 100 años hubieran sido condenadas a muerte por ese mismo Estado, ahora, auspiciadas bajo la pendejada de la “democracia” se dedican a mendigar lo que consideran que son “derechos legítimos”. ¿Dónde está su orgullo anormal? ¿Dónde la celebración de existir siendo como unx en realidad es en lugar de hacerlo queriendo parecerse a lo otro porque lo otro es aceptado y conlleva privilegios?

Yo ni soy normal ni quiero serlo. Nunca he querido serlo. Me ha valido vergas siempre lo que una panda (mayoritaria con creces) de descerebrados pensara que yo debía ser. Sí, desde mi privilegio de haber crecido con otrxs dos anormales reivindico mi identidad desviada porque en un mundo donde todo está tan cagado a todos los niveles, querer ser normal y estar adaptadx es una forma de acordar con toda la mierda que nos sucede.

Desde ahí me enuncio como lo que soy, una orgullosa monstrua únicamente interesada en relaciones con otrxs monstruxs. Esto puede sonar excluyente, de hecho lo es. Pero no tengo ni he tenido nunca ganas de alianzas con personas cuyo conformismo colabora a diario con la devastación de lo anormal, no me interesan sus hipotéticas luchas, no me interesan sus hipotéticas opresiones. Llamadme burguesa o feminazi o lo que queráis, pero siempre me ha parecido que, en el lugar que cohabitamos, cosas como por ejemplo la violencia machista son normales, los asesinatos son normales, la constante censura y castigo de toda disidencia es normal. Porque en un mundo tan profundamente podrido que pasen estas desgracias, estas abominaciones, es perfectamente lógico, se trata de enfermedades endémicas del sistema. ¿Cómo no va a golpear un hombre a una mujer, violarla, destazarla, humillarla, si desde que nació se le ha enseñado, educacional y culturalmente, que la mujer le pertenece? ¿Cómo no se van a matar las personas entre sí todo lo que les ha rodeado desde que tienen uso de razón es violencia y más violencia?

Nosotrxs lxs monstrxs somos errores ilegítimos e imprevistos del sistema,  y hasta que no nos pongamos en pie de guerra con nuestra anormalidad por bandera, absolutamente nada cambiará. De hecho es muy posible que nadie nos tenga en cuenta ni se nos una si lo hacemos porque renunciar a los privilegios que la normalidad otorga no es sencillo, sólo cuando se trata de una necesidad de supervivencia emocional renunciamos a ellos, cuando no nos queda más remedio. Esto es triste. Ser anormal, no por decisión sino por obligación.

Lo único que podemos hacer quizás es cultivar el orgullo y, desde nuestro pequeño fuerte, tratar de combatir las cuestiones que nos afectan de forma directa  y que ponen en riesgo nuestra existencia. Porque el problema con las personas que se plantan la anormalidad sobre los hombros como si fuera un traje es que su traje es mucho más ligero que el nuestro porque no carga con las opresiones.

Un ejemplo: para mí una persona que lleva una cresta no es nunca garantía de que será alguien aliado, podría ser un niñato clase media alta que se siente excitado con actos de rebeldía que no comprende porque no responden a su propia experiencia de vida, un fan de la estética de la disidencia que si algún día tiene un problema derivado de la misma, su papá vendrá con el varo para la fianza y sus influencias con las altas esferas para librarlo de todo mal.

La estética, la imagen externa que nos diferencia del rebaño y que nos hace ser anormales a los ojos de lxs demás, está siendo replicada por personas que son perfectamente normales en todos los sentidos: heterosexuales, gente que jamás ha sufrido una agresión, fresas, etc. ¿Hay un pedigrí anormal? Desde mi punto de vista sí y tenemos que dejar que nuestra intuición (mucho más desarrollada que la de la bandada de zombies) nos diga con quiénes podemos o no aliarnos.

Lo que hace que una persona despierte mi empatía es cualquier mínimo rasgo de inadaptación al sistema. Si voy por la calle en general todas las personas que me cruzo se me antojan zombies, mi cerebro ha aprendido a desarrollar filtros para ni siquiera verlas, no obstante, cualquier rasgo de anormalidad (a veces no es nada físico, es una mirada, un gesto) despierta mi interés, activa de nuevo mi mirada. Es lo que yo vendría a llamar la desesperada y constante búsqueda de aliadxs. Supongo que las personas normales nunca sienten esa desesperación. Ser heterosexual en un lugar donde en tu estrecha masa gris sólo hay heterosexuales, ser un hombre o una mujer así tal cual el sistema los ha diseñado, ser a la base normal, significa también estar rodeadx por una inmensa mayoría que es tu aliada, al menos en lo básico: acordar con el patriarcado, consciente o inconscientemente.

Pero nosotrxs, monstruxs, no vivimos nuestra vida así, nuestra disidencia no pasa por querer ser iguales a lxs demás, no pasa por querer la paz, ni la tolerancia, ni la aceptación. Pasa por querer la absoluta destrucción de todo aquello considerado normal, a modo de venganza transmilenaria, en el más puro sentido de la palabra Caos.

Porque fuimos lxs golpeadxs en la escuela que no quisieron o no pudieron cambiar para detener la tortura, porque cada vez que salimos a la calle las agresiones se suceden en mayor o menor grado de intensidad sin descanso, porque fuimos las personas que nuestra familia de sangre trató de silenciar, ocultar y domesticar, porque somos lxs que tuvieron que construirse un lugar en el mundo a base de batallas cotidianas, porque el rechazo es nuestro pan de cada día, porque hasta dentro de lo que consideramos nuestras luchas (anarquismo y feminismo) somos lxs parias y lxs incorrectxs.

            Queridxs anormales, luchemos contra las intrusiones, nuestro mundo no les pertenece!

Diana J. Torres: eyaculadora precoz, terrorista lúbrica, tocapelotas pro, poeta de bragueta, prostituta fracasada //añada lo que le dé la gana//

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Twitter @pornoterrorista

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