Envejecer digna

Envejecer digna

María Antonieta Reina Loreto Contreras Velázquez de León

Cuando tenía 17 años pensaba que cuando llegara el año 2000 posiblemente ya no estuviera viva o estaría muy viejita. Estamos en 2018 y ahora que tengo 64 años me siento fuerte, con vitalidad y muy entusiasta, nada que ver con lo que imaginaba. A decir verdad ni siquiera he sentido el paso del tiempo.

En una cena familiar platicábamos sobre el tiempo y las experiencias en las personas, y quiero compartirles mi reflexión personal sobre este tema: Creo que el concepto que se tiene sobre la “vejez” es inadecuado porque es muy relativo, la “vejez” no se lleva en la piel sino en la actitud de las personas, lo mismo puede parecer vieja una persona con pocos años como una persona de edad avanzada.

Para mí la edad avanzada es una etapa en la que todas las personas deberíamos llegar, digo esto porque desgraciadamente no todas tienen esa oportunidad, ya que hay quienes mueren antes por diversas causas.

Dentro de mi ámbito social he visto, vivido y observado que muchas personas se resisten o frustran al llegar a la etapa llamada “tercera edad”, “senectud” o “vejez” porque se sienten marginadas y maltratadas por las personas jóvenes que no entienden las limitantes que empiezan a aparecer en estos años; en cambio, hay otras personas, que como yo, aprendemos a vivir con las limitantes que esta edad conlleva. En mi caso fue doloroso, por ejemplo, darme cuenta que ya no podía hacer muchas cosas que cotidianamente no representaban ninguna dificultad: como subirme a lavar las ventanas, cargar los garrafones de agua, pintar la casa y otras actividades que requieren de mi fuerza y equilibrio. Esto me mortificaba al principio, pero acepté que es parte de “envejecer” y aprendí a compensarlo de otra manera, así como a vivir con ello.

Los cambios físicos también llegaron a afectarme emocionalmente como tener arrugas y canas, o cosas más complicadas como tener disminución visual o auditiva, etc. Pero sinceramente pienso y creo que estos cambios son parte de mi madurez y mi trayectoria de vida, ya que simbolizan mis luchas diarias, mis desvelos y trabajos, mis alegrías, penas y preocupaciones, aunque también representan muchos logros adquiridos en el transcurso de mi vida.

Por eso yo vivo mi edad madura con entusiasmo, sigo estudiando y aprendiendo, y trato de dar lo mejor de mí a los seres que me rodean, y no sólo a mi familia que amo intensamente. Sé que todavía tengo mucho que aportar porque una cosa es la “vejez”, mejor dicho, la edad avanzada, y otra es la senilidad.

Vivo esta etapa con amor, gratitud, alegría, entusiasmo por la vida, paz y sobre todo, con DIGNIDAD.

María Antonieta Reina Loreto Contreras Velázquez de León. Ciudad de México

Scroll To Top