Yes, we fuck! entrevista con Antonio Centeno

Yes, we fuck! entrevista con Antonio Centeno

Por Ivelin Buenrostro

 A mes y medio de que la ONU enviara recomendaciones al gobierno de México para no apoyar al Teletón porque “dicha campaña promueve estereotipos de las personas con discapacidad como sujetos de caridad (y) Asimismo, le recomienda desarrollar programas de toma de conciencia sobre las personas con discapacidad como titulares de derechos”[1], les presentamos esta entrevista con Antonio Centeno quien, con Raúl de la Morena, realizador, dirije el documental Yes, we fuck!, documental sobre sexualidad y diversidad funcional[2], “que quiere visualizar, principalmente, el sexo en personas con diversidad funcional y generar así un nuevo imaginario colectivo donde todxs, sin complejos, sin censuras, sin prejuicios y sin discriminaciones, podamos disfrutar del sexo”[3].

 

Yes, we fuck!, parece un poco provocador. ¿Porqué deciden este título?

 Antonio Centeno. El título es ya como una declaración de intenciones: vamos a cambiar la mirada, es decir “Sí, somos seres sexuales”. Luego ya hablamos de cómo, de quién, pero somos seres sexuales, vamos a empezar por aquí. Y el sexo no es una terapia, es sexo. Claro porque para las personas con diversidad funcional, todo es terapia. Tú te vas a montar a caballo, yo voy y hago equinoterapia. Y con el sexo igual.

Aquí hubo una película que se hizo muy conocida. Las sesiones, basada en hechos reales: la historia de Mark O’ Brian que fue un escritor, periodista, poeta, en Estados Unidos a principios de los 70, cuando con 38 años y a pesar de haber hecho una carrera universitaria (canturrea un poco), ser un tipo activo y con buena cultura y demás, no tenía una vida sexual. No sólo no tenpia una vida sexual, no tenía contacto físico con nadie.

Él, se plantea la necesidad de cambiar eso y lo primero que se le ocurre es acudir a un servicio que había entonces en Berkeley de asistente sexual, que era como una especie de terapia -por eso se llama Las sesiones, eran seis sesiones, pues si eran más podría haber un encariñamiento-. Una visión muy médica del elemento, pero como mínimo es un elemento que le sirve para arrancar y para ponerse en marcha e intentar cambiar esa experiencia de vida. Estamos hablando de los setenta, una visión completamente médica… algo deberíamos haber avanzado, ¿no? Aquí ni siquiera tenemos eso que ya estaba en los setenta allá en Berkeley y sí, se mantiene la visión médica. Es la visión del enfermo, de “esto lo vamos a hacer para su bienestar, para que esté bien, pero no tiene que ver con sexo, no tiene que ver con deseo, no tiene que ver con que su cuerpo sea deseable, esto es otra cosa, es un acto caritativo solidario, hay que distinguir lo uno de lo otro”.

Pero no, no va así, ¿sabes? somos seres sexuales, lo que hacemos es sexo y por supuesto todo cuerpo es deseante y puede ser deseable. Y de todos los elementos que tenemos para cambiar ese imaginario ¿porqué nos agarramos al sexo? Primero porque me gusta, la verdad y segunda porque es muy potente, porque al final la sexualidad es el máximo elemento de expresión de la vida. Entonces siempre se nos mira como seres que básicamente aspiramos a sobrevivir (estamos limpitos, aseaditos, desparasitados), la sexualidad en cambio manifiesta un poco más. Cuando se te reconoce como ser sexual ya no se puede pensar en términos de supervivencia, ya hay que pensarte en términos de vida, en términos de vivir, de ciudadanía, de participación, de relación con los demás y eso es la sexualidad, lo que te da ese campo para poder relacionar todas esas ideas y todas esas cuestiones de manera potente y para poder empatizar con cualquier persona tenga o no diversidad funcional.

Lo bueno o lo malo de esto es que claro, para la gente en general este tema tampoco está bien resuelto, entonces muchas personas pueden sentir también esa identificación sobre cómo se le niegan sus deseos, o uno mismo acaba negándose sus deseos o, como no tenemos bien resuelto el placer y el vínculo con los demás es algo absolutamente universal, entonces por ahí también es fácil que haya una cierta empatía, muy necesaria. Yes, we fuck! no puede entenderse como una reflexión, un trabajo que hacemos un grupito de personas en particular, esto es universal, es de la condición humana en general. Y va en las dos direcciones, o sea, vamos a pensar qué tenemos que hacer por los derechos de las personas (lo canta) con diversidad funcional en relación a la sexualidad, pero no sólo eso, está antes también el darse la vuelta y reconocer toda esta realidad compleja. No se trata de ver “qué nos dejan hacer los normales, sino ¿qué es lo que puede aportar a la visión de la sexualidad humana en general?

Y es mucho, porque al final te encuentras con expresiones en cierto sentido extremas, alejadas del estándar, maneras de disfuncionalidad muy diferentes, maneras de vivir muy diferentes, entonces eso facilita que te replantees muchas cosas que muchas veces pensamos como natural que sean así y que para nada lo son, son construcciones sociales y políticas, son decisiones que hemos tomado para que sean así, pero que no tienen porqué ser así.

Desde ese punto de vista, el abordaje de la sexualidad y la diversidad funcional puede ser uno de los motores fuertes para mover muchas cosas en la sexualidad humana en general. Por ejemplo, en todo este movimiento que estamos haciendo, desde encontrarnos con gente o con colectivos que trabajan políticamente con el cuerpo, ha sido muy interesante también encontrarnos con gente del activismo gordo, que es el mismo discurso. Se estigmatizan cuerpos como no válidos, no afectivos, que no deben ser sexuales, que deben avergonzarse, que deben ocultarse y esto es común porque se te considera gordo, se te considera inútil por lo que sea, porque sí. Toda una serie de variables que operan y que pretenden construir ese cuerpo amable, deseable y deseante, y lo que no sea eso es enfermo, desviado y debe ser ocultado. Y en todo eso hay un montón de variables que pueden ser la capacidad, la complexión, la identificación con uno o con otro o con ninguno, y todo ese tipo de variables se han utilizado para estigmatizar, para disociarlos de su cuerpo: la cosa es que sepas que eres una persona pero que sepas que tu cuerpo está mal. Es muy preocupante.

Por ejemplo, buscando referentes antes del documental, la más importante para nosotros era un documental que se hizo en España en el 2003 y que tuvo bastante diffusion: Almas con sexo, que aborda también la diversidad funcional y la sexualidad. Tiene un buen discurso en general, pero desde nuestro punto de vista tiene ya un planteamiento que nos parece adecuado poner de ejemplo para ver a lo que tenemos que darle vuelta. Es el título mismo Almas con sexo –primero almas y luego sexo-, que es como estar pidiendo perdón por follar. El alma la podemos discutir, pero el cuerpo está ahí, es indiscutible. Quisimos darle la vuelta a eso y de ahí el título, bastante más explícito de Yes, we fuck! pues no tenemos tanto la intención de ser didácticos como de agredir al público que vea esto, que se sienta interpelado y que necesite reconstruir su imagen sobre lo que es la sexualidad y la diversidad funcional.

En el porno por ejemplo, se utiliza la diversidad funcional a partir de una imagen construida por el otro, se utiliza entonces como lo raro, lo perverso pero no tiene que ver con la experiencia o con lo que necesita o quiere expresar aquella persona, sino que es utilizada como objeto dentro de otras líneas que no tienen nada que ver con la valoración de la diferencia o con todo el tema político del que estamos hablando. Lo que pretendemos pues, es darle la vuelta a eso, dejar de ser objetos sobre los que alguien dice cómo hay que desear y cómo hay que follar, a ser sujetos enunciantes de nuestra propia experiencia, de nuestra propia sexualidad, de nuestra propia vivencia, de lo que es ser seres sexuales cuando eres un cuerpo alejado de la norma. Así, hay un cambio para nosotros muy importante. El paso del objeto al sujeto enunciante es fundamental.

Esto es sólo un documental pero esperamos que sea un elemento nuevo de estímulo para que cada vez más gente tome esa posición activa de sujeto enunciante, cómo es lo que vivimos. Que no aceptemos de antemano la imagen previa de cómo debería ser, que además es una imagen que implica que lo que debes hacer es avergonzarte, es apartarte de ese terreno que no es el tuyo, porque no estás bien , porque esto no es para ti, hay que romper eso y necesitamos gente que desde su propia experiencia diga cómo es su deseo, cómo se desea, cómo es su vivencia de ese cuerpo pero como sujeto, no como objetos.

¿Cuáles son las coincidencias que han tenido con el movimiento posporno?

 Antonio Centeno. Pasa lo mismo, es lo mismo, por eso nos hemos llevado tan bien. Tú podías ver muchas películas con lesbianas, pero estaba hecho por varones heterosexuales que montaban un numerito que a ellos les ponía cachondos, pero que no tenía nada que ver con la experiencia de mujeres lesbianas. Y lo mismo pasaba con lo cuir, con lo trans, es decir, siempre salían como rarezas, como personas objetualizadas desde otro deseo, desde otro patrón. No era un imaginario que fuese crítico o que cuestionara todo lo que es, sino todo lo contrario: lo reforzaba, lo construía, lo validaba. Y a eso es a lo que hay que darle la vuelta. Crear otro imaginario desde la condición de sujeto para que esto sea crítico con la realidad, permita transformarla, permita moverla, permita que acoja a todo el mundo, que sea más compleja, que no sea reducida a los espacios tan estrechos a los que está reducida actualmente.

Unas historias fueron más complejas de realizar que otras, sin embargo, hubieron tres que inclusive anunciaron en su página para encontrar personas que quisieran participar. ¿Porqué la importancia de estas tres historias?

Antonio Centeno. Son tres historias fundamentales para dar una visión global de la diversidad funcional y de la sexualidad. Una habla sobre diversidad intelectual, porque esas personas dentro del mundo de la diversidad funcional son precisamente aquellas a las que más se infantiliza, más se les niega ese carácter sexual, o a veces se les hipersexualiza (a veces se comenta: “es que las personas con Síndrome de Down están pensando solamente en sexo…” -bueno, como tú, ¿no?). Entonces, son personas en torno a quienes hay una mitología alrededor de la sexualidad especialmente potente y además son también las que sufren más esa negación de su libertad personal a la hora de tomar decisiones. Se les incapacita jurídicamente de manera tal que no pueden tomar decisiones en torno a su día a día, se les encierra en instituciones donde su vida queda reducida a muy poco, a muy pocas dimensiones -desde luego la sexualidad suele quedar lejos de las preocupaciones-. Por eso nos parecía fundamental abordar una historia en este sentido.

Luego, nos interesa mucho un tipo de historia que nos diga algo sobre estas personas que se definen con la etiqueta de devotee o wannabe, que sienten una atracción muy significativa sobre cuerpos que están fuera de la norma: cuerpos frágiles, débiles, personas con amputaciones, en silla de ruedas, etc., esos cuerpos que habitualmente están considerados no sólo como no atractivos sino inclusive repulsivos. Y en donde la respuesta de la oficialidad y del conocimiento, de la institución, no puede ser otra que “si te gusta eso, estás enfermo y aquí tengo atrás a mi equipo que te va a poner un nombre en el DSM[4] o en el que haga falta, donde vas a tener un trastorno -ya veremos cómo le llamamos- ya que no puede ser que te gusten estos cuerpos”.

Es un tema importante sobre cómo se construye la normalidad, cómo se ligan los conceptos de belleza y deseo, cómo nos dicen lo que podemos desear, lo que no, cómo eso se liga al concepto de mundo que queremos. En occidente es uno de los pocos armarios que aún quedan por abrir de manera generalizada. Las personas gay, lesbianas, homosexuales han ido haciendo esa lucha y, aún queda mucho por hacer pero ya se ha dado mucha visibilidad a esa realidad, otras maneras de sentir, desear. Sin embargo, las personas devotee o wannabe están ocultas, generan mucho estigma, es muy difícil que alguien agarre el paso de identificarse con esa manera de sentir y no sentir vergüenza por ello y aceptarlo como una manera más de desear, por eso nos gustaría que el documental hiciera esa pequeña aportación de abrir el debate para intentar despatologizar una forma de deseo.

La tercera historia tiene que ver con la adolescencia, ese momento de máxima intensidad del descubrimiento del propio cuerpo, del deseo, de la construcción de la propia identidad sexual y general. Dentro de todo ese caos de la adolescencia, si además esta atravesado por el de la diversidad funcional -que implica que necesitas el apoyo de una persona para hacer las actividades cotidianas- es tremendo, hay una falta de intimidad absoluta, no tienes los apoyos que requieres para cualquier cosa -desde vestirte.

Desarrollar un tipo de sexualidad saludable en ese marco es muy complicado, por eso nos interesa recoger una historia que visibilice esa realidad y que, si es posible, nos dé alguna pista para trabajar para que las personas adolescentes que se encuentran en esa interseccioón de diversidad funcional no tengan que sufrir tanto como pasa ahora. Si no que sea una historia inspiradora, sí que propcure que la gente se dé cuenta de esa realidad.

Me interesa el tema de la asistencia sexual que abordarán en una de las historias y no pude evitar la pregunta: ¿porqué veo que la figura del asistente sexual se centra en el género femenino procurando servicios sexuales?

En la práctica, la poquita cosa que hay de momento sobre asistencia sexual reproduce absolutamente lo que ha habido siempre. Esperamos que la figura se vaya desarrollando para aprehender todas las realidades. El documental tendrá unas siete u ocho historias diferentes y una de ellas gira alrededor del asistente sexual o del trabajo sexual viculado a la diversidad funcional. A partir de sumergirnos en esta historia, buscar personajes y ver cómo podíamos reenfocarlo se nos hizo muy evidente la necesidad de definir esta figura, de ver cómo se empieza, primero, a elaborar un discurso que no sea desde fuera, no desde arriba hacia abajo sino un discurso que surja desde la gente que ya hace trabajo sexual o desde la gente con diversidad funcional que está demandando este tipo de apoyos -o preferentemente conjunto-, y luego además que se construyan prácticas y que se genere el círculo virtuoso de retroalimentación discurso-prácticas.

De momento no tenemos claro esos espacios, esas dinámicas para que esto fluya. Los pocos artículos que hay por ahí de asistencia sexual y demás -como mínimo aquí en España-, tienen un enfoque que confunde cosas que son diferentes: creo que una cosa es el asistente sexual, otra el trabajo sexual en general, otra es la prostitución. Hay un poco de lío y yo creo que mucha gente está pensando en prostitución y en trabajo sexual en general pero dice asistente sexual porque es una forma de venderlo fácil para decir: “esto no es nada turbio ni complicado, es una terapia para los enfermitos estos, pobrecitos, que les hace mucha falta y además no lo van a hacer las putas, que son muy sucias y desagradables, sino que lo van a hacer terapeutas y lo van a hacer gente bien preparada”, ¡por favor!

Es un discurso perverso, que si siguen por este camino en lugar de generar una herramienta emancipadora lo que hacen es reforzar el doble estigma que recae sobre las personas con diversidad funcional en el sentido de que son enfermos y que si no tienen este tipo de recursos nunca podrán tener sexo porque no son deseables. Y el estigma sobre quienes hacen trabajo sexual, generalemente mujeres, de que son sucias, no saben, tienen que avergonzarse, tienen que estar ocultas. Está bastante mal enfocado el discurso y queremos ver cómo generamos esa nueva figura. En el documental queremos que esa historia (que no es La historia, sino es una historia que encontramos), sirva para hacer debate: mostrar nuestra posición y lo que entendemos que debería ser. Explicar una historia para debatir sobre ella. En ese sentido esperamos que el documental sea uno de los espacios para poder ir construyendo esos diálogos, ese discurso común y cuando la gente empiece a encontrarse, quizás dé lugar para que se vayan realizando ciertas prácticas. Y luego habrá que ir generando otros espacios, porque luego no es suficiente.

En ese sentido, el documental es una maquinita que te sirve para hacer algo, pero no para hacerlo todo. Por ejemplo, lo que nos ha sorprendido es que el documental lo pensábamos (Raúl de la Morena y yo) como una idea bastante simple. Era más un ejercicio de visibilización, de decir: las personas con diversidad funcional son seres sexuales, son cuerpos, deseantes, deseables, y hay que hacerlo patente, la gente tiene que poder verlo, no sólo por los discursos sino a partir de imágenes que cambien ese imaginario que no está ahi, no se imaginan en esa tesitura, entonces esa era nuestra idea inicial, realmente sencilla pero con una complejidad importante porque todo lo que gira alrededor del cuerpo y las enfermedades es tremendo, conseguir que la gente se implique en ello y tenga suficiente compromiso político para exponer su cuerpo, su intimidad al público. Pero realmente el ejercicio era sencillo, era un ejercicio de visibilizar.

Y lo que nos ha sorprendido en ese camino es que en ese ejercicio nos hemos ido cruzando con otra gente que ya hace tiempo que trabajaba políticamente alrededor del cuerpo (movimientos feministas, transfeministas, queer, etc.), y ha salido de manera muy natural la necesidad de hacer nuevas alianza y construir discursos comunes porque en realidad son líneas de pensamiento prácticamente idénticas: el tema de desmedicalizar la vida, el empoderamiento personal y colectivo, el derecho a la diferencia, una serie de cuestiones muy potentes y muy comunes que nos han sorprendido y de algo que está ahí pero que no hay espacios en dónde hablar de ello, en dónde construir un discurso común.

Entonces de manera muy modesta, la creación de ese documental ha servido para empezar a tejer un tipo de alianzas y a ver qué juego nos da, a partir de aquí se han dado otro tipo de actividades y otras historias pero el vínculo inicial estuvo dado por algo tan sencillo como la idea de hacer este documental.

La primer historia que hicimos era un taller sobre posporno y diversidad funcional. Ahí entramos en contacto con PostOp, un grupo que se dedica a la pospornografía desde un punto transfeminista y demás, entonces al entrar en contacto con todo este activismo fue muy potente y revelador, y creo que para todas las partes, pues desde ese activismo de la pospornografía, del transfeminismo, de lo cuir, etc., también este contacto con el mundo de la diversidad funcional está resultando bastante estimulante para replantear muchas cosas alrededor del cuerpo, básicamente porque la mayoría de la gente que está en este activismo es gente joven, con un cuerpo capaz, vigoroso, que no cuestiona para nada el tema del capacitismo. Entonces, al entrar en contacto con la diversidad funcional facilita la reflexión de que mucho del machismo, mucha de la opresión capitalista y los ejes de lucha que tienen los movimiento trans tienen mucho que ver con el capacitismo también. Es un poco inseparable lo uno de lo otro. Así que ahi se ha generado un punto de encuentro muy potente y vamos a ver hacia dónde nos lleva esto.

Algo que es bastante poderoso dentro de los avances que han posteado del documental, es la opción de ver la sexualidad más allá de la genitalidad. ¿Qué puedes decirme de ello?

 Antonio Centeno. Hay varias oportunidades en esto, por ejemplo, la imagen pornográfica hoy vigente es casi exclusivamente genital. Trabajar con cuerpos diferentes facilita darte cuenta de que hay más cositas en el cuerpo. La diversidad funcional no te garantiza que vayas a abordar prácticas no genitales, sino te da la oportunidad de que eso sea más sencillo. Y aquí hay que andarse con cuidado, porque por ejemplo la gente con diversidad funcional ha construido su imaginario con lo que le han dicho que está bien y lo que hemos intentado es encajar también en esa genitalidad, pero esto es un proceso largo durante el cual la gente se va empoderando para ir reconstruyéndose también y tener otra sexualidad.

Y también es necesario que tengamos un puntito de equilibrio, es decir, es un proceso muy importante y valioso el de desgenitalizar la sexualidad porque así se vuelve más rica, pero con el puntito de equilibrio de que no vayamos a pensar que las personas con diversidad funcional no tienen genitales; también tenemos genitales. Hay que ser cuidadosos con ese equilibrio. Recuerdo, por ejemplo, una peli de mucho éxito, Intocable[5], en donde el protagonista tetrapléjico va con su asistente a un servicio de prostitución o algo parecido y lo que hacen es acariciarle la oreja a él. Yo digo que eso es una forma excelente de tener sexo si eso es lo que les gusta, pero seguramente, si pensamos que la gente con diversidad funcional tenemos sexo a través de las orejas nos estamos equivocando mucho. Realmente es más rico y más complejo que eso, entonces hay que ser cuidadosos (bromea: “yo salía del cinito y todo el mundo me miraba las orejas”), me parece un poco excesivo. Es más complejo y hay que buscar un puntito de equilibrio.

A partir de ver la sexualidad en un cuerpo diferente da la oportunidad de tener prácticas diferentes y generar dinámicas diferentes, pero no pensemos que estamos viendo el todo.

¿Cuáles han sido las principales dificultades durante la realización del documental?

 Antonio Centeno. La económica es muy molesta pero no es la más difícil. Realmente lo más difícil es que cuesta mucho que la gente ponga el cuerpo. Si tú explicas el documental y la dimensión política que hay detrás, a casi todo el mundo le parece fantástico y la idea del siglo. Pero cuando les pides entonces que el miércoles nos veamos en tal sitio y que se pongan a follar y les grabemos, pues claro siempre dicen que el miércoles les va mal. Es decir, la dificultad principal es que la gente ponga el cuerpo. Les parece muy bien que otros hagan ese esfuerzo pero a nadie les parece que estén en condiciones de poder hacerlo por muchas buenas razones: porque tienen pareja, porque no la tienen, porque tienen hijos, porque no los tienen, porque su cuerpo no sé qué, porque su cuerpo no sé cuántos, porque su posición, porque su no posición. Supongo que es algo que pasa en general -a la mayoría de la población le costaría poner el cuerpo también- pero en experiencias de vida en donde has sido especialmente machacado sobre que tu cuerpo está mal, sobre que tu cuerpo es algo de lo que debes avergonzarte, que debes arreglar, que debes intentar arreglar, que si no lo consigues pues quítalo de la vista pero no incomodes, pues es un poquito más difícil y nos está costando bastante. Por ejemplo las últimas tres historias son las que más nos han costado pues hay más estigma. Son construcciones sociales más estrictas que hacen muy difícil llegar a las personas porque, claro, a la hora de decidir grabar tenemos que contar con la complicidad de la familia o de la entidad tutelar que esté a cargo y demás para poder hacerlo. Así que esto, combinado con la idea general que hay en nuestra cultura de que el sexo es algo sucio y algo avergonzante y algo muy peligroso, lo complica, es una dificultad enorme.

Entonces la dificultad más grande es el tabú que hay sobre el cuerpo, que la gente llegue a poner el cuerpo en una historia es muy difícil y nos ha costando no porque a la gente le parezca mal el documental -claro, generalemte se lo explicamos a la gente que le va a gustar (sonrisa)-, pero claro, al final el acto de poner el cuerpo es bastante difícil.

Hay mucha lucha que hacer, por eso nos parecía importante el documental, porque ¿cómo vas haciendo la transformación? Hay que construir discursos y demás, pero al final siempre es muy difícil tratar el tema de la imagen. Tener herramientas que visualmente te descoloquen sobre lo que tú creías que son las cosas. Que te sientas interpelado y que te tengas que hacer algunas preguntas sobre realmente cómo funciona esto: ¿esta gente realmente tiene deseos? ¿los vive, no los vive? ¿cómo funciona? Como mínimo que la gente se tenga que hacer preguntas. Las respuestas, pues, ya cada quién encontrará lo que le satisfaga más, pero tenemos que sacudir este imaginario que tenemos porque es terrible. Básicamente te mueves en tres modelos -al menos aquí en España-, hay tres personajes muy arquetípicos: o te quieres morir – con el caso de Ramón San Pedro, con la película de Mar Dentro– o te quieres curar -el caso de Superman, que convirtió toda su vida en un tratamiento- o eres un genio o una cosa extraordinaria como Stephen Hawkins. Y claro, eso es muy rígido, no puedes transitar de lo uno a lo otro, eso te rompe como persona, es imposible encajar en eso. Y la realidad es mucho más compleja, mucho más rica. De la gente que conozco con diversidad funcional muy poquitos son genios y, los que son, no están reconocidos como tal, casi nadie de los que conozco quiere morir y también muy pocos de los que conozco han convertido su vida en un tratamiento médico. Están más interesados en otros aspectos de la vida. La realidad es mucho más compleja, sin embargo, ese imaginario es muy inamovible, muy rígido, muy polarizado, sin elementos de continuidad para poder desarrollar tu personalidad hacia donde cada cual necesite. Y esto hay que sacudirlo, hay que sacudirlo con toda la fuerza que se pueda. Y ahí la imagen es potente.

Hay otra cosa que tenemos bien clara que es que el documental es el punto inicial, no es el punto final. En el sentido de que hemos visto que la gente tiene mucha necesidad de hablar de hablar de todo esto y de generar espacios para compartir experiencias, de ir construyendo diálogo, etc. Mucha gente piensa que esto es una especie de movimiento social, un movimiento de liberación “Yes we fuuuuck!” (grita), eso tiene un sentido importante que queremos recoger. Es una maquinita de deconstrucción de subjetividad importante a la cual hay que ir montándole piececitas por aquí y por allá. Haremos cualquier cosa que permita crear un espacio donde la gente pueda seguir construyendo su propio discurso y expresando su propia experiencia desde esa condición de sujetos y no de objetos.

Para apoyar este excelente documental, les dejamos acá la página del mismo, en donde vienen los datos para hacer depósitos y puedan ver un poco de lo que se está gestando y esperamos con ansias:

 http://www.yeswefuck.org

Y la página de su campaña de crowdfunding

http://www.verkami.com/projects/10562-yes-we-fuck

[1] Aristegui noticias. “Organizaciones explican por qué la ONU pide al gobierno no donar al Teletón”. Octubre 15, 2014 en Aristegui noticias, http://aristeguinoticias.com/1510/mexico/organizaciones-explican-porque-la-onu-pide-al-gobierno-no-donar-al-teleton/

[2] El concepto de diversidad funcional se utiliza en España como propuesta desde el Foro de Vida Independiente, como sustitución de discapacidad o minusvalía. Más información: http://es.wikipedia.org/wiki/Diversidad_funcional

[3] http://www.yeswefuck.org

[4] Manual Diagnóstico y estadístico de los transtornos mentales

[5] En México titulada Amigos.

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